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Full text of "Violetas y Ortigas"

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THE latín AMERICAN COLLECTION 

of 

THE UNIVERSmf OF TEXAS LIBRARY 







THE SIMÓN LUCUIX 
RIO DE LA PLATA LIBRARY 

Purchased 
1963 

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ORTIGA 



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En prosa 7 Terso 
de páginas sueltas, arrancadas de libros 7 folletos 

pertenecientes 

arttciilofl do Revistas 7 periódicos, del mismo, 

/> on que otros so han ocupado 

de sus trabajos literarios, documentos públicos de su resorte, 

6 en cu7a redacción 
ha tenido parte, alegatos forenses, 7 por último 
cartas privadas 7 papeles singrafos, 
quo ¿juicio del coleccionista ofrecen algún interés al curioso lector, 
aunque á primera vista crea que no sirven 
ni para taco de escopeta. Con notas ilustrativa^, comen- 
tarios 7 glosas, 

PARA LEER A RATOS PERDIDOS- 




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MONTEVIDEO 

litiproiilii (le El SkíU), calle 25 de Mayo número 58 

1880 



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THELIRRARY 

THH UNIVülíSi tY 

OF TliXAS 



Kn los Iristes dias del invierno, cuando sopla un frío 
glacial» y cl sol envuelto en bramas se hunde en el hori- 
zonlo, el labrador que ha trabajado todo el año, termina- 
da su tarea, se sienta fatigado al pié de un árbol. 

Mientras conducía sus bueyes y clavaba el rejón en el 
Huolo cantaba alegro ; ¿qué nube do tristeza sombrea aho- 
ra un soinblanloT 

Dncorro con la visUisu pequeña ó grande heredad, ob- 
serva la tierra removida, y se pregunta no sin secreta pe- 
na, si cl sudor de su frente habrá corrido en vano; si la 
cosoclia compensará el esfuerzo; si germinarán las espi- 
h'as en todos los surcos que ha abierto su arado. 

No de otro modo en el ocaso de la vida, vuelve el hom- 
bro rius ojos al pasado, y sintiendo la fría mano del tiem- 
po (|uo lo arrastra al término inevitable de la existencia, 
50 pi'egunta no sin amargura ¿habrá sido inútil mí paso 
por phnundo? nada me sobrevivirá de lo que absorvió la 
nAvia do mi juventud, la hoguera de mi virilidad, el últi- 
mo di^Hlrlio do mi vejez? 

La vida liniie sangríontos epigramas! Cuantos hombres 
do los (|no la consagran entera al cultivo del espíritu, en- 
raTiíjrido ol cabello por el mas noble uso desús facultades, 
sioMt(^n poderosa la intoligencia, bañada en luz, con alas 
capaces de remontarse á los espacios siderales de la poe- 
sía, del arle, de la ciencia ; y al tomar vuelo, sienten que 
falta el aire á sus pulmones fatigados, que el ritmo del 
corazón hipertrofiado en la sempiterna batalla con el 



\ 



IV 

mal bajo todas sus formas, se agita con latidos desiguales; 
que el cerebro no resiste ya con su acostumbrada energía, 
y vtbra dolorosamenta bajo ol marlillo de la idea ; y en fin 
que un estremecimiento estraño recorre el cuerpo, mina- 
do por la fiebre y el insomnio, como si aljjuna fibra pró- 
xima á esUillar, le advirtiera que hay peligro en continuar 
la ascención de la moritafia; que es preciso detenerse, 
bajar, dar reposo á los órganos empobrecidos, y quiza un 
eterno adiós & las deiriades que fueron el encanto y el imán 
de la vida del poeta, del artisLi, del escritor 6 el político. 

Lanzamos entonces una sombria mirada al pasado, in- 
terrogamos al presente, pedimos su secreto al porvenir... 
Los seres queridos que se fueron, padres, hijos, herma- 
nos, deudos, amigos: los que se estinguen lentamente sin 
que ni el amor ni la ciencia puedan arrebatarlos á su fatal 
destino; los infortunios desgarradores y las torturas físicas 
y morales que con harta frecuencia presenciamos, y que 
somos impotentes para remediar; las ilusiones perdidas, 
los sueños irrealizados, las esperanzas hurladas, el irri- 
tante espectáculo que ofrece este mundo, donde amenudo 
la virtud y el mérito se ven pisoteados por los perversos y 
las nulidades.... evocan, al sentirnos empujados fuera de 
esto misterioso teatro de donde salimos como entramos, 
sin saber por que ni para que vinimos a él; — evocan re- 
cuerdos, impresiones, sentimientos, quejas, impreca- 
ciones, que unos traducen en sordos gemidos, que 
mueren dentro de su pecho, y despiertan en otros que 
tienen el hábito ó la facilidad de dar forma escrita á su 
pensamiento, el deseo de dejar siquiera testimonio á los 
que aman, de sus actos, de sus creencias, y del óbolo que 
hayan arrojado en el tesoro común y con él que han paga- 
do el peaje de su tránsito por la tierra. 

Tres caminos se presentan por lo regular á la genera* 



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lídadde los mortales para satisfacer esta inocente ma- 
nía, que casi no lo es por lo que hay en ella de rajonor 
ble, — pág. 460: ó escribir memorias naturalistas como 
las cínicas Confesiones de Ronsseaa, ó fabricar relatos 
ad hoc, mas ó menos fantásticos, como las célebres Car- 

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tas á Everardo de Lanfrey, ó limitarse simplemente 
el autor á coleccionar alganas páginas de su cosecha 
donde estén patentes sus ideas, en religión, en fllosofia, 
en literatura, en política etc., dejando en cuanto á sa 
apreciación, la palabra á otros que hayan tenido la bon- 
dad de ocuparse de ellas. 

Tal era en realidad el objeto principal (ademas de otros 
secundarios) que me propuse al formar esta colección, 
destinada á ser como el resumen de mi vida y labor inte- 
lectual, y que tal vez podría servir mas tarde de introduc- 
ción á una edición corregida y aumentada, de algunas 
obras mias y agenís, si nje era posible, como pensaba, rear 
nudar el hilo de mis anteriores trabajos literarios. 

Notorias son las causas que obstan á que esta segunda 
hipótesis se realice en la actualidad. Es evidente que la si- 
tuación económica del país no permitirá por largo tiempo 
r.onUir con un número de suscritores que sufraguen los 
gantoA do la empresa. Por cierto que no ha mejorado des- 
d<< ni moR de mayo último, en que entregué los primeros 
originnleB do nsle libro á la imprenta de El Siglo. 

EntodocaBO, di me decidiera á publicar mas adelante 
tres ó cuatro voldmono» do— rnjsa. Poesía, Teatro— me- 
diaría el intervalo do un afio ó mas ontro cada uno. 

El formato, el tipo empleado, la clase del papel, el nú- 
mero do páginas (mas de 500) y el precio, del presente to- 
mo, demostrarán á los inteligentes, que no seria el lucro e' 
objeto que tendría en vista y podria estimularme á llevar 
ndelante aquel propósito. 



VI 

En el primer plan que me tracé y al que he renunciado 
por ahora, violetas y ortigas debía conver lirse desde el 
tomo S.^'en unaTle^ütUa cienllfica, política y literaria de 
300 páginas mensual, bí-mensual ó trimestral, según la 
aceptación que encontrara. 

Las dos torceras partes estarían consagradas á trabajos 
de interés, inéditos ó ya publicados, de escritores ameri- 
canos, especialmente uruguayos, y de acreditados euro^ 
peos, y el resto en pliegos sueltos para encuadernarse 
aparte, de alguna obra nacional. 

Aunque de paso y muy por encima algo insinuaba sobre 
la Revista en ciernes en el número 10, pág. 68; y en la 
Conferencia indiqué el deber que la solidaridad humana 
impone á los que no se dejan avasallar por el egoísmo ; 
deber que por mi parte he procurado siempre llenar has- 
ta donde me ha sido posible, trabajando para los demás 
y tratando .de vincular sus aspiraciones á las mías.— 
Pág, 385. 

Dije que hablé muy por encima dola Revista, porque me 
reservaba completar con otro tomo esta colección, y en- 
tonces érala oportunidad de apreciarla en su conjunto y 
detalles, y esponer lo que ahora digo y algo mas. 

"Al dar comienzo, quise observar el orden cronológico 
en la serie de artículos coleccionados; pero tropecé con 
una dificultad insuperable, nacida de la imposibildad de 
proporcionarme los periódicos donde se encuentran, pu- 
blicados la mayor parte hace largos años, aqui y en los 
demás países donde he vivido. 

Empecé, pues, con los que tenia á mano y pude ad- 
quirir, fiel á mi regla consignada en el sumario de la 
carta inserta á f. 292 : vivimos arrastrados por el torbe- 
llino, si la acción no signe al pensamiento, este no se 
realiza la mayor parte de las veces. 



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II 

Arnno liMidnin curiosidad de saber algunos de mis leo 
loniH por que lio bautizado este libro con el titulo que 
'lovíi? 

V\¡i\\m) on el espíritu que en general predomina en 
Ion iiinlori:ilcs recopilados, y según fueren sus simpatías 
y opinlonos, encontrarán á menudo confundido el suave 
aroma do las violetas con el escozor de las ortígas, ocultas 
\ trochos on los artículos, conceptos, estrofas, cartas, 
p/irrafoH «'i citas do la mayor parte de las personas, céle- 
Ifihrofi fí no, (|iio flin pensarlo han venido á ser mis cola- 
hormlor<iii on ofltas p&ginas. 

rJtan) ttl correr do la pluma algunos nombres que por 
dIvnrNo» conceptos, encumbrados ó humildes, estoy segu- 
ro qiin han de despertar el interés y la curiosidad de cual- 
qiiinr lector, <pa no sea un molusco ó crustáceo refracto- 
no /i la luz, habitador de las rocas submarinas, completa- 
monto agreste c insociable. 

La lista es corta y ocupa un espacio insigniflcante... 
8i so compara con la Biblia poliglota ó el Ferro Carril del 
Atlántico al Pacifico. 

No solo figuran en ella á título de colaboradores los que 
han contribuido con algún articulo, pensamiento, epígrafe, 
ó firmando algún documento público como los de f. 25 y 
r. :H2, sino también los que han sido citados por mi ó 
por otros, como autoridades ó en comprobación de hechos 
que les conciernen ó acontecimientos en que figuraron. 

Ho procurado no suprimir á ninguno, al menos inten- 
cionalmente, aunque estoy seguro de no haberlo conse- 
guido. 

No he agregado tampoco un solo nombre que no se 
encuentre en estelibro. Ahora, en cuanto ala colocación. 



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^* 



VIII 

no ha sido mí albedrio sino la naluralezado las citas quien 
la ha determinado. Me lavo los manos como Pilatos. Si 
alguno no está contento, puedo ünviarme su foja de servi- 
cios, y vcró si es posible darle cabida on olio grupo.... en 
otra edición. 

Prevengo quoon esta rápida revista hablo siempre me- 
tafóricamento, y (|uc al fraccionar en ülas el montón, al 
establecer denomínacionos para que por ellas puedan dis- 
tinguirse los obreros, según el cometido quo al parecer 
desompenoQ, no es mi ánimo conceder geran|uias, títulos, 
grados fii sueldos, álos que realmente no los disfruten 
por ministerio de la ley. Trato únicamente de satisfacerlas 
exigencias artísticas de la escena, y cumplir con una sim- 
ple jnedida de policía para mantener libre la circulación, 
en medio de la concurrencia. 

Gomo la banda de música en los batallones, abren la 
marcha los insignes poeUis, antiguos y modernos, Lu- 
cano, Virgilio, Horacio, Dante, Calderón, Tnsso, Lope 
de Vega, Shakspeare, Camoens, Corneillo, Alarcon, Byron, 
Quintana, Juan INicasío (iallego, José Zorrilla, Hercdia, 
Ercilla, Echeverría, Mármol, iMíicido, Julio Arboleda, 
Bccquer, Olegario Andrade. reírlos (luido y Spano, Ri- 
cardo Gutiérrez, llermudez de Castro, (loethe, Víctor Hu- 
go, Homero, Lamartine, Esproncoda. 

Sigue la segunda banda compuesta esclusivamente de 
filarmónicos uruguayos : Francisco A. de Figueroa, Adol- 
fo y Aurelio Berro, Juan Zorrilla de San Maríin, Enrique 
- de Arrascaeta, Joaquín Odicini y Sagra, Heraclio C. Fajar- 
do, Washington Bermudez, Eduardo Górdon, llamón de 
Santiago, Avelino Lorcna, Joaí|uin deSaltcrain, Alcides 
De-Maria, Conzah) llamírez, Abel Pérez, C. el poeta in- 
cógnito. 

En este grupo va ol pabellón Nacional confiado por ma- 



IX 

yoría de votos á Zorrilla de San Martín, que parece cre- 
cer á medida que canta con el acento de Tirteo: 

m El liiinno con que mueren los tiranos ! 

Dulcísima armonía, 

Diana triunfal, leyenda redentora 
Del alma heroica de la patria mía h 
Al lado de la Bandera azul y blanca, como un raudal de 
luz que brota entre el fondo de un abismo— Pág, i3i 
llamea el U'ibaro cristiano ; y los graves varones que lo 
escoltan : San Pablo, Santo Tomás, San Martin, San 
Agustín, San Hilario de Poitiers, San Vicente de Lerins, 
BouHüot, Las r.asas, Pascal, Bonald, Balmes, Donoso Cor- 
tf'^H, l'^riaH, paroco (pie entonaran la dantesca estrofa que 
Inci5 h r. 141. 

«Hlrrna enseña de una eterna vida, 
SoliHí su pedestal de sangre santa, 
Para nioslrarnos los abiertos brazos 
la r.ru/. dü Cristo ha de quedar alzadal» 
liirlinán<los() con respeto ante el signo de la Redención, 
ipw» lo r.ínMrs lio (piila lo valiente, con la arrogancia y el 
|iffr(i«marrjal dolos granaderos, avanzan en primera fila 
llM |tMlitiri8(AM oriontalcs Juan Carlos Gómez, Eduardo 
AtlMnifle (0l vli^jí»), José I»üdro y Carlos María Ramirez, 
AkIIHIIii (JM Vndia,. Julio Herrera y Obes, Ángel Floro 
lUmlft, Pudro lliiMlainanln, l'Yancisco Bauza, José P. Va- 
n»lfii Uldoro iMiiMaiia, Andrés lamas. 

\\)n\^ hallo nimlro liarla nnostro inspirado pintor nacio- 
Wtt.liriiMnni/oMloiin.H agrupados al nulcdor délos Treinta 
y y>rff. nii inilinn/.tMlM proporriiMK^s colosales áGuillermo 
%út tiMolInni/lii, rupao-Aman'i, el caciípieGuaymiran, Ata- 
NMl^tfl, UfMiy.alDdrriúidoba. Paumacagua, Bolivar, Sucre, 
M^^tgAfi Ptíjicaipa Salavarii(?la, Hcron de Astrada, Lavalle, 
Mni'Moii Avnllahnda, Casli'lli, el general Acha, Garibaldi, 



Melchor Pacheco, Ventura Torrens, Bernabé Magariños, 
Octavio Ramírez, Fortunato Flores, Cándido Rovido, Os- 
valdo Rodríguez, ceñidos unos con las palmas de la victo- 
ria; envueltos otrosensus sudaríos^nsangrentados; y pros- 
critos por los tíranos, pero no domados, otros, con el 
ejemplo ó con la palabra mostrando el camino del honor y 
de la gloría á una cohorte de la legión sagrada de la ju- 
ventud, que marcha á paso de carga como francos tirado- 
res, entre los que distingo á Aureliano Rodríguez Larreta, 
Pablo De-María, Aifselmo Dupont, Luís Metían Lafinur, Ri- 
cardo Flores, José María Vidal, Luis Piñeiro del Campo, 
Jorge H. Ballesteros, ArbaceSj Duvimioso Terra, Enrique 
Azaróla, Antonio W. Parsons, Eduardo Acevedo (hijo), 
Constancio Vigil, Francisco A. Berra, Alberto Nin, Ricar- • 
do Regules, Manuel Tardáguila, Ruperto Pérez Martínez 
y demás nombrados de- f. 51 á f. 60. 

Siguen en-otro grupo políticos y escritores de la impo- 
nente catadura de Washington, Pitt, Jefferson, Thiers, 
Guizot, Peel, Rivadavía, Lucas Obes, Florencio Várela, 
Portales, Monteagudo, Royer-Collard, Manuel Herrera y 
Obes,*José María Muñoz, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, 
Juan Ramón Gómez, Rawson, Emilio Castelar, Norberto 
de la Riestra, Cánovas del Castillo, Juan José Herrera, 
Tocqueville,' Bernardo Berro, Santiago Vázquez. 

III 

Como una gallarda columna de zapadores, hacha en ma- 
no, mirándose al soslayo, cual si quisieran preludiar al- 
gún trabajo de demolición ó reconstrucción, repartiéndose 
entresi algunos mandobles, desfilan al trote José Rivera In- 
darte, Jacinto Albistur, Juan C. Blanco, Cayetano Alvarez, 
José M. Sienra y Carranza, Francisco Dura, Daniel Muñoz, 
José A. Tavolara, Prudencio Vázquez Vega, Laurentino 



XI 

Giménez, José Carralon, Mariano Alvarez, José C. Busta- 
manle, Eduardo y Segando Flores, Bonifacio Martínez, 
Ricardo Goodall, Luis Desteffanis, Emilio Lecot, José M. 
Hpsele, José C. Paz, Fernando Halcón, F. Vera, J. Wrigth. 

Sigue un lucido destacamento en el que van algunas 
ilustres matronas, cuyos acompañantes á primera vista 
parecen ingenieros; pero sean lo que fueren, ¿á quien 
se le ocurriría faltar al orden y desmandarse ( contra 
ia gramática ó contra las personas) en presencia de tan 
respetables literatas como D.' Juana M. Gorriti y Gertru- 
dis Gómez de Avellaneda, y de unas criaturas tan bellas y 
;seducturas como Cornelia, madre de los Gracos, Carolina 
Coronado, Safo ó Cleopatra, y de literatos tan juiciosos y 
bien reputados como García del Rio, Juan María Gutiér- 
rez, Eugenio de Ochoa, A. Delacour, Andrés Bello, 
'Modesto Lafuente, Francisco Gómez de Amorin, Juan 
R. Alberdi, Luís Mariano de Larra, Edgard Quinet, Carlos 
y Nicolás A. Calvo, De Pradt, José Rúa Figueroa, José M. 
Torres Caícedo, J. Pando, José Manuel Estrada, Kerner, 
Xerminier, Venturado la Vega, Villemain, el inca Garcila- 
50, José Amador de los Ríos, Miguel Navarro Viola, Na- 
tarrete, Robertson, Schiegel, Prescott, Chateaubriand?.... 

En el ala izquierda remolinea un bizarro batallón de 
^as y cazadores, que se divide en pelotones, como sí 
tratara de maniobrar en opuestas direcciones, pues no 
parece que baya mucha homogeneidad en la masa. En- 
cnentranse allí Prometeo, Sísifo, Colon, Azara, Murillo, 
fiumboldt, Guttemberg con su maquinita, Pizarro, Gior- 
daño Bruno, Francisco A. Vidal, Máximo Santos, Hernán 
Cortés, Mác-Mahon, Verdi, Carlos Návia, Blanchard, el 
general Urquiza, Francisco X. de Acha, Martín Aguirre, 
Laugier, Fernando Torres, Marcelino Mezquita, José R. 
Mendoza, Adolfo Pedralves, Cooper, Sixto de la Hanty, 



XII 

JoséVazqaez Sagastume, Pedro de Ángelis, Manuel Sol- 
soDa, PrudeDcio Ellauri, Emilio M. Dumesml, Justo Mae- 
so, José M. Perelló, Ángel Moratorío, Juan M. Bhnes, Fran 
cisco de P. Mellado, Pedro Carve (padre) Justino I. Aré- 
cbaga, Hérmogenes Formoso, Juan Alvarez y Pérez,. Pablo 
Nin y González, Julián Becerra de Bengoa, Lucio Rodrí- 
guez, Juan G. Vizcaíno, Carlos de Castro, Joan Diaz die 
Solis, Napoleón I, Anibal, Carlos Duarte de Luz, Ale- 
jandro Chucarro, Juan da Costa Fortinbo, Juan Ma- 
nuel de Lasota, Tántalo, Coloma, Juan GualbertoMeiulez, 
Leoncio Yaro, Pedro Várela. 

Flanquea el ala derecha un escuadrón de húsares y 
lanceros (Moralistas y Satíricos) entre los que descuellan 
Montaigne, Moliere, Cervantes y su héroe, Miguel Ángel, 
Voltaire, D'Alembert, Franklin, Fontenelle, Fedro, Casti, 
Fernando VII, Goya, Beaumarchaís, (D. Basilio), Jorge Pi- 
tillas, Prudbon, Larra (Fígaro), el conde de Jarnac, Ros- 
sini, Eugenio de Mirecour, Villergas, Dermidio De-María, 
Hipólito Castille, Pilpay, Lin-Rao, Brillat Savarin,Boudha, 
Julia, bija de Augusto (cantinera), Vitelio, Hamlet, Ótelo- 

• 

Buceta, Julepe Yacaré, Garfiñanto Ganzúa, Dimas Ichupa- 
tesa, Ulloa, el autor de las Memorias secretas dé América, 
Domínguez el autor del gran Diccionario clásico de la 
lengua española. Gallardo, el del Diccionario crítico ^ etc. 
El tren de artillería lo forman Sócrates j su demonio, 
Judas, Aristóteles, Cicerón, Felipe II, Rabelais, Quevedo, 
Locke, Vico, Kant, Hegel, Shopenhaüer, Faltaff, Sancho 
Panza, Wagner, Rousseau, Dugald Stwart, Godoy, Her- 
bertSpencer, el cura de Valfogona, Taine, Hartman, Tor- 
rente, Renán, Bilbao, Alfredo de Herrera, Seletti, Que- 
telet, Bismark , Hoeckel, Moleschott , Buchner, Kaestner, 
Facundo Quíroga, el Canciller, Mahoma, Víchnú, Bakou- 
nini. 



XIII 

En el Estado mayor fignran como auditores de guer- 
ra, fiscales y asesores, D. Alfonso el Sabio, Joaqaín 
lio(|iiena y García, Thiercelin , Bentham, Makintosh, 
Joaíjiiin Agiiirre, Piñeiro Ferreira, Massé, Jnan M. Mon- 
Ullian, Woathon, J. Francisco Pacheco, Florencio García 
Tfoyona, Pradier Foderé, Gregorio Pérez Gomar, Cirilo 
Alvarez Martínez, A. Riqaelme, Antonio E. Yigíl, Ildefon- 
so García Lagos, Plácido y José E. Ellaurí, José Brito del 
riuo, Martin Berínduague, Luis B. Cardóse, Secretario. 

Estos representantes de la milicia togada traen debajo 
ilnl brazo los códigos citados en este Mosaico: la Biblia, el 
Digesto Uomaco, las Partidas, las Recopiladas de Castilla, 
las Colecciones de leyes y decretos nacionales, y sus con- 
KdnorcA, ^on sus crias, ó sean los comentadores, exposi- 
tores, glosadores y demás charlatanes, de quienes soy 
poco amigo en general, profesando en particular marcada 
tirria á algunos por Jas horas que me han hecho perder 
con sus divagaciones y perrerías, sin ensenarme nada 
cfue valga un cinquiño, pues en los tales, como decía Ros- 
sihi de la música de Verdi, lo bueno no es nuevo, y lo 
ntievo no es bueno. 

Finalmente con la cruz roja sobre el pecho, que dístin- 
gno en los ejércitos á la noble asociación consagrada á 
volar por los enfermos, y levantar en el campo de batalla 
á los caídos, cierran la marcha los Doctores Teodoro Vi- 
lardebo, Roque Pérez, Manuel Argerich, Julio Jurkowskí, 
.I()aí|uin Miralpoix, Antonio Serratosa, Florentino Ortega, 
Rammi Valdez García, Guillermo Leopold, Crispo Bran- 
dis, José Pugnalíni. 

El menú como se vé es abundante, apetitoso, y ofrece 
un variado surtido á los gustos mas diversos. Si el curio- 
so hcXov quiere saber lo que ha dicho, pensado ó hecho 
r,;ula uno de los caballeros nombrados, para figurar aquí 
oü letras de molde, busque y encontrará. 



XIV 

Creo formalmente qae sin hablar de lo que me perte- 
nece, bajo él panto de vista de la colaboración, hay con- 
densada en estas páginas ana masa de personajes, hechos 
é ideas en cuyo estadio y diiacidacion paeden ejercitarse- 
con fruto nuestros jóvenes ingenios. Solo los párrafos^ 
del Manifiesto del Partido de las Instituciones, interca- 
lados en la conferencia universitaria, traídos á tela de 
juicio, darian lugar á interesantísimas y profícuas dis- 
cusiones. 

Considerando el mosaico bajo otra de sus diversos as- 
pectos, el cúmulo de nombres que contiena, ofrece lar 
positiva ventaja de poder servir de acertijo ó charada 
en las largas noches de invierno. No hay mas que echar- 
se á buscar, al través de las seiscientas páginas aproxima- 
damente que encierra el volumen, cualquiera de los nom- 
bres citados ad hoc encesta introducción, enterarse deV 
párrafo, el hecho ó circunstancia que motivan la cita, y 
en seguida abrir discusión, si hay con quien, ó entablar 
un monólogo como Hamlet consigo mismo, si estamos 
solos, y la noche se pasa como un soplo. Pocas distraccio- 
nes habrá mas instructivas y económicas, sobre todo para 
el bello sexo. Diga lo que quiera el insigne magnetizador 
que el mes pasado, seguri refiere un periódico de cuyt^ 
nombre no quiero acordarme, produjo una catalepsis ge- 
neral en todos los viageros del Ferrocarril, y logró apa- 
gar los fuegos y parar la máquina, al leer en voz alta u» 
chispeante articulo de su portentoso cacumen. 

Es fama que hasta los matungos, terneros mamones y^ 
modestos paquidermos de que se habla á f. 463, se que- 
daron profundamente dormidos desde Bella Vista hasta 
el Durazno. Cómo seria la pieza I 



XV 



IV 



Cada ano, no obstante procederá como mejor le cuadre: 
solo me permitiré recomendar á los qae tengan á bien 
utilizar la idea, que no busquen en este libro otros pro- 
pósitos é intenciones que los que dejo manifestados, y que 
se sirvan, si quieren, tener presente, eti cuanto haya lu- 
gar por derecho, lo que se observa á f. 438, 459 y 245. 

Interrogado sobre el paso de las Termopilas, hará dos 
meses, por mi estimado amigo D. Eduardo Flores, el va- 
liente redactor de La Idea, en una visita que me hizo y 
en la que, si no me es infiel la memoria, se encontraban 
presentes los doctores D; Belisario Montero y D. J. Zorrilla 
de San Martin, le dije:— No aspiro ni he aspirado jamás á 
Jefaturas de ninguna clase: mal podría, pues, hacerlo 
ahora en que ya está viejo Pedro para cabrero, y mucho 
menos después de haber leido el interesante estudio de 
D. Lucio Rodríguez (que no conocía) sobre la doma de 
potros, escrito cuando nos visitó el inglés Rarey, y unos 
Perfiles hipicos que me remitió (supongo que por via de 
advertencia y escarmiento) un filósofo amigo del aniqui- 
lamiento estáticOy que vire en Buenos Aires, y á quien 
arrebataron por los aires los Dragones de Yichnú en no 
sé que Avalar por la lomadel diablo, y luego, cuando es- 
taba mas entusiasmado, me lo dejaron á pié.... en las as- 
tas del toro, con cuatro mil desasosiegos, como decia lle- 
no de amargura el Gobernador de la Barataría. 
A LoB comentadores aseguran que estos cuatro mil desa- 
sosiegos, significan cuatro mil grullos, que volaron con- 
vertidos en cóndores. Alguna luz puede arrojar sobre esta 
evolución la cita corriente á f. XX; y si no bastase, nada le 
cuesta al lector curioso pedir mas amplios informes á un 
amigo intimo del autor de los Perfiles hipicos: Buenos 
Aires, Bolívar 289. 



XVI 

En corroboración y como glosa de lo expuesto, vaya 
un poco (Je Memorias de mi tiempo, para que el ilustre 
autor (le la Historia de Belgrano. que tan merecida repu- 
tación alcanza en América y en Europa, esté en aptitud, si 
le place, de agregar alguna nueva cita á aquel por tantos 
conceptos notable libro; ó gervinüs, que no vale por 
supuesto lo que el magnetizador referido, pero que es el 
primer historiador de nuestro siglo, pueda en oportuni- 
dad añadir, si gusta, alguna otra referencia á las que se 
sirvió hacer de los Estudios Históricos sobre el Rio de la 
Plata, en su obra monumental (1) al ocuparse del por- 
venir de América y de la futura lucha entre el Norte y el 
Sud^e nuestro continente, enunciada en aquel modesto 
libro hace treinta años. 

Contaba apenas un lustro, cuando un bandido que 
todavía vive, encorvado por el peso de sus crímenes, sin 
duda porque ni Luzbel lo quiere en sus dominios; un 
Nerón disfrazado de dómine, que se entretenía en pelliz- 
car los brazos,* apretar las narices con los dedos en forma 
de tenaza, meter el Catón por los ojos, sacudir la punta 
de las orejas con el filo de una regla, acariciar con su 
botin de palo (el malvado usaba zuecosl) las protuberan- 
cias infantiles, y atormentar de mil modos á los infelices 
párvulos confiados á su enseñanza borriquera, se empe- 
ñó en que habia de aprender de memoria un endemonia- 
do apólogo persa tiinháo El Pastor y Aritman, en ver- 
sos detestables y tan breve como los cuentos de Sherna- 
zade, que duraron Mil y una noches. 

Entonces se creía y no falta todavía quien crea que la 
letra con sangre entra. 

Infame sofisma I Jamás pude retener en mi ma- 



( I ) Historia del Siglo XIX desde los Tratados de Vicna. 



XVI i 

gilí la letra de aquel maldito apólogo, y lo mismo siictí- 
dió á todos mis compañeros de infortunio, que desespe- 
rados compartían conmigo la ración diaria de palmeta, 
tenaza en las narices y tecleo de suecos en las vertebras 
postreras déla espina dorsall 

Recuerdo solo el argumento que es en verdad sabrosi- 
to, y se me ha venido á la memoria mas de una vez, arran- 
cándome una sonrisa, de los dientes para afuera, en 
medio de las contrariedades y rabietas que suelen pro- 
porcionar sus agradecidos hermanos á todo el que cando- 
rosamente se comide á llevarlos por el cabestro. 

Un misero labriego lamentábase de su suerte aporrea- 
da, viéndose con denado á vegetar entre breñas y peñas- 
coles apacentando cuadrúpedos , cuando se sentía con 
bríos para dirigir bípedos racionales. 

Lo que mas le exasperaba era la irreverencia de unos 
cabritos, que habian d;ido en la flor de lomar su mal de- 
fendida choza de ramaje y su humilde lecho de hojas 
secas y odoríficas pieles, por teatro de sus retozos y otras 
libertades, que no es del caso referir ahora. En vano 
cerraba la puerta: ellos se abrian paso por entre las' 
ramas. 

Una tarde que estaba mas triste y encalabrinado que de 
costumbre, por haber aguaitado desde el peñón donde se 
encontraba en acecho, á una manada de tiernos lechonci- 
llos, que no tenían un mes de edad, en compañía de los 
cabritos, y pervertidos ya por el mal ejemplo de estos, 
imitando con todo descaro sus maniobras de desagüe ó 
drenage, comenzó á gritar, á tirarles pedradas, á patear y 
mesarse los cabellos, renegando de su negra estrella, y 
dando su alma á Satanás. 

El genio que simboliza la personificación del ma\ entre 
los Persas, se le aparece, y después de informarse de la 



XVIII 

causa de su^ alaridos, le dice que pida lo que desee ; 
pero que se atenga á las consecuencias, sí luego sale peor 
librado que con los Icclioncillos y cabritos. 

£1 pobre diablo, que ni idea tiene de los conciertos 
cencerriles y gatunos con que son obsequiados los que se 
imaginan dormirse blandamente al dulce arrullo de las 
chirimias (pítgina 405) en los divanes del Poder, quiere 
ser Shab ó Emperador. 

Singular coincidencia I la observación se debe á un 
amigo mió, que fué Ministro : la época en que el fabulista 
persa coloca la acción de su dichoso apólogo coincide 
con el admirable invento de Guttemberg — Pág. 470 — 
luminar regenerador, delicioso Harmoniíim para los que 
lo oyen de abajo, y por lo regular embestidor Ariete, 
broncea cabeza de carnero para los que están arriba ; que 
átoda hora según mí infortunado amigo, golpea y bala á 
su puerta y les convierte en acíbar, el desayuno, el al- 
muerzo, la comida y la cena, en cuanto se echan á los 
ojos las hojas volantes, que infatigable escupe el carnero, 
con besitos de serpiente de cascabel para postre. 

El cabrero se sienta en el trono, y por un momento 
respira fuerte, se pavonea, se hincha como un sapo, y 
manda cm|)alar al que no hunde su frente en el polvo 

cuando él pasa ; pero en seguida empiézala sinfonía 

de costumbre ; son tales los saludos de macana que recí- 
be, los tragos que bebe, las aventuras y desventuras, los 
lances y percances que padece, que el desdichado Pastor 
ni cabo de dos semanas, ruega de rodillas á Aritman que 
se quedo con todas sus grandezas que tan caras cuestan, y 
le devuelva a la paz de su averiada choza y al cuidado de 
sus traviesos, pero inofensivos cabritos y lechones. 

El genio malo, que goza con el dolor ageno como todos 
los perversos, suelta una carcajada, y le contesta : — Es- 



iás ea el potro y hay que aguantar los azotes. ¿No le em- 
peñaste y no pediste tú mismo ser Shab ? Porque te me- 
tiste á zonzo f No pedias entenderte ni poner en orden 

á los cabritos y ciíanchitos, y quisiste educar y meter ed 
caja á machos cabrios y javalies I Tú cara dice lo que 
eres. (I) Anda, imbécil I y sin mas preludios le entrega á 
sus amorosos vasallos que vienen á buscarle para ahor- 
carle. 

Gomo se vé, no puede ser mas instructiva la moraleja 
de este apólogo oriental; y no es otra la filosófica ense- 
ñanza que con su profunda gracia inimitable pone Cer- 
vantes en boca dé Sancho, al narrar el fatigado fin y re- 
mate que tuvo su gobierno. 

—Venid acá, dice el derrengado Procer insulano, abra- 
zando á su t*ucio con lágrimas en los ojos, cuando yo me 
aveniasolo con vos... dichosas eran mis horas, mis dias 
y mis años; pero después que os dejé y me subí sobre las 
torres de la ambición y déla soberbia, se me han entrado 
por el alma adentro mil miserias,' mil trabajos y cuatro 
mil desasosiegos. Dejadme, señores, repetia á los que in- 
tentaban detenerle— dejadme que vaya á buscar la vida pa- 
sada, para que me resucite des ta muerte presente... no 
son estas burlas para dos veces... quédense en esta caba- 
lleriza las alas de la hormiga, que me levantaron en el ai- 
re, para que me comiesen vencejos y otros pájaros.... 



Recuerdo haber invocado este pasaje en dos ocasiones 
distintas, y pedido que se trajese el testo á la vista en una 
de las conferencias á que fui invitado, después de mi fuga 



(I) Todos los (fae tienen ctra do zonzos dccia Larri, lo son, y la mitad de loA 
que no la tienen. Serit buenn que la EHadisHea comprotiase en la República lo que 
baya de cierto en este cálculo de Fígaro, atento lo que se avanza á f. 456. 



XX 

del Fuerte, por dos Maquíavelos, d quieoes nadie los 
creería tales, al ver su íisonomia franca, simpalíca y bona- 
chona, idéntica ala de los respetables ciudadanos Gene- 
ral Batlle y D. Tomás Gomensoro. 

Pedí en vano que se trajera el texto, porque uno de 
ellos, hombre ilustrado por cierto, y apasionado de la lite- 
ratura como pocos militares, tuvo el coraje de decirme 
cara acara — sospecho que para animarme — que lode/o5 
pájaros amigos de clavar el pico á los que se remontan 
á las alturas, era invención mia; que jamás se liabia visto 
que los vencejos, chingólos ni vinchucas se atreviesen á 
picotear á las aves mayores. Entre tanto, véaselo que re- 
zaelcap. Lili déla segunda parte de Él Ingenioso Hi- 
dalgo. 

Ni D. Lorenzo ni D. Tomás que le reemplazó en el 
mando, apesar de lo ra^ucho que los estimaba y estimo, y 
apesar de haber sido secretario del primero en los De- 
partamentos de Relaciones Exteriores y Hacienda, pu- 
dieron cojivencerme del oportunismo de sus insinuacio- 
nes,y hui de ellos como h\ atribulado José de la mujer 
de Putiphar. 

Asi quedó burlada la serpiente astilla del posibilismo : 
sépalo para su gobierno un titulado amigo mío, que fué 
impirado poeta y galano escritor, y se me ha vuelto 
un feroz tragón manggia cun tutli... los periódicos, de- 
sertando de la sociedad de las nueve hechiceras herma- 
nas, para entregarse en cuerpo y alma á la compromete- 
dora tarea de revistar á todas las damas y atrevidos ga- 
lanes de la prensa. 

Comprendo que el callo de la patria y el amor á una 
noble causa exijan aveces, sacrificios semejantes : pero 
Apolo reclama á su vez una consagración entera. No mon- 
ta el Pegaso, corcel alado, arisco y mañero como ningún 



XXI 

otro, quien no se haya debidamente preparado para re- 
sistir á sus corcovos por medio de estudios severos de 
oíjuitacion, posibilismo y otras materias, además de la 
meditación, elrecojimiento, y la ahüimncia;—Pág . 278 
y una vez montado, para mantenerse firme en él, te re- 
quiere obra de varón, no menos meritoria que la de la 
Trcnsa periódica. 

El trato con las Musas no es juguete de niños. Como 
mujeres bonitas, son exclusivistas, celosas y vengativas. 
No perdonan ni olvidan las claudicaciones, y su venganza 
se hace sentir de una manera terrible. 

So imagina la gente que es ligera hazaña echarse de ma- 
ñana y tarde entre pecho y espalda una mazamorra de 
treinta ó cuarenta editoriales diarios, de todas menas y 
calibres, y luego con el mate como un bombo, ponerse 
muy serio á escribir de Omniare Scibile, corriendo re- 
gatas al vapor y S^peple chase con rompe-cabezas? 

Merecen una estatua equestre, no de las que regalaba 
Julio, sino con ginete, los valientesique asi mismo, dia 
ádia, llegan victoriosos ala meta. 

Pero la botado potro no es para todos; y si al mejor 
cazador se le va una liebre, y si eso pasa á los mas gau- 
chos, que saboga enlazar, bolear y pialar, que estraño es 
que á los que no son todavía muy de á caballo se les esca- 
pen los gazapos por centenares? 

I Qué estupendas y peregrinas especies relampaguean 
de^cuaTido en cuando, en las columnas de algunos cole- 
gas matutinos y verpertinos I que modo de entender al 
revés lo que no les agrada I que propensión á desquitarse 
del fastidio que les inspiran sus trabajos forzados de lec- 
tura, desollando vivo al primero que les cae por la banda i 
cuántos conceptos raboneados ó tergiversados ! Cuántas 
deducciones sacadas con tirabuzón ! cuántos párrí^fos en 



XXII 

vasco ó guaraní, qne ni Calengo descifraría t cuántos 
juicios contradictorios solo con una semana de por me- 
dio I cuántas injusticias y galimatías nacidos principal- 
mente de la precipitación con que se lee y se escribe I.... 

Pero no importa; en el pecado llevamos la peni- 
tencio : Dios castiga sin piedra ni palo. Asi por ejemplo* 
hojeando mi cuaderno de bitácora, observo que eH6 de 
Diciembre del año pasado, el b^resiarca Danilo, sublevado 
contra él Architoaíidríta de Megara (vallé de iíontevi- 
d6i ;) cazando en vedado, levantó el pato líiarruecó : fué 
inspirado poeta y galano escritor, y habiendo errado 
el tiro, y resultando varios contusos, fué condenado á 
vogár en la galera argelina que tiene en los mares del M¡- 
guelet el venerable ex-Cadí Kon-ttad kiic-Ker ; hecho 
que puedan atestiguar este, mi antiguo camarada el Capi- 
tán Pacha, tan estimado y popular en las costas del Bí^r- 
7H(;jo, Jussüf-Kart-Did Büst — Aman-Te, ^ el joven Brahmih 
Lulú Me-Li-Am. 

Este último por haber llegado tarde distraído con uñas 
Magas Arabianas ó Caravianas, no figuraba ^hlre los 
corsarios que tripulábamos la galera argelina doñdfe re- 
maba el desventurado, Danilo. echando los bofes; pero 
nos esperaba en el Alminar (torre ó azotea) de nuestro 
escelente amigo el Cadi koh-Rad, paseándose con lento 
y grave paso, despojado de su blanca túnica ó burnuz, 
dándose aire con un abanico japonés, y quizá azotándonos 
mentalmente por la tardanza á la hora de comer, y procu- 
í'ando fortalecer la debilidad del estómago con algunas de 
las varoniles y confortadoras estrofas de El Lustro hor- 
rible. 

Pero basta de Memorias de mi tiempo. Van ya sobre 
treinta y dos pliegos impresos, sin contar este úitímo ma- 
nojo de cuartillas íífianuscritas, y dá pena ver sudar á las 
prensas con estos calores tropicales. 



XXIII 

£s sabido que á fio de auo trabajan eslas sin descanso, 
(lia y noche, para imprimir almanaqulsticos folíelos de- 
magogos ádos vintenes, que devora el pueblo con avidez, 
y que hacen imposible la cqmpetencia, También se en- 
carnizan en vomitar planillas de contribución que ahu- 
yentan á cualquiera, y patentes de perros, causa en toda 
la República de iina segunda degollación de inocentes. 
Acabemos antes que empiecen las catástrofes. La máquina 
parece que ladra y abulia. 

Variado el plan de las publicaciones que proyectaba 
por las causales que he aducido, necesitaba manifestar el 
principal objeto que me impulsó á formar este primero y 
probablemente último volumen de Violetas y Ortigas. 

Queda, sin embargo, subsistente el primer prefacio, en 
el que como es de práctica en casos análogos, dejaba á 
la discreción del lector descifrar como mejor le agradase 
el verdadero pensamiento, oculto á medias entre inciden- 
tes, digresiones y arabescos, colocados aquí y allí como 
quien no quiere la cosa, pero apropósito para distraer su 
atención. Así me proporcionaba el doble placer* de oír 
Iss profundas observaciones de algunos prójimos de la 
familia de aquellos Murstone fotografiados por Dickens 
en su David Copperfield, capaces de poner taciturnidad 
y espanto á la turba mas gárrula y desenfrenada (I) y con- 
testarles con otro í^o, en que esplicaría con piezas jus- 
tificativas todo lo que encontrasen de deficiente, censu- 
rable ó inútil en el primero. 

tero el Hado enemigo dispone las cosas de otro modo, 
y no me queda mas remedio que repetir con mi viejo 
amigo Horacio : 



( I ) Montin, 



XXlV 

üDurum: sed Icvitis fil pattentia 
Quidquid corrigere est nefas, y> (1). 

Sin embargo, como al que nace barrigón es de valde 
que lo fajen, no respondo de las eventualidades, como 
le previno diplomáticamente áD. Washington Bermudez 
por si acaso, un ex-amigo suyo en una delicada consulla 
que le hizo relativa al número uno. 

Por el pronto, considere el lector bien educado, que 
habiendo concurrido cordialmente los invitados á traer su 
grano de diamante, de oro ó de^rena á este Mosaico, en- 
tre los que se cuentan no pocos venidos del otro mundo, 
no seria propio de un gentleman dejarlos en la Tortada, 
espuestos á la intemperie y sin ofrecerles siquiera un ma- 
te. Pasemos, pues, al Introito. 

Diciembre 8 de 1880. 



(I) Traducción Ubre: Dura es de |M!lar la 9Uu;icioii (monvlaria): los coiilribii- 
ycntcs, p<*rKr^iidofl en todas direcciones, liaii acabado por perder la paciencia, y 
por fas ó por nefas se lian vuelto perdices. 



VIOLETAS Y ORTIGAS 



INTROITO 

I 

Digamos ahora cuatro palabras sobre las págiaas qae 
abren la marcha de la f atara colección. 

Como se insinúa en la carátula que antecede, este libro 
no será otra cosa qae el primer manojo de Yiolstás t 
Ortigas, un mosaico en prosa j verso compuesto de pie- 
drítas recojidas aqui j allá, entre papeles y periódicos que 
si no siempre son difíciles de proporcionarse, no todos 
tienen tiempo y paciencia para huronear lo que en ellos 
se busca, hasta encontrarlo. 

Sea cual fuere el valor que se les dé, confio que el lec- 
tor encontrará algunas de su agrado; y en todo evento 
queda ya prevenido que la tal pepitoria, es una especie 
de Gaceta retrospectiva, destinada únicamente á ejercitar 
h gimnasia (intelectual), quiero decir, á ser leida úni- 
camente á ratos perdidos. 

Siempre que lo juzgue conveniente agregaré algunas 
breves lineas, arriba ó abajo, en forma de nota, glosa ó 
comentario, ó estableceré la correspondencia que exista 
entre los números de diversas páginas. 

Pondré al pié la fecha de los documentos, aVticulos ó 
fragmentos, y en determinados asuntos, expondré en tono 
serio ó festivo lo que crea oportuno respecto de los nom- 



— i — 

feres propios j hechos concretos que figureo en ellos, y 
•6S0 coü mucha sobriedad, j solo para qad nadie suponga 
•que hablo de cosas imaginarias ó invento cuentos tártaros. 
Si alguna vez ( j serán contadas ) suprimo lineas ó las 
modifico^ omito nombres 5 los sustituyo por «tros de 
^guerra, será, ó porque han muerto los que los llevaban, ó 
por no perjudicar á terceros^ ó simplemente por razones 
de que no estoy obligado á dar cuenta á nadie. 

Procuraré, por último, chancelar definitivamente, 
cuando venga i natto. *a^|iilei picos ñe cuentas atrasa- 
das, sea del bienio universitario, que me son personales, 
7 no es justo que ^«je á ^sargo de mi sucesor; sea de afios 
atrás, sin que valga alegar presorípck)n, porque ea oiertos 
casos, por mas que «ea lafi^tpona del género hmiuMa, no 
^oza níis «simpatías ni la «dníto, (^ebre todo cuande ine 
toca cobrar ) y cuando ilos tales picM 900 d origen de otoos 
picotones modernos. Es indecible ht persistencia con ijiie 
:iina vez lanzadas, se reproéicon ia necedad é la caftnm» 
lúa, apenas existe ol menor f>reiteslo para recordarias* 

Autores que se dicen filósofos, se ^mp^an 4en hacer 
<roer que tan ruin propansíM naoe del eentíatteato de 
Tgaáldad, que se siente terMk) fior la superioridad, verdín 
4€ra 6 supuesta, de lodo él q«e levanta noa linea so ca- 
beza sd)re d utvd coman. Participo por mi parte de la 
4EStorizada opinión de Toofieville. 

Si la encuentro, insertaré mas adelaale «aa traiMCíon 
ffoelnce ahora anos del capítulo La Demoeracia en Amé- 
rim, m que este emmeirte escritor di ma felpa de padoa y ' 
tDoy sefior mió i ciertas preocupaciones que correa aero- 
ditadas como verdades inconcnBas y son el origen dt do 
'poeos males onsneatras enábnonarías RepÉbücaa, donde 
irnos oro todo lo qoe relace, y conviene ae haga nk^j^ga- 
OB voz !a toz sincera y aiHlera de ia verdad, al Jado de los 



— 6 — 

(Utitambos j 9ihe^mS¡iñ^ meatiras eoa que oeaUaoíd» 

ihmk enrió á la^ «preBlailoB pikDeKOs^Qrigiadedi qp» 
MCttiitffo á mano — YaW^bo qweMablaeeré, cmaé» 
lo jnzgae conveniente 6 necesario, laiooprospondenda qi» 
ffió^MÉra tos disüitw niteems ^ oeataiujdo de diviMsas^ 
págiBfti Kcfeff8iil89 i BD ■áaom amotov. Por aupneato, iffm 
l#iqiiaMpi8éarít(>Éiicer86 6»nae0^^ iráenotei. 

Y basta de íatfoikK A medida fwsepreseata oportQiUr- 
daé, irót Aatiendo atrás aifeffteiicmi ^yae aboca dajp u* 
ttíumaidmtíDte en» el ünlero. 

lonterictoo, Hayo O és I880t 

Número 1 

Dada qua ma asalta — Modestia — Los eunucos — R6MX)pilacio» 

de apmites biográficosi 

SotestraSote qHft^d.madioe acerca del mal ebctaqoi^ 
ba prodwídD en algnaos* mi cauta k Juan Cáirk» pablicah- 
daaar £(fi Tribumm^ EjDpezaaé por declaFarle eatagóri»^ 
mfflBteqBa ana^oe éi n^ la babicse «udádo á eseí ponádf^ 
GQ, yo la babm pablioado. Hada ma inportaa las aapoar 
ci<»» de los que solo Tl^^aa ok esto una satíefeodaa del 
aiaiMrproj^Ov «%tos pdr jMvfiMidí do&fii, tomo aatfuar^ 
Vd* k ban díeluí dé* mi: porei«rtD,.iadíaqiieprocd(kikM^ 
damabnesUe se imaginafá. qm Jiecaaita Goasolanai^. caoi 
eleéiebre7eatirit»li&: 

« Yivimos en un tiempo 
« Tan miserable, 
« Que si yo no me alabo 
« No h^ quíejí me alabe, » 

Se fonMriá un «rumo^ Tolórnaa salo coa Los uticato^ 



— 6 — 

laudatorios en que figura mi nombre en letras de molde, 
firmados por hombres y reputaciones como las de Zorri- 
lla, Ventura de la Vega, Ochoa, Várela ( D. Florencio ), 
Rivera Indarte, Sarmiento, Acevedo, Frías, Alsina, Már- 
mol, Figueroa, etc. etc. 

Dejando vulgaridades q[>arte y sin dar á los necios mas 
importancia de la que tienen, es decir, ninguna; alguna vez 
se ha de permitir á los que saben imponerse el suplicio de 
sufrir en silencio los mas estúpidos sarcasmos é invecti- 
vas, esperando ocasión oportuna de retribuir con usura 
las finezas prodigadas; alguna vez se les ha de permitir 
arrojar á la cara de los imbéciles la acción, el sentimien- 
to, ó la idea que producen en su menguada inteligencia y 
biliosa complexión el efecto del trapo rojizo en el toro 
embravecido. 

Desengáñese Vd., amigo mió, el mejor modo de casti- 
gar á los eunucos políticos é intelectuales, es herirlos en 
l«s fibras que tienen doloridas y despedazadas por los 
ruines instintos áque se entregan frenéticos, y que sin lo- 
grar satisfacerlos, los ahogan y consumen en su rabiosa 
impotencia; y si alguno califica de inmodesto semejante 
proceder, porque envuelve un elogio tácito ó espreso de 
actos que nos son personales, por mi parte le contestaré 
que abomino la falsa modestia; que no hay porque hacer 
misterio de cosas que pertenecen al dominio público; 
diez veces estampadas, comentadas y glosadas en los pe- 
riódicos; y por último, que es licito y necesario en deter- 
minadas ocasiones, exhibir los títulos que tenemos para 
que nos profesen marcada antipatía las almas pequeñas, 
tanto como nos estiman y quieren los hombres inteligen- 
tes y honrados; títulos que nos estimulan y comprometen 
á perseverar en el buen camino, y nds autorizan tal vez (y 
un tal vez ) á llevar alta, muy alta la cabeza, donde quiera 



— 7 — 

que nos arroje y sea cual fuere la posición en que nos co- 
loque el destino. 

Déjelos, pues, que hablen : con obras y palabras, en to- 
dos los terrenos he de probar á mas de cuatro que no soy 
de esos, de quienes se ha dicho que si se comprasen en lo 
que realmente valen y se vendiesen luego en lo que ellos 
se estiman, haría cualquiera que los comprase y vendiese 
un magnífico negocio. 

Dios y el tiempo, como dicen los árabes : por el pronto, 
aglomero apuntes para algunos rasgos biográficos que á 
ratos perdidos me entretengo en borronear, á la manera 
de Plutarco, para asombro, solaz y refrigerio de las pre- 
sentes y faturas generaciones; pero basta de bromas, que . 
entre burlas y veras me apercibo que el pliego está cas^ 
lleno. Hablemos de cosas mas graves : Paulo majara car 
namus, como diría Virgilio ( 1 ). 

Á. M. C. (2) 



Los infbrtunios de Anastasio 

Ensayos caligráficos y de literatura párvula — D. Cucufate — Co- 
mercio intérlope — Exploraciones científicas •— Los cangreyos 
del Cerro— El burro de las Albahacas— Desastre en la bahia 
— Las botas del carbonero — Marimba — Prisión en un ai- 
tíllo. 

Desde muy chico Anastasio dibujaba muñecos fantásti- 
cos y escribía debajo renglones cortos que parecían ver- 

( f ) Párrafo de earU, fiueiti en U Colección de Documentos sobre las suscrido- 
nes, en favor de Uontevideo con moÜTO de U fiebre amiríllt — Buenos Aires, 1857. 

( 3 ) En adeUnCe, para abreviar» pondré solo Us taicUles en cui todas las trans- 
cripciones donde aparezca mi nombre; y escuso advertir que todo lo que no lleve 
nombre de autor ni iniciales roe pertenece. — No están los tiempos para despilfar- 
ros: hay que bacer economías. 



— 8 — 

SOS, convirtrendo en papel las paredes^ de su casa 7 de la 
escuela siempre qae tenia un lápiz ó encofttraba carben i 
mano. 

Esta propensión tan natural en la especie bmaua en 
los primeros anos de la tida, le oblígr> á sostener encar- 
nizadas guerrillas, en que no siempre ItevalKi kt mejor 
parte; y le valió sendos palmetazos, fieros repekmes y 
una granizada de coscorrones ( de los que sin duda mas 
tarde vino á quedar cairo ) por las alusiones personales 
que la malerotencía y la carilofidad creían encontrar en 
sus inocentes ensayos caligráficos y de literatura párvola, 
inspirados por las pillerías de sus colegas ; por los conti- 
nuos sermones, las estrayaganeias, la tiranía y hasta la 
fealdad escandalosa de alguno de sos preceptores ; y por 
último — es preciso ser justo — por las maldades de aque- 
llos con quienes vivia, que le liaciai rabiar, negjoidote 
inicuamente lo que quería, como por ejemplo, irse á pa- 
sear á la azotea á las dos de la mañana, hacer pelear á 
un perro barcino con un gato montes del Paraná, enjau- 
lado en el corral y que para nada servia, apagar las luces 
cuando había niñas pequeñas de visita para asustarlas, ó 
escaparse por la mañana cuando le reprendian y no vol- 
ver hasta la nocbe. 

Con esa lijereza propia de las gentes maduras, según él 
decía, sus deudos se imaginaban que procedía asi por no 
asistir á la escuela ; pero es un falso testimonio. 

Anastasio no era rabonero — tenia únicamente desgracia 
con la mayor parte de sus maestros. Le amonestaban, 
le hincaban, le fastidiaban de puro gusto con sus abomi- 
nables lecciones de memoria y sus narcóticos repasos, 
como si fuera necesario estudiar para aprender, y como^ 
si para nada valiera la intuición en las operaciones 
del espíritu. Uno habia, llamado D. Cucuíate, hijo de las 



— 9 — 

» 

montaSas de Catalnia, jorobado y gangoso, cenceño de 
cara j rediMclH) de cuerpo, tartaniado j cegatón, qne 
cuando esUdtMt i«eslro héroe mas engolfado en sos boce- 
to» pktórícos j combinaciones métricas, derrepente le 
gritaba á traición por la retaguardia / voto rm Deu I jrle 
sacsdia un tirón de or^as tan feroz, con un acento tan 
gutural y estridente, qne asustado aquel, tiraba el pincel, 
quiero decir, el pedaao de carbón, y huía despaTorido 
creyendo que te embestía gruñendo algún chancho á quien 
apaleaban. 

Saltaba de cuatro en cuatro los tramos de la esca^ra 
de la escuela, y como no era hora de regresar k su domi- 
cilio, se apostaba por alli cerca á e^íar la saKda de sus 
compinches. 

Se reunia con tres ó cuatroi demagogos de si^te á nueve 
años que participaban de sus ideas independientes y li- 
bren^mbístas, y para olvidar las penas y trabajos forza- 
dos con los beduinos espanta-pájaros, como llamaban 
ellos á sus infelices maestros de primeras letras, arma- 
ban algún paseo campestre é acuático. 

Hablan trabado relación con un viejo bucetero, enano 
y medio loco, llamado Giacomin, natural de Palermo, que 
tenia su apostadero en el ex - muelle de lo que se llama 
hoy barraca de Antoníni, y le pagaban religiosamente 
poniendo á escote sus limitados medios: uno le regalaba 
una cofia de dormir que se habia perdido entre hs al- 
mohadas donde la guardaba su mamá; otro e) Fleury que 
pertenecia á otro alumno; este un tintero de zinc que figu- 
raba inútilmente sobre la mesa del Director de la escuela, 
porque estaba ahnjereado y no tenia tinta; aquel un fras- 
quito de cristal con boquilla de plata, que se habia encon- 
trado sobre el tocador de su hermana, etc. 

Pero eran tan repetidos los paseos? y los objetos secues- 



— jo- 
trados dos ó tres veces por semana esparcieron tal alarma 
entre los expropiados, qae pronto los recursos de los 
turulos se agotaron — Giacomin, insigne diplomático, con 
la esperanza de ulteriores razzias, les abrió un crédito del 
que abusaron escandalosamente, como sucede siempre. 

Un dia que Giacomin estaba mamao^ y furioso porque 
en pos de una paliza harto merecida, que le habia admi- 
nistrado su rival, lo habia abandonado su Quenara, y por 
un croquis alusivo al épico suceso con su correspondiente 
leyenda, que inspirado borroneaba Anastasio mientras 
remaba renegando el Palermitano, que se habia. apercibi- 
do de la depravada intención del artista y aparentaba la- 
mentarse de su desgracia; se empeñó á una cuadra del 
muelle antes de atracar, en qué le hablan de dar plata, ó 
algo equivalente con que él pudiese satisfacer al dueño 
del bodegón que en cambio de los articules de comercio 
que le habia ofrecido, le surtia de pulenta y ginebra desde 
la fuga de Genara, la Helena paraguaya, causa fatal de esta 
nueva Odisea. 

Los viageros protestaron que no tenian un cobre parti- 
do por la mitad, ni les habia sido posible realizar ninguna 
operación sobre objetos, por las ruines sospechas, medi- 
das de precaución y severa vigilancia de los avaros pro- 
pietarios, que encerraben dichos objetos bajo siete llaves, 
como si se tratase de los tesoros del Potosí. 

Anastasio se puso de pié y pronunció un elocuente dis- 
curso sobre aquel abuso de la fuerza alcohólica y cornuda 
con unos pobres niños quebrados; y para dar mas vigor á 
su razonamiento, empezaba á recitar las décimas de Cal- 
derón en La vida es sueño : 

«Apurar, cielos pretendo 
Por qué me tratáis asi? 
¿Qué delito cometí...;. 



— M — 

cuando el bacetero que le oia en silencio con rabia recon- 
centrada, le descargó un sopapo qne hizo chocar al ora- 
dor contra la borda del bote. Su pequeña estatura le salvó 
de caer al agua. 

Incontinenti el Otelo-buceta le descalzó los botínes jun- 
to con las medias; le sacó la chaquetilla al segundo, y le 
arrebató la gorra al tercero. 

Anastasio emprendió filosóficamente la marcha sin bo- 
tines hasta su casa— A los conocidos que encontraba por 
el camino, y le preguntaban por que andaba descalzo* con- 
testaba todo compungido que había escapado de un nau- 
fragio en la bahía, y se encaminaba á la iglesia á cumplir 
el Toto que hiciera en el peligro. El tuno habia leido la his- 
toria de los Naufragios célebres, regalada por su abuela 
el dia de su s^mto, y hacia las aplicaciones del caso. 

Pero al aproximarse á su morada algún remordimiento 
debió asaltarle. 

Se acordó de su abuela y una tía cotorrona que le ido- 
latraban, pero que á veces exasperadas por sus sempiter- 
nas alegaciones, atrevidas indirectas y palabras mayores, 
se confabulaban para agarrarlo solo, cuando habia salido 
la madre, y hacerlo victima de sus golpes de Estado y de 
chancleta. 

Temiendo encontrarse sin perros, como en efecto su- 
cedió, giró sobre sus talones, y se fué á ver en consulta 
al carbonero de la casa, gran charlatán que pasaba por 
bachiller y médico entre sus paisanos. 

No se hallaba este jurisperito en su bufete por haber 
salido á llevar una bolsa de su mercancía á un parroquia- 
no; y Anastasio no sin mucho trabajo consiguió de la mu- 
jer que le facilitase prestadas unas botas de sumando. 

En el zaguán de su casa se las acomodó como pudo, las 
llenó de trapos que le habia también prestado la viejai 



~ 12 — 

p«Fa qw^ Be $e le ssklíeran, 7 eirtré» resmttMieflte en su 
d^BMC^ie^ y se dirigió^ á so eiiartito. 
' Pero cotí ki pFecfpJIaeton se te cayó es el* patüoima bota» 
y se vio interrogado por las Parcas, que estaban en aeeeko. 

Séciaró- entre ofen<iído y qmjnmbTOSo, qm D. Calafa- 
te le h^dí encerrado en el cepo de madera donde se háhis» 
dormido, y al despertarse se encontró eon que las ralas 
hambrientas qae papotaban en tei dicbosaf escoeki, fo Ra- 
bian coñMkto los botines y las medías, sra dejar rasfro^ de 
SO' crkncn. 

Se despachó' ttiiefc(V97tie á la esca^, y se preseató e» 
persona et jor(^d0 á desmentir tan atroi cahunnía y br- 
midar una tremenda acnsacion, dennnciando el- eomenna 
intBrhpe con el boeetero^ cargos que et presante rea re- 
chazó con energía, oíAífieándoIos éeinvenmnesertopédK 
cas y eorcofadas. 

No es para contado la marimba con queJbé obseqwsh 
do el nánfcago, á quien escfetreciáos debidamente tos be- 
cfaos, se íe condena á pan y s^a y absoluta redosion en 
un sitilfo' por una semana. 

Helo alli privada de sus expForaeiones cientíScas á la 
Isla de Ratas, en bnsca de megillones y mejarritas, y á la 
costa del Cerro, donde era su delicia dar caza á los énop« 
mes cangrejos que se pasesm gravemente por la playa, 
cerca de las toscas, haciendo observar á sus ignoranl^ 
correligionarias^ eFmodo de caminar de estos opastáceos^ 
en dirección opuesta- á la escuela, qve* quedaba a) frente^ 
en Montevideo, coma una lección dada por la misma natb- 
raleza contra Id aSeja rutina de entrar en aqu^a. 

Sentía á ratos la nostalgia del aire libre, y eomo* era la 
época de ta fruta, se lamentaba de no poder merodear por 
los alrededores de las quintas de la Aguada, dMide solfa ir 
á visitará su compañero el burro de las Albahacas, intere- 



— 43 — 

ssaáB cuadrúpede por el foa no oci^taba sub síoap^iüas, 
seiguu decía él, por .la completa semejaioa que le «acoq- 
Iraba coa sa 4|ierido D, picafale, por sn notoria aversioD 
á los libros de instrucción primaria, por el agrave j des- 
preciativo silencio — que es la respuesta de los sabios — 
á las proYOcaciMes'qQB ae le ktoiai; 7 por la paciencia y 
paufuacion ^n ^ue soíria los paloe y malos tratamientos 
que le daban los explotadores del sudor agenoy los con- 
coleadores de Jas garaatias individnalefi, en p^o de sos 
bneaos servicios. 

Alli^ en aquella lóbrc^ prisión, donde sob entraba un 
T^o de sol por una estrecha endya — el sol que salia 
diariamente para todos menos para él« mídú diria l|go- 
liao en la torre del hambre» sin mas compañía que las cu- 
carachas que corrían en tropilla por las paredes ; Anasta- 
sio se entrctgó á largas meditaciones sobre la injusticia y la 
isuqnidad de la sociedad y de los hoal)r6St y á los ocho 
años y medio bieo firme intención de renunciar para siem- 
pre á los paseos acuáticos, al dibiyo y á las aleluyas ri- 
madas. 

Salió del aUiUo para ir ¿un colero ¿ pupilo, y veremos 
ok el capítulo seguiente cómo cumplió sn honrado propó- 
sito.— f 848. 



Reseña Mbücgrifíca 

Antes de abrir nus columnas á otros, lo que haré opoiy 
Amaaeiáe con la liberalidad que acostumbro, me parece 
justo que anticipe algunas palabras sobre mi individuo, 
atenta lairegla predominante, según la cual, la caridad 
bien ordenada empieza por el número uno» 



— 14 — 

No es síq embargo en el número 4 , sino en el número 
42 del Panorama, revistado literatara, artes y ciencias 
correspondiente al 34 de Noviembre de 1878 donde se lee 
lo signiente : 

Bsciitores umgoayos 

Correspondiendo á los fines literarios de El Panorama, 
nos proponemos publicar alganas reseñas biográficas y 
bibliográficas relativas á algunos de nuestros mas notables 
escritores, y empezamos hoy con la del doctor D. A. M. C. 

El valor de estos datos suelen no estimarse por los con- 
temporáneos, pero son de suma importancia para la futu- 
ra historia literaria de cada país. 

El concepto que como p^eta y escritor goza en América 
el autor de Caramurú y las Brisas del Plata, es bien co- 
nocido — y en su abono podríamos citar entre otros, un 
reciente articulo debido al escritor gibraltarino D. Justo 
Maeso, publicado en El Ferro - Carril de Montevideo el 
1 ."^ de Julio de este año. 

En cuanto á España, han juzgado muy favorablemente 
el libro titulado Estudios históricos, políticos y sociales 
sobre el Rio de la PlataD. Modesto Lafuente, D. Emilio 
Castelar, D. Antonio Cánovas del Castillo, D. Jos^ Amador 
de los Ríos y otros. 

Han merecido igual juicio la leyenda en verso Celiar, 
las comedias Percances matrimoniales, Suicidios y de- 
safíos, el juguete cómico El Rey de los azotes, represen- 
tados en Madrid; las novelas Caramurú, la Estrella del 
Sud, No hay mal que por bien no venga. Farsa y con- 
tra farsa, Idis Veladas de Invierno, etc., de escritores tan 
competentes como D. Eugenio de Ochoa, D. Rafael María 
Baralt, D. Luis Mariano de Larra, D. José Rúa Pigueroa, 
D. José María Goizueta y otros 



-- 15 — 

El juicio literario puesto por D. Ventura de la Vega eu 
la edición ilustrada de Celiar, basta para formar la repu- 
tación de cualquier escritor. 

El eminente poeta D. José Zorrilla le dedicó la precio- 
sa leyenda La Rosa de Alejandría, inspirada por la lec- 
tura de Celiar, según lo declara en una amistosa carta in- 
serta en el tomo 2/ de la Revista Española de Ambos 
Mundos (1) que se publicaba silmultáneamente en París y 
Madrid, bajo la dirección del doctor M. C. por los años 
de 1853 á 1855, con la colaboración de los señores Bretón 
de los Herreros, Mora (don Joaquin), Rosell, Ochoa, Sanz 
del Rio, Monlau, Hartzembush, Muñoz del Monte, Zorri- 
lla, Cánovas del Castillo, Lafuente, Gayangos, el duque de 
Rivas, Ferrer del Rio, Antonio Flores, Carolina Corona- 
do, Baralt, etc. 

El drama heroico Amor y Patria^ representado con 
éxito extraordinario en Buenos Aires y Montevideo, mere- 
ció el aplauso de D. Juan Carlos Gómez, D. Domingo 
Faustino Sarmiento y D. Juan María Gutiérrez. 

Concepto tan favorable|merecieron al último y á los doc- 
tores D. Andrés Lamas y D. Miguel Cañé algunas escenas 
del drama histórico, todavía inédito é inconcluso, titulado 
Un mártir de la Conquista (Vasco Nuñez de Balboa). 

Como periodista ha prestado su contigente, en La Pa- 
tria, El Orden, La Ilustración, La Semana j otros períó- 
dícos de Madrid, y ha sido durante cuatro años correspon- 
sal en París, del primer periódico de la América del Sud 
en aquella época. El Mercurio de Valparaíso, y de La 
Constitución de Montevideo, redactada por el doctor don 
Eduardo Acevedo. 

El libróla Iglesia y el Estado, publicado en Montevi- 
deo á su regreso de Europa, ha obtenido entusiastas elo- 

0) Página S23. 



•-. 



— w — 

jios de escritores de la talla de D. Félix Frias, j ha sido 
impugaado j^ otros* de no menos valer« pero que no 
están de acuerdo eon sus opiniones. 

£1 doctor M. C es enemigo declarado de la demagogia, 
de la moral indepeadientet del pesimismo, de la anarquía, 
y sobre todo, de algunas ideas, boy muy en Toga, sobre 
Dios, el mundo, la fuerza superior al derecho, como ley 
de la humanidad, ¿obre la gerarquia del hombre respecto 
de los seres inferiores que se le dan por ascendientes, 
sobre el destino Immano y la inmortalidad del alma. 

Las Brisas del PkUaj las Horas de MeUmcolia son dos 
libros de poesía escritos bajo la inspiración de las ideas 
espiritualistas; el primero esenciaknente americano, y 
ambos han merecido á su autor los mas lisonjeros elogios 
en América y Europa. 

£1 Álbum de poesías Uruguayas que ha publicado úl- 
timamente para cubrir el déficit de las suscriciones popu- 
lares destinadas ¿ elevar en la Florida un monumento á la 
Independenda «oriental, según la opinión de la prensa 
unánime La France, El Pu^lo Argentüio, El Siglo de 
Buenos Aires, La pibuña ( idem ), El Ferro - Carril, La 
Nadan, La Colonia Española, El TeUgrafo Marítimo, 
V IláliA Nuova^ eto., es una antología digna de figurar 
oí lado de las minores; mi libro^ en su lima notable por 
todos conceptos. 

Como hc»Qbre politíco^ como aboi^o y jurtsconsuito, 
ha desempeñado comisiones, ha tenido i su cargo em- 
pleos importantes : J«ezde primera instancia. Fiscal del 
Estado, Senador, Cónsul general y agente diplomático en 
el Exterior, Ministro de Relaciones Exteriores y de Hacien- 
da. Actuahna&te « Rector y tatedrálico del aula de Dere- 
cho de Gentes en la Universidad Ji^or de la Aepúbllca. 

Angunos de sus biógrafos, y entre ellos el último^ don 



- a — 

Domingo Cortés ( Diccionarib biográfico americano — Pa- 
rís, 1875), traen equivocada la fecha de su nacimiento — 
viólalaz nuestro compatriota en Montevideo, el 3 de Oc- 
tubre de 4825. 

Tiene sangre española por todos lados; su abuelo, rea- 
lista acérrimo, era godo. 

Su madre doña Encarnación Cervantes, bella j buena 
como un ángel, era andaluza. 

Su padre el coronel D. José María Magariños, enviado 
al colegio militar de San' Fernando por el abuelo de don 
Alejandro, empezó su carrera batiéndose contra los abso- 
lutistas á la órdenes de Mina. Esclavizada su patria por 
el Brasil, acudió á prestarle como buen hijo sus servicios, 
y estaba en Sarandi al lado de Lavalleja como uno de sus 
ayudantes, y en Ituzaingó entre las filas de los que hicie- 
ron deponer las armas á los formidables batallones ale- 
manes. 

Terminaremos este articulo, anotando las' fuentes de 
donde principalmente hemos tomado estos apuntes, y á 
las que remitimos al lector que desee mas amplios datos : 

Poetas españoles y americanos del siglo A7.\, por 
A. A. de Orihuela — París, 1851; Biblioteca americana 
tomo III — Buenos Aires, 1858, Álbum de Noto^Hedades 
del Plata, por Mangel Du Mesnil — Buenos Aires, 1862; 
Ensayos biográficos y de crítica literaria de los princi- 
pales poetas y literatos hispano -americanos, por J. de 
Torres Caicedo — París, 1863; Biografía americana ó 
Galería de poetas célebres, por José Domingo Cortés — 
Santiago de Chile, 1871; Diccionario biográfico, por el 
mismo — París, 1875; finalmente La Argentina, ensayos 
literarios sobre los vates contemporáneos en ambas már- 
genes del Plata, por Benigno T. Martínez— Uruguay, 1877. 

José A. Tavolara. 

2 



« 



— 48 — 



♦ * 



Esta nota biográfica es bastante exacta, como que no 
es mas que un resumen délas publicaciones citadas en e 
párrafo final ; y la conpletaremos con las sigoientes lineas» 
tomadas del Álbum de Notoriedades del Plata. 

« En Julio de 4858, volvió M. C. á su iniciada empresa 
de la Biblioteca Ahebicaiu que encontró una grande acó- 
jida en los Estados del Plata, pero que turo que inter* 
rumpir de nuero á consecuencia de los trastornos políticos 
que sufrió un año después la República Argentina ; dejó 
no obstante publicados ocho tomos cuyos titules hé aquí : 
tomo 1 ."^ Estudio Históricos, por A. M- C. ; 2.® Horas de 
Tnelancolía, poesías del mismo ; 3.* No hay mal que por 
bien no venga, novela por el mismo, y una Noche de 6o- 
da, Ídem por Cañé ; 4/ Esther y La familia Sconner, 
' novelas del mismo Dr. Cañé ; 5.* El Tempe Argentino, por 
D. Marcos Sastre ; 6.** Pensamientos, Máximas, Senten* 
das de escritores, oradores y hombres de Estado de la 
República Argentina, por el Dr. D. Juan María Gutiér- 
rez ; 7.** Apuntes Biográficos, por el mismo ; 8.^ Escri- 
tos políticos, económicos y literarios, del Dr. D. Flo- 
rencio Várela, precedidos de su biografía, por D. Luis 
Domínguez. 

a Ese selecto plantel dá una idea de lo que será la Bi- 
blioteca Americana el día en que su fundador consiga 
llevarla á cabo para honor de las letras de estos países. 
Sus propósitos son vastos, y hacemos votos por que lle- 
guen los tiempos aparentes para que pueda realizarlos, i^ 



— I» — 



— 4 - 

El poeta oriental Ih FVancisco Acuña 

de Fígueroa (1) 

El eslabón mas faerte de la naeionalídad át qq pmblo 
es sm disputa el tesoro de tradiciones políticas y Uterams» 
acnmulado por las pasadas generaciones, para honra j 
gloria, para estimulo y enseñanza délas presentes. 

Son faros luminosos que señalan en el tiempo y en el 
espacio, el origen, la mancha y desarrollo de las ideas y 
sentimientos, que en una época determinada dominan á 
las naciones. 

T siendo la literatura espresion de la sociedad, como se 
ba repetido desde Bonald hasta nuestros dias, en ella Tie- 
nen k reflejarse hasta los mas fegaces matices de la Tida 
indíriduál y colectiva de la humanidad. 

A esa grandiosa obra concurren, sin advertirlo á veces, 
sin tener la conciencia de su destino, el publicista, el ora- 
dor, él escritor científico, el poeta, el autor dramático, el 
novelista, todos los obreros de la inteUgencia diseminados 
en el vasto campo de la literatura. 

Verdad es que unos producen abrojos y otros flores; 
verdad es que son muchos los llamados j pocos los esco- 
gidos; verdad es que en pueblos nuevos y trabajados por 
el infortunio^ durante largos años, los escombros que de- 
jan en pos de si los primeros, hijos bastardos ó deshere^ 
dados de la intefigencia, representan un capital perdido 
de tiempo y trabajo infinitamente superior al modesto con- 
tingente, que por lo regular pueden ofrecer al terminar su 



( f ) Articaio f obUctdo tn 1m peri<klioot de Buenos Aires y reproducido ea 
Monterideo entre otn»» por el Eco ürttguayo dd 92 de Marzo de 1887 



— 20 — 

ingrata existencia los rarísimos hombres que Dios marcó 
en la frente con el sello de los predilectos pero tam- 
bién es cierto que ninguna literatura se forma sin recorrer 
las faces inevitables de la vida mortal del individuo, ayer 
niño, hoy adolescente, mañana hombre; también es cierto 
que la multitud de plantas ruines, parásitas ó nocivas ha- 
ce mas apreciable la flor preciosa, rica de colores y per- 
fume, que descuella entre aquel montón de vana hojaraz- 
ca y de arbustos raquíticos y enanos : 

Como entre cardos gigantesca palma. 

También es cierto que si son pocos los escogidos, .no lo 
es menos que su gloria, aunque incierta y precaria, viva 
imagen del suelo tembloroso que se estiende del Atlántico 
al Pacifico, lleno de precipicios, de pampas solitarias é 
inaccesibles montañas, crece y llegará á la. posteridad, 
magnificada en proporción á las dificultades vencidas ; á 
la fecunda iniciativa ;«al instinto revelador, que adivina el 
arte, lo iguala y á veces, lo supera ; á la orijinalidad ; á 
las creaciones realizadas, y á los obstáculos de todo lina- 
je con que, los apóstoles del pensamiento, los innovado- 
res, los que levantan su cabeza mas alto del común 
nivel, tienen que luchar durante su vida entera, hasta 
para la impresión de sus obras, ó la aceptación de sus 
ideas, que no siempre encuentran entre los qm pmden y 
deben la protección que merecen. 

Aquí se eslabona insensiblemente. el argumento que 
nos puso la pluma en la mano. Es inútil añadir que nos 
referimos al Mosaico poético que ha empezado á publicar 
en Montevideo el Sr. D. Francisco Acuña de Figueroa. 

No incurriremos en la vulgaridad de repetir con este 
motivo las triviales frases de costumbre. Los versos del 
esclarecido vate uruguayo se recomiendan por sí mismos, 



— 21 — 

y nosotros lejos de constituirnos en Aristarcos, tomaría- 
mos con gusto lecciones de tan entendido maestro, lo que 
importa decir, que apreciamos solo por ser suyas hasta 
sus mas débiles composiciones, sea estimación al poeta, 
sea prestigio de la infancia, sea cariño á todo lo que en 
nuestra desventurada patria puede servir de lazo de con- 
cordia enre sus hijos desunidos ; á todo lo que, en estra- 
5a tierra, evoca un recuerdo simpático ó un pensamiento 
amigo en favor del nombre Oriental I 

Cuántas veces en las Repúblicas del Plata, hombres de 
las mas encontradas opiniones se habrán reido á la vez y 
habrán fraternizado interiormente con sus enemigos, de- 
sarmados por algunos de los ingeniosos chistes tan fre- 
cuentes en los célebres epigramas do Figueroa I Y qué 
aficionado á las letras aunque lo sea medianamente, m 
conoce su nombre, en todo el continente hispanorame- 

ricano? 

Jamás son talentos vulgares los que consiguen traspa- 
sar las fronteras de su natal rejion, y cuyas producciones, 
arrebatadas por el aura popular, adquieren carta de ciu- 
dadanía donde quiera que las repite ese gigante de mil 
lenguas que se llama prensa. 

Estando en París, recordamos haber visto reproduci- 
dos en periódicos de Buenos Aires, del Perú, de Méjico, 
de Chile, de Cuba, del Brasil, de España y aun en la Cró- 
nica de Nueva York, versos de Figueroa. 

Este aprecio general habla mas alto que todo loque 
nosotros pudiéramos añadir, y desde entonces le tene- 
mos en el género epigramático y jocoso por el primer 
poeta de las dos Américas. 

Así, nos limitaremos simplemente á recomendar á ñues" 
tros lecctores la adquisición del Mosaico. El autor ha 
tenido la modestia y el buen gusto de eliminar de su 



— ss — 

jomensa colección las composiciones qoe, en su dicta- 
men, no merecen ofrecerse al público. 

La coleccioD, no obstante, será tan considerable como 
variada y rica, merced al ingenio y á la gran fecundidad 
de Figueroa, quien tal vez ha escrito él solo mas versos 
que todos los poetas juntos del Estado Oriental. 

£8 sabido que el peor enemigo que tiene el hombre de 
reeoimcida capacidad son las mismas cualidades qod lo 
distinguen. Para sus detractores^ Lamartine que ha estu- 
diado y sabe mas de lo que basta y sobra para calificar 
de sabio & un hombre ; Lamartine que ha salvado dos 
veces á la Francia, es un poeta, tanto vale decir, un vir 
$ionúrio ; Álcali Galiano, el orador mas elocuente de 
las modernas cortes españolas, un parlanchín imopor-' 
table : j finalmente Figueroa, autor de centenares de ver- 
sos que fimiarían sin vacilar Melendez» Villegas y Quer 
vedo, no es según el dictamen de algunos talentos em- 
botellados Hias que un hábil versificador, un coplero de 



Se le ha criticado duramente esa admirable facilidad 
con que sudta su voz al viento ; como si el pájaro trina- 
dor pudiese dejar de cantar siempre, el arroyo caudaloso 
de correr murmurando, rebalsar y estenderse en todas 
direcciones ; y la brisa silbadora, de ajitar sus alas y 
perderse entre los árboles, preludiando eternamente sos 
indefinibles armenias 1 
. í Por q«é, bien ó mal, canta el pájaro diariamente, 

mnimara el arroyo y silba la brisa ? porque asi lo ha 

díspaesto el supremo artífice y obedecen á una ley supe- 
rior á su voluntad. 

Et verdadero poeta, los que han bebido una gota del tó- 
sigo de fiíego que vertía la fiebre de la fiíspiracioa en la 
mente del proiétaEsdras, son como el pájaro, el arroyo ; 



\ 



— as- 
ía brisa. Arpas animadas del graa coDCÍerto de la crea- 
cioD, sus cuerdas Tibrau estremecidas k la menor impra- 
sioa que viene á herirlas. 

En yez de sublevarnos estólidamente por la profusión 
de sus acentos; en vez de hacer un crimen al poeta por la 
facilidad ó rapidez con que los emite, prestemos el oido y 
separemos las notas buenas de las falsas, el oro de la es- 
coria, el rayo puro de sol de la niebla fugitiva que lo em- 
pana* 

Por escaso que sea el botín, si queremos ser justos, 
tratándose de autores que han escrito lo que Figueroa, 
siempre quedará lo bástante para fundar una digna y glo- 
riosa reputación literaria. 

Olvidemos lo vulgar, lo mediano y lo malo, para no 
acordarnos sino de lo oríjinal, lo bello, lo bueno. 

Acaso para encontrar un verso, una imájen, un pensa- 
miento feliz, fué preciso haber pasado amarrado al yui>- 
que del trabajo, todo un dia, toda una noche de insomnio 
y de agonia, representada por las estrofas anteriores y 
posteriores al verso, á la imájen, al pensamiento que se 
clavan en la memoria del lector, y le obligan á esclamar á 
su despecho: qué bello es esto I 

Tengamos presente que antes de encontrar una perla, 
el buzo toma y arroja en las profundidades del mar, mu- 
chDs pufiados de arena y barro. 

Nadie debajo del sol puede ser el mismo á todas horas 
y en todas ocasiones 

Perdonemos al talento si alguna vez no acierta á elevar- 
se mas allá de la atmósfera letal que le circunda. Si su 
frente se pierde en las nubes, sus píes tocan á la tierra. 

Bastante hace el que prueba, una, dos, cien veces, que 
tíene los bríos y las alas del águila: el que deja en la con- 
ciencia de todos, amigos y enemigos, una huella indes- 
tructible de su genio. 



— 24 — 

El prosaísmo de una exísteDcia condenada á malgastar- 
se en las exijencias fee las necesidades materiales, el has- 
tío y desencanto que son consiguientes á esta lucha horri- 
ble, repetidos y amargos desengaños, y en último térmi- 
no la vejez, pueden apagar la inspiración en la cabeza 
mas ardiente y mejor organizada; pero en tales casos seria 
una ceguedad imperdonable no ver reflejarse sobre una 
inteligencia ya mutilada y próxima á estinguirse, la radian- 
te aureola que la ciñó en otro tiempo; seria poco noble,, 
poco generoso inclinar el fiel de la balanza donde están los 
defectos presentes, sin acordarse de poner en relieve las 
bellezas pasadas. 

Nos asiste el convencimiento que en la colección hecha 
por el señor Figueroa, la mayor parte sino todas las com- 
posiciones incluidas en ella, merecerá la aprobación de 
los inteligentes y será digna de la justa fama que disfruta 
su autor. 

Solo falta que el número de suscritores le permita lle- 
var adelante la publicación empezada, y es de presumir 
que toda la juventud hispano - americana y en particular 
la que tiene la honra de haber nacido en la misma patria 
del autor, le presten el mas franco y jdecidido apoyo. 

Las glorias de un pueblo se simbolizan en sus monu- 
mentos literarios, artísticos é industriales. ¿Qné hijo de 
la República Oriental se negará á poner una piedra, á coh- 
tribuir con un óbolo para la conservación de materiales 
que forman ya parte integrante y han de servir mas tarde 
de cimientos al palacio de nuestra literatura nacional ? 

Nos lisonjeamos que el señor Figueroa no tendrá que 
arrepentirse de su feliz idea, y que encontrará dentro y 
fuera de su pais la acojida que merecen su laboriosidad é 
indisputable talento. 

Que al menos lleve á la tumba el consuelo de que su 



— 25 — 

progenie intelebtuai asegurada ( de la polilla, peor que 
los incendios) (1) con el bautismo inmortal de la im- 
prenta quedará á cubierto de. los esLiavios, erratas, muti- 
laciones y demás percances que su estrella adversa suele 
reservar á los poetas, aun después de su muerte. 

Pocos placeres igualan á los que diente un buen padre 
de familia cuando, en vísperas de emprender el gran viaje 
de la eternidad, mira agrupada en torno suyo á una des- 
cendencia numerosa y potente: también el poeta, idólatra 
de los hijos de su imajinaeion, esperimenta un gozo ine- 
fable cuando tiene en su mano la colección <x)mpleta de 
sus obras, destinada á prolongar en cierto modo su vida, 
salvando tal vez su nombre del olvido y perpetuando su 
recuerdo en la frágil y olvidadiza memoria de los hombres! 

Buenos Aires, 18 de Marzo de 1857. 



Origen del monumento alzado en la Florida — Deudas sagra- 
das — Prodigios que realiza el amor á la Patria — Sacrificios 
que esta impone. 

Al pueblo 

En la villa de la Florida, donde se proclamó hace medio 
siglo la Independencia Oriental, ha surgido la idea de ele- 
var un monumento conmemorativo de aquel fausto acon- 
tecimiento, el mas grandioso que registra nuestra his- 
toria. 

La Comisión Central elegida alli por el pueblo, ha tenido 
á bien nombrar á los que firman para que se constituyan 
en Comisión Auxiliar en la Capital y su Departamento, y 



(I J Alusión á un precioso epigrama del Sr. FigucroacoQ motivo del levero hilo 
de un critico que condenaba á -la liogucra todas sus poesías, sin exceptuar una sola. 



— ae — 

coadyüTeni la idea espresada en la forma que considerea 
mas oportuna. 

En conseenencia, y sin perjuicio de los trabajos á qna 
pneda mas adelante prestar sn concurso, esta Comisión ha 
resuelto iniciar su cometido, promoviendo una suscridon 
popular por medio de circulares á domicilio. 

Oportunamente las personas autorizadas al efecto, y 
cuyo nombre constará en las circulares, pasarán á recoger 
el nombre, irmayeuota de ios suscritores en cuadernos, 
que mas tarde reunidos en un volumen formarán un ál- 
bum, cuyo original será depositado en la Biblioteca Nacio- 
nal y una copia en la Piedra Fundamental del monumento. 

La Comisión no duda que el pueblo á quien se dirige, 
responderá dignamente á su llamado. Montevideo, que 
para todo infortunio, para toda noble idea abre su mano 
y da sin contar, sin preocuparse de quién le pide ni para 
qué le piden, no puede en esta ocasión olvidar que se invo- 
ca su generosidad para el pago de una deuda sagrada. 

¿ Qué hemos hecho nosotros por los que nos dieron 
patria, nos elevaron á la dignidad de hombres libres, y 
en esclusivo beneficio nuestro sellaron con su sangre, con 
sus dolores y sacrificios, los santos dogmas de la demo- 
cracia?.... 

Breve, pero fecunda en acontecimientos gloriosos, es 
la historia de la Nacionalidad Oriental. En los dias de su 
altiva Independencia se realiza el prodigio del Titán, que 
en cada caida al tocar la madre tierra, recobraba nuevas 
fuerzas para proseguir la formidable lucha. Los mas in- 
signes soldados del mundo por el valor y la disciplina, 
tuvieron que ceder ante el impulso incontrastable de un 
pueblo que aspira á sacudir la servidumbre y la conquis- 
ta y á vivir independiente y libre En las calles y en 

las murallas de Montevideo, en Guayavos, en Piedras, en 



— 27 — 

Cerrito, ea los campos de Rincón, de Saraadi é Itozain* 
gó, se seUó an dia, con d heroísmo y la aboegacioa 
de los patriotas, el banüsmo de la libertad y de la lade* 

pendencia Nacional 

Merced i su indomable esfnerzo, do qniera el valor veiv- 
ce al número, el derecho á la injusticia, la idea á la fuer- 
za, la fé ciega del patriotismo á la falta de recursos, á los 
contrastes, al terror ó al desaliento, y lli^a un día en que 
se alza independiente y soberana la Nación Orientad y 
proclama la República como la forma de Gobierno que 
mejor se armoniza con la razón humana y la ley divina, 
entrañada en los prindpios del derecho natural, que en- 
grandecen al hombre y hacen de él lo que es y debe ser, 
rey del planeta que habita, de su personalidad y de sus 
actos, en vez de prosternase ante las mentiras degradan- 
tes y corruptoras del despotismo. 

Para eterna memoria de tan magno acontecimiento, se 
trata ahora de erigir una obra monumental, es decir, que 
interesa 4 toda la Nación, y que d^ corresponder ¿ su 
glorioso esfuerzo. 

La idea que simboliza esla Independencia y libertad de 
un pueblo y el justo tributo que éste paga k sus bienhe- 
chores' paraqae no se diga|deél, lo que se ha dicho de 
otros pueblos y se repite á cada paso en los hombres: que 
suelen mostrarse tan avaros, tan exigentes é ingratos con 
el pasado, como pródigos, indulgentes y cortesanos del 
porvenir y á veces del presente. 

Recordemos el uso que hemos hecho de la sublime he- 
rencia que ellos nos legaron; recordemos que las glorias 
de la Independencia son las únicas que podemos todos 
evocar, sin eschBisiones odiosas, sin rubor en la freate, 
sin dudo en el corazón. 
Quién sabe las duras pruebas que todavia nos reserva el 



— 28 — 

destino; y aunque la gloria guerrera no sea el ideal de los 
pueblos modernos, el culto del heroísmo, cuanto mas pu- 
ro y elevado sea su origen, es siempre manantial fecundo 
de noble emulación, de entusiasmo, capaz de impulsarnos 
á las mas altas empresas, de virtud cívica, y de la abnega- 
ción que lleva á los ciudadanos en la hora suprema de los 
grandes infortunios nacionales, á deponer en aras de la 
Patria su fortuna, su reposo, su vida y hasta la de los se- 
res que mas aman, sacrificio que raya en sobrenatural, 
pero que sin embargo consuma, no sin una lucha desgar- 
radora contra la naturaleza, el hombre dominado por el 
austero cumplimiento, por el inflexiblemandato del deber. 

Por eso reserva el mundo su respeto y simpatías á los 
pueblos viriles y que saben ser libres, álos que honran á 
sus mártires y á sus héroes, de la acción ó de la idea, como 
la Patria de Guillermo Tell, que á pesar de su pequeño 
territorio se ha hecho respetar mas de una vez de naciones 
poderosas. 

Para celebrar acontecimientos como el que nos ocupa, 
la poesía debe tejer una guirnalda, la historia trazar un^ 
pajina, el arte traducir la idea en el bronce y el mármol, y 
á este objeto se destina el óbolo que se nos pide y que to- 
dos daremos complacidos. 

Montevideo, asiento de los Poderes del Estado, de las 
Corporaciones científicas y literarias, que posee en luces, 
en órganos de propaganda y difusión, en habitantes y en 
riqueza, la mas granada parte, ahora y siempre tiene el 
deber de justificar la supremacía que ejerce, haciendo in- 
clinar el fiel de la balanza con el peso de su poder y de sus 
medios, en el sentido de lo que mejor responda al honor, á 
la gloria*, á los intereses generales de la República. 

Para eso es la Capital con todas sus ventajas y privile- 
gios, para eso tiene la misión de servir de faro y guía á 



— 29 — 

los demás paeblos del Estado, para eso marcha á la van- 
guardia y lleva eo su robusto brazo la bandera, emblema 
sacrosanto de la Patria, que se proclamó independiente el 
25 de Agosto de 1825. 

En la antigüedad, algunos pueblos en sus dias de infor- 
tunio acostumbraban ir \ sus Dólmenes, toscos monu- 
mentos funerarios de piedra que cubrían los huesos de sus 
ascendientes, y alli arrodillados les pedian luz para su men- 
te, energía para su corazón, vigor para su brazo; — Que la 
generación que se levanta y las que nos sucedan, cuando 
sientan nublarse su espíritu y desfallecer su ánimo, vayan 
también al monumento de la Florida á inspirarse en el 
alto ejemplo de nuestros padres, y á aprender de ellos 
cómo se lucha, cómo se sacrifica todo, cómo se muere y 
se redime á la Patria. 

La Comisión espera con plena confianza que la Capital 
de la República como los Departamentos responderá dig 
ñámente á sus honrosos antecedentes y heroicas tradi- 
ciones. 

Montevideo, Agosto 25 de 1874. 

Bernabé Magariños, Presidente — José 
Vázquez Sagastume, Vice-Presidente 
— Agmtin de . Vedia, Secretario — 
Pablo Nin y González, Secretario — 
Carlos Navia, Tesorero — José P. Ra- 
mírez — Julio Herrera y Obes — Pe- 
dro Carv^ — Manuel E. Rovira — 
Prudencio Ellauri — Pedro Várela — 
Avelino Lerena—Hermógenes L. For- 
maso — Ventura Torrens — A . Maga-- 
riños Cervantes. 



— 30 — 



AI través y en el raudo giro de los años, saltan alga- 
nos nombres al encontrarse juntos. ... 

Os agrada el wals?... Sois amigo de la dulcísima len- 
gua del Tasso y Metastassio ? 

Ved la facilidad con que la maneja el poeta italiano- 
oriental, en la elegante traducción que hizo del parágrafo 
ni de la composición titulada En un baile de máscaras 
(Horas dehelancoua.) 



in 



Wals 



Por eso en ágil. 
Trémula danza, 
Cual la esperanza 
Rápidas van. 
Bellas parejas 
Girando isa coro,, 
Cual maríposas 
De azul y oro. 
En torno al cáliz 
Del tulipán. 

Cruzan ypas¿ai 
En torbellino, 
Cual repentino 
Sueno feliz ; 
Como las nubes 



Ed ecco in agile 
Férvida danza, 
Tutte speranza, 
Piene d'ardor, 
Coppie bellissime 
Girando in coro 
Gome farfalle 
D*azurro e d'oro, 
In torno al cálice 
D'un vago fior. 

Del vals nei vortici 
Passano audaci 
Come fugaci 
Sogni d'amor, 
Come le nuvole 



— di — 



Qne el sol colora. 
Cuando radiante 
Viene la aurora, 

Y las esmalta 
Con su matiz. 

Brillan sus ojos 
Embriagadores, 
Como entre flores 
La juventud ; 
Como una imagen 
De amor ardiente. 
Cuando el espirita 
Lucha inocente. 
Con sus deseos 

Y la virtud. 

Tierno, armonioso 
Vibra su acento, 
Como el lamento 
De arpa fugaz : 
Como el murmullo 
De los jardines, 
Cuando las brisas 
En los jazmines 
Un beso ponen 
De amor y paz I 

A* M* C 



Che il solé indora, 
Quando raggiante 
Sorge Taurora, 
E il cíelo iiUunina 
Col suo spleudor. 

Gil occhi scintilUno 
Ammaliatori, 
Come tra i fiori 
La giovent* ; 
Come un*immagine 
D'amore ardente, 
Quando lo spiríto 
Lotta innocente 
Fra il desiderio 
Elavirtú. 

Teneri, armonici 
Vibran gli accenti. 
Come i lamentí 
D'un suon che muor, 
Come queí flebile 
Lai dei ^ardini, 
Quando gli zefirí 
Su i gelsomini 
Posano un bacio 
Di pace e amor I 

/. Odidni y Sagra. 



— 32 — 



— 7 — 

Un artículo literario del Dr. Gómez 

ESCRITO EN RIO JANEIRO HACE 35 AÑOS 

Como dice el Dr. Gómez en su artículo, no contaba 
yo cuatro lustros cuando escribí la leyenda de Celur, que 
todavía inconclusa y con varios capítulos en esqueleto, le 
llevé tna tarde para que me diera su opinión al otro 
día. Tardó una semana en hacerlo. Escuso agregar que 
teniendo presentes las observaciones y consejos que con 
su habitual sinceridad, la nobleza de su carácter y ele- 
vado espíritu, se sirvió dispensarme mi joven Aristarco, 
hice mas tarde importantes correcciones en la leyenda, 
publicada por primera vez en Madrid en 1852 en una 
edición ilustrada por Urrabieta, precedida de un prólogo 
de D. Ventura de la Vega. 

Apunto aquí este dato ligado á otros no menos reco- 
mendables para el Dr. Gómez y necesario para la mejor 
inteligencia de su precioso artículo y de los que iré trans- 
cribiendo y me ocuparé en otros números. Ahora le dejo 
la palabra al inspirado cantor de La Libertad, previnién- 
dole que he procurado cumplir el mandato imperativo 
de detenerme EN LA CUMBRE, como se verá por las re- 
ferencias que haré en otro número. 



* * 



En medio del estruendo del mar irritado, algunas olas 
estendiéndose inmensamente sobre la playa, nos hacen 
oír una modulación suavísima, que transporta el alma de 
las funestas imágenes de la borrasca al embeleso de su cal- 
ma anterior y la dispone á la melancolía y á la serenidad. 

Las armonías destacadas que en las orillas del Plata se 



i • 



— 33 — 

han hecho oir de vez en caando sobre el bronco estampido 
de la guerra, expresión de an sentimiento intensamente 
delicado, del todo extraño á las impresiones del momento, 
nos han parecido un eco de las primeras horas de nuestra 
juventud, trayéndonos la promesa de tiempos mejores, á 
pesar de llegar á nosotros en el tono de desencanto y dolor 
de que se sombrea cuanto pasa por una época de desola- 
ción. Pero al demandarle revelaciones de algo nuestro, ai 
buscar en ellas nuestras esperanzas y las palabras de 
nuestra creencia, hemos sentido que no era la brisa de 
la mañana, sino una ráfaga desfalleciente de la tempestad. 
La poesía, único órgano hoy del pueblo, única forma de 
nuestra literatura, ha llorado lágrimas verdaderas de un 
modo ageno á nuestro infortunio y se ha lamentado en un 
idioma extrangero. 

En una tierra donde el desquiciamiento de una guerra 
civil, con pocas semejanzas en la historia, no ha sido bas- 
tante poderoso para torcemos de la meta colocada en ei 
término de nuestra regeneración, donde un solo corazón 
de hombre se ha mostrado inferior aJ infortunio, ni se 
ha envilecido una sola alma de mujer, donde todos han 
preferido las honorables miserias de la vida, á la dulce 
indolencia del bienestar y al boato tentador de las vanida- 
des; en una tierra donde el hombre muere batiéndose á 
lasóla palabra de libertad, y la mujer llora velando á la- 
cabecera del campeón rendido : el poeta maldice de los 
hombres y de las realidades; traza el amor y la virtud á 
la luz de la duda, recelando divagar en las puerilidades 
del alma creyente, ó los ensueños confiadamente candidos 
de la niñez ; reniega una época prosaica y calculadora en 
un país donde el pensamiento no se alimenta sino de los 
fantasmas de la imaginación, de las esperanzas mas vagas 
y de recuerdos teñidos de la idealidad, que presta á la me- 

3 



/ 



— 34 — 

moría lo peregrino de nuestras existencias y lo ilimitado 
de nuestros horíiontes ; renuncia á los afectos entre ca- 
racteres eseesivamente ccHAuníeatiyos y entusiastas que se 
adhieren con la facilidad de la inesperieocia y la energía 
de la pasión. Parece haber permanecido ageno á la inten- 
sidad del sufrimiento y hasta á la conciencia de la vida, 
para dibujar cuadros tan falsos, en que nos engaña, y nos 
«seduce con el primor de la ejecución y los colores del cielo 
y de los campos ; parece haber dudado de sus destinos 
para abandonar su bello sacerdocio, sus aras consagradas, 
por prender una flor en las vanidades de la sociedad, co- 
mo en los cabellos de la belleza, convirtiendo una venera 
del templo en una gala de academia ; parece burlarse de 
nuestros corazones predisponiéndonos por un acorde 
triste á una música profunda, por la vibración de una 
cuerda del arpa á las melodías proféticas del bardo ins- 
pirado, para rimarnos los murmullos de las aguas y de los 
vientos, en acordes sin unisón á los latidos del alma ni 
al recogimiento de la sensibilidad. 

Acaso nunca llegaremos á vestirnos el manto de hielo 
de algunas sociedades. Acaso nunca el escepticismo ni la 
indiferencia empañarán el fresco matiz de nuestras flores, 
para romper tan temprano esa hebra entre el cielo y la 
tierra, delicada esencia de tantas vidas y de tantos siglos, 
y convertirla en una profanación ineficaz de lo bello y de 
lo santo. Si algunos pocos no saben una forma en que 
adorar al Hacedor en la vida, aun mueren todos temién- 
dolo bajo todos los nombres, para hacer de la Religión de 
nuestros padres una mitología cristiana. No hemos dado 
tantos pasos en la senda de la Revolución para escribir 
sin enternecimiento de admiración el nombre venerando 
de mártir. Todavía no se han desplomado las casas de 
nuestros abuelos ni nos es desconocida una persona de 



— 35 — 

nuestros Pueblos, para alfi¡|arfios del hogar, romper todos 
los TiDcolos de {raternidad y aislaraos soiobriamente ea 
la tierra. 

Nosotros ranei^eíaos del poeta qne dos desconoce. 
Eotoae stus.eantos en las alegrías de la tertulias : acom* 
páoeloe da los aires del piaoo : brille uo momento entra 
las frÍToUdades de la tierra. Pero uno vendrá que Des- 
diga palabras religiosas de esperanza, los votos callados 
de los eorazones, las ilusiones de los buenos ; que nos 
recuerde ood amor los campos, los arroyos, los galopes 
en las cuchillas y miestros compañeros de los días de^ 
sinceridad. Uao que dos muestre á los jóvenes de boy^ 
en esta tremenda época de preparación, alistados baja 
todas las banderas, eligiéndonos armas, estudiando nues- 
tros campos de batalla ; sufriendo las privaciones y los 
peligros del soldado con la gloria de la patria por ensue- 
ño ; mendigos en el hogar opulento del estranjero da 
pan y de ciencia con el pensamiento en el rancho de to- 
toras del gaucho ; esclavos en los bufetes del comercio 
calculando la prosperidad del país. Ese será nuestro» 
porque tendrá un suspiro para orear esas charcas da 
sangre en que nos revolvemos fatigados, y una maldición 
valiente y poderosa sobre todo lo que es malo ; porque^ 
no se encerrará en sí mismo como la sensitiva al roce de| 
infortunio á llorarnos sus delasiones de niño, ni nos re- 
petirá impensadamente el rugido feroz que lo circunda ; 
porque sabrá ver en esos girones arrancados á nuestra 
bandera los colores de la Independencia, y al través del 
polvo de las guerrillas la majestuosa imagen de la patria. 

Si, ese será oaestro, y lo bendeciremos cuando ud 
soplo del pampero arranque del cielo el luto de las 
nubes, y la creciente de las aguas arrastre al Océano la 
sucia púrpura de nue^ros rios. lili donde no ha permi 



— 36 

tido Dios que pueda permanecer huella ninguna, iremos 
á respirar en las auras de la mañana y á beber en la linfa 
de las emociones santas los secretos de la vida y de lo 
eterno ; arrancaremos de las flores que cubran el suelo 
las mas bellas parala guirnalda del poeta, y no lo dejare- 
mos encadaverecer en las irritaciones del ánimo ni en la 
soledad del corazón. En vez de envenenarnos en el des- 
deñoso hastio de un alma de veinte años, lloraremos á 
las secretas congojas de la vida humana ó nos embelesa- 
remos en la intuición de la dicha -* porque nó? Su in- 
mensa idealización, la suma intensidad en sus emociones, 
el embellecimiento de todo en la naturaleza, la religio- 
sidad en los afectos, nos revelan la creación en toda stf 
magníñcencia, el alma en toda su elevación, espléndida 
Poesía I Acaso hallaríamos en ella lo nuestro, hijos de un 
clima meridional sin sol que abrase ni frió que hiele, con 
mañanas de frescura aromada y serenidad impregnante, 
que como á las flores nos traen una vida nueva después 
de cada noche ; con lunas que derraman el bálsamo de 
un rocío de plata y transforman el cielo en un Edén de 
melancolías : seria verdad para nosotros que no rasga- 
mos el seno de la tierra para alimentarnos ; y vivimos 
sin pensar en el tiempo, como si recogiésemos el maná 
del cielo ó asistiésemos al banquete de un amigo. 

Sin estos antecedentes locales serian inverosímiles los 
caracteres que se relievaran mañana de nuestros sucesos, 
como no se comprendería á Mahomet sin los desiertos ni 
áTelI sin los lagos y las montañas. En la creencia de que 
el individuo no desaparecerá tan completamente en la 
multitud, que el corazón deje de ser una fuente de poesía 
donde todos templarán su sed ; tememos mas por la exa- 
geración de esos caracteres que por su falta de altitud, 
como es entre nosotros mas frecuente la pasión, el amor 



— 37 — 

al peligro y á lo extraordinario ; qae el apego á la vida 
del labor y de la famiila ; y si es cierto que presentan 
siempre nuevas fases al Poeta personages á lo Wertber y 
á lo lelia» no lo es menos que la contemplación de esos 
seres en la sociedad producirían ;continual amarguras al 
pensador, para quien son dolorosos los suicidios incom- 
prensibles, los infortunios sin causa, las peregrinaciones 
sin objeto y las inquietudes anárquicas de la ambición ; 
para quien son mas grandes los hombres virtuosos como 
Washington que salvan su patria, que los hombres ex- 
traordinarios como Aníbal que la pierden ; las buenas 
madres como Cornelia que dá á Roma dos Gracos, que 
las mujeres brillantes como Safo que se robó á la Grecia. 

Aparente es tan solo la contradicción que hemos tentado 
apuntar entre el poeta y el filántropo, dos seres inmensa- 
mente humanitarios, si pudieran convencerse uno y otro 
de que la sublimidad de esas creaciones no existe en la dis- 
tancia que las separa sino en el punto en que se tocan con 
nosotros: Rene desgraciado sin dominar una pasión cri- 
minal por no confesársela: Antony mártir en su corazón y 
reprobo al mundo por salvar en el uno y santificar para el 
otro la hermosa imájen de un amor inmaculado, sonde 
la familia de lo humano y de lo dramático, son caracteres 
poéticos y verdades. 

El viajador en un camino desconocido asegura la celeri- 
dad de su marcha siguiendo la huella de los que se le 
adelantan; se cuida de no confundirla con los accidentes 
del suelo, ni atribuir al tiempo lo que es de siglos. La poe- 
sía grave, religiosa, melancólica, socialista y educadora, 
como se ha llamado la contemporánea, es sin duda ante- 
rior á los Psalmos del Profeta y á los cantares de Tirtéo ; 
porque son eternos los fundamentos del arte como las le- 
yes de lo creado: circunscribirnos á esa clasificación seria 



— 38 — 

colocarnos entre el Infierno de Dante y el Paraíso de Mil-^ 
ton. Sin pretensiones á determinar ni esclusivar hemos 
buscado en el giro del pensamiento y en el modo dé las 
creencias las disemejanzas' de nuestra generación, y nos 
hemos sorprendido al encontramos paralelos á la Euro- 
pa. En la época qae sa regeneración ha desenterrado, 
á pesar del anatema de Cervantes, en sos pronunciadas 
simpatías por el Oriente» hemos palpado estrechas analo- 
4[ias con la actualidad nuestra — en la caballerosidad y 
desprendimiento de Ids paladines, como en el arrojo y ga- 
lantería de los Árabes, mucho de las virtudes espontáneas 
del satvage, elegantemente amaneradas á la civilización, 
de nuestras individualidades — una cuasi igualdad en los 
instintos, en los gustos, y en el régimen de la existencia. 
La Providencia nos pone en la senda de los demás, sin que 
hayamos caminado hasta hoy: si el pasado es para noso- 
tros un paso atrás, dejémoslo enmudecer y consagrémos- 
lo. Respeto y veneración á las cenizas de nuestros padres 
«n el sueño de las tradiciones. Pongamos el bautismo de 
la heroicidad en las sines del caudillo Español prokibién^ 
dase tá fuga, y en la del Cacique Indio muriendo sobre un 
lecho que no era de rosas. 

Al recorrer este trabajo del Sr. Magarinos Cervantes nos 
han asaltado todas estas ideas, y en la imposibilidad de 
desenvolverlas, hemos querido al menos señalarlas á la 
meditación de nuestros jóvenes compatriotas, para quie- 
nes va á abrirse una vasta época, y entre los que este Jó- 
Ten, anites dé los cuatro lustros de su edad emprende ese 
camino engalanado de bellas visiones, de creencias con- 
soladoras y de ambiciones inocentes. Sin sujetar su obra 
al ^escalpelo del análisis, sin demandarle cuenta desús 
convicciones, ni seguirlo en el giro de sus fiintasfas, sin 
' lundár opinión ninguna sobre su porvenir ; cedemos al 



~ 39 — 

iBlerés qc» nos mspira sa laboriosa energía en inetantes 
de tanto desdiento, y i la símpaúa qae nos arrancan los 
ra^os de noestra existenda con que ba delineado su cua- 
dro, la memoria de la estancia paterna y algo de las delu* 
siones de una generación entera que sombrea el todo. 

Dos cualidades del poeta se relievan en el seCor M. C, la 
fecundidad y la vehemencia ; uo dqa de ser una tercera 
su inCattgable laboriosidad. Hemos creído encontrar en 
su eslaoda k erittas del Uruguay mucbo de la serenidad 
de nuestros campes; en ese C£Luk que $e imprime fuer'^ 
temente en nuestra memoria si una vez lo contemplwK>s 
styetando un fogoso pangaré, la figura inolvidable del 
gaucho, en toda su elegancia. 

Mal prendido su rico bichará 
T de gamuza el tirador celeste 
I de crugiente seda el chiripá : 
en toda su astucia, no $e siente el ruido de $u paso en 
la e^emion : en todo el descuido de su valor, suspendi- 
do á la cintura su puñal de plata y cabalgando un potro 
que vuela en pos de su sombra. 

Su sensibilidad de poeta se revela en esa lágrima que 
como la perla solo arrancándola se deja contemplar : en 
esa percepción de la influencia que ejerce en todos lo 
bueno, esa acción sobre todo en derredor, cuando nos 
dice : 

Que todos á su lado parece que olvidaban 
Cuanto en la tierra ingrata nos hace suspirar : 
en esa inteligencia del verdadero amor, cuando siente que 
cualquiera demandaría para ellos cuanto encierra la 
tierra de lisongero, cuando se siente deseoso de poner 
una guirnalda sobre la felicidad agena. 

El molde donde esta se ha vaciado es una cabeza poé- 
tica dijo un dia una voz profética á los primeros ensayos 



— 40 — 

del genio. Nosotros al descubrir esas cualidades en el se- 
ñor Magarinos, nos permitimos repetirle esas palabras, 
sin el deseo de orgallecemos mañana si desde las altaras 
nos entona un canto imperecedero, ni el temor de arre- 
pentimos si se desvanece en las nieblas de la imaginación 
y nos engaña. 

Los que no han merecido una palabra de estímalo á 
sas esfuerzos ni esperanza para la vida, saben compren- 
der el desaliento de la soledad, y acompañan los primeros 
élances del talento al cielo^ y sas pasos en el camino de la 
tierra, con la sinceridad de sus votos. To te deseo, joven 
amigo mió, la paz y la esperanza; y para remontar tu 
vuelo las alas vigorosas del cóndor, y relámpagos para ce- 
ñirlo de luz ; si alguna vez lo detienes que sea en la cum- 
bre de las altas Cordilleras. 

Entretanto, uno en las cuchillas vestidas de flores, otro 
en las playas cubiertas de hielo, uno en la veneración de 
las imágenes, otro en el culto de los recuerdos, consagre- 
mos el pensamiento y el corazón á la patria : Si alguna vez 
lloramos, sea con las lágrimas del jigante. 

Piangendo si ch'ella oda i nostri guail 

Juan Carlos Gómez. 

Rio Janeiro, Agosto 10 do 1845. 



— 41 — 



— 8 — 

Projecto para la creación de colegios en las capitales de los De- 
partamentos — Importancia del latin — Ciencias exactas — 
De Observación — Metaflsica — De la moral — Cual es el sis- 
tema filosóflco que resuelve mejor los grandos problemas 
que agitan el espiritu humano ^ pércidos corporales — Co- 
nx> deben ser retribuidos los profesores — Aptitudes espe- 
ciales de los sacerdotes dignos de ese nombre. 

Sr. D. Joaquín T. Egaña. Mercedes. 

Buenos Aires, Enero 15 de 1859. 

Mi estimado amigo: 

He recibido la aprecíable de Vd. fecha 6 4el corriente 
en que se sirve pedirme el pobre contigente de mis laces 
respecto á la creación de un colegio, que Vd. y los vecinos 
mas importantes de ese pueblo piensan establecer. 

La idea tiene todas mis simpatías, y solo siento no ser 
una especialidad en la materia para satisfacer cumplida- 
mente el deseo de Yds. Sin embargo, para corresponder 
de algún modo á la confianza con que me honran y al vivo 
interés que me inspira tal propósito, voy á apuntarle rápi- 
damente lo que opino sobre el particular, teniendo en vista 
los recursos y elementos con que Yds. cuentan, y por con- 
siguiente no todo lo que seria de desearse, sino lo qne en 
mi concepto es posible realizar. 

Creo que por ahora deben Yds. limitar sus esfuerzos á 
plantear un establecimiento que permita á la juventud de 
ese Departamento adquirir los conocimientos generales y 
mas indispensables para que al salir del colegio puedan los 
jóvenes alumnos estar en disposición de seguir la carrera 
que mas sea de su agrado. 

Como base de la enseñanza secundaría, la escuela de 



— 42 — 

primeras letras qae ya existe con sos clases de lectora, es- 
critura, aritmética, |y gramática castellana podría incorpo- 
rarse al colegio. 

Las asignaturas del colegio y que creo podrían estudiar- 
se en tres, cuatro ó cinco años, serían por ahora las si- 
guientes : 

Idiomas — Latin, inglés y francés. 

Matemáticas — Álgebra, geometría y trigonometría. 

Elementos de historia, geografía y retórica. 

Teneduría de libros por partida doble. 

Física, química y botánica. 

Antropología, zoología y mineralogía. 

Filosofía — Psicología, ideología, metafísica, cosmo- 
gonia y moral. 

Fundaré en breves palabras las razones que me han de- 
cidido á dar la preferencia á estas materías. 

El latin es indispensable como Vd. sabe para casi todas 
las carreras científicas, y facilita sobremanera el conoci- 
miento del propio idioma y el estudio de los estranos. El 
conocimiento en el testo original de sus grandes prosistas, 
jurisconsultos y poetas contribuye mas que ningún otro 
idioma á formar el buen gusto literario. Conociéndole á 
fondo, en rigor puede presciodirse del griego. El inglés y 
el francés son igu^toente indispensables bajo el punto de 
vista científico y comercial. Si pudiera agregarse el ale- 
mán, serian incalculables las ventajas. A nadie se oculta 
el gran papel que desempeñan en la ciencia moderna los 
sabios y literatos de los diversos estados de Alemania. 

Las matemáticas son la^ciencia universal, abarcando en 
su vasta esfera todo lo que cae en el tiempo y en el espacio 
y qae se mide por cantidades, lineas, superficies. El inge- 
niero, el astrónomo, el mecánico, el economista, el ñsico, 
el náutico, el militar, el agrimensor todos necesitan 



— 43 — 

(le su auxilio, y naastro paid, Yi^geo como la mayor parte de 
las regiones del mondo hispano -americano, ofrece ancbo 
campo en todos conceptos asas portentosas aplicaciones. 

Los elementos de gtografiá general, en tos qae debe 
ocupar el primer lugar una noticia delaRada de la RepA^ 
blica Oriental, prepararán él ánimo del alumno para el co- 
nocimiento de' la historia. La geografía marca los desig- 
nios del Creador; revelando en las condiciones topográ- 
ficas de cada localidad, ea sus producdoiies, en sn clima 
y en las razas que las habitan, así como en su jénio y cos- 
tumbres, el papel que cada pueblo ha desempeñad» ó 
está destinado á desempens^ en la historia general de la 
humanidad. 

Existen compendios históricos bastante buenos, y como 
solo se tratado dar al discipalo la cla?e para qne éi pueda 
mas tarde estudiar por si mismo las historias de cada 
país, no hará poco d profesor si logra inciilcarie ideas 
claras y exactas sobre los hechos mas culminantes, desen- 
trañados por la filosofía de la historia, y le ensena á hacer 
las aplicaciones oportunas á los sucesos que nos perte- 
necen, ó que afectan de mas cerca al pedazo de tierra que 
ocupamos en el planeta. 

El estudio diB la r^&rica, ó mejor dicho el conocimiento 
de las reglas dictadas por el arte y el buen gusto para el 
me|or efecto de h palabra escrita ó hablada, lo cenadero 
útilísimo en un pats democrático, donde todos los ciuda- 
danos pueden ser llamados á los destinos públicos, ó á la 
representación nacional. El estilo es el hombre, ha dicho 
Bufón, y en este prefundo pensamiento hay encerradas 
mas Terdades de lo que generalmente se cree. 

la importancia del estudio de la tMeduria de libros es 
tan eridente qoe creeria ofender la notoria ilustración de 
Vd. si me empeñase én demostrarla. El comercio es hoy 



— 44 — 

un Terdadero podar en el Estado» la fuente mos valiosa de 
la renta pública en ciialqmer pais, y venero de su riqueza 
con la ganadería y agrícaltora, qoe dan las materias prí* 
meras para el cambio; de la industria es inútil hablar 
por ahora. El comercio es tal vez la carrera mas lucrati- 
va que existe entre nosotros» jr sin disputa la que mas 
prosélitos cuenta en la capital y en las ciudades cabeza 
de departamento, especialmente entre el elemento estran- 
gero, que está en esos puntos en la proporción de uno á 
diez con el nacional. 

En cuanto á las ciencias de observación no hay para que 
insistir en la importancia é inmediata aplicación que tie- 
nen, en un pais como el nuestro con el que no ha sido 
avara la naturaleza en sus tres jreinos : la botánica, la zo- 
ología, la antropología, la quimica* la mineralogía y la fí- 
sica, que analiza los cuerpos en su relación con los agen- 
tes ó fuerzas de la naturaleza, señalando las modificaciones 
que reciben de estas, y las leyes maravillosas de la mecá- 
nica, el calórico, la electricidad, la atracción, el magnetis- 
mo, la óptica, la acústica, etc. 

Respecto de la filosofía me he limitado á lo que consi- 
dero mas indispensable : á la psicología, que comprende 
las facultades del alma ; á la ideología, que trata del ori- 
gen, desarrollo y examen de las ideas; i la metafísica y la 
cosmogonía, que esplican las diferentes doctrinas relati- 
vas á la creación, y por consiguiente-Ios cinco grandes sis- 
temas que bajo nombres diversos han dividido á los pen- 
sadores desde la mas remota antigüedad, á saber : el 
panteísmo, el escepticismo ó ateísmo, el idealismo, el 
ecleticísmo y el catolicismo. Finalmente, cierro el estudio 
de la filosofía con el de la moral, la ciencia mas impor- 
tante, porque es la ciencia de los deberes para con nos- 
otros mismos, para con nuestros semejantes y para con 



— 45 — 

Dios. La moral pone de manifiasto los Tiocalos que uneD 
al Hacedor con m criatura, y laa leglas eternas de lo bello 
y de lo bueno» emanadas directamente de la raion di?ina 
y que presiden á la consenracíon de las sociedades huma- 
nas. Desde que días son Tioladas^ una perturbación pro- 
funda se Terifica en el corazón y en la mente del hombre. 
£1 sol de la justicia se oculta para él, y la mentira y la 
maldad triunfantes, baten palmas. EuTuelto en las tinie- 
blas vá el crimen blandiendo su puñal, muestra el odio su 
cabeza coronada de serpientes, y et gusano i quien apenas 
se concede un minuto en el tiempo para elevarse hasta 
Dios, revolcándose en el fango insulta al Ser justiciero 
que tiene para castigarle la omnipoten cia y la eternidad. 

Tales son los conocimientos que considero mas indis- 
pensables. Otros hay accesorios y de diverso género que 
tampoco deben descuidarse, á fin de que los niños puedan 
utilizar de la manera mas conveniente basta sus horas de 
solaz y ameno pasatiempo. 

El dibujo, la taquigrafía, la pintura, la esgrima, la mú- 
sica, la natación, los ejercicios gimnásticos, por ejemplo, 
son distracciones tan útiles como agradables, y en materia 
de educación importa mucho no olvidar que la perfección 
del hombre y su dicha suprema en la tierra consisten 
principalmente en el equilibrio entre los dos elementos de 
que se compone : en el simultáneo y armónico desarrollo 
de sus potencias físicas y morales : mem sana in corpa- 
re sano, según la bella frase de Horacio : órganos y fa- 
cultades en perfecto estado : la salud y el vigor del cuerpo 
transparentando la sabiduría y la paz del alma. 

Cada una de las materias que dejo expuestas daría lugar 
para escribir muchas pajinas ; pero basta enunciar los 
fundamentos en que descansan para que toda persona me- 
dianamente ilustrada comprenda su importancia. 



— 46 — 

tna^do el plan geMral ide estadios qae desearía ver 
plaDteadoearieol^pu)^ pasemos jra álos medios prácti- 
oesde eoorerlirestB es c^ididad. 

fieede que Vd. ca^ta coi . el apoyo de los principales 
yecinos de ese pueble f sü DepartaHieBlo, oreo qoe el ca- 
mino mas fácil será cotíiarse meosnalmeate, según las 
fortonas 7 segmi el oómero de edncaiidos que cada pa- 
dre de familia píeose enviar al edegio. 

Los pebres de sélen&idad nada pj^arán ; pero el go- 
bierno asonará en cataibia, como es justo j se hace en 
todas partes, una cantidad mensual para ayudar á los 
gastos de instalación y al sosten de tan benéfico estable- 
cimiento. 

Pidan Ydes. su cooperación á la autoridad, pero es- 
timulen su inercia, empee£mdo por crear el colegio con 
sus propios recursos : den este bello ejemplo á los demás 
pueblos de la República, no dejen su cumplimiento á 
merced únicamente de la acción oficial. Nuestros go- 
biernos se ven abrumados de atenciones apremiantes que 
no les consienten, según dicen, hacer grandes desembol- 
sos en materia de educación pública. Yerdad es que tam- 
poco ponen tos medios para facilitar los esfuerzos indi- 
viduales. A pesar de la pobreza del erario, sabe Yd. que 
mucho podría hacerse con buena voluntad é inteligencia. 

Convendría edificar una casa á propósito por medio 
de una suscricion nacional promovida en toda la Repú- 
blica. Por mi parte me suscríbo desde ahora con dos 
onzas de oro, y me comprometo á hablar á los orienta- 
les residentes en Buenos Aires. 

Convendrá igualmente dotar á los profesores con un 
sueldo que no baje de cíen pesos fuertes, casa y comida, 
ó en su defecto cincuenta pesos mas. Cuanto mayor sea 
el sueldo de estos, tendrán Ydes. mayores probabilída- 



— 47 — 

des de obtener catedráticos dígooe de ese nombre, por 
su ciencia y por sus dotes personales. El profesorado de- 
be ser una especie de sacerdocio que dé honra j algnn 
proTeeho ai qoe lo desempeñe. De b contrario, solo se 
consagran á él las miKdades, y es jnny dcAoroso que el 
cai*go qne mas influencia ejeive en el porrenír de los 
pueblos, puesto que al maestro se conñan los tiernos 
Tástagos que ban de convertirse mas larde en columnas ó 
cochillos de la patria, sea el pedr retribuido. En el ac- 
tual orden de cosas^ un zapatero gana mas que un pro- 
fesor, T salTo honrosas escepciones, la educación se yé 
abandonada á manos ineptas ó mercenarias. Señalar la 
llaga es indicar el remedio. 

Para el desempeño de las asignaturas que he apuntado 
mas arriba, necesita el colegio ocho profesores por lo me- 
nos, que podrían sustituirse reciprocamente en las diver- 
sas materias de una misma asignatura, ó dividir estas en 
cursos. 

La capacidad de los catedráticos, y especialmente la ge- 
neralidad de sus conocimientos pueden servir únicamente 
de regla en estos casos. 

Se necesita pues, un profesor de primeras letras, otro 
de latinidad y retórica, otro para las matemáticas : el de 
teneduría de libros, podrá enseñar ademas, el inglés y el 
francés ; otro la geograña é historia; la física, química y 
mineralogía estaran á cargo de otro profesor, como la 
botánica, zoología y antropología podrían ser enseñadas 
por otro ; finalmente el profesor de filosofía estará inves- 
tido con el cargo de Rector y prestará su contingente en 
alguna otra asignatura, según fuere necesario y se lo per- 
mitan sus aptitudes. 

Escuso añadir que en todas las secciones, pero muy 
especialmente en las filosóficas, debe resaltar la enseñan- 



— i8 — 

za sólida y cristiana. La filosofía ha sido siempre mi es- 
tudio predilecto, y después de machos auos de largas 
lecturas, he adquirido la profunda convicción que hasta 
ahora, ninguna escuela, ningún sistema ha esplicado me- 
jor que el catolicismo los grandes problemas de la crea- 
ción, del libre albedrio, de la providencia, de la vida pre- 
sente y futura. 

Como el colegio debe tener una biblioteca, mapas, ins- 
trumentos etc., que se irán adquiriendo á medida que sus 
recursos lo permitan, y que mas tarde podrán ponerse 
á disposición del púbiiao, oportunamente enviaré á Yd. 
una lista de los útiles y de las obras mas notables qne ha 
producido el ingenio humano, adaptadas á las materias 
que se ensenen en el colegio. 

En cuanto á los profesores será muy conveniente prac- 
ticar con alguna anticipación, las diligencias necesarias 
en Montevideo y Buenos Aires para obtener los mejores 
que sea posible. Sobre esto tengo una opinión formada, 
que acaso no esté de acuerdo con las de Yds. Sin desco- 
nocer la competencia de los laicos y mucho menos sin 
escluírlos de la enseñanza conjuntamente con los sacer- 
dotes, creo contra las preocupaciones vulgares, por lo 
que he visto en otros paises, que pocos individuos reú- 
nen mas aptitudes ni se encuentran en mejores condi- 
ciones para el profesorado que los sacerdotes sabios y 
virtuosos, y no seria difícil hacer venir de España, Fran- 
cia, Alemania, Inglaterra ó Italia hombres competentes, 
verdaderos profesores y no diletantis en las ciencias, y 
que se consagrarían á la educación de la juventud con un 
interés verdaderamente paternal. 

Con bases semejantes, el colegio de Mercedes adquriria 
en breve un crédito inmenso bajo la inspección y vigilan- 
cia de seis vecinos de los mas repetables, reemplazados 



4 



— 49 — 

*cada año, y qae presidirían los eiiámenes, en unión del 
Jefe Político y la Junta E. Administratira. 

Es posible que no solo de ese Departamento sino tam- 
bién de los inmediatos, déla Capital y aun de Buenos Ai- 
res fuesen no pocos alumnos. Las condiciones saludables 
de esa localidad, y Jos inconvenientes que para el estudio 
ofrecen las grandes poblaciones decidirían á muchos pa- 
dres á enviar sus hijos á Mercedes. 

El señor Cura del pueblo, de cuyas aptitudes tengo muy 
favorables informes, podría destinar un día déla semana 
para pláticas sobre moral, que durarían una hora, á las 
que asistirían todos los alumnos indistintamente, y el 
Rector les esplicaria todos los sábados, los artículos de 
la Constitución relativos al mecanismo del gobierno re- 
publicano, á los derechos y obligaciones de los ciuda- 
danos bajo el sistema democrático. 

En lo que respecta al régimen interno, me parece Jo 
mas acertado, dejar su arreglo á la experiencia y saber de 
los profesores, sin perjuicio de tener á la vista los me- 
jores reglamentos que existen sobre la materia. 

Hubiera deseado estenderme mas en los puntos que 
he tocado rápidamente, pero como tengo la seguridad de 
ser comprendido á media palabra, Vds. suplirán lo que 
falte, corregirán lo que encuentren defectuoso ó irreali- 
zable, y eliminarán lo que esté en pugna con sus ideas. 
He ido derechamente al objeto , prescindiendo de porme- 
nores y explicaciones que harían interminable esta carta, 
acaso ya demasiado estensa 

Felicito á Vd. muy deveras, y en su persona á todos 
los que se muestran dispuestos á llevar á cabo esta no- 
ble y patriótica idea. Para tan santo objeto, aquí y fuera 
de aquí cuenten conmigo en todo lo que juzguen pueda 
serles útil. No creo que nadie pudiendo hacerlo les niegue 

4 



• 50 — 

sa concurso, á moDos que abrigae una rain inteligencia 
y un corazón perverso, 

Ante una empresa semejante callan los rencores per- 
sonales ; las divisiones de partido desaparecen ; todas las 
opiniones fraternizan. Esos jóvenes que esperan el bau- 
tismo de la ciencia, esos caracteres que van á formarse, 
ese foco de luz y concordia que irradiará sus destellos eu 
las puras frentes de las generaciones que se levantan, 
únicas que pueden arrojar en las entrañas de la patria 
savia fecunda de vida y regeneración, todo eso amigo 
mío, debe consolarnos de los dolores y miserias del 
presente, de las siniestras interpretaciones de la malevo- 
lencia, y de los obstáculos que será preciso vencer. Que 
no desmayen Vds. y que el triunfo corone sus esfuer- 
zos, son los sinceros votos de su afectísimo compatrio- 
ta y amigo : — A. M. C. 



- 9 — 

Una colación de grados en que por el número escesivo de gra- 
duandos, se decide que hable un solo padrino por todos ~ So- 
lemnidad del acto — La ascensión al ideal — Las tinieblas de 
Lord Byron — Desesperación universal — Único anhelo : la 
luz — Los lanzados á la proscripción — Maldiciones de las 
madres," esposas, hijas y hermanas — Importancia capital de 
la cuestión política sobre todas las demás — Primeras armas 
del Dr. Dupont, en La Idea — Titulo literario del Bachiller 
Muñoz y Anaya, fundador de la Sociedad Histórica — Los 
mártires de la religión de los principios — Los pesimistas — 
Impotencia radical de la fuerza — Acción purificante del do- 
lor — Opinión unánime en favor de la reacción iniciada por 
el Coronel Latorre — ¿ Qué hacemos V — ¿ Optamos por la 
abstención ó por la acción ? — La razonable posibilidad — 
Proposiciones de algunos graduados — Ejemplo de Thiers, 
Mac-Mahon, Riestra — Deber de decú* la verdad en las si- 



— 51 — 

tuadoDOs diíiciled — Dolor que no comprenden las almn 
vulgares — Ofuscación, saña é injusticia de los propios ami- 
gos — Cómo se mide el elogio ó el vituperio — Ferod Ro- 
mani — Tristes efectos de los abusos de la libertad de im- 
prenta — Necesidad suprema en la democracia de identifi- 
carse con el pueblo. 

Doctor Dupont, Bachiller Manoz y Anaya y demás gradua- 
dos: 

Los señores catedráticos y demás compañeros elegidos 
padrinos por Yosotros, en vista del crecido número de 
graduandos, y temiendo con razón qae si hablaban todos, 
el acto se baria interminable, han tenido á biea encargar- 
me de dirijiros la palabra en su nombre. 

Esta circunstancia que ignoraba, porque la resolucioi 
se ha adoptado no estando yo presente, momentos antes d% 
entrar aquí, me pone en el caso de tomar en consideracioa 
algunas de las proposiciones CDonciadas por los señores 
graduados, sintiendo no poder hacerlo con todas para h» 
caer en el inconveniente que se ha tratado de evitar. 

Cada vez, señores, que la Universidad abre sus puertas^ 
y convoca al pueblo para fiestasMutelec tóales como la que 
boy celebramos, los que saben que las ideas gobiernan al 
mundo, están de par2d)ienes. 

En un día de gloriosos recuerdos, en que el sol de Maya 
que habéis evocado tan oportunamente. Bachiller Zumi- 
rán, esparce á raudales su lumbre bienhechora sobre la 
naturaleza entera, que sonríe enamorada á seres inteli- 
gefhtes y libres; en medio de las entusiastas vibraciones 
del himno patrio que electriza las mas delicadas fibras del 
corazón; en medio de las felicitaciones de los compañeros, 
del aplauso de los maestros, del abrazo de las madres que 
lloran enternecidas; y tal vez al suave resplandor dealgini 
pudorosa mirada, llena de inefable ternura, que le prome- 



— 58 — 

-te un cielo, la juventud se diente animada éel febril entu- 
siasmo que comunica la savia exuberante de la vida, que 
se desborda y sube á su cerebro como un vino generoso, 
eaciende su pecho con la llama- que irradia bu su cabeza, 
y arrebata su pensamiento hasta las regiones del infinito. 
En el orgullo de su fuerza y en la embriaguez de sus ilu- 
siones que la impulsan irresistiblemente, €omo al águillsi 
que busca por instinto las alturas, hacia todo lo que. es 
grande, noble y bMIo, no hay para ellas 'barreras que no 
se sienta capaz de salvar; enigmas que Juzgue insobiblo^; 
dificultades que la arredren y que creaisuperioms al al- 
cance de su inteligewia, al vigor de su brazo, ala energía 
de su voluntad. 

Pero el mundo de la realidad, ms jóvones amigos, es 
ana escuela de experiencia, donde seganrFranklin, seipa- 
¿an muy caras las lecciones. 

Los individuos como los pueblos tienen sus dios nnsol^ 
Bachiller Lerena, en que desaparece el lisonjero cuadro 
que acabo de ti*azaros, dias en que se convierte en pavo- 
rosa realidad la fantástica alegoría del famoso poeta inglés, 
calificada de Sueño de 'un beodo por uno de esos críticos 
¿la violeta que no entienden lo que leen, y taa bella como 
profunda para los que saben vislumbrar la idea oculta — 
como el diamante en el guijarro, — bajólas formas capri- 
chosas ó extrañas en que á veces se complace el genio en 
Taciar sus creaciones. 
Habla Byron: 

4( To tuve un sueño, y aun dudar pudiera, ' 
Si filé verdad lo que sonando vi: 
Vi apagarse del sol la inmensa hoguera, 
T en tumbos las estrellas muertas ir. » 
El poeta pinta en versos admirables, que es preciso leer 
en el original, porque pierden gran parte de su belleza en 



— 53 — 

la traducoíoo, la agonía de la naturaleza con la extiiK 
cien cM loMilr dal día;. y dioe que los hombias olvida- 
ron sus pastooss enimedio 4eíla desolación general» y lo* 
dos^los coDaoonesheMos pon unirio egoísmo, noesperí- 
mentabaní ano, un soto>aQh0ilo. ^ i^ Ivn 1 

No datotraiBioéo* á oooftecueoMM de colpas propias, y 
a||eiia&,4»io9íCataclmMi$^aofiialesr como en las convolsio- 
Bes del) pimeta, idenaofi vaqpdres: interceptan la. luz qoe 
nos viene del sol que iiomina el mondo i moral, y una Ji>- 
brega noche desciende sobre los espiritas. 

Losf iiombrB& contemplan azorados que la oscuridad va 
cffodBiHla'por AHnnontM, y oyen bramar en lontananza 
Ja mr qve setaprntma desbanlada. 

El' troeno, preearsor del. rayo^ ruge en. las alturas, y 
al siniestro fulgor oon que relampaguean de trecho eo 
trecho, las aceradas puntas que en doble hilera cierran 
el camino, se ven avanzar coa la cabezabaja, absorto» 
eo su inCartnnfo,:y..ma6 que ra su infortunio, en la cár- 
dena de males que van á caer sobre la Patria, dignos j 
respetables ciudadanos, laniados á. la proscripción al 
través de los HiamB l'( 4 ) 

Montevideo^ la capHál lienóica (}M en dias mas acerbo» 
y difküdSi 'después de la mas e^[)antosa derrota quer^ 
gistran nuestros) anales* tuvo sin embargo aliento para 
eiigairseialtanera^ é imponente y gritar atrás I k un ejér«- 
dto decatoroe mil hombres, engreído con la victoria: y 
comandada poirun caudiUo qte todo lo llevad)a á^ngra 
y foe^d ; Montevideo heitda^ áe^tupor. y presa ya de 

( I ; D. Juan R. Gómez, ex'fnMtttu y e om efe t éntet fir,9. 3été P. UmiIkx^M^ 

del ejéreiioíJ^, D. Juaa José Herrera, cx-minitlro y etcrüor; D. Fortunato Florea' 
coronel; Dr. D. Jtlio Herrera y Obes, tsctUor y ex-ministro; Dr. D. Airt^íiwKV»^ 
driSMt LaÓMUí lÉMMttorOu Am^km Dü^flOM SK (Mavto RaMiiei^ ÁewhiUé, mm- 
•«¿r;I>r,8e8UP(io Floreas D. Candido Bovido» targenío mayor; D. Osvaldo Rodrí- 
guez» eopiían; D. Ricardo Flores, teniente. 



— 54 — 

b atmósfera letal j de las tioieblas qae se cernian sobre 

día Montevideo digámoslo con dolor; pero en 

Toz alta para qae ese atentado (qae no qoiero califi- 
car aqai ) no se repita ni ann con aqaellos que lo perpe- 
traron ; Montevideo ocaltó el rostro entre sos manos, 
avergonzada de la varonil entereza con qae, ahogando 
sos sollozos, las madres, las esposas, las hermanas y las 
Ikíjas de los proscriptos maldecían públicamente ¿ los 
mandones, tocados de la demencia con qae Dios ciega 
i los qae qaiere perder. 

Iqai podría estenderme en largas consideraciones so- 
bre varios de los oportunos temas qae os ha agradado ele- 
gir en vuestras proposiciones, pronunciadas ex cathedra, 
pasando por alto la intemperancia del lenguaje de algunas 
que silban como la flecha del Partho sobre el enemigo ven- 
cedor.... 

Todo se puede decir y conviene á veces decirlo, mis jó- 
venes amigos: pero á su tiempo y en la forma menos agre- 
siva posible. 

Conociendo como conocéis mí afición á las letras y 
mis opiniones individuales sobre la manera de encarar 
&s cuestiones que interesan al orden social, opiniones 
que no son de hoy y apelo á la lealtad y á la memoria de 
todos mis discípulos en los doce años que hace regenteo la 
cátedra de Derecho de gentes, no puedo condenar en prin- 
cipio, el irresistible impulso que os arrastra á plantear la 
formulado la idea que os domina, en el terreno de la his- 
toria y de la política contemporánea, en vez de limitaros á 
boscarla en los apotegmas de la jurisprudencia. 

Pagáis vuestro tributo al sentimiento general, pues na- 
die ignora que si todo lo que se roza con la política tiene 
«empre un interés palpitante, porque en realdad á todos 
preocupa mas ó menos, en épocas anormales es imposible 
sobtraerse á su obcesion. 



oo — 



Pero cánsame ana sensación extraña, de pena por el 
hombre político y de simpatía por el idealista sonador, al 
Ter apersonas de talento que estimo y quiero, remontarse 
á las nubes y extasiarse mas allá de Urano ante las armo- 
nías siderales, cuando á pocos pasos les aguarda el pozo 
doude van á caer, fija la vista en las estrellas, y cuando ya 
la tierra se estremece bajo el galope de los Centauros que 
se 24[>roximan saliendo de las selvas. 

La política militante y no especulativa, mal que les 
pese á los miopes voluntarios ó involuntarios, se liga de 
tal modo con las trascendentales cuestiones, cuyas múlti- 
ples faces no es fácil apreciar á primera vista, que á mi 
vez ya que se han planteado resueltamente dogmáticas 
conclusiones, verdaderas y excelentes unas, falsas y muy 
discutibles otras, me parecería hasta un sarcasmo, hablar 
en abstracto, como de una tesis académica sin aplicación 
práctica, de la razón, de la verdad, de la ley, de la justi- 
cia, del derecho, de las instituciones, cuando en realidad 
todo está envuelto en la trama, se encuentra subordina- 
do y depende de la acertada solución de aquel problema 
fundamental. 

Hecha esta salvedad que me ha parecido indispensable 
para lo que voy á contestar mas adelante, volvamos al 
punto de partida, es decir á las tinieblas del dia sin sol. 

Entre los ciudadanos que marchaban al destierro os 
encontabais vos, doctor Dupont, casi un niño, novel en 
las lides del pensamiento, pero que se batía como un ve- 
terano en las columnas de La Idea ; y cuántas veces á 
bordo de la barca Pt¿^, en esas horas de rebelión y desa- 
liento, que asaltan aun á los espíritus mas viriles, debis- 
teis recordar nuestras conferencias en este recinto, y ante 
la brutal negación de los hechos, poner en duda siquiera 
momentáneamente, las grandes y salvadoras verdades 



— 56 — 

qae proclama el derecho natural, de acuerdo con la ra- 
zón y la conciencia, regla de criterio la una, j sentido 
moral de los pueblos la otra ; de acuerdo con la espe- 
riencia, que es la historia, gran maestra de las naciones 
como la llama Cicerón, y voz elocuente, según Bossuet, 
con que desde el fondo de la tumba las gewraciones pa- 
sadas hablan á las presentes y venideras. 

Invoco la historia en apoyo de lo que voy diciendo, y por 
una coincidencia que no extrañarán. Bachiller Muñoz y 
Anaya, los que saben el cariño qne profeso á los estudian- 
tes que se distinguen por las cualidades que os adornan, 
habéis querido que sea también vuestro padrino. 

Sois digno compañero de Anselmo Dupont. En vuestros 
pocos años, cuando tantos otros malgastan el tesoro de su 
juventud en frivolos y enervantes pasatiempos y en peca- 
dos literarios de que se han de avergonzar algún dia, vos 
inclináis la frente al trabajo honroso y pedis al estudio y á 
la meditación, como la mayor parte de vuestros compañe- 
ros, el calor vivificante, sin el cual las mas bellas facul- 
tades se van en vicio, en vana hojarasca, sin florecer ja- 
más, ó se atrofian como un árbol privado de luz y de aire. 

Asi habéis alcanzado á los diez y ocho años, la satisfac- 
ción y la gloria de echar los cimientos de una asociación 
histórica que responde á necesidades intelectuales de pri- 
mer orden, y que bien encaminada podrá ofrecer mas larde 
áias letras uruguayas ricos y sazonados frutos, despertan- 
do la noble emulación y fomentando entre la juventud los^ 
severos estudios que demanda su instituto. 

Mo os ha engañado vuestro instinto. Pueblos nuevos, 
naciones en embrión que luchan con todos los inconve- 
nientes de su pasado y de su falta de educación política, 
mucho pueden aprender de las edificantes enseñanzas de 
la historia. 



— 57 — 

En vano algunos célebres escritores, dominados por el 
spleen, escéptieos ó agriados por la injusticia de los hom- 
bres y á aparente desorden que impera ha todo lo que no 
está sajeto á las leyes fatales de la materia^ aflrman que no 
hay ya esperanza para las naciones; que en todos los tiem- 
pos, en todas las civilización^, en todas las zonas, en todos 
los partidos, los mismos acontecimientos, los mismos 
crímenes, las mismas aberraciones se reproducen con in- 
soportable monotonía, sin mas diferencia que el nombre 
de las cosas, y el cambio de traje de los actores que se su- 
ceden en el escenario del lúgubre drama ó danza macabra 
de la historia. 

No, no es verdad que el resultado final del estudio do 
los anales de la humanidad, demuestre que esta se divide 
en dos grandes categorías de engañados y engañadores, 
de trasquilados y trasquiladores, yictimas ó verdugos al- 
ternativamente óe sus semejantes. 

Tenéis razón Bachiller Ballesteros. 

« Como el cristianismo tuvo sus mártires y sus apósto- 
les, asi la religión de los principios tiene sos apóstoles y 
sos mártires ; aquellos luchaban por la redención de la 
humanidad, estos combaten por la regeneración de la 
patria». 

Por eso la historia ensena al que la interroga sin el 
propósito deliberado de ajustar los hombres y sucesos 
al lecho de Procusto de on sistema preconcebido, la ley 
eterna del bien que rige la sociedades humanas, el reina- 
do transitorio del mal, aunque dure aQos que, en la larga 
vida de los pueblos, representan minutos ; la marcha, 
Bachiller Diaz, lenta, penosa, erizada de obstáculos, pe- 
ro ascendente, del progreso, en todas las esferas de la 
actividad del hombre ; la impotencia radical de la fuerza, 
doctor Villegas Zúaiga, para fundar por si sola nada que 



— 58 -- 

sea fecundo y daradero ; la ola ínvasorade las ideas. Ba- 
chiller Pérez, qae vá barriendo todo lo que decrépito y 
carcomido por la corriente de los siglos, no puede resis- 
tir á su vigoroso empuje ; la transformación del poder 
que, aun en los reyes de origen divino, necesita apoyarse 
en la opinión, en el amor y el respeto délos pueblos, co- 
mo lo habéis insinuado, doctor Ntn, so pena si aquellos 
les faltan, de tener que arrojarse en brazos del despotis- 
mo, que acaba por aplicarles la ley del talion, ó forma 
el vacio á su alrededor y mueren asfixiados por el des- 
precio público, como los anímales por falta de aire de- 
bajo de la campana pneumática. 

Vos, doctor Dupont, y vuestros compañeros de infor- 
tunio podéis dar testimonio de estas consoladoras ver- 
dades. Si habéis viajado á espensas del erario á vuestro 
pesar, que á nadie agradan tales obsequios de sus ene- 
migos, habéis en cambio visitado paises nuevos, cuyos 
aires saludables han vigorizado lo mismo á los enfermos 
del cuerpo que á los del alma. 

Habéis adquirido asi cuando menos lo esperabais en la 
tierra clásica de lá libertad y el derecho, algunas impor- 
tantes nociones prácticas de geografía social y política, 
que habrán en parte compensado vuestros sufrimientos. 

No toméis por una ironía esta franca manifestación. 
Hablo y escribo, como siento y no me preocupo mucho si 
agradará ó desagradará á algunos. 

Envidio á los que debajo del arco esplendoroso que 
forma al caer la rugiente catarata del Niágara, nimbo su- 
blime para los vencidos de que habla Lucano, creyeron 
acaso oir á lo lejos el grito doloroso de la Patria, contes- 
tado por el marcial estruendo de la protesta armada del 
derecho I 

Vuestro sacrificio no ha sido estéril, y él ha contribuí- 



— 59 — 

do mas de lo que muchos se imaginao, á los sucesos su- 
peirioieates y al inesperado desenlace que ha tenido. 

Los antiguos deciao que morian jóvenes aquellos que 
eran amados de los Dioses; no ha faltado quien aplique es- 
ta sentencia á las persecuciones políticas. La religión de 
acuerdo con la sana filosofía, ensena que el dolor, acepta- 
do con resignación y fé cristiana, es el misterioso crisol que 
depura y engrandece al hombre. Los débiles caen fulmi- 
nados por la desgracia: los fuertes se levantan menos so- 
berbios, pero mejor templados para la lucha, mas firmes 
en sus creencias, nuis buenos y mas hambres. 

¿Qué habéis visto ?.... qué habéis oido al volver á pisar 
el suelo sagrado de la patria?.... 

Relámpagos cada vez mas vivos surcaban el firmamento 
y pugnaban por rasgar el denso velo del dia sin sol, y bas- 
tó un ademan, una palabra de quien tenia el poder y la 
voluntad de hacer aquel ademan y de pronunciar aquella 
palabra, para que la claridad del alba iluminase el hori- 
zonte, se disipara como por ensalmo el diabólico sortilegio, 
y la reacción al bien se produjera. 

Una ráfaga impetuosa, que parecía hija del Pampero, 
viento desinfectante y tónico por excelencia barría las nu- 
bes, y al azotarnos el rostro, alternativamente pálido por 
la ira reconcentrada en lo mas hondo del pecho, y enrro- 
gecido por la vergüenza devorada en silencio, las frentes 
encorvadas se levantaban al cielo; respirábamos como si 
nos hubieran quitado de encima un peso que nos oprimía; 
la palabra muda estallaba en los labios; el pecho se abría 
á la esperanza. 

Era una ilusión, un espejismo engañoso del deseo?.... 
¿sonábamos despiertos?.. 

No sonábamos; pero pasado el primer momento, notá- 
bamos semblantes recelosos, y confusos rumores herían 



~ 60 — 

nuestros oídos con notas discordos. Las palabras qoe al 
Evangelista pone en boca del Redentor del mundo^ se nos 
¥6aíaa Invokintariameftte á la Buemoria. 

« Ved que 70 os enrió Gomo ovejas en meclio de loelcí^ 
bos; sed pues, prudentes ceoEUQ serpientes y sencHloa como 
palomas. y> 

Mientras que reluchábamos con las dudas queipesac 
nuestro nos asaltaban y eotristecían, coolempiábantoscon 
mirada escruladora, que hubiera deseado podber penetrar 
basta el santuario inviolable de la conciencia del que la 
alzaba, la nua^ bandera que él babia enarbolado y (^ el 
pueblo victoreaba con sincero entusiasmo* 

Aquella bandera nos atraía con atracción irresistible, 
porque en sus lajas que desplegaba mansamenle el tarru- 
llo del aura popular, leiamos en caracteres . de (uego 
estas declaraciones solemnes ; aba/o la ilegalidad y la 

mentira! GOBU^RMO del. pueblo YPOREL.PiJEALO'; RGOAGAr 
Ii£ZACIOM NAi^IOHAL ; RSPARACIOIf DE TODAS LAS UfJUSTIGlAS, 
MORALmAD, ?AZ, úimm^ CQKDENAaON DEL «ASIADe, VIDA 
NUEVA I 

Y unisonas voces, antes opuestas é irreconciliableB y 
que ahora convergían al mismo fin, repetían á íntennalos: 
Adelante ! Ese es el camino, por ahi se va y se ll^et á la 
salvación de la Patria. Verdad, igualdad, decisión^ 
energia, economías impla^ablcB; amttro cumpUndenío 
del deber en el góbemumte y en los gobemadosír l0r. obra 
es de todos y para todos ; nadie debe esquivar su con- 
c2(rio ; la nave está d flote ; tengamos confianza en las 
promesas, del Piloto ; algunos esfuerzos mm y nos salr 
vamos. (1) 

T el arrojado capitán que había trazado el .rumbo, fir- 

(f ) Estes Arases están tomadas textualmente de lodot los periódicos de la época, 
tiQ uin>don : tiMlot ateKlOan en los mifluoi palriótiooMentImiÉttiM 



— 6< — 

me la mano en el timón, contestaba con el lenguaje sen- 
cillo y franco del soldado : 

«Agradezco los honrosos conceptos que me diríjis ... 
y al fin de la {jomada, mis compatriotas decidirán si he 
llenado ó no mis compromisos. » 

Qué diferencia, Dr. Dupont^ entre los dias polares 
en que partisteis para el destierro y los presentes, aun . 
que sin duda todavía no os parezcan bastante luminosos, 
volando con la imaginación hasta el futuro, ó compa- 
rando el trayecto andado con el que nos falta aun por 
recorrer I 

Pero entretanto que el sol simbólico de que hemos ha- 
blado remonta al cénit, ó se hunde de nuevo en las tinie- 
blas; qué hacemos ? 

¿ Nos cruzamos de brazos como los musulmanes, echa- 
mos piedras en el camino, en vez de apartarlas; abandonsh 
mos la realidad que tocamos, aunque no llene la medida 
de nuestros deseos, por la sombra falaz que se dibuja en 
el agua; contribuimos en suma, directa ó indirectamente á 
que vuelvan los dias sin sol, ó aprovechamos los momen- 
tos de tregua que la misericordia divina nos concede, co- 
mo lo verifica patrióticamente la prensa de la República, 
en la Capital y Departamentos, para que la luz se haga en 
las inteligencias y en los corazones, empezando por noso- 
tros mismos y acabando por los demás, estén arriba ó 
abajo? 

Recordad, mis jóvenes amigos, las veces que antes de 
ahora en el Aula os he repetido que en los momentos su- 
premos, todos los ciudadanos. Bachiller Vázquez y Vega, 
que estén convencidos que no queda otro camino de sal- 
vación, tienen el deber ineludible de contribuir hasta don- 
de sus fuerzas alcancen á la reconquista del bien, aunque 
sea en la última fila, sin abrigar otra esperanza, ni aguar- 



— 62 — 

dar otra recompensa que la satisfacción del deber cam- 
plido, siempre que vean algutia razonable posibilidad de 
obtener un orden regular de cosas. 

Dice con acierto el Dr. Parsons : 

€ Las naciones caltas y civilizadas necesitan de la vida 
constitacional, como el único medio que garante los dere- 
chos individuales contra la arbitrariedad de los gobiernos 
personales. A ese fin deben concurrir todos los ciudada- 
nos, porque la abstención que no se justifica, les hace 
cómplices'en los atentados de la fuerza. » 

Observa con fundamento el Bachiller Tardáguila que : 

« Las miserias de partido han ahogado el germen fecun- 
do del patriotismo y del progreso. » 

Habla como el Salmista el Dr. Vidal (D. José María) : es 
un grito del corazón arrancado á un alma pura el que se 
escapa de sus labios cuando esclama : 

« lío es dificii en nuestra patria llevar á cabo la revolu- 
ción de las ideas ; lo que es difícil es regenerar los cora- 
zones. » 

Y contesta magistralmente el Bachiller Regules ( D. Ri- 
cardo ) : 

« Que haya ciudadanos en una República y habrán de- 
saparecido los tiranos y las opresiones, el ciudadano es la 
fuerza, es el verbo del derecho político. » 

Entonces, solo entonces, se realiza lo que nos dice el 
Bachiller Acevodo con el lenguaje mesurado, ¿incisivo, 
y la profundidad en los conceptos, que distinguían á su 
ilustre padre, el Dr. D. Eduardo Acevedo. 

«Las sociedades que cumplen el designio que les está 
impuesto, fundan en el camino del progreso y de la per- 
fección, una parada sobre la cual se lanzan las generacio- 
nes futuras para llevar adelante la obra comenzada. » 

Recordad SS. el ejemplo reciente de la Francia, sal- 



— 63 — 

Yada de la anarquía, del comaDismo, de la miseria, de la 
bancarrota y el deshonor por los esfaeraos de todos, re- 
publicanos moderados, ultras, conservadores, legitimis- 
tas, orleanistas, bonapartistas. 

Recordad el milagro de un pueblo que la tiranía dejó 
cadáver en el polvo de la derrota, y que nuevo Lázaro ha 
levantado la República trasfigurado de la tumba, por el 
patriotismo y el saber de sus mas esclarecidos hijos, por 
el buen sentido de las masas, por el trabajo y la honra- 
dez, y sobre «todo, por la enérgica rectitud de los homr 
bres superiores como Thiers y Mac-Mahon. 

¥ sin embargo, el primero, pagado en la moneda con 
que suelen gratificar los hombres á quienes les sirven con 
mas lealtad y desinterés, fué injustamente sospechado de 
trabajar contra la República, en beneficio de la casa de 
Orleans; y el segundo, militar de arrojo indisputable, 
prohombre de un partido poderoso, dueño del ejército, y 
fiel á Napoleón III hasta su caída, fué una de las mas fir- 
mes columnas del imperio hundido en la ignominia de 
Sedan. 

Pero el valiente soldado, á pesar de todo eso ensenó á 
sus detractores que antes que partidario era francés; co- 
mo el mitrista D. Norberto de la Riestra en la vecina orilla, 
á quien vuelve su país los ojos en un momento de angus- 
tia, no quiere ver que salvando la situación económica va 
á contribuir á salvar también á sus enemigos que están en 
el poder; olvida sus agravios y los hechos á sus correli- 
gionarios: recuerda solo que es argentino, y camina no sin 
trepidación, pero empujado por la mano inexorable del 
deber, á ocupar el puesto de combate que le señalan sus 
mismos contrarios,' mientras que sus amigos le sacan res- 
pettcosamente el sombrero, le estrechan la mano en silen- 
cio y le dejan sólo en el borde del abismo.... palabras 



— 64 — 

crueles qne me cuesta trabsgo creer hayan sido escritas 
por el general Mitre á quien respeto y admiro, á pesar de 
su último descalabro. 

El ejemplo del gran pueblo francés nos ensena que no 
hay cuestiones insolubles, no hay dificultades invencibles, 
cuando en presencia de los grandes males que agobian ¿ 
una nación, los sentimientos elevados predominan, y la 
gran mayoría de los ciudadanos se muestra dispuesta á 
sacrificar en aras de las imperiosas exigencias de la si- 
tuación, todo lo que puede y debe sacrificarse sin mengua 
de intereses mas altos. 

Os conozco amigos mios, y sé que en el ejercicio de la 
abogacía, sabréis cumplir dignamente vuestros deberes 
profesionales; no dudo un momento, Dr. Dupont, que si 
por desgracia llegase el caso de verse agredidos como los 
deportados á la Habana, los mismos que violaron en su 
persona las leyes protectoras de todos los habitantes del 
Estado, ni vos ni vuestros compañeros, presentes ni au- 
sentes, vacilarían en tomar su defensa y servirles de escu- 
do y garantía pudiendo hacerlo. 

Otros deberes mas penosos y difíciles hay en ciertas 
ocasiones para el hombre de la ley. 

El deber de meditar seriamente sobre sucesos de cuyo 
desenlace puede depender el porvenir de una ó mas ge- 
neraciones, y tener el valor cívico de proclamar lo que se 
cree necesario para la salvación común, aunque estemos 
^n abierta oposición con nuestros amigos, no seamos 
comprendidos ó no quieran comprendernos aquellos que 
mas amamos ; aunque se desconozcan nuestras intencio- 
nes, se interpreten mal nuestros propósitos y se atríbu- 
yan á móviles mezquinos por aquellos que mas estimamos, 
hermanos en ideas y sentimientos cuyo valioso auxilio, 
prestado ¿ tiempo, habría probablemente evitado lo que 
mas tarde no tiene remedio 



— 65 — 

¿ T todo por qué ?.... por no acordarse que faera de los 
dogmas religiosos qae b fé acepta sin discatirlos, faera 
úe las matemáticas y de la moral, la verdad es siempre 
como enseña Kant, mbjetiva para el hombre, lo qae eqai- 
yale á decir, qae siendo ó padiendo ser absolata en si, 
<^a ano la vé segan el alcance de sa inteligencia, de sa 
fuerza de intuición, de sa manera de sentir, y hasta segan 
la fibra de sa temperamento (1). 

Desgraciadamente entre nosotros todavia en los partidos 
predominan sobre la idea los intereses y pasiones de la 
comanion política: y el que los contraría de cualquier mo- 
do, se yé atacado por sus correligionarios con mas saña 
é injasticia que por sus peores enemigos. 

Ese es dolor, amargura es esa, que no comprenden las 
almas vulgares. 

Ellas las mas de las veces, acarician ó hieren, deprimen 
ó ensalzan, aunque aparenten otra cosa, movidas por 
pasioncillas microscópicas, arrojan el elogio ó el vitupe- 
rio por toneladas, según se trate de un ciego adepto ó de 
un adversario de valer, y con harta frecuencia las desdi 



(I ) Lt Opresión hasta lajlbra de su temperamento ha sido critíctdt por algu- 
no* que probablemente no conocen las teorías de Virchow, MOller, Claude Ber- 
oard, Stoart lUU f otros eminentes fisiólogos modernos. Uno de los libros que co- 
■0100, que trata á menudo bajo un punto de rista, sino completamente original, 
MD Tt^oroBi dialéctica, proftindidad de ooncepeion j noTcdad de vistas, las compli- 
cólas y difíciles cuestiones de la psicología en aus relaciones con el organismo, es 
ttm duda la obra de H. Taine, De Vinteligenee. Entre otros capítulos notables, vale la 
^ou delaane ea d toMO 1, libro l¥,el análisis de las funcionci de loa centros ner- 
^doaoa; la relación de estos con los hechos ó sucesos ( evenement» ) moralea; el ca- 
liCtulo aobre la persona humana j el individuo fisiológico, etc. 

Ante el tesoro de conodmientos atúnulaáo por las generaeioiies que nos ban pre- 
cedido, 7 ante los progresos incesantes de la ciencia, recomiendo siempre á mis Jó- 
venes amigos tengan presente que para hablar con mediano acierto sobre estas y 
otras cuestiones, no basta el talento, las ophiiones en Toga y lecturas superficiales; 
m preciso ertudiar, y estudiar mucho, nada mas quei>ara formarse una Idea dará de 
la dificultad y trascendencia de dartos problemas. 

5 



— 66 — 

ciadas sin apercibirse, imitan al venenoso escuerzo que 
escupia á la pobre luciérnaga, que nada le habia hecho, 
solo porque le irritaba su brillo, como decia el Dr. Xi- 
menez. Ferod romani, terribles Aristarcos de quienes 
ha dicho otro que los conoce á fondo : 

« Ni el dulce llena ni el veneno mata » 

Y el cantor del Infierno : 

« Non raggionar di lor, ma guarda e passa. » 

Me han sugerido estas reflexiones, Dr. Píñeiro, lo que 
decís de la prensa y los males que ocasiona cuando abusa 
de su sagrado ministerio: 

a La prensa es termómetro infalible para calcular la 
elevación moral é intelectual de los pueblos: donde ella 
desconociendo su ministerio sagrado se convierte- en es- 
cenario de innobles personalidades, revela una sociedad 
en que fermentan mezquinas pasiones y odios concentra- 
dos, precursores funestos de la anarquía y la disolución, y^ 

Me parece inútil añadir que al aceptar estos conceptos, 
en cuanto envuelvan un cargo, es solo con referencia á la 
prensa licenciosa y anónima: no á los periódicos que en 
la actualidad se publican en la República, llenando los 
requisitos legales, y que discuten con decoro, y salvo di- 
verjencias inevitables, llenan su misión con altura y pa- 
triotismo. 

Declaro categóricamente que no estoy conforme con los 
que sostienen la necesidad de prorrogar la dictadura: juz- 
go que están equivocados; pero como no me creo infali- 
ble ni superior á nadie, respeto* sus intenciones y los 
móviles que los mueven. Tengo pues, derecho a que se 
me juzgue del mismo modo ( 1 ). 



( I ) En los momentot en que ftié pronunciado eite diicarto, ¿hidadiiMM muy 
respetables é inteligentes opinaban que el estado del país exigía se aplatase por 
tlgOBOs meses li tnelta al régiinea oooitttuQioiial 



— 67 — 

Voy á tenninar reasumiendo las conclusiones de todo* 
lo que queda espuesto. 

Identificarse con el pueblo, estudiar sus necesidades 
para remediarlas; inculcarle sus deberes con el precepto- 
y con el ejemplo; enseñarle sus derechos, defenderlos 
dentro de la ley para que se acostumbre á respetarla; cor- 
regir sus defectos; educarle para la vida republicana; ha- 
cerle que se avergüence de sus extravíos; recordarle lo 
que dignifica y ennoblece á nuestra especie; en los mo- 
mentos en que su fé vacile ó algún peligro le amenace^ 
ponerle delante de los ojos ios hechos y ejemplos de la 
historia universal, y en particular los de su propia historia; 
hechos y ejemplos que debe siempre venerar con orgulloi 
porque son sus títulos al respeto del mundo; participar 
de sus dolores y de sus alegrías; sufrir por él, si es preciso; 
ser amigo, muy amigo de Platón; pero mas amigo de la. 
razón, de la lógica, de la verdad y de la justicia; ese es el 
deber en la democracia de los que aspiren á ocupar un lu- 
gar en su memoria; y del que llegue á comprender y á 
cumplir ese deber, legislador, estadista, guerrero, escri- 
tor, poeta, ó simple ciudadano, podrá decirse lo que yo en 
mis años juveniles, — séame permitido este recuerdo — 
expresé en estos renglones: 

El alma de todo un pueblo 

Palpita de su alma dentro. 

Como rayos que á su centro 

Misteriosa fuerza atrae ( 1 ) 
Dr. Dupont, Bachiller Muñoz y Anaya SS. doctores,, 
y Bachilleres que habéis sido ungidos por el óleo de 
la ciencia, y habéis jurado sobre los Santos Evangelios, 
defender la independencia de la República, y su libertad 
bajo el régimen repre$entatioo republicano, y el único 

1 1 ) Hortt de tt«Uiicolia págtau 39. 



~ 68 — 

imperio de la ley, aspirad á esa oorona infisíble del 
amor del paeblo, que nnas Teces es de lanret j otras de 
espinas; pero mas envidióle que la que deslumhra en la 
frente de los Czares y emperadores. Hé diclio. 

Monterideo, Mayo 35 de 18^76. 

— 10 - 

Eq el plan qae me he trazado, Violetas t Obtigís, par- 
te de la colección general que preparo, j qve irá sdiendo 
a luz, — cuando j como me sea posible y ^ agmiismo 
nniTorsal permita ; — participa del doble carácter del diar 
rio 7 la Revista periódica á lai^c plazo, como queda pro- 
venido en la portada* 

No estrañará por consiguiente d discreto lector encour 
trar á trechos algunas páginas de gacetilla, bajo el rubro 
de ómnibus ó tramyia, chispas, vidalitas, pizzicatos (pe- 
Hiscos 6 punteos) correo, campo neutral, desatinos, es- 
travagancias, pescozones, sentendas, Pensamientos j de- 
cretos cacasénicos, etc. Abro esta sección para utilizar 
alguna morrdla, y de paso obsequiar, ü á mano viene» á 
algún colega 6 á otro cualquier amigo en cuanto pueda 
serles útil. Modesta es la ofrenda, pero el que ofrece y di 
lo que tiene, no está obligado á mas« 

Pizzicato 

Entretenimiento en los dias Huviosos — Oración á dúo — Relojes 
discordes — Las rosas del pudor ^ Belleza y fealdad — La 
ley niveladfNra — Antes y después •— Fianza y amfíanza — 
Idolatría del hombre *- R^ y Emperatriz. 

OwL manada — Ckmio dirían los cronistas de La Tri- 
buna y Debates^ envió dias pasados á una amiguita el bi- 



— 69 — 

Ifete que mas zb^o insertamas ; y la amignita» Tiíay tist^ 
Tiesa como baeoa porteid, lo endosó á bd poeta ecmocído 
smf% que poseía el libro en cwstíoii. 

Hé aquí la carta de la niña pedigoeSa : / 

« Querida : — Estoy abovridisima y hace on^ tiempo in- 
fernal : enfiame para distraerme Flores y abrojos del 
corazón. Mem^Hrias al mgo. 

TujíL como siempre — 

Mercedes. 

El poeta (alter erga) se apEcesnré á remitir el libro ti- 
tulado Flores y abrcijos, poniendo al pié de la anterior 
qMStola los siguientes versicolos ú ortigas. 

La que esto ha escrito, sin duda 
Ignora qme lo mejor 

Cuando bace mal tiempo, es 

Rezar á Dios Con ferror. 

Y en vez de enviar memorias 
A ao ciega, y pedir abrojos, 
Confesarse con un frater 
De inivo^ y ardientes ojos ; 

Que pueda admirar sos gracias^ 
Y en divino arrobamiento. 
Juntos los dos eslasiarse^.... 
Contemplando el firmamento. 

Un Cartnjo 

¿Si sería de dos en celda el tal cenobita?..^. Dejamos 
la solución de este intrincado problema á la perspicacia de 
nuestras bellas lectoras. 

— En las relaáoiies amorosas^ hombres y Hrajeres son 
como los relojes: ó se adelantan ó se atrasan; j asi como 



— 70 — 

pocos de estos marcao cod precisión la misma hora, así 
son contados los individuos cuyos corazones, como doS 
minuteros armónicos, en un momento dado, se encuen- 
tran en el mismo punto. 

— Las rosas del pudor necesitan para no marchitarse 
el misterio y la sombra, como las estrellas, que no lucen 
sino al través del negro manto de la noche. 

— La felicidad que nos promete una persona amada 
tiene algo de sobrenatural: por eso la contemplación déla 
belleza nos inclina al bien, nos hace acordar del cielo. 
Por el contrario la fealdad, inspirándonos un sentimien- 
to instintivo de repulsión, nos ofende y exaspera, porque 
nos trae á la memoria todas nuestras imperfecciones y 
miserias. 

— Las enfermedades y el amor destruyen todas las 
gerarquias, todos los respetos y preocupaciones sociales. 
Los que sufren y los que aman, son iguales por la ley de 
Dios y la humana naturaleza. 

— Una pasión no correspondida, es un incendio que 
arde hasta que consume al que la padece : satisfecha, se 
amortigua y apaga como el palillo de un fósforo. 

— En amores, mas que en nada: 

Fianza y confianza 
Son causa de mudanza I 

— Mujeresl no olvidéis nunca que el hombre solo adora 
á los ídolos de quienes espera algo. 

— Si el hombre es rey, porque domina á toda la crea- 
ción (según pretende él) la mujer debe ser empeatriz, 
porque en cuanto se le antoja, vé al titulado rey á sus pies 
haciendo el oso, mas humilde y rendido que el célebre 
Martincoff de Madame Labarrere. 

Basta por hoy : lo bueno no debe prodigarse. 
1856. 



- 71 — 
- 11 -. 

Por quién y cuándo se viola la neutralidad 

Señor Don N. N. 

Montevideo, Abril 15 de 1879. 

Estimado señor : 

Versa la consulta qae Yd. me hace sobre si se falta á los 
deberes de neutralidad, permitiendo ó negando el tras- 
bordo de artículos bélicos con destino á puertos de Na- 
ciones actualmente en guerra. 

Esta cuestión, como las demás delicadas cuestiones que 
se refieren á la neutralidad, está concretada en otra mas 
general que comprende y abarca todas. 

¿Por quién y cuándo se viola la neutralidad ? 

Dos soluciones nos ofrecen los mas autorizados Trata- 
distas. Ó los Gobiernos, según las circunstancias y condi- 
ciones en que se han encontrado, han resuelto la cuestión 
bajo el punto de vista de sus conveniencias" bien ó mal 
entendidas, ateniéndose principalmente á las reglas con- 
signadas en los Tratados, en las prácticas y antecedentes 
históricos ; ó han buscado los publicistas una norma su- 
perior de criterio en los principios del derecho natural y 
en la idea absoluta de justicia, sin desconocer la impor- 
tancia relativa de las fuentes del derecho positivo, de los 
pactos, de los usos y prácticas internacionales. 

La excelencia xle los principios de esta escuela le han 
atraído el concurso hasta de los Autócratas, cuando ellos 
les brindaban un punto de apoyo para contrarrestar otros 
Poderes mas fuertes, como sucedió á Catalina II con la 
Inglaterra en la primera neutralidad armada, (1 780) por 
mas que el móvil fuese una intriga de Corte, y por mas 
que la iniciativa se debiera (justicieros arcanos de la Pro- 



L.. 



— 72 — 

videncia I ) á una Nación que acababa de violar el mismo 
derecho con el inicuQ reparto de la infeliz Polonia, el es- 
cándalo mas grande que ha presenciado la civilización en 
los tiempos modernos. 

Pertenecen á esa escuela los precursores de la referida 
neutralidad armada, y en nuestros dias Mackintosh, Pin- 
heirq Ferreira, Pradier Foderé, Fiori y otros reEombra- 
dos publicistas. 

Faltaría, no obstante^ i la verdad, si arrastrado por 
mis simpatías hacia estos, ocultara que i pesar de haber 
sido vencida la escuela histórica en la esfera del derecho 
y de la filosofía, prevalecen todavía con harta frecueneia 
sus doctrinas en el campo de la diplomacia y de los 
hechos. 

No es verdad en el orden intelectlial y moral que la 
fuerza tenga preeminencia sobre el derecho, como repli- 
caba con insolente altanería Bismarck ea las Cámaras 
Prusianas ; pero si puede afirmarse sin incurrir ennio- 
guna heregía científica,, que el Código internacional de los 
pueblos tiene hondas raices eu la reciprocidad y ea La 
convániencia, basadas en el derecho y en la justicia. £a 
ese sentido racional y justo deben entenderse las de&ii- 
ciooes de Weathon, Riquelme y otros autores aeerbameor 
te c^nbatídas, mas por deficiencia en la redacción que 
por inexactitud en los conceptos. 

La inevitable antinomia que resulta, dado el antagonis- 
mo de los intereses y pasiones en lucha,,por lo regalar 
egoístas y ciegos, entre el hecho y el derecho^ entre 1^ que 
es y lo que debía ser, entre las pretensiones, reclam^A y 
esúg/dncisís de los beUgerantes, a^yadas* muchas veces en; 
el alcance de sus cañones ; y ea el deber de la propia coor^ 
servaeion'y de mantener á la vez incóhime saindependeiir 
cía f su dignidad, por parte de los neutrales» solo sa 



— 73 — 

SBdte, baeieodo basta donde sea hBmanameüle posible, 
una apUeacíoo fraaeajr leal dalos principios lutelaFes que t 
ea bmefieío de todos, proclama d derecho de gentes. 

Nadie pone boy en dada, al menos con razones dignas 
^ tomarse en cuenta, que declarada la guerra entre dos 
6 mas pueblos,, los neirtrales con tanto derecho como los 
beligerantes, en virtad de los atributos de la sob^ania: 
al imperio, la jurisdicción y el dominio eminente, pueden 
fijar como mejor lo entiendan la situación de las personas, 
de las cosas que se encuentran dentro del territorio Ka- 
cion, y aún de las acciones que hayan de ejercitarse 
aate sus Tribunales, por medio de Decretos ó cartas inhi- 
bitorias que trazan indistintamente á todos los habitantes 
del Estado la regla de conducta que deben observar y los 
actos lícitos ó vedados, que caen ó no bajo las prohibicio- 
nes que se determinan. 

Para proceder asi en caso necesario, sin acudir á los 
precedentes de la Europa absolutista, tenemos en la libre 
América la proclama de Washingon (22 de Abril de 1 793) 
Ui célebre carta de Jefferson del mismo ano, y el acta de 
neutralidad sancionada por el Congreso de los Estados 
Unidos el 3 de Abril de 1 81 8, que han servido de modelo 
para ulteriores declaratorias. 

Toca á los Gobiernos con pleno conocimiento de causa 
decidir hasta donde deben y pueden ir por este camino, 
sin menoscabo de intereses mas altos. Mucha circunspec- 
ción y tacto se necesita, sobre todo á los pueblos débiles, 
para hacer frente y encontrar honrosa salida á los serios 
conflictos que surgen amenudo, sin herir por impruden- 
cia 6 ligereza á qui^A puede convertirse en ua enemigo 
fomídable, y sin servil adhesión que so protesto de neu^ 
tralídad convierta ¿ un Estado independíente en fiscal, 
policía y carcelero de uno á otro beligeranta, y acaso de 
los dos á un tiempo. 



— 74 — 

La verdadera neutralidad como enseña Massé (Le droit 
Comercial dans ses rapports avec le droit international 
1. 1, pág*. 1 65) se distingue, no por una imparcialidad de 
acción, sino por una imparcialidad de inacción. (Véase 
también en el Curso Elemental del doctor Pérez Gomar 
el extracto de la conferencia de 'abogados celebrada en 
París el 19 de Marzo de 1864. ) 

Ahora bien ; mientras no se haga la declaratoria á que 
me he referido, el estado de guerra de otros pueblos no 
altera en lo mas mínimo la situación de los habitantes del 
país neutral; ni suspende el efecto de sus leyes, ni dá allí 
carácter hostil á los artículos que son materia de licito 
comercio. 

Deben gozar aquellos la mas plena libertad en sus tran- 
sacciones, industrias, empleo de sus capitales etc., salvo 
el derecho del beligerante para imponer á sus personas, á 
sus actos y sus bienes las duras leyes de la guerras, desde 
que aporten las primeras ó se verifiquen los segundos en 
sus dominios, ó en el radio territorial, fluvial ó marítimo 
que ocupe á viva fuerza, y no en los que arbitrariamente 
le plazca señalar. Ya ni se reconocen los bloqueos que no 
estén mantenidos por un número de buques bastante pa- 
ra impedir el acceso al litoral enemigo. 

Por eso en la citada carta de Jefferson se manifiesta sin 
ambajes que la fabricación, venta y exportación de arma^ 
es un derecho incuestionable, cuya única represión estri- 
ba en la captura y confiscación á que se exponen los que 
á ese negocio se dedican, si caen en poder de los belige- 
rantes. 

«Como regla general, expone Calvo en su Derecho In- 
temacional t. I, pág. 370, puede decirse que las infrac- 
ciones individuales no traspasan la esfera de las perso- 
nas que las cometen. El contrabando de guerra autorizado 



— 75 — 

y ejecutado por un Gobierno supremo constituye un acto 
infractor é invalida la neutralidad; pero llevado á cabo 
por sus subditos, sin que él los apoye, no produce seme- 
jante resultado, dando únicamente derecho al beligerante 
para apoderarse de los efectos de que se componga; pvr 
diendo dedne lo mismo relativamente i todo$ los de- 
mas hechos análogos. » 

Esta es la doctrina que hoy sostienen los mas avanzados 
publicistas, según la cual la neutralidad solo se compro- 
mete en la esfera superior administrativa, vale decir, en 
las relaciones políticas y por actos que puedan ser legíti- 
mamente imputables á los Gobiernos, no á los individuos, 
dueños siempre, mientras no exista prohibición en con- 
trarío, de proceder en uso de su perfecta libertad y res- 
ponsabilidad, como mejor se ajuste á sus convicciones é 
intereses. 

T esto es tanto mas razonable cuanto en el caso su- 
puesto ( trasbordo de armas ) bastarla cambiar la designa- 
ción del puerto á donde se dirige el buque, para que re- 
sultase frustránea la fiscalización del neutral é imperti- 
nente la reclamación consular ó diplomática. 

No existiendo medios hábiles para evitar el trasporte, 
cuando hay la firme voluntad de hacerlo, estimulada por 
una ganancia pingue, lo lógico seria para complacer á 
los beligerantes, prohibir la venta de todo articulo que 
sea, ó pueda por ellos considerarse contrabando de guer- 
ra: armas, aparatos, municiones, caballos, equipos, cor- 
reajes, cuerdas, vestuarios, telas con que se confeccionan 
(que pueden ser de todas clases según los paises y latitu- 
des á que se destinan) embarcaciones, lonas, aparejos, 
maderas (por servir para construir naves, trincheras y 
bastiones) carbón de piedra, granos, víveres, dinero 
etc. etc. 



— 76 — 

Opino por tan&igakMtt qñ§ «s focultathio para el mvh 
tni dictar sobre esta natem bs reglas qne estime j«slas 
j ^tmjmámtes, en coaota se reladona eoB el eoHiercio 7 
oWgm&mst de sos subditos; pero qoe mienferas no haga 
tal de€toratoría, ó no medíea Tratados ó leyes preexisfien- 
tes que prodoaca» deberes exigMes ( obligacioftes perfee^ 
tas) la neutralidad no se yiola porque loe partíeulares 
D^oeíeA coa armas, donde, con qnien 7 en la forma que 
mqdff les parezca. 

Pnede usted baeer el osa que q«iera de esta earla, y 

disponer del cordial afecto con que le saluda. 

Su altea. S. S. 

A* M.. C 

- 12 - 

Carta - programa ( circular ) 

CoDdiekmes que debea tener {presente nuestros jóvenASMcnto- 
refls,, si quierea dar ímpcrtancia á interés á los prnódicos 
puramentes literarios. 

Sr. Dr. D. A. M. C. 

Buenos Aires» 36 de Octubre 1877* 
Señor:. 

Próxima á publicar un Semanario que> coa el titula de 
« Li Alborada del Plata. » lleva por objeto enlazar ¿ 
nuestra literatura nacional la de las otras repúblicas sud- 
americanas, suplico á. Vd. se digne concedermie^ para rea^ 
lizar este propósito, la valiosa colaboración de su plumea. 

Hasta boy, los periódicos literarios de la América latina 
baa carecido de aoqUitud en sus propósitos, en sus ten- 
deacias y en sus medios. Limitados^ á la circulación local» 
no se ocuparon de generalizar las materias ni de imprir 
mirles aquel atractivo que hace am^iaa la tectura, poique 
se habla de sus propios asuntos, y se les envia impreso 
lo mejor de sus literatos y poetas afamados. 



— Ti- 
esta sdeocíoQ de sufiDodoaiecies; inéditas wbmj poco 
kidas «tns, dada ¿ íbe m un periódico ífie se p«Miqw 
i bs oriias del Hita, ilerari i todas las capitales ameiv 
canas de habla española lui novimieoto descoBocido de 
Tida inteiectaal; y eo la opulenta Una, e& ta indnstriesa 
Bogotá, 7 Caracas la ilustrada, liabrá el misino anhelo 
que en h Pac de Bolim, en Chile ó M ontevideo por reci- 
bir este Semmario. 

Los príBieros escritores de todos los Estados del contH 
nente colaborarán en La Alborada dio. Plata, q<ise sera el 
lÉdeo donde se encmentre el pensamiento de esa gallarda 
falange de pensadores, honra y prez de las letras en el 
Nueyo MuAdo. 

Verdadero repertorio de ciencia, literatura y poesía de 
América, nada contendrá que no sea original y relativo; 
limitándose á trascribir noticias bibliográficas de los otros 
editados en Europa, y la revista de sus acontecimientos 
de importancia trascendental. 

La novela, género de literatura apenas ensayado en es- 
tas sociedades, donde, no obstante su poca difusión, 
cuenta con distinguidos autores, recibirá un decidido im- 
pulso en La Alborada del Plata; porque entendemos que 
esa es la forma que mayor interés ofrece á la generalidad, 
y también un medio fácil y poderoso de difundir en el pue- 
blo la historia y la geografía descriptiva, operando una 
reacción fecunda, que favorezca á su vez la adquisición 
de jnas sólidos conocimientos. 

Así, La Alborada del Plata será un periódico interna- 
donal« destinado a enlazar nuestra literatura á la de las 
otras repúblicas americanas y á propagar sus rápidos 
progresos. 

' Tendrá una sección de poesht; otra de literatura en 
prosa; otra de hkigrafias aníiericaiia£; y .además, de ar- 



— 78 — 

tes, teatros, modas, viages, edacacíoD, historia, crí- 
tica literaria, una especial, consagrada al estudio de 
las modificaciones geográficas, y los vínculos morales que 
ligan á las naciones del nuevo continente. 

En esta publicación se abre un ancho campo al desar- 
rollo déla literatura propia de estas regiones, cuyos mas 
clásicos representantes, con su valiosa colaboración, ofre- 
cida con galante espontaneidad, nos harán conocer digna- 
mente en el mundo europeo, donde hasta ahora se nos 
hizo tan poca justicia. 

Con la anticipada espresion de mi gratitud por el favor 
que solicito, saludo á Yd. y me suscribo su A. S. 

Juana M. Gorriti, 

Directora. 

- 13 — 

Cellar (1) 

Cuando hace algunos meses consagramos en La Nación 
un estenso artículo á examinar varias producciones del 
señor Magariños, seguros estábamos de que no pasaría 
mucho tiempo sin que tuviésemos nuevas ocasiones de 
aplaudirle^ 

Nuestras esperanzas no han sido defraudadas: Celiar, 
última producción del autor de Caramurú, justifica el 
ventajoso concepto que entonces formamos de sus dotes 
como escritor y poeta. 

A una laboriosidad nada común, reúne el señor M. C. 
un injenio tan infatigable como original y fecundo. El con- 
tinente americano es- su patrimonio, una mina inagotable 
para él, una riquísima paleta cuyos espléndidos colores, 

(I) De £¿ Af «mirlo de Valpariiso del II de Abril de I85S. 



— 79 — 

esmaltado en su fantasía por decirlo, así, jamás pierden 
su brillo. Hay en los cuadros que idealiza, en sus perso- 
najes, en sus descripciones, no sabemos qué májra inde- 
finible. Seducido por la novedad y el inte;-és que inspiran, 
el lector olvida sus defectos; porque, como hemos dicho 
en el artículo citado, M. C. posee el difícil secreto de cau- 
tivar la atención desde las primeras páginas de sus obras, 
y de mantenerla suspensa hasta el fin, aumentando el in- 
terés de capitulo en capítulo. 

Si necesitásemos aducir pruebas para corroborar nues- 
tro aserto, nos contestaríamos con señalar al crítico mas 
desconteiitadizo cualquiera de los episodios que surgen 
espontáneamente de la idea capital que el autor se pro- 
pone desarrollar, y se identifican y elabonan con el argu- 
mento como anillos diversos de una misma cadena, como 
raudales que nacen de una misma vertiente, y al confun- 
dir sus aguas forman un río caudaloso. En Celiar, por 
ejemplo, hay un episodio tan interesante y dramático que 
constituye por sí solo una novela. Aquella mujer tan de- 
licada física y moralmente, tan bella y apasionada, nacida 
•solo para la admiración y el amor, y que se agosta y su- 
cumbe al rudo contacto de las profanaciones de la tierra, 
como se espresa el señor Vega: aquella mujer que muere, 
« Al llegar el momento dulce y fiero 
En que el materno amor se diviniza, 
T con el alma acaso, da y recibe 
Prendas que el ángel al mortal envidia ; » 
negándose tenazmente á revelar el nombre del seductor, 
hasta que se le escapa en el delirio de la fiebre, al poner 
moribunda sus labios sobre los del hombre que ella cree 
su amante; la existencia, la pasión y el fin de esa criatura 
angelical epilogada en versos tan ricos de sentimiento y 
ternura como estos : 



— 80 — 

<a Rosada nube qae la selva craza 
Bebiendo aromas, y al mirarse henchida 
De perfumes y luz, hiende los aires« 
T en vapor impalpable se disipa. 

« No era sn signo fecundar los campos 
Ni dar al rayo funeral guarida ; 
Nació para ser bella y admirada 

Y perderse en la esfera cristalina. 

« Asi hay mujeres que á la tierra vienen 
Solo para encantarnos con su vista, 

Y no dejan en p6s mas que el recuerdo 
De su fugaz aparición divina. » 

Esa mujer, en fin, podría servir de tipo para una novela 
tan estensa como toda la leyenda ; y sin embargo, apenas 
ocupa en esta algunas páginas que parecen mas cortas en 
atención al interés con que se leen. 

Bien quisiéramos á continuación exponer el argumento 
de Cellar ; pero juzgamos que nuestros lectores verán con 
mas gusto las esplicaciones que el mismo autor nos dá 
acerca de su origen y de la idea que se propuso al es- 
cribirle. 

Según nos cuenta el señor Magariños en el prólogo que 
encabeza su obra, á principios de 1 845 se hallaba en el 
Brasil é hizo una escursion al interior, deteniéndose algún 
tiempo en una de la mas bellas fazendas de la provincia 
de Rio Janeiro , perteneciente á los señores Araujos, 
acaudalados propietarios de dicha ciudad. 

Durante esa rápida escursion, oyó contar una lamenta- 
ble historia, que según dice, le sugirió la idea primitiva 
que ha desarrollado en su leyenda. 

En ella ha intentado delinear, con el auxilio de una fá- 
bula interesante, la fisonomía de los campos de su patria, 
y presentar á la vez algunas fases de la vida social de los 
pueblos uruguayos antes de la revolución. 



— 81 — 

« Celiar, dice mas adelante el aator, es la tercera página 
de las Brisas del Plata, colección de poesías puramente 
americanas, de las cuales algunas han visto ya la luz en 
los periódicos de mí país, y otras en los de la penínsu- 
la. El pensanríento que predomina en todas, se reducé 
á buscar nuestra poesía en sus verdaderas, fuentes, es 
decir^ ya ea el pasado, ya en el presente, ya en el porve- 
nir de América ; ora en las maravillas de nuestra esplén- 
dida naturaleza inerte y animada ; ora en las escenas ori- 
ginales de nuestras estancias y desiertos : tan pronto pe- 
^ netrando en el caos de nuestras miserias y estravios po- 
líticos y sociales, como elevándonos en alas del genio de 
la Patria, y cantando los dias gloriosos de la independen- 
cia sud^americana ; sus hombres célebres, estadistas, 
guerreros, poetas, escritores ó simples ciudadanos, bue- 
nos y malos ; á los primeros para presentarlos á la admi- 
ración del mundo y á la meditación de la juventud américo- 
hispana, como el mejor ejemplo que puede imitar ; y á 
los segundos para marcarlos en la frente con sello per- 
durable de infamia, y sacarlos á la vergüenza pública, 
como la mejor sátira de los vicios ó crímenes que les han 
granjeado la funesta celebridad deque gozan: tan pronto 
vencido por el desaliento ó la ira, vertiendo en una pági- 
na lágrimas de fuego, y rompiendo indignado las cuerdas 
del arpa, como entonando, al volver esa misma página, 
un himno de gracias al Altísimo, por los bienes que nos 
ha prodigado, y pidiéndole que á su sombra jermine la 
unioq, la concordia y el olvido de nuestras malas pa- 
siones » 

Escusado nos parece advertir que el autor, obedecien- 
do á las prescripciones que el mismo se traza, procura y 
consigue á menudo levantarse á la altura que un asunto 
tan vasto y generalmente grandioso demanda ; y aunque 

6 



— 82 — 

Celtar es solo nna piedra mas del edificio que se propone 
constmir, ya se adivíDa por ella lo qne el seSor Magarí&os 
será capaz de realizar, cuando en el crisol del estudio y 
de los afios adquiera su "vigorosa inteligencia todo el de- 
sarrollo y perfección de que es susceptible. 

En la imposibilidad de seguir los vuelos de su capricho- 
sa fantasía, nos limitaremos á transcribir algunos versos 
de su leyenda como el mejor testimonio de lo que llevamos 
dicho. 

Hé aquí como pinta el malestar que aqueja á los infor- 
tunados hijos del suelo americano, víctimas de la discor- 
dia , la guerra civil y la anarquía : 

* «En medio el torbellino 

De nuestra ingrata vida. 

Se agosta la esperanza, 

Vacilad corazón; 

Y en cada sol; mas débil 

El alma dolorida, 

Arroja al desengaño 

Marchita una ilusión ! 

I Fatal es el presente 

Para la raza hispana ! 

Do quiera en ambos mundos 

Su estrella fatal es ! 

Do quiera nos abruma 

Como espiacion tirana, 

Del irritado Cielo 

La maldición tal vez 1 
Los versos siguientes dan una idea del prestijio, del 
arrojo y destreza dfel gaucho Celiar : 
« Para amar á aquel y adorarle 
Y sentir en el alma nuevo ser, 



— 83 — 

Bastaba una Tez sola contemplarle 
Sujetando un fogoso pangaré. ( i ) 

« O como tromba de piqanra llena, 
Con el lazo en la cincha del bridón, 
A los vientos tendida la melena, 
Derribando al novillo mas feroz. 

« O valeroso en el estenso llano 

El bramido del tigre al escachar, 

El poncho envuelto en la siniestra mano, 

Y en la otra firme el matador puñal : 

<\ Aguardar á la fiera frente á frente, 

Y al sentirla ya encima, hundir veloz 
El poncho por su boca de repente, 

Y partirle de un golpe el corazón. » 

La felicidad de dos amantes que al fin ven lucir el dia 
suspirado de su ventura, le inspira esta sentida impre 
cacion. 
« Si es májico el deseo, si es dulce la esperanza, 
Que forja y embellece poeta el corazón. 
Si se halla un placer puro tan solo en recordarla 
Mezclado con delirios de espléndida ilusión ; 
I Qué intensas emociones no gozará inefables 
El alma que á sus plantas un paraíso vé, 
Cuando al tocar ardiente la realidad, exclame : 
Al ñu tengo en mis brazos la dicha que soñé 1 » 
Cuando intenta retratar á una mujer, en vez de dete- 
nerse en la fría contemplación de la belleza puramente 
material, busca en lo que hay de mas etéreo é impalpable 
en ellas, tintas ideales, imájenes fantásticas, rasgos que 

( I ) Color de an caballo i se designa á este por aqvel. 



— Si- 
sólo es dado sorprender al genio, y que hablan al corazón 
y despiertan en el alma nobles y elevadas ideas. Véase en 
piaebacomo describe 4 Emilia é Isabel: 

«Trémalo rayo de lana 

Que se mece de ola en ola, 

Flor que abre su corola 

Al primer beso del sol; 

Ave que por vez primera 

Sus alas despliega y canta; 

Raudal que al nacer levanta 

Dulce murmullo de amor; 

« Es Emilia, hermosa niña 
De rostro y alma infantiles, 
Que los diez y ocho abriles 
Apenas llegó á contar, 
Y yk miró, pobre niña! 
Presa de amante congoja, 
Caer al suelo hoja por hoja 
Su guirnalda virginal,» 



« Isabel simbolizaba 
Cuanto el pensamiento alcanza. 
Emblema de la esperanza, 
Delirio de la ilusión: 
De alma angélica, y de formas 
Que de hermosura tesoro, 
Eran el cerco de oro 
De joya de mas valor.» 
En el canto XII consagrado á los Chamuts^ se encuen- 
tran estrofas tan fáciles y bellas como estas: 
Era América tan pura 
Como inocente paloma, 



— 85 — 

Como bendecido aroma 
Árdieodo eo sagrado altar: 
T mas bella que al esposo 
De amor la primer mañana, 
Cuando con tintas de grana 
Ve el rostro amante brillar» 

» 

Y un cielo de claras nubes 
En la cumbre de los montes, 
Velaba los horizontes 
Entre fantástico tul; 
T en derredor como sombra 
Que aumenta en la noche oscura, 
Orlaba el mar su cintura 
Con ancha muralla azul. 
Mas adelante hace el poeta la descripción de la tribu 
citada: 

« Deshecho en largas guedejas 
En tomo al desnudo cuello, 
Cerdoso y negro el cabello 
Inquieto se vé ondear; 
Ó erizarse como flechas 
Sobre la aplastada frente. 
Si de ira ó miedo tremente 
No acierta el salvaje á hablar. 

« Aquellos ojos hundidos, 
Aquella mirada incierta. 
Aquella boca entreabierta, 
Y cobriza palidez. 
Despiertan dentro del alma 
Una sensación penosa, 
De repupancia medrosa. 
De incertidumbre y doblez. 



— 8» — 

« SoD atlétícas sos formas , 
Mas careeen de hermosura; 
Es muy recia sa eslatora , 
Su presencia muy hratal; 
Pero aqael trooco animado , 
Potente lleva en sí mismo , 
Tan selvático idiotismo , 
Tanta faerza material: 

«Qae parecen t agrupados, 
Y corriendo á toda brida , 
Una mole qne impelida 
Por el brazo de un Titán » 
Mintiendo trémula lava 
Con cabezas, potros, sables. 
Baja en haces formidables 
De la cumbre de un volcan I » 
Sentimos no poder trasladar integro el canto XVII, 
en que con tanta riqueza de colorido y espresion pinta el 
^eñor M. C. los bosques vírgenes de su patria; quisiéramos 
hablar de aquellos árboles centenarios, cuyos millares de 
copas forman un toldo de hojas que no pasan los rayos del 
sol estival ; quisiéramos hablar de aquellas enredaderas y 
plantas desconocidas que suben serpeando por el tronco 
de los mas robustos vegetales, y 

« Los visteb con un espléndido 
Manto de flores y hojas 
Que agita ondulante el zéfiro:^ 
Quisiéramos hablar de aquettas flores misteriosas que 
tal vez nacieron de las lágrima» qne derrama 

« El ángel de los desiefftos 
La América al raoorrar 
Desde un ettrann iotro estiema. 



— 87 — 

Y doquier luto, anarquía, 
Opresión j horrores viendo. 
Doquier yerda||[os y victimas 
Con el hierro, el plomo, el fuego, 
Sobre el encendido cráter 
Nuevos canales abriendo 

Al raudal de sangre y crímenes. 
Que hace tres siglos y medio 
Empezó á correr, su cauce 
Siempre ensanchando violento, 

Y que sabe el cielo cuando 
Se lo tragará el infierno!» 

Quisiéramos hablar de aquellos gritos confundidos de 
fieras, aves, insectos y reptiles, y finalmente, de aquellos 
murmullos inesplicables que de vez en cuando vienen del 
fondo del bosque, creciendo á medida que se aproximan, 
como el rujido de un trueno. 

El autor al indagar el motivo que los produce, esplica 
sin advertirlo algunas de las imponentes escenas que se 
ven con tanta frecuencia en los solitarios campos del 
nuevo mundo. 

« Es poD ventura algún río 

Que sale de madre, y fiero 

Con sordo hervor se derrama 

Por los floridos y estensos 

Campos y valles que ahora 

Son á su raudal estrechos ? 

¿ Es acaso el majestuoso 
HurmuQo que. eleva inmenso, 
La escondida catarata 
Allá del bosque en el seno, 
Al rebotar en las pefias, 



— 88 — 

Y coD indómito esfaerzo , 
Camioo abrirse ai través 
De los troncos gigantescos , 
Arbustos y matorrales 
Que se disputan el suelo ? 

¿ Ó será el hondo alarido 
Que pavoroso y tremendo , 
El leopardo y la pantera 
Lanzan, con salto violento, 
Al divisar á su presa 
Trémula y yerta de miedo ? 

¿ Ó acaso vaga en la selva 
Algún cimarrón famélico, 

Y en el disco de la luna 
Clava sus ojos sangrientos , 
Tiende el cuello, el aire aspira 

Y hacia el llano dirijiéndose , 
Con triste, fúnebre ahullido , 
Convoca á sus compañeros 
Para caer como hienas 
Sobre el ganado indefenso? 

¿Rival del cóndor, acaso 
Por entre el ramaje espeso , 
Algún águila gigante 
Tiende magestuosa el vuelo , 
Entre sus agudas garras 
Ya su presa dividiendo , 

Y apagando sos gemidos 
Con el crujiente aleteo 

Y áspero grito de gozo 
Que ronco repite el eco? 



— 89 — 

¿Por yeotora, el potro errante 
Qae janeas conoció dueño, 
Vio pasar cual meteoro 
Á la yegua del desierto, 
T la llamó con salvaje 
Relincho de amor frenético. 
Los ojos centelleantes, 
Tendida la crin al viento? 

¿Ó será que en fiera lucha 
Silbando rodea el cuerpo 
De su enemigo, la infanda 
Serpiente cuyo veneno 
Instantáneamente mata, 

Y que sin duda por eso 
Lleva anillos en la cola, 
Que al mas leve movimiento 
Resonando se estremecen 
Como un aviso del cielo? 

¿Y al rumor de la contienda 
Deja el yacaré su lecho 
De frescos juncos y cañas, 

Y veloz como el deseo 
Se precipita á la orilla 

Su enorme boca entreabriendo» 
Cuyos dientes al chocarse 
Un son metálico y seco 
Producen como una sierra, 
Ai tropezar con el hierro 
De un clavo que la rechaza 
En la madera encubiertoí?... 
Terminaremos nuestra tarea trasladando algunas de 



— oc- 
las octavas con qae findíaa el señor M. C. su recomen- 
dable trabajo, que pueden considerarse como el epílogo de 
todo lo que llevamos dicho. 

« De un verde montéenlo en la colina, 
Hay una pobre tumba solitaria, 
Que la luna tristísima ilumina, 
Cual desmayada antorcha funeraria, 

Y sobre ella lánguida se inclina 
Una hermosa, fragante pasionaria, 
Que recojiendo de la aurora el llanto, 
Le forma con sus hojas rico manto. 

No hay allí ni doradas inscripciones, 
Ki marmóreos ornatos, ni grandeza. 
Ni del arte las vanas profusiones 
Con que cubre su polvo la riqueza; 
Ni tampoco se ven inspiraciones 
Consagradas al jenio ó la belleza. 
Ni de los bravos á su patria fieles, 
La cifra coronada de laureles. 

Pero en medio la calma pavorosa 
Que allí en silencio aterrador preside. 
Una cruz se levanta misteriosa. 
Que al caminante una plegaría pide; 

Y aunque de tosco leño, silenciosa, 
Con su sombra no mas, tremenda mide 
El corto espacio do cual vil gusano, 

Muere encerrado nuestro orgullo humano. » 
El autor se detiene con melancólico píacer delante de 
esta cruz, á cuyo pié yacen los dos amantes de quienes 
hace el siguiente retrato: 



— 94 — 

. Bellísimos loa do» y aíartimadí>s, 
LleoM de graem y vürjÍBal hechizo, 
KacieroD para amar y ser amados, 
Cual obra ea qae el Criadc»* se satisfizo. 
Al placer y virlnd predestinados. 
Con mano liberal sa amor los hizo, 

Y pura colocó sobre su frente 

La aureola del áng^ inocente. 

• 

Se vieron y se amaron cuando apenas 
De la infancia el pensil abandonaban, 

Y los dos por camino de azucenas 
Bajo un cielo de azahares dormitaban; 
Visiones de placer siempre serenas. 
Sus angélicas horas arrallaban, 

Y todavía de sus ojos bellos 

El dolor no empañaba los destellos. 

Era dulce y tranquila su mirada. 
Natural y tiernisimo su acento, 
Gallarda su presencia y descuidada, 
Mecancólico acaso el pensamiento, 

Y en toda sn persona derramada 
Tal potencia, de vida y sentimiento. 
Que bastaba mirarlos un instante 
Para sentir el pecho palpitante. 

Imagen de los seces que idealiza 
El que para au amor un cielo crea. 
Encantada visión que se desliza 
Entre el nimbo de laz que la rodea. 
Soñada perfección que diviniza 
El inspiradla vale allá en su idea. 



— 92 — 

Ángel ó maga, fantasía ó sombra, 

Que admira el alma, pero nunca nombra. 

\ Pobre Isabel I. . . inmaculada virgen, 
En aras del amor sacrificada , 
Tu afecto celestial tenia su origen . 
Escondido de Dios en la mirada ; 
Pero los males que al mortal aflijón 
Rompiendo tu corteza delicada. 
Dejaron escapar sublime y pura 
La llama de tu vida y hermosura. 

Era Isabel un ángel, fuerza era 
Cumpliese como ángel su destino, 

Y por agenas culpas mártir fuera. 
Sin hallar una flor en su camino, 
Para ser en los cielos medianera 
Del que adoraba con amor divino, 

Y á quien purificando su alianza. 
Inclinó del Eterno la balanza. » 

Áqui esplica el poeta los motivos que se oponían á la 
unión de Isabel con ninguno de sus dos amantes, y añade 
luego : 

m Y esa mujer sublime no podía 
Consagrar á ninguno su ternura. 
Cualquiera de los dos marchitaría 
La flor de su ilusión como ella pura; 

Y ninguno, ninguno merecía 
Profanar su seráfica hermosura. 
Ni desgarrar la venda encantadora 
Que le ocultaba la verdad traidora. 

La realidad amarga de la vida 
No acibaró sus últimos instantes: 



— 93 — 

Por el dolor y el iofortanío herida, 
Tan amorosa y para como antes 
Cerró sus bellos ojos; y adormida, 
En las áureas esferas rutilantes. 
Fué á despertar del encantado sueño 
Que le brindaba el porvenir risueño. 

i Dormid, sombras, dormid I Tibia la luna 
Os preste melancólica su lumbre, 

Y las nocturnas brisas, una á una 
Sobre esa cruz en vaga muchedumbre, 
Murmuren los cantares que en la cuna 
Con acento de paz y dulcedumbre, 

Le canta, dirijiéndose al Eterno, 
La cariñosa madre al niño tierno. 

Dormid, sombras, dormid I y lentamente 
Destrenzándose en hebras bullidoras. 
Un arroyo de margen trasparente 
Os cuente con su voz las tardas horas, 
Dormid, sombras, dormid, y reluciente 
Escondida en las ramas tembladoras, 
Multitud de aves ricas, ciento á ciento. 
Trinen á par del amoroso viento. 

Y tú, oh tumba, que guardas sus amores 

Y con ellos también su triste historia. 
Conserva en derredor fragantes flores. 
Que recuerden al mundo su memoria; 
Quizá uno de tantos trovadores. 

Mas feliz ó mas digno de la gloria. 
Te inmortalice vencedor un dia 
Con cantares de espléndida armonía. 



— 94 — 

No me olvides y adiós !... débil mi canto 
Entre mis labios trémulos espira: 
Siento en mis ojos resbalar el llanto, 
Y.enmudeciendo la sonante lira, 
En vez del fuego varonil y santo 
Con que el poeta creador se inspira, 
Imájen del dolor, rodando brilla 
Una lágrima ardiente en mi mejilla ! » 

Tal es la leyenda de Celiar, gaje de nuevas y altas es- 
peranzas, que el Sr. M. C. no dejará burladas, si como 
esperamos de su talento é incansable laboriosidad, conti- 
núa escribiendo con la fé y el acierto que hasta aquí. 

Solo nos resta añacir que la edición es de lujo y digna 
del establecimiento del Sr. Mellado: las láminas pertene- 
cen al Sr. Urrabieta, y con esto dicho se está que son de 
lo mejor que en este jénero se trabaja en España. 

José Rúa Figueroa. 

Lo que dijeron Ochoa y Larra, el primero en una de sus revistas 
literarias quincenales^ que tenia á su cargo en La España, 
y el segundo en la Gaceta Oficial de Madrid del 20 de Octu- 
bre de 1852. 

• * • 

Hablemos ahora del Plata, vasta región, cuya topogra- 
fía, usos, costumbres, tradiciones é historia antigua y 
moderna, se ha propuesto darnos á conocer el joven es- 
critor, señor Magariños Cervantes, en una serie de pu- 
blicaciones de las que ésta leyenda no es, según él mismo 
declara en la introducción, más que urta nueva pajina. 

Aplaudimos el patriótico pensamiento del autor de las 
Brisas del Plata, de la Estrella del Sud, de Caramurú, 
hacia quien ya son conocidas á los lectores de La España 



/ 



— 95 — 

nuestras vivas simpartias, paes no es esta la primera ni la 
segunda vez que nos ocupamos en el examen de sus com- 
posiciones. Le hemos juzgado como escritor dramático, 
como poeta lírico y como novelista, y siempre un senti- 
miento de justicia á que cedíamos, ; para qué ocultarlo ? 
con particula satisfacción, nos ha impulsado á tributarle 
sinceros elogios. No le faltarán, tampoco, en esta ocasión 
ni serán en ella ciertamente menos justos que en las pasa- 
das ; lo cual podemos afirmar, con tanto menos temor de 
equivocarnos cuanto lo mismo ahora que antes nuestra 
opinión sobre los escritos del Sr. M. C, está y ha estado 
conforme con la de los críticos mas autorizados que cuen- 
ta la prensa madrileña. 

A su respetable fallo se agrega en el caso presente el de 
un escritor cuya competencia en materias literarias está 
encima de toda discusión, porque la ha demostrado de 
una manera irresistible en la práctica, con el ejemplo que 
es la mejor demostración. Hablamos del señor don Ven- 
tura de la Vega. 

En el elocuente discurso preliminar del señor Vega, 
que precede al Celiar, se examinan con seguro criterio 
esta y las demás producciones del señor M.C. cuyas do- 
tes de poeta tierno y á la par filósofo, conocedor de las 
buenas reglas del arte y correcto hablista, se confirman 
con numerosas citas sacadas de la interesante leyenda 
que nos ocupa. 

Nosotros nos engolfaríamos muy gustosos en el mismo 
análisis razonado, si el espacio y la oportunidad lo con- 
sintieran ; pero ni disponemos del primero hasta donde 
seria preciso para hacer bien este trabajo, ni hay tampoco 
para que detenernos en él, habiendo sido ya hecho mejor 
de lo que nosotros pudiéramos hacerle. Bástenos llamar 
sobre esta obra la atención de los aficionados á la poesía 



— 96 — 

elegantemente ataviada, permítasenos la espresíon, (for- 
ma parte de la Biblioteca espumóla del señor Mellado, 
ilustrada con profusión de láminas sacadas de hermosos 
dibujos, originales del señor Urrabieta). En ella hallarán 
una lectura de las mas amenas, ardientes amores contra- 
riados, mujeres puras como ángeles, y hombres perversos 
como demonios ; descripciones de países que en nada se 
asemejan á nuestra caduca Europa ; caracteres que en 
fuerza de ser estraños, parecen imposibles, y sin embar- 
go son reales; costumbres que para nosotros ios españo- 
les tienen un interés vivísimo, porque son las de una gran 
porción de nuestros hermanos ; batallas, incendios, rap- 
tos, y como vestidura de toda esa gran variedad de ele- 
mentos poéticos y novelescos, una versificación lozana, 
rica de felices ornatos, tan variada en sus tonos, como lo 
es en sus mil accidentes la narración, ora rápida, ora di- 
fusa, de unos sucesos cuyo interés no decae ni un mo- 
mento, porque siempre hablan al alma ó á la imaginación. 
Cuando no conmueven excitan la curiosidad : á veces pro- 
ducen á la par ambos efectos, que es uno de los mayores 
triunfos que puede conseguir el poeta, después del de en- 
señar y hacer amables las verdades morales. 

Eugenio de Ochoa. 



* * 



El joven poeta en quien hoy vamos á ocuparnos ha pu- 
blicado en su corla carrera literaria muchas mas obras que 
otros poetas en toda su vida, sin que su número perjudi- 
que á su mérito; sin que en ninguna de ellas se note el de- 
saliento ni el cansancio, ni se vea por un momento amor- 
tiguada esa inspiración ardiente, peculiar de los que han 
empezado su existencia bajo los ardorosos rayos del sol 
de los trópicos. 

Hay efectivamente en todos los poetas americanos, una 



— f7 — 

ungioacioQ mas nca , oaa poesía mas robusta qne en los 
«iropeos. B»fai poesia bija dd alma, rádacomo el vator, 
^lanerada oomo el beroismo. 

Cierto qae á veees falta la correeeioa em sos versos, las 
reglas éo sos fonnas ; pero ¿o es menos bello el torrente 
por rods^ entre riscos, desigoates que d canal que arrastra 
sos aguas sienpre oon b misma tranqHÍfidad entre los 
mor» fabneados por la mabo del bombre. Nosotros pre- 
ferimos, sin preteader que seafista nnestra opioioD, el 
gemo aooqne desprdeátdo , al arte j ai método. Del pri- 
mero brota la inspiratíoo á través de los defectos ; del 
^egmdo nace la moaotonía de las mismas bettezas. 

Plácido, Heredia, el misnu) M. C. hienden mas alo 
qoe sienten que i lo que piensan; podría decirse qne es- 
críbeñ con el corazón. El genio no necesita reglas para 
Tolar. Asciende, se eleva sobre la nrahilud, y si su pro- 
pia impetuosidad le bace descender alguna vez, es para 
remontarse mas aito, para romper los lazos que le opri- 
men, para fijar sus miradas donde los ojos de la muche- 
dumbre no pueden mirar sin deshimbrarse. 

Cdiar, tittma producción del Sr. M. C. es un suspiro 
que el poeta envía á los sitios donde ha nacido; es una lá- 
grima vertida sobre la abrasada arena de su patria. Puede 
decirse qué ios personages de su leyenda no hablan: es el 
autor quien , identificado con todos ellos , recuerda los 
iñtios donde pas6 su infancia , piensa que su país es dig- 
no de mas fortuna , y eleva al cielo su plegaria para que 
llegue un dia de ventura á un pueblo desgraciado. 

Vtkj tal vez deniasiada haeionalidad en su leyenda, qui- 
sas es dm»asiado7oca¿ ; pero Celiar es una obra de sen- 
tmrimitá , 7 el leaguafe del alma se entiende en todos los 
países; la patria del dolores el mundq, y hasta podiia 
decrrse que el lenguaje universíal de los hombres son las 
lágrimas. 7 



— 98 — 

Opinamos con el Sr. Vega en su discurso preliminar. 
En la America del Sur (nosotros nos atreyeriamos á decir 
en todo el continente ameríciano) , es punto menos que 
imposible la verdadera gloria literaria. Las guerras ins- 
testinas, las costumbres indefinibles de esos pueblos siem- 
pre en lucha consigo mismos y con los europeos, sin ciri- 
lizacion arraigada, en la mayor parte de su inmenso ter- 
ritorio ; sin educación sólida ; alli donde las generacio- 
nes se suceden unas a otras entre el estruendo del canon 
que las postra auteís de haber Tivido el tiempo necesa- 
rio para adquirir su completo desarrollo, es imposible 
que el poeta piense y razone. Forma parte de aquella 
sociedad desordenada, y tiene que interesarse enteramen- 
te en las luchas de su pais , en las guerras de su pueblo. 
No tiene tiempo mas que para pelear ó sentir ; le falta 
asilo donde retirarse, horas para pensar, multitud que 
le escuche, posteridad que le dé gloria. 

El que se detiene en la carrera de su generación se vé 
arrastrado por los que debian detenerse para oirle. Un 
balazo rompe las cuerdas de su lira, y los gritos de yicto- 
ria ó los ayes de la derrota ahogan sus ecos poéticos, sus 
inspiradas armonías. 

Asi es que solo cuando el poeta se yé fuera de aquel 
pais, es cuando puede dar rienda suelta á su inspiración, 
cuando puede pintar sus costumbres, describir sus guer- 
ras. En su patria no podria ser sino un poeta guerrero. En 
pais extraño es un poeta patriota. 

Debemos considerar el Céliar , mas como una reunión 
de cuadros Saprit ncUure de los pueblos que baia el Rio 
de la Plata , que como una leyenda ó un poema. Cual 
prueba de esto citaremos el cs^itulo in Loi fíorruas^ 
que enyidiaria por su yerdad y precisión el autor de The 
last of Mohicans. MagaríOos en su obra última tioue mu* 



— 99 — 

dios pantos de analogía con el célebre Cooper, sobre todo 
en las descripciones. 

. Descendiendo i las formas de Celiar, podemos decir 
que la poesía del Sr. M. C. robusta siempre j de en- 
tonación Tígorosa, es rica en imágenes j de ana galanara 
de dicción admirable en los detalles. 

Por último, el que como el Sr. Magariños reun^ á la 
imaginación de poeta la terdad del escritor de costumbres, 
no debe detenerse i lo mejor de sa carrera. Nosotros le 
damos la enhorabuena por sa última obra; pero para 
mantenerse á la altara que merece, es preciso qae siga 
trabajando como hasta aquí con asiduidad j buen deseo. 

Luis Mariüio de Larra. 
- 14 — 

VidaUta 

Como este género está de moda, Vd. ha de permitir- 
me, mi querido Director, que conteste á su carta y pros- 
pecto que me remite, como acostumbran nuestros paisa- 
nos cuando se les inríta á cantar. 

Mi arpa está muda, j otra cosa es con guitarra ; pero 
eso no obsta á qae entone una vidalita en prosa, entre 
serio 7 risue&o. 

Yd. que ha leído el Facuhm no puede ignorar que la 
vidalita, según dice Sarmiento, es un canto popular con 
coros, acompañado de la guitarra j un tamboril, á cujros 
red(rf>les se reúne la mocheduabre j ta engrosando el 
cortejo 7 el estrépito de Us toces. Es el metro popular en 
que se cantan los arantof del día j las canciones guerre- 
ras : el gaucho compone el Terso qae canta 7 lo popula- 
ritt pw la asociación qot M canto fiíge* 






— <•# — 



^á. tntfa de fumliHr mk fiesiódúcQ iita»rio« j toct kk 
corneU convocando á la gente de plumas y Cttawbi tados 
gatg^ajk jF se iM)s atvode om 4o4& claie 4e faMtnMiontas, 
inclusos k)& pcahibídM oe^vio el «oIm, ¡h mañoiba 7 jfai 
iMl«»C9« BO poede Imwbm á inat q«e «gragne j» «na 
nota al Hossana que rasga «ül akie 7 Uetu^las alUMrts« JÜr 
^ntts, fiiftiiiidaiial ÍAte«ei«!iadM« dicen muy serios ^e 
6s«i Deffofumdii fue^amiicia ;«i lr«M»do GatettssM, 
OBaiMievay fomidablQ Apocalip6Ía pwa el ¡tía de UMatai 
y -el Im^fmo BriasilaM. 

¿ Vd. fiiéo(wat i^álese tiieii.tiis ^ifias^ y sí Té.darov 
<QDtefite sia sttUerfiígíos. 

Para mí« himno ó el^ia*. el estraño ramor que se per- 
cibe, es lo cierto, como demuéstrala experiencia, que eu 
épocas agitadas, cuando los ánimos hierven al choque de 
•encontradas pasiones, et verso det poeta ó la palabra del 
escritor sacuden con doble energía los corazones, vierten 
«n ellos el bálsamo de la té, det consuelo ó de la esperan- 
za, y Arrancando et espirita, de las mez^aas xealidades 
<l6 la tierra^ lo^levaaá las j^as r<q[íonets del idealismo^ 
itü brazos de la medJdLaoion y elrocogioieoto. 

Yd. es uno de los obreros qw coa üids persevaratcíji 
ha fameoíado eqtre la javeotuid inteUgente al noble m- 
iielo de buscar e^ elcaUúoi da las ktm, en el liesanrolto 
•de los instintos morales, en el ejercicio del pAosamíeuto 
y «ul{tiacuilad de produeir lo bellay lo bue&e; el wncdo 
4]iie,pa6(ie unir á I^s> intelig^ACias. Racianales, el canapé 
iMMUral donde paed^n enfiORtrarse« aanqoe «xista algüa 
iJMrecgancia ep sw ^¡aíom^i y Uy^Karumdos su^^fmidaal 
altar 4fiia patria. . ^ 

¿.(tcée Vd. qoe cuando nediA^p^Aiieitita caiboza £ali- 
l;a«b|l^(lel^ltíIa9 leot)o qoe^rapeiaioadfetiaora i soa 
<^ríaturas, los que* veng^f. áfii»hí ;dAotfo de oiDOMOta 



qaez, et llnll. leoimo \ihtítíb6, dCbMrakPátchttMvttl 
>n Awiidbv MolfoBenrev el inngM Figmreía^ y dtroa 
foemwiimBijr no<i«íere'iiittbiiar, VMpe'piodria»Mi- 
«Aetam aioüdw j IMiar |«r lodíreetM loque es^ iwa 
meláfom, é figarayalMeav hw de acopiarse sí a i fm ^ Mto 
bstns cMaAMiM^raD Uat0»6 njizos, modiendos & 
rabiosos, vándalos ó palomM, aotibíoB 6 eetioeos f 

Sos altiis hadioSt* Ms^obno qMdirin únKamente, co- 
mo eiire las rotas de una mmMía agreste algRoas ^- 
m28Solilariá»T8Spetadaspireli9^^ cono enancaoifo 
Mwnsí^ algvaas envés esparcida» ii kti distancia, seiísk- 
taBd^elásdcnrfglmiosodervoMre'; j la giveradonq»^ 
]i0f saceda, takex al abrirun Sbroy «nr periódico, ima 
retístaidoiée se rastre aginia de las prodoccíom» do 
aquellos preclaros taroDOs, ioclioe la cabeza ante sa Dem- 
bre 7 repita con melancólica satisfacción : Era oritníat, j 
BieslemaErcóenkafrente cofteFseilodeloseseojidos. 

■of ftigílessofi las p&ipiias donde el arte de Gatembierg^ 
4ijftestasipada la idea con laftMriltdad del noldesobre^Ia 
oera ; perotan fleteznables como son, sobreríren at már- 
mol jal bronee. idrariesai» la corriente de los^ sigFos^, j 
l^e á las geMoraeíones venideras, joyas que algon día. 
hsm de brilar en la diadema de la patria. 

Hago* rotos perqué la AmeMs que rd. maiagiir» eear 
sfflBD d prisaaqw foieja tedas los oefeñs del iris, boq- 
^0 de pev y boMona; como la zona trepícat, que osteelMi- 
do en i« fn todos les prinyores: de la natdralesa america- 
na, gnarda eo ses entrañas las piedras y metales mas pre- 
ciosos. 

Que ella sirva de punto de reunión, de faro y estimulo 
al genio de los hijos de la tierra Uruguaya, que se esteri- 
liza á menudo y muere desconocido, asfixiado por el am- 



— 108 — 

biente de la póhrora, por la vida febril j enerrante que vi- 
Timos, ó por la falta de teatro donde prodacirse. 

Dura, ingrata, estéril en resaltados pecoaiarios es la 
vocación literaria entre nosotros ; pero no desmaye vd. en 
su patriótica empresa, aunque tropiece con algunas difi- 
cultades y la embozada malevolencia de los necios. 

Todas las personas sensatas y amantes del progreso, 
han de cooperar á su propósito. 

Por mi parte, en prueba de que estoy dispuesto á pres- 
tar á la Revista mi humilde contingente, le envió desde 
luego una bella traducción ¿e una de mis Brisas hecha 
por el joven poeta italiano Desteflanis y una disertación 
ssbre el derecho, la justicia, larazoh y la verdad, con- 
sideradas bajo el punto de vista político y social, pronun- 
ciada en la Universidad de la República en Enero de 1861 . 
f d. verá si le convienen. Por el pronto nada mejor pue- 
do ofrecerle. 

Mas adelante, si tengo tiempo y humor he de borro- 
near algunas cuartillas de papel sobre un punto intere- 
sante de Derecho canónico. Me refiero á la Escamunion 
Mayor que, como Yd. sabe, consiste en la privación acti- 
va y pasiva de los sacramentos y sufragios comunes de 
los fieles, pero es cosa de pensarse despacio por los gra- 
ves inconvenientes que puede acarrear, de parte de la 
Iglesia ó del Estado, cualquiera doctrina heterodoxa. 

Pido encarecidamente á las nueve hermanas que jamás 
alcance á la Revista la escomunion mayor ó menor ( de 
los suscritores ) y me repito de Yd. affmo. y leal amigo. 

A. M. C* 

Abril 29 de 1865. 



--- 103 — 
— 16 — 

Desatinos 

Informe peridtl, espedido en yirtad de la íalsa alanna esparcida 
por algunos endiablados rbportbis sobre el mal estado de 
los vapores de la carrera entre Buenos Aires y Montevideo. 

El fancíonario cayo informe se solicita, acatando co- 
mo divinos mandatos las órdenes ( y no seráficas ) de la 
bella y Exma. Señora, cuyo nombre se suprime para evitar 
que salga en letra de molde y también para precaver malas 
tentaciones, ha examinado á media noche, en medio de 
la mas profunda oscuridad y silencio y con ayuda del mi- 
croscopio, durante su largo trayecto de Montevideo á Bue- 
nos Aires, el aparato abdominal-igneo-diaforético-loco- 
motor, ó sea hablando mas prosaicamente, la máquina 
del tapor Pampero, y posteriormente las de sus venera- 
bles acólitos de igual clase Menay y Constitución ; de su 
prolijo examen resulta, por activa y por pasiva, que di- 
chos vapores tienen oxidadas todas sus planchas, averia- 
dos los cables, infestada la cámara y bodega, donde pula- 
lan rabiosas cucarachas y famélicas ratas, hasta el punto 
de haber devorado por la noche á varios pasajeros impru- 
dentes, que á pesar de verlas y sentirlas, se durmieron 
creyendo que eran mosquitos. Al otro dia aparecieron 
como golondrinas disecadas por las hormigas (I). No pa- 
ran aqui las escelencias délos susodichos vapores; el aire 
que los circunda es mortal, porque tienen los ganglios ó 
tubos apolilladQS, y el metacarpo ó quilla en un estado es- 
pasmódico y meñtico que revela la putrefacción completa 



(I) Obterracioii hecha por la bella oooiultoni eo tu quinta, ponderando la Tora- 
ddad de aqoellof inteotot. 



de sus maderas. También he notado con espanto grietas 
profundas en las regiones intefcostales, que permiten en- 
trar el agua en tiempo de borrasca, como Pedro por su 
casa, circunstancia que se hace mas agravante, si se tiene 
e& cmota ht es^atosa dilatación de toeamdaddel accipat 
hitia los Tentriculos de hs yáhalas de escape y ^^ridad» 
cuyos incesantes resoplidos á manera de sordo y amena- 
zador escopeteo, imitando el rugido del trueno, al salir 
el humo por la chimenea, convertido en llamas de ocho- 
cientas á mil varas« anuncia á no dudarlo que, dia mas» 
dia menos, una violentísima explosión* choque 6 incen- 
dio debe tener lugar, si es que dichos buques no se van á 
pique espontáneamente, aunque es de presumir que hasta 
el mes de Octubre no se verificara la catástrofe, que será 
verdaderamente horrorosa, no escapando uno con vida» 
según la opinión unánime de los peritos ó perritos (de la 
calle del Perú. ) 

Todo lo cual me apresuro á poner en conocimiento de 
V.E. páralos fines consiguientes, sellando la presente 
certificación con cuatro sellos para mayor vaFidez, y fir- 
mando el infrascrito secretario por hepatites intermitente 
del señor Cónsifl General, que reclama con urgencia los 
cuidados y servicios especiales de Y. E., á quien Dios 
guarde muchos años — Por autorización -^El Canciller. 



— 16 -- 

QpinioQ de D. Modesto Lafuente acerca del kusáto HiSTÓtHXHPO- 

LÍTIGO SOBRB LAS IBPÚBUCAS ML FLATÁ. 

Conoci á D. Modesto Lafuente en casa de D. francis- 
co de Paula Mellado. Simpatizamos franca y cordialmen- 
te desde la primera vez que nos vimos, y nuestra amis- 



-^ 105 -• 

tad 86 eoiiMni¿ hialtofiMe dorante largos a&os, basta 
qae dos separamoB para síenpne. 

El «16 pxífio «n lalación coa otros ascrítoras y hosxh^ 
bres políticos notables : me acompañó y rocomeadó ea 
persona al Secretario de la Acactemia de la Historia y al 
Director de la fiibliateca Real. Me facilitó OAa orden del 
Minislerío res;>ectívo para peder examinar y sacar coipias 
de manoscritos y códkes, que no se fraDqnMban al públi- 
co sin aquel requisito. 

Terminado el Ehsato übtúrigo sobre las Repüblieas 
del Plata, no encontré aceptables las proposiciones qae me 
hacían los editores de. Madrid, pues la mas fiavoraUe del 
Sr. Rivadeneira se limitaba á imprimir el libro por sa 
cuenta, y darle circulación en América y EspaSa, y si el 
resultado correspondía á los desembolsos, cederme la 
cuarta parte del producto liquido, en el plazo de dos 
años. 

Los que saben lo que cuesta en Europa encontrar 
quien se aventure á imprimir un libro cuando el autor 
no es conocido, comprenderán que lá propuesta era re- 
lativamente renti^osa ; pero como yo me vela bastante 
escaso de fondos, y necesitaba dinero con urgencia, no la 
acepté, y resolví ir á probar fortuna á Barcelona. 

No conociendo allí á nadie, pedi una carta de intro* 
duccion para la acreditada casa de Sauri á D. Modesto 
Lafuente. 

El historiador de España, cuyo noble corazón superaba 
á su elevada inteligencia, nusifiestó el deseo de exa- 
minar el manuscrito, deseo que me apresuré á satisfa- 
cer ; y me lo devolvió algún tieaipo después , prono- 
tiéndeme que iba escribir despacio i Sauri. 

Cuando suponía que había olvidado su promesa, es- 
tando yo en Málaga donde debía embarcarme pana la 



ciudad Condal, redbi por el correo la sígnieate carta, 
publicada posteriormente en ía Revisti Ibérica, y que 
es probable haya sido reproducida por algún periódico 
de Montevideo. 

Algunos de los puntos de que se ocupa la carta, val- 
drían la pena de que nuestros jóvenes ingenios les con- 
sagrasen sus vigilias, siguiendo en honra de la Pátría y 
con gloría propia, las huellas de Lamas, Yilardebó, Lazó- 
la, De-María, Berra y otros, que con mis ó menos brillo, 
han cultivado los estudios históricos entre nosotros. 

Sr. D. Manuel Saurí. 

Barcelona. 

Madrid 30 de Junio de 1848. 

Muy Sr. mió y apreciable amigo : 

El dador de la presente es mi amigo D. Alejandro Ma- 
gariños Cervantes, joven Americano á quien he conocido 
en esta, y á quien recomiendo á Vd. con todo el empeño y 
la solicitud de un verdadero amigo. 

Dias pasados, me trajo un manuscrito para que yo le 
diese mi opinión francamente, y con la lealtad bien cono- 
cida de mi carácter, después de leerle muy despacio, se 
la dije francamente, habiéndome parecido bueno desde 
un principio. 

No siendo posible publicarlo en Madrid, por que le ha 
concluido al espirar el curso académico de 1848, teniendo 
que partir en seguida á Andalucía, y habiéndome pregun- 
tado si en Málaga ó Barcelona podría yó recomendarle á 
algún Editor, me acordé al punto de Vd. ya para qifó se 
lo tomase, si le convenia imprimirle, ya para que tuviese 
la bondad de recomendarte á alguno de sus amigos, ó per- 
sona que Vd. crea podría convenirle una publicación de 



— 407 — 

estegéoero, si sus atenciones ó coalqnier otra motíTO no 
le permitían acceder á mi deseo. 

Espero, de uno ú otro modo, me dar¿ Vd. la satís&cdon 
de deberle un favor mas. 

Por desgracia se hi abusado tanto »de la idabanza en 
nuestro país, que ya no basta decir que ana obra es buena, 
es necesario probarlo para que se crea; y aun suponiendo 
que Vd. me creería sobre mi palabra, yo no quiero que asi 
sea, por que deseo además que se convenza Vd. del ver- 
dadero interés que me tomo por este joven. 

Haré á Yd. una ligera resena, de la obra que me tomo la 
libertad de recomendarle muy eficanaente, copiando al- 
gunos fragmentos de cada capítulo, por los que se pueda 
formar idea del espíritu y forma en que está escrita: y 
Vd. convendrá conmigo en que é$ digna de ver la luz bajo 
mas de un concepto. 

El pensamiento que há presidido á su composición, le 
encontrará Vd. en la Introducción, y en la nota 1 *. En esta 
última, después de trazar el cuadro de la prosperidad y 
riqueza del país donde bá nacido añade : 

« Estas consideraciones se agolpaban á nuestra mente 
al alejamos de Montevideo : y en medio de nuestro since- 
ro dolor nos preguntábamos involuntariamente, por qué 
sus hijos teniendo una patria opulenta y rica, corren pros- 
criptos á mendigar el pan á tierras estrañas ? ¿ Porqué, 
como sus hermanos, de las vecinas Repúblicas, malgastan 
estérilmente su actividad en esa eterna lucha que no mue- 
re sino para renacer mas terrible y sangrienta? ¿Porque 
no gozan en paz los bienes, que la Providenciales ha pro- 
digado? ¿Porqué se agitan sin un instante de reposo, 
como impelidos por una mano infernal, que los arroja, mal 
de. su grado, en la senda de la anarquía, y el infortunio ? 
Está decretado que las mismas causas continúen siempre 



— IOS — 

piodwíeiid» los ousmi» efectos, y qw siempre la iMé- 
rica, presente la imagen áa wm nartenpestooso, ewfz& 
mafñtki oadasse atnn, se ckocaftycoofiUHJtoB, al iienar 
soplo que alborota sa superficie ? 

•« Cnl «8 «I (Higeft dé esa CaMa sapiMcte eapaeídad'pa- 
ra gidiieniadrMv pvaporseferar en €4 bfe», para katttm 
tárMÍBO ásosaiaiestB 

La lespiiesta de este problema se eneneitra et éK má- 
flieide las difcts» proposicíoMs seQladaseii*fa4niM- 
dnccion. 

€ ..«.Cfaeaio&Cdraoso, íoáispeisableY de abselata nece- 
sidad^ e^ounar SK]M-9ientrálalQaí del pmado, para de- 
dncir de dJBobeseX porvenir j poderlos jalonr respe<AH 
Tamenie. 

«Iteoesitanioi por lo timto ecitarona rápida ojeadasobre 
la conquista, la población, el sistema colottta), el carácter 
del prnteipía civilizador milpeo, desenfoiiíéiMhmf en las 
ciudades, ]r el eleflienlo barbarean los campos. If^eeéita- 
mos examinar los hábitos j costombres tfm han Mctdo 
del clima, de la CMigaracion del terreno, del género de 
Tida, del reinen gabemati? o, de ta escasez* de habitantes 
sobceim inmenso territorio, de la ráfuoa inffnenoíay 
wdtdad completa de las aoteridadesy lejos dd recinto ^o 
las ciudades. üfecesüaiMs recordar ligeraiMnte, aon^fiie 
Mas no sea, losaeontaeíflúeotos del nuevo aviejo milndo, 
%ae han egercídb «na tuflneacBa directa sobre Ras Colonias 
españolas, ypreparaéosaemaneipacíon: la época enfoe 
esta Si títtímé; si les con?enia separarse de k Melrópoü, 
y irice^rersa: coal fié el petsamiealo de la vofotaMa cte 



Áboni Meo, para Be««r dignamente este obyelo^ etanter 
bdi tenido la previsión j oordora de baoer na estodíe pto- 
fnndo jr eencienzado de las principales cdbcas qa^ han m- 



— lOf — 

to fa faz sobre América, asi como de ta tmpartante ooleo 
eion inédita del dístiogaído cronista D. Juan B. Maioz 
existente eíi la Biblioteca de la Academia de hi Historia, 
para lo cual jo mismo le recomendé eficaimenfe id apr^- 
ciable 7 entendido joven escritor D. Tomás Mafioz, <¡refe 
de dicha Biblioteca, y también déla publicada, no há ma- 
cho, en Bnenos Aires por D. Pedro de Angelis, sobre la 
historia anttgna 7 moderna de las Protincias del Rio de la 
Pbta. 

No hay mas qne leer un capitulo de la obra de mi re- 
comendado, para conocer cuan feímiliares le son todos 
los historiadores del Plata, y las obras de Azara, Ilavar- 
rete, Ülloa, Garcüaso, Humboldt, Robertson, Prescott, de 
Pradt, Torrente, Chateaubriand, Tocqueville, &.' fundan- 
do siempre sus opiniones en hechos consignados por tan 
competentes escritores: sobre este punto escuso insistir 
porque la obra se recomienda por sí misma. 

En el capitulo primero, tomando por base y punto de 
partida la historia del Rio de la Plata, hace un bosque- 
jo de sbs mas notables acontecimientos políticos, en el 
modo y forma que se ha propuesto. «No es nuestro obje- 
to, dice, escribir una historia detallada de aquellos paises, 
sino buscando la ilación de los sucesos y hechos mas 
notables que han influido poderosamente en nuestro mo- 
do de ser, bosquejar sí nos es posible la faz histórica de 
cada época. » 

En el Capitulo segundo examina filosóficamente las con- 
secuencias de los hechos sentados en el primero: expone 
y analiza sus causas y efectos, deduce de ellos nuevas 
consecuencias, y prepara al lector para el capitulo terce- 
ro, que sea dicho de paSo, hace conocer al punto la 
apriicacion, la conciencia, la lealtad, la imparcialidad, el 
noble deseó del autor de decir ' la verdad por mas dura 



— no — 

que sea» sin ofender, manifestaQdo siempre el fonda- 
meato de sos jaicíos para que se comprenda que, sí son 
equivocados, es escasable, y legitimo sa error, puesto 
que dimana de la autoridad, y de su modo de %&r las 
cosas. 

Hé aquí como se espresa en las últimas lineas del Ca- 
pitulo segundo. , 

« Pero para apreciar en su verdadero punto de vista, 
justificar la revolución y penetrar en la vida intima del 
Pueblo Hispano-americano : para sorprender el giro de 
las nuevas ideas, los intereses , hábiles y necesidades 
distintas y opuestas que se hablan creado, en el trans- 
curso de los anos, en las Ciudades y en los campos : para 
poder mas tarde, con el apoyo de estos y de otros ante- 
cedentes, penetrar en el caos de nuestras guerras civiles 
y esplícarnos nuestro desquicio social, es forzoso^ que 
busquemos primero, en la organización política y civil, 
en el sistema colonial , en una palabra, los hechos mas 
trascendentales que ese sistema há dejado consignados.» 

El Capítulo cuarto está consagrado principalmente á 
describir la población de la Campaña, simbolizada en el 
Gaucho, con sus hábitos, ideas y tendencias, demostrando 
como há nacido, y se há desenvuelto ese elemente bár- 
baro que constituye, propiamente hablando, la mayoría 
de las Provincias del Rio de la Plata, y deduciendo de 
todo lo expuesto esta importante consecuencia. 

« En el nuevo orden de cosas traído por la revolución, 
necesariamente debía de suceder que estas dos socie- 
dades diversas, la una civilizada y la otra barbara, pues- 
tas una enfrente de otra, escitadas por sus mismos Gefes, 
naturales antipatías, y mezquinos intereses y afeccio- 
nes personales, antes que quemasen el último cartucho 
contra el común enemigo , tratasen de sobreponerse la 



una sobre la otra. Roto el lazo de samísioo que las man- 
tenia sujetas á España, separadas entre si y sin conocer 
su propia fuerza, apenas pudieron abrir los brazos, se 
creyeron con bríos para sofocarse reciprocamente. La 
guerra citil, como un faro sangriento, alumbra la encar- 
nizada lucha que sostienen, hasta que triunfa la causa 
Americana bárbara, y la Campaña, es decir, sus caudi- 
llos imponen la ley á las Ciudiades; hasta que la civiliza- 
ción Americana-Europea cae exánime á los pies de los ca- 
ballos de la horda salvaje-rbárbara— americana. » 

En ei capítulo quinto señala uno tras otro los grandes 
acontecimientos del nue?o y viejo mundo que en su dic- 
tamen, han influido y preparado la emancipación de 
América : la decadencia de la Marina Española desde el 
tiempo de Felipe II : el alzamiento y libertad de las colo- 
nias inglesas ; la famosa rebelión en el Perú del último 
descendiente de los Incas en 1 780 ; la re?olucion france- 
sa ; las varias tentativas de insurrección, sofocadas á fi- 
nes del siglo pasado ; la corrupción á que habia llegado 
la Corte de España, bajo el favoritismo de Godoy, inspi- 
ran al autor una serie de reflexiones convincentes en ^r- 
dad. Se echa de ver en el orden, en la claridad y precisión 
con que espone sus ideas, que ellas son el resultado de 
un estudio y contracción poco comunes á su edad. La 
parte concerniente á la rebelión de Tupac-Amurú en el 
alto Perú, en particular, reúne á su novedad, un espíritu 
de investigación y sana critica dignos de todo elogio. 

La población de las Ciudades, su faz política, moral y 
civil ; sus costumbres é ideas hasta 1840, forman el capi- 
tulo O."" donde el autor, como en los demás, epiloga al fin, 
y hace la aplicación práctica de los antecedentes en que 
se apoya para emilir sus opiniones é ilustrar á la vez el 
juicio de sus lectores. 



r 



— H2 — 

« Conocidos ya los rasgos de su hz círil, polttiea y mo*- 
ral bastáoslo, nos será mas ficíl conocer el carácter que 
revisten en las épocas posteriores, y encontrar eo el tipo 
primitivo la esplicacion de algunos de sm feftémenos iBras 
importantes. Asi nos esplicaremos, los instintos retró^ 
grados de la mnltitod, el servMismo de míos pMUos, y la 
indolente y cnlpable indiferencia de otros á sus pro|HOs 
males y á los ágenos : el desorden, la aoarqaia y confa*- 
sion de ideas y principios : la reiajacton de los vincnlos 
sociales: las pasiones mezquinas y egoístas ; las preten- 
siones absurdas é inmorales, incubadas en las ciudades 
por la guerra civil, y el modo como los candMlos, vivorer* 
nos á quienes la Patria no debe un solo dia de gloría, y 
que no son otra cosa mas que les representantes del anti- 
guo régimen, los restauradores del principio estacionario 
y estéril vencido en Mayo por el regenerador, progresivo 
y fecundo, han hecho con sn apoyo, cuanto han querido 
en ellas, sustituyendo la silla Presidencial al regio y car«- 
comido trono de los Vireyes; oslentatado impunemente, á 
la faz de una nación, de diez naciones que pelearon jun- 
tas-por conquistaran libertad é independencia, su espa- 
da fratricida, su cetro mas pesado y vergonzoso aveces 
que el de los mas aAitrarios mandones Españoles. » • 

El capitulo séptitno, está destinado esclñsívamente á 
narrar la revolución hechfaen Buenos Aires el SS de Mayo 
de 18.10, siguiendo las actas capitulares, publicadas en el 
tomo ni de la colección de D. Pedro de Angelis; y el octa- 
vo a esplicar, dilucidar y analizar el gran pensamiento 
entrañado en la revolución americana, tal como le com*- 
prendieron algunos de los revolucionarlos, tal como lé 
comprende el autor, y tal como debió ser, sin duda, para 
el bienestar y felicidad de América. Las últimas páginas 
de este Capitulo están escritas con un entusiasmo, conuna 
fé y unción, propias de una cabeza de veinte anos. 



— ña- 
iqui cMcloye la primera parte de la obra del señor 
Magarifios, que puede considerarse como completa en la 
época que abraza, es decir, desde el descubrimiento de 
aquella parte de América, hasta Í810. Una serie de notas 
laiñayor parte históricas y tomadas literalmente de las 
numerosas obras que ha tenido que consultar, ilustran el 
testo. 

Si he de decir á Vd. mi opinión con toda lealtad, debo 
asegurarle que esta producción me ha parecido notable, 
y que descubre en su autor las mas bellas disposiciones 
para este ramo importante de la literatura ; facultad ana- 
lítica para examinar, concretar, clasificar y eslabonar los 
hechos ; perspicacia para descubrir las relaciones que 
los unen, y remontarse hasta su origen ; estilo animado 
y rigoroso, aunque á yeces no muy castizo ; instrucción y 
conocimientos históricos^ un espíritu* de intestigacion y 
laboriosidad recomendables ; intenciones siempre puras 
y elevadas qne le disculpan álos ojos del lector, cuando 
éste no está de acuerdo con sus opiniones. Creo que bajo 
el modesto título de « Ensato histórigo-politico sobbe las 
bepoblicas del bio de la puta, » ha trazado un cuadro 
muy interesante y animado de la verdadera situación en 
que poco mas ó menos, se encontraron todas nuestras an- 
tiguas posesiones, desde que las conquistamos á la civili- 
zación hasta que la desgracia nos las arrebató. Bajo mas de 
un concepto considero útil su publicación : servirá para 
rectificar muchas ideas erróneas en que han incurrido es- 
critores de primera nota, destruir algunas preocupaciones 
que abrigamos todavía, é ilustramos al mismo tiempo, 
sobre las Colonias que aún nos quedan. Yo por mi parte 
confieso ingenuamente que he encontrado en ella muchas 
cosas nuevas, y creo haber leido algunos libros. De todos 
modos, esta no pasa de ser mi opinión particular ; Vd. la 
apreciará en lo que valga á sus ojos. 8 



Hdbrat eeuAgsído el «tj^ iiM tte ¡r opi^ 
desfMrtarktcwiosiáad deY.é incUaurleá que oiffktím 
beoeíolncta km puotigtfo. Sm pnetwakH^M bo paeh 
dw s€t ]iM QMideslas^. Ü eiurianAe n mawttarito» ne 
decÍA eft k carta eqa que lo aeosfaSabd. «Lo^acoataa- 
Mitttoft de mi potmt im íiab tiaido ib EaMc^a,. 0a esp^ 
ro encoDtrar eQ Madrid nombre ni dinero ; desearía n» 
obstante» pablkHff' algp dck la ^p^ he estrilo; peroco- 
moa^B^n^tt posible poniutesfo foe inQie,deseatia 
9tt.T. ne iropMGioiíaae eotro ras rdadoMS da Malaga 
¿BareetoBaiiQ editor qwi pusiera tOBiariBÍUM*o. Séj^ 
esperieneia k) difieil qie es eik ewlqaiof parte, ouiado ae 
ae tiM6 BMibro ai auteGedeiitesv ai aaips^BÍ eelaeioiies, 
at sa qniart imprinir aaa ofeva á t speMas profrias^ y 
dolopot el giito da iFe»e ín^praso» caaaesnir lo qp»á 
otros las eae^ laicas aioa do fatigan f apreftdia^. Peto 
T. SM ofreeo feaaroaanes^ s» eao|^«racioft jjo la aca^ 
to. — Aqai aalá i»i Elssiro: jáigoele Y. s^^a sos cqpí- 
aiMea. Alabe Y. lo qao lo paresca boeoo^ y eriticpie sía 
piedad lo qm sea buúo^ que será lo hus^ pues ao teag» 
h necedad d» aroat (p» á la edad do veínÉidoo aoos se 
escriben obra» uaaatras. Correré lo qao ¥• no iadiqwv 
si mi tndM^o Talóla poa&de ?er la kiz,ó loqaeBiaré» sii 
es taa Malo q«o fkt corregido sirftL » 

Eft Tista de csto& aatecedeates^ espeiroqiomi reeoiaeía* 
dado encontrará eercaí de Y. las simpatías y el aprecio 
qae yo loprofeaoi. Poco puedo y poeo talgo, pero leta»- 
to y levantaré la ¥oat en sa ^poyo^ seguro do que enconlrs^ 
rá eco en los corazones que fraternizan eoa. las ideas ae^ 
bies y desinteresadas, y no pregnAtaa la patria de lu boaa- 
bro inteligente pava apiaaürle, eaaado^ como en el caso 
presente, por sa poeos^ años, por m& laMabies deseos^ 
por su coatraccioQ j laboriosidad, so^ ba b^ho digno do 



— i:«5 — 



fls4eV. aiugDalfiM. Q. S. M. 3. 

Mode$to Lafuente. 

-17- 

Pescozones 

I. — TiBUTA i m LITIGANTE CALUHNUDOB 

Vistos: üOMMdo 4feowo6d ni decrate fue kig abof[ados^ 
b^i» el nombre de sM icUeotes m estosper cuento propia, 
M insolentan oeii los imcm ó foe las partes contrarías; 

AAeDto á que el lengnjye aoes 7 dostempiado de don 
Crisptilo Tpai^kan^aado, Boes aonos pwíUe, ya sea que 
convertido m andas legnleTO proceda por su propio con. 
scjjeL, ó <}«e hxfÁ necifaidoU direcciofi de Letrado, como 
<á^e proMmirse» desde qoe en otros muchos asuntos su- 
yos seguido^ (^effsooahneole por ¿1, ha teaido abogado 
M0II1I consta de autos; 

^ettdo necesario reprmir talos avances en los litigan* 
lest y coD tanta mas razón cnanto qm a^nos abogados 
por nn aboso incalificable» j faltando á la ley <ine espnesa- 
mmáa ks onteaa firmar sos lesccitos, hs redactan en 
lédrminos ioipriopios para que ios snscribafi las partes por 
sí, burlando de dale oaédo la responsabilidad á que los 
sujetan ha leyes, con menoscabo de la noble profesión 
que ejercen y de la buena fé y circunspeccipn que tanto 
les recomiendan aquellas en la dirección de los negocios 
judiotates; 

Consídemdo iqne sí tal moda de producirse siempre 
seda atestatorto, awfíiaterpúitiéndoaerecosrsos legales, lo 
esjunchomas sijseaiisadéiál,iaunobdiaoezrampaodan* 



— U6 — 

do, en pretensiones desarregladas y estrafalarias, coando 
las leyes, aan en el caso de apelar, preceptaan ao se de- 
noste álos jaeces (Ley. 43. tit. 18. lib. i. H. G. y 26 titolo 
23 P. 3); 

Estando ordenado fuera de otras acordadas del Supe- 
rior Tribunal, por la de 22 de Junio de 1^1, que las jus- 
ticias penen irremisiblemente con multas pecuniarias 
cualquiera palabra descompuesta que se vierta en los 
escritos de los litigantes, sin perjuicio de las penas á 
que se hicieren acreedores según la gravedad del caso ; 

Considerando que no puede ni debe prescindir el juz- 
gado de esta terminante disposición, y mucho menos 
cuando es por tercera vez que Trampandando, ya aperci- 
bido y multado, repite igual insulto al Alcalde Ordinario ; 

Por estos fundamentos y consideraciones legales : se 
condena al expresado D. Crispulo á una multa de quinien- 
tos pesos, que pagará en el acto de la intimación que le 
hará el Alguacil del Juzgado asociado del Actuario, y no 
pagando en el acto, le conducirá entre rejas, sin perjuicio 
de embargarle bienes bastantes, depositándolos con arre- 
glo á derecho y dando cuenta con las diligencias practica- 
das, para poner al reo con los respectivos antecedentes 
á disposición del Juez del Crimen, y mediante la súbita 
enfermedad del Actuario D. Julepe Yacaré, se nombra 
para subrogarle interinamente al del igual clase D. Gar- 
fiñanto Ganzúa — Repónganse los sellos. 

Dimas Ichúpatesa. 

Lo proveyó y mandó etc. 

Lo que son los poetas según Castelar 

IL — IlflIIRBaDO TIRÓN DB ORBJAS Á CÁILOS GUIDO T 8PAN0 

Un inteligente amigo mió , obrero infatigable de la 
prensa y que descuella por su ingenio y donaire, irritado 



i 



— 447 — 

con razoQ por no sé qne necias apreciaciones de un colega 
argeotioo, iacirrió iDToIantaríameDte en la injusticia de 
pegar un fuerte tirón de pregas al pobre Garlos Guido y 
Spano, que pagó el pato sin comerlo ni belierlo» atribu- 
yéndole la paternidad del verso : Tú no eres la inmortal 
Montevideo I hijo legitimo ( el verso ) de Ricardo Gutiér- 
rez» . , 

Con este motivo, el cofrade aludido hace una humorís- 
tica definición de los poetas, que de seguro no aceptarán 
estos, y que ofrece alguna diferencia con las que dan Schle- 
gel, Lerminier, Villemain, Castelar y otros. 

« El poeta — dice el último escritor citado — es un ser 
misterioso, indefinible que se escapa al análisis como el 
dogma, y que se pierde de vista como el ave de la monta- 
ña, la alondra, cuando deja su nido de barro y se vá por 
las alturas etéreas en busca de la luz que aun no despunta. 

Los poetas son liras que suenan á todos los vientos; 

lagos que cambian los matices al paso de cada pube; son 
algo de incomprensible como las profecías, como los pre- 
sentimientos, como los sueños. . . . Asi es que en ua poeta 
podéis hacer el examen de conciencia de una época, po- 
déis ver sus incertidumbres, sus dolores, sus aspiracio- 
nes, sus crisis de reacción, sus Ímpetus de progreso, sus 
batallas internas, sus ideas. Y. Hugo ha sido Legitimista, 
Bonapartista, Romántico, Doctrinario, Creyente, Raciona- 
lista, Libre pensador y Demócrata. » 

III — MI RENaifCIA DEL HUIISTERIO DE HACIENDA 

Cansado de oír la sinfonía diaria con que eran festeja- 
dos todos los actos, proyectos y aun intenciones del Go- 
bierno, indistintamente, en la persona de sus Ministros, 
deseando por mi parte dejar libre el puesto para ver las 
maravillas que realizaban otros profesores, que preconí- 



— H8 — 

zabdn^ deflítm jt&en de tás Cásiaras, las aLcdendas de sos 
elixires para curar per ensalme Ibs males é? la sítuacieii^ 
presenté en coatre renglones wi rennnem itremeaBle éá 
Ministerio ele Baeienda, qoe faéaeeptada por esacircons* 
taaeía jr en tos términos con qne, poce mas é menos^, se 
han servido konmrme, antes f después, en caso^ anábgoe, 
los que por su posición estaban en condiciones de apreciv 
detiftlamente el resultado de mis esfoeraos, la sraeeridiid 
db ms propósito», 7 la recfíln#deiiH proceder, sea díelie 
can permüso éd los eminentes Taranes, fofografiadoe etr 
dnúm. 4. 

Ministerio dje^ Gobierno. 

WHiterMeo, SetieMibre 10 A 1969. 

Atenta fat eaHditd de imvecaiíe con qne Yd. ba elevar 
do sn renuncia del cargo de Ministre Secretario de Estado 
«ire^Deparfomento de Hacienda, el €k>biemo ha tenido i 
i)ien aceptarla en esta fecha, agradeciendo a Td. los ser- 
Ticíof rendidos al pais dorante el desenpefo db hicarteta 

6SpTe99tra* 

. Al comnnicarib á Yd. para su debido conocimiento, et 
infhascripto se complace en reiterar á: Td. la^ ^egorídadies 
dt su perfecta consideración. 

José €. BttstamafOe. 
SeüknrDr. 9. Alqandtro Magarries Cerrantes. 

Ministerio de Gobierno. 

Montevideo, Sétiérabre 10 (fe 1869. 

BECRETO 
Habrendo eferado elBr. fi. Alejandro- SRtgarfnos Cerran^ 
tef Bff rennncrst def cargo de Mi nrstro Secretario de Rsta- 
<Ur en el Deparfatmento de Hacienda, el Pí^idente dl^ la 
H)ipfibirca acverdk j decreta: 



Asi. !.• Acét^tase larM!incia46l Dr. d. ÁlajaNro Mi- 
gMíiofi C«Tvite8, igndedétdoMle Im 
sermcios que haprtUmáo aipmUm dtkmpo fueJU 
dmemfciMo «fue/ iwrgo. 

ArL 2/ El «fioial mayor del Múñsterio ^ Ha6M)i<a« 
D.ltsé H. del^va, ipwda encargado iateríiiaaieale de sa 
despoieho. 

Alt. Xr GomuiqMse, pifclkiaete y4éseal Regiitro 



SATUL 

JOSEC. BfJSTiOUOTC. 

— 18 — 

Chispas 

1 — LOS (HS ¥UENKH BETIAS 

Bb losübros <|«e me petteaecen, suelo áTeeoa anotar al 
margen las reiextOMS q«e me kupira su lectura. Otras 
veces las escribo en cuartillas saeltas y las meto dentro 
dd ToUtmM. Cnndo pasan a^[«UK)s lios, me sorprendo 
al dboervar, ora b modificación q«e han nírido mis klea$, 
orata exadünd é la falsedad de los jnkiosemittden, con- 
firmados ó desmentidoe por los aoooAecimientoB aupenri- 
nionVfí 

Cn mn iotenesaAte estudio del conde de Jaraac oobre 
Roberto Peel se haioe resaltar él beclM aterrador de tos 
iMnmeraU^ millares de sores tiosanos.lartalmeate con- 
denados i mna existencia de perpetno trab^'e, de aljeolata 
ignorancia, de padecimientos tan irraBe(fiaMes eomo in- 
merecidos. 

Al leerie, recordaft» laspáf^nas oomlMfas4o Bartmtn 
({PSo^o/ia M inGwmimit) en qne demnertra qne la 



— 120 — 

posesión plena de la ciencia, no da otro resaltado al hom- 
bre verdaderamente sabio, que la mas profunda compa- 
sión por si mismo y por sus semejantes. 

Jarnac asegura que Peel era de los que creian que e^ 
suelo de la vieja Europa está profundamente minado por 
la lava revolucionaria; y se horrorizaba al pensar qué fer- 
mento no producirá en las inteligencias sin cultura y en los 
corazones ulcerados de los que viven en la miseria y en 
la abyección, la prédica incendiaria, las instigaciones, 
las doctrinas ateas de los que arrebatándoles toda es- 
peranza en esta y en la otra vida, despiertan y embrave* 
cen sus malos instintos, sus inmoderados deseos, sus 
odios, su ciego anhelo de demolición y de venganza. 

Sí^ necesidad de invocar los recientes crímenes de la Co- 
muna de París y del Nihilismo de Rusia, todos los pensa- 
dores que han profundizado la pavorosa cuestión del 
pauperismo, creen como Peel que no es posible sondear 
qI infierno que se ajita y hierve bajo el esplendoroso man- 
to de la civilización moderna, sin sentirse sobrecojido de 
espanto. 

Ah I cuando luzca ese dia de horror y perdición — han 
repetido otros mas tarde con el eminente estadista inglés, 
refiriéndose al entronizamiento de las muchedumbres sin 
Dios ni ley; — cuando el eterno grito del vi^o Hanlio: 
numérate qu^anti estis, el quot $unt ( contaos vosotros y 
ved cuantos son ellos I ) vuelva á resonar en la sociedad 
minada en sus cimientos seculares, y cuando millones de 
hombres se aperciban que han estado sufriendo por tantos 
siglos la ley ó el yugo impuesto por algunos centenares de 
sus iguales, á la sombra del privilegio, la posición social, 
la inteligencia ó la fortuna I 

Sin ser retrógrado ni pesimista, preciso es reconocer 
que la libertad por si sola, no es bálsamo bastante para 



f 



— 124 — 

curar tamaños males: se necesita además la instmccion á 
raudales y la difusíou de las sanas doctrinas, en el orden 
politico, económico y religioso. Esto no lo dice Jamac, 
lo digo yo y otros tan liberales como el que mas. 

II. EL INFINITO 

Sobre el cíelo visible existen cielos inrisibles ; sobre 
el cielo de la tierra formado de esa corta cadena de pun- 
tos luminosos llamados constelaciones, hay otros cielos 
incomparablemente mas lejanos, que bajo el aspecto de 
esos resplandores difusos de manchas ó sombras blan- • 
quecinas, llamadas nebulosas, compuestas de un montón 
de estrellas sembradas en el espacio á distancias prodigio- 
sas, siguen una dirección semejante á la que llevan las 
estrellas invisibles á la simple vista, pero que se distin- 
guen fácilmente con el auxilio de un telescopio. 

Podría suponerse que el cielo termina allí; que se habia 
llegado á los últimos limites del universo; pero si aplica- 
mos la vista al lente ocular de los poderosos aparatos de 
algunos Observatorios, veremos el espacio retroceder y 
engrandecerse infinitamente ante nosotros, y que mas allá 
de esos cielos ocultos, sobre esa innumerable multitud de 
estrellas imperceptibles, hay todavía otros cielos descono- 
cidos, análogos a los que cubren la tierra, formados asi 
mismo de infinidad de estrellas, ó de soles iguales ó ma- 
yores que el nuestro, que nos dan una idea del principio 
del infinito. 

I Cuan inmensa es la distancia que separa esos cielos 
supercelestes de nuestro globo I La luz que recorre ochen*- 
tamil leguas por minuto, necesita tres años para llegar 
de las estrellas mas inmediatas á la tierra. Y siendo así 
que en la región de las nebulosas se hallan estrellas diez 
mil veces mas lejanas que aquellas, fácil es calcular los 



miUcoi» de Am 4fw fat tn 4e efitas «straUas b^btk 
nmafiter |Ara aloiiáirar «Mstpe flaMta; lie sanenL^pK 
si la wia lartea qae wspataa éülalado espuoie en Ib bótela 
celeste, estuviese coloeaia ¿^BiSaMta tu mmolat wda 
completamente íoTisible á nuestra vista, 

Nada permanece inm(A)1e; la naturaleza condena el 
statuír^qm^ Bms Tartos cícAos téleBe&p«cos« esoB gn|Ms 
inneiisos 4e «rtreflas caM%iw de ye^kíM ea Ii^ canyos 
íifiMttos 4xi espacie^ «onofats áanMbSMlreltasfrMiéesé 
pequeiasqmetiieMii Bvestn rata, «oeoM toá(»6 losjspes 
qw^eKÍrteadülos d ü wmlffl pontos éeluMverM. 

Mr. Laigier «calba de aipficar sus taleiitos y so ifislaáe 
Imoe á la foiMACMA de «u &uei^ eatilogo 4e 1^ 
al estudio délas irariadMes iMeM%les de lasTistas a|^ 
meradoiies de estrellas, dasbiri AaAas liasla aqm per fos 
astrónomos, qtie ao se han^ecupade «ÍAÓde los movioiMi- 
tas propios j gmerates de los cuerpos detestes. Esta em- 
pr^a i^aotesca, «^ trabí^ secuhr, <mf^s intses, a!p^ 
nasf>erBrite fijar labremdad de la nridatraniaiia, boun^M 
su memería di pase q«e facilitaran álos ^t¡biM la ernti- 
miacieH y tfcrmuo f étiz 4e tm i irteresaMes iii^^esl^ 

Las reierienes -qm aiMeoedm «^ kau nd» sn^raifaí» 
por «n esoeteate trab^ de Mr. Mancfcatd «ebre i>« ei^mi 
ceieñe prQfwndizuéa tn tm nmíerios, y en «I qme «eepSca 
las teorías de Mr. Laugier, analizando su nnew «sN«4je 
sobre las nebidosas. 
I8SÍ 



— ílS — 

i 

£L CruMio 

NlviMda ifse htyant» ^ Oda del Dr. A. AMkUnjl1»éi.Sta 
llaBtía--PoesiaSrdeD. Aarelk>BMTO jD^Jadiilo Albis^ — 
Artículos de J^ Siglo, El Bien Púdlieo j La kazon. 

i 

Absorberían la mitad de este tMro'tM Mieriés e iciiter 
eñ b prmsa. 49 KeiMefidsi» y dé tos BfftrtMMMM, en 
pffé'f eñc&tím é9 U eoiftposkMtt af Ckc^o»^ j Imf qm 
tuvieron la b(má¡é de 4íri|rr9e los s^ierois Zofrüb' itt 
San Martin y Berro. 

No contesté una palabra á le qne me era personal, por 
qoe si hubiera nno de tMvtr á \m serio todos los alfile* 
razos que recibe y rebatir todas las opiniooes, razonables 
ó del Jiquero indiscutible, que otros llaman tonto, y que 
Boileau calificaba de gsmte eiixMíy^Mv, sena cosa de per- 
der la mayor parte del tiempo en lieer simplezas, y lo que 
es peor, en escribirlas también, contaminándose con el 
mal ejemplo. 

La verdad es que ni yo conf^ioné expresamente nin- 
gún torpedo catdfico para ftacerfo estallar (pobres Ma«- 
ragatos I ) en el certámeodeSiatn /osé, ni arrojé con mala 
intención en el seno de acpeffa sociedad' ftorror&ada y 
con escarnio de la ciencia ( bonita sería efht f ) un bru- 
lote ad hoc contra los Cristófobos. 

Voy á levantar el Velo def pavoroso arcano, para. . . . 
evitar quebraderos de cabeza i los fiítoros Mstoriadores 
. • • . literarios. 

Tenia entre mis borraA)res esa poesía escrita en épo- 
ca en que aun no Bafitan nacido bs períódfcos ctüidentes. 



— 484 — 

cuando recibí la in?itacioD de San José, y estaba en dé- 
bito con QQ joven poeta y avtotajado estudiante, que por 
el Tuelo de su inspiración y por sus progresos en la cien- 
cia del derecho, ha de dlrlionrA á'su nombre y gloría^al 
suelo que le tío nacer. Crei, pues« llenar un doble com- 
promiso, euTÍando dicha composición al Certamen, y de- 
dicándola al Sr. Pérez. Concurrente obligado, maldito si 
me acordé que el programa — que no habia leído — cer^ 
raba las puertas, indebidamenlte en mi concepto, álos te- 
mas políticos y religiosos. 

Sigamos el orden cronolójico ; y pan^ empezar por el 
principio, deleítese el lector con las inspiradas estrofas 
del Canto á El poeta, y fíjese en las fechas. 

n 

XI po^ta 

AL DISTINGUIDO POETA DR. D. A. H. C. 

Qué quedará 7... la füeiza ?... pues bien ék fiero embate, 
Oh lu2 ! oon las títtieblas yaUeate lueharáa , 
Y auiKiuc tenaz, á mueríei a|Q tregua aoa el combate» 
La ley vencerá al hecho, Jemis á Satanás ! 

A, MagariAot Cervantei. 

El poeta, es el genio poderoso 
Que arrulla con acentos divinales, 

La marcha del progreso « 
El paso de los pueblos portentoso. 
En busca de conquistas inmortales I 

Es el ser que se eleva sobr^ un mundo, 
Cantando' con la voz de las naciones, 
T apaga el retumbar de los cañones 

Con su acento fecundo 
Que vibra hasta el confin del Universo, 



— 4t5 — 

Diciendo en cada lerso 
A la doliente humanidad perdida : 
Adorar nn Dios grande es mi bandera, 
Amar el bien supremo ese es mi rito* 
Levántate del polvo... canta, espera^ 
To abriré nuevas sendas á tu vida« 

To perderé mi aliento, 

Despertando en tu alma 
El amor inmortal á lo infinito I 

Al eco poderoso de mi lira 

Que semeja el estrépito del trueno, 

Los tronos se estremecen, 
T ruedan de la cumbre hasta el abismo 

Hundiéndose en su seno ! 

Inmóvil en la cumbre, 
Combatiendo con recias tempestades. 
El sol del porvenir me da su lumbre 
Que disipa las nieblas del pasado ; 

Y en lucha con los siglos, 
Sondeando las pretéritas edades. 
Arranco sus secretos á la Historia, 

Penetro sus arcanos 
T en alas de mi voz que vibra inmensa. 

Me elevo hasta la gloria, 
Derribando del trono á los tiranos ! 

Cuando mi alma triste y fatigada 

Se siente ya rendida 

De batallar sin tregua ; 
Cuando veo ocultarse en lontananza 
La imagen celestial de mi esperanza, 



^ «6 ^ 

T mi itaiioa'^mdt 
Miro de^pMMer poTMUiMl 

Como no iaiMtto Inste» 
Que 6Q 9h& 4e ios vientos fagitím» 

Reconté tos espacies : 
Ese lamento ímmiiso foe iMMDa» 
Es de la bameakled xfm gine jriknra. 
Voz sin igual qaeel Umversa lleu 

Con vibración sonora, 

Y que anuncia tras racias tett|ie$iaiieB, 
El arribo lettc de Jlas edite 

Que alambrará oteaaonora I 

Ese frite qve escacho. 
Esa voz colosal que dice : « Canta » 
Mis fuerzas agotadas j^giifanta 

Mis dudes desvanece, 

Y á la humanidad üiblkHe j jsaota 

Qoe ea su taiiccion perece. 
En mis férvidas cantos doy alíeato, 

Y en üss vá del vieoto 
Mi voz qttelusta los oíeies se leuata i 

Ma& graade es el aoento de mí lira. 
Que el rumor colosal de la balalla* 

Mas vilnrante es la oota 
Que la suprema Humanidad m^ inspira, 
Que la bomba mortífera que est^ I 

Mas grande y poderoso ^ Yktor Hugo 
Arrancando ana estro&i de su lira. 
Que Napoleón potente. 



-r «¡7 — 

CoMfla Ikiabat Sil tnottistfite tFd^ 

I hMÍa tttFMMMT OMfe^rafr irictdñas 
Los troDOS caitomidos de la Europa ! 

Oigi&ttii eLfi^miiít «fflid» «iiUMunidlAv 

Es el célico arrallo 
Bul Maftaoft mnm^jí^wifmáK 

Qoe á ém»r m aksMUUk» 
Has^ que la b«mAMi swíad^ ptisrate^ 
Ewuritoet el aUbdr de h tsjpetaaca I 

Es el grito sublime de victoria, 

Que Imaaa al ^^aeío 

Los paeUift €f rk^idaft 
En madiod«i nner dftla* petea ; 

Eaélestáilakifiiftm 

De e» lueha úrememla, 
Qqe aborrece la horrible tíraoía^ 
Las< «mibraft de la ooefaeeMí el día, 

Eb l«ckai gigantea, . 
La inerte materia com el al4Qia, 

La fuerza con la Idea t 

Abel J. Pebez. 
Eoero de 1879. 

III 

Sres. D: Alfredo de Herrera. Du Julián Becerra de Bengoa, 
D. Ramón Valdez García,, B. Sixto déla Hanl^f jD. Ru- 
perto Pérez Martinez— San José- 
Montevideo, Febrero 6 de 1 879. 
Recibí con algún retraso,, par no encontrarme en Mour 



— 128 — 

teTÍdeo cuando llegó, la atenta notn en que Vds. me inTÍ- 
tan á contribuir con alguna producción á la festividad lite- 
raria y musical, que debe celebrarse en ese punto el 9 del 
corriente. 

Mi salud quebrantada por largos años de trabajo inte- 
lectual, y las atenciones que me rodean, no me permiten^ 
como lo desearía, la mayor parte de las ^eces, deferír á 
peticiones análogas. 

El aprecio no obstante que me merece el pueblo de San 
José por sus levantados sentimientos, y el deseo de no 
desairar á los firmantes de la nota, y á sus delegados, el 
Dr. D. Plácido Ellaurí y D. Manuel E. Rovira, me obligan 
á procurar complacer á Vds. de la única manera que me 
es posible. 

Al efecto, arranco una página inédita del libro Palmoi 
y Ombúes, y les ofrezco sus primicias. 

Deses^é que ella llene el objeto que Vds. tienen en vista, 
y víbiren algunas de sus notat en el cristiano corazón de las 
bellas hijas y en la menta reflexiva de los valientes hijos 
del noble pueblo de San José. 

No pudiendo ir en persono como Vds. desean, ruego á 
mi distinguido amigo eIDr. Ellaurí les estreche cordial- 
mente la mano, en nombre de 

Su affmo conipatríota.-<»A. M. G. 

lY 
(Mirando al Crucero ( 1 ) 

Con los brazos abiertos sobre el mundo 
Resplandece en los cielos el Cruzero, 
T de luz y de paz el alma inunda, 
Mientra en ei globo oscuro en que navego; 



( I ) Bl autor dedíct eita composición ti j<Wen poeCi D. Abel J. Pérez, en retriba- 
don de n bella poesía titulada Blpotta, Inserta en Bl Siglo del 4 del corriente. 



jr 



— 1«0 — 

Viento de tempestad qae sJrado raget 
Todo á sa paso coa fdior dembat, 

Y falttinda por el 990 (oh Grieto! 
Hasta la erua parece que vaeilai 

Invade negta noclie la» eoneíenciai^ 
Contra tu ley divina rebek^ias» 

Y doquiera la faerza, el odio, el crimen, 
Con sos horrores lia tierra espaatanl 

* 

Sin relígion^stn fé; sin esperanza. 
La torva mucheáttnbre embravecida, 
Como el mar cuando it)mpe sus barreras, 
Al abismo del ttial se precipita^ 

Qué podrá contenería?.... nada croe, 
Nada teme ni espera: es su tirano . 
La sociedad, yeLDiéS cfne* veneraba 
Un mnñeco ridicula de palol 

La razón ? el deber?.... freno irrisorio 
Para el que ciego como hambrienta fiera, 
Siente en su corazón las mordeduras 
Del bestial apetite y la miseria I 

¿No es nh valle de lágrimas el mundo, 
Crisol de pnieba la existencia humana?..** 

Y todos infelices, sollozamos. 

Por invisible dardo htpida el alma ! 

« Dichosos los que lloran, Jesús dijo : 

Los que padecen hambre serán hartos.: 

Mí padre está en el cielo, y su justicia 

Ha de cumplirse en todos. Besignados 9 



— 430 — 

« Atravesad la vida : los primeros 
Los últimos serán : el mas potente 
Será el que cuenta mas estrecha rinda 
Perdurable corona el justo adquiere. » 

Oh Cristo i tu palabra era el aliento, 
El escudo j la fuerza del que solo, 
De la cuna al sepulcro halló en la vida 
Infortunio, dolor, miseria, oprobio ! 

Tú prestabas valor al noble apóstol 
Que al marchar al suplicio iba sereno, 

Y emplazaba tranquilo á sus verdugos 
Ante el Supremo Tribunal eterno I 

En nombre de la ciencia y el progreso 
Hay quien te pone pleito y te condena, 

Y pretende que el hombre miserable, 
Insensato reniegue de tu herencia. 

¿ Porque el vaso sea tosco, es menos puro 
El licor que contiene?..- Porque envuelto, 
En la escoria esté el oro, y el brillante 
Bajo la dura piedra, valen menos?... 

Hombre-Dios, Redentor, Mártir sublime, 
Tú venciste muriendo, y contemplaste 
Por diez y nueve siglos, de rodillas, 
Sostenido en la cruz el mundo alzarse I 

Desde entonces — después de la tormenta — 

En que todo anegado parecía, 

Al asomar el iris, en la altura 

Se ha visto fulgurar la Cruz bendita. . 



I 



— 431 — 

A sa pié el sacerdote, y la estraviada 
Sociedad que á matarie llegó atea, 
Con la frente en el poWo, ante ta«efigie, 
Implorando al perdón de sn demencia I 

Ay I Señor, cuántas yeces los sofistas 
Quisieron desterrarte en su delirio, 
Al caer destrozados tus altares, 
En la tierra el infierno ha aparecido I 

Constelación radiosa que coronas 
De mi América libre el firmamento, 
Mburtumyá simbólico que guardas 
De la pasión cristiana el (ran misterio: 

Vuestra lumbre verted y vuestro aroma 
Sobre los ciegos que á Jesús reniegan.... 
Perdónalos, Smor, ellos no saben 
Lo que hacen, ni menos lo que siembran I 

Cuando i saberlo lleguen, cuando palpen 
La vanidad de todo y el vacío, 
Han de inclinar humildes la cabeza 
Ante el leño inmortal de tu martirio. 

Y al pisar de la tumba los umbrales, 
"Sin poder descifrar el hondo arcano. 
Su humillada razón quizá te implore, 
Trémulo el pecho, balbuciente el labio.... I 

Al gemido del aura, misterioso. 
Asi yo respondía en la alta noche, 
Cuando el Cruzero centellando muestra 
Tu signo, escrito en pabellón de Soles I 



— 1« — 



No sé de doade ha saeade mi bben um^ él Br. Blanco, 
que yo tengo d derecito — como csafqimrtiiocfcaelo — 
de pensar como mejor me parezca, y de no necesitar venia 
•de nadie para proceder segiin mis cónvicckmes, 

Ihlerrogo á mí conciencia — come flecia d respetable 
vecino de Mount-Vemon — y nada enciwntro 'en los pe- 
riódicos alndidoá que jnstíñque tan atrevMu suposición. 

Los cargos que me hacen bajo el punto de vista reli- 
gioso, son primos hermanos de !os que, en e! énlen polí- 
tico, tuvo ábien enflilgarme desdelhienos Aires en 4875 
uno de mis mas iirtefigeirtes y querHtos itsdpulos, indig- 
nado y furioso como buen mucíhacho, á qnien he perdo- 
nado su diatriba, comprendiendo los móviles que la ins- . 
piraban, aunque bien pudo no Irafr par los cabellos y 
repetir inconscíentemetrtcla estúpida caftmnnia, inventa- 
da por algún imbécil, curado renuncié a! Consulado ge- 
neral que desempeñaba en Ihrenos Aires, por cansas que 
no juzgo oportuno recordar hoy, pero que no pueden ser 
mas honrosas para mi, «orno !e será, fácil cerciorarse á 
cualquiera que se tome el trabajo de hojear los periódi- 
<x)s independientes de la época. 

Y digo que no ha dejado rastro en mi ese ataque, por- 
que creo en conciencia que no lo merecía. 

Fundábase la filípica en los términos meliflum en que 
«staba concebida la renuncia que hice en 4 875 del cargo 
de Senador para que fui convocado, sin anatematizar de- 
bidamente 4 los usurpadores. 

Cosas del mundo y de la vida I Eran mis amigos perso- 
nales los miembros del C. L. que "por dos veces fueron á 
Santa Lucía en Comisión k pedirme que desistiera de mi 
propósito ¿ Necesitaba añadir al desatre el insulto desde 



— *a3 — 

que camplia con mi deber de ciudadano, negándome ter- 
minantemente á ingresar en paellas Cámaras y consig- 
nando en mi nota, con algunas salvedades requeridas, por 
la situación, los principios que siempre he profesado en 
materia de abstención política ? 

Sin duda aquel ilustrado compatriota, bajtr ef imperio 
délas (tolorosas ÍBpresibne^ que embargsd^ suáA&na 
ante el triste especiBoAo que ofrecía la f a tri a , n(f st sper- 
cidió que en momenfos de fiebre rerültacronarfa, wm fa 
siinpfe negatiTa St prestar su concurso sd nuero orden éo 
cosas, tan banal y dipbm&tica tomo se quiera, snefo i 
teces costao- cara á los que^tüenen él talot* chieor áe ftar 
ceriá. 

Por cons^*ente, puede, si gusta, contínuar eonsai^ 
Tsndo sin escrúpulo die conciencia en su memorra hs es* 
trofas a qao se refere (u vktnK dej: SÁCRiFicie r) KmftiiH 
dome por mi parle á trascribir el i\tmo párrafo de ni 
articulo, en corroboración de lo que digo en ta página 4 
sobre la increibte persistencia con que una tez huzaAM» 
se reproducen la necedad ó h csdumnia, apenas existe d 
menor pretesto para recordarlas. 

Unos por meliftuo y otros por erütiano me conde* 
nan á perpetuo süénciü. Ellos pueden decir ciatrto se les 
antoje ; pero cuidado que uadiv se atrera á opinar de di- 
verso modo ! 

«la prensa es Tibre, ef escritor esctarar 
Átenme esas dos moscas por el rabcrf » 

« Entre tanto, Dr. Magarifios, usted Jkhe qnsbrñr la li- 
ra con que cantó un día al diesihterés, S la sd^negadon, al 
sacrificio, olvidando las s^ientes estrofes que cosserfn 
gpiYadas en mi memoria^ j que no podrá repetir ya el I9h 
M# 4e Vd . ski sentirse abrasad fK>r et foege 4el 
Bienio.» 

Uf t cuántos ripios en tan pocos renglones t 



— 434 — 

VI 

Sr. D. Jacinto Albistar. 

Montevideo, Febrero U de 4879. 

Estimado amigo: 
Me habían puesto de buen humor algunos traviesos ite- 
nito$ que Y. conoce; ya había llenado hasta el gollete mi 
puntiagudo tintero de cuerno de búfalo, y tenía en la zar- 
pa, á guisa de báculo, no de m^icana, la pluma con que es- 
cribí las PLAGAS DE EGIPTO EN MADUID. 

Dispuesto á entonar un Tedeum en prosa y verso, en 
loor de aquellos idolatrados pichones, yo, inteliz ñacurur 
tú, no miraba ya al Cruzero, que crispa los nervios de al- 
gunos que piensan libremente, y contemplaba embelesado 
á la Osa mayor ó vieja y á los Perros de presa (4) entre Es- 
corpión y el Sagitario. 

«Por dos deshonestas feridas llagado ; » 
murmuraba entre dientes aquellos famosos versos del sa- 
bio Rey cantor de las Querellas : 

«A tí leal 

Cormano é amigo é firme vasallo 

Lo que á míos homes por cuita les callo, 

Entiendo decir plañendo mí mal: 

A ti que quitaste la tierra é cabdal 

Por las mías faciendas en Roma é allende: 

Mi péndola vuela, escúchala dende, 

Cá grita doliente con fabla mortal I» 
Sentía ya revolotear á mi alrededor las sombras burlo- 
nas de Figueroa, Quevedo, Rabelais, Faltaff, el cura de 



(I) Un maettrito fJroelt» lin oter en It intención, rectificó ette error astrottánU- 
co» que CGni|»rometÍft á IteieDci^ demoitraado que detila trattrte de k>t perrot de 
caá y Dode lot perroa depreaa» denominación que no ae encuentra en ningnai 
carta eatcliria. Aprofecfao la oportunidad para dar las gradai al moderno Newton. 



— 135 — 

Vallfogona, el insulano de la Barataría y otros buenos 
muchachos. 

Volaba la pluma sobre el papel, gritando doliente con 
fabla mortal, j trazaba á grandes rasgos con la grave se- 
riedad y compostura que el asunto eiíje» la escabrosa 
tesis relativa á la recta y genuina significación de las bie- 
naventuranzas, relacionadas con la violación escandalosa 
de los programas en los certámenes literarios, y por ende 
con el pecado bufando cometido por la Comisión de San 
José, según propalan malas lenguas; cuando recibí una 
carta y dentro de ella la notable poesia que le acompaño. 

Los elogios que tiene la bondad de dispensarme, arras- 
trado por sus simpatías, el joven y aventajado poeta, au- 
tor de las Notas de un himno, no serán parte para que 
por el temor de vulgares interpretaciones, deje de tribu- 
tarle el caloroso aplauso que merece. 

Corrección en el lenguaje, fluidez y galanura ea la ver- 
sificación, belleza escultural en la forma, valentía en las 
imágenes, profundidad en los conceptos, moralidad en el 
propósito, inspiración revelada por el sentimiento y la 
armonía del conjunto, nada le falta. Zorrilla de San Mar- 
tin es un poeta, y es tal porque se inspira en las grandes 
fuentes del idealismo cristiano: la inmortalidad, la fé, la 
esperanza, la caridad, verdaderos tesoros del linaje hu- 
mano. 

El ataque mas desleal é injusto, la crítica mas apasio- 
nada y acerba, qué valdrían para mi, en presencia de sen- 
timientos como los que expresa el Sr. Zorrilla? Sentir las 
imperceptibles palpitaciones de un alma solitaria, magni- 
ficadas por el timbre gigantesco de otras almas, resonar 
potentes y vibradoras en el espacio, y convertirse en un 
himno en la mente y en el corazón de los que amamos, 
es sin duda una de las grandes recompensas á que puede 
aspirar el escritor 6 el poeta. 



■mo á Vd. la jostieiá de crter q«e raalesqsmra qae 
sean sus opiniones religiosas , j salvo su devecdio de 
impugnar tos eoolrarias, ai lo eiñée oporl«BO« aprMtaido 
el mérito literario de la eompofticion que le enm, se ha 
de eom|dtcer ea darle publicidad en las cotomnas de £1 
Siflo. 

Sabe Vd. que en la prensa es de buena ley Irascribir io 
que se combate, para que las personas imparcíaies eetén 
en aptitud de juzgar, teniendo á la vista los propios tíérmn 
nos j conceptos del autor. El contendor leal ahdre el pa" 
Iraque & su adversario, y le da Inc y campo para que pdie. 
Knigín escritor verdaderamente liberal (y la Ubers^dad 
en esto como en todo, consiste en obras y no eo palabras) 
tnourre en el absurdo de querer hablar solo, ni m irrita 
cuando cundo otros, usando del mismo dere^io de que 
él usa y abusa á su ^bodrio, manifiestan con viril fra»- 
queflut I0 que sienten y creen. 

En b persuasión que Vd. opina del mismo modo, le 
agradeaoo de antemano el obsequio y me repito. 

Su affimo. amigo ~ A. M. €. 



vn 
A Hagariños Cervantes 

(Con motívo dt su eompoMicion mMiranáa al erusero 

I 

filmüuodo abandonó...^. Tre(^ el poeta 

ia escala de los eotes 

Pefaro de eatreUas saj^ó su frente, 
Y leyó, escrito en eaa nidda ardiente. 



Lo que el mundo «irvidá; (|M6J'«tt danelo 
Olvida á Dios la ciega criatura. 
Para cantar sa f^rhabay soa altant; 
Para escribir la nomltre fixkte «a eiela. 

lOhl bendita la boca que te úispiía 

Y bendita tu fé, bardo cristianol 
Tu lira a$tMMició.mi juwrta Unu 
Tus pasos seguiré...^ dam la judo. 

r 

Llévame donde {oble; 1^06* lejos; 
Donde aspire esa atnóefora (te .sotes. 
Donde sienta «o el aliuikft Feflejoe 
De esos lampos de eterMs arreboles. 

Yamos, poeta aníga. 

Quiero MtMTi contigo 
A arrebatar m «lu á las OMtelfau^ 
A descifrar del cielotlos arauK>s« 

Y á trasmitir, escrita con estrellas, 
La deeirioa del Cristo á h» bnmanoe. 

n 

He aqai la ijuMosidaá.... Canta* poeta.... 

Ya veo lo que tú: inne ^rdida 

De un astPQ.-efitffe lee aiflee deipeñado^ 

Se arraekraconfmdíde 
Nuestro globo infeibu DeaespeíAdo 

Por los espacios irqga 
En mar revuelto deiiedieiea niebla» 

Que lo abse^ f k> abqtga 

Y de criw» ybonorieii eefira;p«MMa. 

§ 

I Qué pequeño, poeta, qué erjgidlMe 
Arrastra su cortejo de miseria I 



— 138 — 

Cómo ahoga el horror de la materia 

Ese sello glorioso 
Que mtila en la frente de sos hijos; 
Esa cruz que, arrancada de los cielos, 
A esta raza raquítica y proterva 
Le legara la fé de sus abuelos I 

I Oh I déjalo rodar. Sin elDios-Hombret 

Sin su eterna doctrina, 

Sin culto en los altares, 
Al caos de las almas se encamina. 
Apagados sus santos luminares. 

Allí la sociedad rompe los lazos 

Que á su Creador la ligan; 
Ocupa su lugar la hiena atea, 

Y en la noche sin Dios de la conciencia, 
Apenas si un fulgor que llaman ciencia, 
Con fosfórica luz chisporrotea. 

Se estíngue alli el hogar, sin que en su torno 

Se alce el aroma de paternas preces; 

El hijo no está alli; la madre llora 

Y, en el mártir santuario de su alma. 

Esconde su dolor que la devora. 

La juventud, que al horizonte ardiente 

De eterna lumbre y pabellón de soles 

Debiera alzar la generosa frente. 

Inclina la cerviz desfallecida 

Cansada de buscar entre la muerte 

Esperanza y calor, aliento y vida. 

Y en pos de fuegos que en el aire forman 
Tibias fosforescencias é impalpables, 

Corre desatinada 



— 13» — 

A aspirar eo su aliento eavenenado 
Hielo* desilusión, miseria.... nada I 

Se apaga sa calor, sa ardiente anhelo, 
Con él, de nuestra patria la esperanza, 
Con ella, el porvenir de bienandanza. 
Con este, en el zenit la Inz del cielo. 
Reina por fin la noche de las almas.... 
Hela alli, sin creencias, sin altares. 
Sin tibia luz de santos laminares. 
Que el soporoso sueño de la duda 
Con rayos de una aurora revelada 
De los reprobos párpados sacuda. 

En todo confusión, crimen, locura, 
Torbellino de seres imposibles : 

Risas, llantos, gemidos. 
Que flotan confundidos, 
Sin que de Dios el sacrosanto yugo 
Separe de la victima al verdugo. 

Y entre locas palabras sin ideas. 
Cantos de libertad y tiranía. 
Prosigue en su vaivén desatinado 

Por la extensión vacia. 
El globo de su centro desgajado. 
En medio á ese revuelto torbellino. 
Oigo tu voz, poeta ; alzo la frente 

De ese abismo profundo, 
T en el cielo la cruz tiembla fulgente, 
Con los brazos abiertos sobre el mundo I 

El alma inunda su fulgor divino 
En albores de eternas esperanzas, 



E, inclinada la fceotet 
Presiente el conooa las birnaadanza»^ 
De un íatoro de fé resplandeciente. 
El tiempo lleprit,, poeta, aioígo, 
En que el monda^ doblada la rodiUa,. 
Llorará de la. eroi el torpe agravio. 

Y acatará su leia sm maicüa 
Trémulo elpecho^ balkwnente el labio 1. 

Alcemos entre tantos bardo amigo^ 
Los ojos al zenit; la cnuratüa; ' 
Tiembla de amor á nuestra dulce ianérícav. 
Aunque su luz parece que TacUa.^ 

Alcemos entre tanto, 
En son de acatamento j de plegaria 
Juntos, poeta, nuestro aturde caato.. 

La sociedad se agita descarriada 
«Acaso mas enfenna (^, «ilpadai»,> 
Tú cumplirás coa t» deber excelsa 
De cantar la doctrina del Calvario. 
Yo, seguiré tus bueUaSv 

Y aprenderé con ávido entusiasmo 
Los salmos que te dklen las estrellas. 

Juan Zmíi&líí n 9Am Héibtuc. 

13 de Febrero de 18TO. 

é. 

Yin 

A la notable poesía ({ne uaba de leerse» ^igpiÁ !« qne 
voy á transciibir, tasihieaea su Unaa de ua jp4dto sobre- 
saliente, como son en general los versos del laureado poe- 
h de PAN Y LÁGRIMAS, áqiiien. mas denaa vo^ elfveblo 



— 1M — 

ha victoreada 'Mtrwadossafteote, eoim fo hizo en la Flo- 
rida al pié del moonneiMo de la IndepcfDdentía. 

Stat cmx dam volHtiir niiiis. <i) 

« lovade negra noche las conciencias 
« Contra la ley divina rebeladas» 
« Y do quiera la fuerza, el odio, el crimen, 
«Con sus horrores á la tierra espantan.» 

Cumple que el bardo que en la Té se inspira» 
Ko clam^ á solas en su tienda aislada, 
Ki en ioTecundo fatalismo fie 
A un destino inmutable su esperanza: 

Férvido arranque la mohosa lira. 
Que acaso él polvo del olvido guarda; 

Y en altas notas que á las almas lleguen. 
Rompa su pensamiento en su palabra: 

Que si está escrito que la idea venza. 
Es necesario que su fuefza expanda, 

Y que apartada del secreto asilo, 
El sol reñeje en sus brillantes alas! 

« Creo en tí, Dios 1 » el pensamiento sea 
Que haga vibrar en nuestra mano el arpa : 
« Creo en tí. Dios, » que omnipotente y bueno 
Diste en la cruz tu vida sacrosanta I 

Si el hombre S quien cegó la idolatría 
Dio por goce á su numen la venganza ; 



(I) Dedicadi il Dr. D. A* M. C. con motivo de su bellt composición Mirando 
d Crucero* 



— U2 — 

Un Dios que sufre por amor del hombre, 
Sella con sangre la verdad cristiana. 

Sufrir y amar I Sacrificarse un Kúrneq 
Por damos con su muerte una enseñanza 
Es el misterio que mejor comprende, 
Si concibe á su Dios, la mente humana I 

Todo el saber que la ilusión nos miente, 
Todo el poder de la razón cegada. 
No alcanzan á la fuerza persuasiva - 
De una gota de sangre ó de una lágrima. 

Y si hoj parece que la Cruz vacila 
Combatida do quier por la borrasca, 
La oscilación que á nuestros ojos finge 
Es vano error de la flaqueza humana. 

( Asi el cuitado cuya planta tiembla 
T á quien el zumo de la vid embriaga, 
Imagina las moles de granito 
Girando ante su estúpida mirada. ) 

Nó, no vacila : temblará la tierra 
Por los hondos volcanes desgarrada, 
T el mar furente romperá sus diques 
Arrastrando palacios y cabanas ; 

Pero, en las nubes de menudo polvo. 
Entre las llamas del volcan que estalla. 
Sobre la espuma de las altas ondas, 
Contra el torrente de hervidora lava. 



— 143 ~ 

Etenia ensena de una eterna vida, 
Sobre su pedestal de sangre santa. 
Para mostramos los abiertos brazos 
La croz de Cristo ha de quedar alzada t 

II 

Como el suicida que á las ondas corre 
Sus joyas siembra en la desierta playa, 
Al lanzarse al abismo de la duda 
Deja el hombre, en los bordes, su esperanza. 

Yoces de maldición lleva en el labio, 
Sombra luctuosa le circunda el alma; 

Y si hay un corazón bajo su pecho. 
En vano pide al corazón que lata. 

En nombre de una ciencia fementida 
Que es acaso el disfraz de su ignorancia, 
Por lanzar al Eterno de su trono. 
El alma Ubre cambiará en esclava; 

Sondará los arcanos de la tierra. 
Levantará á los cielos su mirada, 
O buscará el secreto de la vida 
Llevando al alambique sus entrañas. 

Y la luz del relámpago que brilla, 

Y el trueno que retumba en lontananza, 

Y el aura que susurra entre las flores 

Y la brisa que gime en la espadaña, 

Cruzarán, ante él, como la sombra 
De blanca nube que ligera pasa. 



~ 444 — 

Y que le ocolu.d disro de la lana^ 

Sin que alcaoceii vtbn»lmibm pidida; 

4( Dentro del oobersev loio eiiele » 

TaWez le grita su razón insana: 

« No hay lugar para un Dios fuera del orbe : 

La nada es itaisioaó todo es nada! » 

Y mientras, harte de savane orgullo, 
Taa solo admite le que el brazo abarca. 
En esa inmensidad que llama espacio 
La nada misma az(Mar& sa cara. 

En su afán de sondar, eowo el trapero 
Que busca en la inmundicia su ganancia^ 

Revolverá la escoria de los siglos 
Para buscar éntrela escoria, so alma. 

Dará, á su arbitrio, un génesis al mundo, 
Cuya existencia qoedará librada 
Al ciego azar que al átomo dirige, 
Al Ígneo Dios, ó á las fecundas aguas. 

Y si el poder de su razón vadla 

En medio de las ondas encontradas. 
Levantará sus templos á la Duda 

Y torpe incienso quemará en sus aras. 

Astro, diamante ó flor: verá do quiera 
En férreo yugo la materia esclava. 
Sin que el rayo de luz — el hombre es libre — 
Rompa las sombras que en su mente guarda ! 



— 145 — 

III 

En tanto el globo seguirá en su rata» 
Como el forzado sa cadena arrastra, 

Y en medio á un laberinto sin salida 
Vagará la razón desamparada. 

Y cnando el suelo, de inocente sangre 
Un rio haya bebido en sus entrañas, 
Que con el llanto del dolor fecunde 
El pan que al mundo nutrirá mañana; 

Hallará el hombre que su ciencia toda. 
Todo el poder de su razón menguada. 
No alcanzan á la fuerza persuasiva 
De una gota de sangre ó de una lágrima. 

Entonces como el triste que en las olas 
Busca, al hundirse, salvadora tabla; 
■ Hincando sobre el polvo la rodilla 
La fé perdida llamará con ansia. 

Y ya en la falda del volcan dormido, 

O entre los rizos de las ondas mansas; 
Ora la vea en el pagizo albergue, 
O ya en las aras de bruñida plata; 

Enseña eterna de una eterna vida 
Sobre su pedestal de sangre santa. 
La cruz de Cristo le abrirá los brazos 
Para brindarle con la paz del alma. 

( Un cristiano ) Aurelio Berro. 

Montevideo, Febrero 16 de 1879. 

10 



~ 446 — 



IX 



Por último, el seSor Albístnr publicó en El Siglo las si- 
guientes preciosas octavillas, que también le ralieron al- 
gunas indirectas pocí> agradables, y le obligaron á borro- 
near unas cuantas rectificaciones en sus Revistas de la 
^ensa. Nuestro amigo, que ha sido diplomático, pretende 
que no ha soltado prenda. El lector juzgará. 

A Jesús 

Si tu eres Dios, te adoro : 
si eres Hombre, te admiro : 
cuando en la Cruz te miro, 
me postro ante la Cruz. 
Levanto la cabeza 
y veo en tu agonía 
brillar del nuevo dia 
la bienhechora luz. 

Hijo del hombre, siempre 
te llama la Escritura. 
Humana criatura, 
¿ Serás hijo de Dios ? 
—Yo inclino mi cabeza 
ante el arcano inmensa: 
pero te estudio, y pienso 
que como Tú, no hay dos. 

¿ Cuál hombre te ha igualado ? 

¿ Quien como Tú ha sabido, , 

no el mal dar al olvido, ^ j 

pagar con bien el mal ? 



^ U7 — 

¿Quién, sobre el cieno impuro 
de Roma la pagana, 
brotar hizo lozana 
la virtud inmortal ? 

/ Perdón I díeea tus labios : 
¡Amor I se lee ein tos ojos ; 
y mieatras tus despojos 
palpitan de dolor. 
Tu Espíritu, venciendo 
del cuerpo la tortura, 
/ Perdónalos I murmura, 
í Perdónalos, Señor I 

JBsus ! tu dulce nombre 
es de virtud emblema : 
tu vida es el' poema 
de nuestra redención. 
Pasando irán los siglos 
y siempre tu doctrina 
será la luz divina 
que alumbre el corazón. 

Si tú eres Dios, te adoro ; 
si eres hombre, te admiro : 
cuando en la Cruz te mirg, 
me postro ante la Cruz. 
Levanto la cabeza, 
y veo en tu agonía 
brillar del nuevo dia 
la bienhechora luz. 

/. AlbisPur. 



— U8 — 



La poesía religiosa 

Dos periódicos, La Razón j Vitalia Nueva, se ocupan 
del nuevo palenque en que ha empezado h agitarse el sen- 
timiento religioso. Van apareciendo los poetas que tribu- 
tan culto á lo pasado, á las tradiciones, á los recuerdos. 
La circunstancia de hallarse al frente de la redacción del 
Bien Publicó un gran poeta, ha abierto camino á esta 
evolución. 

Habia escrito un poeta oriental justamente celebrado, 
unos versos, mirando al Crucero. No lo miraba para ha- 
cer observaciones astronómicas. Lo miraba con la fé del 
cristiano, y parecíale ver en aquella constelación, la Cruz 
en que murió el Cristo, formada de pabellón de soles, que 
tendia sus brazos al mundo estraviado. 

Parece que en aquellos momentos se hallaba ei poeta 
poseído por la inspiración cristiana.— Tal vez nace en él 
de profundas y arraigadas convicciones. Tal vez su alto 
numen se despierta siempre que hay en juego una gran 
idea ó un poderoso sentimiento. Tal vez es como Zorrilla 
(el español, no el oriental) que dice ; 

«Porque yo, bardo errante, cosmopolita, 
canto al par en el templo que en la mezquita.» 

Sea como quiera, el Dr. Magariños cantó la Cruz, sím- 
bolo de la Religión Cristiana; y por óierto que le ocurrió 
la no muy feliz idea de enviar su poesía a una conferencia 
literaria, en que se habia acordado eliminar los temas re- 
ligiosos. 

La poesía «Mirando al Crucero» ha despertado el entu- 
siasmo de otros dos poetas: católico ferviente el uno, cris- 
tiano á secas el otro. 






— U9 — 

Y en vista de esta explosión de fé, el redactor de El 5t* 
glOf qae también emborrona papel algunas veces escri- 
biendo renglones desiguales, ha salido con otra poesia Á 
Jesús, en la que sin soltar prenda respecto del punto capi- 
tal, que es la naturaleza divina del fundador del cristianis- 
mo, tributa homenaje á su elevadísimo carácter moral, y 
dice sencillamente: 

«Si tú eres Dios, te adoro; 
si eres hombre, te admiro.» 

£ste es el estado de la cuestión religiosa en la esfera de 
la poesia. 

Yale la pena de que emitamos sobre este asunto algunas 
ideas, que están sustancialmente conformes con las emiti- 
das por La Razón y Vitalia Nuova. 

Hay poetas que solo encuentran alimento á su inspira- 
ción en los tiempos que pasaron. — A ese grupo, que es 
muy numeroso, pertenecen los Zorrillas, español y orien- 
tal. El primero ha cantado todas las ruinas de EspaSa.— 
No hay castillo feudal, no hay torreón ni almena gótica que 
no haya arrancado un canto á su lira.— leyendas, tradi- 
ciones, concejas populares, este es el arsenal en que ha 
encontrado abundantísimos materiales por su poderosa 
inspiración. 

El Dr. Zorrilla de acá ya lo vemos— Está enamorado 

del ideal de un tiempo que pasó— No hay para él esperan- 
za en el porvenir, sino á condición de que el porvenir sea 
la reproducción exacta de lo pasado. Quiere que se arrai- 
gue la libertad en la América independiente, pero á con- 
dición de que la sociedad se funda en el mismo molde 
que la sociedad colonial — Arriba, los Ministros de la 
Iglesia : la influencia omnipotente del catolicismo : abajo, 
el pueblo católico, sumiso á los preceptos de la Iglesia, 
que si cede con frecuencia al influjo de sus pasiones, res- 



— 45© — 

cola estas calpas, postrándose al pié del coitfssoiarfo y 
tomando parte en las poco edificantes oeretHOaias y pror 
cesiones con qae se conserva la pompa del culto extemoi 
ya que el espirita religioso está en visible deeadenda. 

Las siniestras profecías respecta del rumbo qne sigúela 
sodedad moderna se acentúan notablemente en las poesías 
del Dr. Zorrilla y de Un cristiano.— Lsl sociedad ra des- 
carriada, camina hacía el precipicio, no hay para ella sal- 
vación sino vuelve sobre sus pasos, para recorrer de nue- 
▼0 el ya trillado camino: ese camino que después de todo 
nos ha conducido al puerto en que hoy nos encoBtramo§. 

Estos son los poetas del pasado. 

¿ Dónde están los poetas del porvenir ? 

No pueden faltar: no han de hacerse esperar. Los poe- 
tas del porvenir son Espronceda, ideando en EL Biablo 
Mundo el vastísimo plan de la historia del hombre en la 
tierra: son el cubano Heredia, cantor de la libertad: soa 
los que en todas partes se sienten animados por la fé ra 
los aHos destinos de la humanidad, y tienen el presenti- 
miento de lo futuro y son bastante grandes para no temer 
que el mondo se desmorone porque se prepara una nueva 
evolución en la sociedad. 

Son los que tienen la cabeza bastante ñrme para no 
sentir los vértigos al elevarse á las alturas para dominar 
las miserias del momento presente: son los que no miden 
las evoluciones del mundo moral con la mezqpiína medida 
con que se mide el tiempo que dura una generación: son 
los que miran adelante, siempre adelante, buscando la 
tierra prometida, y firmemente persuadidos de que existe 
y de que al fin hemos de llegar á ella. 

I Los poetas del porvenir I una desusmas alttas pei^so^ 
nificaciones es Víctor Hugo, viejo de cuerpo, pero jóvefi 
por sa espíritu vigoroso, por el poder de su gigante fants- 
sía, por su fé inquebrantable en el porvenir. 



Cantefi 6l pasado los que solo sabea Tívir ée recoeréos 
Taños y de lameataeíones estériles; j Tengaa ¿ la arena los 
qae tengan fé en Dios y en el hombre, los que creen en el 
progreso y en el perfeccionamiento de la criatura, los que 
DO entienden que estamos condenados á recorrer siempre 
d mismo camino y k dar Tueltas al rededor de los misutios 
objetos, tropezando en los mismos escollos, cometiendo 
los mismos errores, victimas de las mismas engañadoras 
ilusiones. 

{El Siglo) 

XI 

Un poeta cristiano 

Magariños Cervantes, el poeta que sintió arder sus ho- 
ras de juventud en el fuego de generosos transportes, hoy 
arranca á las estrellas sus fulgores para vertirlos en ins- 
piradas meditaciones. 

Al par que nuestro mundo se agita en el caos de las 
ideas sin Dios y sin altares, mientras en la noche de la 
conciencia dibuja seres disparatados la fosforescencia de 
una razón proterva; mientras los apetitos, y el orgullo y 
las miserias, proyectan sombras aun en el fondo de la 
misma sombra; al par que el Cristo, hijo de Dios, es ol- 
vidado por muchos, tiembla radiante en nuestro cénit, 
chispea sobre nuestras cabezas la brillante constelación 
del Sur y extiende sus brazos de luz sobre nuestro mundo. 

El poeta cumplió su deber: alzó los ojos al cielo y vio la 
cruz; bebió en ella la inspiración y la derramó por las 
cumbres del mundo como un raudal de luz que brota en- 
tre el fondo de un abismo. 

Allí recordó al Cristo y leyó su poema de amor y de 



— 152 — 

lágrimas, escrito en pabellón de soles; allí adivinó ese 
mando intangible de la inmortalidad, y aspiró las auras 
que rodean el signo sagrado de nuestra redención y llevan 
en su regazo la fuente de las eternas esperanzas. 

I Bien por el poeta cristiano I Quiera Dios que la inspi- 
rada meditación de nuestro bardo sacuda de su inercia á 
los creyentes, arroje la luz sobre la frente de los incrédu- 
los y haga alzar á todos los ojos á esa cruz de estrellas que, 
con los brazos abiertos, protejo desde el cénit los destinos 
de nuestra América. 

La literatura ha invadido las columnas destinadas á lo 
que La Tribuna llama redacción política en nuestros esti- 
mables colegas 

La composición del Dr. M. C. ha sido la ocasión de todo 
eso, y la poca tolerancia de los que mas blasonan de tole- 
rantes, su causa. 

Después de haber dado cabida á las composiciones 
que la del Dr. Magariños provocó, El Siglo, siguiendo en 
su navegación la estela de La Razón y Vitalia Nnova, 
pretende establecer un paralelo entre la poesía que se ins- 
pira en el pasado y la poesía del porvenir. 

Confesemos que el nombre suena á estruendo tanto casi 
como la música de Wagner. 

El Siglo no dice que «los poetas del pasado» no son 
poetas; pero les reprocha que «solo saben vivir de recuer- 
dos vanos y de lamentaciones estériles.» El molde de la 
inspiración para los «poetas del porvenir» lo encuentra El 
Siglo en Espronceda, en Heredia y Víctor Hugo: gente to- 
da que canta el progreso y tiene fé en Dios y en el hombre. 

Si El Siglo no juega ahí con sus lectores, es que juega 
consigo mismo. Dar á entender que Espronceda, el autor 
del Pelayo, el de la canción A la Patria y del Diablo Mun- 



— 153 — 

do, tiene una gran fé en Dios y en el hombre y no se inspi- 
ra en el p^ado, eso puede ocnrrirsele solamente á El Si- 
glo. La canción A la Patria se confunde con una nota de 
los Trenos, y como estos, si mira á lo futuro, precisamente 
lo mira por el prisma de lo pasado. El Diablo Mundo, sí 
es una obra de fé en Dios y en el hombre, confesemos que 
no lo parece, y que el poeta era maestro en el arte del di- 
simulo. Víctor Hugo brilla en la leyenda, como brilló Hei- 
ne, como brilló Becquer, como ha venido brillando Zorri- 
lla. ¿De donde, pues, arranca la línea divisoria que El 
Siglo trata, esa línea que deja á Zorrilla entre «los poetas 
del pasado» y coloca á Víctor Hugo y á Espronceda entre 
los «poetas de) porvenir»? 

De ninguna parte; por que jamás ha habido verdaderos 
poetas que no canten el pasado, como jamás los hubo que 
templaran la cítara para cantar exclusivamente lo porve- 
nir. Si hubo «poetas del porvenir,» fuéronlo por necesi- 
dad los Profetas del antiguo testamento; pero esos tenían 
siempre puestos sus ojos en el pasado, y no hay uno si- 
quiera que no dé vida á sus estrofas con esos recuerdos que 
El Siglo llama vanos, y que no se entregara a esas lamen- 
taciones que él juzga estériles. 

Becquer mismo, poeta que sin duda adscribe El Siglo 
á la falanje del porvenir, al enumerar las fuentes de la 
poesía en la composicíon: 

No digáis que agotado su tesoro 
De asuntos falta enmudeció la lira, 
cuenta entre esas fuentes, las lamentaciones y los recuer- 
dos. 

Dice; 

Mientras se llore sin que el llanto acuda 
A nublar la pupila; 



— 134 — 

Mientras haya esperanzas y recuerdos 
Habrá poesía. 
BZ Siglo, pues, queriendo desvirtuar la inspiración de 
los poetas que acaban de cantar la Cruz, no ha consegui- 
do sino calumniar al arte divino de la poesía y al corazón 
humano fuente de ese arte, tesoro inagotable de recuer- 
dos, lira que tiene cuerdas para todos los dolores, sin te- 
nerlas igualmente para todas las esperanzas. 

(El Bien Público.) 

XII 

Desearla, en testimonio de agradecimiento, cerrar este 
capítulo con alguno de los muchos artículos que escribió 
La Razón, pero no los tengo á mano. Encuentro entre 
mis recortes uno, que no versa precisamente sobre el tó- 
pico en discusión. En cambio puede servir de respuesta 
indirecta á ciertas inculpaciones sobre labor estéril, creen- 
cias antidiluvianas, ideales muertos etc. etc. Vayase, pues, 
lo uno por lo otro. 



♦ * 



Después de quince anos de incesante tarea, el Dr. Ma- 
^riños deja el aula de Derecho Natural é Internacional en 
que se ha educado toda esa juventud que descuella hoy 
en la literatura y el foro. 

La Universidad pierde en él á uno de sus mas asiduos y 
competentes obreros. El Dr. M. C. no era simplemente un 
ilustrado catedrático ; estaba identificado con la institu- 
ción de que formaba parle, y contribuyó eficaz y podero- 
samente á todas las conquistas realizadas ; á todos los 
progresos alcanzados aun en medio de las épocas mas 
tristes para la patria. 

No fué el Dr. M. C. uno de esos catedráticos que encer- 



— ♦53» — 

rados en la ratina de lo qae en otro tiempo aprendieron, 
se muestran reacios á toda innoTaeion. Lejos de eso, él 
sapo aprovechar siempre todos los adelantos realizados 
en esa ciencia internacional qae tan graves caestiones 
eMama, y qm él resolvió con arreglo á los prindpios mas 

Sa facil^ palabra» sa elegante esposicion de doctrtfiias 
apficáadolíis siempre á los hechos de actualidad, hacían 
de sa aala un punto de reunión en qae do solo se adqn* 
rian conocimientos de la materia, sino otros machos que 
cA 9r. Ml G. ligaba en sus.ajnenas disertadoues. 

Com^^ndemos y respttsünos las cansas qoe determinan 
la separación del Dr. MviC: del poesto qae por largos años 
desempeñó, pero depletanos su separation, porque din- 
cilmente se llenará el vacio que deja. 

Gomo tmico premio por sus desvelos en pro de la edu- 
cadon, lleva el Dr. M. C. el cariño y respeto de la juventud) 
que él educó. Modesta es la corona, pero valiosa para los 
que como élbicieroa de su misión un apostolado. 

Creemos interpretar el sentimiento general de nuestros 
amigos al proponer á la juventud su adhesión el pensa- 
miento de testimoniar al esclarecido poeta, al ilustrado ca- 
tedrático y al excelente amigo, sus simpatías en la forma 
que se considere mas oportuna, adelantándonos nosotros 
á indicar la presentación de un álbum con las fírmas de 
todos los que fueron sus discípulos. 

Hé aquí ahora la renuncia presentada, y los justicieros 
conceptos con que el Consejo acompaña la aceptación. — 

(La Razón). 

Suprimimos los documentos que transcribe^ en seguñla 
el periódico citado, porque el lector los encontrará en el 
súnero ó capitulo destinado á Mi despedida de la Unwer- 



— 156 — 

- 20 - 

La roca de Sisifo 

Decia FoQtenelle que sí tuviese la mano lleoa de verda- 
des se guardaría muy bien de abrirla, y que si le acusaban 
de haberse embolsicado las torres de Nuestra SeBora, sin 
tratar de justificarse, empezaría por echar á correr y po- 
nerse á buen recaudo. 

Con el primer apotegma quería significar sin duda la 
manera poco halagadora con que suelen gratificar, no la 
humanidad sino los contempofáneos , contrariados y 
ofendidos por esas verdadesy ■- al ;||ae tiene la candidez de 
propagarlas, diciendo en altaiYOZ lo que todos piensan en 
secreto. 

En cuanto al segundo punto, es todavía mas claro. Sí se 
trata de deprimir á los que levantan una línea su cabeza 
sobre el nivel común, no hay imputación, no hay calum- 
nia, no hay absurdo, por estravagantes que sean, que no 
encuentren eco en los que necesitan rebajarlos hasta su 
talla para valer algo. 

De todo se hace arma con tal de hundir á los que son 
hostiles ó desafectos, y la natural tendencia de creernos 
mas sabios, mas rectos y superiores á los demás, cuando 
no la perversidad ó la estupidez humana, facilitan la ta- 
rea de una manera asombrosa. 

I Lástima grande que en vez de apreciaciones que cada 
uno es libre de hacer según el alcance de su criterio, de 
generalidades que nadie puede levantar, sin ponerse en 
ridiculo, y de aleves y cobardes reticencias que escapan á 
la acción de los tribunales, no se atrevan á imputar en tér- 
minos claros é intergiversables, cuya responsabilidad no 
sea posible luego eludir, un hecho concreto, UNO SOLO 



— f 67 — 

que importe un delito I Entonces aprenderían como se 
marca en la frente para toda la TÍda con el hierro canden- 
te de la ley á los calumniadores. 

Entretanto se invierten los papeles, y los oficíales de 
media cuchara que sin disputa tienen aptitudes para lle- 
gar á la obra príma, pero que todavía andan por la foto- 
esfera de la argamaza, quieren dar lecciones á los maes- 
tros alarifes. 

Lo que la sabiduría de los siglos' ha sancionado, lo que 
la esperiencia de la historia confirma, lo que ensenan las 
leyes económicas, políticas y sociales, lo que entrañan de 
grande y sublime las pasiones y sentimientos humanos, 
todo eso, aplicado á la cuestión en litigio, es para ellos 
vanas teorías, efectos teatrales, declamaciones calentu- 
rientas, quijotadas ridiculas, visiones poéticas y música 
celestial. 

Sentimos, deveras, que la oportunidad no sea la mas 
aparente para entrar en el sabroso ambigú á que se nos 
invita, porque cuando se juega la suerte y el porvenir de 
la patria, y en los dias que la cristiandad rememora la pa- 
sión y muerte del Redentor del mundo, descolgarse con 
bromas y chicoleos, por mas que en honor á la verdad 
no carezcan de chiste é intención, mas bien qae empresa 
digna de escritores serios, parece inspiración del famoso 
autor de Glotaldo il goloso, ó la estatua del Tirimbum- 
bao, ó el hombre invenenaOy citado por El Siglo en un 
caso análogo. 

El chiste y la intención de los cargos que mas de una 
vez nos han hecho personalmente, (4 ) y qtie hoy tenemos 

(I } En el tomo 6.* de la Biblioteca Americana pag. f93 ic registra It siguiente 
nota de una ruidosa polémica que sostuvimos en Buenos Aires en 1839.— t Es un 
lieclio tisiológico cpie no admite controTersia, que los dementes llaman locos á los 
cnerdos. Taya el D. José M. á cualquier casa de orates, y si le dejan salir, me con- 
tará luego si es cierto ó no lo que le digo.» 



— 4o6 — 

d honor de canparür con los amígo$ de la paz; cargos que 
DO 6on jm&?0a, porque nada bay.noeyo ^ebjüo 4el Sol--el 
hombre no puede destruir oa solo átomo ni crear una sola 
imagen— consisten jusitamente en concedemos, pensando 
hwnillarnos, los atributos que mas enchoblecea ¿ nuestra 
especie, y que guardan únicamente para si y para los su- 
yos nuestros contrincaiiftes. 

Ah maestros! naos habéis apercibido que al colocamos 
en la categoría de los sonadores, de los poetas, de los lo- 
cas, de los visionarios, de los tránsfugas ( del mal, del 
error y de la mentira ) nos habéis levantado hasta las 
cumbres del ideal, nos habéis exhibido al pueblo como 
humildes pero decididos* soldados de lafalauje sagrada que 
lleva en su frente la antorcha del genio, en una mano el 
lábaro del progreso y de la libertad, y con la otra empuja 
una y mil veces, sin desmayar, eternamente, la roca de 
Sisifo, símbolo de nuestra redención, ala montaña inacce- 
sible que la ve rodar por sus escarpados declives, en el 
momento que parece ya próxima á la cima? 

Por eso lloramos con Job, que interroga á Dios sobre su 
horrible muladar con acento que repiten los siglos. En las 
borrascas del corazón y la mente comprendemos el eclipse 
de la razón del Tasso; la sublime visión del infinito, que 
deslumhró la imaginación tilica de Giordano Bruno, nos 
daría fuerzas para soportar la hoguera; Cesar Díaz y sus 
inmortales compañeros sacrificadas con alevosa felonía, 
nos enseñan que el martirio es prenda de triunfo para una 
causa perdida, por la cual en vez de verter sangre inocen- 
te, se muere con la arrogancia espartana y la religiosa re- 
signación de Tajes, Caballero, Abella Espinosa y tantos 
ignorados héroes, diezmados desde el Paso de Quinteros 
hasta la falda del Cerríto I 

D. Quijote no es lo que el vulgo cree: es el campeón de 



— 159 — 

los oprimidos, el enemigo de la iojosticiay de Ut iniquidad; 
es la personificación de los nobles instintos que pueden 
Ueyar hasta la demencia» en lucha con las tristes realdades 
de la vida, con el egoísmo desenfrenado y bestial, y la cí- 
nica cobardía de Sancho Panza ó Faltaff. 

Queda en último término y á guisa de último recurso, 
como los espantajos de las cajas de resorte con que se 
asusta á los niños, la figura sombría de Judas, horrible, 
repelente, en el instante que vende por treinta dineros á 
su divino maestro; pero conmoyedora» llena de fecunda y 
dolorosa enseñanza, cuando vuelve los ojos al cielo, arra- 
sados con las lágrimas del arrepentimiento, y compren- 
diendo la enormidad de su crimen, ofrece á Dios su vida 
en holocausto y cspiacion. 

Mucho se ha disputado entre los teólogos si Judas arre- 
batándose la existencia y dudando de la misericordia di- 
vina, alcanzó la remisión de sus pecados; pero la Iglesia 
de acuerdo con la filosofía, enseña que por mas bajo que 
caiga el hombre puede volver á elevarse á la altura de 
donde cayó, porque existe en él un principio de origen di- 
vino — la conciencia — que con su propio esfuerzo, ó con 
el auxilio ageno, puede traerle al sendero del bien y puri- 
ficarle en el crisol del arrepentimiento. 

Sentiríamos que se diese una interpretación maliciosa 
y que está muy lejos de nuestro ánimo, candoroso como 
palomo sin hiél, á los conceptos que acaban de leerse, y 
lamentaríamos profundamente que se sacasen deducciones 
ofensivas con la lógica á la moda, calificada de tirabuzón 
porD. Dermidio De-María. 

Ya hemos convenido que estas son vanas teorías, efec- 
tos teatrales, declamaciones calenturientas, quijotadas ri- 
diculas etc., etc. 

No creemos, pues, que haya motivo para atufarse: pero- 



— 460 — 

si alguno se encocora, está en su perfecto derecho, y puede 
decir ó hacer lo que se le antoje, seguro de que le devol- 
yeremos el cambio en moneda de buena ley. 

Hace dos meses desde la reunión del 7 de Febrero, es- 
tamos oyendos impasibles como se ataca á las personas 
serias y por muchos títulos respetables que concurrieron 
á aquella reunión. Nos parece justo que también nos dejen 
hablar, y nos oigan á su Tez. 

Nos ayisa el Regente que hoy con los dias de fiesta trans- 
curridos, se ha aglomerado mucho original, y soltamos 
aqui la pluma, dejando al pié de la montaña la roca mito- 
lógica. 

Tal vez si quisieran oirnos hasta el fin los disidentes 
tirios (y también los troyanos) en vez de apostrofar á Jú- 
piter (el del Fuerte) con la sana de Aquiles, y cuando les 
hablamos de paz, taparse el rostro espeluznados como si 
se tratase de la abominación de la desolación en el templo 
(calle del Cerrito; ) quizá en vez de perder el tiempo pre- 
dicando en desierto, les parecería mas razonable y patrió- 
tico, ya que no ayudar, dejar maniobrar pacificamente á 
los pobres locos y visionarios, que á pesar del sentimiento 
de su debilidad, y conociendo la chupandina que esto 
deja, se empeñan todavía gratis et amore en llevar la roca 
hasta la cumbre. 

A. M. C. 

Hasta el próximo numero. 

1872. 



— 161 — 

- 21 - 

Ómnibus. 

¿A protesto que no profesa determinadas creencias religiosas 
puede alguno negarse á jurar, cuando la ley exge el jura- 
mento previo? 

Sr. Juez L. pel Crimen de la 2.' Sección , actuando por el 

de la 4 .'^ 

£1 fiscal evacuando la vista conferida, dice: que no ha- 
biendo D. Leoncio Yaro dado razón derecha para no cum- 
plir con el requisito del juramento proscripto por el arti- 
culo 150 de la Constitución del Estado, en el acto de entrar 
¿ejercer las funciones de jurado, semejante proceder ante 
el Tribunal donde ese acto debió tener lugar, importa un 
desacato punible* 

Si á pesar de lo que estatuye el art. S."" de nuestro códi- 
go político, la tolerancia de cultos que se observa en el 
pais y que parece aconsejar la civilización del siglo en que 
vivimos, puede ser una disculpa para que cualquier ciuda- 
dano se crea autorizado para no profesar la religión Católi- 
ca, jamás podrá emanciparle de las Leyes que prescriben 
el juramento en ciertos y determinados casos, mientras 
no sean abolidas ó reformadas estas. 

El juramento, Sr Juez, no es otra cosa, como Y. S. sabe, 
que un acto solemne por el cual se toma por testigo al Ser 
Supremo de la verdad de lo que se afirma ó niega; y el 
que DO sea católico, si no quiere jurar por los Evanjelios, 
puede hacerlo por los objetos de su culto, invocando á 
Jehová, á Álaquivir, al Koran, á Osíris, al Gran Arquitec- 
to del Universo, al Dios ó Dioses de su religión, y aán el 
ateísta está obligado á hacerlo por aquello á que le obliga 
el juramento, según sus opiniones, con arreglo á lo dis- 

11 



— 462 — 

puesto en las leyes de los títulos 11 y 16 de la Partida 3.* 
y doctrinas de los mas acreditados espositores del de- 
recho. 

Por consiguiente, el proceder desarreglado del Sr. Yaro 
aunque se titula, racionalista (como si no le bastase ser ra- 
cional) no queda justificado por la frivola causa que in- 
voca, puesto que mas bien que un efecto de respetables 
escrúpulos de conciencia, parece un pretest^ para exho- 
nerarse de los deberes que impone el cargo de jurado. 

Desgraciadamente en el estado social, si es lícito y per- 
mitido renunciar á los beneficios y á los derechos, no 
sucede lo mismo con las cargas y obligaciones. 

D. Leoncio Yaro, puede si le place (y lo elijen) renun- 
ciar modestamente á la Presidencia de la República, á los 
Ministerios, (1) á la Representación nacional, alas mas 
altas como humildes posiciones del Estado, en que para 
desempeñarlas es necesario el juramento, según el articu- 
lo 150 citado; pero no puede negar a la Patria, sin causa 
legal y justificada, otros servicios gratuitos y honoríficos 
que le exige en su calidad de ciudadano, como por ejem- 
plo el de jurado y guardia nacional. 

Si así no fuese, con la misma original escusa con que 
hoy se niega á jurar el Sr. Yaro por los evangelios por no 
creer en los dogmas que ellos prescriben; mañana para 
verse libre del servicio de la Guardia Nacional alegaría que 
profesa la religión deBráhma, cuya perfección consiste en 
la abstracción del mundo material y en h contemplación 
perpetua, en una misma postura, de la substancia infinita; 
ó que opina como Proudhon, que siendo el hombre ingo- 

( I ) Doce anos detpues, la instable rueda de los sucesos liumanos, que encum- 
bra y abate i los hombres i su capricho^ convirtió en realidad el inocente epigrama 
del Fiscal, que Irritó sobremanera al aludido.— Este toro tnncA entrada al olimpo 
gubernativo, y es de suponerse que como Ministro Secretario de Estado prestarla 
entóneos sin dificultad el Juramento requerido por el art. 150 de la constitución. 



— 463 — 

bernable por sa nataraleza, todo el que ponga sobre él la 
mano para forzarle á hacer lo que no quiere, es un tirano 
y un usurpador, y que no está obligado aquel á ejecutar 
sus mandatos. 

La fuerza de estas obsenraciones sube de punto, si se 
considera que perteneciendo el Sr. D. Leoncio al gremio 
de la Iglesia Católica, no constando, al menos pública- 
mente, que se haya separado de ella hasta ahora, su desco- 
mednniento respecto de los dogmas sagrados de nuestra 
religión importa una blasfemia que la ley 2, tit i, lib. 8, 
R, C, castiga con penas severísimas, autorizando la ^ del 
mismo titulo y libro á cualquiera que oiga tales blasfemias 
para prender y llevar á la Cárcel por su propia atUori-- 
dod al que las profiera; « y mandamos al Carcelero, agre- 
ga la misma ley, que lo reciba en la Cárcel y le ponga 
prisiones, porque de alli los jueces puedan ejecutar las. 
dichas penas. » 

El fiscal, no obstante, usando en este caso de toda la le- 
nidad posible, y convencido de que el espresado individuo 
ni como ciudadano ni como cristiano tiene idea de la mag- 
nitud^ del desacato que ha cometido en pleno Tribunal, ya 
que no fué castigado inmediatamente, como procedia, se 
limita por esto vezk pedir que comparezca D. Leoncio 
Yaro á la presencia judicial para ser seriamente amones- 
tado, con prevención que en caso de reincidencia será 
llevado á la cárcel desde el Tribunal, y sometido á juicio 
con arreglo á las leyes — ^Por tanto : ^ 

V. S. se ha de servir proveer como queda espuesto tan 
pronto como bajen del Superior Tribunal las causas que 
con esta fecha suben con motivo de la visitado cárceles. 
—Montevideo, Marzo 21 de 4 H63—Magariños Cervantes. 



— I«4 — 

(11 onteTideo, AMl 8 de HQS. 

Eñ lo prroápaby dtra si* -hágase como se pide portel se- 
Bor^Fisoal-^asañeih-Lo proveyó y'firmó 'el Biier 'Jmz 
del Crimea de la 2/ sección, &. 

— 22- 
Qptimismo y Pesimismo. 

Ed poHtica es tan peligroso ima^ioarse con el célebre 
personaje de Toltaíre cpve 'iiaMlantes en el mejor de los 
mandos posibles, corno» epeer con k>s^ cetarios dé la diosa 
Kali, los estrangaladores de la India, que auestro pianeta 
es sola un lagar de espiacion y castigo, y losiiombres ^i- 
sMSas á qaieaes se haoemuoho favor echándoles qd lazo 
k la garganta, sin duda para aberrarles la eoasion de ea^ 
en malas tentaciones y pagar sn tributo á la frajilidad hñr 
mana. 

Lo mejor es enemigo dé lo bueno, y sutilizando sobre 
las cosas, se llega al resultado de los filósofos alemanes <|ue 
han ido hasta negar á Dios, focados en la imposibilidad 
absohita de comprender su esencia, y salvar el abismo 
insondable que existe entre lo inito y lo iiifinito, ó en 
otros términos, entre el fenámeoo y la cansa, como eHo8 
dicen. 

En la esfera del pensamiento como en la de la acción, 
hay un limite razonable que no es licito traspasar, sin caer 
on la vorágine del absuixtoó de la imposibilidad, donde 
los mas diestros pilotos se ven.arrastpados por la corríen* 
te que los lleva inevitablemente al abismo, ¿pesar de todos 
los esfuerzos para escapar i su atracción orróUadopa. 

5o ha sido dado al hombre luchar con el imposiblp, y 
si olvida las condiciones de su naturaleza imperfecta y li- 






i 



níttdi, tos '8006908 se Qiwnrgin-.de enaenirie pov un^b 
dolorosa esperíencia, que á menudo la faerudrlMcoaas 
09 mperior á;s» iuteUgeaeñu y i sarotantad, pof alta que 
brilld'ktpifíaiera y pwtmtsieaérgiea-qoersBala segunda. 

Lo9'pe9ÍarisUtt'nosibiMao áeih^mmarúiiad de^trauar 
ooffia^ramifta;, jHto^aMncanoeaieQesiqíieequiralMákm 
(xkl& pdsm Ruefos trastorivos, desde qae perneo ennaoos 
de les Te?olaeiomrí#8'lw^^iMdios/dáfitearMooajel santo 
la Ji«ie8na«iiaiid(> lo ji^foeír oportmot 6 coofeoiento, 

D^las^ otras objeck)iies.baeeinds par hay gracia ana»- 
tn»' lectores, eaf obsecro á láii seriedad dald^bUeyal 
seoAido coniti* 

Ne 4M^ane8 qm la-solticion ea visperaB dereaMianBeno- 
Hena por diversos cooceptos^ las aspi racionas ^det una^ash 
lucion radical, encaminada únícamenteásatisfisícer lasjw* 
tas exíjeocias de los partidos^ en cuanto se reiadonra con 
los altes prioci^os del' sistema pdtfliea; que^nos rige jlOB 
intereses permanentes y gooeraies á» la NáctoD; pero en 
natería de inmoratidades^ nuestros coiitradictores tmade 
permitimos observarles ^xw la tí ri I ñraaquecaque la situé 
cion demanda, que uo «onecemos inutemlicfed mm guar- 
de ni mas abominable que la de vivir en impúdico C0M6#- 
eío cov la mentira, y pidienio entrar enel terreno de la 
verdad, de^ta legalidad kf déla jiMixm coo alguoos sa- 
crM^íés insignificantes ante la^^ttag^itud de los resnUealos^ 
que se tieneiyefy ví^ta, prefimsea ttoestros-amigoaí^lo 
que no ereemos-de su rectitud ¿üiBlration^- 
medKo ^ la «goerra iñdéfiiñdameiite.' su autoridad; 
tadd>eÉ la>fiierEa no en el dereobo^ y bajo elsanlOTd^^riBa 
legrfidád arttieiali Mvuirtar emprésHitOB^ dktaorrkyel»,. ad- 
ministrar justtm y dispomrarbitnainaiBente' de la Tfda^ 
de4a fortuna y la honra de los ciudadanos^ retrocedirado» 
asi áUas mas luctuosaa> épecas de iMestra héstoría*' 



— 466 — 

¿Se ha reflexionado acaso hasta dóada podríamos llegar 
poresecamifio? 

Todos los ioconyenientes qae se apontan por tos advér- 
sanos de la paz, y otros mayores que ni siquiera se pre- 
Yéeo, con toas ó menos trabajo serán dominados por la in- 
teligencia y el patriotismo, por la razón ó la fuersa, s¡ 
hay energía en el Gobernante y ana vez al menos recuer- 
dan nuestros compatriotas que encima de los partidos está 
la patria^ y que ella exije imperiosamente el sacrifido pe- 
rentorio de todo lo que se oponga á la radicación de la paz. 

Aqui nos cumple dirigirnos á los optimistas y pedirles 
que no se alucinen, esperando una completa uniformi(iíad 
de vistas y de intenciones; que no esperen de la paz como 
resaltado inmediato otra cosa que el cambio de las condi- 
ciones de la lucha. 

Firmada la paz han de surgir dificultades, y mal conocen 
la índole de los partidos y las pasiones que agitan el cora- 
zón Humano, los que crean que la paz por si sola va á pro- 
ducir en los tradicionales enemigos que acaben de soltar 
)as armas tantas veces esgrimidas en pro de sus arraiga- 
das creencias, el efecto que se atribuye á las aguas del 
Leteo. 

Los mas influyentes, los mas capaces en uno y otro cauu 
po estén en guardia, porque el verdadero peligro ha de 
venir mas de sus propios parciales que de sus contrarios. 

Es preciso marchar franca y resueltamente á la reorga- 
nización del país, y aceptar con lealtad la situación, bus- 
cando cada uno dentro de la órbita legal, el triunfo de sus 
ideas y el medio de adquirir la supremacía que nuestra 
constitución solo concede á los méritos y á las virtudes. 

Pero como observa un eminente escritor espa&ol en un 
caso idéntico al nuertro, nada de esto se conseguirá, si 
antes y después de obtenida la pacificación del país, los 



— 467 — 

hombres independientes por su carácter y por su posición 
no procuran tomar en los negocios públicos la parte que 
les corresponde; si unos se recatan por descuido, otros por 
exajerados temores. Pues qué? ¿ Es concebible el descui- 
do cuando se trata de todos los principios, de todos los 
intereses que existen en el seno de la sociedad? ¿Temores? 
¿Y de qué? ¿No hay medios legales? Y habiendo estos y 
no empleando otros? que se ha de temer? 

— ^Pero será dable que las leyes sean atropelladas 

— Cierto, ¿pero sabéis cuando? cuando procuren influir 
los menos y callen y se oscurezcan los mas; cuando no ha- 
ya suficiente entereza para manifestar lisa y llanamente 
las convicciones propias, todas, enteramente lodas, sin 
ocultar ninguna; pero no sucederá si en la prensa, si en la 
tribuna, si en los circuios políticos, si en las elecciones 
hay resolución, hay arrojo para decir: «esto sostenemos, 
por el triunfo de esto trabajamos.» Y no como quiera sino 
abrazando todas las grandes cuestiones pendientes en el 
pais, y dirigiendo con respecto á ellas la opinión pública, 
rectificando los errores, templando las exageraciones, 
alentando la timidez, y desenvolviendo, y enlazando, y 
uniformando tantos elementos de orden, de gobierno, de 
porvenir como se hallan desparramados en esta sociedad 
desventurada, qiie solo está esperando una voz poderosa 
que la llame para emprender con aliento y brío el camino 
de la prosperidad. >> — Á. M. C. 

Marzo de 1872. 

- 23 - 

Una visita oficial al Presidente de la República — Lo quo dije jó, 
lo que contestó ¿1, y lo que goijeó la Prensa. 

La observación hecha en el núm. 18 sobre los sucesos 
supervinientes que confirman ó invalidan los juicios for- 



— 168 ~ 

mtdos por las primeras impresiones, tal ves preste mas 
tarde ó mas temprano algim interés á los apantes qm 
contiene este capitulo. 
Dicho esto, entro sin mas retóricas i la orden deldia. 

Habiendo comunicado á la Universidad el Ministerio de 
Gobierno el nombramiento del actual Presidente, di caen* 
ta al Consejo, y se resolvió con escepcion de dos votos, 
que con arreglo á la práctica observada por todas las cor- 
poraciones del Estado dolamos ir á saludar al primer 
Magistrado. 

Recibiónos este con franca cordialidad, j después de 
saludarle y estrecharle la mano, le dirtjilas siguientes pa- 
labras. 

a ExMO Sr. Presidente; 

Si alguna vez necesitan los ciudadanos acercarse al go- 
bernante, y demostraríe así la importancia que dan á su 
proceder y el vivo interés que les inspira la suerte de la 
Patria, es sin duda en momentos solemnes como los pre- 
sentes, en que sobre pasiones desatentadas ó mezquinas, 
debe predominar en todos los corazones el austero senti- 
miento del deber, y en todas las inteligencias la idea y la 
firme y deliberada voluntad de buscar la mas justa solu- 
ción de los conflictos que entraña el arduo problema de 
gobernar dignamente k los pueblos en nuestra época y 
llevarlos á la conquista de sus gloriosos destinos, sin caer 
en las aberraciones del despotismo ó en el desenfreno de 
le licencia y de la anarquía. 

Por las tradiciones honrosas de la comunidad política 
que á pesar de sus extravíos ha rendido siempre sincero 
culto á la libertad en sus hombres notables; por vuestro 
caricter conciliador y reflexivo, y por el conocimiento que 
tenéis, adquirido en la vida pública, de los hombres y las 



* 



— 469 — 

cosas de nuestro país, esa gran foeraa social que se llama 
opinión, os es hoy propicia; y nadie dada que no ha de 
faltaros con ella el concurso de vaestros compatriotas, si 
como deben esperarlo, os es dado justificar las rísaefias 
esperanzas que ha hecho nacer Tuestro advenimiento al 
poder. 

Por grandes qtte sean las dificultades, sabe el que fué 
Gobernador Delegado en época también difícil, que si no 
siempre fácil, es al menos posible ^contraríes solución, 
en las nobles inspiraciones del patriotismo, que no vacila' 
si es preciso, en subordinar á un fin supremo las cuestio- 
nes de detalle que no comprometen la autoridad, el dere- 
cho ni la justicia; en los dictados de la razón serena y de* 
sapasionada, que ni se ofusca con el éxito, ni se amilana 
y pierde el rumbo con el contraste, porque aún en medio 
del desconcierto de los que dudan ó no ten claro al través 
de la enmarañada red de los hechos contradictorios, inte* 
reses y pasiones opuestas, sabe k donde vá, y como se vá, 
y por donde se vá; y por último, en el elevado propósito de 
hacer cuanto sea humanamente posible para asegurar el 
reinado de las instituciones y levantar la ley sobre todas 
las cabezas, como la mejor garantía y el mejor escudo de 
los derechos de todos. 

Inspirado por estas ¡deas, el H. Consejo Universitario 
ha querido acompañar en corporación al Rector de la Uni- 
versidad, en este acto, no como una mera formalidad, sino 
en cumplimiento de un deber cívico en estos angustiosos 
y decisivos instantes. 

He dicho. 

Del relato, glosas y comentarios hechos por los periódi- 
cos que con marcada benevolencia se ocuparon de este 
breve discurso, contestado por S. E. con alguna detención, 



~ no — 

son exactos los contenidos en los párrafos que voy ¿ trans- 
cribir. 

El Dr. Vidal habló largo rato en términos cordiales, y 
ni siquiera alzó la voz cuando se valió del recurso oratorio 
de la bomba, que probablemente empleó para redondear 
la frase; pero que no dejó de hacer impresión entre algu- 
nos de los concurrentes, que por cierto eran numerosos. 
El salón inmediato estaba lleno de gente, y esta se habia 
agolpado á las puertas. 

« Manifestó el Sr. Presidente los buenos deseo$ que le 
animaban, pero revelando á la vez propensión al desalien- 
to, por sí dadas lar circunstancias actuales, cuya gravedad 
no desconocía en manera alguna, no le prestaban sus con- 
ciudadanos el apoyo que le era necesario para salvar el 
conflicto. No escasearía, dijo, los medios para gobernar el 
país dentro de la libertad bien entendida, que esduye el 
perpetuo desorden y la anarquía que aniquila los pueblos: 
pero si desconociendo su buena intención le faltaba el 
apoyo indispensable, se retiraría á su hogar con la con- 
ciencia tranquila. » 

(El TeUíT^fo MaríUmo). 

«Que él no había buscado el honor que se le hizo de 
elevarlo al mando, pues ni por carácter, ni por aspiración, 
lo deseaba; pero que llevado de su amor al país, habia he- 
cho el sacrificio de aceptarlo para dar solución á una si- 
tuación que se presentaba preñada de nubes. 

«Que hecho el sacrificio, estaba dispuesto á gobernar 
con la ley y con el concurso de todos, esperando que los 
ciudadanos se lo prestarían, y que cuando los llamase, 
no se encogerían de hombros y lo dejarían entregado á 
sus propias fuerzas. 

«Que quería y pretendía gobernar con la ley, llegando 



— m — 

por ese medio al fio deseado, el bieo del país; pero así 
como estaba resuelto á respetar la ley, también estaba 
dispuesto k hacerla respetar por todos, y sí por desgracia, 
Begase na día en qae bastardas aspiraciones pretendiesen 
anarquizar al país, con metralla les contestarla. » 

{La Trilmma Popular), 

«S. E. il Presidente della Repubblica rispóse ringra- 
ziaiido il Consiglio con parole molto significanti promet- 
iendo favorire possibílmente TUniversiti. 

«E a sperarsi cbe il dottore Vidal adempía, meglio del 
soo predecessore, la data parola. 

«Se non che al ripródurre noi il discorsso deirillustre 
A. M. C* ayemmo ín vista non tanto il suo aspetto spécia- 
le, quello cíoé che riguarda TUnirersiti, quanto íl suo as- 
petto político. 

« Cogiiendo pretesto da un atto di cortesía Tegregio uo- 
110 dirige al nnovo govemante del suo paese ottimi con- 
sigU, e savi.'ammonimenti politici, il cui senso sintético é 
questo: Fuorí delle leggi non ¿é salvezza fer la Re* 
pábblica. 

« E bello vedere un nomo deirautoritá morale dell'av- 
Tocato Nagaríños Cervantes, la cui fama letteraria suona 
bella ed ínvidiabile si nel nnovo, che nel vecchio mondo, 
(I )é bello diciamo, vederlo affermare altamente, in un 
momento soienne e grávido per la sua patria di grave pe- 
ncólo, che fuori deliá Costítuzione non c'é prosperitá pos- 
sibile peí paese. 

«Oggt che una stampa spudorata preconízza come úni- 
ca ancora di salvamento al paese, ana nuova dittatura mi- 
litare, é bene che tuttí gli uomini prestanti per ingegno, 



(I) Ndl*l.% fatdcoio, testé riocvuto, del preffievoliMimo Dizionarh hiogra^eo 
átfii utÜtQri vivétUi che pubbllca á FireoM il diiarUtlino proL De Gubernatto, 
9UbUm letto coa pUoere tríbuUtll debiti clogi all'Upinlo autore del dlUtr e del Ca. 
nraiairii. A Uvoro tcrmlnato piiieremo dell'utilimimt opon del prelodato De Gu- 
bcrnallt cbe la veramente onorc all'ltaila. 



— 172 — 

dignítá ed ooorstezuí prolaBstíhocoirtroqiella proyni»iii 
liberticida. 

« La iFOce d^ gíofani pao reoire^taceiata di inespedeQ^- 
za o di preeooe ambiaioBe ed'iasipíettza; qoela áegli m^ 
mini matariie specchiati ^pangerá aecelta al paese e m 
non avrá la virtú di salvarlo, avrá quella almeno di non 
farlo igDominosamente cadere. 

. a Guerra aUa guerra dieeva gtorní soao la stampa 
prezzolata. 

« Guerra oMa MUatura devono diré oggi tnttí gli 
orientali onestí di qaalanqae partiéo es» siano^ e paiché 
le Camero ha&QO ayantieri mostrato di non «rere virtú 
civica, i proceri del paese, che si sonó sinora asteantí, 
devoQO conoorrere a 8alTarlo> afferaundo dignitosaosote 
come lo ha fatto A. M. C. che al dissopra di talti i doiom, 
di tutti i mentí e di tatti gl'interessí civiti sta it ríspetto 
profondo e Tadempimento scmpoloso della CostiCnzíeM 
Nazionale. » 

Como no ha faltado quien interpretara la visita al 9re^ 
sidente cmel estrecho| criterio de los que joi^faii i los 
demás por si mismos ; transcribo el articula de L'Era 
Italiana qoe aprecia los únicos f verdaderos móvfles qw 
entonces come siempre tuve solo en vista> sin falsa modes^ 
tía — que abomino, — porque creo con Larrechetoooiald 
que á menudo no es otrai cosa qae el d^eo de ser alabado 
dos veces ;' soy poco amigo de comedias, j no me agrada 
imter al compmogido lego que no escopia en la saerislia 
porque era pecado mortal, j luego se refocilaba libreBen- 
te en el pulpitos 

Por último, habiéndose abandonado efusivamente á tas 
mas risueñas esperanzas en vista de las palabras de S. E. 
color de rosa por activa, y de granada por pasiva, uno de 



l08 periódicos citados, otro de sus oolegas na maiioia, 
hizo la siguiente cfbservacioa : 

« La Tribuna Popular escribió sa editorial antes de 
conocer el nombramiento del ministerio. Elogió en él la 
actitad pnidente de la prensa y trascribió un párrafo del 
discurso dirigido al Presidente de la República por el 
Rector de la Universidad, y de la parte de la contestación 
del Dr. Vidal en que aseguró que quería gobernar con 
la ley y que si por desgracia llegase un dia en que bastar- 
das aspiraciones pretendiesen anarquizar el pais, las con- 
testaría con metralla. » 

{"El SigloJ. 

Debo aquí advertir, que elevado al mando el Dr. Vidal, 
no le vi antes ni he vuelto á verle después del acto referi- 
do, á pesar de ser amigo suyo desde la infancia. De ma- 
nera que los ambiciosos manejos, las antesalas, genufle- 
xiones y doblamiento de espina dorsal no han existido 
sino en la cabeza de los inventores de tales patrañas. 

Ojalá todos los que se acercan á los gobernantes les 
hablasen siempre con la entereza y lealtad de que he dado 
pruebas algunas veces, cuando han deseado saber mi opi- 
nión ó circunstancias independientes de mi voluntad me 
han puesto en el caso de manifestársela públicamente I 

— 24 - 

Correo 

Los párrafos que van á leerse pertenecen á cartas que 
en distintas épocas me han sido dirijidas por las personas 
que las firman: Acevedo, Paz, Sarmiento, Calvo, Rami- 
rez, Halcón, Avellaneda, Vedia, Torres Caicedo, Gutiér- 
rez, Leraia, Gómez, Bustamante, Rivera Indarte, Zorri- 
Ua (fi. José ), etc. 



— 474 — 

I. Lo que deoia ol Dr. Aceredo, al oorresponsal de su perMdico 
en París sobre el deber de todo buen ciudadano en las situa- 
ciones difíciles. 

Montevideo, Marzo 7 de 1853. 

Tus correspondencias quincenales son leidas con iote- 
res... . — Adelante, mí querido Alejandro. Es obra santa 
trabajar por la extinción de los viejos partidos y la reor- 
ganización nacional. 

Por mi parte, he declarado categóricamente en la Cons- 
titticion, como habrás visto, que en el porvenir nada nos 
separa; que debemos abandonar el sendero maldito de 
las sempiternas acusaciones y recriminaciones , que nos 
llevarán otra ve?, indefectiblemente, á la guerra civil, á la 
anarquía, al despotismo. 

No sé si llegaron á tus manos los primeros números. 
Sin gran fé, pero con los mejores deseos, á instancias de 
mis amigos, acometí la ruda tarea del periodismo, con* 
vencido que en todas las circunstancias imaginables (asi 
lo dije al manifestar el motivo y tendencias del periódico 
que dirijo) debe un hombre á su patria la cooperación 
que pueda prestarle dentro de la esfera de sus facultades; 
pero esa obligación se hace mayor en ciertos momentos 
críticos que tienen las naciones como los individuos. 

« Nuestro desgraciado país, decía el i .• de Julio del 
ano pasado, después de una larga y encarnizada lucha, 
necesita para reponerse, dé todos los esfaerzoe de sos 
hijos. Nadie puede permanecer indiferente, sin cargar 
ante si mismo con una responsabilidad inmensa. » 

Eduardo Acevedo. 

n. Conviene hablar con discreción á los estraños de las miserias 
de nuestro país. 

Buenos Aires, Setiembre 10 de 1867. 

Por la lectura de los demás puntos que toca Yd. en la 



— 175 — 

que tengo el honor de contestar, he podido comprender 
cuanto patriotismo se requiere para comprimir las mani- 
festaciones de los sentimientos que es natural produzca 
en todo corazón republicano la actual situación política 
de esa República, nuestra hermana natural. 

No obstante, me felicito de ?er que asiste á Vd. la espe- 
ranza de que muy pronto volverá k recobrar su brillo la 
Estrella que ha guiado los destinos de estos países en épo- 
cas de glorioso recuerdo. 

José C. Paz. 

m. CoQtra pereza diligencia, y... picana 

Mi estimado amigo -^ Yí á Yelez como Vd. me lo había 
encargado, y se prestó á mis instancias, aunque alegando 
sus muchas atenciones y falta de tiempo. Noté en él poca 
decisión. 

En efecto, está ahora bastante ocupado ; pero simpati- 
za con la idea. Contando con su adquiescencia, hagámosle 
la forzosa. Anuncie Yd. su obra en el próximo número de 
la Biblioteca (americana) poniéndole por titulo : Banco y 
Crédito en Buenos Aires, y el trabajará después. 

Para estimular su calma habitual conviene que Yd. 
también lo veadentro de algunos dias, y si es preciso yo 
insistiré por mi parte, hasta que consigamos que ponga 
en orden los importantes materiales que tiene ya reuni- 
dos, y haremos asi un servicio á las letras argentinas. 

Queda de Yd. afectísimo amigo. 

Sarmieicto. 

Junio 4 de 1858. 

IV. La abstención, según D. N. A. Calvo 

Brighton, Julio 20 de 1875. 

Siento que se retire Yd. de la política, porque en reali- 



— 176 — 

dad los desaciertos cometidos por sos amigos» en el poder 
ó fuera de éi, imponen á Vd. como á otros hombres que 
se encuentran en su caso, el patriótico deber de pagnar 
por corregirlos, prestando á su causa y i las institucio- 
nes, el auxilio directo de su poderosa inteligencia, porque 
de otra manera es abandonar el campo mismo en que de- 
bía Vd. establecer sus reales. 

En mi opinión la abstención en política es el suicidio, y 
de ello tengo una triste esperiencia personal, cuando el 
partido nacionalista á que pertenecía yo en mi país, resol- 
vió abstenerse, en vez de luchar. ■ Abstenerse es rendirse 
¿ discreción.... la guerra civil casi puede considerarse la 
consecuencia inevitable del retiro voluntario de la escena 
de ios hombres de luces que debían dirigir.... 

Nicolás A. Calvo. 

V. La enseñanza es un apostolado, y los días santos fuente de 
inspiraciones concienzudas para los espíritus reflexivos. 

Tendré mucho placer en cambiar ideas con Vd. sobre la 
cuestión del Ferro-Carril, y me honraría de tener cual- 
quier escrito suyo en las páginas de mi pobre Bandera. 

Pasando á otra cosa, diré á Vd. que todavía no he inau- 
gurado la clase de derecho constitucional; contando con 
la benévola deferencia del Consejo, me he determinado á 
buscar en el recojimiento de los días santos inspiraciones 
concienzudos para la inauguración de mi cátedra que apre- 
cio como un verdadero apostolado. 

Le saluda cariñosamente su discípulo y amigo affmo. 

Carlos M. Ramírez. 

S|C Abril 4 de 1871. 

VI. Rara modestia 

Los versos del autor de esta' carta son tan buenos y 



— <77 — 

aun mejores qae machos que se pablican frecuentemen- 
te — Sí d embargo, enterado de sus defectos, que le habría 
sido fácil corregir, prefírió condenarlos á la oscuridad, 
sin incomodarse ni desollar luego al amigo que había ele- 
gido por confidente y consejero. 

En un momento de espansion me atreví á ofrecerte al- 
gunas de mis pobres producciones poéticas, sí es que tal 
pueden llamarse pensamientos, ya tiernos, ya filosóficos, 
expresados en defectuosa ritma. 

Te confio tres de mis producciones ó abortos. 

Como te dije, es necesario conocer las situaciones, las 
circunstancias y los motivos á que, herido mí corazón, 
respondió mí mente. 

Dos de esas tituladas poesías, tienen su esplicacíon en 
el título. 

Una de ellas no es para esplicarse por escrito, aunque 
te la esplique de viva voz. 

Yo sé muchos refranes, querido Alejandro, y entre ellos 
tomo aquel que dice : m lo mejor de los dados es no jugar- 
los, )► y como dicen que los refranes son en gran parte 
evangelios chiquitos, lo mejor que yo podría hacer, es no 
sacar del estrecho circulo de mí casa las muestras de mi 
estro. 

Tan duro como soy para aprender, nunca desdeño las 
lecciones, aunque me aterran las palizas. 

Dispuesto estoy á oír tu censura privada, pero no que 
llegues á ponerme en la picota, comunicando ni en con- 
fianza mis elucubraciones, sí las encuentras malas, como 
meló temo. 

Jamas he publicado una pretendida poesía mia, aunque 
desde muchacho me he ensayado en ese género : lo que 
te hará comprender que no soy muy reacio al gran pre- 
cepto del filósofo : « Conócete á tí mismo. » u 



— 178 — 

En tas manos me encomiendo ó mejoi' diebo, en ta 
amistad y lealtad para na hacer nn papel desairado. — C. 

Majo 1878. 

VU. Un recuerdo de la Rábida 

Sin hablar de las Repúblicas de América, donde ha en- 
contrado el ÁLBUM DE poEsUs URUGUAYAS la mas lisonjera 
acojida, según los artículos reproducidos en la prensa de 
Montevideo, es notable el contraste entre lo que dicen en 
Europa sobre dicha obra literatos como Guberaatis, D'An- 
cone, Julio de Yilhena, Gómez de imorín y otros escrito- 
res de su talla, y la manera como juzga y trata á los poetas 
uruguayos algún joven compatriota suyo. 

Ahora en cuanto á benevolencia, aun cuando parezca 
una herejía digna del patíbulo en un republicano, es lo 
cierto y podría invocar el testimonio del heredero de la 
corona de Inglaterra y del monarca mas ilustrado de Eu- 
ropa, Leopoldo II de Bélgica, que á veces los príncipes 
suelen mostrarse mas atentos y agradecidos que algunos 
señores demócratas. 

Como ejemplo práctico, mas eficaz que mi desnuda pa- 
labra, agregaré que la composición copiada en el Álbum 
que con la carta inserta al pió de estas líneas, me fué pre- 
sentado, para firmar aquella, es la que lleva en las Brisas 
el número X y se titula : Colon y la nieta de habel, es- 
crita en el libro destinado á conservarse en el Monumento 
de la Rábida, reedificado á espensas de los Duques de 
Montpensier, en un paseo que hice á aquel sitio con va- 
rios distinguidos jóvenes de Sevilla. 

Mas tarde fueron leidos esos versos en la Rábida por 
los Príncipes, y su proceder es tanto mas de agradecer, 
cuanto no me conocían ni yo les habia dedicado siquiera 
la composición, como puede verse en la pág. 48 de las 
Brisas. 



— i79 — 

Mayordomía Majm* de 9S. AA. RR. los serenisimos seño- 
res kiCiDtes etiques de Bfdfitpensier. 
Seoor Du A. Magariños Carvaiites : 
Moy señor mió j de todo mi aprecio : TeDgo el honor 
de participar á Yd. qae SS. AA. RR. han leído con mucho 
^sto los versos que se ha servido escribir con motivo 
de la Restauración del monumento de la Rábida, sintien- 
dano haberlos visto antes, pues SS. AA. RR. hubieran 
tenido mucha satisfeccion en que Vd. los hubiese acompa- 
ñado á Castilleja para asistir á la inauguración de la casa 
donde falleció Hernán Cortés. 

Al propio tiempo ruego a Vd. se sirva firmar su compo- 
sición en el álbum que le remito, y que deberá traerse fir- 
mado por el portador. 

Aprovecho esta ocasión para ofrecerme de Vd. atenta 
affmo. servidor Q. B. S. M. 

Fernando Halcón. 

San Telmo 11 do Abril de 1855. 

Vin. Jamás he sido ni soy enomigo del Ateneo. 

Pienso desarrollar una idea, que es propiedad de Vd. j 
que considero de suma importancia en la actualidad. 

Ella tiende á la necesidad de establecer un Ateneo li- 
terario, donde, para justificar el titulo, puedan reunirse 
nuestras jóvenes inteligencias para discutir tal ó cual idea, 
j dilucidar tal ó cual materia, presentando en él ala vez 
sus producciones, que podrán aspirar á ser premiadas. 

Pero, como necesito para esto, conocer toda la esten- 
sion de la misión confiada al Ateneo, y poseer aquellos 
conocimientos que allanen la via de la ejecución, solicito 
ambos antecedentes de su reconocida benevolencia. 

Agustín de Vedi a. 

C. de Vd. Cámaras, 75.-Agosto 21 de 1862. 



— <80 — 

IX. Estímulo y reeompensa. 

París, 24 de Junio de 1886. 
Yd. habrá visto como me trataron algunos periódicos 
de Montevideo: según esos escritores, yo vendo mi pluma 
al que mas la paga. Siempre los bellacos se imaginan que 
todos son iguales á ellos. Mis Ensayos biográficos y de 
critica literaria sobre los principales poetas y literatos 
Hispano- Americanos, en los que figuran Bello, Heredia, 
Echeverría, Mitre, Mármol, Gómez, Vd. y tantos otros 
escritores notables, solo contienen elogios á los hombres 
mas oscuros y estúpidos de América, quienes me han 
pagado á cuatro francos la linea. 
¡Cuánta generosidad y qué estímulos! 

José M. Torres Caicedo. 

X Precocidad 

Rosario, Febrero 25 do 1858. 

No tenía intención /le escribirle, ya estoy mejor ; pero 
Tne hace falta un poco de charla literaria, que solo V. ú 
otro pájaro de su plumaje pudiera darme. 

Recibí las entregas de la vida de Belgrano que están 
muy interesantes, y los Junquillos que huelen á esterili- 
dad precoz. ¿Le dejaron á V. al fin los cuzquillos ? Perdó- 
neles V. y siga ofreciéndoles las prensas de la Biblioteca 
pira que den á luz sus concepciones de diez y seis años. 
Si e! Dante amaba á los ocho años, ellos han de saber ya 
guasquearse solos. 

Voltaire á los quince comprendía é interpretaba en 
verso las mas sensuales estrofas de Horacio, á los diez y 
seis en América, se puede andar algo mas adelantado. Ve- 
remos. 

Juan María Gutiérrez. 



— 181 — 

XI. Dos octavas que reasumen los triunfos y la gloria de Artigas^ 

Ahí van las estrofas que Yd. me pide... 

Gloria y prez á los manes del guerrero 
Que arrojado en los brazos del destino, 
El grito I Libertad I lanzó el primero 
Retando al Español y al Argentino ; 
Cayo genio inmortal, tentó altanero 
Estrechar en un lazo diamantino 

■ 

Uruguay, Paraná y el Plata undoso, 
Levantando en América un coloso t 

Y Artigas tremolando el estandarte 
Azul, blanco y punzó, trianfante, invito. 
En San José y las Piedras, viole Marte, 

Y en la cúspide hermosa del Cerrito ; 

Y en alas de la gloria, la otra parte 
Del Uruguay cruzó, llevando escrito 
En letras de brillante trasparencia — 
Igualdad, Libertad, Independencia I 

AVELINO Lerema. 
Abril 4 de 1863. 

Xn. La idea de la Patria dominando en todos los corazones de uu 
extremo á otro de la República— Moral posibilista en acción— 
Las bayonetas del Coronel Santas so inclinan ante el derecho 
j la ley— La hora del Dr. Ramírez— Oportunismo para acudir 
á tiempo, y no fastidiarse ni fastidiar.... á los hombres muy 
ocupados. 

Sr. Dr. D. José Pedro Ramireí. 

Montevideo, Mayo 18 de 1880*. 

Mi estimado amigo: 
Lei en el Ferro-Carril de anoche el último destempIadlT 
ataque á que abre sus columnas El Nacional de Baenos 



— Í8Í — 

Aires contra el fundador de nuestra independencia; y ne- 
cesito recordar los eminentes servicios prestados á la 
buena causa por nuestro maestro Juan Carlos Gómez, y 
lo que en ella representa el viejo atleta (y también los so- 
lemnes momentos por que cruzamos) para resistir á la 
tentación de tomar la pluma y dejarla correr libremente 
sobre el papel.... 

Hace un año, en la mañana de un dia como este ¿ se 
acuerda Yd ? una furiosa tormenta se desencadenaba so- 
bre la capital de la República y en la y illa de la Florida... 
Horas después, un sol radiante bañaba las frentes de la in- 
mensa multitud que llenaba la plaza, donde se alza ergui- 
do é imponente, como una protesta y un desafio al furor 
de los huracanes políticos y á la ceguedad 6 desaliento de 
algunos hombres, cuya aberración es tanto mas deplorable 
cuanto mayor es su valer moral é intelectual, el monu- 
mento que simboliza las mas puras glorias, las libertades 
é instituciones que tanta sangre, lágrimas, dolores y sa- 
crificios cuestan al pueblo uruguayo. 

En medio de las arrebatadoras notas del Himno Nacio- 
nal, todas las frentes se descubrieron, y á la voz de' 
Coronel Santos, que mandaba la tropa que hacia los ho- 
nores militares, los soldados presentaron sus armas, y las 
bayonetas se abatieron ante aquel símbolo sagrado de la 
ley, del derecho y la justicia! 

Recuerdo con este motivo que aun no he cumplido con 
el deber de ir á estrecharle la mano por los patrióticos y 
brillantes discursos pronunciados en las conferencias del 
Ateneo, al ciudadano y al tribuno que, en época difícil, 
prestó el contingente de su prestigioso nombre é inteli- 
gencia en el jurado literario que dio su tallo sobre las com- 
po&kioQds poéticas, leídas al ioaugararse el moooniento 
de la Florida el 4d de Mayo de 1819. 



j 



— Í83 — 

I 

Sírvase Vd. decirme si esta noche se eacontrará en su 
casa, y la hora menos moleta para Vd. 
Le quiere de corazón: 

Sa apasionado amigo. — i. M. C. 






Querido amigo : 

Le agradezco como lo merecen, sasefusiyas líneas, y 
no me anticipo como de costumbre á pasar á su casa en 
Tez de esperarle en la mía, porque tengo muy enfermo á 
uno de mis hijos. 

Pero des{mes de las ocho de la noche, hoy ó en los 
dias subsiguientes le espera su muy affmo. amigo. 

José P. Ramírez. 
vS/C. Mayo 18 de 1880. 

XIIL Gomo pagaa justos por pecadores — Una de las causas por 
las cuales firmo siempre mis escritos. • 

Sr. D. José Cándido Bustamante-, director de La Tribuna. 

Montevideo, Noviembre Í4 de 1866. 

Estimado compatriota : 

Como no falta quien se prevalga de cualquier protesto 
para zaherir, difamar y calumniar á mansalva, seguro de 
la impunidad, y como ¿ Y. le consta que no me pertene- 
cen los artículos de « Alm » que pubica La TrUmna, y 
y que á sabiendas me atribuyen algunos para tener un 
protesto plausible de satisfacer sus raines pasioncillas, le 
agradecería me hiciera d obsequio de declarar categóri- 
camente que tales artículos (que por cierto aun no he 
podido leer por falta de tiempo) no son míos. 

Si yo contestase directamente ¿ las necedades que con 
este mottto han visto ya la luz, daria á esas miserias y á 
sus autores una importancia que do tienen, prescindiendo 
de lo penoso y desagradable que'es ocuparse de persona- 



— <84 — 

lídades y de refutar falsas imputaciones, mucho mas si los 
que las hacen, proceden con tanta lealtad como el aíióni- 
mo inserto en el « Siglo ». 

Es seguro que si se le llamara ante el jurado á exhibir 
la prueba de sus asertos, presentaría en su lugar á algún 
mentecato, ebrio ú otro testaferro semejante, puesto que 
ese articulo fué echado en el buzón, según manifestó el 
mismo periódico, dándole, sin embargo, publicidad, y 
cerrando los ojos para no apercibirse que el pretesto era 
la polémica « Alm -Errecart », y el verdadero objeto di- 
famar gratuitamente y por suposiciones á un tercero, á 
quien es muy probable que el oculto detractor no se atre- 
vería á faltarle al respeto cara á cara. 

Como Yd. ha sufrido mas de una vez, y ha de sufrir to* 
davia, las mordeduras de semejantes reptiles cobardes y 
alevosos, comprenderá que es necesarío al menos quitar- 
les el pretesto que invocan, para que asi sus ataques apa- 
rezcan en su verdadera faz. 

Es preciso que cada uno tenga el valor de sus convic- 
ciones y acepte la responsabilidad de sus actos, como Yd. 
y otros han dicho en ocasiones idénticas, proclamando el 
principio de que en casos de esta naturaleza la prensa 
seria y digna no se hace cómplice de los que la toman por 
instrumento ó albañal de sus innobles desahogos bajo el 
velo del anónimo. 

Yenciendo la repugnancia que me inspira el hecho que 
dejo consignado, y que en realidad solo merece el despre- 
cio, no permitiéndome las atenciones de mi estudio ir en 
este momento por la imprenta, le escribo, por via de cor- 
rectivo y para provocar una espiicacion, osta carta, que 
espera me haga el favor de insertar en el número de ma- 
ñana con la declaratoria que solicito, obsequio que le 
agradecerá su affmo. S. S, y amigo — A. M. C. 



r 



7 



— 485 — 

* 

Ha sido casual. 

La laclara de algunos articulos publicadas en El Siglo 
y la Opinión Nacional^ en refutación de los de Alm que 
hemos publicado nosotros, nos han hecho comprender ^ 
que se atribuía la producción de estos á la hábil pluma de 
otro distinguido compatriota, lo que á la verdad favorece 
con justicia á Alm, á quien apreciamos en no menos valer 
por su merecida reputación como ilustrado y erudito, 
ff Ante esa consideración y comprendiendo que el señor 
M. C. purgaba inocentemente las travemrag de Alm, re- 
solvimos rectificar con cuatro palabras el error en que 
estaban los autores de los referidos articulos, cuando lle- 
gó á nuestras manos la carta que acaba de leerse, á la 
que contestamos satisfaciendo el deseo del Dr. Magari- 
Sos y el nuestro. 

JOSli C. BUSTAMANTE. 

XI\'. Lealtad y nobleza. 

Basta que cambren algunas palabras los hombres que se 
estiman, aun cuando puedan estar en divergencia de 
opiniones, para que queden desbaratadas las intrigas y 
enrredos de los energúmenos. 

Aducimos como prueba las siguientes lineas y cartas, 
. que se encuentran en la Colección de documentos, citada 
en la nota primera de la página 7. 



* * 



« Aqui se eslabona insensiblemente —y es la única vei>- 
ganza que tomarMios contra algunas alusiones de mal gé- 
nero, con que ciertos periódicos nos favorecieron á propó- 
sito de la carta que vamos á reproducir, dirigida al doc~ 
tor Gómez el dia anterior á su partida. Por la misma ra- 
zón damos con placer á la estampa las líneas que este nos 



— 186 — 

dejó escritas sobre nuestro bufete, qo encoQtráodoaos en 
casa cuando estuvo á vernos- » 

Sr. Dr. D. Juan Carlos Gómez. 

Dueños Aires, Ma|ra 15 <Í6 }SS[i. 

Mi posición oficial me impone el deber de asociarme á 
toda demostraeion en £avor de Montevideo y de la desgnn 
cia que pesa sobre sus infi^rtunados habitaatos. 

M» carácter, mis ideas y sentiinientos de hombre, me 
impulsan a simpatizar ardientemente con todo acto espon^ 
tánea, noble y generoso. 

Una circunstancia que iebiu haber estrechado la wÁ- 
gua amistad que nos unía, amistad que data desde la ni- 
ñez, sirvió para dar ocasión por parte de Vd., mal infor* 
mado sin duda, á suposiciones ofensivas que debí rechazar 
y rechaza con toda la altivez del que ha procedido siempre 
con lealtad, y no ha cometido, jamás con amigos ni en^ 
migos acción alguna que le pbligue á inclinar los ojos al 
suelo delante de nadie. 

Pero acabo de leer su despedida en La Tribuna, y no 
quisiera, Dr. Gómez, que cuando va Vd. á jugar su vida y 
¿ poner al servicio del infortunio — que es hoy una calami* 
dad nacional — su bella inteligencia y sus esfuerzos, me 
contase en el número de los que U desomoceny le amar^ 
gan una vida, de privaciones y de sacrificios. Quien sa- 
be cual sera el premio que reserva el destino ásu elevado 
propósito tan humanitario como patriótieol £s terrible 
el enemigo que Vd. va á combatir, y en estos momentos 
nada resiste en la desdichada Montevideo ¿ su ífifloencia 
delbctérea y mortal. Obra de abnegación y civismo joauy 
digna de Vd. será esta , y la que le grangeará entre sus 
compatriotas, sin diftiqcion de coleras políticos^ «las 
aprecio y gratitud; y si pqr desgracia, y lo que no espero, 
cae Vd. al lado de los que sufren y de los qm mueren^ 



— 4«7 — 

como cae ea noa reftidia baUUa ei «aldado, qae pudiend* 
salvarse, acude valaDUriameate desde iéjos, doode ae 
pelea coa mas eocaraizamiento, para morir oomo bueno 
al pié de su baodera : ¿ qué ooraioo bíoQ puesto no eaví- 
diaria su envidiable muerte f 

La gloria bimaoa uo tieM ei el mundo coosaf radon 
mas alia, que ofrecer hasta la propia vida en holocausto 
de sus convicciones. 

Al acompanaríe con mis ardientes votos, al (Crecerle mi 
pobre cooperación desde Bueaos Airee para todo cuanto 
Vd. crea útil con ese objeto, sin esceptuar mi persona en 
el teatro mismo del peligro, desde que no pueda prestar 
aqui ningún servicio á mis hermanos, le ruego que no se 
vaya sin verme. Tócale 4 Vd. dar un paso hacia mí, cuao- 
do yo, qwd trago graves motivos de queja, soy el primero 
en olvidarlos y estenderle mi mano sin rencor. 

Hasta recibir respuesta, como siempre afectísimo S. S. 
y amigo. — i. M. C. 

Hé aqui la respuesta del Dr. Gómez. 
Mi querido amigo. 

Su carta me ha conmovido profundamente. He venido 
á darle uu abrazo, porque ella le honra á Vd. sobrema- 
nera, y me prueba que es Vd. el hombre de corazón, que 
tuve la fortuna de adivinar ¿ sus quince años, y no he de- 
jado de querer cuando empieza á quebrarnos el tiempo. 

¿Nos veremos luego ? 

/. Carlos. 

XW Graütud de los partidos. 

Habiendo visto la Biblioteca An^ricana, que Vd. está 
publicando^ y que honra altamente k su autor, me tomo 
la libertad de ofrecer i Vd. por si fuese útil á dicha publi- 
cación» los escritos y poesías de mi finado hermano José 



— 188 — 

Rivera lodarte: aanqne desnudos de brillantez, tienen e( 
mérito de haber sido escritos en una azarosa época. 

Paede Vd. disponer de ellos sin retribución de ningana 
especie, y si tan solo para que no quede en la oscuridad 
el que tanto batalló por ver libre su patria. 

Confio que Vd. Dr. Magariños, á quien tanto apreciaba 
y queria mi pobre hermano, ha de saber valorar el paso 
que doy, y que no tiene otro objeto que hacer, si pue- 
do, que sus amigos no olviden el que exhaló su último 
aliento escribiendo contra la tiranía. 

A pesar que hasta hoy duermen sus huesos en tierra 
estraña, ninguno de sus compañeros de infortunio se ha 
acordado de cumplir su último pedido, reiterado momen* 
tos antes de expirar : que no dejasen $w restos en suelo 
extranjero. «Y aun se hallan sus restos proscriptos, á pe- 
sar de haber caido el tirano hace ocho anos I (4). 

Casa de Vd., Julio 28 de 1858. 

Juan J. Rivera Indarte. 

XVI. Liberalidad do un emiuenie poeta (i) 

París, 28 de Noviembre de 1853. 

Puesto que tú, mi querido Alejandro, tratas mi domi- 
cilio como campo enemigo, haciendo prisioneros de guer- 
ra los versos que hallas indefensos sobre mi bufete, yo 
voy á usar del derecho de represalias, tratando á tus car- 
tas como rehenes de un enemigo, que fallando á los tra- 
tados, rompe sin previo aviso las hostilidades : tú con- 
vertiste mi Serenata en articulo de tu Revista ; yo voy á 
convertir en prólogo la carta que en su lugar me dejaste, 
la cual vindicará mi opinión en el ánimo de tus lectores. 

(I) El üefteral IK BiHolooié Mitre cftcHbiiieBCUIe iw Mío ciNadUobk^^ 
litertrio «obre Rivera Marte T sut otrat» que ampliado rr|wodi^ en la edidon de 
poeiiaii del mlsnio, hecha pofterionnente i*n Buenoi Aire». 

(t) Publicada tñ el tono %• de la ñevf$tM Eipaikola de Jmb9$ Vmnd99, pig. W 



~ 1«9 — 

Ahi Tá, pues, sin saprímir siquiera los adjetivos con 
qae me lisonjeas, pues eo estos tiraipos felices en los 
cuales^ desde el ministro que alaba su mentiroso progra- 
ma, basta el saca-mnelas qae celebra sus emponzoñados 
específicos, cantan sos propios loores, no tengo yo que 
ser tan modesto, qae me prive del perfumado hamillo de 
ta lisonja — Decia tu carta : 

€ Mi querido poeta : encuentro sobre tu bufete anos 
Tersos preciosos, y me los llevo para mí Mosaico. Perdó- 
name el harto, puesto que eres demasiado rico de ge- 
nio y armenias, para abastecer con tus sobras al pobre 
redactor de un periódico, que se vé por casualidad con la 
inesperada fortuna de poder dar á tu costa una Serenata 
á sus lectoras ; siquiera lleguen á descubrir que yo doy el 
concierto, y tú pagas tos músicos. Francamente, la pa- 
ciencia me falta para esperar el plazo en que debes entre- 
garme la Leyenda que escribes para la Revista, y ten 
entendido que, habiéndome costado tanto trabajo el ar- 
rancarte su promesa, puesto que he tenido que pelear 
cuerpo á cuerpo con los moros de tu Granada, hasta for- 
zar las mismas torres de la Alhambra y el sagrado del 
harem de Abu Abdalá, para lograr sacarte de manos de 
infieles, y darte entre los cristianos (escritores de la Re- 
vista) el lugar que te corresponde, no estoy dispuesto á 
dejarte volver con aquellos sin pagar los mil vei'sos en 
ifue hemos apreciado tu rescate. 

Entretanto, ni pienses librarte de mi, ni creas que me 
contento con la presa hecha en tu Serenata; encomiénda- 
te, pnes, á tu ingenio, ó prepárate á oir sin cesar mis 
exigentes clamores, que te han de ser sin duda tan agra- 
dables como el concierto que regalan á los condenados las 
ranas y las cornejas de que tu amigo Mahoma ha poblado 
el antro de siete puertas de su infierno mnsulman.» 






— 1«© — 

Tal es tñ original y escénlrica caria, cnya eootestaeion 
es este prétogo, <eoti el cual wj aSefente. 

Halagada mi ? anidad eon qte me des per tan rico, te 
emrio por mi resiuite mil quinientos Tersos, en rez de los 
mfit en qae le bemos apreciado: por vanidad ó por rique- 
za, baen pagador, no me dMlen prendas. 

Picado mí amor propio por ta impaciencia, te tos en- 
vió antes qae^píreel plazo q«e para escribirlos me has 
dado, pero no pongas mí ingenio á segunda prueba, por- 
que no conviniendo á mi reputación ni á mi salud escribir 
bien y con tanta rapidez, no estoj dispuesto á montar la 
máquina de mi cerebro á tan alto grado de calor como es 
necesario para hacer florecer en una semaaa una Rosa i>b 
Alejandría. 

No atribuyas, sin embargo, mi largueza y prontitud á 
sola voluntad mia, ni á mi,generosa esplendidez; la lectu- 
ra de tu Celiar, que no conocía, ha sido la fuente que 
me ha suministrado el agua con laque he regado la tierra, 
para plantar mi Rosa: su inspiración, pues, nos pertenece 
á medias. Además en pos de Celiar, me han caído en las 
manos tus Veladas de inviero con otras novelas y versos 
que en América escribiste; y en todas tus obras he visto 
citados mis versos, ya coma epígrafes, ya como sentencias 
corroboradoras de tus narraciones. Esta prueba palpable 
de la delectación con que tu ingenio saboreaba los pobres 
frutos del mío, á tantas leguas de distancia, sin interés 
posible y sin conocer ni ser conocido de su autor, meban 
hecho contraer contigo una deuda de gratitud impagable: 
á cuenta de la cual te dedico esta composición que para ti 
he escrito bajo la influencia de la lectura de tu Ceuar. 

Recibe, pues, querido Alejandro, mi Rosa de Alejan- 
dru, como recuerdo de mi amistad, y no la dejes marchi- 
tarse nunca en el jardín de tu rneuioria. 

José Zorrilla. 



— *«l — 

XVU* Importancia y aecSdsídad de las colecciones de escritores 

americanos. 

Buenos Atrs, Majo dO de 1863. 

Trascurrido aigon tiempo, es ^a estremo difícil y á ve- 
ces p«Dto menos que imposible» proporcionarse las 
obras y escritos impresos en América. 

He procurado «oleccionar, entre otros, los escritos de 
Vd. ; pero hoy me he convencido de que no puedo ir ade- 
lante, sin acudir á la cooperación de Vd. He buscado con 
avidez sus obras, y sin embargo no he alcanzado á reu- 
nir mas que lo siguiente : 

1 / Biblioteca Aiíebicana, en la que hay dos obras que 
le pertenecen como su autor. 

2.* El Celiar — que será colocado en el Pama$o del 
Rio de la Plata, á continuación de La cautiva del malo- 
grado Echeverría. 

3."" La Iglesu y el Estado, panfleto por la forma, y 
libro serio por la muchedumbre de sos ideas. 

Vd. ha escollado en su persistente intento de difundir 
el pensamiento americano. Tiempos mas tranquilos son 
necesarios para su realización, y cuando ellos lleguen, 
talvez no sea de todo punto inútil la previsión de los 
que podamos presentar algunos materiales para la obra 
grande. ( 1 ) 

Nicolás Avellaneda. 

Xvni. Porque soy cristiano. 

En la primera página del libro La Iglesia y el Estado, 
se lee la siguiente dedicatoria : 



( « ) El Dr. AvellaMda en anión del Dr. D. Migad Nivarro Viola trató de conti- 
Boar la Biblioteca Americana, sutpendida al publicarse el tomo 8.» con motivo de 
l« utemn de tt» oenrriéos en la nepdMIcaí Ar9aaiaft r "i rtgif» á Meoteri^e* 
cuatro meses después. De lamentar e» que escritores tan idcíneos no hay^n lleva- 
do á cabo su propósito, realizado solo en paite por el ultimo en suBíbHo tea Po' 
puittr de Jívenos Jires. 



— 198 — 

a la memoria de mi madre, y en su nombre á la juventud 

Hispano-Americana. 
Tuyo una madre relijiosa y buena : ^— ella me enseñó 
con su Yida y su muerte cristiana que donde está el espiri- 
ta del Señor allí existe la verdadera dicha, la verdadera li- 
bertad, alma de la civilización, ley eterna del progreso y 
bien supremo de esta vida y la futura. — A. M. C- 

Montevideo, Enero 10 de 1866. 

— 25 — 

¿Pudo evitarse la revolución bajo el Go- 
bierno de D. Bernardo Berro ? 

Señor Don N. N. 

Buenos Aires, Mayo 10 de 1860. 

Mí estimado amigo : 

Cediendo al deseo que V. me ha manifestado con reite- 
rada insistencia, en la visita de amigo que tuvo á bien ha- 
cerme ámi llegada de Montevideo, paso á consignar por 
escrito el resultado de nuestra conversación. 

Vd. sabe que ocupado en la fundación de un diario, 
he venido á esta capital por tres ó cuatro dias, con el 
único objeto de proporcionarme algunos cajistas y mate- 
riales para la imprenta que acabo de comprar ; V. sabe 
cuales son mis opiniones respecto de la nueva situación 
creada por la elección del \ .** de Marzo y la actitud que 
conviene al partido colorado, de que forma una parle 
considerable la emigración oriental residente en Buenos 
Aires ; pero V. sabe también que por razones especiales, 
prioadamente jamás he querido mezclarme en nada, ni 
ver á nadie, ni dar consejos que no me pedían, ni entrar 
en discusiones, ni hablar siquiera de politica con los que 
— sean cuales fueren los motivos — no estaban ni es- 



— 1»3 — 

táD de acaerdo eoo mis ideas. En este punto como en 
otros , abriga profundas y arraigadas convicciones : 
contemplo los hombres y las cosas, no por el prisma de 
la pasión ó de mis conyeniencías, sino con la calma de 
la razón traoqoiU e inflexible, teniendo en vista los in- 
tereses permanentes y generales de la sociedad á que 
pertenezco. Sé por esperiencia que es inútil empeñarse 
en convencer á los que han formado el propósito de no 
dejarse convencer, y no me agrada perder el tiempo en 
pueriles eontroversias y esponerme acaso á que mis bue- 
nos deseos se consideren como una seducción ó un lazo. . . 

Los hombres exasperados por el infortunio y agriados 
por acerbos desengaños tienen propensión á ver siempre 
las cosas por el peor lado. La mejores intenciones suelen 
interpretarse siniestramente ; y la ceguedad de unos, la 
malevolencia de otros, y la candidez de los que les hacen 
coro, uniéndose en un solo anatema, forman un concierto 
capaz de amedrentar al mismo profeta Daniel, que no tuvo 
miedo en la cueva de los leones. 

Por eso yo que en determinados casos publicamente 
acepto con la responsabilidad de mis actos la discusión 
con cualquiera y en la forma que mejor le plazca ; que no 
pido permiso á nadie para hacer uso de la razón que Dios 
me ha dado, fortalecida por algunos años de estudio y 
trabajos intelectuales ; que cuando he tomado una reso- 
Ij^cion no vacilo en decir lo que pienso, y obrar en conse- 
cuencia, marchando de frente al objeto ; rehuyo privar 
(lamente las entrevistas misteriosas, las esplicaciones per- 
sonales, las medias palabras, las reservas mentales, y so- 
bre todo la ingerencia donde no veo concordancia entre 
los ñnes y los medios. 

En todos los actos serios de la vida, he adoptado por 
regia invariable no hacer ni decir nada en privado de que 

13 



— <94 — 

tenga luego que avergonzarme 6 arrepefitirme en públko. 
Me basta ponerme de acuerdo con mi propia conciencia 
para no temer nada y oir con el mas soberano éesden 
las invectivas de la malquerencia, la necedad ó la calum- 
nia. Los que me conocen (porque me han mordido, y les 
he devuelto estocada por cornada) dir&n si en mis mas 
intimas espansiones han sorprendido en mí jamás una 
deblez, una perfidia ú otra de esas viles pasiones que en- 
ceguecen y degradan al hombre. 

Pensando de tal modo, Vd. comprenderá que no soy 
muy á propósito para hacer la corte á nadie, y mucho me- 
nos, cuando me interrogan, para plegarme su silencio á 
opiniones que mi razón condena y mi corazón rechaza, á 
trueque de granjearme la benevolencia de los que las emi- 
ten. Callo hasta que me ponen en el caso forzoso de apro- 
bar ó desaprobar lo que me dicen. Entonces me adhiero 6 
disiento sin rodeos, abiertamente, con la entereza del que 
ha meditado de antemano la solución de un problema y de 
premisas ciertas deduce consecuencias lógicas y fatales. 
Empleo este último vocablo en su acepción fiilosófica. 

Asi, en la discusión que Vd. presenció y que dertamenr- 
teño fué promovida por mí, la opinión que sostuve es- 
taba fundada en hechos y razones á mi juicio incontro- 
vertibles. Vd. me pide que las consigne en el papel, y yo, 
aunque convencido que este esfuerzo de mi parte solo me 
atraerá nuevos disgustos, quiero acceder á su solicitad 
desde que se invocan consideraciones á las cuales no pue- 
do ser jamás indiferente. Escuso añadir que autorizo á 
Vd. para que haga de esta carta el uso que mejor le parez- 
ca. Puede Vd. mostrarla á sus amigos, imprimirla, rom- 
perla ó guardarla. Apelo al tiempo y á los sucesos. Entre 
tanto vavaVd. tomando nota. 

Dije y repito que la cuestión que nos divide puede alla- 



I 



— I»5 — 

sarse^oon an poeo de pairiotismoy baeDayolaatad de ana 
y otra parte. 

Las favorables éisposidones del Gobierno y del Senado 
hacen presnmirqne las paertas déla Patria se abrirán pa* 
ra los proscriptos^ sin restriccío&es, sin ninguna condi- 
ción que los yeje y humille. La amnistía despees de las 
dedaradones del Senado, que ha creido oportuno y con- 
Teniente ir mas lejos que el Gobierno, debe ser tan amplia 
y liberal como los derechos que la Constítucion les otorga. 
Habiendo vuelto el país á su estado normal, no hay razón 
plausible que justifique el ostracismo de una parte de la 
íamilia Uruguaya. Prohibirle la entrada sin razón, es au- 
torizarla, si, autorizarla á que no bien encuentre una co- 
yuntura favorable penetre por la fuerza, y la fuerza nadie 
sabe mañana de qué parte estará. La desesperación y la 
miseria convierten á cadaproscríptorenun Leónidas, los 
partídos se gastan en el poder, los sucesos se desarrollan 
y tíenen los mas imprevistos desenlaces, lo? conjuros de 
la diplomacia dan vida y levantan á los que yacian postra- 
dos remedando la muerte. Esa es la historia de nuestras 
eternas revueltas ; ese el fomes de nuestras miserables 
discordias ; ese el lodazal sangriento ; ese el circulo de 
fuego en que nos revolvemos y jiramos sin descanso como 
acometidos de un vértigo satánico, sin encontrar salida, 
sin que el ctanu)reo de nuestras malas pasiones y el humo 
de la pelea nos permitan divisar la imagen sacrosanta de 
la Patria, ni oir la fbz severa de la razón, de la justicia, de 
la ley que nos tienden sus brazos como abriéndonos es- 
pado para que escapemos al incendio que amenaza devo- 
ramos. 

Ei partkio hoy dominante puede y debe dar una alta 
prueba de civisato, que será su mejor escudo el dia que la 

m 

fortuna le vaelva la espalda; pero los emigrados á su vez 



— 196 — 

tienen grares deberes que cumplir, antes y despaes de ser 
reintegrados en sos derechos de ciudadanos. 

Permítaseme ser franco, permítaseme espresar lo qae 
siento j creo, y medítese con calma lo qae Toy á decir, sin 
terji?ersar mis conceptos ni dar tormento á las palabras. 
Si estoy equivocado, convénzanme con razones; yo busco 
la verdad con afán, y me inclino ante ella con tanta hu- 
mildad, como me sublevo altanero ante los denuestos y 
4as vulgaridades. 

Creo pues, sentadas las anteriores premisas, que los 
emigrados están en la estrecha obligación de reconocer 
«ín retricciones al gobierno constituido, prestándole aca- 
tamiento y obediencia, no por mera fórmula, sino hacien- 
do el firme y elevado propósito de justificar la confianza 
<]ue les demuestra, y de contribuir hasta donde sus fuer- 
-zas alcanzen á queja ley y las instituciones sean una éji- 
da para todos. 

Quiten todo pretesto á los temores, á las susceptibilida- 
des, á la justa desconfianza de los que se estremecen al 
«olo recuerdo de nuestras pasadas disensiones. Eviten 
que los que tienen interés en que dure este estado de 
«osas, esploten hasta los hechos mas insignificantes, fra- 
güen é inventen lo que no existe. 

iNo mas reuniones anárquicas y clandestinas : reúnanse 
á la clara luz del dia, y presididos por un Gefe autorizado 
y competente como el General Flores, por ejemplo, de- 
claren á la faz del pueblo de BuenosPAires, que mientras 
no se proclame una amnistía que satisfaga sus legítimas 
aspiraciones, no abdicarán su dignidad de hombres libres, 
sometiéndose á tales ó cuales condiciones para regresar 
al país; pero que ni aún esa injusticia, caso que se come- 
ta, y que esperan será reparada oportunamente por la 
nueva Representación, sería motivo bastante por lapzar- 



I 



— 197 — 

los de naeYO á la guerra civil, porque preferirían morir 
primero de miseria en el deslierro que volver á ensan- 
greutar su Patria. 

Si para probar la sinceridad de esta protesta fuese ne- 
cesario que alguno ó algunos Gefes permaneciesen algua 
tiempo (que de seguro no había de ser muy largo) léjos^ 
del pais, porque se creyese que serian talvez un obstá- 
culo á la consolidación del nuevo orden de cosas, repitan» 
y bagan constar lo que ya han manifestado y tanto le& 
honra; á saber, que no hay uno solo que no esté dispues- 
to á resignarse voluntariamente á este duro sacrificio, para 
que no quede ni la sombra de una sospecha respecto* 
de la lealtad y patriotismo con que proceden. 

Digan y hagan esto, labren una acta, firmen los mas 
caracterizados, los que por su posición ó su inteligencia 
arrastran á los demás, como por ejemplo el General Flo- 
res, los Dres. Gómez y Mezquita, D. Fernando Torres, 
los Coroneles Muñoz, Solsona, Sandes, Caraballo, Sílvey- 
ra, Aguilar, el Comandante D. Manuel Carbajal, &. &. 
¿Cuál de sus compañeros se negaría á imitar su ejemplo?... 
Eleven esa acta — que seria un monumento nacional — á 
manos del Presidente de la República con una breve nota 
respetuosa y digna, como debe dirigirse el gobernado al 
gobernante, y entonces.... quién impediría que el arduo- 
problema quedase resuelto en veinte y cuatro horas?... 

Ignoro lo que determinaría la Asamblea convocada por 
el Gobierno, si como me atrevo á creer, este sometía á so^ 
consideración aquel solemne documento, que conciliaría 
todas las exigencias sin mengua de nadie ; que disiparía» 
todas las dudas y seria como un puente salvador, arrojado 
sobre el abismo que nos divide. Solo sé porque el cora- 
zón me lo anuncia, que un aplauso unánime resonaría en 
toda la República y en todo el mundo civilizado ; que la 



— 198 — 

opinión pública se pronnnciaria enérgica é irresistible, y 
DO puedo creer que eletindose á tanta altura los desterra- 
dos con este acto, la Asamblea descendiese á dedarar 
oficialmente que era ella la que no quería la paz, el orden, 
las instituciones, porque todo eso y algo mas importaría 
su rechazo. 

La noble espontaneidad por una y otra parte en el mú- 
ttu) cumplimiento de sus deberes, importaría el recono- 
cimiento de sus respectivos derechos. Allanaría todas las 
dificultades. Ampárenos la 1^, dirían unos, y no apela- 
remos á las armas para resolver las cuestiones sociales» 
hundiendo y levantando gobiernos de hecho con la punta 
de la lanza. Sujétense i la ley, contestarían los otros, 
y DO hs^ñ mas revoluciones, porque.... no siempre caen 
bien los dados. Nosotros dueños del poder, queremos le- 
vantar la ley sobre todas las cabezas, porque asi conviene 
á todos, y estamos dispuestos á aceptar la lucha legal y 
pacifica en lodos los terrenos ; pero no consentiremos 
por nada ni por nadie que vuelva á encenderse la guerra 
civil. El gobierno tiene la voluntad y los medios de hacer 
respetar su autoridad, y ay 1 del que pretenda seaOuelfo 
ó Gibelino, apartarse del sendero de la ley, violar lapa- 
labra empeñada, usurpar atribuciones que no le compe- 
ten, ó ceder á la tentación de conquistar el poder por otros 
medios que los que* la Constitución marca I 

Qué se contenta á esto ?... que no hay garantías, que se 
les tíende una red y serán sacrificados alevosamente ; que 
cuando se trate de hacer prácticos los príncipíos procla- 
mados, sus adversarios les aplicarían la ley del embudo, 

y en fin el argumento magno Quinteros ! que arrastra 

en pos de si ao pavoroso cortejo de infernales ideas. Al 
proferí!' esa sola palabra, todos los que fueron actores 
en aqad lúgubre drama, sienten que instintivamente la 



— 19» — 

sed de Tenganza les sabe del coruoa i los labios, cente- 
llea eo la mirada, vibra eo el acento como una amenaza, 
y comprime y desfigura la fisooomia con aterradora es- 
presion. 

En semejante estado es imposible raciocinar : compren- 
doj respeto las emociones que esos recuerdos despiertan; 
pero no es alas victimas a quieamas compadezco. 

Dios, venero de toda perfección, consiente el mal en el 
mundo porque tiene el poder de sacar el bien del mal, y 
el destino del hombre hecho á imagen del Altísimo, no es 
otro en la tierra que buscar eternamente la solución de 
ese terrible y misterioso problema: luchar con el mal 
desde que abre sus ojos á la razón hasta que muere ; y 
vencerlo ó ser vencido por él, hé ahi la ley de su naturale* 
za, su misión, el objeto y fin de su existencia, el enigma 
insondable de la creación. 

;Por qué en una de esas horas malditas que son la igno- 
minia de la historia de todos los Pueblos, porque todos 
tienen páginas tan negras y abominables, se haya cometi- 
do en nuestro pais una atrocidad, que ha levantado un 
grito de reprobación en el mundo entero, hemos de co- 
meter otra peor, y de venganza en venganza, y de carni- 
cería en carnicería, no parar hasta el esterminio, hasta 
que no quede un solo individuo del partido contrario, es 
decir, la mitad de la Nación?... Lo irracional de la conse- 
cuencia demuestra lo absurdo del principio. 

No hay garantiasL.. Pero D. Bernardo Berro puesto 
fuera de la ley por sus adversarios, y no obstante empe- 
ñándose ea restituirles sus hogares; Aceivedo, sacrificando 
una posición por todos conceptos envidiable, respetado y 
mimado por Tines y Troyanos en Buenos Aires; Villalba, 
hombre de intachable honradez, arrostrando los compro- 
misos y odiosidades del Ministerio de Hacienda; Lamas, 



— 200 — 

el Gefe Militar que sas mismos enemigos reconoceD como 
el mas inteligente entre los suyos, bajo coya administra- 
ción el Departamento del Salto, puede presentarse como 
modelo á los demás de la República; si esos hombres no 
ofrecen garantías, francamente, 6 son falsas todas las re- 
glas de la lógica y el raciocinio» ó alguna estraua alucina- 
ción se ha apoderado de mi cerebro. 

Pero quiero suponer por un momento — lo que no creo 
— que hubiese mala fé por parte de ellos y de sus correli- 
gionarios: está bien: asi mismo según yo veo las cosas, 
dada la amnistía, los hombres que han sabido probar que 
no se les domina por el terror, porque no temen la muer- 
te, deberían afrontar el peligro y no dejarse correr por 
amenazas ó suposiciones mas ó menos gratuitas. 

El mejor modo de vengarse de los enemigos no consiste 
en matarlos: pobre recurso del animal ó del salvaje. El 
ser inteligente y libre refrena sus impulsos ciegos, y funda 
su gloria en vencerlos á fuerza de inteligencia y de abne- 
gación, de nobleza y valentía. El que se siente pequeño, 
estúpido, indigno, cobarde, y obra como tal, aunque esté 
sentado en un trono no inspira sino desprecio, no pue- 
de concebir y ejecutar mas que maldades, y no se conserva 
transitoriamente en el poder sino como delegado de la có- 
lera celeste, ó emblema déla degradación de los pueblos 
que tales amos consienten. 

Cierro aquí esta carta porque las ideas se aglomeran de 
tal modo en mi cabeza que necesitaría un libro para va- 
ciarlas. Creo en un Dios al cual se ordenan todas las cosas; 
creo en el triunfo providencial de ía idea; creo en la virtud 
omnipotente de la verdad y la justicia; creo en otras mil 
entidades tan bellas, tan consoladoras y santas que, con- 
siderando el momento oportuno (que en política la ocasión 
perdida, no vuelve fácilmente) he querido poner mí grano 



— sol- 
dé arena en la balanza y hacer un esfaerzo supremo desde 
las colamnas de un Diario. El 1 .* del próximo Janio es- 
pero que salga á loz La Demogbagu, y reservo para enton- 
ces desarrollar algunos pantos qne no he hecho mas que 
enunciar ligeramente eo esta carta. Ahora es imposible: 
me pose k escribir anoche despueá de ia una, y la loz del 
naevo dia me ha sorprendido con la pluma en la mano. 
Fría y lóbrega era la noche; pero cuan plácida y hermosa 
se ostenta la alborada! Quiera Dios que el sol radiante de 
la felicidad se letant» del mismo modo sobre nuestra 
desventurada tierra tras la fatigosa noche que hemos atra- 
vesado, y vivifique con sus rayos á todos los hijos de la 
Patria Oriental. Ese es, amigo mió, el sincero voto de la 
inmensa mayoría de nuestros compatriotas, y en parti- 
cular de su affmo — A . M. C. 

- 26 — 

Las Brisas del Plata (i) 

« Me lisonjeo de que Próspero y el Poeta, 
c ( si me es lícito juntar estos nombres ) somos 
« superiores á la sospecha de lisopjeado y li- 
« sorteador : él por su inmensa gloria, yo por 
« mí carácter independiente y aun austero. » 
CEpisiola á Próspero por Pando.) 

En medio de una época desalentadora que de todo tie- 
ne menos de literaria, nos cabe el íntimo placer de salu- 
dar la aparición de la primera entrega de los tomos IX y 
X de la afamada Biblioteca Americana, principiada á pu- 
blicar en Buenos Aires por el Dr. D. A. M. C. 

La producción literaria que en la actualidad se atreva á 

(Ij ColeodoDadu y paMicadat en volumen por primen vei en Montevideo en 
1864 por It Imprenta de El Siglo, en dos entregas de 188 páginas cada una en 4.* 
mayor. 



— 2oat — 

desafiar las miradas del público, debe revestir coiidkioQes 
muy elevadas y méritos muy sobresalientes para poder 
conseguir fijar la atención pública, y distraerla de sus gra- 
ves preocupaciones. El fantasma de la guerra civil, como 
el espectro de Banqno, biere con violencia todas las ima- 
jinaciooes, lo paraliza todo, y enerva la múltiple acción 
de la sociedad, lo mismo en el comercio que en la litera- 
tura, lo mismo en la industria qué en el desarrollo de toda 
faerza productiva. La guerra es el foco incandescente en 
que se concentran todos los deseos, todas ids as{^cio- 
nes ; y está muy espuesto á un desaire el mal aventurado 
que, en época tan prosaica á la par que belicosa, intente 
sin sobrados titules parodiar para con él el verso del poe- 
ta español : 

« Para, y óyeme oh sol I yo te saludo, 
« Y atónito aale tí, me atrevo á hablarte. » 

Pero no tememos alucinarnos por un mérito superfi- 
cial, ni dejarnos apasioaar por la amistad con que nos 
honra el autor, al expresar nuestra opinión de que este 
tomo de la Biblioteca, que hoy sale á luz, será acojido con 
sincera satisfacción por el público Oriental. 

El mejor elogio de esa producción se enuncia con solo 
decir que es una colección de poesías del Dr. Magariños 
Cervantes, de las que forman la serie comprendida bajo el 
título de Brisas del Plata. 

Poeta de verdadera inspiración, su autor ha podido es- 
cojer de su abundante repertorio algunas preciosas com- 
posiciones escritas en épocas no muy lejanas » teniendo en 
vista para esta elección el completar en un cuerpo de obra 
un libro americano, por sus tendencias,, por sus manifes- 
taciones, y por su índole. 

Una de las nobles aspiraciones de nuestros poetas mas 
eminentes ha sido el concentrar el fuego de su numen 



— 203 — 

hacia el propósito perfectamente definido y sistemado de 
crear aaa kteratora americana, tan emancipada de la 
Europea, como en el orden político lo son del viejo mnndo 
nuestras secciones americanas. • 

Esta tarea que puede con el tiempo y con el auxilio de 
iirteligeDcias arentajadas llegar á ser una enorguUecedora 
realidad,^ tiene en el seBor M. G. uno de sus mas distin- 
guidos y perseverantes obreros. 

Su Eitrella del Sudj su Caramurú, su Celiar, lanza- 
dos en medio de los ingenios arrogantes y esclosivistas 
de la Corte española, fueron los primeros pasos dados 
en ese camino, demostrando, allí en Madrid, donde todo 
debía ser español para ser leído, y sobre todo encomia- 
do, que el autor era bastante fuerte para levantar muy en 
alto la bandera americana, haciéndola saludar con uní- 
soaa y de&rente admiración. 

Mejor que nosotros hará justicia á esa tendencia el pár^ 
rafo siguiente de un articulo que encontramos en la Pa^ 
tria de Madrid, redactada por el distinguido escritor C^ 
novas del Castillo, actual Ministro de la Gobernación, al 
analizar algunos trabajos del Dr. M. C. 

« Magariños, dice, es de los jóvenes escritores ameri- 
te canos el que pone mas color local en sus obras, acaso el 
4( que iiev a mas fé patriótica en el corazón; acaso también 
« el que mas se deja arrastrar de los vicios de la sociedad 
« en que ha vivido, por lo mismo que sabe retratarla bien, 
ic y comprende como pocos las bellezas poéticas que ella 
« encierra. Por eso se vé en sus escritos el espíritu de la 
« literatura americana, y la crítica de la Estrella del Sud 
« podría ser al propk) tiempo un análisis completo dei es* 
« tado moral y político de aquellos pueblos hermanos 
« nuestros, q«e arrastran penosa vida en las fértiles y 
« malhadadas orillas dtl Plata^ y en las cuestas riquísimas 
« de los Andes. » 



X — 204 — 

Esa aspiración de americanizar, sinónimo para nosotros 
de mejorar, de perfeccionar, nuestra literatura, yendo á 
buscar el ejercicio de nuestras privilegiadas inteligencias 
en todo cuanto puede ostentar de notable, de grandioso ó 
atractivo el mundo americano, tanto en el orden material 
como en el moral; es una tendencia recomendabilísima que 
por desgracia no vemos bastante fomentada é inculcada 
por los hombres que amaestran nuestra juventud, 6 pre^i* 
den á sus trabajos de iniciación en la hermosa ciencia de 
las letras. 

Y tan de lamentar es esto, que en nuestro pobre juicio, 
la emancipación política de un pueblo no es completa en 
tanto no tiene su literatura esencialmente nacional. La 
carencia de esta debe considerarse como una positiva su- 
bordinación al estranjero en todo cuanto tiene de mas 
noble el hombre, que es el cultivo de sus facultades in- 
telectuales, á la vez que tomarse como revelación de un 
estado social mucho mas atrasado que el que en reaKdad 
formamos. 

Pero, con las restricciones del caso, aún seriamos mas 
absolutos en esos principios, pues lo que decimos de la 
emancipación literaria, lo desearíamos para otras no me- 
nos grandes manifestaciones de nuestra acción ¿ocial. 

Podríamos desarrollar aquella tesis con buen caudal de 
argumentos; pero no es un diario político el terreno mas 
adecuado, y por otra parte debemos. concretarnos á nues- 
tro propósito, que es el de formar un lijerisimo análisis 
de la publicación del Dr; M. C. Baste á nuestra aspiración 
inabandonable consignar ahora ese voto, ya que nos ha- 
llamos á la sombra' de los laureles recogidos en ese sen- 
dero por nuestro autor. 

Magariños Cervantes ha dado cuerpo y alma á esta teo- 
ría en Nuestro lábaro, verdadero pendón de poeta levan- 






~ 805 — 

lado al genial soplo de americanas inspiraciones; y pro- 
grama, por decirlo asi, i que se consagró desde temprano 
con entusiasmo, para marcar el rombo de su camino. Re- 
comendamos su lectora, porqoe en él están concretadas 
las reflexiones qoe temeríamos empalidecer si discorrié- 
ramos mas sobre ellas. 

El servicio prestado por M. C. á ta poesía americana en 
esa tendencia qoe venimos señalando, es tanto mas digno 
de encomio cnanto qoe coDtríboye en so esfera de acción 
á aproximar ona positiva regeneración para las letras. 

La poesía no está entro nosotros á la altora de so mi- 
sión, no tanto por el estado mas ó menos atrasado de 
noestras sociedades ó por exigencias mas positivas, y di- 
remos casi esencialmente económicas, de noestras nacien- 
tes repúblicas, sino por la mala dirección dada á los nove- 
les literatos, ó por la extraviada y homilde senda qoe ellos 
mismo se labran. 

Yéseles malgastar so ingenio en amorosos devaneos, en 
trivialisimos asontos, y el eco popolar no les responde, ó 
si lo hace es menospreciando so mal empleado talento. 
Esa repetición de insolceses forma hábito : y el poeta 
viene con razón á dejenerar en on versificador, boeno 
coando mas para festejar el natalicio de algon poderoso, 
para amontonar hipérboles sobre la primer coqoetílla qoe 
se asoma á ona reja, ó para acortar las largas noches de 
San Joan y San Pedro. 

¡ Coántos de noestros preclaros ingenios se han acos- 
tombrado á esa profanación de so numen, y contriboido 
con so mezqoina condescendencia á radicar en el ánimo 
público tan inconveniente y desalentador menosprecio I 

Con algonos esfuerzos colectivos, prodoctores de po- 
bllcaciones como la que dá mái^en á estas líneas, la 
poesía habrá entrado en so verdadero terreno, y el poeta 



— «06 — 

toniaci el ponto teiorable que le eorresponde entre los 
ageoítes aotírds de 4st «mliuciiOD «oarioMKt. 

¿CAMODO akanorlo miando se kiera la imagiaadon 
popiiar con enfesqaíara de los oehmiovedoiw episodios 
de la epopept de tlRiestra independencia ? 

¿Cómo no deleitar al público ÍQtdigeote oon la inagota- 
ble descripción de las bellezas de nuestra espléndida «na- 
tnraleza , dé nnestrbs cordilleras inexploradas, de ones- 
tros ríos no surcados, áe ünestros t^aco^ y vastas soleda- 
des que esperan «sn Chateaubriand para deslnmbrar la 
imaginación poética ya de nuestras poblaciones? 

¿ Cómo no elevarse á un sacerdocio que kaga venerable 
al poeta, ú anatematizar nuestras nefandas guerras civiles 
y sus criminales promotores, predicando la concordia, 
piedra fílosofal áe nuestro anhelado engrandecimiento? 

Y por últímoy cómo no electrizar las masas americanas 
al execrar ese villano salteamiento de un pueblo entero, 
ejercido sobre la mártir Méjico, ra pleno medio dia del 
siglo XIX? 

Tantos tópicos dignos y elevados como ofrecen el pa- 
sado y el presente de nuestra América, bastan por si solos 
para reflejar sobre cualquier inteligencia que los cultive ó 
apropie, el brillo seductor que les es congenial. 

Por otra par4e, debe atribuirse una influencia muy de- 
cisiva en el carácter superfícial de las prodncciones del 
vulgo de nuestros poetas, á la falta de estudio, á la caren- 
cia de instrucción general, y á la arraigada idea de que 
para ser buen poeta basta y sobra con saber medir bien 
los versos, y^^bn la inspiración ingénita para escribirtos. 

Tan absurdos desvarios producen su inevitable resulta- 
do. £1 presBQíto poMa, careciendo de nociones estensas 
en las ciencias sociales, menospreciando las q«e influyen 
en el buen>ctosarrollo de los pueUos, su bienestar y pro- 



— 807 — 

greso, nanea (mede sorjir de!» mediocridad, y se deja ir 
en esa pendiente de yaciedades ^e constituf e para machos 
la esencia de todo trabajo poético. 

De afai la tibiesa, la iodtferencia pública, qne hace pre- 
ciso en los verdaderos talentos nn doble trabaje y perse- 
verancia á fin de sobreponerse á ellas. 

Por eso en nuestra opinión, el poeta en sn idealismo 
como hombre de inspiración y de estadio, es nn ser in- 
completo sin la rennion correlativa de esas dos fecnndas 
fecnltades creadoras. Poseyéndolas ambas, pnede y debe 
colocarse mny en alto entre los reformadores de las socie- 
dades bamanas, entre los nobles precursores de sa pro- 
greso. Así se le vé elevarse el dia menos pensado sobre el 
nivel de sos compatriotas, dominándolos en el Poder 
público, en los Ministerios, en la Magistratara, despnes 
de haber predominado sobre ellos por sn superioridad in- 
telectaal. 

No necesitamos ir á la Europa que nos daria un cente- 
nar de ejemplos análogos. Enfre nosotros Joan María Gu- 
tiérrez, López, padre é hijo, Mármol, Mitre, Domínguez, 
Juan Francisco Seguí, Luis de la Peña, Arrascaeta, Lamas, 
Magariüos Cervantes, y tantos otros que podríamos nom- 
brar, comprenden así esa supremacía, y ala vez que la ejer- 
cen en las letras, la hacen ó la han hecho práctica presi- 
diendo ó gobernando un pueblo, dirijiendo su movimien- 
to interior, representándolo en el exterior, ó haciendo 
acatar la majestad de §us leyes. 

Hemos dichoque prescindimos de los odios políticos 
que repudian todo mérito en los antagonistas, y los amen- 
guan, unos á otros recíprocamente, de verdaderos titanes 
del progreso social á imperceptibles lihputienses. 

Pobres de los poetas eminentes del Río de la Plata bajo 
ese repugnante miraje que en la brutal, pero exacta frase 






— 208 — 

de Sarmiento «los pone patas arriba.» Sea esto dicho de 
paso para los maldicientes qoe nos zahieran el reunir 
nombres tan mutuamente antipáticos ó mal arenidos en- 
tre si en el recinto de la Sodoma de nuestras discordias 
civiles. 

Tomamos al poeta en su condición respetable, practican- 
do un verdadero sacerdocio social, desprendido de las 
torpes pasiones que degradan ai hombre^ yendo á buscar 
en el corazón del pueblo sus mas nobles fibras, para ha- 
cerlas vibrar acordes con las armonías de la moral, de lo 
bello, del deber, de la fraternidad, con todo cuanto se re- 
laciona con la perfección humana, y nos encamina á ella. 
Pero abandonemos este importante asunto á personas 
mas competentes, y entremos de una vez, al terreno en 
donde ostenta sus gatas poéticas nuestro autor, declaran- 
do como una salvedad muy oportuna, que de él está es- 
cluida para nosotros toda cuestión conexa con lo que lla- 
mamos politica, esa bacante prostituta que ha encenaga- 
do y mancha con su degradación nuestros mejores años 
y nuestras mejores aspiraciones. 

El Derrotero es la linea que el poeta se traza en su 
mente al iniciar su trabajo. Verdadera invocación á los 
sentimientos mas nobles del hombre, se deja llevar de su 
lirismo, y se eleva á lo sublime, sin afectación, sin esfuer- 
zo visible: 

Tú, oh genio ! tú que guardas 

De América el destino. 

Sobre sus altos montes 

Velando el porvenir ; 

Propicio con tus alas 

Señálame el camino 

Por donde debo en tanto 

Mis pasos dirijír. 



*' 



— ¿09 — 

Y (lo quiera me inspires poesía, 
Alli me encontrarás siempre constante, 
Que una sonrisa tuya, patria mía , 
Será á mi noble afán premio bastantel 
• •••■•••••••• 

Cantos de fé y esperanza 
Para toda inteligencia, 
Que ansiosa de prez se lanza 
Una gloria á conquistar ! 
Leal y sincera acogida 
A toda elevada idea, 
Que lleve en la frente erguida, 
Progreso, paz, libertad I 
La Gloria, recuerdo digno de uno de los mas nobles 
hijos de la madre patria, es un tema sobremanera origi* 
nal desarrollado con altura y nobleza. I). Feliz de Azara, 
en cuanto sabemos, no ha sido objeto de encomios poéti- 
cos ; y el autor no podría explotar un lema mas recomen- 
dable con mas elevación de ideas. Azara es uno de los 
héroes de la ciencia ; porjque aunque parezca |)elulanle ó 
desacertado el nombre, hay heroicidad en afrontar los 
riesgos que, mas que su misión oficial en América, le ha* 
cía correr al observador Azara su incansable espíritu de 
investigación. 

Esa heroicidad el poeta ha sabido alabarla con robusta 
entonación, apartándose de la senda vulgar que solo 
halla flores y lisonjas para el valor militar, ó para los 
especuladores de la paciencia de los pueblos. 

« Tiene el Plata un vago colosal murmullo 
Con que á veces cuenta su dolor al mar, 
Y yo que poeta comprendo su arrullo 
Sé que tu memoria nunca olvidará. 

u 



— 210 — 

Llora por tí Azara, porque tú no fuiste 
Ni venal, ni torpe, ni déspota cruel ; 
Llora por ti Azara, porque mereciste 
La rica diadema que puso en tu sien. 

Digna y envidiable, fúlgida aureola. 
Que alcanzó tu esfuerzo, virtud y saber : 
Déjame admirarla.... tu gloria española. 
También de mi patria, de América és I 
La Plegaria es la aspiración de todo corazón bien tem- 
plado. Es la juventud elevándose sobre la sangrienta tra- 
dición de las luchas civiles; buscando en la religión de la 
ley y del progreso una ara digna de sus homenajes. Aun- 
que de época antei^ior, las ideas consignadas en esa com- 
posición son todas, en nuestro juicio, palpitantes de ac- 
tualidad. 
Señor ! Señor I alumbra la mente de esos hombres , 
Que agitan sus puñales gritando libertad I 
Y con palabras huecas, con retumbantes nombres. 
Corrompen nuestra joven, incauta sociedad I 
Las composiciones Esperanza y La poesía Anie7ica)ia. 
pertenecen á un mismo género, y revelan en el poeta la 
misma nobilísima aspiración: el anhelo por ver entrar á 
la América en una época de paz, dejando relegado al tene- 
broso pasado las funestas divisiones fraternales que tanto 
|a mancillan y arruinan. ¿ Cómo no simpatizar con el au- 
tor cuando esclama: 

Cantemos, vate, con fervor cantemos. 

Hasta que todos en estrecho lazo, 

Se den unidos fraternaí abrazo, 

Y arrojen lejos el traidor fusil: 

Hasta que al Padre justiciero, humilde. 

Sincera y pura vuele su plegaría, j 






— 2fl — 

¥ á los cielos caal oQble pasioQaría 
Alzan todos la frente varonil I 

Y es mi única bandera 
La que mi patria alzó. 
Su azul refleja el cielo. 
Su blanco la pureza, 

Y el sol, el alto vuelo. 
La colosal grandeza. 
Que pide á sus poetas 
£1 mundo de Colon. 

Seis lustros ha que roto 
Cayó el hispano cetro , 

Y aterrador espectro 
Su espada vino á alzar : 
Seis lustros ha que dura 
La impla civil guerra, 

Y la fraterna sangre 
Mancha á la madre tierra , 
Sin que el horror nos haga 
Las armas arrojar I 

Muertos y vioós es un sabat infernal en que campea 
una vigorosa imaginación. Es una balada que no desde- 
ñaría Hoffman en sus alucinaciones mas fantásticas, e' 
pincel de aquel inspirado pintor podría lucir con tal asun- 
to, creando un nuevo Tambor de la muerte ó el Despertar 
como el terrible cuadro de Raffet. 

En Fé y luz el poeta busca un tópico digno á sus cán- 
ticos, y lo halla en la gloria inmarcesible de los treinta y 
tres héroes de la independencia oriental. Relegando coa 
justicia sus errores al olvido, esclama: 



— 212 — 

Entre tanto, el poeta americano 
Debe alzar arrogante su armenra, 
Para cantar su esfuerzo sobrehumano, 
Su indomable tesón y valentía. 
Si pródiga nos dio >9n heroica mane 
Independencia, patria, autonomía, 
¿Por qué vil enmudece nuestro acento 
Cuando grande se eleva el peqsamiento? 
Rio Janeiro es un rayo del sol tropical. La espléndida 
naturaleza del Brasil se refleja cen maestría en los tintes 
soberbios que ha acumulado el poeta en esa composición; 
pero á la vez que lucido diseñador, él ha sabido buscar un 
fin mas noble á su trabajo, pasando (en cuanto lo permi- 
ten la estrechez de esas composiciones fugaces) del Brasil 
material, rutilante de luz y de bellezas, al Brasil moral, 
tan poco en consonancia uno con otro. 

Observador republicano, el verso estalla entre sus ma- 
nos, al percibir una de las faces de esa condición social 
ante la cual se indigna. 

Enjaulada pantera á quien azolafn 
Muerde sus hierros desdichada raza.... 

Al crujido del látigo que en vano 
Qaiere el grito acallar de sus estraüas, 
El Gigante (1) que duerme en tus montañas 
Me parece que se alza colosal, 

Y sacudiendo sus hercúleos brazos 
Sobre el mar irritado se levanta, 

Y rompe el aúreo cetro con su planta, 

Y hace trizas la túnica imperial I 



(f I Desde cicrtt disUncfi sobre todo en el msr, se divisa en efecto on gigtnte 
enorme acostado entre Us montañu que rodean la ciudad de Rio Janeiro, formado 
por los picos 7 siluetas de estas. 



Ríe, oh pofibla^ deUí*a^ cantau gO£a! 

Bastan los homo» dd ii^eim ÍHipta, 

Para enenrar el arrogante brío 

Del aíHeaoQ eatápido 7 brutal. 

Duerme tranquilo, .pues, mientras él vuela; 

Prendido de las luiraa de tu coche.... 

Relámpago sifliestro ande en la noche 

Como un cráter la aurora boreal I 
lula preciosa oómpoaicion titulada Baluarle^ el pMte 
baJbosquefado coa coloridos brillantes la grandiosidad, de 
lee- Andas, la poderosa^y lozaua naturaleza que en ettos se 
dflBarrolia; y al terminar sctatractíva descripción seexalCaí 
aulaí los riesgos que puede correr la. América» y termina 
COA estas estnofas^ que na podemos negarnos el placer dr 
copiar: 

Mupalla queálos sigbs desafia, 

Jütacadeua los mares^ j tocitentes, 

Vu espíritu y tu fuerza así algún día 

9e lefanten loliAjmérical imponentes. 

Y donde qjuwa i)tia el peligro asome 
Tus huestes formen una sola tropa, 

Y la alianza americana dome 

La ambición y el orguUa de h Europa I 

Y clavando en los Andes tu estandarte 
Cual faro salvador brillar sa vea; 

Y de tu indepeudencáaiel baluarte 
De la invencible unión lábaro seal 

En la Vision^ el utoptata se forja, un mundo que envidia- 
rá nuestra pobre actualidad, yr no9 pinta una realidad co- 
lor de rosa muy distinta dft la. vordinegra que atravesamps. 

Flamea á los vientos ghu^iiosa bandera 

De America entera sublime guión. 



— 214 — 

T ante él la anarquía y el odio nefando 
Huyen arrastrando la vil desanion. 

T es solo un gran pueblo la América alti?a 
Dó ^Ima y oliva florece á la vez. 
En tanto que humildes las viejas naciones 
Le arrojan pendones de alfombra á sos pies. 
Como poesia descriptiva, rica en espléndidos coloridos 
locales, revelando en cada linea un cuadro, en cada estro- 
la no paisaje, puede citarse la Noche de Luna con que 
termina la entrega. Echeverría ó Marmol la codíciarian 
para sus mas lucidos rasgos; y muy inerte debe ser le 
imaginación que al recorrerla no asista ¿ ella con el poe- 
ta^ y no vea con los ojos del alma, cada una de las mil 
escalas, concretadas en esta fotograña poética de núes* 
tra naturaleza en una hermosa noche de luna en el campo. 
Esto, aparte de las sentidas aspiraciones y lección 
flosóíica con que termina esa composición, las que en 
honor sea dicho del autor, forman uno de los mas atracti- 
vos y nobles característicos de su lirismo. 

Brilla la luna entretanto 
Suspendida en el cénit ; 
Gimen las auras, suspira 
El manso arroyo feliz, 

Y el Aguará solitario 

Se queja en el Sarandí. 

Así el mal bajo áureo mahto 
El mundo suele encubrir, 

Y en el alma mas dichosa 
Se oculta el dolor asi I 



— 215 — 

Sí como es de esperar, las demás composiciones que 
deben formar el resto de la obra, son de igual mérito que 
algunas de las que hemos enumerado, de iguales nobles 
móviles y sentimientos en su inspiración, y de igual abun- 
dancia de galas poéticas, el señor M. C. habrá regalado á 
la literatura Oriental una de su mas lucidas joyas, y me- 
recerá ser aclamado su jefe actual en el género de poesía 
que tan acertadamente ha cultivado. 

Y ya que esto decimos, debemos consignar aquí la justa 
opinión formada de ese literato por el Sr. Elíseo Reclus 
en su notable y discreto artículo <a La poesía y lo$ poetas 
de la América del Sudí^ publicado en la Revista de Am- 
bos Mundos, de Febrero último, al incluir al Sr. Magari- 
ños Cervantes entre los poetas distinguidos de este con- 
tinente. 

Felices los que como él conservan en el alma la fecun- 
da fé que los anima en ese camino, y no se divorcian del 
cultivo de las bellas letras ante la inexorable exigencia 
de un trabajo cuotidiano casi siempre de un carácter re- 
pulsivo á ellas ! 

Si en ese camino encuentran escabrosidades y decep- 
ciones, también la gloria les sonríe, y levanta su ánimo 
á regiones mas serenas, á realidades menos torpes. Lle- 
ga al fin un día de grata recordación, como lo es siem- 
pre el día de la justicia, en que el peregrino oye una voz 
simpática, la voz de la multitud, la voz de la patria, que 
dice ante sus detractores, porque es el genio el que los 
tiene siempre, ó ante sus indiferentes contemporáneos : 

«Hé aquí uno de mis hijos predilectos ». 

Ese porvenir es ya un presente para el inspirado cantor 
de las Brisas del Plata. 

Montevideo, Abril 18 de 1864 

Justo Maeso. 

fiM ñepúhliea). 



■ I, 



— 316 — 
II 

(Segunda parte). 

Cumpliendo un bíea grato deber, decía el Sr. D. Frao- 



ciseo Xarier Acha en el Paü del 47 de Julio de 1864 — nos 
disponíamos á consagrar algunais lineas á la 2/ entrega de 
las poesías de nuestro particular amigo el Dr. D. A. M. C, 
cuando viene á relevarnos de esa tarea el siguiente artícii- 
culo del Dr. D. Laureutino Xtmeoez, cuyas ideas y apre- 
ciaciones respecto de nuestra joven literatura en general, 
y de los talentos do nuestro poeta Magariños, se encuen- 
tran en la mas perfecta consonancia. 

El Sr. Ximenez, apreciador caloroso y entusiasta de 
todo lo que es nacional, juzga con acierto y criterio filosó- 
fico las producciones del Sr. M. C. y al hacerlo, su pala- 
bra estimula á todos los que como aquel pisan la senda de 
las bellas letras. 

Hace justicia sin pasión al mérito literario de las Brüm 
del Platay y los sentimientos mas nobles y generosos le 
arrancan un aplauso sentido para el poeta, que no se deja 
avasallar por el infortunio de la época. 

Uniéndonos á la palabra muy antorizadA por cierto del 
Sr. Dr. Ximenez, acogemos con sin igual placer su articu- 
lo, batiendo con él palmas á la inspiración y al genio del 
autor de Celi4tr y del cantor de las glorias de Azara. 

Por lo ctemás el laureado poeta sabe que no le hacemos 
un cumplimiento. 

Su reputacioa literaria no carece de los aplausos de 
los que la reconocen como una verdadera gloria nadoaal. 

Hé aquí el articulo del Dr. Ximenez: — 



♦ * 



La publicación de un libro nacional ^ un verdadero 
acontecimiento entre nosotros, por las dificultades con 



— 2t7 — , 

qafr, aua ea époeas soraudes,. ticiien que tichar ios aKfo- 
es. 

Por es» es na deber á% los qae enltiYaii las letras ó les 
rindea colto^ prestar sa humilde apoyo á los esfuerzos 
mas ó menos mentónos que se bagan en este sentido. 

Por graves qne sean las circnnstancias políticas, son 
transitorias, y eHas no deben sofdcar la espansion del es- 
pirito, qme tal vez en ninguna ocasión necesita de mayores 
estámulos que en époeas tuanltiiosats, como la qne por 
desgracia atravesamos. 

El poeta de qnien vamos á ocuparnos, dice muy acerta- 
damente: 

4( Mecida por las ráfegas sonoras 
Qae preceden y anuncian la tormenta, 
Impávido y sereno 
Abre el Cóndor sus alas tronadoras, 

Y con picante grito 

Que en torno el eco aumenta, 

Y oyen las otras aves con desmayo, 
Audaz se pierde m la región del rayo I )^ 

Estos versos escritos y publicados en 1861 , demuestran 
que el Sr. Magariños no participa de la vulgar creencia 
que lo somete todo á las eventualidades de la política. 

Obrero intelijente del progreso, sigue su camino, aun- 
que el torbellino anuble el horizonte con glacial oscuri- 
dad. 

La segunda entrega de las Brüd» del Plata ha visto la 
luz, y por las razones espuestas y en el deseo de que no 
pase inaperetbida ante la ^vedad de los sucesos que hoy 
se desarrollan , vamos á hacer un ligero resumen de esa 
recomendable publicación, prescindiendo de la primera 



— 2i8 — 

parle que ya ha sido magistralmente juzgada por los se- 
ñores Maeso y de Santiago. 

El Sol de media noche , abre la entrega: magnifica y 
atrevida concepción que revela la originalidad y privile- 
giadas dotes del poeta: nos parece difícil que en un mar- 
co tan reducido, pueda bosquejarse con mas verdad y 
belleza el episodio maravilloso de los Treinta y Tres. 

En efecto, en ciertas épocas el sol aparece á media no- 
che en el cielo polar, y produce los fenómenos que des- 
cribe el autor de las Brisas , aplicándolos al aconteci- 
miento político mas memorable por su audacia , y sor- 
prendente por sus resultados, que registran los anales 
de nuestro país. 

El Mburucuyd, simboliza los misterios de la pasión de 
Jesucristo , y como observa el Sr. Sastre en el Tempe 
Argentino, el poeta uruguayo ha tenido una inspiración 
tan feliz como piadosa y patética, al atribuir el origen de 
esa flor á una gota de la preciosa sangre del Redentor: 

« Y acaso cuando él herido 
Ya sin fuerzas, tristemente, 
Al pecho inclinó la frente 
Sin exhalar un gemido, 
De aquella sangre inocente 
Una gota cayó al suelo, 
Y la tierra sin consuelo 
Brotó una flor de esperanza. 
Como prenda de alianza 
Entre los hombres y el cielo. » 

El soplo de la tormenta trajo sus semillas á América, 
y cuando llegaron los conquistadores encontraron sobre 
el cáliz de esa flor : 



— 219 ^ 

«Como en un germen fecundo 
El trasunto idealizado 
De ese misterio sagrado, 
Vida y luz del nuevo mundo.» 

Mo en vano los ilustrados redactores de la Revista Ca- 
tólica de Buenos Aires, tributando grandes elogios á esa 
composición — la recomendaron á la juventud estudiosa 
como un modelo por el fondo y por la forma. 

La singular propiedad que tienen algunos de nuestros 
rios y especialmente el Uruguay, de petrificar objetos que 
caen en sus aguas, sirve al poeta para demostrar como en 
el rio del tiempo, la gloria abrillanta con eterno resplandor 
los nombres dignos de inmortad renombre como el de Ga-^ 
ríbaldi, héroe de ambos mundos, que también nos electri- 
za á nosotros, al lejano rumor de sus hazafias. 

« A los viv<u de Europa atronadores 
El Uruguay sacude su melena, 

Y con guirnaldas de laurel y flores 
Del ancho Plata los raudales llena. 

Las recibe la mar ola jigante 

Al Ítalo confín su vuelo toma, 

Y á tus plantas estalla rutilante 

En cascada de luz, perlas y aroma. » 
El terrible Facundo Quiroga, llamado con razón el Ugre 
de los llanos, es sin disputa la n^as alta personificación de 
la lucha de la civilización cor» la barbarie, y el Sr. Magari- 
ños traza con verdad y energía los rasgos que caracterizan 
al caudillo, que todo lo conculcaba y todo lo abatia ante 
su inflexible y despótica voluntad. 



— 2» — 
«Por que es la liey sa capricho^ 

« 

Dan sus miradaa la muerte^, 

Mientras le ampara la raerte 

T de su nombre ei terror.»^ 
La imaginación se transporta á la época luctuosa en que 
Qairogay ras sucesores dejaron un rastro de sangre en las 
Provincias Ai^entínas, y el coraron tiembla aun y la razón 
Taeila, al contemplar: 

«La fuerza bruta sin freno 

Ta vencedora, que horrenda 

Se desploma mas tremenda 

Desqoe se siente capas, 

De dershacer bajo el casco 

De sus caballos sangrientos, 

Lo9 ya minados cimientos 

De la opulenta ciudad'. 

T entre loe vit ae del triunfo 

£1 insolente caudiHo, 

Con él látigo y cuchillo 

Dictando ra ley alK: 

Sin que ni Dios ni los hombres 

Sobrecogidos de espanto, 

Alcanzen en duelo tanto 

A caltear ra frenesil p 
Como para desvanecer la penosa impresión é ingratas 
ideas que ese cuadro pavoroso despierta, el poeta arran- 
ea de las cuerdas de>m lira una sentida vibración consa- 
grada i la memoria de Sucre, de los guerreros y vates de 
la inmortal jornada de Ayacncho, y termina su canto bre*- 
ve eo tamaño, pero rico en ideas, recomendando á m^ 
descendientes sepan conservar dignamente aquelfa he^ 
rencia gloriosa. 



— m — 

La poesía que llera por titulo Binrna, es un cauto de 
amor en el que campean las dotes que ha hecho resaltar 
nuestro inteligente amigo don Ramón de Santiago en el 
bello articulo literario consagrado á la primera entrega 
de las Brisas. 

« No se halla en sus poesías amorosas ese eterno laeri- 
meo, que vemos en otros poetas, verdadereis Diógenes 
del amor que buscan una mujer, y no la encuentran jamás. 

«La sentida y ardiente inspiración de Petrarca b domi- 
na algunas veces, y sus versos son entonces quejosos y 
apasionados; pero nunca se trasluce en dios el desaliento 
ó la desilusión.» 

Ué aquí como poetiza y ensalza á la mujer á quien no 
nombra, pero que pertenece indudablemente á la prime^ 
ra juventud del autor, y que tuvo la suerte de levantar sn 
espíritu á las regiones del ideal y arrancarle á las torpes 
profanaciones de la tierra. 

«Mujer, que en mis ensueños de amor, fascinadora, 
No hubiera idealizado mas bella mi pasión. 
Gentil búcaro lleno del ámbar que atesora 
En su entreabierto cáliz la flor de la ilusión. 

Vestida con las galas que ostenta la esperanza 
Que al brillo de tu frente se vé palidecer, 
Al mundo apareciste cual mágica alianza 
Del cielo y de la tierra con formas de mujer. 

Y el bardo al contemplarte de amor fúljida estrella 
Sintió que el alma suya por misteriosa ley, . 
Debia encadenada, tu luminosa huella 
Seguir entre las nieblas de la mundana grey. 



— 322 — 

T al punto entusiasmada lanzóse á las alturas 
Y atrás de si dejando la esfera terrenal» 
Llegó al s;^[rado alcázar donde sus luces puras 
Irradia, en vivas ondas, el sol del ideal. 

Mujer, deidad ó maga, sombra, visión ó ángel, 
A cuyo dulce aliento regenerado fui. 
Si el cielo me guardase la vida del arcánjel 
Gustoso la cediera por adorarte aquí. » 

La leyenda histórica Mangóra necesitaría un largo ar- 
ticulo. Nos limitaremos , pues , á fijar la atención del 
lector sobre el objeto que el autor se ha propuesto, inter- 
pretando la historia bajo el punto de vista americano. 
En el amor del cacique por la encantadora española, y en el 
sacrificio de los conquistadores en la celada que les ten- 
dió, solo vé el patriotismo de Mangora, solo ofrece como 
ejemplo la voluntad inquebrantable de acabar con los 
opresores de su patria: 

«Poniendo su cabeza en la balanza, 
Y por peso su amor y libertad. 

Y el arrojo y valor con que sereno 
Su peligrosa empresa realizó, 
Probaron qne en el pecho del amante 
Se abrigaba un patriota corazón. 

Y probaron también á lo que alcanza 
La venganza de un pueblo, si con él 
Valeroso se encuentra un hombre solo. 
Que sepa su destino comprender. 



— 223 — 

ÜQ ciudadano faerte, que no tema 
Cual Mangora en su empresa sucumbir, 

Y que grande y altíTo, mártir muera, 
Rompiendo sus cadenas en la lid I» 

Lisonja y coquetería es un idilio de los que han hecho 
la reputación de Selgas: swfnoraleja está encerrada en el 
siguiente aparte que dice la coqueta, personificada en una 
rosa vencida por las lisonjas de su galán, el clavel. 

«Aunque desden solo brinde 
Con escrúpulos de monja. 
La que al amor no se rinde, 
Cede acaso á la lisonja.» 
Las palabras \le Palafox en Zaragoza guerra á ciichülo! 
despertaron en la mente del autor la idea que ha desarro- 
llado en la bellisima composición titulada : A puñal! 

En el Grito de guerra nos han llamado la atención las 
valientes estrofas, en que después de decir el poeta que 
prefiere ver arrasado y ardiendo el pueblo de su na- 
cimiento : 

«Antes que cobarde doble la rodilla 

Y del nuevo Atila se arrastre á los pies. 

Agrega: 
Al menos heroico rindiendo la vida, 
Cuál la de Numancia será su caída, 

Y lágrima eterna la historia tendrá 
Para el indomable pueblo digno y fuerte, 
QUe desesperado prefirió la muerte 

A inclinarse al yugo con nombre de paz!» 

Nos falta espacio para analizar el Adiós d Montevideo, 

Sin conocerte, una de las mas originales de la colección. 

Después del triunfo. Bajo los sauces, A Eduardo Ace- 

vedo; y apenas consagraremos cuatro lineas al romance 



— 224 — 

Un desafio, á la preciosa balada Eh, Un Piedras, y al can- 
to el Gajo de laurel, notable por sa robusta entonación y 
valentía. 

El Desafio es la descripción de an duelo á moerte en- 
tre dos gauchos dentro de un bosque, y atados pié con 
pié. 

Aunque el poeta se declaragipliábil para describir eos 
palabras aquella escena, y dice que solo siendo pintor ó 
escultor : 

« si el genio le diera 

Su llama y sublimes rasgos , 
Haría que hablase el lienzo 
Ó que se animase el mármol. )> 
No necesita, en verdad, del pincel ni del buril: sus ver- 
sos son un cuadro completo y acabado de la escena qM 
describen. 

La balada En las Piedras merecería ser transcripta 
integra.— El poeta á la caida de la tarde, vaga con su hijo 
por aquellos alrededores, y sintiéndose fatigado y con frió 
el niño, se para en una cuchilla, y desde allí le muestra 
el sitio del combate y le refiere brevemente la batalla que 
tuvo lugar el 1 8 de Mayo de i 8 H . 

De repente se detiene conturbado y un suspiro se esca- 
pa de sus labios. El niño le interroga: 

« — Porque el paso detienes, y que miras. 
Padre, con tanto afán?,., porqué suspiras? 
—En este campo que inmortal hiciera 
Del indomable Artigas la victoria. 
No se vé un monumento, ni siquiera 
Levantada una piedra á su memoria. 
— ^Pero tiene una página en la historia I 
—Niño, en tu pecho el entusiasmo late. 
En tu rostro infantil se pinta el brío, 



— 225 — 

—Vamos que es tarde .... 

—Ya no tengo frío: 
Llévame al sitio donde faé el combale I» 

El Gajo de laurel escrito durante la convalescencia de 
una grave enfermedad, que puso al autor al borde de la 
tnmba, resalta por la nobleza del sentimiento y patriotis- 
mo que respira. 

La entrega termina con varias poesías festivas y satíri- 
cas, dedicadas al Quevedo Oriental, nuestro inolvidable 
amigo D. Francisco A. de Figueroa, que creemos no se ha- 
bría desdeñado de prohijarlas como digno fruto de su 
preclaro talento. 

Merecen entre ellas una especial mención Chingólos y 
vinchiícas y Cada cual con su razón, varapalos á ciertos 
Zoilos que no hacen otra cosa que deprimir todo lo que 
escita su envidiosa bilis ó no está al alcance de su obtu- 
sa inteligencia, parodiando al zapo de la fábula con la lu- 
ciérnaga á quien escupia solo porque brillaba; el Benteveo 
y el Pororoca, (tromba que se forma de repente en algu- 
nos ríos) letrillas joco-serias que envuelven mas de una 
útil lección, y en las que el dardo oculto llega al blanco sin 
ofender : y finalmente las tituladas Culpa involuntaria, 
Yo pecador, Muela rebelde y Desafios por la prensa. 

11 terminar este pálido bosquejo, solo nos ^esta decir 
que esta entrega de las Brisas se conserva á la altura de 
la primera por la novedad de los argumentos, originali- 
dad en las ideas, riqueza en el ritmo y en las imágenes, y 
por el espíritu y tendencias eminentemente americanas 
que predominan hasta en las mas pequeñas y al parecer 
insignificantes composiciones. 

No creemos estampar una lisonja repitiendo con el ilus- 
trado Sr. Maeso, juez mas competente que nosotros, que 
ese libro es ya una de nuestras joyas literarias. 

15 



— 226 — 

Como orientales, felicitamos cordialmeote ¿ sn autor, 
y al ofrecerle el sincero tributo de nuestro aprecio, espe- 
ramos con el Sr. Torres Caicedo que dote aún á la Amé- 
rica de nuevas obras del mérito de las brisas» que ci- 
menten su bien adquirida reputación literaria. 

Julio 46 de 1864. Líurentuxo Ximsíez. 

(El País) 

— 27 — 

Apantes sobre la literatura americana 

La literatura americana puramente española hasta la 
guerra de la independencia, comenzó después determi- 
nada esta, á tomar un camino enteramente diverso, divi- 
diéndose los escritores en dos escuelas contrarias. 

Aquellos que habían educado su espíritu en la contem- 
plación de los buenos clásicos españoles, que habian repe- 
tido desde su infancia los conceptos graves y sentenciosos 
de Solis y de Mendoza, las armonías dulcísimas de Garci- 
laso y las audaces espresiones de Herrera, vinieron en su 
mayor partea la metrópoli, y si volvieron algunos ásu 
país, vivieron y viven sin influencia alguna en sus contem- 
poráneos. Entre estos puede contarse Gorosliza, el autor 
de Contigo Pan y Cebolla, y de otras obras dramáticas es- 
timadas, y Andrés Bello de quien conocemos una magnífica 
composición á la Agricultura, y algunas otras poesías me- 
nos importantes, pero todas castizas españolas. Tiene 
también un tratado de prosodia castellana, que personas 
de la mayor autoridad en estas materias cuentan por el 
mejor que existe de nuestro idioma. El mérito de este es- 
critor como castizo castellano podrán avaluarlo algunos 
de los lectores con solo recordar, que Gallardo, el erudito 



— 227 — 

GiiaBft> desconteotadizo y cáastico autgr del diccionario 
Crítico burleíco, calificaba á Bello de fino filólogo aso- 
ciándolo á sos trabaos. Ye^yla Avellaneda pertenecen 
tatabien á Espaoa esolusívamente, y el mismo Heredia, el 
cantor sublime del Kíágara está muy lejos de contarse en 
laescuelaque podríamos llamar propiamente americana, 
j que comienza á ocupamos ea este mismo punto. 

La revolución intelectual que ya en ultramar, ya en la 
misma metrópoli habiaido acopiando las causas que pro- 
dujeron al fin el levantamiento y pérdida.de nuestras co- 
lonias, venia, como todos sabemos, del estrangero. Los 
libros mismos que habían preparado la independencia, 
siguieron siendo con mayor causa después de ella, lum- 
breras y guias de la juventut^ inteligente. Echeverría, 
poeta del Sur, que cantó en pintorescas Rimas la vejeta- 
aon riquísima del Plata, esclamaba en un arranque de 
cruel entusiasmo á sus numerosos discípulos : Destruya- 
mos basta el idioma de España. » « Imposible, decia el 
joven Magariños Cervantes que comenzaba entonces á do- 
tar á Montevideo de una poesía vigorosa y nacional, según 
la espresion de un viajero francés, (i) que relató con bas- 
tante exactitud el estado de civilización de aquellas regio- 
nes:— imposible es destruir el recuerdo de España que 
está grabado en las ciudades, en los campos, en los ríos, 
etn los desiertos, y hasta en las mas encumbradas monta- 
lias del Nuevo Mundo, allí donde solo el Cóndor remonta 
su jígantesco vuelo U * 

Pero estas palabras y (rtras de la misma especie fue- 
ron á .perderse en el torróte de las pasiones y de las ideas 
dottiMuites. Alteráronse muchas palabras en su signifí- 
fiacion castellana^ siguíeode las tendencias del idioma es- 
trangearo mas on «boga en cada »oo de los diversos y 

(t) Hr. JL DelMQBi; Le Bio de ia Flad^ Boenos-Arres et mwAB>ndL0.99tÍB t645. 



~ 228 — 

apartados centras qae ofrece la literatura en America : 
formáronse nuevas dicciones juntando palabras que siem- 
pre habían corrido separadas, no pocas TOces estrange- 
ras se introdujeron del francés y del inglés principalmen- 
te ; otras muchas se tomaron también para los libros 
que, como de lenguas indígenas, andaban hasta entonces 
en boca de las gentes de campo. La prosodia, la ortogra- 
fía y la misa sintaxis, sufrieron grandes modificaciones y 
trastornos. Aquellos pueblos en fin, que se veían sin tra- 
dición porque renegaban de su raza, trasplantaron á su 
tierra virgen y hermosa los productos de otras naciones 
caducas y estrangeras para fundar sobre ellos su litera- 
tura. 

No es nuestro ánimo eatrar en minuciosos' pormenores 
sobre el estado actual de la civilización americana, ha- 
ciendo de paso una revista critica de todos sus escritores. 
Largos años de viajes y copia grandísima de observacio- 
nes se necesitaría para ello, y dimensiones mucho mas 
extensas que las que pueden concederse á este articulo. 
Por otra parte, muchos escritores merecen ser loados an- 
tes por sus esfuerzos que por los resultados que hayan 
obtenido con ellos. La Europa que movió los brazos de los 
hijos para que se apartasen de su madre, los deja abando- 
nados ahora á su desdicha, y no se cuida de saber los 
nombres de los que pelean por la civilización y por el arte 
en aquellos climas apartados. España alguna vez tiende sus 
ojos amortiguados hacia aquella parte y tal vez compadece 
las desventuras de sus hijos, pero no está ya en su mano el 
aliviarlas: únicamente le toca recoger en su seno de hidal- 
guía á los náufragos de tantas tormentas como eStallan á 
cada paso en las antiguas colonias. El guerrero cae acaso 
en el campo de batalla ó llega con intrepidez al cadalso, 
muere como Iturbide ó como Lavalle: para el hijo del pen- ' 



I 



— 229 — 

samieoto, el homore de ia ciencia y de la poesía, hay un 
destino mas triste todavía : el ostracismo : si ya no es que 
perece con misera alevosía como el ilustre doctor Moreno. 
A*^í acabó Rivera Indarte simpático* y esforzado campeoa 
de la libertad en América ; lanzado con todo sa corazón en 
las luchas políticas vivió poco y dejó pocos escritos para 
que la orguUosa literatura Europea pueda admitirlo en el 
panteón de la gloria. Su nombre sin embargo pesará siem- 
pre sobre las riberas del Plata como un recuerdo melan- 
cólico y apacible. Así también hemos visto pasar los ma- 
res al noble historiador de Venezuela buscando una patria, 
y ia ha encontrado sino rica y próspera, generosa cuando 
menos, porque España no sabe aún llamar eslranjeros á 
los que hablan su misma lengua del otro lado del Océa- 
no. Así por último hemos visto llegar á nuestras costas al 
joven Magariños Cervantes, único acaso que osara protes- 
tar en el Sur de América, contra la terrible sentencia de 
Echeverría. «Destruyamos hasta el idioma de España.» 

El corazón se siente inclinado á simpatizar con esos po- 
bres náufragos que como Camoens cuando salvó sus Lu* 
siadas en una mano, mientras nadaba con la otra, traen á 
España por única riqueza el recuerdo de su América, y las 
páginas donde han ido grabando sus costumbres y tradi- 
ciones. El señor Magariños se distingue entre sus compa- 
triotas por ese amor á las verdaderas fuentes de su litera- 
tura nacional. Hijos de los conquistadores, de los libros 
de estos deben partir sus esfuerzos literarios, ya que no 
quieren someterse á la inspiración de Garcilaso ó Herré* 
ra. Magariños ha desenterrado del polvo los antiguos poe- 
mas de la conquista, los romances y cánticos con que ali- 
viaban sus fatigas los soldados del descubrimiento. Las 
crónicas é historias españolas de aquellos sucesos, toman 
por lo común un colorido local que nada tiene que ver 



— 23» — 

con el estilo de Pulgar , de Méinioza 6 ae €oioma. Aq^»- 
líos hombres tan lejos de su país, renancían por decirto 
así á los seatí míen tos europeos, enattecidos^ por la inmen- 
sidad de los Andes, por la grandeza del Niágara, pw lí 
riqueza del Potosí, por las maravillas de aq^oellos bosqves 
primitivos, de aqueBas flores ignoradas, de aquella ser- 
pientes desconocidas, de aquellos desiertos iuesplorables. 
El señor Magariños sabe aprovectíarse dte todo- esto, y lo* 
deja traslucir en sus escritos al través dte esa erudición 
estranjera bastante estensa, sino siempre bien escogitfe, 
que caracteriza á los escritos de la nueva generación jane- 
ricaua. Htemos visto por acaso una obra suya harto impor- 
tante por el objeto, que se intitula, sino estamos trascor^ 
dados: «Ensayo histórico-político sobre las repúblicas dei 
Rio de la Plata»; libro escrito con admirable conciencia, 
que su patria debiera impriníir á ser menos desdichada, 
y que quisiéramos verlo á luz en España. Algunos de sras 
romances publicados en periódicos nacionales, tienen un 
colorido local delicioso. 

Por lo demás casi nos atrevemos á asegurar que el se- 
ñor Magariños, lanzado á nuestras playas por la estrelfe 
afortunada de Rosas, encontrará aquí una Patria que no 
le deje echar dfe menos la suya. 

Y hará bien España en acoger aí hijo del Plata, como 
ya ha recogido en su seno al correcto y fflosófico' historia- 
dor de Venezuela, como mañana dfeberia recibir á Abigafl 
Lozano, si tuviese que traer á Europa los melancólicos 
sonidos del arpa, con que ha formado hasta aquí las deli- 
cias de Caracas. La historia que encierran^ los tres epígrar 
fes que van puestos al frente de este artículo, ha doblada 
ya su pítima págiua. Kv los españolíes soi&os ya aquella 
gente que sujetó ftmto en tan breve Viempo, cx^tñonumea 
jamá9 Rey ni pueblo lo habian hecho, ni podemos mirar 



— «4 — 

á los habitantes de las repúbUeas espa&olas eome gente 
tervil y bárbara, de rudas ingenios j por ende obligad 
á semrDOs, ni podemos ni debemos ser destmidores ma- 
nifiestos de vidas, y enemigos capitales de la generación 
americana. Son nuestras hermanas aquellas repúblicas y 
sos hijos ya que de nosotros no pueden esperar anilios 
en trances de apuro, ddi>en siempre encontrar en nuestras 
playas, generosa ¿mistad y cmiseeto. 

Antonio Cañotas del Castillo. 
^ (La Union Liberal) 

— 28 — 

El Álbum de Poesías Uruguayas 

Con el mayor placer traducimos, dice El SiglodeX 8 de 
Junio de 1879 — el notable articulo reproducido en por- 
tugués por nuestro colega El Telégrafo Marítimo y debi- 
do á pluma del reputado literato lusitano D. Francisco 
Gomes de Amorim, á quien agradecemos el honroso con- 
cepto que se ha formado de nuestros poetas y escritores. 

El Sr. Fortinho, antiguo redactor del Telégrafo, enca- 
beza dicha carta con algunas hneas, que también transcri- 
bimos, porque dan á conocer los antecedentes y méritos 
literarios de su distinguido compatriota, cuya carta es un 
himno entusiasta en loor de la América, de sus glorias y 
ée so porvenir. 

€ Antes de dar principio, dice el Sr. Fortinho, á la pre- 
ciosa carta escrita en el idioma de Camoens que inserta- 
mos á continuación, creemos necesario ¡Nrecederla de unas 
breves lineas esplicatorias. 

« El autor de ella Sr. Gomes de Amorim se trasladó en 
edad temprana á la región americana, dejando por algu- 
nos anos Portugal donde nació, y residiendo en Para has- 
ta los veinte años próximamente. 



— 232 — 

« Su afecto por América es tan grande, cual se concibe 
al considerar qae pasó en ella esos años alegres, de gra- 
tas ¡lasiones, de entasiamo juvenil. 

« Cuando volvió á Lisboa empezó á escribir poesías, y 
en los primeros ensayos demostró claramente que las 
musas no le eran ingratas. Pocos anos después formaba 
en puesto avanzado entre los soldados de las bellas letras. 

« Hoy sus cabellos semejan hallarse salpicados de he- 
lados copos de nieve, y sin embargo su corazón siente, y 
su pluma escribe con la lozanía de mejores años. / 

« Juzgue sino el lector por el siguiente escrito que de- 
jamos en el propio idioma para conservar todas su be- 
llezas : 

« 

Señor Don A. M. C. 

Mi apreciabilísimo é ilustrado cfófrade : 

Por intermedio del Sr. D. Carlos Duarte Luz, Cónsul 
de la República Oriental en Lisboa, tuve la honra de reci- 
bir el precioso libro con que Vd. se dignó favorecerme, 
intitulado álbum de poesías uruguayas, coleccionadas con 
algunas breves notas por Alejandro Magariños Cervan- 
tes — edición destinada á aumentar el fondo de suscri- 
dones para el Monumento de la Independencia. 

Profundamente agradecido á su amable recuerde, per- 
mítame Vd. que por este medio le manifieste mi recono- 
cimiento y la admiración que me causó \¡l lectura de ese 
magnífico libro. No es mi propósito hacer aquí su crítica ; 
limitóme á espresar á Vd. mis impresiones, tanto mas 
vivas cuanto era grande la ignorancia en que vivía respec- 
to de la riqueza literaria y poética de su país. 

Crea Vd. que leí con el mayor placer y simpatía esa her- 
mosa colección de poesías, tan sabiamente escogidas y 
comentadas por Vd. ; y no sé lo que mas deba alabar en 



— asa- 
dla : si el ardiente patriotismo, que las reanió en forma de 
libro, si la belleza de la forma, la elevación de los concep- 
tos ó los nobles sentimientos que trascienden en la mayor 
parte de ellas. 

Quisiera poder enumerarle las que mas me cautivaron ; 
pero por diversos conceptos, tendría que citar casi todas. 
En mi humilde dictamen, es esta la colección mas igual, 
en su conjunto, de cuantas antologías conozco. La con- 
ceptúo un verdadero servicio, acreedor á la gratitud no 
solo de sus compatriotas, sino también de la de los inte- 
ligentes y estudiosos de todos los países, i Honra á los 
insignes poetas que contribuyeron con las perlas de su 
bello talento á formar esta joya patriótica I Loor al genio 
del benemérito coleccionista que tan ing|piosamente es- 
maltó (constellou) de estrellas fulgurantes las fajas azu- 
les y blancas en que resplandece el sol glorioso del Uru- 
guay! 

Dos grandes hechos consagra este Álbum de un modo 
perdurable : concurre con el producto material de la ven- 
ta para la conclusión de un Monumento levantado á la 
Independencia de su pais ; y al mismo tiempo es ^1 mas 
glorioso padrón que podia erigirse á la poesía nacional. 

Desde la primera hasta la última de sus hojas corre en 
él, como en un rio sagrado, el fuego del entusiasmo, del 
amor á la patria y de la virtud, la llama que levanta los 
espíritus y que tornó inmortales á Grecia y Roma en los 
tiempos de su vivir austero. 

En las caducas naciones de la vieja Europa, donde des- 
fallece y decae, vacilante y decrépita, la raza de los pig- 
meos, olvidados ya que fueron gigantes, difícilmente se 
comprenderá cómo en una pequeña República de cuatro- 
cientos mil habitantes, víctima de continuas conmocio- 
nes, muchas veces entregada á tos horrores de la guerra, 



— 234 — 

ora cítíI, ora estranjera, se puede crear una Irteratora'» 
ja relativamente rica, j eDaii>olar al par de la baodera de 
la libertad victoriosa, h bandera tríanfante de la poesía. 
Se concibe que los soldados portugueses pudieran cantar 
los versos de €amoens en los asaltos de las plazas ene- 
migas; que los gondoleros venecianos cautivos de los 
austríacos, recitaran á las ondas del Adriático las están- 
<;ias del Tasso; pero costará creer que exista un país 
donde en medio de sus disensiones políticas y de las vio- 
lencias y aberraciones de los partidos, se formase tan bri- 
llante pléyade de poetas. 

La admiración ha de cesar, no obstante, cuando se sepa 
que ese pequeño Estado pertenece á la América, la parte 
mas juvenil del4^obo terrestre, donde todo es grandeza y 
prodigio. 

En América la poesia, como la Minerva antigua, nace 
armada y perfecta, ora para entrar en las luchas de la In- 
dependencia, ya para las no menos reñidas pero incruen- 
tas del pensamiento moderno. Surge del seno de las 
aguas y de las selvas , coronada con las palmas de la glo- 
ria ó las del martirio; siempre robusta porque es creyente; 
siempre guerrera porque es joven; siempre bella porque 
es verdadera. La vida potente deesa región de maravillas, 
revélase tanto en los hombres como en las cosas, en la pa- 
labra como en la acción; la savia revienta allí de los árbo- 
les y de los corazones con la misma impetuosidad con 
que sus grandes rios se precipitan en los mares; y por eso 
muchas veces las pasiones se anuncian allí con el pavoroso 
horror de sus volcanes, con la fiíria de sus pamperos, co- 
mo reales y tremendos cataclismos de la naturaleza pri- 
mitiva. 

Que admirables estrofas se encuentran en las quinien- 
tas páginas de este libro! Siéntese que pasó por ellas el 



— 235 — 

soplo abrasador, qne descendiendd de la cordiSera de ios 
Andes, se hnza á trates de las Pampas en las campiñas 
qnel)aña er Platal Es ei viento de la libertad quien las agi- 
ta; palpita en ellas el alma de un pueblo heroico, siempre 
pronto á dar su sanare generosa por la causa de la Patria 

libre, 7 siempre esdayo de la fatalidad f Ab! pueda él 

penetrarse de los nobles sentimientos que animan los co- 
razones de sus briosos poetas; comprender que este libro 
de Tersos es la bandera de su fe, la fuerza j la luz de su 
esperanza , el lábaro santo de su patriotismo; y unido en 
tomo deét, retemplarse con su lectura para tomará la 
vez impotente fa tiranía, imposible la guerra civil, y fácil 
el camino que conduce á la prosperidad y al progreso. 

« Hijos del numen , inspirados vates , 
Que ardiendo en entusiasmo y patrio fuego , 
Moduláis á la vez en vuestra lira 
El canto varonil y el tierno ruego : » 

Proclamad siempre en vuestros armoniosos versos la 
paz y la concordia entre todos los pueblos de la joven 
América; protestad enérgicamente contra las esterilizado- 
ras ideas anárquicas, que os impiden completar vuestros 
gloriosos des linos. Que no vuelva á verse mas como esos 
nobles bijos del Uruguay : 

ct uncidos á su cadena odiosa, 

Verdugos son ó mártires en cruel y eterna lidia. 

4t Opresos ú opresores , mas nunca ciudadanos 
De SE deber esclavos , modelo de civismo , 
Que el sacrificio hagan de sus rencores vanos , 
T hasta de sus agravios , con noble patriotismo , 
Antes que armar el brazo de hermanos contra hermanos!» 



— 236 — 

Entonces , nobles ppetas nraguayos , si lo consigaíé- 
seis , tedos los hombres de corazen del Tiejo ó del nuevo 
continente, pedirán conmigo que para vuestras frentes 
gloriosas : 

« Guirnaldas teja de laurel fragante 
El ángel de la virgen poesia. » 

Tales son los férvidos votos de un triste valetudinario 
que vejeta penosamente en este apartado rincón de Eu- 
ropa ; pero que aun siente en su pecho bastante sensi- 
bilidad , entusiasmo y ampr á lo bello para saludar cod 
viva efusión de afecto á los patrióticos cantores urugua- 
yos , y que pone fin á esta carta, firmándose con verda- 
dera estima ; 

De Yd. amigo por simpatía y admirador sincero. 

FRANCISCO GOMES DE AMORIM. 
Lisboa, Largo do Carmo, Abril 19 de 1879. 

- 29 — 

Filosofemos ó charlemos. 

( MADEJA ENREDADA DE MELODÍAS HEBRAICAS ) 

Ya que todos disparatan á su gusto, me parece que yo 
también puedo echarmi cuarto á espadas. No?... pues, 
Señores mios y de mi particular aprecio, creo que me 
asiste el perfecto derecho, como y cuando me parezca; de 
darle también gusto á la sin hueso, como legitimo privi- 
legio que disfruta en todo país civilizado el infeliz plu- 
mífero que ha borroneado talvez mas resmas de papel que 
años cuenta, salvo el dictamen de cualquier D. Hermó- 
genes barbón ó de cualquier inocente párvulo, que pre- 
tenda imponer como modelo de selecta escritura sus pa- 
lotes de á vara, todavía con olor á pañales y á leche agria. 



— 237 — 

Por las escabrosidades en que se meten ( sin acordarse 
qae á cada chancho le llega su San Martin ) y por los de- 
saforados berridos que suelen dar los tales, >iene á que- 
dar comprobadora especie de que fueron alimentados por 
una cabra, en castigo de morder el pezón á la madre y 
arañar á las nodrizas. 

De manera que barbones ó bambinos asi amamanta- 
dos, justifican una vez mas el conocido refrán : la cabra 
ruin toda se va en cuernos I 

Contemplando los hombres y las cosas desde las altu- 
ras de la metañsica alemana, sobran razones para sos- 
tener, que cuando los partidos se van á losestremos, nin- 
guno tiene razón. ¿Seráesto un sofisma, ó realmente hay 
una fórmula filosófica que concilio todas las opiniones tan 
diversas y encontradas á este respecto? 

Espondremos sencillamente el hecho, dejando al buen 
juicio del lector que haga las deducciones oportunas. 

Dos grandes filosóficos, Kant y Hegel, analizando la 
marcha y evoluciones del espíritu humano, nos enseñan 
que este empieza por formular : primero, una idea posi- 
tiva, y luego, otra negativa contraria á la primera, á lo 
que llaman tesis y antítesis. Ideas que tomadas en abso- 
luto, son entrambas falsas, porque la verdad completa no 
reside en ninguna de ellas, sino en una tercera noción 
mas general y elevada que las abarca y contiene á las dos; 
y que llaman sintesis. 

Asi, por ejemplo, en el orden político el partido A, que 
sostiene tales ó cuales principios, es la tesis ; y el partido 
B, que los niega ó no los practica, la antitesis. Ahora bien: 
la sintesis de estos dos partidos enemigos, espresion de 
una idea mas alta y cierta, será, siguiendo á los citados 
filósofos, un tercer partido que se llamara nacional, con- 
servador, fusionista, etc. 



I 



— 238 — 

Besgraciadameate, si la tQoria es bella» la práctica pre- 
senta serias dificultades. 

«Laza qae el'deUto aimda. 
El odk) lo ba de romper I ». 

Solo son fecundas las síntesis en fue los hombres se 
okídao de si misaM)8 para j^eocuparse anicamente del 
triunfo de «i gran propósito ó de «na grande idea, y para 
conseguirlo ponen en armonía los medios con los fines. 

En las alianzas bastardas, sin mas norte ni miras que 
los intereses individuales, la sintesís no sír?e sino como 
sirve una escudera de mano á varias bandas de malhecho- 
res confederados con el piadoso objeto de escalar un edí- 
ücio, desalojar á stts legítimos dueños, y acomodar mejor 
lo qoe contenga trasiadáo-dolo á otra parte. La primera 
banda que llega á encaramarse en los primerois escalones, 
rueg^ álos que están debajo sostengan bien la escalera ; 
y no bien se encuentra arriba, dá un punta pie á la su- 
sodicha, y fusila desde lo alto á sus aliados de un día, 
siempre enemigos en el fondo, para ao repartir con ellos 
el botín* y vengar sus pasados agravios. 



* it 



Cuando se con^deran Cales desenlaces, trájicos y cóimi- 
cos á la la vez, apenas se concibe que baya hombres to- 
davía que no escarmienten ni aprendan nada. Siempre 
los hijos de Adam, arrobado del paraiso por su culpa!.. .. 
siempre los descendientes de aqueUa raza altanera que 
ipretendió escalar el cíelo edificando la torre de Babd I... 

En próspera ó adv^sa fortuna, en la embriaguez del 
triunfo ó en la escaela de ia desgracia, se observa en todas 
partes que no disminuye un átomo su imstínguibie saña, 
su ambición gigantesca, su vanidad inmensa, sus renco- 
pes satánicos. Vencedores y vencidos, en vez de inclinar- 



— 289 — 

sa t^jo la nuLAO de Dios, alzan gqb mas oi^^uUo la cabeza^ 
y lieaa la meóte de tiaieblas, el labio de blasfemias y de 
Uel el corazoo, qoisierao teoer el poder del Áltisimo, pa- 
ra qae á su ?az se abriesen otra vez las cataratas dd cielo 
ó se renovase la catástrofe de Sodoma y Gomorra entre 
nubes de salitre y de fuego. 

{ Insensatos t ¿ISo saben, ú obrar y espresarse como lo 
hacen, que ellos mismos trazan la regla y formulan ia ley, 
en Tírtod de la cual serán juzgadas por sus enemigos mas 
tarde ó mas temprano ?... 

Bahl ¿Pues no me voy formalizando? Consideremos 
la cuestión por el lado jocoso, que sin duda lo tiene, co- 
mo (odas las cosas de este picaro mundo. 

« El lado triste y que abate en la democracia á los hom- 
bres de corazón, dice Eugenio de MirecQurt, en laentr^a 
53 de sus Biografías, es que la difamación se erije en 
sistema, y los titulados republicanos se eolodan unos á 
otros con infatigable perseverancia. » 

« Cuando el ofendido, añade el ardiente demócrata Hi- 
pólito Castílle en sus Escenas de la vida positiva, quiere 
subir hasta el origen de la calumnia, nadie le responde 
personalmente ; y el honor de un hombre, que vale mas 
que todos sus enemigos juntos, se convierte en el ludibrio 
de una cohorte miserable de cobardes, eunucos y envi- 
diosos. » 

Libertad, igualdad, fraternidad! 



♦ * 



Como la existencia es tan larga, dista tanto la mañana 
de la noche, y no se encuentran abrojos ni espinas en el 
florido sendero de la vida, conviene para no imitará Ma- 
tusaiem reducir á menor cantidad el dilatado guarismo 
de nuestros dias, aproximar por medio del fusil ó el cu- 



— 240 — 

chillo la enorme distancia qae separa la cuna del sepulcro 
y sembrar en nuestro camino algunas matas de ortigas 
y rudas para que no nos sofoque el perfume de los jaz- 
mines, ni nos ofenda en lecho de plumas una hoja de ro- 
sa, como á enervados Sibaritas. 



* «r 



La sociedad, dicen los pesimistas, es una larga cadena 
de engaños y mentiras con algunos eslabones de verdad. 
Todos somos alternamente de buena ó mala fé, enga- 
ñados y engañadores, según asienta Proudhon, esplota- 
dos y esplotadores, victimas y vardugos todos cóm- 
plices; por eso el que pretende erijirse en juez su- 
premo de los demás , y no admite apelación de sus fallos 
soberanos , ni que se ponga en tela de juicio la escelencia 
de sus doctrinas ni los móviles que lo impulsan , es sim- 
plemente un fatuo , un necio ó un loco , en opinión de 
Montaigne. Por desgracia, hay otros muchos, mas necios 
y mas locos todavía, que se inclinan ante el oráculo como 
los Egipcios ante el buey Apis, al soltar su tremendo 
mu I ... • mu I ... . muí traducido por los catecú- 
menos como un eco divino muy portentoso , muy supe- 
rior, muy sublime, y lo que era tolerable en los maestros, 
se convierte en los discípulos en abominable por la exa- 
jeracion y la estupidez. 



* -k 



No hay soflsma, no hay desatino, no hay ¡dea estrafala- 
ria que defendida por un hombre de talento, no revista 
cierta apariencia de verdad y deje de seducir y arrastrar 
el ánimo apasionado é ignorante de la multitud. El pueblo 
en efecto difícilmente se convence que una vigorosa inte- 
ligencia puede ser como una potente locomotora, á la 
que sobra fuerza impulsiva y falta un tornillo : la fuerza 
de la utopia y el tornillo del sentido común. 



— ut ~ 

k p&rts de tste peqveoo incoBveoieate, goxám los ere- 
fmtes de boca aUeita (qoe no escasean en niaguo pcrebio) 
k ans cestJHas y por sa dinero, la inapreciable ventaja de 
poderse convertir en acróbatas ó aereonautas, si revienta 
k sáqnina. , . . de los sucesos, y se los Heva por los aires 
ú purgatorio ó al infierno. 

Cada hijo de vecino tiene como Sócrates un demonio 
¿Mttíliar, (pie le prodiga sus altas ó bajas inspiraciones, y 
es tan miserable nuestra condición que, al través de las 
palabras sonoras y retumbantes en que nos embozamos 
con la gracia de Diógenes en su manto, nos sirve de 
pedestal la vanidad, roca escarpada detras de la cual se 
oculta otro demonio : el demonio del amor propio. Por 
poco que sople el viento de las pasiones, este nos empuja 
y nos precipita al abismo, ó rompe-^cabezas de lo impre^ 
vi^lo* 

Terdad es que mi insigne dramaturgo ha escrito un 
precioso drama titulado Quien no cae no se levanta. 
Vayase, pues, la caida por la ascención, aunque yo perdo- 
naría el bollo por el coscorrón. 



■♦ ♦ 



Al revés de los grandes políticos que atraen y se asími* 
lai el mayor número posible de fuerzas centrarías, los 
ambiciosos vulgares quisieran decapitar á todas las in- 
teligencias que les hacen sombra, como los mormones que 
apagan las luces para entregarse en las tinieblas á sus 
perversos instintos. Ko pudiendo conseguirlo, condenan 
á los disidentes al terrible m pace de los mongos de la 
edad media, que fraternalmente emparedaban vivos á los 
cofrades que incurrían en su enojo ; ó mas generosos y 
espléndidos, en el reparto de los bienes y de los males, 
de los servicios y de las responsabilidades, de los dere- 

16 



— 242 — 

chos y obligaciones, sipeo el ejemplo de aquel troglodita, 
que en un festio cortaba las patas de las aves y las servia á 
sus compañeros ponderándoles sas escelencias, mientras 
él se engullía el resto. 

También suele suceder en las revoluciones, hechas ó 
por hacer, que antes de matar al pájaro — poder y tenerlo 
en la mano, cada uno quiere mostrarse tan generoso como 
el troglodita con sus compañeros de glorias y fatigas, de lo 
que resulta que todos declinan el alto honor de tragarse 
las pezuñas, y el pájaro en tanto despliega magestnosa- 
mente sus alas y se les escapa. 

La esperiencia es madre de la ciencia : el hombre se 
purifica y perfecciona en la dura escuela de la desgracia. 
Los susodichos aprovechan la sublime lección que acaban 
de recibir, arcabuceándose (con la lengua) unos á otros, 
ó al primero que viene á incorporarse no en la hora del 
triunfo, sino en la de la desgracia, á su bandera traicio- 
nada por el destino. 

En tan soberbia coyuntura, como los fieles son tantos, 
la lógica les ordena no admitir auxiliares, y destruir y 
anular á los antiguos empleando la homeopatía. Cuantos 
menos queden, mejor: cuando menos bulto mas claridad. 
Las grandes causas no necesitan para triunfar hombres de 
carne y hueso ; les bastan ideas, espíritus, ángeles, y vi- 
ven del aire como los camaleones. 



« * 



Si se quejan los ofendidos í quién les mandó ser ton- 
tos y acudir torpemente al reclamo ? porqué no perseve- 
raron hasta el fin en su error ó terquedad ? Ignoraban por 
ventura que los buenos cazadores no salen al frente ni 
espantan á la presa con sus alaridos ? No saben por es- 
periencia que la perfección del arte venatorio consiste en 



j 



— 243 — 

atraerla al sitio conveniente, y cuando la tienen á tiro, 
apontan y la dejan tendida á sus pies ? 

Obra de misericordia es facilitar á los estraviados ét 
hilo de Aríadna que los Heve á puerto de salvación. 

Garrote, pues, & los díscolos para que el dolor de los 
palos les arranque la confesión y retractación de sus cul- 
pas, como los tormentos inquisitoriales á los presuntos 
nigrománticos, hechiceros ó brujos, condenados á ser que- 
mados vivos por volar y otros e$ceso$ I Rebenque á los 
prófugos ó tránsfugas para que disparen de los azotadores 
como alma que se llevan los diablos I Chuzazos y bolas 
perdidas á los descarriados áver si escarmientan.... des- 
pués de muertos I 



• « 



Créese generalmente que el buen ó mal carácter provie- 
ne de la naturaleza ó de la educación error I Brillat 

Savarin ha demostrado que dimana de la posición penosa, 
ambigua ó comprometida en que cada uno se vé colocado. 

¿ Cómo no ha de estar dado á Satanás el que carece 
hasta de lo necesario, ó puede rivalizar en fealdad con 
Cuasimodo, ó vegeta bajo la presión de pasiones depri- 
mentes, ó es víctima de frecuentes cólicos, ocasionados 
por las cosas malsanas ó de pésima digestión que le pro- 
pinan los Galenos de la prensa ; ó sirve de blanco á la 
sana de sus enemigos dueños del poder? .... 

Y como no ha de encantar con su amabilidad y gracejo, 
el que nada en la opulencia, ó adivina por las miradas de 
las mujeres lo que vale su fisonomía , ó disfruta de un 
estómago parecido al de Milon de Crotona (que se almorza- 
ba un buey entero) , ó tiene un corazón inaccesible á todo 
sentimiento bajo y miserable, ó se pavonea en las alturas 
olímpicas hollando con el taco de sus botas la cabeza y et 
orgullo de sus contrarios ? 



— 3M — 

Cómo haa de pensar y mentir to ai mío al qat bAe«m 
copa de oro el nectaar4e los Uoae^ j el^foe solo apan 
ea UQ mi^ieAlo jarro de talbarm^ b^iási y al vktagfe de 
los fariseos? 

Los gueaconsejau moderadctfiá'^iiifine&padiiow de hi- 
drofobia cróoica ; iostraccJoa ¿ los gifi se metOH á ensa- 
ñar sin haber saludado á los mitones mas eleiaenlales xá 
aún por el íórro^ imparciaUdad á quien se pone él misHM» 
faem de la ley negando el soli medio día; tM)rdaFa á gnían 
insjpira serios tenares desde qoe -emiÉeza a hablar, poes 
par^a^e escapado dje ama casa de Orates : los que ¿ tales 
gentes, tales consejos dan, me traen á la memoria los ase- 
díeos que recetan á los enfermos á quienes visitan gratis 
y que se muejren de puro pobres^ gallina, «hampag^Mi, pa- 
seos en carrjúye, baües, léateos, ^scarskmes al campo, 
etc. Sarcasmo horrjihle y .mas que chdcajite tr^Ktáadose de 
famélicos , para quienes cada veinte y cuatro lM)ras es im 
problema mas dificil qoe la cuadratura del circulo, sAer 
si lian de comer, q^ cuaado y dóndie 1 1 1 

Mucho me temo que a^gun susce^ible lector^ de -esos 
que ven un insulto en ua estornudo escapado al pasar 
ellos^ encuentre en alguno de los párrafos que anteceden, 
escritos en un momento de humor agri-duka, una alusión 
envenenada á su inviolahle y sagrada persoAa. 

La opinión y los gustos son libres, y quedaá su arbítiio 
^ dar un grito esclamando : ah I afa I como si le hubie- 
ran arrancado una muela» é ponerla afligida cara del 
leancüloÁ quien sus padres, cansados ya de aAcíartas 
cardones de la i)olsa, otorgan antre otros derechas del 
hombre libre é independiente, .el der^echo al trabafa^ ^ 
derecho de procurarse alojamiento y mesa por su ciMota 
j riesgo, y en fin, el derecho maguo de p^arél imanad 



— ató — 

«nadidaate s» epodas paasMkis, présenlas j fálHB^ y 
na cfpAeaotos einndécmí^,. d sea, (astidiaff al pcójuBOi. 

Yo lo aseglaro per la» siete milei^mejas de Maboma^que 
Bo* ke heftim aliisioii dtrectanieDte á él ni á nadid: pera á 
al «oaudbolar el látigo de t& sátira, le be enuada inadran- 
üd&intQte k. eaora^ kf mego disíniíile esta íatta íaroktnto- 
lia^ y sioo^sedá por sati^tociio le íofiíatiaré á media vtsi 
qae donde las dan las toman, y que el que dice lo qiia se 
le antoja , oye lo que no quiere. 

Si esto no basta y él se empeña, podría, por no desai- 
rarle, sacudirle el polvo diciéndole con Pitillas : 



. trt» 



« Guerra declaro á todo monigote, 
Y pues sobran justísimas razones, 
Palo* habrá de los pies bast^el cogotel » 

O como escribia Moliere : 

^ Habils et chapean bas, vous-dis-je, imbedllel et bai- 
sez les verses , car votre tour est arrivé I » 

Lo que traducido literalmente significa. . . . pero b 
pondré en latin para mayor claridad de los que ignoran 
el francés , ya que no me sea posible por deficiencia de 
tipos trasladarlo al griego,, idioma muy vulgarizado. . . . 
entre los cajistas , y otros muchos qua no lo son.- 

Solet á despectispar referri gratia etc. 

Swmim «ordd A quierO' dtrar, swnm (1 ). Tea el lAro SI 
de Pedro y meditad con eafttia svt apétogo seguidt) ; por 
quasfUeQ) es dado qw beaserito mas arriba yo podría 
por no desairarle , etc. francamente, no sé» lo que en 
prtpia defensa Ihigaudoel' caao,. me mspiraria el- aag^lito 
A SócauÉ». 

B^€tBp»derá del temple en qve me eucueott^e ese4f«, 

(fT nib, r tente deMt' 



— 246 — 

7 como á juzgar por mi, decía Champfort, el hombre es 
QD estraSo aaímal, lector carísimo, no quisiera que algún 
ente de su especie me obligase á parodiarle. 

Así , pues , á Dios rogando y con el mazo dando, pro- 
sigo mi rápida escursion , al través de los campos de la 
fantasía y del capricho, ora risueño, ora triste, mezclan- 
do la risa con el llanto, la luz con la sombra , los Stras 
con los diamantes, y los abrojos con las flores. Tal es la 
vida!— i. M. C. 

Buenos Aires, Mayo de 1858. 

- 30 - 

Organización del Municipio 

Con particular placer publicamos y llamamos la aten- 
ción sobre la siguiente carta, notable por la profundidad 
de la doctrina, la elevación de los conceptos, y la belleza 
de la forma. 

Es más que un concienzudo articulo ; es un belñsimo 
trozo de literatura, que no solo revela la profundidad de 
vistas del pensador, sino las sublimes inspiraciones del 
poeta. 

La redacción oportunamente abordará esta importanti* 
sima cuestión. — ^Anselmo Dupont. 

Sr. D. Higinio Gauna, Presidente de la Junta Econó^- 
mico Administrativa de Tacuarembó. 

Montevideo, Julio 25 de 1874. 

Estimado señor : 
Los señores Dr. D. Bonifacio Martínez y D. Alejandro Y. 
Chucarro, cumpliendo el encargo que por conducto de 
usted les hizo esa respetable corporación, han tenido la 
bondad de verme y darme lectura de la nota que les diri- 
gió la Junta. 



— 247 — 

Agradezco profundamente la muestra de aprecio que us - 
tedes me dispensan; menos por lo que me es personal que 
por el interés que revela respecto á una de las necesidades 
mas vitales de nuestros pueblos. 

Esa necesidad es sentida en todos los ángulos de la Re- 
pública, y en el seno de la Representación Nacional, en la 
prensa, en las Juntas departamentales, se traduce en ma- 
nifestaciones que compensan con usura las contrariedades, 
las molestias y el polvo del camino. 

Si para trabajar por el bien, el hombre capaz de com- 
prender lo que cuesta alcanzarlo, necesitase algún estimu- 
lo ajeno ala nobleza de la idea que le impulsa, bastaríale 
testimonios como el que me obliga á trazar estas lineas, 
para despertar en su alma la sincera y desinteresada ab- 
negación del patriotismo. 

La idea de mejorar la condición de nuestros pueblos or- 
ganizando el municipio, hace años me preocupa; y he 
consagrado y consagro todo el tiempo que me es posible al 
estudio de esta importante cuestión, convencido de su tras- 
cendencia y urgente necesidad: 

Consideraciones nacidas del estudio comparativo de las 
instituciones de otros pueblos , y de las dificultades que 
presenta para la realización , nuestro estado social, políti- 
co y económico , y la multitud de cuestiones á la orden 
del dia pendientes en las Cámaras, me habían inducido á 
aplazar la redacción del proyecto que meditaba hasta me- 
jor oportunidad , á pesar de las vivas instancias de mis 
distinguidos amigos Chucarro y Martínez. 

El Dr. Martínez con rara molestia, propia de los que como 
él no necesitan eliminar ó deprimir á otros para valer ellos 
algo, ni formarse un pedestal de reputaciones ajenas, pues 
le basta la que ha sabido conquistarse como escritor y ciu- 
dadano justamente apreciado por los que entre nosotros 



— 2*8 — 

constituyen autoridad ea las letras y eu la política^ ha re- 
ferido con entera verdad^ en las <^olumnas de £1 Uruguay 
los antecedentes relativos al proyecto de ley sobre el Hjir 
nicipio. 

lU él ni el Sr. Chucarro quisieron guardar la reserva %u& 
les pedí, con el objeto» principalmente», de evilar las pía-« 
dosas interpretaciones ¿que su^e mostrarse tan prof^eo&dk 
la pecadora humanidad , y que por lo mismo que es gran 
pecadora, encuentra un maligna placer en reirse ó conde- 
nar los móviles que impulsan al prój^o, verdaderos 6 
supuestos. 

Convenido que el proyecto, se presentaría ¿ la C. der 
RR. el Dr. Martínez tuvo que ausentarse para Tacuar^ik- 
b6; y el Sr. Chucarro llevó tan lejos su delicadeza que ma 
obligó á asistir á una reunión con los miembros de la Co- 
misión de Legislación , quienes aceptando con entusias- 
mo la idea , se manifestaron animados de las mejpres 
disposiciones y patrióticos sentimientos. 

Cito estos hechos por lo que honran á sus autores j 
pprque en verdad si el proyecto fué presentado; si se 
acepta ó da por resultado otro mqor » lo deberán Vds^ y 
elpaismuy especialmente al empeño de los señores Uar- 
tineiy Chucarro, y á la franca cooperación qua encontrs^ 
ron en sus dignos companeros los doctores Ramírez (doa 
José P. ), Herrera ( don Juan José, ) Requena y García^ 
Garzón, etc., miembros de la Cojnísion de Legisbcian.de 
la Cámara de Representantes. 

Pero seria injusto, si hablando de k)s esfuerzos hechosi», 
no consagrase un recuerdo especial á los Redatíores de 
La Idea y en particular á D. Anselmo* £. Dupont,. jávea 
periodista que ha recibido de Dios^ toda lo. que no se 
aprende , y sabe á los veinte anos , gpcias á sus privile- 
giados dotes ^ lo que oíros na consiguen sina á ftteru de» 
estudios severos y profundas meditaciones. 



I 



~2á9 — 

Sv^ ar4kttÍ0S sobre el moAieipio boAraríaa á cualqaicar 
escritor y bastarían por calificarle de tal , en el gafiaioo 
swtído de la palatnra. 

En mu carta qae he visto pvüblicaáia en Los diarias^ ácm 
José M . Yofre ooasiderael proyecto sobre organización del 
Mimkipío de tan traseendent¿d importancia qne no vacila 
en aceptarlo con preferencia , no solo á los caminos j 
pneoles^ sino tambiea á los telégrafos y caminos da fierro. 

«Bieosabe Vd., agrega, q;ae noestrps^ pueblos sio go- 
biemo y sin autoridades que los dirijan, á nada pueden 
aspirar ni dentro de cincuenta aues mas adelante, míeatrafi 
sigamos el actual sistema que nos coloca á los tüntoá del 
Presidenle de la República. » 

Pto puede ocultarse al buen criterio del Sr. Yofre que hay 
acaso alguna, exajeracion en sus apreciaciones; pero si la 
organización del Municipio no es la fórmula compl^ del 
progreso, está fuera de duda para los (fue han estudiado á 
fondo la materia , que es la primera necesidad de noes^ 
tros abandonados pueblos de campaaa. 

Esa gran reforma hará posible y (acilitará otras de igual 
trascendencia. 

Es cuestión de garantías individuales, de orden, de se- 
guridad , de buena administración , de moralización, de 
educación polUica r de enseñanza primaría y superior,, de 
higíeae , de adelanto^^ de todo género , de desarrollo y en- 
grandecimiento de Las localidades por su propio esfuerzo, 
de trabajo , de producción , de riquau pública y pri- 
vada. . . . 

Nadie ignota que los efectos br otau de las causas como 
el manantial de la fuente oculta que lo contiene. 

Dada la iotima relacioa que eiiste entre ambos» los 
efiedoe responden á la poiteucita que los produce; si esr 
ta.e&badua„ buenos serán aqMSoe; símala, péskaos^h»^ 



— 250 — 

productos. Cada cansa, como cada ser , engendra su se- 
mejante. 

Dedúcese de este incuestionable axioma filosófico, que, 
modificando las circunstancias, se modifican necesaria- 
mente los efectos, y todo estado, como todo cambio, vie- 
ne á ser una consecuencia forzosa de las circunstancias 
que lo han preparado. 

Hagamos práctico el Gobierno representativo democrá- 
tico llamando á la vida pública y dando participación en 
ella á todos los habitantes del Estado, organizando el 
Partido, el Distrito, la Municipalidad central, facilité- 
mosles con una ley conveniente los recursos y los medios 
necesarios para ejercitar su actividad y desenvolverse por 
sí solos, y veremos si deja de cumplirse la ley eterna y 
providencial que liga indisolublemente (los alemanes di- 
cen fatalmente) los efectos á las causas. 

Pónganse en planta los medios que aconseja la ciencia 
y el seotido común, y veremos si los pueblos de raza lati- 
na, son ó no idóneos para realizar en el continente Sur 
de América, los prodigios que han llevado á cabo en el Nor- 
te los descendientes de los anglo-sajones, y ya en menor 
escala,pero notable bajo diversos conceptos, otros pueblos 
de idéntico origen al nuestro en la zona que ocupamos. 

Sin ir hasta los deplorables estravios á que han llegado 
los sectarios de la escuela que convierte á Dios en un 
mito, al alma en una resultante, y al derecho en una 
convención humana regida por la fuerza, puede asegurar- 
se que los pueblos como los hombres, son lo que los ha- 
cen las ideas , las circunstancias y la atmósfera en que 
viven. 

El secreto, pues, consiste en despertar y enaltecer en las 
naciones como en los individuos, el sentiiñiento de su dig- 
nidad y de su poder; apartar en cuanto sea posible las in- 



— 251 — 

fluencias deletéreas y los obstáculos que se oponen allibre 
7 armónico desarrollo de sus facultades, y en suma, po- 
nerlos en actitud de convertirse por si mismos en artífices 
de su ventura ó de su desgracia. 

La libertad en todas sus manifestaciones como el mejor 
incentivo del propio interés; el reinado de la justicia con 
su venda sobre los ojos y la espada de la ley en la mano, 
el escudo protector de la igualdad que nivela al débil con 
el fuerte, y el rancho del pobre campesino con el palacio 
del rico habitante de la capital; el sentimiento del deber y 
de la respons^ilidad, grabado en la conciencia antes 
que en los códigos , han sido , son y serán los mejores 
guias de la humanidad y el esplendoroso ideal á que vuel- 
ve siempre los ojos en sus grandes conflictos y dolores, 
en las épocas de gestación, enervamiento ó disolución 
social. 

Reitero á los señores de la Junta la espresion de mi 
gratitud, y me repito su affmo. compatriota y S. S. — 
A* M. C» 

- 31 - 

La Biblioteca Americana. 

En un bello articulo literario publicado en el folletin de 
El Plata del 1 9 de Setiembre último, en el que se registran 
juicios que agradezco por la parte que me toca, se comete 
una inexactitud que conviene rectificar, siquiera para no 
llevar el desaliento á los que se lanzen á iguales empresas, 
y aunque evidentemente ese error sea involuntario, por 
que no puede suponerse otra cosa de los honrosos con- 
ceptos con que nos favorece Arbaces. 

No es ciert(5 que la indiferencia pública me obligara á 
suspender la Biblioteca Americana ; es cierto si, que el 



ímpi!(»bo tralM^ 7 CFeddofr gastas, qn» éeanMdaft 
Dosolroft Im publkadoiuís de lairgdi aHeiito^ ao eqmpttK- 
aaa. «L manera al^tta saSrTWta^perauiariac^jr laa e»- 
cuQStancias desfavorables cp» se acnomlao, los Gamim 
dd domÍGÍlta, las fjreeMote» trastornos polikíGaSv? ^Iras 
eansaa qm saÁ^ OHqr largo eoxtaienar, hsBoem ísmsp difioi 
su pffo^eso y desajrroUa , é inpQ&íUt contiiuiavlaft coa 
teda regularidad. £1 leelar eftcoAtrarái büüs adelaair afeg»- 
nes detalles curiosos ea la corret^oudiMtia soeteaiida com 
el fir. Giiitierrex sobre este topt(») inHera^ote. 

Et progi^ama de la BiblioíecA ceateiído- en «ma caria 
dirijjidaí al Dr. ilberdi y el primer toma (Eítudior^ Hkíérii- 
om) se publicaroD: enFarís eu 11854^ ypocaipublíea(áM05 
amerieanas coímmk^ qnet bayaa sido acogidas cmi mas be^ 
a^volencta ^ iK»«ya e& nuestro hemisferios. sioaeoL Fmciai^ 
España y Alemania. 

En. el tome III de la BíbUotsea ha cont^o eÓBio y 
porqué^ regresé en 4855 á SFontefide^r. 

Continuada en Buenos Aires en 4858 (Y. pág. 48) coa 
SESENTA suscritores ; contaba en el tercer tomo cuatro- 
cientos CUARENTA, quc asceodíerou en ^1 tomo sexto á ocho- 
cientos DIEZ, según las listas publicadas en"* dichos volú- 
menes, y pasaban de mii en el octavo. Ignoro que otra 
pablicaeion de su género,, periédica y pununíaite literaria, 
baya alcanzada en el Rioi de la Piafo, ese núifteara de sua- 
eritoresv 

£n el vasto prograaa <|ae en. Enrapa me haJkia tntzadíH 
entraba en et plan de la Bibliaíecm y, aolkitaflr el coocan» 
de. los escritores eorofeos , tradudr tanMeai y dar i Im 
las abras especiales,, inéditas 6 ya fmlailicadas, de eatoft, 4pi» 
respondiesen á la idea á«nu6ccatiea y á losi ines é inteisaes 
•sraciaiMenle afaemeanos ^ qfto tenia, por objeta fonda- 
m^ítú aifiieUa poblicadMr. 



— 288 — 

Estas breves lineas , á la vez que rectificarán ^ error 
en ^e lia íacHFrído ArbéLees , mal informade ^n dada, 
senrirán para que se comprendan mejor algunas referen- 
cias fae hace Camelar, en el articolo que Tá á leerise, pa- 
blicado en Madrid con el misiae rubro qn^ Uem este espi- 
tólo, j reproducido en Montevideo por El Concüuubr m 
el número del 9 de Agosto de 46&4. 

Rocomeadamos «specialmBnte su lectura á los que par 
ironía nos han Uantado tmgidoi ó predilectos^ inocente 
desabro al qne hemos contestado, para calmarles la aira- 
bilis, empleando la palabra síeiii|nre que se presentaba 
oportunidad, i^specto 4e los ^oe ¿nuestro juicio la me- 
recían. 

O^auíos ahora á Castelar. 

I 

América y España nacieron para sior hermanas. Mi las 
crueldades de nuestros héroes, ni la ingratitud de aque- 
llos «mancipados hijos, deben ser parte para olvidar que 
el nuevo mundo fué justo premio concedido por Dios á 
nuestras glorías, y que la dvilizadon española se derramó 
como un raudal de luz por los desiertos inesplorados y 
por los bosques vírgenes de América. El pensamiento que 
brotó de la mente de Colon no se ha realizado todavía. 
Si España fué señora de América por el poder de sus ar- 
mas^ boy debe ser su hermana por el poder de su amor. 
Hay una conquista mas alta que la conquista de la fuerza, 
y es la qonquista de las ideas. Hay rebiciones mas hermo- 
sas que las relaciones propias de señores y vasallos, y 
son las relaciones que median «ntre pueblos nacidos ba|o 
elaoiparo de un mismo piinoipio, castigados con unamis- 
ma de^gcacia, y dkágídos por «i S(^o de la Providencia i 
un j&tsoo porvenir. 



— 254 — 

Si España cometió algún crimen, el peso de su infor- 
tunio la rehabilita álos ojos del mundo, yante el tribunal 
de la historia y de Dios. 

Si América fué ingrata, las nuevas generaciones que no 
han heredado la cólera de sus padres, conocen ya que es- 
tán empeñados en una deuda de gratitud con la nación ge- 
nerosa, cuya voz despertó á su patria del sueño en que 
dormia olvidada, y arrancándola del culto de la naturaleza, 
le dio el culto déla divinidad, y la dotó generosa con la 
civilización que habia adquirido á costa de tanta sangre, 
atada al carro triunfal de Roma, hecha presa de los Bárba- 
ros, y combatiendo siete siglos con los orgullosos hijos 
del Profeta. 

Esta armonía de que hablamos, debe realizarse por me- 
nio del pensamiento, y el pensamiento trasmitirsede unas 
á otras regiones por los libros, qne manifiestan su encar- 
nación con el tiempo: y los libros, reunirse en una serie 
que es la Biblioteca; y la Biblioteca para nacer necesita de 
un hombre que mire á América y España como los últi- 
mos eslabones de una cadena, que tiende á reunirse para 
formar un circulo luminoso como el sol y divino como la 
eternidad. 

Este hombre por ventura nuestra existe. Es un joven 
que forzado en otro tiempo por la desgracia á separarse 
de su patria, ha visto que España no está muerta, y que 
las fuentes de nuestra vida intelectual no se han secado^ 
para siempre. Es un poeta que bajo nuestro puro cielo ha 
cantado las glorias de los ignorados héroes de su pa- 
tria y de la nuestra, que duermen hoy en brazos de la eter- 
nidad, teniendo por sepulcro los bosques y por fúnebres 
inscripciones las solitarias estrellas del firmamento. No re- 
lataré los méritos que ha contraído ni las esperanzas qne 
sus méritos. abonan... El eco de sus cantos ha resonado 



— 255 — 

en ambos hemisferios. Críticos tan autorizados como los se- 
ñores D. Eugenio de Ochoa, D. Rafael M. Baralt, D. José 
Amador de los Rios, D. Antonio Cánovas del Castillo, 
D. Ventura de la Vega y otros en España : en América, 
los señores Rivera Indarte, Mármol, Echeverría, Alberdi, 
7 finalmente en la capital de Francia Mr. Hipolyte Lucas, 
Mr. Ferdinand Denis, Mr. AdolpheDelacoury Mr. Alejan- 
dre Houmon han aplaudido áporña sus producciones. 
Joven laborioso, inteligente, entusiasta por todo lo gran- 
de, noble y bello, alma ideal, corazón simpático y genero- 
so, espíritu reflexivo, perseverante, nacido para la lucha 
y la azarosa vida de las tetras, marcado en la frente desde 
temprano con el sello de los escojidos, el autor de Celiar 
y Caramurü tiene hojas en su bella corona de escritor y 
poeta que no desdeñarian muchos que alcanzan mayor 
reputación y fortuna. 
Este joven se llama D. A. M. C. 

11 

El siglo XIX tiende á la unidad. Pasaron los tiempo» 
en que las ciencias disputaban encarnizadas la ^npremacia 
del poder. Hoy sabemos que todas las revelaciones del es- 
píritu humano son formas diversas de una misma sustan- 
cia. La filosofía, de ciencia de partidos ha pasado á ser 
ciencia de la humanidad. El derecho se ha levantado sobre 
la indestructible base de la igualdad. El arte, siendo ma' 
nif estación permanente de todo cuanto hay de divino en^l 
hombre , rompe las opuestas barreras dé las diversas ia- 
cionalidades, y hermanando con lazo de amor á todo^ los 
pueblos, presagia por medio de la intuición divina (oe le 
es propia, el día feliz en que se borren las rivalida^s en- 
tre ellos, como se han borrado ya las rivalidades eitre las 
castas ; porque cada idea que desde la frente del t^nio cae 



6obre d oiecéaA(> de U komazüdad, smevesw abBydeja 
m ellas un circale que onoca se esüogne j qae sí6i&(h% 
se a^raiula; cúrcnió que tíe&e por ceotn) ¿ Dios. 

Si no huhiéraiias akauado esta verdad ¡jie qcé tiabrian 
servido parad hombre ks cantos 4e los poetas, tas nedf- 
tadoues de los sabios? ¿Tara cpié naderoa Hon^o, 
YkfiMo, Basrte j GaUereu, mo habían con sus ideas de 
crear á CkBthe? ¿ Para qué volanm por et horizonte de io 
lufinito los ¥h<^ís, ios académioM, los escolisticos y los 
radooaUstas, si sus ideas perdidas en el ^acio no ha^ 
luán de formar el espíritu de ffegel 7 

¿ Y para qué tantas leyes, guerras tantas, esos maiBS de 
sangre, esos torrentes de desgracias, si nunca han de 
preseuciar los tiempos él abraco /rateroal de todas las ra- 
zas, como ha presenciado la arnomia 4e todas las artes 7 
la unión de todas las ciencias ? No lo dodeoos : todo priu* 
cipio que brilla en la mente del homhre tarda m conqíds- 
tar á la humanidad ; pero la conquista. Allá en la inteli- 
gencia brilla la idea como la luz increada brillaba antes 
de ser, en la freote de Dios ; pero después toma forma, se 
hace hombre y triunfa por que es invencible. 

No importa que los tiranos, personificadon de los tiem- 
pos pasados, combatan con la fuerza la realizadon de las 
ideas, ni que los intereses maleriales, que son los escollos 
^on que tropiezan en su camino, tuteuten aniquilarlas ; 
m; la idea humanitaria uo teme al tiempo, porque es eter- 
na;desafia la materia porque es infinita, y cuenta para 
veoter con d auxilio de Dios porqae es divina. 

Pnis bien, si la dvihzackm tiende por la armoniai ouk 
á todo( los pueblos destruyendo con el comarcío , ht in^ 
dostríay d vapor^ los Umítes naturales, j Ufando com la 
fi8d(rfia1os abimios délas preocopadoneSi ¿porqué los 
ABiericaa^s y Espaioles que hablan una mjsma lei^pu, 



^ 
k 



— 257 — 

que tieoen ua mismo origen, uoa misma religión , unas 
imsmas Gostumbpes ; qae son hermanos , porqué no han 
de tender sus brazos al través de los mares, y unirse en 
s^oto amor paca crear la nueva ciencia española y el nuevo 
arte español ? 

III 

Sin dúdasenos dirá que América no debe olvidar á 
Hernán Cortes y á Pizarro. — ¡ Miserable objeción I Los 
pueblos generosos olvidan. Las bajas pasiones son patri- 
monio de los individuos , pero no patrimonio de la huma, 
nidad. Conviertan ios americanos sus ojos á todos sus 
monumentos, y con su mudo lenguaje les hablarán de Es- 
paña. Recorran sus bosques, y verán errar en la inmen- 
sidad las «ombras 4e los españoles que les llevaron la luz 
de la civilización. 

Si persiguieron á los íaocentes indios, si los esclaviza- 
ron, culpa fué de aquel siglo. La escolástica había resu- 
citado á Aristóteles, y resucitando su ciencia cayó también 
en muchos de sus errores. La apología de la esclavitud, 
hecha por aquel genio» considerado como un oráculo, se 
apoderó de los entendimientos. Pero si español fué el cri- 
men, española fué también la protesta contra el crimen. 

La divina Isabel-, personificación déla virtud, derramó 
lágrimas «obre las heridas4e aquellos hijos, cuya cuna de 
palmas ae meoia á los pies del trono español. Las-Casas 
ifiíágen^lel Cristianisiiitit, clamó en el lenguaje de San 
Agosün, contra los desHaanes de los<oonquistadores, y su 
eloouenle voz resuena todavía en las montañas del nuevo 
mundo, como una oración de amor y de e^peráinza, que ila 
áomanidad ofendida ¿Mraota á -filos jpbf a «desagravio de 
tactas ^'icümas inmoladas ea aras de la conquista. Pero 
iqué idea ha germioadoisrn sangre? Cuenten ilosAmeri- 

17 



— 258 — 

canos las piras de cadáveres que costó á Europa su propia 
civilización, y no se quejen de las heridas que en su seno 
abriera la madre patria. 

En el mundo toda ¡dea antes de vencer lucha, y luchan- 
do se baña en sangre; | triste es decirlo I Roma para do- 
minar á los pueblos se armó con la clava de la victoria que 
pulverizaba á generaciones enteras ; el Catolicismo para 
conservar su unidad encendió mil veces las hogueras; la 
Reforma para convencer á los entendimientos, se armó 
con la aguda lanza de los príncipes Rhinianos, y la re¥0- 
lucion ahogó con sangre el fuego del Santo oficio. 

Olvidemos pues, nuestras discordias. Atendamos á la 
voz que un pecho generoso lanza, y que es sin duda el 
eco de dos pueblos que desean unirse en la purísima re- 
gión de las ideas. Aprendamos la elocuenje lección que 
nos da el Sr. Magariños , y todos, todos unámosnos para 
auxiliarle en su alta, en su generosa y patriótica empresa. 

No deben ser las ¡deas la gran cruzada del siglo XIX ? 
¿ Y no son los libros sus soldados ? 

IV 

• 

Una civilización falsa pretende dominar á toda Améri- 
ca. Esa civilización no la dom¡nará porque es infecunda, 
y es infecunda por que no escribe en su bandera una idea. 
Es la civilización de tos intereses materiales que el tiempo 
en su carrera pulveriza. No puede dom¡nar en un pueblo 
generoso, que rechaza la esclav¡tud. D¡os la condena á 
la esterilidad, porque su vida es el tráfico, su rel¡gion el 
comercio, su literatura el cálculo, su pasado nada, su por* 
venir la muerte. 

Los diferentes intereses que esa casta de mercaderes 
aglomera, se hundirán cuando un rayo de luz penetre en 
esas pobres inteligencias, adormecidas bajo el horrible 






— 259 — 

látigo de sus crueles señores. Uo pueblo que se precia de 
libre no consiente que viva en su seno una raza degradada: 
un pueblo que pretende ser humanitario, niega luz á lo& 
desgraciados y los condena á eterna ceguera : un pue- 
blo que se cree cristiano profana los dogmas del cristia- 
nismo, estinguiendo en los hombres los goces de la vida 
del alma, y dejándolos vegetar en la miseria, y morir infe- 
lices en la desesperación. No, Dios no consentirá que 
ese pueblo domine al nuevo mundo. Aquellos hermosos 
bosques ornados con una eterna primavera; el rumor de 
sus brisas; el puro aroma de sus flores, no profanadas por 
el aliento del hombre; sus impetuosos rios; su cielo siem- 
pre azul; su mar siempre de color de cielo, son un her- 
moso santuario creado por el Altísimo, para recibir una 
idea pura, una idea divina. Esos ávidos mercaderes 
matarían toda poesia con sus miserables cálculos; empa- 
ñarían ese cielo con el humo de sus máquinas. Dios no 
dá inspiración á los desventurados que se entregan en 
cuerpo y alma á la materia; la idea, solo la idea es in- 
mortal. 

V 

■ 

Concretando nuestras observaciones á la literatura ha- 
remos ver que América y España deben, si algo les inte- 
resa sú propia vida, protejer el pensamiento del señor 
Magariños Cervantes. Se trata de fundar una biblioteca 
donde los entendimientos de ambos hemisferios españo- 
les publiquen sus obras. Nosotros representamos lo pasa-^ 
do; la América representa el porvenir. Lo pasado, si no set 
vivifica con la aspiración á lo porvenir, es una momia; lo 
porvenir, sino comprendo lo pasado, es como ciego. El uno 
anticipa la vida quje Dios le reserva; el otro presta la luz 
que recibió de Dios. 



— 260 — 

Cómo, paes, pretenderíamos enclavar la literatura es- 
pañola en el siglo XVII porque aquel siglo fue la cumbre 
de su gloria? ¿Y cómo los poetas americanos intentarían 
levantarse al asiento de la inmortalidad, sí no estudian la 
lengua de Cervantes y el ritmo de Calderón? 

Si nosotros les damos los altos modelos, los Americanos 
pueden darnos la esperanza que nos falta, la vida que se 
apaga en nuestra mente. 

Las brisas que nos enviaron el alma de Alarcon y que 
impulsaron a nuestras riveras tantos ingenios, honor de la 
patria y de la literatura , refrescarán nuestras sienes agi- 
tadas por un pensamiento desconocido y misterioso. Con 
el proyecto del Sr. Magarifios , el genio del nuevo mundo 
brillará en nuestro horizonte. Conoceremos las armonías 
que ruedan sobre aquellos mares de aromas; y se revelará 
á nuestros ojos con deslumbradora esplendidez el mundo 
ideal que ostenta América sobre su hermoso suelo tapi- 
zado de flores que nunca quema el invierno, y su firma- 
mento esplendoroso , ornado de astros que nunca empa- 
ñan las nubes. América en cambio aspirará las ideas que 
nacen en España , y encontrándose ambas literaturas en 
el espacio , subirán unidas á lo infinito como nubes de in- 
cienso que el pueblo español disperso por la tierra, con- 
sagra eternamente á su Dios. 

Para el arte no hay tiempo, no hay distancias : es hijo 
del pensamiento y como el pensamiento es infinito, es 
emanación del espíritu, y como el espíritu es inmortal. 

\ TI 

Nadie puede realizar esta idea como el señor Magariños, 
Daíie. El conoce el espíritu que aqui reina y el espiribr 
que reina en América. Es quizás de todos ios literatos 
americanos contemporáneos el mas popular, el mas cono- 



— 264 — 

cido, al menos eatre nosotros. Sa vida es un holocausto 
de abnegacioQ. Sus obras están escritas siempre con los 
ojos fijos eo la nuion de América y España. Esa uoion 
ideal es como uq poema : tiene en sus labios un encanto 
indescriptible : no entra en ella ningún cálculo mezquino. 

Repetímos que nadie me^or que él puede llevar á cabo 
esa magnifica y grandiosa idea, porque estando en Paris 
al frente de la Reoüla Española de Ámbo^ Mundos^ que 
con tanta aceptación publica simultáneamente el señor 
Mellado aqui y en la capital de Francia, siendo además 
Redactor corresponsal del Mercurio de Valparaiso, el pe- 
riódico mas acreditado de la América del Sud, pues cuea- 
ta veinte y ocho años de existencia y mantiene correspon- 
sales en todas las capitales Europeas y Americanas ; 
relacionado con los principales escritores del vecino im- 
perio ; unido estrechamente á todos los que valen y sig- 
nifican algo en nuestra patria y en la suya ; ventajosa- 
mente conocido en el resto de América, donde se han 
impreso mas de una rez sus obras y las notables Cartas 
ptditicm que dirige desde bace dos años al Mercurio 
¿qaiéfi mejor que él se encuentra en disposición de reali- 
zar esa empresa^ por poco que se le ayude» su bello y fe- 
cundo pensamiento? £1 hombre á quien Dios inspira 
pensamientos tan originales y atrevidos, tiiene sin duda 
sobradas faersas para llevarlos á cabo. Facíittadlelos me- 
dios, y os respondemos del resaltado. 

La obra daí Sr. Magariñds cm que encabeza la cBtblío^ 
teca » es el primer eslabón de la misteriosa cadena que 
lia de unir al través de los mares á los dos pueblos espar 

ñoles. En otro articulo la examinaremos detenidamente, 

■ 

como su importancia y sa mérito requieren. 

Hoy diremos á nuestros kermanos que España no ha 
muerto como pretenden sus numerosos detractores. No 



— 262 — 

muere tan fácilmente la patria de Hernán Cortes y de Gon- 
zalo de Córdoba, de Lope de Vega y de Murillo. 

Tres siglos no pueden agotar el genio que inspiró á 
Calderón. El ángel de nuestras artes todavia no ha ple- 
gado sus alas. América debe interesarse por España, 
porque al fin España es su madre ; España debe intere- 
sarse por América que es su hija. Nuestra patria subió 
á la cumbre de la gloria : Dios desató contra ella su ira, 
y en todas las regiones de la tierra se encuentran espar- 
cidos los restos de su naufragio. América, como ha dicho 
perfectamente el Sr. Magariños Cervantes , no puede re- 
negar de esta bella tradición histórica, que eslabona su 
presente á nuestro pasado, y une su vida á nuestra vida. 

Emilio Castelar. 

— 32 — 

La escuela de la tiranía 

PASADO, PRESENTE, PORVENIR (1 ) 

Cualidad característica de los verdaderos poetas es ex- 
presar en algunas estrofas y á veces en un solo verso lo 
tjue otros no alcanzan á decir en todo un volumen de re- 
dundante prosa. Suyo es el arte maravilloso de juzgar y 
describir con profética intuición á los hombres y sucesos 
que hacen épftca en la historia. Los ecos de su lira pasan 
de boca en boca y se graban en todos los corazones como 
axiomas que no admiten discusión, simbolizando en un 
canto imperecedero las creencias, los infortunios, las es- 
peranzas y desengaños del pueblo y la generación á que 
pertenecen. 

Entonces el feliz poeta que arrebatado y sostenido por 
su genio, ha logrado elevarse sobre tas miserias del pre- 



( I ) iQserto en la RevUta Española de JmJbot Mundo t, tomo 3, pig. 817. 



— 263 — 

• 

senté y bañar SUS alas en la pura atmósfera del porvenir, 
asiste en vida á su apoteosis, y puede decir que ha escu- 
chado el fallo de la posteridad. 

No de otra manera el Sr. D. José Mármol, desconocido 
en Europa y ya célebre en toda América, fijó desde tem- 
prano con los cantos de su Peregrino la atención de los 
inteligentes, adquirió inmensa popularidad y ocupó sin 
esfuerzo un lugar distinguido éntrelos primeros poetas 
americanos. En este poema, cuya publicación aun no se 
ha terminado, el autor describe principalmente, con una 
entonación, con una riqueza de colorido, con una exac- 
titud é inspiración admirables, la tiranía de Rosas y los 
hechos capitales que su dictadura ha dejado consignados. 
Mas como estudio social que literario, aunque trataremos 
de llenar á la vez en lo posible ambas exigencias, sin que 
esto importe comprometernos á hacer una critica de la 
obra, vamos á ocuparnos de la parte del poema en que 
reasume el laureado cantor d9 Mayo, con rasgos que reco- 
gerá la historia, la época y la colosal ( por lo enorme de 
sus crímenes) figura del Nerón argentino. El asunto ofre- 
ce provechosas lecciones para todos los pueblos, y cree- 
mos que este trabajo tendrá especialmente un doble in- 
terés de actualidad para España y América. 

El Peregrino se inspira en las desgracias de su país 
y de su época; pero poco esfuerzo de inteligencia se ne- 
sita para notar la íntima relación que á menudo existe en- 
tre lo que ha pasado y pasa en las dos riberas del Plata, y 
lo que sucede en el resto del vasto continente donde se 
habla la hermosa lengua de Castilla. 

«El Peregrino, según su autor, es un emigrado ar- 
gentino , que viaja en el mar , desde el trópico de nuestro 
hemisferio hasta los 65® Sur, adonde lo arrojan las bor- 
rascas, sin poder doblar el cabo meridional de América. 



— 26i — 

Durante su viaje, de zona ea zona, de grado en grado^ 
canta la naturaleza americana, ja por sus recuerdos, ja 
por los cuadros que se desenviuelven á siis ojos. » 

Esta naturaleza , su corazón j la patria son la fuente de 
sus inspiraciones. Espléndida poesía sin duda,, bella idea- 
lización, cuadro sublime sombreado por las tintas virgi- 
nales que le ha impreso la mano de Dios al resbalar por la 
frente de América. Convengamos en que esta sola con- 
cepción revela ja una cabeza altamente poética. 

Después de su viaje al mar del Sur volvió el Peregrino 
á la ciudad de Rio Janeiro, j el canto XI estii consagrado 
á sus recuerdos del Brasil. 

Sin atender al orden cronológico, que tampoco ba ob- 
servado el autor en la publicación de los varios cantos de 
su poema, empezaremos nuestro análisis por el canto XII. 
Ya hemos dicho j repetimos que no es una critica litera- 
ria lo que vamos á hacer, sino un estadio social. Gúmr 
plenos también advertir que el poema ha sido escrito 
durante la tiranía de Rosas, j que para apreciarle de- 
bidamente es preciso, j sírvanse tenerlo presente nues- 
tros lectores, trasladarse con la imaginación á aquella 
época. 

Después de algunas semanas de permanencia en el 
Brasil, la nave del Peregrino hiende de nuevo las olas jse 
dirige al Plata. Al divisar sus costas, da principio á su 
canto, describiendo el amanecer de un bello día en el mar 
con los siguientes versos : 

« En muda soledad duerme tranquila 
Cual postrado león la mar sonora, 
Y allá en el horizonte su pupila 
Cual risueña bekiad muestra la aurora. » 

El Peregrino, reclinado sobre la popa j engolfado en 
sus tristes pensamientos, coütempla el cuadro que le ro- 



— 265 — 

dea; tieode sus ojoa, y deja escapar un suspiro. Sospiro 
que brota del alma y que^ no se lo arranoa ningún recuer- 
dai profano, pero que so le escapa involuntaríaiBente, á 
la lista de las riberas argentinas y orientales donde á ua 
Uempo : 

« La barbarie despliega sus banderas » 
A la vista : 

« de pueblos y señores^ 

que dejó malos y los vé peores » 
Un suspiro que le arranca la conlemplacíou del infor- 
tunio que pesa sobre ia porción mas escogida del pueblo 
argentino : la memoria de sus pasadas glorías : el envi- 
lecimiento de esa patria infeliz, que antes tenia una co- 
rona de laureles sobre la frente : donde á la luz del dia 
se conquistaban glorias inmortales, y las madres envi- 
diaban la suerte de los hijos que les robaba el plomo del 
combate. 

De esa patria, donde el anciano encorvado ya por el pe- 
so de los años, escribía la ley para la tierra que sus des- 
cendientes iban á conquistar : donde la palabra de Dios 
repercutia en las bóvedas del templo, y el pueblo lleno de 
fé y contrición la oia de los labios del sacerdote que la re- 
velaba, poniéndolos á su alcance, los dogmas inmortales 
por los cuales muriera el Redentor. Allí, donde vates de 
alta inspiración, al calor del entusiasmo, pulsaban esa 
enlutada lira que hoy él pulsa, inspirado por el dolor y 
la melancolía. 

Entonces el pueblo argentino , tan grande como los 
Andes y el Océano , desde el carro de la victoria derra* 
maba chispas de libertad en su camino; y 
« Rodaban de los Andes de repente 
Torrentes de guerreros á su acento, 
Para caer cual rayos en la frente 
De un trono con dos mundos por cimiento. >> 



— 266 — 

Pero I ay I ¿qué le ha quedado de ese tesoro de glo- 
rias? Apenas algunos hombres celosos de su fama que 

han apurado el cáliz de la amargura bajo el pálido sol del 
estranjero , que se consuelan con recordarlo que ha sido, 
esperando el alba de dias menos ingratos. Eso y nada 
mas queda de la gloriosa patria argentina. La envilecida 
muchedumbre que abriga en su seno, de rodillas ante el 
látigo de Rosas , nada conserva ^de su antiguo esplendor; 
es un pueblo sumido hasta la garganta en el fango de la 
degradación: 

4c Espúrea á raza de los hombres bravos 
Que hoy en la tumba de vergüenza gimen. » 
Aquí el poeta lleno de una noble indignación, hace re- 
sonar las cuerdas de su lira con una vibración siniestra v 
amenazadora. 

Nos ha parecido ver reunidos la cáustica energía de 
Juvenal, el nervio y vehemencia de Barthelemy, y el arro- 
gante sarcasmo de Byron, en esta valiente estrofa : 
« Diputados, ministros, generales, 
¿ Qué hacéis ? corred, el bruto tiene fiebre ; 
Arrastrad vuestras hijas virginales 
Como manjar nitroso á su pesebre.... 
Corred hasta las santas catedrales, 
A vuestros pies la lápida se quiebre, 
Y llevad en el cráneo de Belgrano 
Sangre de vuestros hijos al tirano 1 » 
Al trazar estas líneas no podemos menos de recordar lo 
que dijo un compatriota suyo, ( I ) guando publicó un tro- 
zo inédito del canto á Buenos-Aires. 

« Sus inspiraciones son siempre nobles ; la Patria, el 
luto de sus hijos, el dolor de la vergüenza que sobre ella 



( I ) El Dr. D. Floreado Tárela. 



— 267 — 

pesa, y la fé en otros días que haa de venir, son por lo 
general el lema favorito del joven poeta : tema en que 
casi siempre consigue sacar de su lira tonos alternativa- 
mente elevados y tiernos, que hacen su poesía bastante 
popular; » 

La sentida imprecación que hemos citado mas arriba, le 
inspira una multitud de pensamientos no menos originales 
7 atrevidos. Pasa á examinar á Rosas y su sistema; los 
efectos que este ha producido, yla manera con que ha tra- 
tado á naciones mas poderosas y de mas alta prosapia que 
la suya. Entonces le da (suponemos que por ironía) las 
gracias por las ideas nuevas que le debe, y como á fuer de 
poeta busca la novedad en todo, le confiesa que al contem- 
plarle, siente su corazón latiendo de placer; y le promete 
que si alguna vez su Peregrino , á quien hace viajar pobre 
y errante llega á encontrarle, habrán de ser amigos y to- 
mar juntos dos botellas de champagne ; porque esto seria 
para él un rico manantial de inspiraciones , y Rosas debe 
ser en verdad , uno de esos seres en cuya sociedad se 
aprende mas en una hora , que en la de otros toda la vida. 

Poco después por un capricho de su lujosa fantasía , da 
un paso atrás, y se pone á considerar las causas de nues- 
tro desquiciamiento actual. Paga su tributo de admiración 
ál a patria de Washington cuya libertad mira 
« Despeñarse en su carro de alabastro. 
Atravesar los piélagos profundos, 
Y en sus hombros después volver con mundos. » 

Vé la razón la y industria brotando en el Brasil, como 
brotan en sus arenas el oro y los diamantes ; pero en e' 
vasto hemisferio de Colon por donde rodó el carro de la 
España, solo vé guerra, ignorancia, superstición y atraso, 
víctimas y verdugos , mártires y opresores. Reconoce con 
el duque de Rivas (de Frias debió decir) que en América 



— 268 — 

hay España , pero no la España Emperatriz del maodov 
ea ci&yos dominios ouQca se ponia al sol, y oq cuya freate 
brillaba la diadema del poder j b sabidocía ; ü^q^ Eapa- 
ia de imperecedera gloria, que ha inspirado al priiiiAf* 
ro de sus poetas líricos estos versos taa robustos aama 
bellos y patriótiiios : 

« Do q.aiera España : eu el preciado seooi 
De América, ea el Asia, en los coafiues 
Del África, büí España : el soberaao 
Vuelo de la atrevida faatasia 
Para abarcarla se caosaba ea vaao, 
La tierra su& mineros le readia,, 
Sus perlas y coral el Océaao, 
Y donde quier que revolver sus alas 
El iatentase,^ á quebraatar su furia 
Siempre encoatraba costas españolas I )^ 

(ouintama). 
Esa España uo nos pertenece : nada tenemos de ella : la 
que hay entre nosotros es la España de Torquemada, de* 
Carlos II y de Fernando VIL La Iberia infortunada por la 
que se suicidó Larra ; con la que luchaa todavía sus hijos 
sin poderla vencer : 

« Ni coa rayos del geaio ni á balazos, y^ 
La que á principios del siglo hacia esclamar al prodi- 
gioso lord Byron : 

«... The Power that man adores ordain 
Their doom , aor heed the suppliaat's appeal ? 
Ys all that desperate valour acts is vain ? 
Aad couasel sage, and patriotic zeal , 
The veteranas skill, youth*s fire, aad maahood's heart 

[of Steel ?(!).] 



(I) ¿AcMO el Dios oue «dnran los hombres la Jia condenado, y ao 
ya sui ardientes ruegos? inútiles son para c!U todas tas heroicidades de un valor 
wMflperado , los stmo» conatos , el amor patrio . \\ csiierieneia de los anciana», 
el ardoi de la Juventud, y el coraje iu(|iiel>rantabic (ú la voluntad de acero) de 
It edad viril? Childe-Harold.^CmU 1.— £st. UlI. 



— 269 — 

iñádase á la palabra Iberia ( Spain ) qae se halla un 
Terso mas arriba ea esta misma estrolTa , la palabra Ámé- 
fioa , y se tendrá compendiada en cuatro renglones la 
situación actual de casi todas las repúrbficas americanas 
que fueron en otro tiempo colonias ibéricas. 

Entonces, abrumado por un presente tan precario, su 
-espíritu desprendiéndose de los laios que le sujeftan, se 
'tanza en el espacio ; y parece que quiere con ojo escudri- 
ñador rasgar las tinieblas que envuelven el porvenir, y 
sorprenderle en su carrera, cuando interroga á la América 
sotre sus destinos futuros. Todo este trozo es magnífico— 
El Sr. Mármol ha desplegado en él el lujo de pensamien- 
to y espresion que caracteriza su poesía. Pocos versos se 
leerán en español tan armoniosos y bellos como estos 
cuatro: 

« Deja tu gloria en la nevada cumbre 
De los altivos Andes, frente á frente 
Con la posteridad, brotando lumbre 
De mar á mar en fúlgido torrente. )> 
Alguna de las hipótesis que avanza el señor Mármol, 
ha sido duramente combatida ; pero en realidad no hay 
motivo para alarmarse. En tesis general, la forma me- 
jor de gobierno para una nación , es sin duda aquella 
que llena mejor sus necesidades y las condiciones de 
su modo de ser. No es posible preveer todos los aconte- 
cimientos que en el transcurso de los siglos, pueden tener 
lugar en América, ni hasta donde puede llegar la influen- 
cia de las ideas dominantes en ese período ; ni mucho 
menos los elementos que entonces podrán combinarse. 
Asi, pues, hay posibilidad de que suceda en el futuro 
lo que ahora nos parece irrealizable . Ko debemos asus- 
tamos por ninguna hipótesis ; cuando llegue ese caso, 
América, aleccionada por la esperíencia, sabrá le queme- 
for le conviene. 



— 270 — 

Entretanto i oh Plata I mientras llega el día de ta re- 
dención, permanece con tus eternas luchas y con tus 
crímenes. Juzga el poeta que ellos inspirarán mas tarde 
á los que vengan tras de nosotros, y participo de su 
opinión no solo en cuanto á la poesía lírica sino también 
respecto de la dramática. No de otro modo los cadáveres 
que quedan tendidos en un campo de batalia, fecundizan- 
do el suelo, hacen brotar un manto de flores y verdura 
que oculta al caminante los restos de la repugnante presa 
que le sirvió de alimento. 

Después de contemplar este ingrato presente, vuelve á 
suspirar el Peregrino, Los recuerdos mas íntimos de su 
vida se agolpan á su frente, al mirar las rocas del suelo 
Oriental, donde le arrojaron los temporales de su patria, 
donde pasó los años mas bellos de su juventud y tuvo la 
revelación de su genio. Estos recuerdos, llenos de una 
noble gratitud hacia aquella tierra hospitalaria, preocu- 
pan su espíritu por algunos instantes, y traza en versos 
espléndidos el cuadro de los hermosos dias de su pros- 
peridad. Entonces no puede menos de esclamar : 
« I Ay t en ella la brisa esa tan pura , 
Tan grata para el alma del proscripto ! » 
Que huia de la atmósfera corrompida de sus lares para 
ir á respirar allí el hálito puro de la libertad ; porque 
entonces : 

« ese hálito de vida 

Refrescaba la sien del uruguayo , 

Y esa patria , esa rosa desprendida 

Dé la corona virginal de Mayo , 

Desplegaba sus hojas engreída 

Del alma libertad al dulce rayo. » 
¡ Oh I sí el señor Mármol no nos hubiese dado tantas 
pruebas de su esquisita sensibilidad de poeta , bastarían 



— 271 — 

esos pocos renglones para revelarla en toda su esponta- 
neidad y delicadeza , mayormente si se recuerda que, en 
esa época era un Edén Montevideo, á cuyos pies deponia 
la Europa las galas mas lujosas de su industria; Montevi- 
deo que cubría con su manto á los nobles proscriptos que 
venian 4 asilarse en su seno huyendo de su verdugo, y 
dónde un coro de poetas, libre la voz como el pensamien- 
to, pulsando sus liras 

« de armonías llenas 

« Saludaba también el primer rayo 
« Que anunciaba en Oriente al Sol de Mayo. » 
Esta alusión al certamen del año 41 da una idea del in- 
cremento que habian tomado en la República del Uru- 
guay las ideas de progreso, y el modo como se honraba la 
inteligencia, fomentado todo lo que podia elevarla y en- 
noblecerla. 

En los momentos en que el poeta cantaba, ese Montevi- 
deo habia desaparecido entre el torbellino de humo y san- 
gre que levantaban los caballos de las hordas salvajes del 
que no en vano se titulaba héroe del desierto. La guerra 
habia devastado sus llanuras; la flor de sus hijos habia 
caido á los golpes del sable ó la metralla ; todavía no se 
habian apagado las llamas de los pueblos incendiados por 

el torpe invasor 

Rosas consumó su obra de iniquidad , merced al apoyo 
de un hijo ingrato de aquella tierra desventurada, y el can- 
tor argentino « al echarle en rostro los miserables móviles 
que impulsaron á este á llevar la ruina y la desolación á su 
patria, le apellida nuevo conde D. Julián , y entre otros 
anatemas muy enérgicos y justos , le dice, que al olvidar- 
se de todo y al sacrificarlo todo en aras de su ambición y 
de sus malas pasiones , se olvidó también de lo que debía 
á su país y á sí mismo : 



— 272 — 

« ¥ qne una maldición sobre su nombre 
En la posteridad se grabaría, 
Y qne al pasar junto á su tumba, el hombre 
. TLa vista ton horror apartaría ! y> 

Esta válieute imagen , que trasladada al lienzo, seria on 
bellíshno cuadro , descubre cou la velocidad del pensa- 
miento el desprecio y execración que hasta en los si- 
glos mas remotos la historia reserva á los que imitan al 
padre desdichado de la Cava y al Barbón que cayó en Ro- 
ma , haciendo fuego contra su bandera. Afortunadamente, 
no todos los hijos de la oriental ribera prestaron oido á las 
pérfidas sujestiones de un déspota estranjero ; no todos 
aceptaron el yugo que, bajo el nombre de aliado, su terri- 
ble teniente les! brindaba. 

Si por una fatalidad que no puede nunca deplorarse 
bastante , muchos ilusos , ligados por compromisos ante- 
riores acudieron á su llamamiento, otros, en mayor nú- 
mero,lncharon con desesperado arrojo hasta que el triun- 
fo coronó su indomable esfuerzo. 

En las murallas de Montevideo se eclipsó la estrella de 
Rosas. Los heroicos defensores de la capital combatieron 
nueve anos sin desmayar, por mas que el viento del in- 
fortunio les robase cada dia una esperanza, y precipitase 
á la tumba lo mas selecto de sus herm;inos de armas. En 
vano la tiranía, secundada por el hambre, la miseria y 
la poste, desplomó contra ellos sus numerosas falanges, 
hasta entonces invenci4]lles. En vano caian como espi- 
gas bajóla hoz delsepdor. Al mágico grito de loriad 
é mdepm^endaj brotaba nuevos campeones aquel sudo 
dásioo de Talientes : peleando dia y noche , se entonaba 
en medio de la pelea el himno fúnebre sol)re el ca<iáver 
del caido ; oubríanlo con su «bandera , acribillada de bra- 
zos, salpicada con la sangre del mártir que acababa de 



— 273 — 

espirar , y desnudos los aceros, jaraban morir antes que 
doblar la rodilla al despotismo ( 1 ). 

Por eso no estamos may conformes con qae el poeta 
reserve toda sa gloria para el pasado y el porvenir, y no 
tenga mas qae lágrimas y maldiciones para el presente. 
También el presente tiene su faz bella y poética, por mas 
que vistiendo con las galas de la poesía una vulgaridad 
muy acreditada de este y del otro lado de los mares, diga 
el Sr. Mármol refiriéndose á América : 

« ... su pasado hermoso 

Es de eterno valor rica simiente : 
Su futuro es el árbol magestuoso 
Que alzará de ella su verdosa frente : 
No conocéis la tierra que el valioso 
Germen de este árbol guarda? .... Es el presente; 
Y aunque es verdad que la semilla encierra , 
Es nuestro tiempo de hoy tan solo tierra » 
Hé aquí el Plata con su pasado, su presente y su por- 
venir, tales como los ha comprendido el poeta en los 
vuelos de su mente. Sin participar en todo de sus ideas, 
creemos con él que su Carlos es el tipo y la historia viva 
de mil otros peregrinos ; porque, en efecto, casi todas las 
ideas que ha emitido están en la cabeza de la juventud 
ilustrada de su época, y Carlos no es otra cosa que 

« el ángel que espía la amargura , 

€ Los ayos y los sueños cristalinos 
«De sus hermanos, y en su triste lira 
« Hace á todos hablar cuando suspira. » 
Y mas y mas nos ratificamos en lo que acabamos de- 
cir, cuando en vez de desalentarse por el cuadro deses- 
perante que ha trazado, con mas arrogancia dirígese al 



(f) Uistórjco. 

18 



— 374 — 

rio que tiene delante , y le apostrofa eo estos términos : 
« Hincha i oh I Plata , tu espalda gigeknte , 

Y atropellen tos ondas el pino ; 
Es un hijo del saelo argentino 
El que vuelven tus ondas á ver ; 
Que el Pampero sacuda sus ahts, 
Que las nubes fulminen el rayo. 
Una hoja del árbol de Mayo 

Es quien pasa rozando tu úm. )> 
A la verdad hay en esta estrofa y las siguientes toda la 
arrogancia y valentía de que es susceptible un alma joven, 
que lucha brazo á brazo con el infortunio , sin que este 
pueda doblegarla ; y que vé en ese Plata con sus oscilan-- 
tes olas , con sus vientos desenfrenados, con sus mon- 
tañas de espuma, la imagen del tiempo presente. Bello 
y sentido es sin duda el desafio que le dirige, cuando 
cree que bien puede arrebatarle la guirnalda de flores 
que adorna su frente, sumergirle entre las olas y basta 
tragarse su débil esquife, pues él sabe 

€ que al cerrarse sus ojos , 

Queda abierta en su nombre otra flor. » 
Y luego ¿qué le importa su época , sí su mente en alas 
de la fé y la esperanza vuela mas allá de los años y sor- 
prende al futuro , envuelto en los verdes ensueños de su 
fantasía ? 

Si divisa en el Oriente un ángel de rodillas esperando 
el primer rayo de un sol que todavía no ha trepado al ho- 
rizonte , pero que ya k) inunda con su luz crepwcular, 
para decir al viejo continente : 

« La aurora se levanta del mundo de Colon, 
América es la virgen que prisionera canta. 
Vaticinando al mundo su hermosa libertad, 

Y de su blanca frente la estrella se levanta, 
Que nos dará mañana radiante claridad. » 



— 375 — 

Sí , mañana ese sol reflejará sas rayos por todas partes, 
bajará en ellos la bendición del cielo , y el mando caduco 
le' gritará desesperado al joven quer se adelanta lleno de luz 
y aire vital : 

« detente I 

« Mis razas arrebatas , mi genio y porvenir I )> 
Y las ondas del Plata irán arrojando en sus playas las 
ciencias, las artes, las generaciones enteras , á las que 
ahora mismo la Europa como una madre enfermiza y 
extenuada , les niega su seno exhausto , y tiene que ar- 
rojar á tierras estrañas á mendigar un pedazo de pan para 
sustentarse y un pedazo de tierra para depositar sus hue- 
sos. ¿ Hay por ventura exajeracion en esta frase, que tai- 
vez ofenda á algún smceptible europeo ? A'o i A quién 

que la haya visto de cerca no ha sorprendido que esa 
reina tan orgullosa, ostente en las sienes una corona 
de luciente pedrería mientras encubre bajo áspero sayal 
sus pies gangrenados por la miseria? 
Ha de llegar un dia en que nos sea dado decir : 
« I Ay triste del que osare sobre argentina frente 
Alzar de los tiranos el látigo otra vez , 
Sacudirás tus ondas, y al eco solamente 
El hacha del verdugo le abatirá la sien ! » 
Abundando en el mismo orden de ideas, hemos sentido 
latir con fuerza nuestro corazón , y comprendido que solo 
un poeta americano podia decir : 

« I Ay triste para siempre del eslranjero bronce 
Que osare en las riberas del Plata retumbar ! » 
Entonces no seremos testigos mudos de los escándalas 
que ha presenciado y está presenciando nuestro hemisfe- 
rio : imperará entonces la ley de la razón; América , ro- 
bustecida por los años, podrá oponer la fuerza ala fuerza; 
y en vez de recibirla , dictar la ley á la Europa , porque 
como ha dicho perfectamente el Sr. Echeverría : 



— 276 — 

« sus banderas unidas 

se pasearán por los mares 
respetadas y temidas , 
y cuenta á reyes y Czares 
irán á pedir tal vez 1 » 
Cuando llegue ese dia la libertad será el ídolo que todos 
adorarán: ella derramará su aliento benéfico, y la tierra 

fie cubrirá de flores 

Entretanto los héroes que han muerto por ella, pueden 
dormir tranquilos en la tumba. El árbol que plantaron, 
despojado de sus ramas por la hoz déla tiranía, volverá á 
retoñar con nuevos y mas vigorosos vastagos, 

«¡Oh I ese tiempo vendrá! Semeja ¡oh Plata! 

Los temporales de mi tiempo yerto 

Mi voz con tus bramidos arrebata 

I Adelante , bagel , vamos al puerto I » 
Dejamos bosquejad.i, en suma, la faz mas notable del 
poema, que hemos examinado en la parte publicada hasta 
ahora. Digna producción de! autor de la célebre Oda á 
Rosas, trabajo que revela meditación , estjidios y adelan- 
tos; prenda do lisonjeras esperanzas , que el Sr. Mármol 
no ha de defraudar — lo esperamos confiadamente— en los 
cantos sucesivos. 

No quisiéramos, sin embargo, como dice D'Alembert á 
propósito de Montesquien ( 1 ) , imitar á los comentado- 
res de Homero, que nunca le encuentran un solo defecto. 
No nos ciega el entusiasmo hasta ese extremo ; pero espli- 
cado el objeto principal que nos movió á ocuparnos del 
Peregrino, nadie podrá con justicia echarnos en cara que 
solo tenemos ojos para verlo bueno y no lo malo; que tam- 
bién lo hay en la obra del inspirado poeta argentino. ¿ Y 



^Jj Intod. to v. Yol. de PEncyctop. pág. XVII. 






— 277 — 

quién estrañará qae en medio de tantas bellezas se hayan 
deslizado algunos defectos, ni que dado el carácter de este 
estudio, no nos creamos obligados á enumerarlos, ni á 
hacer su critica bajo ^1 panto de vista literario? 

Preferimos dejar esa tarea á personas mas capaces, j 
que sin duda tendrán mas placer que nosotros en desem- 
peñarla como es debido. 

Por otra parte, juzgamos que esto era casi inevitable 
en un cuadro tan vasto como el que se ha trazado el señor 
Mármol. 

Es muy difícil que durante un largo periodo puedan 
siempre la imaginación y el estro mantenerse á la misma 
altura. Inconveniente tanto mas dificil en el lirismo, donde 
la facilidad y la vehemencia deben resaltar en cada verso: 
y acaso ese mismo contraste hace mas notables las bellezas 
de que abunda el poema , *asi como las llanuras de Quilo 
y Pasto en la Cordillera, hacen aparecer mas altas y ma- 
gestuosas las montañas que se alzan á su alrededor. 

Nosotros le aplaudimos con la espontaneidad y placer 
con que lo hacemos siempre que se trata de obras y per- 
sonas que lo merecen; y el Sr. Mármol puede creernos, 
porque tiene pruebas del sincero aprecio que le profesa- 
mos. Séanos permitido por lo tanto transcribir algunas 
estrofas de una composición (i) que le dedicamos pocos 
dias después de nuestra llegada al Janeiro (en Agosto 
de i 844). 

Ellas acabarán de completar nuestro pensamiento, y 
servirán de epilogo á todo lo que llevamos dicho. 



(1) LA POESÍA AMERICANA, Brüas del Plata pig. 57. LimiUmos la cita á 
mu sola estrofa, requerida por la ilación del párrafo inmediato» por encontrarse 
dictia poesia en el Tolúmen de la referencia. 



— 278 — 

Aquellos que al bramar de la tormenta 

Sienten ráado latir el corazón » 

Y qae quisieran en gigante v«elo 

Ir á arraoicarie sa seereto á Dios I 
• ••••^••••■••••••» 

El Sr. Mármol pertenece indispaiabtemente á ese nú- 
mero: pero tanto él como todos los poetas americanos oo 
diben ohridar qae el talento natural sin el estadio qoe lo 
educa y perfecciona , es á menudo un rayo de laz oscure- 
cido por las nieblas de la imaginación : qae sin el estudio, 
la meditación y la lima tan recomendada por Boíleau, las 
inspiraciones mas bellas pierden las tres cuartas partes de 
su Talor ; y qae en (ín el poeta en nuestra época , en le- 
tras como en ciencia, no puede ser un hombre superficial: 
al menos es preciso que conozca perfectamente su arte.^ 
Con placer hemos visto en el trabajo de que nos oca-^ 
pamos un adelanto notable á este respecto : animados por 
lo que él nos promete , nos tomamos la libertad de rogar 
ásu autor que no se deialiente, y tenga siempre delante 
estos dos versos del lírico latino, que mas de una vez 
hemos recordado en nuestras conversaciones intimas en 
Mootevideo y Rio Janeiro, en las que solia acompañarnos 
Garlos Guido y Spano. h 

« Qui $tudet optatam cursu contingere metam^ 
Mulla tulit, fecitque puer^ sudavil et alsit f / /» — 

- 33 - 

Ensayos anteriores para difandir el pensamiento americano.— -JFÍ 
Repertorio, La flor colombiana. La recistu de Ambas Amé^ 
ricas, — Compilaciones hechas en Venezuela , Nueva Granad 

(I ) El que dewrt llegar trhiidknte al término anlieUdo de su civrefi, mucbis 
?lgiUas« oMichM privacioacs, deiTeloi yaaguitUs sufrió desdo t«s prinwros tñm, 
antes de conseguirlo. 



— 3r79- — 

j Chile.-— La coleeeioD de Mr^ Ternaui Compans. --Ideas que 
predominaron en la Metrópoli sobre educación délos colonos 
desde Carlos V. hasta Fernando VII.— Tributo americano in- 
corporado á las letk^as españolas.— Necesidad de eslabonar el 
pasado con el presente.— Nuevos y grandes veneros de ins- 
piración para la juventud en eLestudto de la historia de nues- 
tro continente. 



Sr. Dr. D. Á. M. C. 

Rosario, 17 de Octubre de 1858. 

Mi antiguo y querido amigo : 

Lacayo entre los amigos de V. al venir Iras ellos á alen- 
tarle en su nueva empresa literaria, no les voy sin embar- 
go en zaga en cuanto al interés por el buen éxito que en 
ella ds de desearle. Quiera guiarle á V. mejor estrella que 
á sus anteoesoresl 

La Biblioteca Americana , es la realización de un pensa- 
miento que bajo diversas formas bulle hace muchos años 
en la <^beiza de varios amigos del progreso intelectual de 
nuestro continente. Su primer germen , brotó con la loza- 
nía que era de esperarse bajo las sazonadas plumas de 
Bello y García del Rio. Pero , fuese qae el clima de Lon- 
dres nada de propicio podia tener para la Agricultura de 
la Zona Tórrida del Delille Venezolano , ó que las aten- 
ciones de la patria les arrojase del terreno de la literatu- 
ra al de la política , el hecho es que el Repertorio y la 
Biblioteca , tan conocidos por los estudiosos , quedaron á 
medio camino. El último artículo crítico de una de estas 
publicaciones se contraia al canto lírico d la victoria de 
JtuzwUigo , cuadrando la casualidad que al eclipsarse 
aquel faro del boen gusto americano entre las nieblas de 
Inglaterra, iba á comenzar también á transponerse el bri- 
Jlante sol de nuestros aciertos. Contando desde 1 828, guer- 



— 280 — 

ra civil , delitos , mal gobierno , silencio , fueron la es- 
presión de nuestra existencia durante cinco lustros.— La 
flor colombiana, bajo título tan seductor, abrió su carrera 
de propósitos análogos desde la imprenta de Rose y Burei 
en París , quedando muerta , pero no del todo olvidada, 
desde su primer volumen. 

Las glorias del bello sexo americano , cuya narración 
reprodujo , hacen de aquella flor un libro interesante y 
útil. 

García del Rio , el secretario del Libertador , llevó 
siempre en sus largas y variadas visicitudes de fortunat 
fija en su idea ía de revelar al mundo el mérito de los pen- 
sadores, de los poetas y de los hombres beneméritos de 
las regiones en que él habia nacido. Siempre que hallaba 
un momento de reposo, anudaba el hilo de su querida 
tela , y redactaba una ó mas páginas de un libro que no 
alcanzó forma fija bajo la mano del que le formaba hoja 
por hoja. Muchas de estas pueden hallarse en la Revista 
de Ambas Américas, que redactó en' Valparaíso antes de 
emprender su correría postrera. 

Todos estos ensayos, sin escepcion, descubren la ten- 
dencia de traer á un centro vasto y común las fuerzas in- 
telectuales y saludables, que, naciendo del espíritu ameri- 
cano, obrasen sobre el mismo robustecidas por efecto de 
la concentración. El foco no podia ser mejor establecido: 
allí donde confluyen la igualdad del origen, la semejanza 
en la forma de gobierno, y la comunidad del idioma, allí 
está el hogar natural de los pueblos como familias mora- 
les. Harmonizar los intereses, fraternizar por el entusias- 
mo, amarse por la similitud de los sentimientos, vanaglo- 
riarse en común de la capacidad de producir lo bello y lo 
bueno, tal habria sido la consecuencia definitiva del logro 
de cualquiera de aquellos ensayos para las Repúblicas in- 



— 281 — 

dependientes en que se sobdivídió la América de los Reyes 
católicos. 

En el largo espacio qus media entre aquellas tentativas 
y los dias presentes, tanto en Europa como en América se 
ha promovido el estudio de las cosas sud-americanas, co- 
menzando por donde es indispensable comenzar para este 
fin. La dispersión y el desorden de los antecedentes hace 
necesario reuní ríos y clasificarlos, y de aquí la necesidad 
de las colecciones homójeneas.— En Venezuela y en Nueva 
Granada se han dado á luz varias compilaciones que con- 
tienen parte de lo mas selecto que allí han producido los 
contemporáneos en materia de amena literatura. Chile ha 
contraído tiempo y dinero á enriquecer sus colecciones de 
historia patria y á rehabilitar los nombres memorables, 
sea cual haya sido la época ó la bandera bajo que se ilus- 
traron. Y por último, y sin juzgar aqui el acierto ni el de- 
sempeño de Mr. Ternaux Compans, mucho tenemos los 
americanos que agradecer á este erudito por haber vulga- 
rizado en la mas cosmopolita de las lenguas vivas, las cró- 
nicas, relaciones de viajes é historias, relativas al descu- ^ 
brimiento y conquista de los dominios españoles en esta 
parte del mundo. 

Desde Carlos V. hasta Fernando VII. fué espresamente 
prohibido que americano alguno se educase fuera de los 
dominios españoles de esta habla. A la influencia de las 
* escuelas de Italia debía tener miedo aquel ambicioso re- 
trógrado, como la tenia á^as prácticas comerciales y doc- 
trinas económicas de los italianos. Las Universidades de 
Alcalá y de Salamanca fueron las únicas que gozaron de las 
prerogativas de mezclar sus turbios raudales con los mas 
turbios todavía de Méjico y de Lima, cabiéndole á la pobre 
virgen del mundo , la triste fatalidad de que sus ingenios 
se mostrasen justamente cuando las letras españolas ca- 



— 282 — 

yeron^en ei oscaraotismo y 6q la peroioiosa mama de sa- 
tilizar los coDceptus. Las ciencias fueron un cenlOQ. de 
dtas y da disertaciones a priori; lai literatura, ua móns- 
Iruodé ¿Vectación y de gongoridmo. Sin embargo» desde 
el UBO al otro estremo de noestra vasta América, en el si- 
lencio de lo&daustro8, en el bollició de los campamentos 
y en lo&e8tirado& de las audiencias, tan vivaz era el talento 
y tan grande la aplicación, que brotaron por todas partes 
los frutos de ambos, ya espontáneos, ya artificialmente 
producidos por el trabajo del estadio, fiuenas ó mafcie, 
pero siempre cariosas OuBron como era natural, á conlun- 
dirse esas producciones con el caudal principal de la lite- 
catara española. Si Garcilaso no hubiera añadido el dicta- 
do de Lma á su apellido de conquistador, habria esperado 
para obtener su carta de naturaleza á que la diese á cono- 
cer el historiador Prescott, antes del cual no era conodéa 
biografía alguna del famoso cronista peruano. El épico 
ehileno del siglo XVU habria pasado por un hermano me- 
nor de Ercilla, si lleno de orgullo patrio no hubiese tenido 
k previsión de advertir al frente de sus poemas que era 
nacido en los confines del belicoso Axauco. Alarcon, qMe 
ha inspirado una de las mejores piezas dramáticas al gran 
CocneiMe, sería tenido por peninsular, si la envidia de 
sus contemporáneos madrileaos no te hubiera arvopuiío 
por vía de apodo, su glorioso tilulo de mejicano. 

Qué vasta esfera de trabajo no habria, pues, para quien 
se propifisiese separar del raudal de las letras españolas, 
propiamente dichas, el tributo americano pagado íon^ 
sámente por la dominación y por la comunidad de la len- 
gua I— Trabajo de esa nat«;raleza traería consigo todo gé- 
nero de agrado y graiMÜsüna utilidad. Se engañaría qwen 
creyese que ua espíritu vulgar podria acometerle, ia pa- 
ciencia del erudito seria uno de los brazos de su tarea; pero 



— «8 — 

«io gttBto, Ém cidDcia DO podría escoger ni dasificar» y se 
-Mpoodria i sacar del polf o lo qae no mereciese deseaier- 
«arse, 7 á oaadenar al olvido las verdaderas perlas. Por 
otra parte, el oottóciíaiento de las obras escritas por am^ 
rícaoos dorante la áomoacioo espaSola, falta entre lae 
Ipagiftas de la inoompleta hisleria de aquel importante pe- 
riodo, para comprender bien cual era el estado social del 
individuo nacido en América, y cuan cortado sentía el 
iraelo propio de sos sentimientos y de su libertad intelec^ 
4ital. Á cada momento se lee en ellos la espresion del sen- 
timiento de hallarse apartados del sol del monarca que 
^vificaba con su protección los ingenios regnícolas, y 
redeados de dificultades para dar á la estampa los frutos 
qneridos de sus vigilias. Aparte esto, nótase principal- 
mente en los historiadores, que se colocan en un punto 
-de vista especial para apreciar los hechos y para calcular 
4os intereses ; y en los estadistas y letrados un celo mas 
ioteligenle y ardiente que los peninsulares, por los dere- 
chos, prerogativas y prosperidad del pais en que han 
nacido, revelando desde los tiempos mas remotos, que las 
'Cansas de la emancipación vinieron condensándose y es- 
4endiéndose desde las primeras generaciones cristianas 
^nacidas de la mezcla de la sangre indígena con la es- 
pañola. 

Deduzco de aquí, mi querido amigo, que si la empresa 
<|ae V. acomete no tomase toda la ostensión que sin duda 
'le ha trazado en su cabeza, no será por falta de materia ni 
de variedad de asuntos, pues la formación de lo que se 
me ocurre Uamar ahora «ios anales del ingenio americar 
110^ # limitándoles en la parte anügaa al final del siglo 
último, daría materia para muchos volúmenes, para ha- 
oer sudar nmchas prensas y para una larga serie de to" 
Jilos de su biblioteca. 

En la República Argentina no seria escasa la cosecha. 



— 284 — 

Haérfaoa está todavía de dos de sus mas notables historia- 
dores, los PP. Jesaitas, Itarri, natural de Santa Fé, y Mo- 
rales, nacido á las faldas orientales de la Cordillera, en 
ana de las provincias Cayanas. Las obras completas de 
Laca, de Fray Cayetano Rodríguez, de Echeverría mismo, 
cuyo Ángel caido permanece sin revelarnos los misteriols 
de su inspiración y de su dulcísima rím'St, sufren por in- 
curia el ostracismo inmerecido de nuestro brillante Pan- 
naso. Y trasladándome de nuevo á tiempos mas lejanos, 
¿por qué no habríamos de indagar el paradero de las pro- 
ducciones que recomendaron entre sus contemporáneos 
al riojano Camaño, al santiagueño Juárez , á Eugenro 
López, á J. B. Maciel, á J. Perfecto de Salas, álos her- 
manos Rospillesi; á los famosos predicadores Monteros, 
Barrientos, Básalo, Chambo, Sulivan, VíUanuevay Gar- 
cía; al Dr. D. Julián de Leiva, Labarden, José Joaquín de 
Araujo, Fray Julián Perdriel, etc., etc., hombres notables 
por la literatura, por el profundo conocimiento que tu- 
vieron de las cosas patrias y por la grave moralidad del 
carácter. El Sr. D. Bartolomé Mitre, en la elegante y 
erudita introducción á la Galería de celebridades ir- 
gentinas, ha plantado seguros jalones para marcar el 
sendero que puede conducirnos al hallazgo de pingües 
joyas de literatura patria. 

V. que tiene entusiasmo y hábitos de trabajo y tiempo 
que consagrar á esos dulces sueños, hágase el instigador 
y el obrero en esas resurrecciones, y cuente con la se- 
guridad de que han de acarrearle la gratitud de los que 
comprenden, que la honra patria se complementa con la 
solicitud hacia aquellos de nuestros antepasados que estu- 
diaron y produjeron, esclamando al espirar con el pensa- 
miento en la posteridad : non omnis moriar.— Ya que 
la modestia democrática nos veda tallar el mármol y le- 



— 285 — 

yantar monumentos á la gloria humana, bagamos que el 
inyentode Gutemberg, mas consistente que el granito, 
salve para siempre del olvido á nuestros antecesores en 
el dulce j civilizador comercio con las musas. 

Anudemos el presente á lo pretérito para que el pro- 
greso sea sano, y legitimo el desarrollo de nuestro cons- 
tante mejoramiento. Los pueblos como las familias (lo 
repito aqui porque es mí tema) necesitan para morijerarse 
de la presencia, ante el espiritu, de la censura moral de 
los antepasados, y de los que han de venir á formar la 
severa posteridad. Debemos ser mejor que los unos ó no 
inferiores en nada, y prepararnos á despedirnos del 
mundo con la conciencia de que los otros han de recor- 
darnos sin rubor y aun con satisfacción, al reconocernos 
como sus progenitores ¿Qué es un pueblo ignorante de 
lo qne fué? Un ciego perdido en el caos de los hechos 
presentes que no comprende. ¿Qué podrá ser un pue- 
blo sin historia escrita, sin celebridades aceptadas, sin 
conmemoración de grandes hechos, sin dolores conocidos 
para lamentarlos en común? ¿Cómo podrá hallarse el hilo 
de Ariadna en el laberinto de las cuestiones de derecho 
político, si está apagada la luz de la historia, que es á la 
vez la antorcha del amor para la razón y para los corazo- 
nes, cuando alguna vez se troza por medio la cadena so- 
cial? 

El ejemplo de los acreditados escritores que le han pro- 
metido á y. trabajos históricos para la Biblioteca, ha de 
influir (lo espero) para inclioar los espíritus de la juven- 
tud argentina á las investigaciones de aquel género. La 
historia es la gran aplicación de todos los talentos: todas 
las ciencias morales están á su rededor formando corro. 
Reclama la brillantez y la blandura del pincel, la econó- 
mica severidad del buril; la imaginación la da encarnación 



— 286 — 

yl)iilto; lareflecsion impone ásus páginas el peso d0^ 
oro; la critica la acerca á la verdad, y el corazón la haca 
tierna y la ablanda con el recio de las lágriinas. Madre d» 
toda enseñanza, universal como el cristianismo que la 
emancipó j la dotó de alas, la historia es en nuestros dias^ 
la musa que consuela á los fuertes ingenios náufragos en 
las olas turbulentas de los negocios públicos, y la que (fis- 
ciplina á los soldados conscriptos para las batallas de la. 
tribuna ó de la prensa. Feliz el que bosqueja en tode 6 
en parte la gran figura de la Patria, si puede decir de su 
pluma lo que el pintor Greuze de su pincel: «lo he mojado 
en mi corazón. » 

Tiempo ha que el genio de la historia se cierne buscan- 
do una cabeza argentina en que posarse: conozco algunos^ 
compatriotas (sin contar los que han dejado de existir> 
que contraen su atención desde muy atrás ¿ este estudio 
y ensayan sus fuerzas para producirla gran página de que- 
carecemos, para mirarnos en ella y mejorarnos para lo 
futuro. El momento hallegado tal vez. La Biblioteca puede- 
acelerar la realización de ese hecho, que tiene forzosamen- 
te que verificarse. Quede á V. al menos la gloria de ha- 
berlo provocado. Le faltará á V. la protección ó el áni- 
mo? Esa bella juventud que á veces se enmaraSa en el zar- 
zal de la conseja folletinesca, no ambicionará á inspirarse- 
de los acontecimientos reales, ya para producir romaneen 
históricos como los del angelical Adolfo Berro, ya para 
animar y colorir las nebulosidades de Funes ó las arideces 
de Nuñez? 

Cuánto hay de nuevo qtie decir) Cuan fecundos en re- 
llecsiones son nuestros viejos anales! 

Le escribo á Y. desde un lugar en donde la corva áei 
gigante que lleva sus aguas al Plata, le avanza báeia éov^ 
de el sol se esconde. Es una puerta estertor para dar sa^ 



— 2«7 — 

lida á las prodacciones del interior de la . República. La 
geogmíia. que es la hechura mas providencial de Dios, le 
babia predestinado para ser nn centro de comercio y nn 
foco de la civilización, que se desenvaelvo por jnesortes de 
paz. E6te dBstino está revelado por la bfstoria desde la 
época de la conqnista. A pocas milla&de aqcii leranfó -6^ 
hastian Gaboto una fortaleza y una cruz el áfio (596, y 
veinte anos más tarde, fué aqui también á donde arriba- 
ron como á término de su peregrinación desde el Perú, 
los compañeros de Francisco de Mendoia. Del levante, 
pues, y del poniente llegaran á encontrarse en las tierras 
que baña el Caracará-afia, los que nos prepararon la'ci- 
vilizacion de que boy gosamos en estos amenos y bien 
situados parages. La historia descubre el velo que oculta 
el índice de la voluntad del Creador. 

Deseóle á V. muy de veras un buen éxito en su reco- 
mendable empresa, y me repito su amigo y affmo: 

Juan María Gutiérrez. 
II 

Trascendencia del punto de arranque para apreciar debidamente 
los hechos pasados y sacar de ellos fecunda enseñanza en el 
presente.— La historia entre nosotros debe revestir el carác- 
ter erudito y cronológico— Regla de criterio en lo que concier- 
ne á la Madre Patria— Conferencias históricas del Liceo y Ate- 
nea.-» El ScUadeki indiferencia y el Canhdis déla nove- 
lería. 

Rosario, Octubre 28 de 18^8. 
Mi querido D. Alandro : 

El domingo último le escribí á Y. uuatargay soporífera 
misiva que caufié inmediatamente al Correo, y supongo 
ya en s«8 laanos. En ella me permitía llam»rle la atención 
s^Areta necesidad de inclinar la juveotod al estudio de la 



— 288 — 

historia patria , materia sobre que V. ha trabajado con 
taato empeño como buenos resultados. Siento que en el 
momento de escribir aquellos renglones ignorase yo los 
pormenores de la inauguración del Lüeo, porque entonces 
habría hecho justicia á los ensayos en prosa que en aquel 
día solemne se leyeron con tanto aplauso de la concurren- 
cia inteligente. El primer paso está dado. Y no solamente 
en aquella corporación comienza el deseado movimiento. 
El Ateneo también entra en el sendero deseado bajo la 
dirección de Sarmiento, cuyo trabajo leído allí espero con 
suma curiosidad, porque el punto de arranque y las miras 
con^}ue se resuelvan los hechos pasados, será de suma 
trascendencia para el fruto social que el presente debe 
cosechar de lo que queda atrás. Si se forma una escuela 
histórica sin bases ñrmes en los principios eternos y sin 
suficiente colección de hechos bien clasificados y estudia- 
dos, el resultado será que nos llenaremos de disertaciones 
á príori y conclusiones absurdas, amargadas con la sal 
cáustica déla polémica periodística. Y justamente es para 
sanar los males causados por esta última, que debe to- 
carse llamada á lo que fué, para que el juicio imparcial de 
lo que hoy es ya la posteridad, lo juzgue con templanza y 
altura, dando á cada cosa la razón de su existencia, sin 
capitular no obstante con aquello que quebrantó las leyes 
eternas de lo bueno y de lo justo, ya con respecto á la li- 
bertad, ya con respecto á todos los demás elementos del 
progreso social. 

Yo insisto en la necesidad de dar al estudio de la his- 
tona entre nosotros el carácter erudito y cronológico: en 
esto consiste la mitad cuando menos de la verdad histó- 
rica. Somos demasiado inclinados á poetizar y á gene- 
ralizar para que no sean necesarias esas remoras, que 
dan pulso y gravedad y son las verdaderas inspiradoras» 



— 289 — 

por cuanto ponen al escritor en caminos nuevos. Creo, 
<iae si se eifttnínan los sucesos Ae la América española (por 
'ejemplo) con conocimiento de la manera de ser de la 
Península y de los fines que en la política de la metrópoli 
debían desempeñar sus colonias, resultarían sus hechos 
presentados cdh mas novedad que la que tienen mirados 
al través del entusiasmo revolaciotarío y de la reacción de 
la independencia. Tendrían mas novedad y mas verdad 
también. Tengo mis sospechas deque muchas de nues- 
tras declamaciones contra nuestros antiguos amos son 
exajeradas, y que mas dispuestos hemos estado á acep- 
tar los cargos de los eñnemigós de la tspafia, que los des- 
cargos que los escritores españoles han dado sobre esas 
acusaciones. Al examinar, por ejemplo, las leyes dadas 
por les reyes católicos, (desde los que llevaron por pri- 
mera vez este dictado) sobre libros é imprentas, seria 
oportuno tomarse el trabajo de averiguar cuál era el ca- 
rácter de la literatura vulgar en España durante el siglo 
XVI , y cuales los libros populares que abortó la prensa 
castellana inmediatamente después y un poco antes que la 
Biblia políglota de Cisneros. Sí hoy, cuando una de esas 
colmenas humanas que se llaman colonias, viene á situar- 
se en estos territorios independientes y es á condición de 
trabajar y de poblar que son bien aceptadas, es natural 
que la España descubridora no mirase de buen ojo á sus 
hijos distraídos en el nuevo mundo con la lectura de los 
cancioneros y de los Kbros de caballería, que antes de 
morir bajo la pluma de su tocayo Cervantes, ya les era 
vedado pasar á América para no alimentar la quijotería. 
Sin embargo de estafe ^(ñ/f^iütthes, no frofe hemos visto 
libres de la guita'rra uí de los Romances en que se cantan 
hechos de malhechores, como si fuesen proezas de héroes 
cristianos. Las leyes eco^ómíths dictabas pai'a este con- 

19 



— 290 — 

tioente podrían estudiarse tambiea bajo nuevos puntos 
de vista. Es preciso que la verdad sea una. Y mientras 
tanto tenemos el fenómeno de que es positivo páralos es- 
píritus españoles lo que es negativo para nosotros. Feli- 
pe 11 es un monstruo décimos por acá, y mientras taoto, la 
severa austeridad del Escorial hace palpitar el corazón 
español, rememorando la vasta estension de los dominios 
que aquel heredó del moderno Garlo-Magno. Sobre todo , 
lo que importa es estudiar profundamente las cosas, for- 
mar de ellas un juicio propio y no cometer á cada momen- 
to la liviana vulgaridad de representar todo lo cruel, todo 
lo monstruoso, todo lo absurdo con nombres propios to - 
mados de una historia que no se conoce Escribo estas 
últimas palabras autorizado poruña observación constan- 
te. No há mucho que recorriendo un escelente libro, elo- 
giado hasta por los enemigos del autor, argentino de mu- 
cho talento, vi con sorpresa que su ilustrado autor hacia 
del hijo de Juana la Loca dos personajes distintos, llaman- 
do al uno Carlos I y al otro Carlos V; y á ambos les daba 
su merecido por sus errores económicos. 

He indicado lo que antecede para decirle, fundando mi 
modo do ver, que seria una cosa gloriosa para las leccio- 
nes históricas del A teneo y del Liceo, el emprender la obra 
de ponerá buena luz y bajo el peso de la sana crítica nues- 
tra historia colonial, como prenda de paz eterna con nues- 
tros mayores y de bien para los estudios históricos subsi- 
guientes. Faltarán ahí émulos de la gloria de Fresco tt? Este 
mismo, apesar de su circunspección protestante y de su 
inclinación al país , en donde ha hallado el pábulo de su 
gloria literaria, deja mucho que decir y mucho que in- 
vestigar: sobre todo no ha llegado á nuestras regiones, y 
si ha tocado á Pizarro y á Cortés, nos ha dejado á Ca- 
beza de Vaca, á Solis, á Mendoza, á niil héroes subalternos. 



— 291 — 

ejecutores de lo que á la vez les mandaba su arrojo y sus 
monarcas, que son otras tantas responsabilidades de que 
tienen que responder ante la historia. 

El objeto con que tomé la pluma no es el que esta an- 
dariega ha desempeiiado echándose á correr. Quería pe- 
dirle que me enviase todas las publicaciones que ahí se 
hagan y que valgan la pena de leerse: y quería también 
felicitarlo por la parte activa que V. toma en esas lizas 
de la inteligencia, cuya noticia solo me llega, y tarde, 
por los diarios de esa ciudad. 

He recibido y he leído de un sorbo su novela ( 1 )." El 
argumento ofrece novedad é interés. Como estilo fácil y 
correcto, es la mejor que conozco escrita por los núes- 
tros. 

No hay que desmayar: adelante! en esa Biblioteca se 
puede encerrar el germen de la vida intelectual de todo 
el mundo hispano-amerícano — de lo que fué y de lo que 
ha de venir. Ojalá mi deseo tuviese el poder de un hura- 
can — que entonces iría Vd. viento en popa con su loable 
empresa. — Dios la salve del Scila déla indiferencia y defl 
Caribdis de la novelería: ambos son escollos de la fa- 
milia geológica del banco inglés. 

De un momento á otro tendré aquí mis papeles y arre- 
glaré la compilación que le ofrecí: si hubiese tenido esos 
papeles estaria ya lista, porque he gozado de días ente- 
ramente desocupados, aunque sin estímalo para tomar la 

pluma. 

Si los discursos y versos del Liceo se imprimen á parte, 
mándeme un ejemplar: que necesito aquí de la bondad de 
los amigos para no acabar de enmohecerme. Suyo inva- 
riable etc. 

Juan ^aria Gutiérrez. 

(1) No hay raal que por bien no venga. 



— 292 — 



III 

CoDformidad en el fondo j disorepancia en la forma ó detalles. — 
Las manos y los ojos^Pinos en abstracto y medios concretos 
para hacerlos efectivos.— Vivimos arrastrados por el torbelli- 
no.— Si la acción no sigue al pensamiento, este no se realiza 
la mayor parte de las veces. --Condiciones especiales de nues- 
tro estado social y nuestro público,— Observaciones de Belfo y 
García del Rio.— En todo trozo de mármol hay una estátaa.— 
Diferencia entre el propósito y la realización. —A cada obrero, 
su parte legítima en la labor común. - El mérito del esfuerzo 
de cada uno debe medirse por la importancia de los resultados 
obtenidos.— Algunos párrafos del programa de la Revista. 

Sr. Dr. D. Jtum M. Gutiérrez. 

Buenos Aires, Noviembre 16 de 1858. 

Recien hoy me es posible, mi querido amigo, contestar 
detenidamente á sus dos aprecíables misivas del próximo 
pasado Octubre. 

Empezaré por darle las mas espresivas gracias por los 
bellos conceptos, por la oportunidad, la erudición y la al- 
tura de la critica que revelan sus cartas. Sé por esperíencia 
hasta donde llega el desencanto y el hastio por todo lo que 
es puramente literario, en los hombres entregados á la po- 
lítica, y le agradezco muy de veras que se haya Y. sobre- 
puesto á las preocupaciones del momento, para dirigir á 
lajuveotud palabras dignas de grabarse en su corazón y 
en su mente. 

Estoy completamente de acuerdo con V. acerca de la 
necesidad de traer á un centro vasto y común las fuerzas 
intelectuales y saludables, que naciendo del espíritu ame- 
ricano, obren sobre el mismo robustecidas por efecto de 
la concentración. 

Abundando en las mismas ideas que he emitido en el 



— asa — 

profraitta da ia Reyístjl EspíAola m Ambos Munms, Y. 
establee que el iaejor iota, el bogar natural de lo8 pie- 
hlos como faaúüas DMMraiaSi„ existe allí donde confluyen la 
igsaldad del ongen, la seoielaQaa de la forma de gobierno 
y lacoHwnidad dei idioma. Y. cree, como jo, qne lacoo- 
sacüKrtcia defiaitíva del logro de cualquiera de los «usajos 
idéatkos á la BiBuanob AiieucaiíAí» habría dadí^porrestrir 
tado eo la Jlmérica antes española» ermonizao' lot imtene^ 
86$, fratermsaar por el entttuasmo^ amarse pw la nmi- 
lilsüd de ¡0$ seHtimitMU/$$. y voñf^isioriarse en común ^ 
la capacidad de prodmcir la bello y lo bueno. Doy á Y. 
un milloade gracias por haber intrepretado tan fielmente 
mi propio pensamiento. 

Sitados estos pf mcipíos, en los que no pu^de haber 
divergencia, pnesto qoe he empezado por reducirlos á la 
práeíka desde el primer dia de la creación de la Bibliote* 
ca, 'entra Y. Inego en otras consideraciones relativas á la 
ejecuciofi, y aquí me permitiré rectificar muy de paso al- 
gunos puntos en los que no estamos con/brmes. Reclamo 
de antemano se benevolencia, y es^^o de su inteligencia y 
elevada critica desvanezca los errores en que pueda in- 
currir. Hará Y. un doble servicio á las letras y al que es* 
cribe estas lineas. 

Ifahoffiy en primer Ingar, V. sabe, mi antiguo amigOt 
qjue e» este picaro nmndo, el meyor de los posibles, se^an. 
los optimistas^ á menudo no h&et uno lo que quüre, tia» 
lo quepuede ; á ideal en toda, es fiácil concebirlo en la. 
m«fite, 4 tjrazairk) sobre el papel; p^ro pretenda onalquiera^ 
trefar á la cumbre, y verá si los pies y Isia manes llegan 
cdn igual facilidad donde la vista alicanza. 

^cabe<duda.que habría, sida mny eoiiTe&íentft,, antes de 
poner manos á la obra, reunir y clasificar los antece(kttr 
tes necesarios; pero Y. ha olvidado el tiempo indispensa^ 



~ 294 — 

ble para ana tarea semejante, las dificnltades materiales, 
la Tída febril y convulsiya quie arrastramos, y la circuns- 
tancia especialísima de que contando únicamente con el 
público— con nuestro público — la primera condición para 
el éxito consistía y consiste, en saber si está dispuesto ó 
no á costear una publicación de vastas dimensiones. Cons- 
tate ¿ V., puesto que lo hace notar en su primera carta con 
el ejemplo de Chile, Nueva Granada, Venezuela, etc.» que 
en todas partes los gobiernos, lo mismo en América que 
en Europa, tienden la mano á esta clase de publicaciones, 
prestándoles su apoyo moral y material para que se con- 
viertan mas pronto en realidad las ventajas que ofrecen, y 
que el público no valora hasta que están terminadas, es 
decir, cuando no necesitan de su cooperación. Duéleme 
confesarlo; pero hasta ahora la Biblioteca Americana no ha 
merecido ni una sola suscricion á ningún gobierno del Rio 
de la Plata. Verdad es que no se las ha pedido ni se las 
pedirá : prefiere vivir sostenida únicamente por el públi- 
co, ó morir con dignidad si este la abandona. 

Teniendo, pues, que costearse desde el primer dia con 
sus propios elementos, el editor ha pensado antes que to- 
do en reunir un plantel considerable de suscritores, por 
medio de una serie de obras al alcance de la generalidad, 
creyendo que conseguido esto, le seria mas fácil satisfacer 
luego las exigencias del arte, desenterrando manuscritos, 
estimulando la habitual inercia de los hombres capaces de 
producir libros que demandan mucho tiempo y estudio, y 
de intercalar de vez en cuando algunos escritos muy reco- 
mendables, muy científicos, muy importantes, pero que 
no todos aprecian, ni leen. Lo mas que puede* exijirseles 
á ciertos lectores es que los reciban como parte integrante 
de la colección, y los coloquen con religioso respeto en sus 
estantes. 



— 295 — 

Tratándose de America,— y de kt América española — 
importa mucho no perder de lista que aqui no hay lectores 
especiales para cada clase de obras como sucede en Euro- 
pa, lo que hace mas difícil satisfacer á todos; y asi como 
en nuestro país el infeliz redactor de un periódico está 
condenado á saberlo todo y á tratar de omnia re scibile, 
asi el editor americano tiene la obligación de contentar á 
la vez los gustos mas eterogéneos y diversos. 

No es poco sacrificio ya para él, publicar un libro 
con la conciencia de que fuera de la suscricíon, no vende- 
rá un ejemplar más; y gracias si en recompensa de su sa- 
crificio, no se le borran la tercera parte de los suscritores. 

Por mas que declamemos contra el positivismo, están 
tan unidos la carne y el espíritu, los intereses profanos 
con los morales, que es imposible separarlos. ¿Me hace 
V. el obsequio de esplicarme, como se sostiene y se lleva 
adelante la Biblioteca, si sus favorecedores le vuelven la 
espalda, y no tiene como el Panteón literario, por ejem 
pío, CIEN MIL FRANCOS anuales de subvención? 

Estoy intimamente persuadido (y ojalá me equivoque) 
que ninguna publicación análoga al carácter de la que ten- 
go el honor de dirijir y que aspira toda su savia del pú- 
blico únicamente, vivirá larga vida,— sino á condición de 
publicar por cada obra serla , tres ó cuatro de amena li- 
teratura. 

Lo que aconteció amello y Garcia del Rio es una lección 
elocuentísima que no debemos olvidar. No conozco el tomo, 
único que vio la luz, de su Biblioteca; pero si el Reperto- 
rio americano j preciosa revista literaria, creada principal- 
mente como declaran sus mismos editores, «para defender 
con el interés de causa propia la de la independencia y 
libertad de los nuevos estados erigidos en el nuevo mundo 
sobre las ruinas déla dominación española: obra periódi- 



_ 296 — 

ca, reclamada hacía tiempo por los amantes.de la civiliza* 
cion americana, y que, fuera de tratar lo^ asuntos litera- 
rios mas apropósito para despertar la atención de los 
americanos, concediese un lugar preferente á su geografía,, 
población, historia, agricultura, comercio y leyes; estrac- 
tando lo mejor que en estos ramos diesen á luz los escri- 
tores nacionales y estranjeros, y recogiendo también do- 
cumentos inéditos.» 

¿ « Cuántos de estos, añaden juiciosamente los mismo& 
editores, por la falta de proporciones para publicarlos en 
América, yacen sepultados en las arcas de los curiosos ? 
¿ Cuántos perecen en manos de la ignorancia y la desidia, 
defraudando ala patria de noticias útiles, y á sus autores 
de la alabanza y gratitud públicas ? Una obra como la que 
hemos indicado, al paso que conservase estas produccio- 
nes interesantes, contribuiría probablementeá multiplicar- 
las; y cuando no se esperase recojer de ella otro fruto, 
creemos que esto solo debería recomendarla á todo ame- 
ricano ilustrado, que amase la gloria y el adelanto de su 
patria. » 

Mas adelante hacen la siguiente observación que mere- 
ce consignarse : 

«A*o se nos ocultaba la debilidad de nuestras fuerzas 
« para llevar á cabo tamaña empresa; pero creíamos que 
« en abrir solamente el camino, hacíamos ya un servicio 
<í< importante á nuestros compfiLtriotas; y nos lisonjea- 
« bamos de que, reconocida la utilidad de la obra, y lo 
« difícil del acierto, se nos auxiliaría con luces y noli- 
« cias, y se mirarían con alguna indulgencia los defeo- 
« tos de la ejecución^ sobre todo en los primeros en- 
ti sayos,y> 

Dejo á la consideración de V. valorar el alcance de estas . 
líneas, y hacer las aplicaciones que juzgue mas oportunas, 
en el caso presente. 



— 297 — 

£q cuaoto al proyecto de crear uoa Biblioteca Aiqepica- 
na en 1823, murió, como Y. sabe, coq el primer toifio, y 
eutre acgiella tentativa abortada y la mía, e&istea diferea- 
cias radicales, qae acaso nadie mejor que Y. por su erudi- 
ción y talento — permítame ser franco — pudo haber hecho 
resaltar en el curso de su elegante epístola. 

La flor colombiafui de que habla Y. á renglón se^ 
guido, no es mas que la reimpresión de algunos ajrticulos 
del Repertorio y varias poQsias dd Quintana y otros poeta» 
españoles y americanos. Una especulación de libreros, co- 
mo el Tesoro de autores ilustres áe Oliveres, ciomo las co- 
lecciones de Castillo, Orihuela, y otras cien, que han viato 
la luz en Madrid, Barcelona, Paris, Londres, y en casi to- 
das capitales americanas, antes y después que el Reperto- 
rio y la Flor colombiana. 

Nihil rwvu7ii sub solé! y sin reclamar el mérito de la 
prioridad, ni pedií: patente de invención, no le parece á 
Y. , amigo mió, que como hijo del Rio de la Plata, acaso 
tendría yo derecho á exigir de los hombres que como Y. 
forman autoridad ea materias literarias (al menos para 
mi) que den ácada obrero de la inteligencia la parte legí- 
tima que le corresponda en el labor general? Para instruir 
á los neófitos, bueno es que los sacerdotes distingan á 
veces como los teólogos. A cada uno lo suyo. Y. sabe, mi 
querido Gutiérrez, que media un abisau) entre el propósi- 
to y la realización ; y si Bello y. García djel Rio fracasaron 
al primer tomo en Londres, desde donde teniaa ó podian 
tener por mercado á toda la América Española ¿no cree Y. 
mi ilustrado critico, que algo deberia pesar en la balanza 
la consideración de haberse ya publicado cuatro ó cinco 
tomos aquí, en Buenos Aires, donde fuera de los puntos 
del Plata, Uruguay y Paraná donde tocan los vapores, es 
perder tiempo, libros y paciencia, no ya buscar, sino ad- 
mitir suscrito res?.. 



— 298 — 

lodudablemente «q todas las ideas homogéneas existe 
una estrecha afinidad, aunque en la práctica se diversifi* 
quen á lo infinito, y buscando su filiación, es muy natural 
que V. encuentre analogías, mas ó menos favorables. Del 
mismo modo, hablando de un bello trabajo de Y., yo po- 
dría decir, sin entrar en pormenores ni apreciarlo en lo 
que realmente vale: la colección de poetas del Rio de la 
Plata emprendida en 48ii por D. Andrés Lamas^ quien 
asoció á su idea á los Dres. D. Jiian María Gutiérrez y 
D. Teodoro M. Vilardebó, inspiró al primero la idea de 
hacer en Chile tres ó cuatro arlos después la América 
poética. 

V., apesar de ser exactísimo este hecho, que bajo el 
punto de vista y á la altura que debe elevarse la critica en 
la ejecución, poco ó nada significa en sí, tendría derecho 
para replicarme con un juez de merecida y envidiable au- 
toridad. « Por el fondo y por la forma, este libro (la 
América poética) tiene indisputablemente el primar lu- 
gar entre las publicaciones de este género que hasta hoy 
han visto la luz en la América de la habla española » 

(O. 

Respetando, pues, la erudición de V. le diré en obse- 
quio de la verdad y en pro délas ideas que he sustentado 
en Europa, durante nueve años, en la prensa y en trabajos 
literarios, que probablemente V. no conoce, aunque de- 
bería conocerlos á fuer de bibliófilo; que el proposito de 
crear una Biblioteca Americana nació espontáneamente en 
mi, siendo corresponsal en París del Mercurio de Valpa- 
raíso. Al concebir tal pensamiento, no me acordé de los 
que me habían precedido; me lanzéá la empresa, estimu- 
lado no por los ensayos que se habían hecho anteriormen- 



(I ) Don Florencio Várela.— Comercio del Plata dci 24 de Marzo de 1846, nu- 
mero 149. 



— 299 — 

te y que de seguro do son para alentar á nadie; sino por 
uü loable sentimiento de amor patrio, por nn noble orgu- 
llo de dar á conocer nuestros hombres y nuestras cosas 
completamente ignoradas en el viejo mundo, mientras el 
sel de la publicidad se prodigaba y se prodiga á tantos 
perversos eujendros y traducciones ramplonas. Pensé en 
hacer una Biblioteca, indignado k la vista de los ruines 
especulaciones que se hacen en Europa y principalmente 
eu Francia en materfet de libros y periódicos, impresos 
para la América Española. 

Como sé queáVd. le agrada buscar la filiación de las 
¡deas, voy á copiarle algunos párrafos del Proemio de la 
Revista que publiqué durante los años 1853 á 1855 en 
París. Sigo el precepto de Y. cuando aconseja «anudar el 
presente á lo pretérito para que el progreso sea sano, y le- 
gitimo el desarrollo de nuestro constante mejoramiento.)^ 
Convengo con Y. en que «debe tocarse llamada á lo que 
fué, para que el juicio imparcial de lo que será mañana la 
posteridad lo juzgue con templanza y altura, dando á cada 
cosa la razón de su existencia, sin capitular no obstante 
con aquello que quebrantó las leyes eternas de lo bueno y 
de lo justo, ya con respecto á la libertad, ya con respecto 
á todos los demás elementos del progreso social.» 

No me agrada repetir las mismas ideas con dintintas pa- 
labras, y por eso cuando me conviene, cito casi testual- 
mente las de Y. como voy á transcribir los párrafos del 
proemio de mi revista, que ya reproduje en otra ocasión 
-en uñdicartorprograma, diríjida al Dr. Alberdi, á la apa- 
rición del tomo primero de la Biblioteca en Marzo de 
1854. Dicha carta ó proemio apesar de su tamaño, fué re- 
producido íntegro en casi todos los periódicos sud-ame- 
ricanos; pero comp entre nosotros todo se olvida con una 
facilidad maravillosa de una semana para la otra, no esta- 



^ 300 -- 

rá de ma^ á pretesto de hablar oca V. dar traslado á nues- 
tros colaboradores y leyeqttes de los párrafos á que me re-^ 
fiero. Son ideas lUerarias, sobre las que convieod ibsistip, 
de aplicación inmediata en la BibUoteea» si qmxeQ nues^ 
tros ingenios fecundizarlas coa su; taleato, ji qm no deses- 
pero ver realizadas algún dia. 

¿Será esta esperanza una qmmera? pero, amigo. 

mió, cada uno tiene su quimera en este mundo, y la mía 
no es quizá de las mas insensatas m perjudiciales para 
los pueblos. ¿Tendrá V. paciencia para volver á leer los 

párrafos en cuestión? Allá van, y lóalos V. ó no, 

volverá de nuevo á repetirlos oon su voz titánica y á ha- 
cerlos vibrar en los oidos de todos, esa esfiqe de mil 
bocas que se llama imprenta. -^idlá vánl 
• .••••••■•••••« •••,■• ••••.»«.•• ^ 

« Cada.día se hace mas urgente poner ua dique á ese 
aluvión de libros malos y traducciones detestables con que 
la especulación nos inunda. Cada dia es mas apremiante 
la necesidad de nutrir la inteligencia do las jóvenes ga* 
neraciones americanas con estudios severos, útiles, prác-< 
ticos , de aplicación inmediata á las necesidades de su 
pais. Cada dia es mayer la creencia entne todos^ los go- 
biernos y hombres sensatos, que para destruir el cáncer 
de la anarquía y el despotismo en el Nuevo Mundo, hay 
que empezar por combatir lo mismo las .preocupaciones y 
el espíritu retrógrado de rutina, que las ideas subversivas, 
disolventes é inmorales, bijas de tres-siglos de coloniaje, 
de cuarenta años de gaerraxívil,[delas malas pasiones, de 
los escesos y errores propios de los hombres en épocas 
de fiebre y vértigo revolucionario, y mas que todo ^o, de 
la falta de viritudes republicanas, de la audición incaUfi«- 
cable y de la iguorancia.de algunos pigmeos que aspiran 
á gobernar ájos pueblos cuando son incapaces de gober*- 
narse á si mismos. 



— 301 — 

Ya es tiempo q&e todos los hombres de cerazon é in- 
telígeocia, unidos por el santo amor de la patria, la fé en 
el porvenir y en los gloriosos destinos que la Provideneia 
reserva al hemisferio Siid-^merícano, levanten ana ban- 
dera en la cual se lea: |Paz, Orden, Progreso, LibertádI... 
miembros de uaa misma proposición que se suponen. y se 
et^radran reciprocamente, como el honor la virtud> el 
patriotismo; májicas palabras tantas veces profanadas, 
pero siempre simpáticas y sublimes para todos los que 
creen en los nobles instintos del corazón humano I 

Nosotros pertenecemos á ese número, y esa ha sido y 
es nuestra divisa» Creemos, sí, que la paz y el orden son 
la primera condición de todo progreso, y que la libertad 
no existe ni puede existir donde el estado normal es la 
gtterra con todos los hábitos vandálicos, inmorales é im- 
píos que ella incuba: donde no se respeta el honor, la vi- 
da ni la propiedad: donde cada uno cree, con los socialis- 
tas rojos, que la libertad consiste en hacer lo que se le an- 
toje; laig.ualdad en ocupar ó usurpar la posición social, — 
como ha hecho Proudhon convertido hoy en propietario, 
— de los que están encima por sus luces y riqueza; y la 
fraternidad, en esterminar al uso de Mahoma á los mal- 
vados que no opinan como ellos. 

Pueblos como los americanos, que solo necesitan asen*- 
tar el pié para dejar que se seque el charco de sangre que 
los circunda y donde resbalan, caen y se despedazan como 
acometidos de un vértigo satánico; pueblos que solo nece- 
sitan respirar una atanósfera mas pura para crecer, de^ 
BarroUarse y conquistar dignamente su puesto en la gran 
familia de las naciones civilizadas; no deben sentirse hu- 
HtUlados porque se les aconseje que sacrifiquen á la ne- 
cesidad suprema de la paz todo lo que pueda sacrificarse 
«n mengua de intereses mas altos. En nuestro impaciente 



— 302 — 

anhelo nos parecemos á los niños qae quieren, enervados 
por goces prematuros, ser hombres antes de tiempo. No 
tenemos de republicanos mas que las fórmulas sonoras y 
retumbantes, los resabios anárquicos y la soberbia ingo- 
bernable. 

La verdad desnuda es amarga; pero conviene procla- 
marla en voz alta, sin rodeos ni miramientos. El escritor 
honrado y leal se parece al medico que no se contenta con 
señalar la llaga, sino que la sondea y taladra hasta que 
pone en descubierto y consigue estirpar, entre ayes, ge- 
midas y maldiciones, el origen del mal. El enfermo que 
en aquel terrible trance le aniquilarla con una mirada si 
pudiera, le da luego las gracias y le proclama su ángel tu- 
telar, al verse sano y salvo. No de otra manera se conducen 
los hombres y los pueblos con el que les dice la verdad, 
cuando una dolorosa esperiencia les ensena la previsión y 
buena fé de sus consejos. 

Nuestros padres, al cortar el cable que los sujetaba al 
ancla metropolitana, plantearon en 1810 el difícil pro- 
blema de fundar la democracia en las colonias españolas 
sobre las aras de la igualdad y la libertad. Ya no es tiempo 
ni podemos repudiar ese legado : nos despedazaríamos 
inútilmente y volveríamos envilecidos y degradados á nues- 
tro punto de partida. La América entera está destinada á 
ser republicana: las razas distintas que abriga en su seno 
no pueden vivir unidas hasta que se verifique una fusión 
general de sangre, ideas é intereses. Luego al Norte nos 
acecha el coloso anglo-americano. Al Sud hay un impe- 
rio que puede, aunque no lo creemos muy fácil por ahora, 
llegar en manos de un hombre de genio á enseñorearse 
del vasto territorio que se estiende desde el Amazonas 
hasta la embocadura del Pl^ta. 



— 303 — 

Se vé , por lo tanto cuales son nuestras convicciones 
y sentimientos respecto de la República en la América 
independiente; y que al proclamar la paz y el orden como 
la primera necesidad del momento, imitamos al médico 
que aconseja el reposo á un enfermo débil y postrado, 
mas por sus escesos que por falta de vitalidad. 

Siendo, pues, la democracia fundada en la libertad el 
fin providencial que están llamados á cumplir los pueblos 
sud-ameri canos, es evidente que les prestaremos un ver- 
dadero servicio, sustentando y popularizando por medio 
de la Revista Española de Ambos Mundos, las ideas que 
preceden y las que son su consecuencia indispensable. 

Por débiles que sean los esfuerzos del individuo aisla- 
do, unidos á otros mas poderosos dan el resultado apete- 
cido.— Del concurso de todos resulta la victoria. 

La iniciativa y la acción no corresponden solo á los 
gobiernos; cada ciudadano en su esfera y el escritor mas 
que ningún otro, deben contribuir á la obra general, 
aunque fuese una Babel, como dice Lamartine; que no 
lo será, sino un escalón mas de un glorioso altar en el 
que se exaltará y comprenderá mejor la idea divina. 

Asi, política, ciencia, industria, filosoña, arte, litera- 
tura que no vayan encaminadas á ese fin, son reacciona- 
rias, perjudiciales y estériles en nuestra opinión. 

Los redactores de la Revista, penetrados de esta verdad, 
procurarán reducirla á lá práctica en sus escritos. Ella 
servirá de crisol á sus doctrinas, buscando siempre bajo 
el punto de vista americano, en los elementos que consti- 
tuyen la vida política, inteligente, moral y material de 
esos pueblos, el germen que debe animar nuestra gran- 
diosa nacionalidad futura. 

Discutiremos unas en pos de otras, todas las cuestiones 
capitales y que mas afectan al presente y al porvenir ame- 



— 304 — 

ricano; cuestiones solidarías, harto conocidas para qae 
los ermmeremos, y <pie se reéacen á gobernar ^n vez de 
mandar; k edacar al paeblo para la democracia; á mejo- 
rar física y moralmerrte nuestra raza hispano-índico-afiri- 
cana, cruzándola con otras mas adelantadas y dotadas de 
ciertas cualidades de que nosotros carecemos; á llenar de 
pobladoi^es aquellos inmensos desiertos; á acortar las dis- 
tancias que nos dividen y facilitar la comunicación, lo mis- 
fflo de los indiviéuos y de las ideas, que de las mercancias 
éurocpeas y productos indígenas^ por medio del vapor, los 
ierro-carriles y la canalización; á introducir mievós vene- 
ros de riqueza, y perfeccionar 6 aumentar los existentes; 
á refonhar las leyes y costumbres, y estirpar las preocupa- 
ciones que se of)onen á su desarrollo y al triunfo de los 
buenos principios; y en suma, á destruir las simientes 
del géfMO de la barbarie, creando para todos, con las ne- 
cesidades del hombre civilizado, hábitos de legalidad, de 
^órden y de trabajo, áncoras salvadoras en el cataclismo de 
las revoluciones y que permiten al progreso asentarse so- 
bre las eternas bases de Ta moral y de la justicia, único 
refugio que ya le queda talvez al mundo en medio de la fal- 
ta de creencias y del abatimiento general 

Bajo el imperio de estas ideas abrimos las colamnas de 
nuestra Revista á todos los trabajos que se adapten á su 
índole, á su espíritu y tendencias. Invitamos á los hombres 
pensadores y sensatos, y á los jóvenes laboriosos é inteli- 
gentes á que nos remitan sus producciones, segaros de que 
serán ajeogidas con placer siempre que Uenen las condicio- 
nes prescriptas. Jfos reservamos el derecho de no publicar 
lo que no juzguemos conveniente; pero no el de alterar un 
original, suprimir un párrafo, fraseó palabra. La mutila- 
ción de un escrito tiene algo de inquisitorial que abomi- 
namos. Podremos alguna vez impugnar ó rectificar lo que 



— 305 — 

choque ó esté en oposición con nuestras ideas, pero sera 
en un articulo aparte, nota, ó apéndice. 

Exigimos únicamente que en los trabajos para la Revis- 
ta, se tenga en cuenta, en lo que toca al fondo, los princi- 
pios rápidamente formulados en este programa; y en 
cnanto ala forma, la pureza del lenguaje, la concisión, 
la moralidad y novedad posibles. Quisiéramos que los 
jóvenes escritores de las dos Américas tuvieran siempre 
á la vista estas bellas palabras de D. Antonio Cánovas del 
Castillo, uno de los literatos que mas honran las moder- 
nas letras españolas : 

<i I Grave, aunque gloriosa responsabilidad es la de los 
modernos escritores americanos I Su patria les ha dado 
defectos, y les ha trasmitido faltas muy difíciles de repa- 
rar, y en cambio esa misma patria les exige que le creen 
una literatura, digna de su grandeza, capaz de igualar y 
aún eclipsar la que arde todavia á medio estinguirse en el 
corazón de la vieja Europa I * 

Parece inútil advertir que las cuestiones personales, tan 
comunes por desgracia en América, no tendrán derecho 
de asilo en las columnas de la Revista. Tampoco loma- 
remos parte en esas ruines polémicas de localidad y ban- 
denaá que suele mostrarse harto propenso el periodismo. 
Nos proponemos y rogamos que se traten todas las cues- 
tiones bajo en punto de vista general, y que no se locali- 
cen sino cuando sea absolutamente indispensable. 

La Revista Española de Ambos Mundos no es el órgano 
subvencionado de una sección de América, deun gobierno, 
de un partido ó personas determinadas. Es una publica- 
ción independiente, costeada por una empresa particular. 
Caenta con una redacción numerosa y escogida; pero pue- 
de aceptar todos los artículos y trabajos que le convengan. 
Sino caben en un número, se harán dos, tres ó cuatro en- 

20 



— 306 — 

tregas al mes, segan la acogida que nos dispeose el públi- 
co, y á medida que vayamos Trociendo las dificultades 
inherentes á una publicación semejante. 

La Revista es un campo neatral en el que pueden en- 
contrarse sin mengua todos los hombres y todas las opi- 
niones razojjables, aunque opuestas y diversas en el fondo, 
fraternizando únicamente por el amor al arte y á los altos 
principios que defiendan. Nadie es i^sponsaUe sino de la 
página que firma. Asi se establecerá una noble emulación 
y alianza entre los escritores europeos y americanos: así 
se estrecharán por vez primera la mano al través de los 
mares y la inmensidad. Los últimos tendrán, ademas, la 
ventaja de darse á conocer en Europa, y de que su nombre,, 
desconocido aquí y tal vez en el resto de América, pase 
las fronteras de su natal región. Nadie ignora que por 
motivos que seria muy estenso enumerar, es más fácil la 
comunicación entre París y cualquiera de las nuevas Re- 
públicas, que de estas entre sí. La Revista impresa á la vez 
en la capital de Francia y en la de EspaQa, podrá esparcir- 
se fácilmente y con regularidad por todo el hemisferio 
americano. París y Madrid serán el centro hacia el cuál 
convergerán, para reflejarse en"seguida en las dos Améri- 
cas y en la Península, como los rayos de un di¿co lumino- 
so, las ideas confiadas á la Revista. 

Una vez establecida la corriente eléctrica entre las inte- 
ligencias de uno y otro hemisferio, de su mutuo impulso, 
acción y reacción, resultará el movimiento y la vida, y el 
terreno hospitalario en que caigan las benéficas semillas 
arrojadas al viento de la discusión, no podrá menos de 
producir ricos y variados frutos. Las columnas de nuestra 
Revista serán entonces el reflejo fiel y el mejor barómetro 
de la situación, de las necesidades y del progreso de en- 
trambos países. 



— 307 — 

Mientras llega esa época anhelada, la redacción y el 
editor confian en la indulgencia de los hombres ilustrados 
qae comprenden los muchos inconyenientes con que á me- 
nudo tendremos que luchar. Para podernos elevar á la al- 
tura que deseamos, esforzóse, de absoluta necesidad, que 
el público y los escritores americanos — únicos competen- 
tes para muchas de las cuestiones especiales que nos 
proponemos ventilar,— nos tiendan una mano amiga. 

Entretanto la Revista , tal como es y será, con todas 
sus faltas é imperfecciones, aspira á contentar al mayor 
número pero no abriga la pretensión de agradar á todos. 
En religión es cristiana; en política, liberal y democrática; 
en filosofía, espiritualista; en comercio, en industria, en 
colonización, en economía política, se inclina ala escuela 
inglesa presidida por Pee!; en legislación, ciencias y artes 
acepta el progreso europeo, y busca en las fuentes eternas 
de lo justo, lo bello y b bueno la realización del tipo ideal 
á que deben encaminar sus esfuerzos los pueblos americo- 
hispanos; la regla para innovar, reformar y mejorar lo 
existente, y la base mas ancha y segura de su organi- 
zación política y social. 

Se comprende sin mas esplicaciones que los estudios 
hechos en este sentido, no podrán menos de arrojar una 
viva luz, sobre el grave problema de la civilización hispano- 
americana. Felices nosotros si alguna chispa perdida, idea 
ó pensamiento emitido en la Revista Española de Ambos 
Mundos, se convierte en un foco de discusión y reflejando 
sus rayos, mas allá de los tristes tiempos que alcanzamos, 
brilla cual luminosa estrella en el inmenso horizonte de 
libertad, de poder y gloria que hemos vislumbrado para 
tí i oh América t en nuestros ardientes sueños de poeta. 
Séanos permitido reproducir aquí, como el epílogo ó com- 
plemento de lo que llevamos dicho, algunos de los muchos 



— 308 — 

versos que nos ha inspirado la contemplación del porve- 
nir, profétícas visiones, ecos lejanos de un hosítana qne 
con los ojos del espíritu y en alas de la imaginación hemos 
visto y oido al través de las edades venideras. Por escaso 
qne sea sa mérito, preferimos citarlos á repetir en prosa 
lo que ya hemos consignado en una forma mas agradable 
y que vibra mejor y por mas tiempo en la memoria fugi 
tiva de los hombres. 
¡ .imérica adelante I la libertad no muere. 
Que sale como el oro mas pura del crisol ; 
La sangre que por ella se vierte, al fin adquiere 
La fuerza fecundante que al suelo presta el sol. 

Si en las estensas playas que riega el ancho Arkanzas 
Washington clavar pudo su libre pabellón , 
¿Por qué en el Sur tan bellas, risueñas esperanzas, 
Serán siempre quimeras, delirios, ilusión? 

Tus ojos centellean, hincha el dolor tus venas. 
Un mundo en tus entrañas se. agita colosal ; 
Levántate del cieno, desgarra tus cadenas, 

Y rompe audaz con ellas su cetro al Dios del mal I 

1 Ah I entonces | madre mial celeste y clara lumbre 
Con inmortal diadema caerá sobre tu sien, 

Y nubes de azahares naciendo á su vislumbre 
Absorberán la sangre qne mancha ahora tu Edén. 

...., • 

Grandes, muy grandes deben ser los grandes 
Destinos que te guarda el Poderoso, 
Para que al mundo victoriosa mandes, 

Y brillante fanal claves radioso 
Allá en la sien de los nevados Andes 



— 309 — 

Lleno de gloría tu pendoo hermoso, 

A cuya sombra brotará fecundo 

Árbol que cubra con su sombra al mundo I 



Tales son nuestras creencias, nuestras ilusiones, nues- 
tros deseos y esperanzas. 

Tal es la bandera bajo la cual nos cabe el alto honor de 
convocar á todos los quieran asociarse á esta obra genero- 
sa y patriótica. No se nos ocultan las dificultades de la 
empresa : pero por grandes que sean, no alcanzan á enti- 
biar nuestra fé. Soldados, aunque humildes, del progreso, 
sabemos que solo el mal brota espontáneamente de la 
tierra, y que el bien se debe á una serie no interrumpida 
de esfuerzos y sacrificios. 

Cualquiera que sea la suerte que nos aguarda, vencidos 
ó vencedores, tendremos siempre á honra haber dado 
vida y asociado nuestro nombre á un pensamiento honro- 
so y noble. Solo á este precio podíamos aceptar la ruda 
tarea que hoy voluntariamente y sin necesidad nos im* 
ponemos, y las contrariedades y malos ratos que, como 
de costumbre, no dejará dé proporcionarnos al lado de al- 
gunas cortas satisfacciones. 

Todo estará compensado, no obstante, si logramos por * 
premio de nuestros desvelos hacer algo provechoso en 
obsequio del suelo que nos vio nacer, y añadir una hu- 
milde hoja aunque mas no sea, á la fragante guirnalda 
que el genio y la ciencia tejerán algún dia para las sienes 
de la joven América. Esta consideración, unida á la de 
los ilustres aliados que nos acompañan, nos consuela de 
antemano de cualquier contraste. El Dante ha dicho: 

a Cader tra buoni e pur di lode degno I » 

París, Octubre 15 de 1853. 



— 3i0 — 

Aquí termina el Proemio, y aquí cierro yo esta cartita, 
reservándome para otro dia ocuparme mas despacio de 
otros puntos, á los que en breve espero responder, si 
me es posible, con obras y no con palabras. 

Ahora le diré únicamente para concluir, que en ma- 
teria de trabajos históricos, antiguos y modernos, he he- 
cho ya para conseguirlos acaso mas de lo que racional- 
mente podría exigirseme. Abrigo, sin embargo, fundadas 
esperanzas de que mis esfuerzos no sean estériles. 

Tout arríve á temps á qui sait alienare, dicen los. fran- 
ceses ; tenga , pues , confianza y no desespere amigo mío, 
y sobre todo no quiera que la semilla apenas arrojada ayer 
en el surco, se convierta en árbol frondoso de la noche á 
la mañana. 

Ruego á Yd. lea con su habitual bondad estos mal traza- 
dos renglones, y cuente con el sincero afecto que le pro- 
esa, su invariable amigo.— i. M. C. 

- 34 — 

Mi despedida de la Universidad. 

I 

Honorable Cornejo Universitario 

Montevideo, Julio 6 (Te 1880. 

Tiempo hace que tenia resuelto separarme de la ense- 
ñanza.— He prestado mi contingente en esa honrosa labor, 
y deseo con algún descanso consagrar á otras tareas los 
últimos años de mi vida. 

Con las elecciones universitarias que deben tener lugar 
dentro de breves días, queda llenado el compromiso que 
contraje, aceptando el puesto de Rector, en dias difíciles 
para la Universidad. 



3U — 

Las circanstancias expuestas, unidas á otras conside- 
raciones que manifesté á los señores del Consejo , que 
asistieron á la última reunión, en que se aplazó la resolu- 
ción por falta de número, son las causales que motivan la 
formal é indeclinable renuncia que elevo de las Cátedras 
de Derecho Natural é Internacional, que he desempeñado 
desde que se separó de la segunda el Dr. D. Gregorio 
Pérez Gomar, con la buena voluntad j toda la contracción 
y empeño que me ha sido posible, y de que nos dio reco- 
mendable ejemplo aquel ilustrado compatriota. 

Vengo en consecuencia á pedir al H. C. se sirva aceptar 
dicha renuncia, y proveer de conformidad con lo que 
determina el art. 13 del Reglamento de la Facultad de 
Derecho, mientras se llenan los requisitos necesarios para 
sacar á concurso las referidas cátedras. 

Aprovecho esta oportunidad para agradecer las señala- 
das muestras de aprecio que durante quince anos se han 
servido dispensarme en el ejercicio de mis funciones de 
Catedrático, á los miembros actuales y anteriores del Ho- 
fiorable Consejo, asi como á mis compañeros del cuerpo 
docente de la Universidad, y á la juventud que en ese 
período se ha sentado eu los bancos de sus aulas; á esa 
juventud inteligente y patriota que viste ya, ó ha llegado 
á la edad de vestir la toga viril, para reemplazar en el 
escenario de la vida á los que la precedieron ; á ella, noble 
y legítima esperanza de la patria, y á los demás compañe- 
ros que he nombrado. 

Quiera admitir el H. C. con mi gratitud las sinceras 
protestas de toda la consideración y particular aprecio que 
me merece. 

Dios guarde etc. 

A. Mágariños Cervantes. 



— 312 — 

II 

5r. Dr. D. Alejandro Magariños Cervantes. 

Montevideo, Julio 12 de 1880. 

SeSor : 

Tomada ea consideración, en mérito de su calidad de 
indeclinable, la renuncia presentada por Vd. del cargo de 
Catedrático de Derecho Natural é Internacional, que con 
aplauso público y notables y positivas ventajas para la 
juventud estudiosa desempeñaba Yd. en esta Universidad, 
el H. C. U. en sesión del 10 del corriente, se ha visto en 
la dura é imprescindible necesidad de aceptársela. 

Al verificarlo así por la razón indicada al principio, y 
por las que Vd. se dignó manifestar de viva voz, razones 
qiie aprecia y respeta como debe, ese mismo cuerpo ha 
creído deber testimoniarle su profundo reconocimiento 
por sus relevantes servicios, nombrándolo como asi lo 
hizo, su Miembro Honorífico, acordando se le tributasen 
las gracias por esos mismos importantísimos servicios* 
prestados con singular competencia, ejemplarísima con' 
tracción y elevado patriotismo; y acordando, en fin, diri- 
girle la presente nota colectiva firmada por todos sus 
miembros. 

En el retiro del hogar, pasadas todas las amarguras y 
desencantos que en nuestra naciente y convulsionada vida 
pública, son la cohorte obligada de los que le rinden sus 
servicios y tanto mas cuanto con mayores sacrificios y 
méritos le son prestados, esas débilísimas pruebas, las 
únicas posibles en Corporaciones de esta índole; han de 
llevar al ánimo de Vd. el convencimiento, por lo menos t 
de todo el respeto y sentimiento con que la Universidad 
vé separarse de su seno á su miembro mas digno y á su 
obrero mas incansable y mejor inspirado, que, no satis- 



— 343 ~ 

fecho COD la carga anexa al apostolado de la enseñanza, ha 
sido en estos dos últimos anos de verdadera prueba por lo 
solemne del momento histórico, su jefe, y, por decirlo 
asi, su piedra angular. 

Con estos sentimientos, de que ha considerado á Vd. 
dignísimo la Universidad, y realzados si pueden serlo, por 
las causas concurrentes, que verbalmente se sirvió Vd. 
exponer en la sesión referida ; tiene el Consejo el honor 
de saludarlo y despedirse, esperando que en su probado 
patriotismo se ha de dignar ¿d aceptarlos, demostrar que 
esta separación de la Universidad no importará negarle 
el apoyo de que es capaz con sus luces, esperiencia y 
buena voluntad. 

Además de ese lazo de unión indisoluble entre maestro 
y discípulos y apóstoles de una misma idea; además de 
esa comunión en los sacrificios, ya que en los méritos sea 
profunda la diferencia, la Universidad, que es la patria 
común en esta relación, tiene derecho á esperar el apoyo 
de todos sus hijos y doblemente de los mas egrejios, no 
solo por su importancia, sino porque á la conciencia y á 
los talentos se imponen ios deberes con mayores rasgos 
de evidencia. 

Cumplido así lo dispuesto por la resolución referida, 
tenemos el honor de saludar á Yd. con las protestas de 
nuestra considerficion mas distinguida. 

José María Perelló, Vice Rector. — Joaquín Mi- 
ralpeix, Decano.— i níonto E. Vigil. — Martin 
Berinduagm,— Guillermo Leopold. --Ildefonso 
García Lagos. — Crispo Brandis. —Justino J. 
Áréchaga. — Plácido Ellauri. — Antonio Serró- 
tosa,— Martin Águirre.— Julio Jurkowski.— 
Eduardo Brito del Pino. — Luis Melian Lafi- 



— 314 — 

wwr. — Jmé R. Meimáoxa. — Duvimdoso Terra. 
Adolfo Peánilbes. — ConMwmio C. Vis^ü. — 
Alberto Nín.— Juan G. Vizcamo.—Fbrentmo 
Ortega.— Ángel J. Moratorio.—Jnan Alvarez 
y Pérez. — José Pugnalini. — Enrique Azaróla, 
SecretaErio.— J(wrqfí«wt de Saüerain^ Pro-Secre- 
tario. 

Honorable Consejo Universitario, 

Montevideo, Julio IG de 1880. 

He teiído el honor de recibir la honrosa* nota colectiva 
en que el H. Consejo se sirve aceptar mi renancia de 
catedrático del aula de Derecho Natural é Internacional, 
por sa calidad de indeclinable , sirviéndose á la vez nom- 
brarme miembro honorario de este alto cuerpo, á quién 
tanto debe la Universidad y la juventud estudiosa en el 
bienio transcurrido. 

Aunque era mi intención separarme enteramente de la 
Universidad, por las rabones que expuse en mi renuncia 
y por otras que manifestaré en la forma que juzgue mas 
conveniente , cualquier dia de estos , si á protesto de 
hundir ó lerantar candidatos, continúan algunos ofendien- 
do implícitamente con sus pueriles y calumniosos asertos 
á personas que en el profesorado y en el Consejo solo 
son acreedoras á mucho respeto y agradecimiento, de 
parte de los estudiantes, capaces de apreciar sus seni- 
cios ; profundamente agradecido por mi parte á los tér- 
minos en que V. H. se sirve aceptar mi renuncia, y á los 
testimonios de aprecio, públicos y privados, que se han 
servido dispensarme, &n cualquier época, todos los es- 
tudiaintes , sin escepeion , que valen algo ; — acepto el 
cargo de miembro del Consejo, en obsequio á la Univer- 



— 315. ~ 

$idad , á mis compañeros qne taato me honran, y á los 
referidos estadiantes. 

Reitero con e^ motivo al H. Consejo las sinceras pro- 
testas de mi reispeto, adhesión y profunda gratitud. 

A. Magabiños Cervantes. 
lY 

Conferencia Oral y escrita. 

Dada el 18 de Julio de 1880 en el Salón de Grados de la Univer- 
sidad Mayor de la Repiiblica, después de terminadas las 
elecciones uniyersi tanas, por el Dr. D. A. M. C. 

I 

Sres. Doctores y Bachilleres : 

Terminado el acto oficial, ha terminado también mi 
mandato ; pero todo me impone en este gran dia el deber 
de dirijiros la palabra : el recuerdo santo de los fundado- 
res de las instituciones republicanas en nuestra Patria; el 
acto solemne, concurrido y animado como pocas veces se 
ha visto en este sitio ; acto por el cual la Sala de Doctores 
acaba de conferir el cargo de jefe de la Instrucción Supe- 
rior, como Rector de la Universidad Mayor de la Repúbli- 
ca y Presidente del H. C. Universitario, al compañero que 
la Sala por el voto de la mayoría, considera revestido de 
las cualidades necesarias para desempeñar debidamente 
las delicadas funciones de su alta investidura popular, y 
que no dudo sabrá cumplir con la mejor voluntad, con ce- 
lo é inteligencia. 

El H. C. Universitario, mis jóvenes amigos de la Uni- 
versidad, y generosos colegas de la prensa nacional y es- 
tranjera, arrastrados por sus simpatías al escritor sin du- 
da, han querido confundirme con su estrema benevolencia* 
Lo poco que pueda haber hecho, está compensado con 



— 316—5 

asara por esos testimonios de aprecio. {Quiera el cielo 
que DO los desmienta jamás ; que ellos me sirvan solo de 
nuevo incentivo y estímulo para perseveraren el sendero 
del bien , y que encuentre siempre en mi camino para 
alentarme en las horas de tristeza y desfallecimiento, mi- 
radas cariñosas que me saluden con amor, manos nobles 
y leales que estrechen las mias con efusión , corazones 
que latan al unisón del mió, inteligencias hermanas que 
se sientan mas y mas atraidas á lo justo, á lo bello, á lo 
bueno, por el imán de los elevados sentimientos y gene- 
rosas aspiraciones que ya nos unen ! 

Lo que os voy á decir, no será un discurso ceñido á la 
severidad de las formas académicas , sino una conferencia» 
una conversación , en estilo ora familiar ora elevado, al- 
ternada con las citas y lectura de algunas lineas ó páginas 
en prosa y verso que me pertenecen , sobre tópicos que 
versan ó tienen relación con el derecho, la justicia, la po- 
lítica, la historia, la filosofía y la literatura. 

Esas lineas, párrafos ó estrofas han sido escritos en su 
mayor parte hace muchos años , y las he marcado en mis 
apuntes con este signo €C§r* al empezar y al terminar, 
poniendo al pié la fecha de su publicación. 

Será esta la última conferencia que dé en la Universi- 
dad, y la dedico como pequeña ofrenda, en retribución de 
los favores recibidos, á mis compañeros del Honorable 
Consejo Universitario, á los señores catedráticos, á la 
juventud oriental, á la prensa y á mis correligionarios 
políticos. 

Prevengo que enlazadas con las cuestiones de derecho, 
filosofía y amena literatura, voy á tratar puntos candentes 
de política, y á dedicar algunos párrafos á la defensa de 
mi causa y de mis amigos. No estrañaré ni tomaré á mal 
por consiguiente, que los que no estén conformes con lo 
que oigan, se retiren cuando les agrade. 



— 317 — 

Autorizo , no obstante , á cualquiera, hasta á el mas 
humilde , para que me haga las obsiervacíoues que guste, 
y esté seguro que he contestarlas con la llaneza que acos- 
tumbro, en términos espUcitos y categóricos, sin subter- 
fugios ni evasivas. Desearía únicamente que no se me in- 
terrumpiera, mientras desenvuelvo una proposición: que 
sentadas las premisas y establecidos los hechos, se espere 
hasta ver cuales son las consecuencias lógicas que deduz- 
ca de aquellas y de estos. 

Si fuera de este recinto no entro en discusión, sino 
citando quiero y como quiero, aquí he tenido siempre por 
regla no dejar objeción sin respuesta, ni reproche sin 
descargo. 

Seré explícito, pero no emplearé un lenguaje ageno á la 
serenidad de este recinto de donde está desterrada toda 
manifestación ruidosa y tumultuaria, donde solo debe 
oirse la voz templada de la razón, que tranquila trata de 
convencer, no de sublevar pasiones. Cada lugar y cada 
espresion del pensamiento tienen sus exigencias, y no se 
habla lo mismo en un periódico de combate, en un club ó 
reunión política , que en una cátedra. 

Pero esto no se opone en manera alguna á que en escri- 
tos largos, ó en conversación tirada, ó de tiros largos, no 
sea permitido dar algún solaz al espíritu fatigado, y ame- 
zar la aridez ó el feo cariz de ciertas materias, con algunas 
digresiones ó diversiones inofensivas, aunque sean de 
tiros nacionales ó brasileros parlamentarios. 

Por regla general y salvo muy limitadas excepciones, 
sea cual fuere el punto de que se trate, opino respecto del 
fondo, con un poeta filósofo que 

« Tutto si puó spiegar, tutto dir lice : 
Má bisogna veder como si dice. » 

Y respecto de la forma, allá van estas líneas de mis im- 
presiones DE UN VIAJE Á INGLATERRA : 



— 318 — 

El estilo es el hombre, decía Baffon, y la varie- 
dad de emociones y suespresion diversa, añado yo, no son 
otra cosa que el reflejo de la misma naturaleza y de la. 
sociedad. Aqui una llanura, allí una montaña, mas allá 
un arenal, un pantano, una sierra, un rio, un precipi* 
ció, un volcan, . ¿qué sé yo?. . . El mundo físico y el 
mundo moral, de qué se componen sino de contrastesf 
Esa es la razón porque fluctúa el hombre á menudo se- 
mejante á la péndola de un reloj, entre la risa y el llanto, 
según la bellísima comparación del autor de Manfredo r 

« Man , thou , pendulum , betwen á smile and á tear. b 
1853. 

No obstante, téngase bien entendido que serio ó ri- 
sueño, soy por mi propia voluntad soldado raso de una 
causa grande — como es la causa del partido constitucio- 
nal—que en sus filas no me considero con mas derechos 
que el mas humilde de sus afiliados, aunque tal vez pue- 
dan ser mayores mis deberes, en determinadas situacio- 
nes, como opinarán, sin duda, entre mis compañeros, 
aquellos que se encuentran en igualdad de circunstancias. 

Por consiguiente, nada aconsejo ni propongo— Digo no 
mas cuando me buscan la lengua, ó tengo necesidad de 
manifestar mis opiniones individuales, lo que siento, creo 
y deseo , sujetándome sin restricciones á lo que determi- 
ne la mayoría— pues no hay partido posible de otro modo 
—y aceptando, como acepto, las terminantes declaracio- 
nes contenidas en los siguientes párrafos del elocuente 
discurso pronunciado por el aventajado escritor y poeta, 
que en mucho estimo, Dr. D. José Sienra y Carranza, el día 
que se dio lectura pública del manifiesto en la calle de 
Zabala. 

Oíd: 



— ,3*9 — 

« mes hallamos en presenda de moa «U«ack>n excepcio- 
nal, destmada á hacer época en los anales de la Repúbli- 
ca, podT el bien ó por el mal cpie se incoba «n sus eatra- 
ñas. 

« Todos hemos sentido ínsüntíTamiente la existencia de 
un deber, que reclama su cumplimiento tanto mas difícil 
y mas grave cuanto mas oscuros y complicados son los 
téiminos del problema que lo origina. 

« Por eso hemos vuelto los ojos los unos hacia los otros, 
buscando en el contacto de nuestros espíritus, el calor y la 
luz y la fuerza <iue solo pueden brotar del seno del patrio- 
tismo colectivo. 

« No es una verdad nueva, señores, pero es un fenóme- 
no incontestable comprobado por la experiencia: en las 
crisis supremas no está la dificultad en cumplir el deber, 
sino en determinarle — Y la confianza del acierto, cuando 
el error arrastraría á consecuencias irreparables, no pue- 
de ser hija de la conciencia individual aislada. 

« Sometemos , pues , el proyecto al examen y á la dis- 
cusión (le todos los presentes- Puede comentarse é impug- 
narse libremente , en su conjunto y en sus detalles. 

a Pero la mayoría debe decidir en todos los desacuer- 
dos ; y todos debemos aceptar su pronunciamiento, dado 
que nadie podría justificar su resistencia por la repugnan- 
cia á suscribir ideas fundamentales rechazadas por la con- 
ciencia individual. 

«Y puesto que la unión hace la fuerza, unamos, señores, 
todas nuestras voluntades , levantando una regla de con- 
ducta prestijiada por el compromiso de nuestra estricta y 
unánime observancia. 

« Así, este cúmulo de voluntades asociadas por el común 
propósito del bienestar y de la honra del país, constituirá 



— 320 — 

el foco á que vuelvan la vista, y de donde reciban la inspi - 
ración de su labor civica, y el estimulo para comunicarse 
y para agruparse en los centros análogos, las voluntades 
de nuestros correligionarios dispersos en la patria y fuera 
de las fronteras de la patria. » 

Creo sinceramente que defendemos la causa del pueblo, 
y la aspiración constante de mi vida ha sido siempre iden- 
tificarme con el pueblo. 

En los Tribunales se pide venia para citar leyes conoci- 
das de los Jueces , pero cuyo texto es seguro no tienen 
presente en aquel momento : yo os la pido una vez por 
todas para las citas de que os hablé antes» y empiezo con 
algunos renglones , tomados de una oda á la inauguración 
del primer Ferro-carril en la República : 

Dé un pueblo entero el alma colectiva 

Tiene su foco , y vibra, y se condensa 

En el alma del vate, i Cuan dichoso 

El que en la fuente viva 

Del popular torrente , 

Su atmósfera respira , 

En su onda bebe inspiración inmensa , 

Y traduce en su cántico armonioso 

Lo que su pueblo piensa , 

Lo que su pueblo siente I 



Conquistas de la ciencia y del derecho 
Por el ingenio humano idealizadas I 
Aspiración sublime á cuanto grande 
Del hombre en este mundo 
El corazón espande I 
Poderoso instrumento del trabajo ! 
Redentor de infortunios y dolores, 
Que empujas y encaminas 



— 324 — 

A un destino mejor la humana raza I 
Poderoso instramento del trabajo I 
Bajo ta hercúlea rueda despedaza 
La maldad , la ignorancia , los errores , 
Los odios entre hermanos , 
Que pusieron el hierro en nuestras manos , 
T á la patria en ruinas ! 

Del árbol de la paz bendito gajo , 
Sobre tus ramas próvido descienda 
El que los cielos dan , almo roció , 

Y de su influjo bienhechor en prenda, 
Caiga también cual aura refrescante 

Y poderosa vibre 

En nuestros corazones , 
Que abrasa el fuego impío 
De mundanos deseos y pasiones , 
La virtud ,— sola lluvia fecundante— 
Que al infiltrarse por la tierra libre 
Hace brotar los frutos mas lozanos ; 
Pero jamás consiente 
Que en ella alcen la frente 
Jíi esclavos ni tiranos I ^r^ 
1868. 

II 

Lo que desde luego resalla en la actualidad anormalísi- 
ma de nuestro país es lo inconsistente , lo contradictorio, 
lo híbrido y enmarañado de la situación ; la cadena de 
males de todo línage, desde la falta de confianza hasta 
la miseria en el hogar; brazos de un inmenso pólipo, 
que nos envuelve y asfixia como una serpiente de multi- 
plicados anillos ; la duda que se apodera de los espíritus 

21 



— 322 — 

mejor templados ante el cúmulo de dificnltades , el desa- 
liento , la indiferencia casi general , y el temor de provo- 
car procediendo con ligerea ó impaciencia, acaso peli- 
gros y calamidades mayores que las que se trata de con- 
jurar 

¿Hay por ventura alguno que crea exajerado este cua- 
dro?. . . No disputaré sobre tintas pesante$ y diáfanar. 
tomemos cualquiera de las figuras dignas del lápiz de Oo- 
ya , que se destacan del fondo , y parecen salirse del 
lienzo y miramos con ojos lívidos y amenazadores. El 
hambre por ejemplo. 

¿Puede nadie que tenga que hacer frente á obligaciones 
indeclinables , negar que el problema económico como 
un horrible espectro , por mas que vuelvan los ojos á otra 
parte para no verlo , se les pone delante , y acecha al es- 
tadista , al legislador , al empleado , al comerciante , al 
industrial , al jornalero , al padre de familia?. . . Cómo 
se llenan las necesidades de hoy , de mañana? . . . ¿Cómo 
vive el que no tiene mas renta qae su sueldo, y no se lo 
pagan , el que busca trabajo ó colocación , y no los en- 
cuentra? Disminuidos los recursos ordinarios, deprecia- 
da la propiedad, con un valor ínfimo la deuda pública, 
en la imposibilidad absoluta de amortizar (el que los deba), 
intereses que se van acumulando ¿ cómo se evita la mer- 
ma del capital , la ruina, la bancarrota? . . . 

¿Estaremos condenados á perder toda esperanza y cru- 
zamos de brazos como los musulmanes ante el inmenso 
infortunio, que según creen algunos solo un milagro de 
Alah puede evitar? La ciencia de que somos sacerdotes 
no tiene un rayo de luz que nos guie en los precipicios y 
tinieblas que nos circundan? . . . Tan menesterosos anda- 
mos de libre albedrío , de doctrina , de fuerza moral, de 
puntos de apoyo en la'opiniony en la conciencia pública. 



— 323 — 

qae nada mas nos qjoeda que hacer que dejarnos llaTar 
de la cárdente ^ como en las grandes avenidas de nuestros 
rio&, que cóbrenlas orillas , los montes y las barrancas» 
el ginete desmontado por el recio oleage , sacudido contra 
los troncos y albardones , pierde las fuerzas hasta para 
agarrarse de las ramas salvadoras que azotan su rostro 
en. medio de la rauda corriente que le arrebata ? 

Tal vez no vayan descaminados los que así piensao 
I triste es decirlo ! pero mientras haya una esperanza, por 
remota que sea , el deber nos prescribe darle abrigo en 
nuestro pecho : la razón y el derecho nos ordenan asir- 
nos de ella , si no para detener la violencia de la inunda- 
ción cuando rompa sus diques y salve sus linderos , para 
sobrenadar siquiera en medio de sus estragos. 

Muy pobre cosa seria en efecto la ciencia, y en particu- 
lar la del derecho , tomada esta palabra en su acepción 
mas lata, si no diera la clave para plantear resuelta- 
mente los problemas sociales, y resolver en el orden po- 
lítico todas las antinomias y contradicciones que existen 
entre el ideal y la realidad , entre el hecho que no está 
en nuestra mano anonadar por un esfuerzo inmediato de 
la voluntad , y el postulado de la razón que lo rechaza y 
condena de antemano , y nos impone sin embargo la 
obligación de buscar y aplicar la ley que en la hora opor- 
tuna ha de dominarle y vencerle , como el hilo eléctrico 
atrae al rap encerrado en el seno de la nube, y rugiente 
pero inerme, lo disipa y hunde en el seno de la tierra, 
convertido en fluido inofensivo. 

Así lo ha comprendido el partido á. que pertenezco, y 
que no en vano se apellida comtüucional ó de las instita- 
ciones , sin que esto importe abdicación de los principios 
fundamentales que han sostenido sus prohombres en el 
seno de las dos grandes agrupaciones en que ha estado 



— 324 — 

dividido el país ; y la razón es evidente , en rigor se 
paede ser mas ó menos principista , es decir , puede exis- 
tir divergencia sobre el alcance , la oportunidad , la ver- 
dadera inteligencia y forma de llevar á la práctica tal ó 
cual principio, susceptible de interpretaciones, mas ó me- 
nos arbitrarias, hijasde la limitada razón, errores ó pasio- 
nes , buenas ó malas, de los hombres ; pero no se puede 
ser en rigor otra cosa que constitucionalista ó no. Existe 
en este c^iso la regla trazada de antemano, que se impone 
de una manera inlergiversable al criterio y á la voluntad 
individuales. 

¿A qué aspiran, qué proclaman, qué piden los consti- 
tucionales? lo que establece y manda la Consti- 
tución : ni mas ni menos : 

El Estado Oriental del Uruguay es y será para siempre 
libre é independiente de todo poder estranjero. Jamás se- 
rá el patrimonio de persona ni de familia alguna. La so- 
beranía en toda su plenitud , existe radicalmente en la 
Nación, á la que compete el derecho esclusivo de estable- 
cer sus leyes. Nadie puede ser privado de la vida, honor, 
libertad , seguridad y propiedad, sino conforme á las le- 
yes. Los hombres son iguales ante la ley, sea preceptiva, 
penal ó tuitiva; no reconociéndose otra distinción entre 
ellos, sino la de los talentos y las virtudes. La casa del 
ciudadano es un sagrado inviolable. Es enteramente libre 
la comunicación de los pensamientos por palabras, escri- 
tos privados ó publicaciones por la prensa en toda materia, 
sin necesidad de previa censura. Las acciones privadas de 
los hombres, que de ningún modo atacan el orden público 
ni perjudican á un tercero, están solo reservadas á Dios 
y exentas de la autoridad de los magistrados etc. ( 1 ). 



[I] Artículos de la Constitución de ia RepüMici Orienta], Jurada el 18 de Ju- 
lio de 1830. 






— 323 — 

Veremos mas adelante lo que dicen con relación á estos 
artículos constitucionales San Hilario de Poitiers ó San 
Vicente de Lerins. No recuerdo bien en este momento 
cual de los dos. 

III 

Por el pronto, hablemos cuatro palabras sobre el De- 
recho, la Justicia, la Razón, la Verdad. 

CCgr* « La ciencia de las lejes es como fuente de justi- 
« cia y aprovéchase de ella el mundo mas que de otra al- 
ct guna; (L. 8, tit. 30, P. 2), y la Justicia, una de las cosas 
« porque mejor é mas endrezadamente se mantiene el 
« mundo (Arg. del tit. I, P. 3) faciendo bevir á cada uno 
« en paz, según su estado, á sabor de sí, é teniéndose por 
« ahondado de lo que ha. E por ende la deven todos amar, 
« assí como a padre e a madre, que les da, e los mantie- 
« ne. E obedecerla, como a buen señor, a quien non de~ 
<i ven salir de mandado. E guardarla, como a su vida, 
a pues que sin ella non pueden bien bevir. » (L. 2, tit. I, 
P. 3). 

¿Qué es el derecho?... Podria daros diversas definicio- 
nes tal vez mas ajustadas, pero á mi modo de ver notan 
espresivas, como la que trae incidentalmenle la L. 3, tit. 
10, P. 2, esponiendo las razones «porque debe el Rey 
« amar, e honrar, e guardar a su pueblo. » No ignoro las 
tachas que ponen á este código y á sus definiciones los 
eruditos Pedro de Peralta, Marina, Semper y Guarinos, y 
otros. Sin embargo, en lo que toca á las definiciones, to- 
madas como nadie ignora del derecho romano y de los 
antiguos jurisconsultos, yo las entiendo, ó creo entender- 
las perfectamente. No obstante la notoria deficiencia de 
algunas, la mayor parte me satisfacen mas que las de 
otros autores modernos. 



— S26 - 

En la citada ley 3 se define el derecho á manera de un 
naüadar que cerca la República, y á los encargados de 
cnslodiarlo, como paredes é setos (cercados) porque se 
amparen (los gobernados) que non entre ninguno a fa. 
cer daño. 

Si bien se medita, nada deja que desear esta definición 
que hasta poética me parece: la idea qae de ella se des- 
prende, la percibo distinta, clara, luminosa, y tanto mas 
cuanto la comparo con otras varias que conozco, entre 
días con la de Mr. Thiercelin, que sienta asi la cnestion: 

«¿Qué es el derecho en su esencia, en su principio, en la 
acepción mas alta, mas general, mas absoluta de la pala- 
bra?... Hé ahi la cuestión que se presenta continuamente 
al espíritu del filósofo y del estadista, no siempre con la 
exactitud de las cuestiones puramente prácticas, sino con 
esa vaguedad que aumenta en proporción al sentimiento 
indefinido que el espíritu concibe de la importancia de to- 
das las cuestiones fundamentales en cualquier materia y 
principalmente en las que está interesada la naturaleza 
social del hombre.» 

El eminente jurisconsulto francés entra de lleno en el 
asunto, y después de escribir sendas pajinas, examinando 
la cuestión por todas sus faces, viene á deducir que el at- 
recho es la facultad que cada uno tiene de hacer lo que 
él deber prescribe, aun contra la voluntad de todos. 
• • ,.... 

Aquí entramos ya en el terreno del derecho positivo 
acerca de cuya naturaleza se hallan profundamente divi- 
didas las escuelas. La esperimental con Bentham á su ca- 
lieza. pretende que el derecho propiamente hablando, no 
es mas que la creación de la ley, espresion de las necesi- 
dades de la vida, formulada por el legislador directamen- 
te y sin el auxilio de un tipo original. Dios 'ha creado 



— 327 — 

úoicaoieüte impulsos íostintivos y vagas advertencias,. ; 
la obra del kombre es solo la obra real y positiva. 

£d cootraposieioQ á esta teoria, la escuela espiritualista, 
dicen los ilustrados comentadores del Febrero (edic. de 
1 85S¡) que reproducen las doctrinas de San Agusün, Vico, 
Bonald, Balmes, aunque no los citan; partiendo sin cesar 
de Dios para volver á elevarse á él, admite límites de lo 
justo y de lo injusto, fijadas de un modo invariable. Para 
ella el derecho es un principio superior al hombre, una 
condición de su' ser individual y de su naturaleza social; 
para ella no se limita la razón á oi^aniíar los instintos, si 
DO que los escluye ó al menos los precede y domina, y en 
fin, lejos de ser el derecho en su esencia una elaboración 
humana, es la obra directa de Dios, es la luz de los indivi- 
duos, la vasta inteligencia de los pueblos, la r^ta moral 
del universo. 

Estas divergencias respecto del derecho, se reproducen 
igualmente cuando se trata de la justicia, de la (azon, de 
la verdad. Por un misterio insondable ha sido dado al 
hombre el triste privilegio de reducir á problemas y oscu- 
recer con sus disputas las ideas mas sencillas y percepti- 
bles al sentido común, y no debemos olvidar que en la 
ciencia de las leyes este axioma es doblemente cierto. 

En efecto, no hay en ella cuestión alguna que si se prO'< 
fundiza un poco, no se encuentre erizada de dificultades. 

Como no es esta la ocasión oportuna de dilucidarlas, me 
limitaré á dar por reproducidas respecto de los demás 
puntos que toque, las razones espuestas que me haa in- 
clinado á otorgarla preferencia á las definiciones del có- 
digo Alfonsino. Contra la autocizada opinión de muy doe* 
tos varones, frecuentemente las encuentro mas netas, rar 
ebnales y filosóficas que otras de novísima data. Verdad 
es que, para apreciar mejor los asertos de sus detractores 



— 328 — 

y apologistas, me he tomado el trabajo de estudiarlas de- 
tenidamente en el mismo código, teniendo en cuenta los 
tiempos en que fué escrito y los elementos é ideas que 
precedieron á su redacción. 

¿Qué es la justicia?... Podría contestar con Pacheco, 
Goyena, Alvarez Martínez y otros cien, que es la confor- 
midad de las acciones con la ley, y que ya se considere co- 
mo una virtud religiosa, ya como una virtud social, siem- 
pre supone conformidad con la ley; pero me atengo otra 
Tez á las Partidas, y digo con la Ley 1 .", Tit. i .*», P. 3.*— 
ü Raigada virtud es la justicia, que dura siempre en las 
« voluntades de los omes justos, é dá é comparte á cada 
a uno su derecho egualmente. E como quier que los omes 
a mueren, pero ella, cuanto en si, nunca desfallesce; ante 
« finca siempre en los corazones de los omes bivos, que 
« son derechureros é buenos. » 

« Por ella, añade la ley inmediata , los buenos se facen 
« mejores^ rescibiendo gualardones por los bienes que 11- 
« cieron. E otrosí los malos por ella han de ser buenos, 
« rezel ándese de la pena, queles manda dar por sus mal- 
« dades. » 

Lo que importa decir que en todo pueblo donde impe- 
ran las leyes, no la arbitrariedad de un circulo, ó el capri- 
cho de un déspota, la justicia tiene en realidad, como la 
pintan, una venda sobre los ojos, la balanza en una mano y 
la espada en la otra. Ante ella todos son iguales; y allí 
donde falta el equilibrio, su brazo certero é inflexible al- 
canza la cerviz del culpable por más poderoso que sea. 

Tal vez se me replique que la definición de la ley ^ .■ 
citada es la de la justicia moral y no la civil ; porque según 
los referidos juristas, el que arregla sus acciones esternas 
á la ley, aunque sea un insigne malvado, pasa y es tenido 
por justo , civilmente hablando ; pero yo creo que seme- 



— 329 — 

jantes hipócritas son siempre unos insignes malvados, por 
mas que el foro interno esté fuera del alcance de la ley, 
por mas que : Cogitationes pcmam in foro nemo patitur. 
Se les presume buenos sin serlo, es verdad; pero la pre- 
sunción cede á la prueba, j producida esta, quedan sujetos 
á la responsabilidad de sus actos. De modo que en último 
resultado, el verdadero justo, civil como moralmente, es el 
que define la ley de Partida. Sostener lo contrario, me pa- 
rece una verdadera logomaquia. Pasemos á la razón. 

Qué es la razón ? La facultad inherente al alma de 

discurrir y raciocinar, comparando, juzgando , deducien- 
do , etc. , facultad superior de la inteligencia , según algu- 
nos filósofos , por medio de la cual percibimos los pri- 
meros principios , las ideas necesarias , que no pueden 
darnos los sentidos : causa , unidad , sustancia , etc. En 
el orden moral, la luz natural que alumbra á todo hombre 
que viene al mundo con la intuición que domina al racio- 
cinio , y nos enseña cómo y porqué el hombre es libre 
y responsable ; cómo y porqué es en la tierra el artífice 
de su destino presente y futuro , puesto que lleva dentro 
de si la antorcha de su propia conciencia, ó sea la regla 
infalible de la justicia , puesto que se determina espontá- 
neamente, juzgando y comparando las cosas, esto es, dán- 
dose la razón de sus actos. 

Tal es la razón en abstracto: considerada con relación al 
derecho nos prescribe « entender y aplicar las leyes dere- 
« chámente , tomando siempre verdadero entendimiento 
« de ellas, á la mas sana parte, é mas provechosa, según 

« las palabras que y fueren puestas Que el saber de 

«las leyes non es tan solamente en aprender, é decorar 
« las letras dellas , mas su verdadero entendimiento. )► 
(L. 13, tít. 1 , P. 1.')^ 

¿Que es la verdad?. . . Filosóficamente, la certidumbre 



— 330 — 

de una cosa que se maotíene siempre la misma : su con- 
formidad con la razón, de tai suerte, qae una Tez percibi- 
da no puede esta dejar de conocerla , aunque el interés u 
otra ruin pasión nos lleven hasta negar lo que vemos y 
palpamos : moralmente , es la total correspondencia de lo 
que se dice ó hace con lo que interiormente se piensa , se 
siente ó desea : jurídicamente, se opone al error, á la 
fuerza, al dolo, á la falsedad, definidas por el legislador ó 
la jurisprudencia ; ecfmo por ejemplo , cuando se señalan 
los caracteres que debe revestir la ley, «porque non puedan 
« del derecho sacar razón torticera por su mal entendi- 
« miento , queriendo mostrar la mentira por verdad, ó la 
« verdad por mentira. » (L íJ, th. 1, p. l/)ó sema- 
nifesta como no es libre el que sufre la presión, aunque 
suavísima, de una voluntad estraua. Sirva de ejempk) el 
caso consignado en la segunda regla de derecho : « non es 
« suelto nin quito de prisiones aquel que han sacado de 
« los fierros ,• é le tienen por la mano , o le dan guarda 
4( cortezanamente. » 

Ahora hagamos la aplicación de estos principios á nues^ 
tro estado social; pero no amengüemos la cuestión al 
pedazo de tierra en que nos encontramos. Alcemos nues- 
tras miradas mas allá de la República Oriental, mas allá 
del Rio de la Plata. Abarquemos el vasto mundo de r^on. 

Nacido en esta bella y hoy tan infortunada América, des- 
tinada por Dios á la redención del linaje humano; en esta 
virgen del mundo , como la llama Oointana , en cuyas en- 
trañas bendecidas , agrego yo , ha de encarnarse el verbo 
nuevo de la moderna civilización; en esta América, campo 
inmenso de batalla, donde se resolvió la cuestión política 
en AyacQcho , dejando la social en su aurora, el hombre 
de ley, hijo déla democracia, (ribuno y sacerdote déla 
inteligencia emancipada , tiene antes que todo el deber 



— 384 — 

imprescindibte de justificar , con sas obras y palabras, 
el titulo de saMdor de derecho, de defensor de la justicia, 
de soldado de la razón y apóstol de la Terdad. 

Es arduo el problema que al plantear la democracia pos 
legaron nuestros padres y que debemos resolver. Medio 
siglo hace que buscamos la incógnita misteriosa, sin que 
todavía divisemos en el cielo de la Patria, sin nubes ni ce- 
lajes, tranquila , fija , radiante , la blanca estrella de la li- 
.bertad. 

Hemos tenido períodos mas ó menos breves de calma; 
pero la tempestad no ha tardado mucho en desplegar sus 
negras alas sobre el horizonte : á su contacto^ eléctrico 
el aire se ha encendido otra vez, y hemos respirado una 
atmósfera de fuego , precursora de una lluvia de pólvora 
y balas. De repente, lóbrega noche ha sucedido á la 
claridad del día; lívidos relámpagos han vuelto á iluminar 
el abismo de la guerra civil : los pueblos despeñados han 
corrido á precipitarse en él , como acometidos de un vér- 
tigo satánico ; y el rayo estallando de improviso, ha lan- 
ado Buevas víctimas sangrientas y despedazadas á la vo- 
rágine insaciable , donde hemos ido arrojando en holo- 
causto al genio del mal las instituciones, la riqueza, las 
glorias , el porvenir , el honor de la patria I . . . 

Espectáculo es este capaz de conturbar el corazón mas 
esforzado , de enervar la mas vigorosa inteligencia, y de 
comunicar el tedio y desaliento á la fé mas acendrada. 

¿ Por qué en la América Española, do quier que vol- 
vamos los ojos, ha de ser siempre la paz una tregua, y los 
gobiernos han de sucederse entre una revolución sofocada 
ó triunfante , y otra nueva que apenas les da tiempo para 
correr á las armas ? 

Recordamos las cuatro palabras que simboliza nuestra 
banda profesional : el derecho, la justicia, la razón, la 



— 332 — 

verdad , y por poco que nos fijemos en su significado, 
comprenderemos que la violación del derecho, ya de par- 
te de los gobernantes , ya de los gobernados ; el olvido 
de la JQSticía ; los ultrajes á la razón; y la mentira y la 
calumnia erigidas en sistema , trayendo en pos de si con 
el desenfreno de las pasiones y el desconcierto de las 
ideas , el falseamiento de las instituciones , han sido la 
causa de todos los males que han agobiado á los pueblos 
de raza española. 

Confiemos en que lucirán dias mejores y que en el por- 
venir no se repetirán las dolorosas escenas del pasado, 
pero para conseguirlo, es indispensable que aproveche- 
mos los breves instantes de bonanza que la misericordia 
divina nos concede : que pongamos los medios con abne- 
gación y altura para evitar su reproducción. Todos, unos 
mas otros menos— todos somos obreros de p^ 6 de dis- 
cordia : y los que se dedican al cultivo de la inteligencia, 
los que por su profesión están en contacto inmediato con 
las clases mas influyentes é intereses mas valiosos; los que 
merced á ella ejercen una especie de magisterio en las 
ideas, esos con doble motivo que los otros, deben poner 
su grano de arena en la balanza, no tergiversando ó vio- 
lando el derecho, no traficando con la justicia ó convir- 
tiéndola en iniquidad, no prostituyendo ó ahogando la 
razón, no sofismando la verdad ó queriendo erigir altares 
á la mentira. 

De ese modo , todos los ciudadanos y muy especialmen- 
te los que se dedican á la noble carrera del foro, sea cual 
fuere la situación en que los coloquen los sucesos, habrán 
hecho un verdadero servicio á su pais, formando el espí- 
ritu público, logrando que al fin prevalezcan las buenas 
ideas-, é inoculándolas hasta en sus adversarios, por me- 
dio del razonamiento y la palabra , que nos fué concedida 



— 333 — 

por el Altisímo , como se espresa elocuentemente Cicerón, 
para aprender, enseñar, discutir , comunicar entre noso- 
tros, estrechar los lazos de la sociedad civil y hacer rei- 
nar la paz y la justicia entre los hombres. (De officis lib. 
/, cap. 46.) 

Pensar bien, y si es posible espresarse mejor, poniendo 
en armonía los hechos con las palabras , he ahí el secreto 
—lo mismo para el jurisconsulto que para el tribuno ó 
el estadista — de los que aspiran á ejercer una supremacía 
legitima y fecunda en los países regidos por instituciones 
liberales y democráticas , donde « no se reconoce otra 
distinción entre los hombres , sino la de los talentos y las 
virtudes. » (Art. 132 de la Const. del Est.) Por eso con 
tanta profundidad como exactitud se ha dicho que el es- 
tilo es el hombre ; porque en efecto , la palabra hablada 
ó escrita es el lazo , el alma de la sociedad, el medio mas 
eñcaz de reformarla , la prueba incontestable de nuestro 
destino de perfectibilidad y progreso. Ella , en el acto de 
tomar vida en el aire ó sobre el papel , da la medida de la 
capacidad del que la dice ó escribe. Con este motivo no 
puedo menos de recordar cuan aplicables son á nuestra 
profesión , de perpetuo y encarnizado debate , á nuestra 
forma republicana y parlamentaria, y á nuestra manera 
de ser , febril y turbulenta, los preceptos contenidos en 
dos antiguas leyes dignas de no estar relegadas al olvido. 

« Todo orne se deve guardar en su palabra , de manera 
« que sea catada, é pensada ante que la diga, ca después 
a que sale de la boca non puede orne facer que non sea 
a dicha. )> 

« Por ende devé guardarse de soltar su lengua ante los 
a omes, e mayormente delante sus enemigos , porque non 
« puedan tomar apercibimiento de sus palabras, para de- 
« servirle , ó buscarle mal : cá el que mucho fabia, non 



— 334 — 

« se puede gnardar que mm yerre , y el macho fablar face 
« envilesoer las palabras , é faoele descobrír las sus pori- 
«dadesv E sí el non foere orne de gran seso, por las sos 
a palabras entenderán los ornes la mengoa qne ha del. Ca 
« bien assí como el cántaro quebrado se conosce por su 
« sueno*, otrosí el seso del orne es conoscido por su pa- 
«labra.» (LL, i y 5, tít. 4, P. 2). 

Ella en nuestro sistema de Gobierno es un arma de sal- 
vación ó de muerte , escudo de la libertad y ariete pode- 
roso de la anarquía ; espada de dos filos que hiere á la 
vez al agresor y al agredido , al que la vibra y al que lí 
rompe. | Felices los gobernantes que no necesitan redu- 
cirla al silencio 1 1 Dichosos los ciudadanos que saben con- 
vertirla en paladión de us libertades á manera de un faro 
salvador, que en hora suprema del peligro ilumina los 
pasos del poder que se desmanda, ó contiene al borde del 
precipicio á las muchedumbres descarriadas I 

Tomando por punto de partida el derecho, la justicia, 
la razón y la verdad , de consecuencia en consecuencia he 
venido á parar á la solución del problema que buscamos; 
es decir , á la conciliación del orden con la libertad; á la 
altura , inteligencia y moralidad del gobierno herma- 
nadas con el patriotismo , el respeto á la ley y demás vir- 
tudes cívicas y privadas de los gobernados ; al libre ejer- 
cicio de todos los derechos sin otro limite ni barrera qne 
el derecho ageno ; en una palabra , al triunfo definitivo de 
la democracia— arca santa que no se hundirá en el catar 
clismo de las revoluciones, porque guarda en su seno 
los futuros destinos de la humanidad , como escribí hace 
aBos , en países doiide imperan opiníoo^s y cremcias 
muy distintas. 

Mt fé naha decaído, aunque la nieve del tiempo haya 
empezado á blanquear mí cal)e£a, y aunque haya amarga- 



— 8S5 — 

áo mí cáliz mas de noa gata de acíbar. Hoy como ayer, 
en Anéríca como en Europa , mis' conviccíoBes á este 
respecto , Dr. Moreno , son tan arraigadas y profándag 
como las del genio ilustre cayo nombre lleváis. Hoy co- 
mo ay^, creo que las dificultades con que luchamos, 
los obstáculos que nos cierran el camino han de desapa- 
recer. Hemos de vencerlos , sino nosob*os , nuestros 
hijos. 

En la vida inmortal de los pueblos , nada importan 
las lágrimas y dolores de dos ó tres generaciones , nada 
una existencia estérilmente malgastada. . . A pesar de to- 
do , en mi humilde dictamen estamos en vía de progreso; 
muchas bellas esperanzas que ayer no mas nos parecían 
quimeras , se van convirtiendo en realidad , y acaso no 
está lejos el día en que realizado el testamento sublime 
de los que nos dieron pathia i independencia , puedan 
todos los hijos del continente americano decir con la 
frente levantada al cielo : la mÍ9ericordia é la verdad 
se fallan en wao, é la paz é la justicia se besan (L. 2- 
tít. 10 P. 2)..=§>® 

U de Enero de 1861. 

IV 

Siempre que se celebra algún acto solemne en la Uni- 
versidad, y os veo reunidos, involuntariamente busco con 
la vista á mis discípulos predilectos , nuevos y antiguos. 
Entre estos últimos se encuentra el Dr. Sienray Carranza, 
ungido por la ciencia en 4855 , y á quien tuve la honra 
de ceñirle como padrino la banda del grado académico, 
en la milicia togada. 

CCS^ Esa milicia , por la inteligencia , ley eterna del 
Supremo Legislador y de la naturaleza humana, ejerce el 
predominio social donde quiera que la civilización impe- 



— 336 — 

ra ; y sin ejércitos ni escuadras , sin otras armas que las 
de la razón y el derecho acaba por vencer á sus mas po- 
derosos enemigos. 

En efecto , aunque propalen otra cosa los endiosadores 
de la fuerza, los que ven en los hecho$ consumados la úni- 
ca y eficaz sanción del derecho , no son las bayonetas ni 
los cañones , por mas que así lo crea el vulgo, los que 
gobiernan el mundo , sino la palabra escrita ó hablada, 
puesto que en definitiva el triunfo pertenece á la idea; y 
ella sola tiene el poder de transfigurarse en la conciencia 
de los pueblos y vivir la vida inmortal de la humanidad. 

Hoy hasta la tiranía es imposible , sin la idea que la 
haga aparecer como efecto de la voluntad nacional ó de la 
gracia de Dios , frases sinónimas en el diccionario de la 
política , á la razón y á la salud del pueblo , formuladas 
en ley por el órgano de los legítimos representantes da la 
Nación. 

Por esta ligera reseña comprendereis, Dr. Sienra, la 
grandeza de la misión á que estáis llamado á conciu*rir en 
la esfera de vuestros medios. 

■ 

Pongamos los medios con abnegación y altura para evi- 
tar todo lo que tienda á mantener vivas las fuentes del 
odio y de la división entre los miembros de la gran fami- 
lia oriental ; que no haya patricios é ilotas, sino ciudada- 
nos con iguales derechos y deberes , y aunque den veces 
fracasara el noble propósito de poner únicamente la ley 
encimu de todas las cabezas , mil veces seria preciso in- 
tentarlo , so pena de condenar al estermínio á la mitad 
de la nación por la otra mitad. El dilema es ineludible: 
6 tenemos que vivir como hermanos , ó buscarnos con el 
hierro el alma en las entrañas , para asegurar una domi- 
nación efímera sobre el cadáver de los vencidos, medio 



» t 



— 337 — 

ineficaz y transitorio , porque también los muertos se le- 
vantan , sino en cuerpo en espíritu como los guerreros del 
Tambor de la muerte. 

Sed , Dr. Sieora y Carranza , en el ejercicio de vuestra 
profesión el digno apóstol de esos grandes principios. Que 
en la defensa del desvalido , de la viuda , del huérfano, 
del espoliado , de la victima del mas rico ó prepotente, 
vuestra inteligencia bajo la presión de la iniquidad, del 
dolor ó de la injusticia, sea como el pedernal que, herido, 
ilumina con sus destellos al yerto metal que lo golpea: 
sed , joven amigo mió , incorruptible al interés , al odio , 
al temor, á la atmósfera deletérea de las malas pasiones, 
como el amianto que permanece inalterable entre las lla- 
mas. Procurad ser bastante noble para devolver bien por 
mal, siempre que sin mengua podáis hacerlo; y mostraos 
sobre todo capaz de purificaran el crisol del corazón has- 
ta el agravio y la calumnia, como algunos árboles de Amé- 
rica que tienen la virtud de embalsamar el hacha que los 
despedaza t 

1865. 



* * 



La comisión nombrada para la erección de la Peniten- 
ciaria me pidió por conducto del Dr. D. Carlos de Castro, 
y entregué á este en Mayo de 1877 la pieza que voy á leer, 
destinada á una función artístico — literaria, que por cir- 
cunstancias imprevistas , como la de Paysandú, no se lle- 
vó á cabo en los términos en que estaba anunciada. 

Ofrezco á ustedes sus primicias : 



LUCHA ETERNA. 

Por un misterio impenetrable, todo 
Contra el hombre en el mundo se rebela , 

22 



— 338 — 

Y de la cana hasta el sepalcro lacha • 
Con el mal qae en mil formas le rodea : 

Ángel caído , 

Rey sin diadema , 
Harto ó hambriento , sabio ó ignorante , 
Lleva en sa frente del dolor la haella. 

Crazadas las dos manos sobre el pecho 
Viene al mundo el mortal , y sa primera 
Impresión es un grito de agonia : 
Contra la vida misera protesta I 

Nace entre lágrimas , 

Yive en contienda 
Consigo , con los otros , con el cielo : 
Febril busca la dicha y no la encuentra I 

El genio , la hermosura, el poder sumo , 
Ay I la misma virtud , honda y secreta , 
Sienten que el pecho les desgarra á veces , 
La triste convicción de su impotencia ; 

La duda , el tedio , 

La rabia intensa 
De la fiera que ruge encadenada , 
Aun en las almas de mayor alteza I 

Contra el genio , virtud , poder, conquistas 
Que enaltecen la humana inteligencia , 
El mal vencido , pero no domado 
Se alza de pronto , rompe sus cadenas , 

Y sacudiendo 

Su cabellera, 
De sangre, estragos , ignominia y duelo, 
El universo pavoroso llena. 



— 339 — 

No basta que traidor ^1 terremoto 
Haga en sos ejes vacilar la tierra ; 
Que desatado el huracán derribe 
Cuanto á su paso Tictorioso encuentra ; 

Que el mar desborde 

Con furia inmensa; 
Ni de repente cual blandón satánico 
Que envuelto en rayos el volcan se encienda 1(1) 

No basta , no , que al fúnebre redoble 
Del tambor que convoca á la pelea , 
En hueste innumerable avancen fieros 
Los que van á morir , sin que comprendan 

Por qué se baten, 

Ni por qué quedan 
A millares tendidos en el llano , 
Regio festin brindando á la epidemia I 

El error , la miseria , las pasiones , 
Esparcen en el alma sus tinieblas , 

Y ya amenguan ó eclipsan , sino apagan 
El salvador fanal de la conciencia : 

El asesino 
Arma su diestra ; 
El hombre pervertido se degrada , 

Y ante Ídolos de barro se prosterna. 

. No hay razón, no hay derecho, no hay justicia, 
No hay mas ley en el mundo que la fuerza. 
La libertad es sueño, cuando existe, 
Perpetua evolución de la materia; 



(1 ) Por una coincídeiicit que nida tiene de extraño en las regiones de la ca* 
dena Andina, un mes después de escritos y entregados estos Tersos, ocurrieron 
loa espantosos desastres del Pacífico. 



— 3» — 



Dios 
Yaoa quimera : 
Eso dicen los satiios de k Bwopat, 

Y eso a la ineanta Joreaiod seearnaal 

Es mentiral el eterno Bremetao» 
La humanidad eiitane sos grillos pr^a^ 
Cnando Tencer no jMMde á sa enemigo 
Hasta en silencio contra ei mal protesta. 

Vuelve sus ojos 

A otras esferas, 

Y en Dios , en la razón j en el derecho , 
Para ir hasta el martirio encuentra fueras f 

Al desbordado mar opone el dique , 
El imantado hierro á la centella , 
El Tribunal augusto de los pueblos 
A la bestial matanza de la guerra ; 

Y sustituye 

La última pena, 
Por la espiaoion y enmienda del culpable , 
A quien asi el castigo regenera. 

Por que somos cristianos , y creemos 

En Dios y su justicia , nos alienta 

La esperanza sublime que nos hace 

No desmayar ante la lucha eterna : 
Bajo el aspecto físico 
Como el moral , do quiera , 

Si el bien— divina ley— no dominase , 

Al caos la creación pronto volviera. 

Salud y bendición á los que un dia 
Concibieron la humana y noble idea , 



Jié g»4ímr at crigynal,par media 
Del trabajo , la fé , la peoiteiicfli I 

Qae«B ¡tf^teila 

iBenáite Ma^ 
Te i)añe ai 4k y jg^oria ^4 dM ifue Jlewa 
.A l^viHie.í0lÍ2Ytaii.4JiiU:ai9nsaJ 

M77. 

Qneda , paes , demostrado qoe la ludia del bien con el 
mal es eterna, y de4al.JMMra está oísiannado estftflum- 
do, que en él no puede existir el Jhien «B/el mal» por mis- 
teriosa ley iiopeiietrAUe, teeta daJawylicafion guada el 
dogma católico; ni nosotros Jíbeidas>6<f6t|rógrados tener 
siquiera un adarme de juicio durante el corto periodo de 
una presidencia, ni resistirá la tentacion^de echarla alMJo 
6 contribuir con nuestros desaciertos á que otros la der- 
riben, en cuanto se presenta Ja ocasJwa» y/irnaato inas bo- 
nachón es el que ocupa el consabido sillón. Nieguen luego 
los Sres. raaienalistaar si ^uímeit la Tardad iaoontastable, 
ya que no incontestada, quese desprende del relato del 
Génesis sobre la terrible afióonqtte tiene Miestraie^pecie 
á la fruta prohibida ! 

Como quiera que^sea, aAii/deqpues de craietide/d error 
de nombrar Presidente al Dr.EUaurí^iHiidadano distingui- 
do y muy apreciable por todostCOfieeptoSrFero que indu- 
dablemente no tenia oendieíoiies para a^nel eleicado .cargo, 
es lo cierto que después de muchas aventuras y desventu- 
ras, con el pacte ds. Abril /de -WJaiyie/Aahia .rgwiilaio de 
las armas fratricidas á los i partidos ititadicionales, parecía 
cerrado el periodo ito tas dásensiones r sangrientas. El 
patriotismo y la prudencia habiai enfilado á fundar una 
legalidad incontestala; y denirode esa l^faUdad, ]K>dian 
subsanarse todas las deficiencias, contgirse todos los 



— 342 — 

vicios 7 realizarse todas las reformas que demandase el 
interés de la República. » 

Quizá á algunos les agrade mas que el enmarañado, 
poco ameno y difuso examen de las causas por las cuales 
no se hizo nada de eso, que lea la introducción y la nota 
final de el Grito del Tequendama. Haré gracia de los es- 
pantosos lamentos y maldiciones que salen del irritada 
seno de la indignada catarata. 



Por nna elevada y estrecha garganta , 

Bogotá espumoso , 
De^e la moAtaña que abrió con su planta , 

Torrente impetuoso 
Con rápido salto desciende veloz; 

T al caer despeñada 

La inmensa cascada , 
Hasta el cielo sube su gigante voz I 

Las aguas del Funza condensó en la sierra 

Un genio maldito , 
T los elementos en hórrida guerra 

Al hombre proscrito 
Lanzaron muy lejos del valle feliz : 

Hambre , horror , estragos , 

Volcanes y lagos 
En yermo trocaron su verde tapiz. 

Contra el genio malo se alzó el genio bueno , 

T su hálito ardiente 
Abriendo en la roca magnifico seno , 

Con Ímpetu hirviente 
Se vieron las aguas de lo alto rodar 

Al llano profundo , 



— 343 — 

Y el raudal fecundo , 

^ Libre , en su carrera , todo reanimar. 

Si acaso los malos al débil oprimen , 

Existe un Dios fuerte , 
Que ampara á los buenos, j la obra del crimen 

Próvido convierte 
En purificante , divino crisol ; 

Y asi , Tequendama , 
Tus aguas derrama 

Regeneradoras , el hijo del Sol. «^9 

1852. 

£1 salto de Tequendama, como Yds. saben, situado 
cerca de Santa Fé de Bogotá (República de Nueva Grana- 
da) aunque no tan célebre como el Niágara, es la primera 
catarata de la América meridional y rivaliza con aquella, 
7 aún la excede en belleza, según algunos viajeros. 

En las cuatro estrofas que encabezan esta composición 
he procurado reasumir una de las mas curiosas y bellas 
tradiciones de América. 

Según la tradición, la hendidura entre las dos monta- 
ñas por donde el rio Punza se precipita al valle formando 
la cascada de Tequendama, fué abierta por Botchica, el 
genio del bien que habia civilizado á los habitantes de 
aquella comarca, para reparar los estragos de una gran 
inundación ocasionada por la creciente del rio. 

Esta inundación que arruinó al país y dispersó á sus 
moradores por las montañas vecinas, fué obra de Huytha- 
ca, genio maléfico, que en forma de mujer, seguia los pa- . 
sos del primero, sin otro objeto que destruir todo lo bue- 
no que él hacia. 

Los inteligentes en la cosmogonía de nuestro continente 



— 3*4 — 

opinan qae esta leyenda eneíerra un fondo de verdad, y 
que los dos índívidaos citados representan la laeba del 
bueno y del mal principio, que se encuentra en todas las 
religiones. Botchica es un hijo^ del Sol, como Manco^^a- 
pac, tal vez el mismo Sol hecho hombre : Huythaca es el 
elemento húmedo que ejerce su influencia sobre e\ nar, 
y se convierte en la Luna, arrojada de la tierra por Bot- 
chica, el principio seco, vivificante, que hace correr las 
aguas aglomeradas en la3 ahuras, abriéndoles un camino 
al través de las rocas. 

Considerada esta antigua leyenda bajo ef ponto de vista 
físico, tiene el mérito, según Humboldt, de atoibuir á una 
causa súbita y violenta la abertura del valle y desagüe del 
lago formado en la meseta de las montañas. Se armoniza 
con las condiciones que se observan en la cascada jren la 
configuración del desfiladero. Nada se vé que se asaneje 
á un cambio, lento y sucesivo; ha debido ser de un solo 
golpe, por alguna violenta catástrofe qi^ la roca ba sida 
partida desde la cumbre hasta la base. 

En esta como en otras composiciones, he kiteiflado bos- 
quejar la faz poética y filosófica del fenómeno y de los b€*- 
chbs que con él se relacionan, procurando que los raeges 
descriptivos, que son como la vestidura del pensamiento^ 
estén conformes con la verdad y con la ciencia, cualidades 
que lejos de coartar la inspiracian como algunos se imagÍK 
nan, le prestan nuevas alas y le abren nuevos horizont». 



Cuando apareció el xaripicsto y- después, se kan fiHimi- 
lado por amigos y adversarios observacioiies y cargos» al- 
gunos dignos de tomarse en cuenta, otro» justos basta 
cierto punto, ó al menos discutibles; y no pocos completa* 
mente infundados, y tan superfinos algunos que temería 



— 3» — 

profdear dMUMá» la hihnridad de ésta. remikHi, en pár- 
tioilar de k» que tn^o míáf^ pan estar alegres por 
el tesiltada da U eacanoMoa tanmtnda, smefÉsWade 
saafre ai qicbraifa de hicses. 

Lm qmhm redactado d ÉiatFflBfo(OT lae^qat b> 
haai aceptad»— 9CMIW «ftos andMdoeos vulgares; héroes 
qw dobbrM la espina dorsal ante el Bktador, y a> otro 
diaipie deaapareeié per el esfiíetio ageiKK 00 por el sagro» 
S0 irginenm siUmido cono viroras^ j preteo^ead^ alzar- 
se con el santo j la línosoa; fuertes en lilenrfsra, pero 
Olios de teta eu pcAliea» «topistas ineomniblesv Mosoe^ 
ungUoSf impecables, eiploladóree» lecos^ malTados, Te* 
janos, visionarios, iniraiisigBBles,. bonJbres »a eatraSas» 
y qm se yo co&Btaa simpleías por el estilo . 

iTasta ira eo peches celestiales I cono esclamaria. el 
tíeffto cantor de la niiM* 

II fidlo de la opíMm y el de BotcUca se eneargar&n de 
decidir i (|aiéoes pMde con justicia dirigirse tales cargos. 

Mas de noa vei m» liabreis oído ■laiiiféstar {que ea 
discostones serias^ las íotenperafteias déla plaaia 6 de 
la palabra, sipnedes baceralgendaBa entre el ndgo 6íih 
tímidaral valgo, entre personas ilustradas y respetables 
qae han demostrado que también saben hacerse respetar, 
despiertan no seotinMeato peor qvela ináigyiacim; y como 
flechas qae rebotan sobre una armadura de aoerD„ se re- 
veeiven y ciafan su envenenada pnnta en d pedio mis* 
mo de los qae hs disparan. 



(1) Como sucede en toda Conutioii mmcrM» en que te enetrst de der I6r- 
nue Al pensamiento general i afgano de sos miembros 6 anudbs, cupo al doctor 
D. CMds M. mamkm d tmws» •ncaii^d» ii^hi d 1>lMiiia<i dil pwtkb 
coMtttndoMal, dt amcid* con W tcnMlfo y las Idas prwlomteanles en d mma 
de la Comisión. Por consiguiente , si hablamos de redactores, en ptoral» es solo 
pata emMervar la it ^ nn si b S I át d sdMMIi y la Im'iiIwíi éel acto mlsiSig, 
de ^K fs np sss i sn d Min g ed s > ic e p la da ém, tadas sus ^aHas» y Sraada cas 
entusiasmo, en la misma reunión en que se aprobó, por cerca de titsdentos 
ciudadanos. 



— 346 — 

¿Os acordáis, mis jóvenes amigos cuando al hablaros 
incidentalmente de la civilización Egpicia en la época de 
César j Marco Antonio, os describí el papel que en ella 
desempeñó aquella mujer singular llamada por Horacio 
fatal prodigio , á cuya belleza, ingenio y gracia nadie 
resistía, cayendo á sus pies en cuanto la veian, los mis- 
mos Césares ven<r odores, devolviéndole el cetro y tor- 
nando á sentarla en el trono de donde habia sido arrojada 
por sus armas?. • . ¿Recordáis cuando perseguida por 
Octavio después de la derrota de Actium para uncirla en 
Roma á su carro triunfal, se hizo traer un canastillo de 
flores con un áspid y metió el brazo dentro, prefiriendo 
ia muerte al ultraje de la esclavitud ? 

La memoria es frágil, y no estará de mas alguna ligera 
advertencia para precaverse con cuidado de las picadu- 
ras de esa clase de bichitos, y si os sale alguno al camino 
j os hinca su ponzoñoso diente, procurad romperle los 
colmillos con el martillo de la opinión pública fundido 
con letras de imprenta, y con el guantelete de la ley ela- 
borado con papel sellado (fnaché) sin perjuicio délas 
demás penas que por derecho corresponda, según la gra- 
vedad del daño. 

Un dia, en audiencia privada, sostuve una viva guerri- 
lla con ui\ renombrado escritor, que exasperado por las 
infamias é iniquidades que le decian, se empeñaba en 
«demostrarme muy serio el perfecto derecho que le asistía 
para calumniar por retorsión d sus enemigos. 

Para llamarle al orden, le apostrofé en chanza de ogro 
feroz traga-meninos de la prensa, y aunque se mante- 
nía en sus trece, irritado por la contradicción, estoy per- 
suadido que con su clarísimo talento, reflexionando mas 
despacio, no habrá dejado de apercibirse que confundía 
iastimosamente la libertad que tiene todo hombre para 



— 347 — 

liacer el bien ó el mal, sin cuyo atributo no sería digno de 
castigo ni premio, con el derecho de hacer deliberada- 
mente el mal, aboso que la razón condena y la conciencia 
reprueba, por no ser lícito á la criatura humana, subdita 
por su naturaleza racional de la ley divina, rebelarse con- 
tra ella, en ningún caso, por ninguna. causa ni pretesto. 
Ahora oigamos el silbido y la maestría con que da 
pruebas de su habilidad el 



ÁSPID. 

4i poeta PUcido, fusilado en la Habana pw una 

delación. 

El alma negra en forma de serpiente. 

PLÍCUK) 

Pequeño, imperceptible, 
Entre la yerba oculto. 
El Áspid de Misiones 
Se envuelve en espiral, 
T apenas vé acercarse 
Hombre, animal ó bulto. 
Vibrátil y certero 
Un salto dá mortal. 

Calcula la distancia 
Tan previsor y diestro. 
Que al caer, donde los ojos 
El clava su aguijón. 
Hiere y veloz se pierde 
Cual dardo que siniestro, 
Arroja desde un bosque 
Segura la traición. 



I 



— 3W — 

Mi el aBÍmal ni ^ homlfire 
Á w eaeoiisd vario, 
Que e&tmlaframa hsgre 
Tan ^ 6(HQ0 vfl. 
Su atiMine y sa ttoaao 
Desprecióles ioa^raa: 
Mas ajrl qnd su veMiié 
La muerte d¿ sutíL 

Calamnial tít lo mtssio 
One el áspid traicion^o» 
Nos clavas por la espalda 
Tu pérfido puñal. 
El agredido sieirtt 
La punta del acero, 
Pero no vé en la sombra 
Tu maM desleal. 

Acaso te despradal 

Y sigue sa camioo 
Tranquilo^ indiferente. 
Confiado m su virtad. 
Pero el venend oc^te 
Fermenta viperino, 

Y á su honra y á su dicha 
Les abre el a^odl 

1865. 



* * 



Declamen y vociferen cuanto les plaaca: «1 grito que ha 
lanzado el partido constituctonai ha reperoitido en el co- 
razón del país, y las ideas hacen su c^míao como el río 
famoso de Venezuela (1). Ellos » han seotído conturba* 

(1) ¥^ Tiene Amérlct rio* singytarai onno «I TMotaneno en Veneneb*. 



— 349 — 

dos al Ter cómo el águila se cierne en Das altaras. En rano 
aparentan mirarla con desden, casi con lástima; aBá en el 
fondo de su conciencia la voz del derecho y de la yerdad 
Tetnmba con acento qne lo domina todo, y no podiendo 
:a]canzarla con sus tiros, se imaginan ó intentan hacer 
ereer que se ha perdido entre las nubes. 

La verdad es que dominados por antignos agravios y 
con el estrabismo moral que produce la pasión política, 
no han comprendido el objeto ni el fin elevado y patrióti- 
tico que entraña aquel notable documento —que en el 
momento histórico de su aparición respondía á las nece- 
sidades del país, y ofrecia y ofrece, rectamente entendido 
j aplicado, firme y anchísima base para la reconstrucción 
social y honrosa puerta para entrar á la vida nueva del 
porvenir, dando la espalda al pasado, á todos los hom- 
bres bien intencionados, sea cual fuere el partido en que 
antes hayan militado. 

La esperíencia diaria nos enseña como se trata en poli- 
tica á los mas francos y leales, á los qne en realidad an- 
teponen á su propio interés el general, á los que se pre- 
sentan á pecho descubierto, y desde el primer momento 
sin dudas, sin vacilaciones, cuando sino ruge aún la tor- 
menta, está todavía encapotado el cielo y nubes sombrías 
se agolpan en el confín det horizonte; cuando no han 
pasado los dias de peligro y de prueba, cumplen con su 
•deiber de ciudadanos, levantando en alto su bandera, 

«nyai aguas perdidas en su ludmlento, corren leguas enteras por debajo de tierra, 
teita qm derrepente, acrecentado su raudal con tas llurias, desgarrando la frá- 
^1 cubierta de resaca, que las detenia, reaparecen, saltan con ímpetu irreaisUMe, 
7 vaB esparciendo por llanuras y quebradas los fecundos raudales qne el hondo 
•cnee guardaba escondidos en su seno. 

A m p«K>, Iqjoso manto de ^regdftcion colosal f isle al soelv antas árido y son- 
Wo» y árboles gigantescos, tupidos cañaTcrales, flexibles eoredaderas y espléndidas 
brotan como por encanto en las márgenes del mbterioso rio.~ 1857 



— 350 — 

como lo han hecho los firmantes del manifiesto del partí-» 
do constitacionaL 

En lo que me atañe personalmente, séame permitido 
consignar aqai por toda respuesta á reproches de antiguos 
compañeros, suaves en la forma, pero acerbos en el fondo 
— que en esta ocasión procedí como siempre. Jamás ando 
por encrucijadas, recovecos ni torcidas sendas; solo ó 
acompañado, voy por el camino real, á la clara luz del 
Sol, 7 proclamo mi creencia, á la faz de todos, általa fren- 
te, tranquila la conciencia, resuelto á ir hasta donde mis 
fuerzas alcancen. Buenas ó malas no oculto á nadie mis 
ideas y aspiraciones, por lo mismo que en definitiva pro- 
curo ajustar mis actos á la linea de conducta que me im- 
ponen mis compromisos y el deber, en la oportunidad j 
del modo que juzgo me incumbe hacerlo. 

En momentos graves, siendo Senador de la República, 
amenazado el pais por una revolución próxima á estallar, 
encabezada por los Generales Suarez y Caraballo (quesfué 
en persona á la casa de Gobierno á amenazar á los miem- 
bros del Cuerpo Legislativo opuestos á la candidatura de 
su colega, siendo valientemente rechazado por el Presi- 
dente de la Asamblea Nacional) en un artículo publicado 
en La Tribuna del 29 de Febrero de 1868, dije estas 
textuales palabras : 

©^=* Hemos cumplido con el penoso deber de decir la 
verdad, tal como la comprendemos en estos momentos 
solemnes, é inútil nos parece agregar que cualquiera que 
sea el ciudadano que resulte electo, nuestro humilde con- 
curso no ha de faltarle, mientras marche por el sendero 
de la ley. 

Pero mientras el hecho no se consume, mientras haya 
posibilidad de sostener en el terreno legal al candidato de 
nuestras simpatías, el grano de arena de que podemos 



— 351 — 

disponer, ha de caer del lado de la balanza qne responda 
mejor á las aspiraciones qne dejamos apuntadas. 

Cuando aceptamos un puesto, es sin compromisos 
ulteriores que enagenen nuestro libre albedrio, con el 
propósito de cumplir los deberes que el cargo impone de 
la mejor manera que nos sea posible, según nuestro leal 
saber y entender, y sin retroceder ante la necesidad de 
hacer fuego, si es preciso, sobre amigos y enemigos, en 
obsequio á los principios que defendemos. «=j^9 

La asociación patriótica que se iniciaba por actos deci- 
sivos, claros, intergiversables, debia necesariamente tener 
las simpatías de los que creen, que si impulsan poderosa- 
mente á los partidos personales las pasiones y los intere- 
ses, no son menos eficaces para los de principios las ge- 
nerosas ideas y los elevados propósitos. 

•Si^ Asi y solo asi, sin esperar el predominio de esta 
ó de aquella fracción política, el impulso de los gobiernos, 
ó de la acción lenta del tiempo, se levantan por su serio 
esfuerzo , las asociaciones inteligentes y patrióticas ; é 
inspirándose en la conciencia de sus derechos y de sus 
deberes, indican los medios de llegar al bien, trazan el 
camino y resueltamente se lanzan á él, aunque no les 
falten estorbos, amarguras ni descalabros en el tránsito, 
seguras del éxito en definitiva, si saben perseverar aún 
en medio de la derrota y del infortunio, si saben con- 
servarse ñeles álos principios que proclaman, como que 
no hay, señores, en el mundo moral, fuerza aislada que 
iguale á la que desarrolla el gigantesco esfuerzo combi- 
nado de la asociación. 

La libertad y el progreso en sus diversas faces son ar- 
mónicos, y no se llega proficuamente á la primera, no 
se disfrutan los beneficios que nos brinda el segundo, 
sin que la carne se sujete al espíritu, sin que la voluntad 



— as2 ~ 

obedesca á la ra&on, vde decidr« ste afiaazar ea el progreso 
moral y j&ateríal. siauíttáaeiflieaie, esa libertad tan co- 
diciada, faifi fácil de perder, cotto díficil de €Oosenrar en 
sa ínviolaMa magostad. — 1^73. 



VI 

Caeota la tradidoa qae «t emperador Constaatí- 
110, marchando sobi^e Boma \ié una nocfae una cnu 4e 
fuego M el aire con esta inscripción; íh hoc signo vinces, 
(con esta insignia vencerás), y que aquella aparición pro- 
dajo t^ «fecto en sa ánimo , que abjuró la idoUtria y 
^Sanzá el cristianismo , sxistitayendo en el lábaro roma- 
no al águila qae antes lo decoraba, la croz ¡misteriosa. 

No de otro modo la generación que se levanta, ante la 
visión de la Patria transfigurada por 4^ independencia y la 
libertad, sacude las viejas creencias (de los viíjos partidos) 
fiosti^e los colores del coloniage por el azul y blanco de 
suestra baodera, y proclama una nueva religión en el 
arte, como nuestros padres, vencedores en los campos 
de batalla , abrieron una nueva senda en la política, pro- 
clamando la R^ública, que simboliza el progreso y la 
realización de los altos dogmas del crucificado, aunque 
desgraciadamente cuando no la acompañan la verdad y la 
justicia, sea un horrible sarcasmo y la mas abominable de 
las tiranias. 

Digamos de paso que el despotismo como ia anarquía 
son otras dos antiguallas de las que ya es tiempo de 
emanciparnos. «^^ 
1844. 

Ko, ao son ambiciosos vulgares, explotadores ni Teja- 
nos lots que componen lo hoy pequeña, pero mailana po* 
derosa falange que, si este desdicbado pais no está conde- 
nado á hundirse bajo las culatas de los Pretorianos, en la 



— 253 — 

disohKíoD de la aiuurqiifa 6 en la d^fiadacioD de la con- 

* 

qnisto, han de levantar sobre todas las cabezas las tablas 
sagradas de la ley. Los patriotas ciudadanos que deq)l^ 
garon al viento sa estandarte en la calle de Zabala en la 
memorable tarde del 46 d6 Mayo de 4880 y se agruparon 
& su alrededor, son la primera cohorte, la avanzada que lo 
clava en las altaras y qae sabrá mas tarde— no lo dudemos 
— defenderio, como al sayo el batallón Tebano, que sabia 
abrirse paso donde quiera que embestía eii columna^cer- 
rada. 

T esta afirmación no es una vana jactancia. Los que han 
renunciado á la lucha armada, bajaron asi mismo inermes 
al peligroso terreno de la discusión pública, y declararon 
categóricamente las causas que les obligaban á limitar su 
esfera de acción, dando prueba insigne de valor cívico, en 
presencia de los elementos del anterior Gobierno, eneas* 
tillados en todas las posiciones oficiales. 

Bien se esplica el recelo, la desconfianza, el retraimien- 
to de la generalidad ante ese hecho, y son tan absurdas las 
imputaciones que por falta de iniciativa se hacen ¿ los 
constitucionales como las consecuencias que se sacan de 
no haber concurrido mayor número de personas á la cita*- 
da reunión, el tiempo que tardo en aparecer el Manifiesto^ 
Me$ia$, etc. 

En la obra monumental de Alejandro de Tocqueville, 
titulada De la democracia en América, y que todos los 
autores de derecho constitucional citan con él respeto que 
merece, vale la pena de leerse y meditarse el capitulo Y 
de la 2.* parte, en que el eminente publicista esplica cómo 
y por qué en los Estados Unidos los hombres mas notables 
se ven esclaidos á menudo de la dirección de los negocios 
públicos; las causas de este ¿ primera vista singular fenó- 
meno, entre las que se destacan la envidia, los manejos 

23 



— 3» — 

s«probadDs.de las a^diaotaft smdas^j poeo ípríngipioiafi 

AQf retotifod^ble» 7 íe«^(id€tfite& eqgaiidra/ j.d^fairc^k^ k 
jemMvm^ hastoteb ponto áe ohlipv áJ(Mkiii#iÉbMk» mm 
aAM«h]p:di«tí«iiik}Q»4tCitira«ie ^N^lnol^meiit^íilala.eso^ 

B» sabida por etiev part^ que ant paU(>oa,<(nfMtaf) aa& 
Ft^v iMOnabiasrf destüleca^adas* saa^ta^ kombises^ laas 
pronto salen con las manos en la cabeza. 



♦ * 



&iak;iii^ta^ cientaa sátaacqMfvesi ha|K>dídOfOteai:twr 6& 
si mismo y MI los damis; dos hechas paiaal6gka^^K|$M& 
de séoría !ittedithci<Af«. Ba al pránero, Ift abeaaioo* taoast 

• 

ayasaUadomyabselrheiiib^qaasaapod^a^ aaan^ 

do nna gFanidteLóiiiihgran sMtkmeQto aas: domíiMtt»* f k; 
dificultad de vacíav-en>ales(reelio nakja dellanga^^y 
eondensor en aaredlifiklo cuadro la^yastaicracapekn cpe 
el esfárita cok«Bbffa> 6* h> ttagnitadda Iqa aoconfarada» 
emocionas eoftqoeilQi^ba* ' 

Bl segundo t^ako^ds^ la sombría neaignada»^ qaaí páor- 
dnoa en laa^ almas-da eiartO'tMnpLa el. tiiste ea&¥e^Qüear 
todab inttttMdadde^sua^esñMnQft pam peisuaáia & lo» 
que cierran á los ojos, á fin de sostener que ea de mfekm 
coancto diSDl <tent^aa. ea el Ceaít;. rasigfMicidni (;pta les 
pDSsta fijrtfitoza para oir sin desplegar los labioa; loacat* 
gosoéíoaos é mHiaiKK^ii(&s qaa áe liümiiiaB aaott^ 

SiDica. hd^ padádá' laiu* ea^la paaioadel Rairator^ wl 
sotir ImniedadkiQS' BUS ofad^. la ajenia ent ^ hiaite^ 
aaaBdO'na sudón ooott) de sabjpru kumdé^^stt fíenla^ ia|6 
efcraeliK. G€in^>rBadolaiqaa'debJórsaMiraqwlkaloaagír' 
gante, sóbfakurnaba^, (mando/ intaffmigada'per sus» tai^ 
goi^r oQfuvartf d0 en objtfo 4e^ imsian ;• de asóla,, f ^jiadck^ 



2&¿k 

gli(KiiniiCiáe».B>da^ir<MftoiMtofc. Haatai}f}e increpado [uu* ias. 
sabwMvai^ deotrinai^^pe eMe&aba» cont^U en. hrevea 
pBlah|OMRMtél4ae..h«^s^{irodami^ abiartameor 

tfii:áJa £ix>40.UMÍQSi«i]^ Afta» orajütoi GolfiieadoteDttoiice&ea 
el n^tro^perttii BUMraUa gar. tenar eliaüreTímiaifita da 
eipraieise aaíidelatile del graar sacardote,,se.to eacapaa 
a^fcfti MihHmei^ gahérey. si h& hablado mal,, muestrjlul 

l86 misoie podjóaB deeir.los qpe proelamao la& dactri 
BaseaifaddRa&áiqaetriediaroo públieaiaeQte. coica toda^ su. 
^óda^ ,poF lasrqoB ban snfrido oUnaíes y calomnías^ aed y 
haflabre^ de&tiarro^y peraeGocíonesw 

«sr Ah I BO estrweis.nuesAro ^Dtasiasmo* . . . iioa na- 
«¡MmdeyíCQeataieaUre lastdemás por sus peasadoires, por 
su/JiQflibr)B&de6stado,r, por sos poetas, pon sus artistas^ 
y na b^barreraiosalTable, do hayskaadoa desesperada^ 
sudes que do tengauiremedio^ alii doDde^los que niarcbau 
apireóte de la^colunoa social, y bao recibido del cielo la 
misioD de dirigirla, por sus^senricioSt. por sos méritos, por 
la iospíracioD, y los unísonos esfuerzos de sos prohom* 
bres, DO se esterilizao y consumen en la vergonzosa tarea 
de bundirse y desacreditarse uno? á otros 

¿Qnéne hariau los hijjos de esta tierra jclásica de vaUan- 
tes y de inteligencias vigorosas, si en vez de desf^adai- 
zaaae^pidamente^D loacampos de batalla; convirtiemn 
el£i;^B>nde sttSrhrazM^y la& dates, privilegiados de su es|ár 
atabal* oidtivordd laa eieoeiag^^de las letras y delasai*tes? 

Beiu acornó» aeieutan aiguBOS. inflexibles pariidaríos^ 
estas risueñas perspectivas son ahoca^y pennuiche tiem{)a 
iaaalí zable&í , si;eatemes. fatalmeate'XQDdenedos k gjjrar y 
cevolfianos/eOi ul cbanorde saagce^ da raiuaB j. miseriat^ 
sha) poder KQoqjeceLcírGQlaKle: bienro.que cada. día. sa esr 
trecba y amenaza pradpitanoa.eutuaabisuMviDsaDdableii 



~ 356 — 

dejadnos al menos prestar el oido algunos instantes & las 
dotcisimas melodías de Aurelio Berro, pidiendo pan y lá^ 
grimat para los desgraciados; confiar m la vietoria de- 
finitiva del hombre-redentar, ririlmente articulada en las 
magnificas estrofas de Gonzalo Ramírez; saludar con Al- 
ddes De-María al ruiseñor de la selva umericana. en 
Tersos que no desdefiaria el mismo Mármol: contemplar 
al través de las bellísimas octavas de Eduardo Gordon, el 
grandioso poi^enir de la América estrechando la mano 
de la Europa en el banquete de la civilización y la libertad; 
dejadnos, por último, en medio del torbellino que nos en- 
vuelve en sus ardientes espirales, clavar nuestras ávidas 
miradas y buscar un punto de apoyo á las dudas que 
nos asaltan, al desaliento que nos invade, en la imagen 
austera del deber, de la abnegación y del sacrificio, per- 
sonificados en el cuadro de Blanes, é inclinarnos con res- 
peto ante los dos héroes de la humanidad que se destacan 
en el centro y que llevaron en la tierra los nombres de 
Roque Pérez y de Manuel Argerich I c=!l^ 
1874. 

Vil 

¿Ambiciosos vulgares , explotadores los constituciona- 
Estas? 

Creo sin ofender á nadie, que si hay partido en la Re- 
páUica que en general merezca respeto por el honroso 
desprendimiento— que en algunos ha rayado en heroísmo 
<-HH)n que ha sabido soportar la mala fortuna, es el par- 
tido de las instituciones. 

Conozco modestos ciudadanos que, en la mayor estre- 
diez, llamados á ocupar puestos en el ejército, en la ad- 
ministración y en la justicia bajo el gobierno dictatorial, 
kan contestado redondamente : no I 



— 337 ~ 

Ed ellos pensaba al escribir alganas lineas de mi últinut 
composición inédita En la cumbre, 1 / parte : Túmulo^ 
en poder de Garios María Ramírez desde eH2 de Febrero 
último* 

El anciano que huye gravemente herido dal campo de 
batalla, y busca refugio en la montana, próximo á espirai:, 
ele?a una plegaria al Altísimo. 

Así eleva el anciano su plegaría 

Mientras oye subir de la llanura 

Maldiciones, insultos, alaridos. 

Ultima afrenta que en silencio apura; 

Y sintiendo sus miembros ateridos, 

Y reabrirse, sangrando, su ancha herida. 
Es para él consuelo 

No descender«al suelo 

Que profana la grey envilecida, . 

Y abandonado y solo, pero libre, 
Sucumbir como el águila en la altura I «=jmt 

El moribundo devorado por la fiebre y la indignación, 
duda entonces de la justicia eterna, del honor, de la virtud. 
El narrador explica asi aquel momentáneo extravio: 

Pobre anciano! la angustia le enagena. 

La voz de su despecho solo escucha: 

Olvida en su delirio 

Las severas lecciones de la historia, 

Y su propia virtud, que se acrisola 
Sufriendo por el bien, cual la de tantos 
Que sin soberbia pompa ni aureola. 
Modelos de entereza, 
Humildes, ignonulos. 
Con viril estoicismo 
Afrontan 1;^ pobreza, 

Y saben, si es preciso, resignados 



Caer despedazados, 
Oh Libertad bendita, 
Por sostener con hottrá*tii«stantfartel 
No lo estrañeis: tienen sangre en las venas y son dignos 
bijos de los que dieron honra y gloria al 'contiaenie ame- 
ricano; son tos coitf onadoTOs de sns gloriosas traÜicioBes. 
Llegará día en que el arpa del poeta los^ «roque ttél saéSo 
de la ingratitud y dd oWido. 

Y al volver nuestra vista \ «se pasado 
De infortanios, de ügrimásy horrores, 
Cuántos drenas terribles ludiaremos 
En esos pueblos de ramorial renombre 1 
Cuántos hechos ^histres que el misterio 
Ha sepultado en lobregoSa noche 1 
Cuántos altos, heroicos sacrificios 
Entre esa multitud de camiieenes. 
Que por toda la América' valí entes 
Defendiendo una causa santa y ^nóftle. 
Han vertiHo su sangre esclarecida 
En combates, cadalsos y prisiones- 1 

Mirad I esftre la sonrbra se levaiftan 
Cual por conjuro mágico evec^ridos. 
En el lecho de llamas Guatimóto, 
Atahualpa en la horca ;' hecho pedazos 
Entre cuatro cabaos, eF postrero 
Vastago de los Incas, Tupá-Amáru : ^ 
El audaz Monteagtnio, genio ilustre, 
A quien postra de un negro él torpe brazo : 
El vencedor glorioso de 'Ayacficho 
Por uno de los suyos inmdado': 
Como Arboleda, el vate granalSifio, 
Que al par de su* faeroismb' alzaba el caottf I 



Ho Ote ? iidhiBettivba ailoitíiMia 

De «n tumba «rr»car «fiíépe i •oMfoi' 
Vtofiroaiilotí'filcinmB el fcá^vrer. 
Dei valieate 9erm, imeyioñJéútí&m -: 
Obes fKWaáMm eQ^eldeMmrro 
Haeteiiile wtw por fofMrtriá» «spiraii r 
IMgar y Pamaeagva oam lasgríeitos 
lta|o 'd "ptcmo traMtor <)elo< realfotafi : 
'Siüjied cad2^ MádAo, «erieiido 
^éákáh k^mirusí M^^fooida .- 
f ae^tíé^ 'A bmq^lt^ Micdfpa 
De la América Blimkttfo y Étkim I 
f8S6. 

vm 

Les hoMtMnoB del partido (MmHiMem^ a«piraii áia 
vengama, á la perpetíiidad deieB odios; 40 <fisoteroeü 
patetttes'Aebo&oraéitidáMl, comise iUbeiGOGí*iiias4Mpatflio 
que eofietoneia, sühlefaado somepCíbilídades niMtqviBas 
de Yattidadyamor propio. 

iÜ>r«B simpleniente 1av%istoria fia ifitarrogai, twmwussh 
do la tübetíL, eotre aps&ados y 4«do80s, eomo suele asoo- 
tecerá los marinos al observar la btújnla coaado «menta 
tormeata , yqae Mppftos, aprMdtefon eo iai%as esLpfam- 
emes, 4igaíeado lasInNdlasde-Ooloaeii elmarde te 
Antillas, qoe#l ^er dadar esd priMípio do:la«JiM«- 
ría. 

T la historia, iqjaém^^SSffnStmtmm. ..:....» No 
quiero que nadteTaya4%anwse'q«eaÍiom & propósito 
yo invento deflaimaiies ipoM i Kogiílir átia gente. Aquí 
está el tomo 4:^ de'te vmstk «MüauLBc ^«aos mundos^ 
que fundé en Otatfs m t«m^7?i^ft Éaüa «Ú regreso i 
América. En nna;rti(ntfo «dfcre Ids 'Mitomillores primiti- 



..# 



TOS del Rio de la Plata, el alemán Ulderíco Sfcbmideit el 
Adelantado Alvar NnSes Gabeía de Yaca, el Arcediano don 
Martin del Barco Centenera, el Capitán Rui Díaz de Goz- 
man , y el jesoita Guevara, decía en la página 1 59: 

eai* Maestra de. las naciones llama Cicerón a la histo- 
toria , y Bossael , voz elocuente con qne desde el fondo 
de la tumba las generaciones pasadas , (^s decir, log que 
se fueron) hablan á los presentes y & los reñideros. 

Un pueblo sin historia carece de la primera condición 
de nacionalidad; es un expósito entre los dem&s pueblos. 
I Ignoran esto los que se empeñan en repudiar en todos 
los terrenos la tradición ibérica que eslabona su pasado 
á nuestro presente , su vida á nuestra TÍda? ,=jS9 

Y si no se puede repudiar la tradición ibérica, digo yo, 
I cómo ha de poder repudiarse la tradición nacional ? Qué 
puede significar esa palabra lo$ que se fuerm , sino en 
realidad los que salieron despachados para la Habana, y 
mas tarde á otros lugares de donde no se YueWe, según 
Shakespeare? . . . Esto no lo , dicen , por no comprome- 
terse , sin duda , Cicerón ni Bossuet , pero lo aSado yo 
para confundir, al difunto Lord Byron, que sin ningún mi- 
ramiento califica de embustera á Clio , la severa Musa de 
la historia , por mas que empuSe con la diestra la trom- 
peta de la fama y muestre en la izquierda un libro (es- 
crito por Yedia); á la esbelta y gallarda Musa, que es tam- 
bién reconocida como inventora de la Guitarra, y tiene 
por consiguiente todas mis simpatías : 

Dulces trovas y cantos que escondidos 
Bajo el rancho de pálidas totoras , 
En las noches de mvierno, repetidos 
Al son de la smlarra, junto al fuego, 
Dd gauoho luicantais las tristes horas. 
Acudid tumultuosos á mi ruego, 



— 361 -> 

'* . Y para reveladme lua lozwa 
Yii^oal poesia americaDa i 
1846. 

En alas de U imaginacioü hemos crutado el mar de las 
Antillas , como los pobres per^rínos de la Puig ^ j si nos 
fuera dado inteirogarlos en este momento, cuántas cosas 
instmctiyas nos contaran I ¿No hay quién pida la pala- 
bra? En vista del silencio general , veamos si nos 

ofrece alguna lección d viaje del intrépido genovés á quien 
débanos el descubrimiento de América. 

feSir Cuando Colon, en presencia de su tripulación 
sublevada , pasaba por el horrible martirio de resignarse 
á torcer el timón j renunciar al mundo que llevaba en su 
mente , si no se descubría tierra dentro de tres días; 
horas después , paseándose sobre el puente, vio cruzar 
entre la hervidora espuma de las olas, ramas de árboles, 
plantas desconocidas; un pájaro que no era marino viúo 
á posarse en uno de los mástiles ; la brisa le trajo las 
suaves emanaciones de la tierra virginal , y en esa misma 
noche una luz lejana, como estrella caida del cíelo para 
alumbrar la ruta del bajel , según la feliz espresion de 
nuestro malogrado amigo Heraclio Fajardo , reveló al ojo 
experto del audaz navegante que est2d)a en frente de la 
costa. 

Envuelta en los primeros albores de la mañana, al disi- 
parse la niebla que como tenue gasa cubría el horizonte, 
un rayo de sol mostró en toda su magnificencia, el nuevo 
Edén so&ado por Colcm. 

Los rebeldes doblaron la frente y la rodilk, y cayeran ' 
de hinojos ante el genio vilipendiado, que en ese momen- 
to sublime lloraba entornecido I 
1868. 



De cierto que ni ImwBámíow m ^éá mamamro, ai Vds., 
ni ninguna pemaa de bnii fsito dásko , oouocedora de 
la mitología pagana, encontrará placer en histomr paso 
á paso los acontecimientos 5i)perY¡nientes. Ellos los nar- 
ran y cierran íA Ubro ád pasado; paro Mtoe, uam la 
tremenda l«ceion que guarda en m» pághias mriüihiá. 
para' que lilitmiae la ooMíeBoía pibHeafsamila esia cmmé 
Qoa antoroha ie loego las trente» éülot MlpaUeg, de te 
Cómplices, 4b los-^qw its eneorraron de^miedo y la de te 
qne s^portttPOA el yngo^-^Hiiie ¡lihMf ledM 
ro, — para vergüeora 7 ^iehoom «MStra, ik que ^Me im- 
porte 4e8COMoer la^Mme diferMeia que «aiste entre 
I06 qvelFaeraBitietkttas , iiii8<& inanes «resignadis, y los 
que hayal «ida m8lriiiii6nlos4xi«oientas'd6lrmal,«iimas 
jnorte fú fin que lél «edio 7 el Iooto peraooiL 

Par lo demás, demamide sabemos qae ¿i wiba'dellavar 
la píefraá bmoiitiGa, tía de sar«M^ asieBno odaolM) 
del pMMe , loandMIadp en 4a Capital y DepartMieBlKfV 
^as hombrea mteKgeBQHM 7 prealigiMos ^ qae noda atm 
moda settoamete y ae vaattcalaalta 7 mtííiñkmBi empana 
de reonír en toraa de «na baaéira qae aespaada ¿ bsiae- 
eesidadee morales y oaterialas 4e la Madon, lat innjip 
aAmera de las faracas ^rím 7 de te eiemaadaa rcgewra- 
dopas^a todos los partidos* (4) 

eai* Observa con fnndamento el Bachiller Tardífaí- 
la, que: 

^tM miaeñas de pmüáa bao :abogaio el fénnan ia- 
<miido 4el palridtiaaM) y 4lel ppofpKso^ a 

Habla como el Salmista el Dr. Vidal (ft. loaé üa^) és 
«ngritodatioarasanammoado kmm idma-pmra^al i|ae se 
eaeapa de ana NMoaoiaBfe'eMSh 



(I) Veue el ndmero III en el Apéndice, 



i 



<«%ves>difi8il^«nra66Ara |Mlm Vmw k cabo ht'Vefofah 
don *4e las ádoas ; Ío ipe •as olifioíl m ngeoeftarlos «e* 
razones.» 

Y contesta magistralmente el Br. Regales (D. Kicardo): 

« Qae haya ciadadanos en una República, y habrán de- 
saparecido los tiranos y las opresiones: el ciudadano es la 
fmnaL,^mé\ wrbo «M derecho pottttco. 

Entonces, solo entonces, se venliaa 4o ipie tnos diceel 
Br . ükmmách am el IragnajemesoraAo , imísívo^ 7 «kt' pro- 
foBdiOad 4ie iDSfjOMieeptas^iqte d«8lt«giiiaii á w ihütre 
prtre., lelBr, ft/KdnaBdo Aceifedo. 

^Ltt^sodedadds ^pieioompliQi el designio q«e les estk 
impMata, íaadan» en d camíM áíl progiBfio jé&h fev* 
fnicML, oBwtptcada iOinreia;im«lise;la(nsa& las^efieracíe* 
Besifabttas:para41efaraMtelaQte latQbna oonMiMadai.i» 

RoMobd ttieres^ ^él ^fl^plo Mciedte de da ^Eroncía, 
Gihada<deia;aiiairq[iia., del eemintano^ dola*iaiseria,iá6 
la duncartota^ £l deahooBr, |Kir ios míadczM deiodw, 
republicanos , tm«d0railo6,,:idtoas , •cooservadoBes, ^kghi- 
mttte, «rleanéSÉ»., booapartífttas* 

Jkwonladdl milagro de anipudiloiiiiB la tisaik'de|ó 
GifláiBdr <ffii b1 pólipo ¿e la derrcita, 7 que inum .Lásaro (ha 
Imaiiafib. la AapiUüica toaafigaradode la tamba, fiar al 
jHÉriotinBOfyíeLjBber de ws.ioAd^sdaí^^ poor 

el hoBOJMotidDiáe las mas», par al tcaiíaÍD Qnla iecmcadez, 
yisofareilodD, .por k'Oíévgtea iwthadáeJos hoadnasdm*- 
pañosas etandlbiers 7 Stec-tfahoo. 



/• 



El ejemplo del gran pueblo francés nos enseña que no 
hay cuestiones insoldjles, fio hay dificultades invencibles t 
cuando en preseaéia ^e les^granUes tnales que agobian 
auna Nación, los statimieiilas^eleíados predominan, y la 
gcaa «tayo#ia de los thidadafios ae laooslnt dapoBata á 



^364 — 

sacrificar en aras de las imperiosas exigencias de la situa- 
ción» todo lo qae puede jr debe sacrificarse, m mtn^ua 
de intereses mas altos. «Jim 
1876. 

IX 

Para no fatigar la atención sobre un mismo tema, con- 
virtamos los ojos á otros objetos. 

Poco ó nada entiendo en la ciencia médica; y mal podría 
esplicaros los servicios que está destinado á prestad el gran 
espectroscopio i doble refracción , último sistema, que 
acaba de adquirir la segunda facultad de la Universidad; 
pero tengo algunas cortas nociones de física, y desde que 
la vi por primera vez, no ha dejado de hacerme meditar 
la estrecha unión en que están confundidos los colores en 
un rayo de sol, y la manera como la luz descompuesta re- 
fleja en istrias ó rayas diversas las siete tintas del pris- 
ma , aunque según Brevrster solo sean tres los colores 
primitivos : el rojo , el amarillo y el azul. 

El telescopio muestra la hermosa diadema compuesta 
de soles de distintos colpres en el centro de la constela- 
ción del Cruzero , maravilla que no habrá dejado de lla- 
mar la atención de los señores alumnos de medicina, 
cuando estudiaban en el aula de Geografía general (antes 
de las economías que Uos perdone) la parte relativa á ta 
Ck)smografía , como de seguro vale la pena para los de 
Botánica, fijarse en el extraordinario conjunto de otra 
maravilla indígena llamada : 

EL MBURUCUYÁ . 

FLOR DE LA PASIÓN 

A D. FéUx Frías 

En los hermoBOs países de la América Latina, la misión del 



— 385 — 

verdadero poeta debiera consistir en baoer siempre predominar 
en las almas el sentimiento y la idea de Dios, autor de todas las 
bellezas que admiramos, cuya doctrina es el único remedio de 
los vicios que nos degradan y de los males que nos aflyen. Es 
cosa deplorable por cierto, que en regiones tan bellas, el hom- 
bre se muestre tan rebelde á los preceptos de su Criador, y pro- 
fane con tantos errores y tantas culpas un paraíso en que pudie- 
ra ser tan feliz* 

Félix Frías. 

Embalsamando ia erguida 
Frente de mi patria hermosa, 
Hay nna flor primorosa 
Del trono de Dios caida : 
Como Virgen pudorosa 
Velada en su manto aerio, 
Ella sujeta á su imperio 
Alma y corazón:— el hombre 
La llamó al ponerle nombce, 
« De las flores el misterio. » 

Sobre el trono purpurino 
De sus hojas de esmeralda, 
Eq enlace peregrino, 
Levántase una guirnalda 
De espinas y alabastrino 
Pedestal, en cuya punta 
Tres clavos se ven que el aura 
Separa amorosa y junta, 
Cuando su brillo restaura 
El nuevo sol que despunta. (1) 

T se ven al par en ella 
Con rojo polvo imitadas 

(I) Biti flor le mtrclilta y fe cierra al ponerte el sol» y no le abre ni reeo* 
In to brillo hasta que el astro reaparece 



GioeD Ilsgifr, crai0 hQ6Hsi' 
Ve iás heridks sagradhs^, 
Qae en su santa rnísion bella 
£1 hija de Dias> un dia^ 
Bor la hnnafiidAd inqiiai 
firola^adoeo^el madero,. 
Recibió del pueblo fiero 
Que le ultrajó en su agonía. 

Y acaso CHando él; berídA 
Ya sin fuerzas,, tristemente, 
Al pecbo" inclinó la. frente, 
Sin exhalar m gemido. 

De aquella sangre inocente 
Una gota cayó al suelo, 

Y la tierra sin consuelo 
Brotó una flor de esperanza. 
Como prenda de alianza 
Entre los hombres y el cielo. 

£1 soplo de la tormenta 
Arrebató sus semillas,. 

Y las trajo á las orillas 
Que el Atlántico sustenta ; 
Aqui, dó las maravillas 
De la creación, entera. 
Como estrellas en la esfera 
Derramó la santa mano 
Del único Soberano 

Que en todas partes impera. 

Y cuandO' llegó el instante 
En que la grey castellana» 



I«*7. 



~3mr — 

la sa» ptaijQíS (ikw6 irfuia 
$11 emeia j( Itti OK tríiuiCaQte; 
Bftlld M és»ior^ radiante 
Sobre su cáliz posado 
Cotto emafi gihnieD faenado^ 
U tramilo ídealimdo 
96 6ier mnteffki simado; 
f ida ]it bK del oiOTa mndow 

Be o» rsligim soblima 
Qneágaalne tiene eoJatiarra,, 
Que toda virtud einerfa, 
Qae alif iaá leio el (pie gime;. 
Que añiiojosto noacopriae 
Inearairado^ destíoOr 
Le?Mta BB» mno al Cielo». 
Y coa la otra en el suelo 
Se la láitad el oaaÉno 
Soe^iuiratra. con santo aubdot 



£nt viste de aigonos aseHos impradeitfes, del atordi- 

■áeote'^ trareMras y. oteas dolamas délos jóvenes (pne^* 

Uoe^ oofalta ^|a|en les- incnepe de demagogos, malvados, 

dflSGiBidDi^ f dolare cal^[óricamente giie con eilos no 
se poedeir á ninguna parte^ sin aptt'dbir^e de qu&W 

teses mas bravos por el umína se hacen bu^es^ j que 

no baf otros mejores ^aca arar hondo,, aunque el surco 

no salgamay derecho. 

Os voy á contar un cuento : 

lOr^ Erase una altiva castellana que tenia un hijo lie- 
no^de talexklo ,, valiente , ganeroso , peco mny disi[mdo y 
calavera. 



— 368 — 

La madre qaeria casarlo con ia hija del mas poderoso 
magnate de la. comarca; pero la niña era capaz de dar un 
saslo al mismo miedo, y el doncel haía de ella como el 
Diablo de la Crnz. 

Exasperada le madre consiütó á una gitaca qae pasaba 
por bmja^y la gitana le afrecid volrerle sumiso y cararle 
de todos $as defectos, á trueque de «m pacto infernal. 

Aceptó la madre cegada piar el oi^gullo y el deseo insen- 
sato de avasallar todas las resistencias que se le oponian; 
poco después el jófen* se volvió taciturno, perdió sus 
bríos , abandonó á sus wiigos y á sus queridas, obedecia 
á todos con una simple mirada, y riendo como un idiota 
daba su mano de esposo á la horrible novia. 

Al volver de la iglesia se apercibió la castellana, al es» 
trechar á su hijo entre sus bras^, que se habia convertido 
en un autómata. La^gitana le habia robado el almat «^IB9 
1871. 

La moralidad de este cuento , según la santa mujer que 
me lo contó, siendo pequenueld, y que me hacia abrir los 
ojos y mirar á mí alrededor asustado, 0ra que el diablo 
volvia zonzos y se llevaba á los niños malos. Ahora que 
soy viejo , la esperiencia de la vida me ha enseñado, que 
para vencer al maligno hay qtte tomar á los que pueden 
ser obreros del bien, con sus virtudes y sus defectos, coa 
sus buenas y malas cualidades ; con tal que las primeras 
superen k las segundas , y se acepte como medio de en- 
tenderse, la regla trazada por la sabiduría de los siglos 
para librarse de las pésimas consecuencias de la exagera- 
ción en todo: ni abdicación servil de la razón, ni rebelión 
insensata contra las verdades del orden providencial j 
eterno. 



* * 



« Hállanse dísueltos los partidos tradicionales. ' El ín^ 



teiés de h patria, dBBaagrada por sos loickaB de cu- 
renta anos, rechaza como un pensamiento saerítogo el de 
kk reargaÉoacíoA de esos partidos. — Lof progresas de 
la rjz#a ipábüca pemíten ya^ por oira fiarte, deid^ 
«Iros rUnfaos al peosamiento poUttco de los ciodada- 

«La eesfiattza no se restaJileoerá mno ctm d reinado 
^e las íAStftiíaíoMS , tfoe eocadeiiaQ la fuerza al serrick) 
de la lejr, kijo el mando esdusivo de los magistrados cpe 
la ley consagra. £1 reinado de las instituciones, que reem- 
plazan el 4»piidio kdíí^idflntl j paralizan el efecto de los 
estrams del noipeoto , tún las reglas de mecánica social 
trazadas por la eKperíeftcía y ia fabidarla de los siglos. 
£1 reroado^ las instítoetones , om sns liberUdes orde- 
nadas , SUS derechos armómcos^ sas garantías tutelares, 
sos respofisabitidades severas , sus formas mesuradas y 
prudeoles, qse constítayen i la vez el lastre y et ticnoQ ée 
las sociedades moderaas. i^ 

£stas doclaruMnes dd M<mifie$to sóa terminantes y 
corroboran lo qi^e espusimos en Ifts sjgaientes lineas, •es- 
critas hace (treinta aios : 

ec^ El mal esti-ea las cosas mas <}ue en los hombres, 
y nada se consigue con eliminar ó suprimir á estos, cuan- 
do aquellas están dispuestas á producir otros nuevas. Es 
ley constante que las mismas causas produzcan siempre 
los mismos efectos. En pos de Mario vino 8ila: César ase- 
sinad^ . renació mas terrible en Octavio^ y en esa larga 
serte de emperadores^ entre los caales, á Yuoka de 
hombres grandes, bubo tantos imbéciles que entregaran 
ala señora del -mundo, atada 4e ptés y manos á ia «afia 
de los bárbaros. Los tiranos, dígase lo que se quiera, no 
son mas que una consecuencia lógica, y á v«es negesa- 

24 



— 370 — 

ría , ( 1 ) del estado moral é inteligente de los pullos 
que esclavizan. 

Séanos permitido decirio : Rosas jamás se hubiera en- , 
caramado al primer puesto de la República; nunca hubie- 
ra cometido los escesos que han escandalizado al mundo, 
si en las tradiciones coloniales, en las condiciones físicas 
del suelo, en la ambición de los caudillos, en la ignoran- 
cia profunda de las masas, en los* odios de raza, en los 
instintos ciegos y feroces de la parte inculta y viciosa de la 
población de los campos y ciudades, en ios estravíos de 
¡os partidos , en los intereses encontrados de cada locali- 
dad, y en la relajación de los vioculos sociales por la guer- 
ra civil y la anarquía, no hubiese encontrado ya prontos, 
ardiendo , y en estado de arrojarlos sobre el yunque, los 
férreos eslabones de esa cadena, que él supo labrar con 
su energía , con su perseverancia y con sus crímenes: 
cadena tan fuerte que la Europa en mas de ana ocasión 
intentó y no pudo romper, y que tanta sangre, tantas lá- 
grimas y sacrificios ha costado á los pueblos del Platal 

Un trabajo severo y concienzudo sobre aquellas regiones, 
que las examinase á la luz de la historia y de la filosofía áe- 
ría muy conveniente á los demás repúblicas hispano-ame- 
ricanas , á la Europa y principalmente á España. ^=^^9 

1830. 

XI 

«Ha llegado la hora de cerrar el periodo de las disensio- 
nes armadas; y podemos asegurar que m se reabrirá por 
la iniciativa de los hombres de principios. — El supremo 
derecho de revolución, que no desconocemos, queda por 
tanto excluido de nuestro programa actual.» 



(I) Empico It [fealahn en el sentido de fatal ó Inevitable que le dría BlosoCíi. 



— 37i — 

¿Seguiremos como basta aquí, condenados al su- 
plicio de Tántalo, que se moría de hambre y no podía 
alcanzar las frutas que herían su frente; que se moría de 
sed y no podía beber el agua que le rozaba ios labios?... 

¿Seguiremos entregados al azar, sin ^orte, sin bandqra,^ 
sin vínculos de cohesión que nos estrechen y unan á pe$^r 
nuestro, divididos en tribus enemigas, siempre en acecho^ 
prestando siempre el oído al redoble del tambor, el pié en 
el estribo y el sable en la mano, prontos siempre á ceder 
á las sugestiones de no sé qué espíritu refractario, agreste 
é insociable, reflejo de la América desierta y salvaje que 
palpita lo mismo bajo el poncho del gaucho ignorante, que 
bajo el frac del americano civilizado? 

Suponiendo un estado de cosas deplorable y una situa- 
ción nada lisonjera; suponiendo que tuviésemos los me- 
dios y el poder de hacer preponderar momentáneamente 
por la fuerza la buenas doctrinas, ¿conviene política y 
económicamente hablando, promover revoluciones para 
llegar al objeto apetecido; ó vale mas esperar que el 
tiempo y la extinción de las influencias deletéreas á cuyo 
abrigo han nacido y desarrolládose todos los males y abu* 
sos, que desde nuestra emancipación hasta el presente 
nos han llevado y llevan de Herodes á Pilatos, sequen las 
raices del árbol maldito que cobija bajo su sombra mortí- 
fera á la ambición, á la discordia, á la anarquía, al despo 
tismoy ala miseria?... 

Me inclino á esta última solución, ü^ada importa que 
ardienteráfagade verano agoste una planta que al morír 
deja cubierto el suelo con su simiente, mil veces mas nu- 
merosa y lozana. La tierra amiga que la hospeda en su 
seno, no le negará sus jugos vivificantes, y los primeros 
rayos del sol de la guerra y las primeras brisas impregna- 
das de polvera, harán brotar á centenares nuevos y mas 
vigorosos retoños. 



— 372 — 

La libertad no se GOnqnisfat; se adqoíwa i faena de 
inteligeneíay de viitad. Nd sale de un háchale testida dt 
todos sos atribatos, como ttíoerva de la frente de iúpíier; 
nace entre lágrimas y gemidos, crece jse desarrolla com» 
el hombre.— Abrasada por sorpresa, no se retiene sino 
coronándola con la cíTÜízaGÍon, f la civUtzacioa á sa ws 
erije cadenas de oro. 

Las revolc^iones, escepto en mny se&afados casos, se 
las dan de hierro, porqne cnestaa tan caras, que per la 
fegntar arruinan á tos pueblos. Levantan y crean nuevas 
entidades; sustituyen unos abusos por otros; nulidades 4 
nulidades; hambrientos á tiartos; pero en snma ^vwlvem 
los mismos perros con diferetHes c^ííoreí .» (t). 

Sin entrar en los efectos morales, porque ahora b«sco 
mis razones en los heches eeoaémfcos, veo que doquiera 
j en todas ocasiones se reproducen constantemente los 
fenómenos qne paso á enumerar. 

La revolución vencedora, entroniza uno 6 diez caudillos» 
nuevos ó viejos; vencida, abre ancha puerta á las iras dei 
poder triunfante, y de su tumba salen los estados de sitio, 
las venganzas, las prisiones, los destierros, las confisca- 
ciones y fusilamientos en masa Abt estala historia 

destilando sangre y lágrimas de cada uoa de sus páginas, 
para los que quieran estudiarla. 

Entretanto que se decide la cnestíon, porque no si^ii* 
pre las revoluciones se hacen y duran veinticuatro horas, 
el Estado languidece y se extenúa como el individuo que 
aposenta en sus entrañas una soKtaría 1 A medida que se 
prolonga la lucha, se muRiplican los anillos del matador 
reptil, y c ada anillo es una nueva solitaria I 

Los obstáculos materiales, hijos del desorden» de lai 



KI Pilabraf deFanamlo TH. 



— 3 »3 — 

liitadeaedtoS'detraMfMtei.dela MnpacioQ de ciecta» 
iMaUdadaspor el .oo^n^v paraló» ^a>meráo é ío^^ 
dM á les productos ^pe llegoea á sa destiAo; ]meoti:a& la 
dcfiOQolaMaf aoaiedadgeoAcal» lataráaaza ó sospeBsifliQ 
de fK^oft, ia rebají^ eada4ía msg^t en kt demanda y la 
eferta, éeo otras térayaos; la escasez de produfitores j 
€fiii9uúáeres tcaefr&bteeote la estaacacíoa del Uabajo 
y del comercio, las quiebras inevitables, la depreciadon 
de todos los valores, el gasto improductivo de las econo- 
mías anteriores, la ruina de las fortunas acumuladas en 
largos años de laboriosidad y constancia; la emigración 
áe las capüales q«e sobreaadaa ea ú naufragio y la de 
iaipersDQtt ñas iaboríosas é iokdigeiites, pobres y ncas« 
%ue poedaü alc^anseráD^iesgo, tayeodó de los pe%ro&, 
4elazQMbia,46liEalestari,del ahaümieato, de la pobre^ 
za, át iaffliiMrn» fiAe la deanaFaKzackiQ f eaerales. Si á 
ifiaiít«aeÉMtal,deaQad«Ias4^eBfatbufik)BM de ¿Berra 
jlMdon¿ii»o$vi0Í$miari0á^Mie^wi9^^ lanza 

éfMomeÉtt$«se«MipcBndftrá caia boadas y naoilaies 
soííOk bit berídafr de bk saeiedad desdkbada 406 se ira ex- 
pMSÉa cadasaístteses i tea rados y violentos ataques* 
Ikichasáviay HHicka vitalidad ibay afortaaadmaentp m 
iw ipneblea S«d-Aflien6aMV<^aMdo aesíst^a na aioj 
411*0 ¿tantJtt eaiifia&raoa*dasdedídelBiaieaymaerto« 

Al «amparar lo q^m 4 teste jnei^ctase v<é*.ea £arapa, 
donde basta la votación de una ley « la caída da aaiaiaisr 
4Mrk> « la pendida de b& ceraalas ,. uaa tf isis iada&triai^ un 
Bittem ia¡po6skk , fara^eaóoaar les aaas ipandea oooifiiiv- 
4es; alMED<d packaila eapeiaoza,5 aeafid mas que iiaaxa 
mk ¡H pateraal hoaéaAde la PiToaideacáa. Adelantel pues* 
Sraa deraiayeasMis. ^latadaft por tí. patmatl^no y par la 
cMm » aatDMaea con pMa fime ea el caaúnd de las re- 
iom9íB, f pfaatejM& olvidará el paiado« se remedkcá el 



/ 



— 374 — 

presente y el porvenir nos compensará con usura los sa- 
crificios que le hagamos ; sacrificios que no deben asus- 
tarnos por grandes que sean , sí recordamos la máxima 
predilecta de uno de los patriarcas de la libertad anglo- 
americana. » Es la esperiencia una maestra , cuyas leccio- 
nes cuestan muy caras ; y por lo tanto, para no arruinar- 
se inútilmente , importa sobremanera no olvidarlas ja- 
más. » 



1853. 



* * 



No de ahora , sino de muchos años atrás, «estoy intima- 
mente persuadido que solo bajo el imperio de las ideas 
que proclama el manifiesto puede salvarse el pais con el 
concurso de todos sus hijos, que las acepten franca y íea(- 
mente, sin segunda intención ni restricciones mentales. 

ft^r* « Mucho tiempo hace , decia Royerd-€k)llard, 
que los acontecimientos políticos principalmente, son eo 
todas paMes una grande escuela de inmoralidad.» Nuestra 
sociedad gravemente enferma en España y en América, 
necesita mas que nada robustecer el sentimiento moral. 
Donde él domina, toda mejora , toda reforma , todo pro- 
greso es fácil y hacedero. Su soplo vivificante es el aroma 
que purifica á los hombres y á las instituciones, y les im- 
pide corromperse al contacto mefítico de los intereses y 
pasiones del momento. 

El saber y el talento abimdan, y sino abundan, se sus- 
tituyen con mas ó menos facilidad por otras cualidades 
equivalentes. Lo que no abunda , lo que no se sustituye 
con nada , lo que sobre todo necesitamos, son caracteres 
elevados ; almas varoniles , espíritus rectos y generosos 
que solo rindan culto á los eternos principios de justicia 
j reciprocidad, fuera de los cuales nohay ;?ara todos, sino 



— 375 — 

desunión y anarquía, despotísmo y miseria; sin los cuales 
los pueblos y los individuos andan, para valerme de una 
frase de la Escritora, como las oVejas sin pastor, vagando 
descarriadas por las pendientes del abismo! JSy9 
1855. 

Xil 

Ya me parece oir á los que se imaginan qjie no preten- 
demos otra cosa que constituirnos en pastores del rebano, 
pero hartas pruebas tienen dadas los hombres del partido 
constitucional de su desinterés, y en lo que me concierne 
adopto como mió el dictamen consignado en la susodicha 
pieza «EN LA CUMBRE»; dictamen que expresa en verso para 
mayor claridad el protagonista, meditando sobre pasadas 
grandezas de que tuvo su parte como qualquier hijo de 
vecino. 

Llena de admiraciony agr^tdecida^ 

Siempre y doquier la humanidad ha alzado, 

Tal vez en su homenage algo tardía. 

Mas justiciera al fin, un monumento 

Al gran hombre de Estado, 

Que en holocausto le rindió su vida; 

Pero el Poder no vale 

Por si solo, el tormento 

One á la ciega ambición guarda en castigo. 

No vale, no, no vale 

La hiél que brinda al malo como al justo, 

La continua acechanza, la sospecha 

Que en el alma se clava como flecha, 

T dó entra una vez ya nunca sale; 

El zumbador enjambre 

De insoportables tábanos; 

El clamor infernal de la jauría 



— 3TO — 

Qae sis descanso ladra^ 

GoD razón 6 por gusta. 

De (Mor 6 de klmbre;. 

La baba de la eftf idíjk repetente. 

Que en el odio salvage que la anima, . 

Ruje si os ve en el polvo, 

Rabia si os ve en la cima; 

l>e la mfaiM cahunnta laiosoteocia; 

lili vknfb saogñenlo; 

La iva reconcritradaí qpe palpita 

Ed el pecho oleerado... La impotencia 

Bel Poder.... j quizá e^ hora maldita 

De rértigo j tocara 

iDfHe i Dios et gusaBO desafía, 

Qwzá el crúMftt qfmk el reiiordfmi6üto> 

Que torvos le acompañan noche y dia! 

I Atrás larvas, faatasmaSt tentadora 
Legioa qae hacia A abismo ao» estpiya, 
Morada del precito; 
Engendros de la noche y de la fiebre. 
Placeres, vanidad, dicha mentida. 
Vosotros no apagáis del inímito 
La inestinguiblesed que nos devora, 
CBando eii el tariño espejo de la vida 
La sombra de la muerte se dibujal 
Febrera 1» de iSa». 



♦ *- 



^ Concedo sin dücaltad que el ma»ífi£si(^ do sea perfecto, 
atributo que no se conoce e& este oiMre' planeta y que 
tampoco existe en ningoaa parte, siiiai como ente de razón, 
en la cabeza humana, $egm 69c«e^ filoeóftcas hoy muy 



— 377 — 

ea voga en Earopa j éa Améñcsu Se rnaaeca qoe tan 
{gratuito aserto no pneda escaadaliiar a los paertidark» de 
esas caosoiadoras doctr¡naa« 

No niego qae los partidos de ideas suelea adokeer del 
esclusivismo sectario, de la arrogaacia aristooátí^a ({ue 
les hace creer eop adorable candor que^ sae basta» y se so- 
bran, sin etcoucarMdeolros, paita pasar i píi enjuto el 
mar rojo del despotismo ó de la gaerm ckvíI; cuando to- 
davía yace dormido ó aletargado el Moisés— pueblo^ único 
capaz, sostmido por el soptoqae viene de arriba y que le- 
vanta ó abate alas naciones, s^gun obedecaa ó $e rebelan 
contra su iaflióo,, — de abrirse paso coa la vaia xnigica 
del entusiasmo y el patriotisHK> por. entre' las aguas del Pié- 
lago que noe circunda, cuando tal vei las cuadrigas de 
algún Faraón uruguayo, avancen rriampagneatudo coaao 
hórrido nublado^ cubriendo la llanura con sus careos y 
gineles. 

Tampoco entraré ahora en discusión sobre di espirita 
individnalista , insubordinado , refractario á tedo lo que 
contraría su manera de pensar y sentir ; tendencia que 
convierte á muchos hoosbres,, esceleates por otra parte, 
en pilas eléctricas que mujen y chisporrotean al menor 
átomo que les roza la epideraúsw. 

Siendo la política movimiento,, vida, progresa, renova- 
ción, esperanza ¿ qué espíritu superior potóa petrificarse 
dentro de fórmulas inmutables y mezquinas, tan estrechas 
como las fajas que ligan de pies y manos ¿ lais momias 

egipcias? A quién no atrae y seduce A delicióse gra- 

po, según refiere la historia antigna^y ellujo ofimkíl con 
que salió Cleopatra al encuentro de Autonio? 

Nos llevaría lejos el examen de los inconvenientes que 
acarrea , cuando el suelo tiembla bajo los pies, permane- 
cer ciegos y sordos á las realidades de la tierra, y si es 



_ 378 — 

permitido entonces absorberse en elacabraciones abstrac- 
tas de metafísica política, ó en la verificación de teoremas 
inflexibles de matemáticas , como el físico griego y el pan- 
teista holandés. 

ftsr Arquimédes absorto en su problema 
No despierta ante el hierro del Romano, 
T la lengua |oh baldonf de Talio insigne 
En la tribuna clava impía mano I «J^9 
1848. 

Nadie ignora que es grande el mérito de las fábulas; hay 
algunas que han llegado desde Pilpay hasta nosotros y 
cuentan mas de cinco mil años. ¿Nos les parece bastante 
instructiva la del huraño y soberbio Rey de las selvas, á 
quien se le mete un moscón en el oido y de tal modo lo 
saca de quicio, que cae prisionero dentro de una red; y 
¿quién le salva?. ... un pobre ratoncillo que roe con 
sus dientes los hilas y le permite asi meter las patas y 
despedazar sus grillos. 

Pilpay, Ling-Kao ó el que sea autor del apólogo preten- 
de que en la guerra no hay enemigo chico ni aliado por 
mas humilde que parezca, que en su caso no pueda pres- 
tar servicios importantes. 

Llegamos aquí , á la unión, alianza , confederación/ ó 
como ustedes quieran llamarla. 

La piedra del Evangelio que ninguno puede remover 
solo ; el haz de mimbres que resisten unidos , y roto el 
lazo que los ata, se quiebran con la mayor facilidad; las 
diestras simbólicas del Laurac-Bat que ostentan en su es- 
cudo las provincias vascongadas , todo justifica la lectura 
de la siguiente leyenda uruguaya. 



— 379 — 

XIII 
HOMBRO CONTRA HOMBRO 

ó LA VENGANZA DE GUAYMIRAN. 

Eotre las varias tríbas que poblaban el hermoso terri- 
torio qae hoy forma la República Oriental, los gaaranies 
ocapaban un lagar prominente, aunque en guerra abierta 
con los charraas y los fnamaluco$ del Brasil, sus impla- 
cables perseguidores , que les daban caza como á bestias 
feroces , los herraban y vendían por esclavos. 

En una de las muchas invasiones de estos, ios guara- 
níes, confederados, hablan reunido un poderoso ejército 
y estaban acampados en las inmediaciones del Uruguay. 

Las reyertas y rivalidades tan comunes entre ios caci- 
ques guaraníes, ocasionaron un rompimiento, y próximos 
á venir á ias manos , cada uno se retiró con su gente don- 
de mejor le pareció. 

Uno de los caciques, Guaymiran, el que contaba mayor 
número de combatientes, logró vadear el rio y se guareció 
en la vecina selva. 

Los demás formando alas paralelas marcharon hacia el 
norte. 

El enemigo que acechaba sus movimientos, cuando los 
vio divididos y bastante lejos uno de otros, cayó sobre 
ellos y los fué batiendo en detall. 

Los que escaparon de aquella espantosa carnicería, an- 
duvieron tres dias y tres noches vagando por los montes, 
perseguidos siempre por los mamalucos, hasta que muer- 
tos de hambre y de frío pudieron llegar á las márgenes 
del Uruguay , favorecidos por la oscuridad de la noche. 

Estaba muy crecido el rio y habia vara y media de agua 
sobre el paso, que era un estrecho banco de arena. La 
fuerza de la corriente ponía espanto, y los baqueanos de- 
clararon que era imposible pasar. 



— 380 — 

Los fugitivos, cuyo númeno crecia por instantes, llega- 
ban, y al ver á &w compañeros detenidos poirtAquel obs- 
táculo insuperable, se sentaban tristemenie á la orilla del 
rio, escondiendo la cabeza entre sus manos. 

Ktaipezó ád^^poiAtar el alba y á divbacae en kmtanuza, 
ea la cambie da las lejanas oicbiUas» las Jiordaa<k Jos 
mawJttGOSt, qM littSffiddbaa su j^ite^. 

Xas Hiqíer&s y aíSoSxraim^iMOQ eB;sdUaiQB f giotidos. 

A^aos ImmbMs «conrierpa kistiütíTaBiMte hhekL ia 
orilla, peno al tocarla, retrofiddieroa amedfenttdcis.yoF^I 
JH^nfinte fispectác«lo*qii6 ofoecia^dUrqgoaj^idetiboíd^ 

Un jó^en.aJta,, irübutot, de ^igopAsa nmfwkífra y >fis- 
Gfileate nadadoi;, detúw&9 únicameQlB« y^ocmfifido ñu aa 
dfistsds^ ÍAB SQiS Afirvids de Mwte^^ se yrecipto w el rio. 

^too j otaos le signieceoi. 

tLufikauBoa i&a m^mmoío^.^^ . ^ro dabttítados per el 
cansancio y la falta de alimento , remoÜAeiMrQBi, y dasisti- 
ihidodo^iia: .ancha circulo, des^parecienoB arrebatados por 
lalii£«i&a^e lacorrieiite. 

Poco después sus cadáveres flotaban sehre tas^dlasi 

fiorrible desesperadon Ste a|KKlaró del aliaaik losigua- 
raníes, y de nuevo los niños y mujeres ensordeciecu el 
aire coa sasaUridos. 

losqoe se eocaatcaban st^oros eo la setoitacoAienm 
al tumulto desde la orilla. Qpaesta, y una soatisaisatáiÚGa 
jlamin¿d^álido iH»stro dat viengattva Goayiakin, (paca- 
pÁtaMaba.aqfifillai tñbu, laAni^a qoe se, había ssdiuidlQkdbl 
desaatire geoaffaK 

iE& resto na grito fonuidaUe j^etitiabá eiiialaap^ 
el&aedori^idio deua troana: los eMBÚgos ababan 4e 
divisar á los díspejrsos. 

— fMiej(0dB0S hermanos !-*gr¡tó an anciaftoiacBfíaa, 
díníiéBd<m á sus antí|pos^on|a£avoa>*«4o&i&a^ 



— 381 — 

despaes de degoHarnos pasaráa el rio mañana y ttarán la 
mismo con vosutros* 

El cacique pareció reffexionar, y tm marmiñto de com- 
pasión se levantó entre sn tríba. 

Las mujeres ; fos niños y los heridos les tendieron sus 
brazos. 

El sol rompió las^ densas nubes qne lo envolvían f trepó 
lentamente por el horizonte, iluminando con rasgos dé 
fue^o aquena escena desgarradora. 

—Si, es preciso salvarlos— esclámó un joven entusiasta: 
—caerá sobre nosotros la maldición de Dios y el desprecio 
de los hombres si no lo hacemos I 

— ^Uoidos, somos invencibles, tornó á decir ef adivino; 
pero aislados y hostiles seremos la presa y el escarnio 
de lasí tribus mas despreciables. 

fta^q^nirán levantó los ojos á el astro, símbolo de m 
común cneMía, y herido en la pii{ñla por $a Ioe irresis- 
tible, sacadló su larga cabellera como si quisiese arrojar 
de sí los malos pensamientos qne le dominaban, y vol- 
viéndose rápidamente al viejo adivino, le gritó: 

—Qne cien hombres de los mas Tnertes, enlazadas las 
manos con las manos, hombro contra hombro, se adelan- 
ten en linea recta sobre el banco bástala mitad del rio. 
Nosotros haremos lo mismo, y formaremos así un estre- 
cho canal que sirva de tránsito á los débiles y de invencible 
barrera á la pujanza del río. 

Asi lo ejecutaron, y entonces á favor de aquella muralla 
de pechos humanos, asegurándose en ella, el resto de los 
fugitivos pasó y trasladó á la otra orilla á los niños, á los 
heridos y á las mujeres. 

Cuando llegó el feroz mamaluco encontró la playa de- 
sierta; pero confiado en que bajase el río, sentó alli su 
campamento. 



382 — 

Los gaáranies derrotados, ganáronla selva, comieron y 
durmieron tranquilos esa noche, y restablecidos de sus 
fatigas,'en la madrugada del siguiente dia, aliados con la 
numerosa falange de Guaymirán,. sorprendieron á los 
mamalucos y no dejaron uno solo con vida. 

Pueblos del Rio de la Plata y de toda la América espa- 
ñola, partidos que por diversos senderos perseguís un 
mismo ideaU el imperio de las instituciones, el bien, la 
felicidad de la Patria, imitad en la buena como en la mala 
fortuna el proceder de Guaymirán: unidos sois invenci- 
bles, pero aislados y hostiles, seréis la presa y el escarnio 
de las mas despreciables tribus. 
1857. 

«Hagámonos conocer los unos k los otros; tendámonos 
las manos en todo el territorio de la República los que sen- 
timos una misma sed de libertad, de orden, de moralidad 
administrativa, de gobiernos regulares y estables.» 

XIV 

«Nos consideramos total y solemnemente desligados de 
los antiguos partidos; é invitamos á todos nuestros compa- 
triotas de corazón bien puesto, á formar y robustecer el 

GRAN PARTIDO DE LAS INSTITUCIONES LIBRES.)» 

El llamamiento como se vé, no puede ser mas general: 
en buena lógica no escluye ni á los que en conciencia po- 
dría hacérseles algún cargo, desde qm hayan llegado á 
convencerse de su error, para lo que no se exije actos de 
confesión pública ni golpes de pecho, sino simplemente 
fírmar el Manifiesto. 

Encuentro este proceder muy ajustado á las ideas rege- 
neradoras, conformes con la sana doctrina ortodoxa, que 
en este punto es la mas racional y profunda que conozco. 



— 383 — 

La rehabititacioQ por la enmienda posible, aun de tos 
mayores pecadores, ha inspirado á Tirso de Molina el 
bello drama titulado: Quien no cae no te levanta. 

Pero entendámonos, á condición de que el arrepenti- 
miento sea sincero, y respondan las obras á las pala- 
bras. Lo esplicaré en verso para que se grabe mejor en la 
memoria , y para salvar cualquier duda. 

Este es udo de los puntos mas delicados, en que se hace 
indispensable aplicar la hermenéutica política, según oi 
decir en una ocasión frente á mi casa. Se trataba de una 
viva discusión que sostenía un curial (no pude verle la 
cara porque estaba de perfil y se la ocultaba la penumbra 
de la nariz) con dos amigos, en la interesante actitud que 
describe el patriarca de Ferney, cuando uno que ignora 
una cosa se la esplica á otro que no le entiende. 

ftCgr FIBRAS VITALES 

(A un caído J 

• Lldit—DO por la'Tida ó la flctorja, 

lUs lidia por tu honor..... 

Julio ArMeda. 

En la cuchilla y el llano, 
De fresca sombra cubierto 
El ombú se eleva ufano, 
Siempre á los ranchos cercano 
Como el genio del desierto ; 

Pro teje el pajizo techo 
Y brinda con mano franca 
Al viajero abrigo y lecho : 
El huracán mas deshecho 
De su base no le arranca. 

Puede con mortal congoja c \ 

En la recia sacudida 



— 384 — 

Var Toiar boja tr^ hoja; 
O €J rayo qne «el cíelo arrefa 
Calciaar su co|ml erguida. 

Mae sioo tocan las ilanUiS 

Las raices protecÉoras, 

Ta savia, ombú, áesparcaioas 

Y pujanfes, virídoras. 
Haces brotar mievas ramas. 

Así el hooibne que al embate 
De las pasiones ó el vicio 
Cediera en letal combate, 
Bandido ea el precipicio. 
Si eas« pecho ocnHa late 

Una sola vital fibra 
Que electrize su alma yerta, 
Ante el rayo que ella vibra 
De su letargo despierta, 

Y de la muerte se libra. 

Como el árbol de la vida, 
El árbol de la conciencia, 
Aunque tronchado, escondida 
En sus raices anida 
Su reparadora esencia. 

Y sino tocan las llamas 
Las raices protectoras. 

Tu savia, oh virtud I derramas, 

Y potentes, vividoras, 
Haces brotar nuevas ramas. 



tJ " • m t-( 



— 385 — 

Ea el mas impuro seno 
Puede matar el Teoeuo, 

Y en lamas villaua frente 
Borrar la mancha de cieno, 
Quien se humilla y se arrepiente. 

Le basta un sublime anhelo 
^ Para elevarse del suelo 

Tan alto que al mundo asombre, 

Y si perdona en el cielo 
Dios ¿será menos el hombre? 

Alma pecadora, escucha : 
Tu esfuerzo'no te avergúence 
Aunque tu afrenta sea mucha ; 
La redención es la lucha, 

Y el que lucha con fé, vence I 

1864 

En alta ó bajo posición, aclamado ó maldecido, el que 
aspira á vivir en la memoria de los hombres, debe servir 
una causa que les interese. 

El que ha trabajado y vivido únicamente para sí, se ha 
repetido cien veces, puede aislarse con soberbia ó misan- 
tropía: el olvido se cierne sobre su nombre y sobre su 
obra efimera. La posteridad no se acuerda, ó desprecia 
al que nada ha hecho por ella. 



* * 



«Debemos decirlo con franqueza y con lealtad. Asi como 
el patriotismo duda, con angustia, si hay todavia en la Re- 
pública fuerzas vitales para resistir á las consecuencias 
de una nueva Dictadura ó de un nuevo año terrible, no 
es menos grave y fundada esta otra duda : si hay fuerzas 

25 



• 

vitales para soportar el cataclismo de una nueva convul- 
sión armada — Preservar ilaRqffcública de esa eventuali- 
dad dolorosa, es otro de . lo;$ 4ei)^res solemnes que la 
situación impone á todos los ciud^ktldJaiQB reflexivos j 
capaces de abaegaciou patriótic;a. 

• ••••»•••••••••••• 

« Este esfuerzo que debemos á U restauración de las 

instituciones, es una aspiración de libertad, es un propó- 
sito de lucha, porque las instituciones tienen todavia 
pnemígos numerosos; pero es tambiea un propósito de 
paz y una invitación á la concordia, porque no podemos 
ni debemos emplear sino los medios rigorosamente paci- 
ficos, rigorosamente legales. » 

XV 

La educación política por el ejercicio ordenado de los 
derechos y deberes del ciudadano, paaiendo á cada cosa y 
á cada uno en su lugar, corrijo los matos hábitos, engen- 
dradores de la discordia y el desorden; la conversación 
diaria entre correligionarios por medio de un ócgano ca- 
racterizado del partido, bajo la dirección del comité 
central, además áe segundar la acción patriótica de los 
ya establecidos, como dice el Manifiesto, vertiría mayor 
raudal de luz en las inteligencias, doble vigory calma en 
los corazones abatidos ó ulcerados; enfrenaria la anarquía 
y la confusión de las ideas, y daría la palabra de orden. 

Los hechos hablan cuando los hombres callan, niegan 
ú ocultan la realidad de las cosas por obcecación, temor, ó 
conveniencia. A veces el barómetro político sube en 
horas del frío glacial del polo á los insufribles ardoms del 
trópico: — las situaciones mas discordantes se 'suceden 
sin transición como los golpes de un reloj descompuesto, 
que marca una hora y dá otra: todas las previsiones que- 



— 387 — 

^u^bitrladas: la esfinge se íergiie ateirradora,. ; hay que 
al)alitla)óís6r'(l)ehH)ra(idp0i}/eila: -1 

iq«resaltai(f' se toca^ <üjj;á]aosk) aai^^po^diró la^ eposi- 
cáoftt peM sil el'.abismo» que medía -eotm el ideal y la 
reaMad. 

Oonfieso-hamildemejile que cuando me I)e ecucontrado 
bnaO'áhraaocoQ lad^cattad,* en caeslioae^ de vida ó 
muette^ no he/dneonlíirado otra salida qiia...« el posibilis- 
meHr/aJaDqad^aaraatrareaando» sino habla otro remedio, 
por en medio del bajrro (I). 

Los que mehanoido en la cátedra conocen mis ideas 
á este respeto, qae no son de ahora^ sino muy viejas en 
lAí; pero debo imasucintaesplicacion á los que podrian 
eoo sobrada razoB tomar la cosa por* mal lado. 



ik * 



Eo presencia de los luctuosos sucesos de Noviembre do 
Í855, q^ueocorrieron dos dias antes de mi llagada de 
Europav triste, ^batido, profundamente impresionado por 
el estado en que encontraba á los partidos y á los hombres 
en mi patria, después de nueve años de ausencia, escribí 
la siguiente página. 

QíjM^ Desengañémonos; la incapacidad auxiliada por 
la fuerza mandará, pero uo gobernará; precipitará y no 
evitará ninguna catástrofe; como la inteligencia, sin el 
franco y leal apoyo de los que, sea por lo que fuente, arras- 
tran á las masas, no logrará tampoco echar raices pro - 
fundas en las altas regiooes del poder. Ocasionará 
oonflictos y violentas reaccioaes, fatales ala. p;^, al orden, 
á la legalidad: servirá, de prete&to para justificar todos los 
escasos de la fuerza triunfante y desbordada! 

Yo te lo digo con lágrimas en los ojos, inteligencia; yo, 

f<) Vtftse elnthnero I? del Jpéndiee, 



— 388 — 

tD mas sincero admirador; yo, que creo haber comprado 
coD algunos años de mdo aprendizaje d derecho de con* 
tarme en el número de tos hijos; yo, que si algo sé, si 
algo soy, te lo debo á ti, solo á ti ! pobre flor del aire que 
no tienes asidero en la tierra, temblorosa y cubierta aun 
con la lava de sos mil volcanes: flor qae el menor hálito 
arranca de la rama á qae estás snjeta, todavía por mochos 
anos necesitarás del calor artificial de los ínyernácolos, 
que en los helados climas de la Europa, permiten desarro* 
liarse espléndidas y lozanas á las bellas diamelas delEdem 
Americano I 

¿Qué nos resta, pues, que hacer? Nada; intentar que 
prevalezca hasta donde sea humanamente posible este 
consejo de Pascal: mEs justo, que lo que es justo se siga: 
es necesario que lo que es mas fuerte se respete. La 
justicia sin la fuerza es impotente: el poder sin la justicia 
es tiránico. La justicia sin la fuerza se vé recusada, 
porque siempre hay perversos; la fuerza sin la justiciase 
vé acusada. Es preciso por consiguiente jponer de acuerdo 
la justicia y la fuerza, y para eso hacer que lo que es 
fuerte sea. justo. 

La justicia está sujeta á disputas ; la fuerza es muy 
fácil de conocer y no admite controversia: asi bastará 
ponerla fuerza al servicio de la justicia. Cuando no se 
puede conseguir que lo que es justo sea fuerte, no queda 
otro arbitrio, sino hacer que lo fuerte sea justo.» «J^ 
4855 

Hoy reconozco que fui demasiado lejos, y que entre las 
criticas que se me han hecho, la que motivó . esa página, 
inspirada por la desesperación, es justa. Queda sin em- 
bargo subsistente en mi espirilu la regla de Pascal, ante 
el deber ineludible de evitar mayores desastres, ante la 
necesidad suprema de elegir entre dos males el menor, ó 



— 389 — 

impedir lo qae de otro modo no está en nuestra mano 
remediar» hasta donde humanamente sea posible. 

Juzgo oportuno transcribir aquí dos párrafos de un 
bello articulo de mi inolvidable j muy querido compañero 
Francisco Bailbao, para que vuestra fé» jóvenes amigos, 
mios; jamás desmaye en el triunfo déla buena causa» no 
obstante las dificultades con que luchéis. 

tEl autor ha hablado á la América desde la altura de las 
prensas europeas. Sus ensayos históricos revelan profun- 
dos estudios y un corazón magnánimo. También él ha 
querido comprender el enigma fatal que parece pesar 
sobre las regiones del Plata, y ha presentado también su 
solución. Aunque no conformes con sus ideas religiosas, 
nos encontramos en el campo del dolor, y sintiendo del 
mismo modo, creemos que un día llegaremos á la unidad 
del dogma, que debe cobijar ala libertad bajo los cíelos 
de la América. 

«Hace tiempo que simpatizábamos ardientemente con 
el joven escritor. El dolor, el fuego de su poesía, sus 
deseos impetuosos, nos atraían hacia él; — y sí creemos 
que aveces el gemido es permitido se exhale del arpa del 
poeta,pues reveíala presion.de los hechos, la esclavitud 
que tanto hacia llorar á los profetas á las orillas de los ríos 
de Babilonia, creemos también que jamás la desespera- 
ción es permitida, cuando podemos asirnos bien ó maj del 
tabernáculo sagrado, que es para siempre la República 
victoriosa.» — Biblioteca Americana, t. 2. "^ pág. 308. 

Indudablemente; pero tal vez contra lo que muchos 
creerán, examinada á fondo la cuestión, en el caso con- 
creto gue venimos discutiendo, la regla de Pascal se 
impone con doble imperio ante «las consecuencias lógicas 
é ineludibles de haber apartado violentamente al país del 
régimen de esas instituciones que son barreras para los 



— 390 — 

unos, sahaguardia para los ottos; lazo de trnion pina 
todos; terreno neutral en que catmnlodás las^a^Faeienes 
divergentes, y se producen sirrcátítstrofelíis Itíehas sere- 
nas ó ardientes de la vida democrática, dandé satiBraocioQ 
á todos los intereses legittmosy eqm1i{É*io estiUe átddos 
los elementos de prosperidad social b 

La base legitima de toda sífida reconstrucción polttica 
tiane que ser el bautismo regenerador éel sufragio ^¡wp- 
lar; pero cuándo, c6mo, ctrn qué garantías, «cen^-fBé" 
trabajos previos, con qué • probabilidades de legalidad j 
éxito, Tamos á él? 

Estando alas terminantes declaraciones del »MAKmKs», 
desde que se ha renunciado á la lucha armada, 6 se per« 
manece indefinidamente en la abstención, ó se entra á la 
legalidad por el único camino posible, ya que en'-efstit^ 
no existe otra legalidad por desgracia que la qve-'may 
propiamente, ámi juicio, se ha llamado convencionai, 

Voltairedeciaquesi los hombres empezáian per po- 
nerse de acuerdo sobre el significado que daban á las 
palabras, se envitarian muchas discusiones ociosas, 
odios, disputas interminables, guerras y cMamídades en* 
la especie humana (cito de memoria). 

El posibilismo, rectamente entendido, como 4o •ha» 
practicado todos los eminentes hombres de Estado, ^em* 
pezando por Washington y acabando por ftladstone, no es 
otra cosa, sino la realización del bien por los inedios á 
nuestro alcanoe y fiasta donde sea humtmummtepoiibh. 
sin cálculos egoistas, sin abdicaciones indignas, sm te- 
mores cobardes, sin violar los eternos principios dM 
derecho, déla moral y de la justicta, en cuando dependa 
de los* llamados á resolver im conflicto,- insoiáble skk 
mútuasy reciprocas concesiones. 

En este sentido estoy de ^ acuerdo, y está de aouei^ft 



— 394 — 

'COimíg^eQ el fondo de h énotirina ^e s^bre el posibi- 
lismo ha sostenido en las colamnas de El Siglo, mi 
ihistPíMlt) amigo D. Jaciate'Albislwr, ^egan procuraré 
demosflrar 6Q la parte final de esta conferencia. 

XVI 

Bl ideal abelradé, Sol parismN)' que i lamina la esfera 
é&Widieasea la TfvaGesible regios del infinito, á coyas 
fronteras llega el espfriDa rfbsorfo f confundido; al con- 
cretar sus dfesteHes j temar cuerpo en la tierra, al conver- 
tirse en realidad tangible, es siempre un pálido reflejo de 
la belleza increada, algo rócorafpleto que participa de la 
debilidad , de las imperfecciones, del Ivmite de la natura- 
leza de los seres finitos. 

T mmo los llamados á resolver el pn^blema, no son 
ángeles, sino pobres criatoras humanas de carne y hueso, 
con sus ideas propias, sus pasiofies, sus simpatías y su- 
tipatías, sus agravios, sus intereses y* miserias; y como 
fuera del despotismo ó del combate sin cuartel y sin par 
rarse en las armas , que suprimen la resistencia, supri- 
miendo el obstáculo; fuera de la violencia , no hay otro 
medio efümz é inmediato de atraer á los homlH*es al 
téVTBm que se desea , sino por un acto de su voluntad, 
resulta mas claro que la luz meridiana, que en ese con*- 
fliclo de fuerzas resistmies y libres, para acercarlas al 
objeto «upremo-que se tiene 'eo vista, ya que no sea pos»* 
ble armoiiizar sus aspiraetoaes, no queda otro cs^úno 
para salir del atolladero, realizar la reforma, evitar una 
revoI^ucMu, hacer la paz, frustrar las coaUsiooesetc. etc. 
que entrar con pecho abierlo y atoa levantada en el camí- 
BfOTeal de lias concesiones, ó sea hablando em plata, itol 
posibilismo, á condición sin embargo^ que se busque y se 
asilare asi, ya qoa^ de otro mo<ki es imposible, — ó seria 



— 392 — 

peor la eDmieoda que el soneto — el triunfo en definitiva 
de la buena cansa. 

Conozco, comprendo y respeto las serias objeciones 
que se hacen al posibilismo por los abasos á qne se pres* 
ta, y por las claudicaciones ;que puede cohonestar; pero 
este inconveniente, si bien se mira, es inherente á todo 
sistema y á todo principio, mal entendido y peor aplicado. 

No ha faltado ya, entre mis discípulos, quienes me ha- 
yan preguntado con cierta risita burlona, cómo se compo- 
nía eso con las estrofas finales del canto á Monteyideo: 

QUERER ES PODER. 

Voy á leerlas; pero antes no estará de mas para justifi- 
car la oportunidad de su lectura en este dia, precederla de 
algunas lineas del articulo que lleva al frente la edición 
que tengo en la mano, hecha por la empresa é Imprenta 
de La Tribuna. El articulo pertenece al editorial del mis- 
mo periódico cuyo redactor era entonces mi estimado y 
viejo amigo, D. José A. Tavolara, correspondiente aN8 
deJul¡ode1867. 

♦ * 
« Queriendo solemnizar este dia, cuyo recuerdo no fué 
siempre respetado por las facciones que tantas veces com- 
prometieron nuestra independencia y nuestra libertad 
con sus ambiciosos desmanes, con sus prepotentes actos, 
hemos pensado en una producción literaria que estuviese 
á la altura de nuestro propósito y de nuestro objeto. 

« £sta poesia es la misma que fué leida en la noche del 
25 de Mayo de 1844 en el teatro San Felipe, por el Coro- 
nel D. Lorenzo Batlle, actual Ministro de la Guerra, y una 
de los soldados de la homérica defensa. 

« El autor la ha reformado en algunas partes, y si po- 
sible es, la perfeccionó. 



— 393 — 

■ 

« Sa argumento es la Defensa de Montevideo, esto es, 
ana gloria verdaderamente nacional, ante la cual se indi* 
nan hoy con respeto hasta los que entonces tuvimos por 
adversarios. 

€ En ell 8 de Julio, el recuerdo de ese grandioso hecho 
importa enseñar prácticamente al pueblo, cómo supieron 
los héroes del inmortal asedio, conservar incólume el 
testamento sagrado de los que nos dieron patria é inde- 
pendencia!» 

IX 

La defensa 

El sol del 6 de Diciembre al caer 
con sus luces al Occidente nos dejó: 
— batidos en el esterior; — sin ejérci- 
to; — sin soldados siquiera en el inte- 
rior; — sin material de guerra; — sla 
. dinero; -sin renta; — sin crédito. 

WIIQTB.— ^jmnlM hÍ9l&rUot. 

Montevideo encerraba 
i ' ' Hombres de genio y firmeza, 

De indomable fortaleza, 
De robusto corazón; 
Hombres que revela y alza 
La tempestad de repente. 
Para luchar frente á frente 
Con el deshecho aquilón. 

De esos hombres que no abaten 
Los reveses de la suerte, 
Que prefieren dura muerte 
A servil esclavitud; 



— 39i — 

T que eimoedio ardásaliealo 
Gaandó todo pahdece. 
En sus ojos resplandace 
Del patriotismo la laz. 

Y en.el(€aofi paseswioi 
Su nvrnMla oeotethiite. 
Como Daos eo un: infante 
Forma le dan y color. 
Ellos alzan su bandera 
Destrozada, y á balazos 

La sostienen easua.brazos 
Con indómito valor. 

A. su lado vil pipieo 
Es el dóspota gigante. 
Tirándole al rostro el guante 
Con arrojo de Titán. 

Y sin dinero-, sin tropas, 
Con ruines cañones viejos. 
Encienden á sus reflejos 
Del patriotismo el volcan! 

Con fuerte maao arrebatan 
Del egoismo la venda, 
Para mostrarnos la senda 
Del heroísmo y virtud. 

Y ensenan con su alto ejemplo 
Que en los pueblos varoniles, 
Hallan los déspotas viles 
Bajo el trono el ataudl 

¡Montevideo! si itastre 

Ya tu nombre el mundo aclama, 



— 305 — 

Y sí diadema la fama 
Humilde te vieae^á dar; 
Lo debes solo á 1^ idea 
Por la cual en tu regazo, 
La inteligenclay él brazo 
Combaten hoy á la par. 

Junto á Paz y Garibaldi, 
Tbiebaut, Muñoz, Sosa, Flores, 
Con otros mil lidiadores 
De espartano corazón; 
Se alza Pacheco, Snarez, 
Herrera, Vázquez, Indarte, 
Con otros tjue el baluarte 
De tu genio ¡oh patria! son, 

A S]u grito de Leónidas, 
De la libertad en nombre 
Se levantan como un hombre 
El argentino, el francés, 
El italiano, el ibero, 

Y hasta el rngíés... alranza. 
Que la justicia afianza^ 
Como ella inrrencibie es 1 

El pueblo gue así provoca 
Con su heroica bizarría 
Tan general simpatía. 
Vencido no puede ser. 
Su constancia, su denuedo 
Han de triunfer en la lucha, 
Porque Dios al bueno escucha, 
Porque querer es poder I 



396 



. i 



X 



Apoteosis 



Allí ho aprendido cómo se pelea al 
enemigo, cómo se sufren los padecí • 
mientes, y sobre todo, cómo se resis- 
te con constancia en defensa de la 
causa sag^rada de los pueblos á la 
prepotencia liberticida de los dés- 
potas. 

Garibüldi. 

El destino cobarde no traiciona 
Sino al menguado que vencer no espera; 
Al que lucha indomable» justiciera 
La mano del Señor no le abandona. 
Al que libre tremola su bandera 

Y se ciñe del mártir la corona, 
Vencido ó vencedor le unje la gloria, 

Y su nombre inmortal lega á la historia. 

Si, QUERER ES poderI oI alma humana 
Todo en la tierra con la fé domina, 

Y ni el mismo cadalso^ la amilana: 
Al sacrificio intrépida camina 

Sin mas escudo que su fé cristiana, 

Y ni aun para morir la frente inclina 
Bajo el hacha fatal... su pié en el suelo 
Toca el cadalso, su mirada al cielo! 

Al pavoroso golpe del verdugo 
Saltará dividida la cabeza, 
Que doblarse no quiso al torpe yugo, 
Ni ceder al dolor y á la tristeza 



--397 — 

Con que probar sa temple al hado plugo; 
Ma$ vestida de luz y fortaleza, 
Libre j serena volará sa alma, 
Del sumo Jaez á recibir la palma! 
1844— 1860. 

XVII 

Cómo se compone esto con el posibilismo? volverían tal 
vez á pregantarme alganos qae no han oido la respaesta 
qae di á los primeros. 

Segan la ciencia antigaa, y también segan la ciencia 
moderna, qae está conforme con la razón, la jasticia j la 
moral, personalmente cada hombre, segan sas méritos j 
el esfaerzo de sa voluntad pnede llegar á ser santo, 
mártir, héroe; como en casos extraordinarios, pnede ser 
héroe y mártir toda la población en armas de an pneblo 
entero, en nn momento dado, y aun los niños y mujeres 
como en Numancia, Sagunto, Gerona, Zaragoza, Misolon- 
ghi, etc.; que la voluntad es soberana, en cuanto al in- 
dividuo y obra á su albedrio respecto de su yo; pero en 
pugna y en choque con otras voluntades, si quiere atraer- 
las ó convertirlas en auxiliares de sus propósitos, no le 
es dado, en cuanto á ellas, también libres y soberanas, 
sustraerse alas leyes que rigen á la colectividad: aquí ya 
para uno ó mas individuos querer no es poder, cuando 
los otros no quieren y son mas fuertes, ó no hay medios 
hábiles para compelerlos á que hagan lo que no quieren. 

No por eso dejará de ser una verdad indiscutible que 
nunca será bastante grandioso el ideal, que ha de servir 
de faro al hombre en lucha perenne, para no caer, consigo 
mismo, ó con sus semejantes, ó con el mundo esterno por 
las servidumbres de la vida material, ó con la sociedad 
en sus extravies y aberraciones. 



El sincero* amer á an alto ideal produce la cualidad 
primera, que es el carácter; y á' vécese» los*- hombres su- 
periores lo que sellkna intraiasi{[ei>e?a, qoe^no es por la 
regular mas qae el culto apasioaadé de grandes ideas y 
nobilísimos sentimientos, que temen rer profanados y en- 
vilecidos, como por desgracia sucede con harta frecuencia. 
Son los intransigentes, los que si no salvan siempre las 
situaciones, salvan, cmn en la derrota, lo que enaltece 
y honra á= nuestra éspeoiet, lo qwe-vale la^ pena ¡de vivir, 
luchar y sufrir, si es necesario, porosos seMejantes: la 
magostad del 'derecho y de la religión, *doble prueba ia- 
dfestniístíble del designio divino; déla naturaleza' espíríteal 
del hoffibreydd vínculo indisoluble queTiaral Hacedor 
con su criaturarla santidad déla justicia; la dignidad del 
ser libre y responsable; la abnegación, el desinterés^ el 
sacrificio propi*0 y de los suyos, en homenaje alas fieras 
convicciones que no capitulan ni tratfsigeB ^on el mal; la 
estoica entereza del libre albédrio, que hundido en ua ca- 
labozo, cargado de cadenas, dice al déspota mas sober- 
bio: mátame! pera todo tti poder no alcanza á que cometa 
una bajeza, ó reniegue de miá creencias! 

Niego por esa razón que el pensamiento sea una secre- 
ción como el moco, y la virtud y rf heroísmo una vibra- 
ción; y soy franco y decidido adversario, no de la ciencia 
moderna, sino de ciertos principios materialistas y ateos,, 
que son la negación dé todo lo que con sobrada justicia 
ha respetado y venerado hasta ahora la humanidad. 

Admiro los portentosos adelantos; la paciente investi- 
gación, las atrevidas teorías de la biología, de la' física, de 
laqitímicaydemás ciencias de observación; pero lo que 
he visto en los- gabinetes de física y laboratorios de quími- 
ca europeos y lo que he leido durante cuarenta años— sia 
tenerme poruña especialidad en esas materias, — me bas- 



— .8*9 — 

.Upai:^c0afirmar mas y mas cada (lia el juicio que formé 
desde quB pude ealeraraiB: de b que deciaE Mole&chott, 
Boricel y CompaSia. 

E&lkgíAo áperwadjrjQiBqw:eQ hs escudas materia- 
üstas, el pnoíto de partida se ba^a en una hipótesis arbi- 
traria, por la cual se viene á atribuir ala materia, eu su 
esencia y en sus leyes, cuaU<bde8 qoeno le corresponden 
intrínsecamente, porqua pertenecen al Ser inteligente y 
•libre—que es Dios — con todos sus atributos, que resplan- 
decen hasta en el insecto microscópico; y en cuanto á las 
conclusiones, creo haber demostrado mas de una vez lo 
que para mi, hablando en puridad, importan y significan. 

(X^r^ Si nuestra raza, en lo mas intimo de su ser, solo 
tiene una diferencia, no especifica, sino de grado en la 
cultura y desarrollo del cerebro, y procede directamente 
por selección de los seres inferiores del reino animal, co- 
mo pretenden algunos sabios y filósofos á la moda, y el 
hombre es un simple fenómeno físico-químico, produ- 
cido por las fuerzas ciegas de la naturalez.a, vale de- 
cir, por el acaso, y desaparecerá del planeta lo níismo que 
apareció en él— traído y arrancado por la mano ineluctable 
de la fatalidad; — si el misteriosa vinculo que toda religión 
y toda sana filosofía presuponen ó establecen entre el Ha- 
cedor y su criatura; si el alma y la inmortalidad son pue- 
riles ilusiones del orgullo humano, indignas de las inteli- 
gencias superiores, porque Dios es un mito, ó á lo sumo 
una hipótesis provisoria mientras no se emancipa la hu- 
manidad del yugo vergonzoso de la fé; si Dios, en fin, es 
el verdugo de la razón, el espectro de nuestra propia 
(conciencia |ah! entonces por mas que se trate de evi- 
tar las tremendas consecuencias, con pomposas frases y 
protestas hipócritas, con subterfugios y sofismas, todo el 
munda moral se viene abajo; no hay un criterio único pa- 



-- 400 — 

ra apreciar el bien y el mal, ana regla inflexible para nues- 
tras acciones; cada ano entiende j aplica á sa manera el 
categórico imperativo de que habla Kant; no hay deber» 
no hay libertad, no hay derecho» no hay en el mando mas 
ley que la fderza y la astacia, la existencia hamana es et 
mas horrible sarcasmo de la Divinidad, y tienen razón 
Rosas, el Dr. Francia, Bismark, Hobbes, Shopenhaaer, 
Prudhon, Hartman y sas sectarios. 
1878 

XVIII 

« Si los fenómenos simultáneos ó sucesivos de la bio- 
logía y la sociología, asegura Herbert Spencer, no han 
sido ligados todavía por la ciencia á leyes generales, vale 
decir, á sus propias leyes, no es porque esas leyes no 
existan, sino porque escapan auna las investigaciones del 
espirita humano. » 

Según las recientes teorías de este y otros autores y sa 
escuela, la sociedad existe y se conserva en virtud de leyes 
en que domina la fatalidad. Envueltas y arrastradas por la 
masa las particularidades individuales, físicas, intelectua- 
les y morales, son absorbidas por la serie de los fenóme- 
nos generales, á la manera que las aguas de un rio absor- 
ben y arrastran una gota imperceptible mezclada en su in- 
menso caudal. 

Quetelet, asustado sin duda de las consecuencias que se 
desprenden de estas premisas, ha sostenido tímidamente 
que el hombre puede ser libre, aunque la sociedad esté 
bajo el imperio de la fatalidad; pero Hertzen, y no ha mu- 
cho (1873) E. Seletti en un trabajo recomendable, bajo ^1 
punto de vista de la indagación científica, titulado la es- 
tadística t el libre álbedrio, publicado por primera vez 
en el Archivo, acreditada revista jurídica de Pisa, esta- 
blece que ni el hombre ni la sociedad son libres. 



^ 4W — 

Sin aeeptar poriasitazoaes apuestas el puato de parti- 
da ni Ia$ conclusiones de lo» autores ciudoe» cuyo alcance 
sospecho que ellos mismos no han meditado bastante, á 
pesar de sa indisputable saber y talento, por vía de escla- 
recimiento y solo en cuwto corrobora lo que he indicado 
sobre la dirersidad de las leyeís que ríjen la acción indivi- 
dual y la colectiva, voy á epilogar dod éd loa principales 
argumento^ de Selettí. 

Nuestras acciones son el resultado necesario de dos fac- 
tores: uno 091 temo que no depende de nosotros; otro íntimo 
qne obedece á leyes ineluctables: un motivo predominan- 
te urrastra y determina faimlnunle ó la DOktntad. 

Establecido de este modo el determinismo» negada la 
espiritualidad, y admitida la identidad, la correlación y 
transformación de las faerzas, es perfecta la pajridad de los 
fenifiienos morales, que suponemos hijos de la voluntad 
libre, y la de los metereológicos y atmosféricos, atribui- 
dos con razón á leyes necesarias 6 agentes sin liber- 
tad. 

La doctrina que he establecido mas arriba concilia á mi 
modo de ver la dificultad, sin negar ciertos hechos á to- 
das luces incuestionables; reconociendo la libertad en el 
individuo, y la posibilidad en la masa, bajando al palen- 
que de la lucha, de reaccionar contra el mal, hasta donde 
sea humanamente posible, por el esfuerzo colettioo de 
la sociedad y mediante el concierto de las voluntades^ 
traídas á un centro de acción común por los medios que es 
razonable y permitido, tratándose de criaturas autónomas 
y libres. Vista la cuestión desde esta altura, me parece que 
los detalles quedan resueltos dentro de la doctrina gene- 
ral. 

Me detengo, porque si entrase en amplios desarrollos, 
corremos peligro, señores, de no salir de aqui ni mañana 

2G 



— 402 — 

á estas horas, que no en vano dice la Biblia qne ha sido 
entregado el mnndo á las disputas de los hombres. 



* * 



El partido constitucional salió de su abstención la pri- 
mera noche que se reunió en casa del doctor Sienra y Car- 
ranza un número relativamente considerable de sus miem- 
bros, y día mas, dia menos, han de venir á él todos los 
que simpatizan con sus propósitos. 

Suponiendo que hubiera otros, que, sea cual fuese la 
causa, deseen por ahora formar grey aparte, si se organi- 
zasen en partidos de ideas ¿no habría base para iniciar con 
éxito la acción colectiva? ' 

Los representantes ó delegados de todas las fracciones 
políticas, ¿no podrían reunidos plantear y resolver con 
ilustrado críterio, con calma y elevado patriotismo, urumn 
pos de otra, las cuestiones de actualidad, que son las cues- 
tiones fundamentales de nuestra reorganización política 
y social? 

¿Hasta dónde podría llegar la influencia, los medios de 
acción, el peso de una asociación semejante? 
, Aunque nada mas se consiguiera que asegurar la paz, 
devolver la tranquilidad al país, y garantir una Asamblea- 
legitima expresión de la soberanía nacional— ¿no valdría la 
pena de intentar el esfuerzo?... No sería una alta gloría 
para el partido constitucional y su honroso y patríótico 
programa? 

QC^ Entre tanto, juzgamos que si las ideas que .veni- 
mos sustentando prevalecieran y lograsen hacerse efecti- I 
vas en todo su espléndido desarrollo: se vería lo que en 
un caso análogo sucede, según el símil ingenioso de un 
competente escritor, cuando un líquido contiene en 
disolución un considerable número de moléculas que per- 



— 403 — 

« 

teoecen á otras materias: en cesando la causa que las man- 
tenia separadas, se buscan, se aproximan, se reúnen y se 
depositan en el fondo del vaso: y observan los químicos 
que la cristalización se decide en un movimiento brusco, 
6 por la presencia de un cuerpo estraSo. 

La unión de las diversas fracciones del partido.... si ha 
de convertirse en realidad, si ha de ser duradera y fecun- 
da, es preciso que se cimente sobre los principios, no so- 
bre las personas, por mas estimables que estas puedan 
ser. <=jg5* 
1868. 

Nada se conseguiría, no podrían entenderse, esclama- 
rán (no sin algún fundamento á la verdad) los descorazo- 
nados, y los escépticos, y los nerviosos á quienes sobra 
talento y falta paciencia, y los que se asustan de divergen- 
cias inevitables, y otros que no aciertan á comprender 
que en política no hay que esperar ni desesperar demasia- 
do, y que taut arrive á temps á qui $ait attendre. 

La Contradicción es ley de la humanidad, y la discusión 
razonada el medio eficaz de destruirla: queda en último 
resorte el voto de la mayoría, que debe respetarse, siem- 
pre que no sancione el absurdo ó la iniquidad. 

Merece elogio en vez de vituperio, el que trae á tela de 
juicio en ciertas circunstancias, pqntos y apreciaciones 
que cuando menos valen la pena de meditarse seriamente 
en defecto de otras. 

Así, por ejemplo, creo que nuestro compañero el Dr. D. 
Pedro Bustamante procedió como bueno, exponiendo ne- 
tamente su manera de pensar en la primera reunión ex- 
presada, en contra de la mayoría, aunque entonces y aho- 
ra por mí parte opino como allí manifesté. . 

Las divergencias entre los que profesan el mismo credo 
político sobre determinados tópicos muy discutibles, que 



— 40* — 

oa ^Q eseüciates ni coiapnoamcleD ei feodo del dogma pe- 
lítioo, lo mismo que la oposieion fondada de ios coidnH 
lies, prodoeeneariaMode loe partidos bien (Mrgaoiaa* 
dosel efeoto da los síntomas mori)080s en el caeqpo hn* 
mano. Atendidos á tíeii^^. ae evitan las enfarmedades; j 
tal vez la muerte. Asi son necesarias aqodlas para lafcigie- 
ne política, á fin de preeáv^er ;el pe&gro, tmscar eficaz re- 
medio al maU y recobrar las berzas exhaustas ó la salud 
comprometida. 

XIX 

Son demasiado intelij^entes é lastrados los miembros 
déla Comisión qoe redactó el muaifiesto para ignorar que 
AO hay cuerpo hurnaao que resista á la tmémia (conver- 
sk>D de la sangre bu agua) tampoco en* el plan de aquel eu- 
tra, que el partido esté toda la vida oon los brazos «noa- 
dos, revolviendo los ojos, y echando maldicicmes, espe- 
rando que suene la trompeta del Arcángel esterminador 
y se vengan abajo por si solas las murallas y huyan despa- 
voddes los filisteos que las ocupan. 

Haya un poco de buena fé, y reconózcase noblemente 
que no depende de los constitucionajiets^, sino de otros, 
poner al país en un plazo mas ó menos breve en condicio- 
nes que les permitan ensanchar su esfera de acción. 

Es sabido que puede entrarse á la actividad política de 
dos modos— ó tomando participación directa en la ges- 
tión de los intereses púbMcos— ó discutiendo los actos 
gubernativos, condenando los abusos, escesos y errores 
del poder, aconsejando lo que corresponda en materias 
políticas, económicas ó administrativas; y mientras per- 
manezcan cerradas las puertas del Harem, quiero.decir, de 
las elecciones generales, donde duerme pirisionera la en- 
cantadora sultana conocida por los fieles nazarenos con el 



— 405 — 

aombre: de) i^mAif ía. njiorariiL: j eoiiiova infausta,' arreba- 
tada ii TÍ va fmtaiáiáe la {daxa Goostítnek)» (de Stambol) 
por tés geaázan» marroquies; ofaseqoiando dia á -día coq 
et órgano ttaoiadü TnlgarotMle pD8M^ Sultaá y vizires 
del Serralio, úievüaaáo la& pieaascon meiodisA ^e (kala, 
amiltos4echipitniass bordóbeos ó pizicatmi go]f&% de 
pistón, ai^res; dianas, síafomas^ it todsi^wqv/tstk^ diferfi- 
das retretas, marchas fúnebres, etc. 

No vája á creerse por esto gne soy yaapasíeoado ni me 
entusiasma esa clase deiHúsiea, especialmentecuaiido sin 
pestañear tenia que oir en el Fuerte (al fin cayó I (t) los tro- 
zos selectos queme dedicaba» los tales artislas, como diría 
de algunos de sos alumnos mi buen amigo el señor Gonzá- 
lez Vizcaíno. Apunto solo el hecho de lo que sucede en to- 
dos los pueblos del mundo donde existe la im^prenta, hasta 
en Constantinopla y en Rusia, á pesar del lujo de despotis- 
mo de su terrible Autócrata, y la manera como los partidos 
incapacitados de acudir á otras tizas se vengan, refugiándo- 
se en el único campo que se les deja espedito. 

Seamos hombres de verdad y confesemos que hay abso- 
luta Ut>ertad de imprenta, y que hasta ahora no se ha pues- 
to traba al derecho de asociación y de reunión. Lo que es- 
to vale... cualquiera lo sabe. 

La prensa es un cuapU> poder: su acción combinada, es 
la gota de agua que horada la piedra, cuando no sea la cen- 
tena que la talatdra. 



( I } Pai-a que no le crea quo hablo ác despecho, ó que abrigo alguna parcialidad 
contra los qae iban al Fuerte, cedo la palabra á mi estimada amigo D.' Ranioa de 
SantiagOf empleado en ia Dirección de Correos* 

Al fin caíste va! al fín caíste. 
Emblema de otros tiempos, 
Granítico recuerdo de otros hombres, 
Mudo testigo de sangrientas luchas. 
De bellas glorias y de acerbos mtics; 
Al fin caíste ya, auc todo cae 
Sobre la frágil, deleznable tierra. 
Ya por la fuerza de la edad, extinto, 
Ya por lar leyes del progreso^ hundido ! 



— 406 — 

Su libertad, tal como la consagra la Constitución, y qae 
hay qae aceptar con todos sus inconvenientes para gozar 
de todas sus ventajas, qae sin ningan género de dada su- 
peran á todos sus inconvenientes, es á la vez escudo y daga; 
muraHa y ariete; luminar vivificante, y tea de incendio, de 
desgraeíay ruina; y no se olvide que cuanto mas grande es 
un astro, es mayor el cono de sombra que proyecta en el 
espacio 

A ella la toca hacer converger las corrientes de la opi- 
nión en el sentido de las resoluciones que se adopten. 

Parecerá una paradoja á primera vista, y sin embargo, 
si la luz se hiciera en las inteligencias oscurecidas por no- 
bles y también por deprimentes pasiones; si se lograse 
aquietar los corazones ulcerados, y los viejos partidos qui- 
sieran prestar el oido á los dictados de la razón tranquila 
y desapasionada, ningún hombre de valer haría seria re- 
sistencia, y hasta me agrada creer que el Gobierno mismo 
secundaria tan patrióticos y elevados propósitos. 

■« ♦ 
No necesito decir el bello é importante rol que le incum- 
be desempeñar á la juventud en esta cívica cruzada, á 
condición, sin embargo, que en el ejercicio de la acción 
individual, quasimbolíza la libertad, no se ponga en abier- 
ta rebelión, neutralice ó esterilice el prestigio y la fuerza 
de la acción colectiva, que representa la autoridad; á con- 
dición que en aras de la patria haga el sacrificio de todo lo 
que, supuesta la cooperación de otros que no participan 
precisamente de todas sus ideas, solo serviría de elemen- 
to disolvente y perturbador; á condición que se convenza 
que es indispensable que haya lógica y consecuencia entre 
el fin y los medios; que es de absoluta necesidad aunar los 
esfuerzos;— reconcentrar los elementos dispersos, estre- 



— 407 — 

• 

cbar las filas, no dividirse ante el comao enemigo por 
caestiones ó pantos cuya prematura solución, es peligro- 
sa ó inoportuna; á condición, por último, que se penetre 
del alcance de la indicación contenida en la Memoria Uni- 
versitaria de 1879: «en vez de malgastar el tiempo en 
controversias que si no carecen de importancia en su es- 
fera y con las necesarias restricciones, debemos hoy rele- 
gar al segundo plano, ante la magnitud de los arduos pro- 
blemas que nos asedian dentro y fuera de nuestros hoga- 
res etc.» 

¿Cómo procederían los Delegados á que me referí antes 
(hablo siempre en hipótesis) en el caso de llegar a nom- 
brarlos, y á reunirse? 

Por todas partes se va áRoma; pero unos caminos son 
mas cortos y fáciles que otros. 

¥ ya que se trata de ir á Roma, interroguemos á los 
frailes.— nosotros somos entendidos ingenieros en eso de 
demoler é hilvanar frases que suenan mal al oido y al sen- 
tido común; pero ellos eran y son insignes alarifes, ó lo 
que es lo mismo, consumados maestros constructores, en 
eso de echar sólidos cimientos y encerrar en pocas pala- 
bras y en una forma artística grandiosos conceptos y sen- 
tencias estupendas. 

In certis unitas — in dubiis libertas — in ómnibus cha 
ritas— áke San Hilario de Poitiers. 

Unidad en las cosas ciertas I me parece que nadie ha de 
tener la audacia de negar su asentimiento á los principios 
tomados de la Constitución y citados mas arriba. 

Libertad en las cosas dudosasl es decir, amplia facul- 
tad para discutir, aceptar ó rechazar lo que se presente 
imposible, nebuloso ó problemático. 



— 4©8 — 

Caridad en todo y para todo^l UaBlener igual el fiel de 
kk balanza; do coavertír una pol^a eo un elefaate» y tratar 
á los demás, aun cuando se tratarade algauxTimioai, co~ 
mo tendríamos derecho á (}U6 se nos tratase en igualdad 
de circunstancias y como manda^el art. 111 déla Constitu- 
ción; que aun para destruir el mal es preciso ser justo» 
como ha dicho con razón nuestro ilustrado compatriota 
el Dr. D. Ángel Floro Costa. 

Medítese bien este párrafo magistral del Manifietío, j 
también nosotros pongamos de acuerdo los hechos coa ks 
palabras; 

« 

« Nuestra moderación iguale nuestra firmeza. No nos 
dejemos dominar porimpaciencias febriles que pi^ecipitaa 
y malogran los acontecimientos. Tengamos fé ea la in- 
fluencia de la propaganda, en los molimientos espontáneos 
del convencimiento individual, determinado por la fuerza 
misma de los hechos que se palpan y de las realidades 
que se imponen.— Esperemos esos nuevos y robustos ele- 
mentos que la educación entrega cada día á la vida pública 
con aptitudes preciosas,, con el dogma de la libertad cons- 
titucional en el espíritu y el culto inmaculado de la patria 
ea el corazón,— Confiemos, ea fin, en la gravitación, á ve- 
ces tardía pero siempre segura, de todos los intereses ho- 
nestos al núcleo de los principios políticos que son la úni- 
ca salvaguardia eficaz de esos mismos intereses. » 

Con lo que mas arriba dejo espuesto» y lo que voy á 
agregar por conclusión, hasta para evideadar ía difereacia 
que existe eatre la potencia individual y la colectiva; las 
leyes que rijen á una y otra fuerza; y la imposibilidad ab- 
soluta en que hoy se encuentran los hombres y los parti- 
dos en nuestra patria, para resolver aislados ea el terreno 



— 409 — 

delaaccioQ, las graves drfieoltades cod que luchan, y las 
nnavas que van á sorjir it medida que aYaucen y se desar- 
rolleQ los sttoesos, coosacuBocia lógica de semejante esta- 
do de cosas. 

El partido coDStitaeídDal especialmente colocado en si- 
tuación excepcional, teniendo ante todo que manteney^se 
fiel á su bandera, no ba de retroceder ante los esfuerzos^ 
ante la improba labor y cootraríedades inevitables; pero 
si merced ásos esfuerzos y á su persererancia, rence las 
dificultades que hoy le cierran el paso, y logra afianzar con 
el reinado de las instituciones las garantías de la verdade- 
ra libertad, hermanada con el orden y la justicia, que no 
consienten el desenfreno y la opresión, ni aun para los que 
le vejaron y oprimieron, subirá en triunfo al Capitolio, 
sino aclamado, saludado con respeto hasta por sus mismos 
enemigos, que encontrarán en él «1. mejor escudo en la 
hora suprema de la desgracia. 

Paro si toda tentativa honesta fracasara; si los que pue* 
den y deben oirle, amigos y adversarios,, cerrasen los ojos 
y las orejas; si una vez mas estamos condenados á girar 
como muías de atahona al rededor del mismo circulo vi- 
cioso; entonces.... no habría mas que cruzarse de brazos, 
y dejar pasar la insensatez, la demencia, la iniquidad, co- 
mo se deja pasar al pampero, á la tromba, al terremoto, 
hasta que fas ruinas amontonadas obligaran á los causan- 
tes del estrago, á buscar — probablemente ya tarde para 
salvarse ellos y ser posible salvar al pais^en medio de 
los escombros» el único camino de salvación que resta, 
trazado hoy por el partido constitucional. 

CC^ Las dificultades son grandes y á nadie se le ocul- 
tan; pero las vamos venciendo. Aunque lentamente y 
con interrupciones, avanzamos en la senda del progreso. 

A veces, es verdad, se respira una atmósfera vertigi- 



— 410 — 

nosa y una nube sombría desciende sobre la frente del 
pueblo ; se cierran los horizontes con pavorosa oscuri- 
dad ; el huracán desencadenado embiste la nave de nues- 
tras instituciones ; las olas embravecidas barren el puen- 
te ; en la tribulación arrojamos al mar los objetos mas 
preciosos ; tal vez caen en la vorágine nuestros mejores 
amigos, y Bolivar el libertador, espira en Santa Marta, 
maldecido por los mismos á quienes había redimido de 
la servidumbre ; y Portales, Sucre, Florencio Várela, caen 
bajo el puñal del asesino ; y Rivadavia y Obes, mueren en 
el destierro ; y una bala perdida taladra la frente de La- 
valle en Jujuy ; y las cabezas de Castelli, de Acha, de 
Avellaneda, clavadas en una picota ignominiosa parecen 
interrogar con sus inmobles pupilas al cíelo como una 

sublime protesta pero el primer albor de la mañana 

encuentra á los buenos hijos de la República al pié de su 
lábaro invencible, que en el mástil flamea azotado por to- 
dos los vientos, firme la mano en el timón y la proa en- 
derezada á la tierra del Edén prometido á su esperanza : 
la libertad 1 

Buscamos el reinado de la paz y la justicia ; fundamos 
la República para ofrecer bajo su amparo á los oprimidos 
y desgraciados de la tierra, el banquete universal de la 
fraternidad humana. «J^ 

1867. 

XXI 

I Qué bello es el cuadro trazado por el gran poeta teó- 
logo, cantor de los misterios cristianos, de las glorias del 
Paraíso y de las abominaciones del Infierno^ cuando llega 
con Beatriz á la esfera mas alta del cíelo, contempla exta- 
siado la esencia divina, las armonías y maravillas de la 
creación, y vé á los que en la lucha con el mal alcanzaron 



— 411 — 

el premio de sns vírtades, escalonados en grupos diver- 
sos, 7 brillsuido con resplandor mas ó menos intenso, se- 
gún sus méritos I 

« Sí per la viva luce passeggiando, 
Menava io gli occhi per li gradi, 
Or sú or giú ed or ricirculando. » 

Asi me imagino yo ver avanzarse y tomar posiciones en 
las gradas del palenque de la ley, á los grupos de mis 
hermanos, con sus jefes, con sus banderas que simboli- 
cen ideas, reformas, propósitos impersonales, para dis- 
putarse en reñida, pero noble y fecunda lucha — condi- 
ción ineludible del progreso — ora juntos, ora separados, 
ora aliados unos con este, otros con aquel grupo, el triun- 
fo de las ideas, de los propósitos, de las aspiraciones, que 
formen el ideal de cada uno. 

¿ Será esta halagüeña perspectiva engañoso miraje de 
imaginaciones estraviadas ? 

¿Seremos visionarios como nos llaman, ó tendremos 
la intuición profética del porvenir? 

El MANIFIESTO, pioza tau notable bajo el punto de vista 
político como del literario, será por ventura un astro que 
se levanta, ó un fuego fatuo que se disipa en los aires? 

la fúlgida estrella 

Que en lo alto descuella con gran magestad , 
í Se aleja y apaga su luz esplendente ? . . • . 
Tan solo el presente será realidad? 

¿ Por qué , blanca estrella, miré yo á tu paso 
Fantasmas que acaso forjó el corazón ? 

Soñé yo despierto? oh no, patria mía. 

Realidad un día será mi visión I 
1847. 

Todavía convaleciente de una grave enfermedad, que 



- «2 - 

me/ >aso al bwde del sepulcro, estombút Im a^eates 
Tarsos, bímna con que evooaba^ soS^^dar impeaUeiite, la 
anterior tísíod del lacero de primera w^tad (jifte lle- 
naba el firmamento con sos fcúgores y bañaba la plácida 
frente de mis hermanos , reconciliados ea el altar de la 
Patria y arrodillados al fía al pié de sa bandera : 
Obi como Ao cantar^ si arde en la mente 
Almo destello de la eterna hogoeraj » 
Que al roce de sus alas , febrjicieiite ,. 
Hebra á bebra quemó mi cabellera! 
Ob 1 cómo no cantar , sí mas ardiente 
Que en mi lozana javentod pjrimera, 
Audaz. el corazón entero late; 
T pronto á la vigilia ó al combate ,. 
Mas robusto é indómito yo siento * 
Como esclavo qne ha roto sas cadenas , 
Agitarse mi altivo pensamiento^. 

Y hervir la sangre en las híncbaidas venas. 

Todavía ante el nombre bendecido 
De Patria y Libertad veloz palpita, 
En su fibra mas noble estremecido 
Mi corazón que el entusiasmo agita! 
Todavía mi espíritu alza el vuelo , 

Y del futuro desgarrando el velo , 
Contemplo á mi país , grande , dichoso; 

Y en el futuro fijos 
Mis ojos ven á los valientes hijos 
Del uruguayo suelo, 
De rodillas alzar al Poderoso , 
En grata unión sincera 
El himno del amor y la esperanza , 
Cual prenda de alianza 
Bajo la sombra de la azul bandera ! 



— H3 — 

To miro en lontananza 
Otra era de gloria y de Tentara, 
T ti^ etla mi espirita se lanza 
Anhelando trepar hasta el altara 
Donde crece el laar^l de la victoria. 

m 

. . . el laarel, qae, mas dichosa 
Sabrá arrancar heroica vaestra mano. 
En ilasíon profética la miro 
Que ya toca del monte la ardua cima , 
Donde el árbol sagrado se alza ufano 
Y envuelto en roja nube centellea! 
1861. 



♦ ♦ 



El recuerdo de.una idea evoca otras de la misma serie, 
por asociación. Algunos de ustedes han de poseer la po- 
tencia imaginativa que hace que se vean tangibles y distin- 
tos, como una proyección del espíritu, los objetos en que 
se piensa ó se nombran, bajo el espasmo nervioso que sa- 
cude y dilata todas las fibras del cerebro, cuando está fuer- 
temente escitado, con arreglo alas esplicaciones que dan, 
según habréis visto, entre otros autores de medicina, Du- 
gald Stwart (Elementos de la Filosofía del espíritu hu- 
mano) y Kaestner, Mneménica. 

No os parecerá, pues, extraordinario que al citar al 
gran poeta Gibelino, que también era un notable político, 
me haya parecido ver cruzar su austera y magestuosa ima- 
gen, y se me haya venido á la memoria el recuerdo de dos 
nobles compatriotas que, sino iban á su lado como Virgi- 
lio, no serian indignos de acompañarle. 

Necesitaré nombrarlos?.-, ninguno de vosotros ignora 
que han pertenecido siempre al partido de las institucio- 



— 4U — 

nes, entre otros cíadadanos de valer, algunos de estos de 
grande y merecida reputación, dos compatriotas que en 
cualquier país del mundo mostrarían con orgullo sus pai- 
sanos. 

Uno, es un modelo de probidad política, de austeridad 
republicana, de acendrada honradez; el Dr. D. José María 
Muñoz. El otro es un esclarecido poeta, periodista que no 
tiene rival en estas rejiones. — ^Encorvado ya por los años, 
cuando se endereza al gríto délas instituciones ó de la li- 
bertad en peligro, apoyado en su gloriosa bandera, su ru- 
gido de león estremece la tierra y los corazones desde el 
Plata hasta el golfo mejicano. Titán del pensamiento y de 
la palabra, si alguna vez cae, su caida se mide por la emi- 
nencia desde donde rueda, como se mide la altura de las 
montañas por la profundidad de los valles y planicies que 
las rodean. 

Juan Carlos Gómez, es sin disputa el escritor que ha 
ejercido mas influencia en una gran parte de la juventud 
de su época y de la actual. 

En cuanto á mi, orgullo y gratitud siento al confesar el 
cariño y consejos que le debí desde mis primeros años, co- 
mo él mismo refiere en la última carta que me dirijió. (I ) 
Desterrado arcángel parece quisiera 
De su ingrata patria los lazos romper... (2) 

Y con los recuerdos que trae de otra vida 
Convierte en un ángel á ingrata mujer. 



( l ) Buenos Aires, Mayo 15 de 1879 — El 85 de Julio, dia de mt cample-aAos, re- 
cibí el volumen de Rimas l-nigvaijas, (jae Y. nic enviaba. ¡Cudnto agraUoci el 
sentimiento delicado con f|uo derramaba V. sobre mi cabeza encanecida, en unA 
fcclia de amarga tristeza, las flores de la Infnnaa y de la juventud, aljofaradas cou 
el rocío de la atmósfera de la patria ! Sentí refrescado mi espíritu por las brisas per- 
fumadas de la tierra natal, di; la tierra natal de mis dulces rt^cuerdos, agüella que 
lia desaparecido, bajo loa golpes ciclópeos de la industria y de la dvilizadon, aque- 
lla de los años, en que yo, sin barba todavía, penetraba sin anundarmc en su casa 
detrás del viejo Fuerte, y con el tono pretensioso de un maestro, lo estimulaba á 
seguir las buenas de Byron y de Hugo, en que ha alcanzado V. merecida guirnalda^ 

^S) Estos d'>s primer >t versas n*) se encuentran así en el test) de la compotidna 



tr. 



— 415 — 

Viste de oro y flores con la fantasía 
El triste esqueleto del mundo real, 
Y su alma por todos los vientos herida 
Vibra cual doliente, sonoro metal. 

Urna diamantina do caen harmoniosos 
El llanto y la risa, la duda y la fé; 
Cedro á quien fecunda la tormenta bate; 
Sensible y nervioso, sutil caicobé: (1) 

Si rompe sus vallas el mar rebelado. 
Si el incendio ruje, si el negro huracán 
Postra lo que erguido dejó el terremoto, 
O de la ira eterna revienta el volcan; 

Si gime la Patria de luto vestida. 
Sí rueda de muertes preñado el cañón. 
Si empuñan el asta y en ancha cuchilla. 
De hermanos y hermanos se cruza el bridón; 

Magnética llama su pecho electriza, 
\ su arpa, al ^impulso del estro creador. 
De lo hondo del pecho gemidos arranca, 
Que secan la vida recien en su albor! 



1846 



Esperanza, dedicada al doctor Gomet en 1846^ nUAs, pig^ 4B, sino de esie 
modo: 

Desterrado arcángel» por eso rebalde 
Quiere de la tierra los lazos romper. 

La enmienda tiene por objeto ahora ligar el sentida del fragmento poético (rans- 
eripto eon lo que antecede en prosa mas arflba. Cümpleme advertir con este mo- 
tivo, que por esa ü otra razón análo^, alguna vez, al revisar las pruebas, becreido 
oportuno corregir alguna otra estrofa ó verso que me pertenecía. 

( 1) Caicobé es el nombre de la sensitiva americana, v los que ban tratado con 
intimidad al Dr. Gómez saben cuan csquisita es su sensibilidaa y la delicadeza de 
•US sentimientos. 



— 416 — 
XXII 

• 

El inspirado y filosófico cantor de la nube, era uno de 
los que tenia delante cuando escribí la siguiente página á 
dos mil leguas de distancia, incorporada mas tarde en un 
libro. 

Jóvenes escritores y poetas, al leérosla solo tengo en 
vista encenderen vuestro pecho el ansia noble de la ver- 
dadera gloria, y el poderoso estímulo de la emulación, to 
mando por modelo á los grandes ciudadanos, pensadores 
y obreros de la humanidad. 

®C^ El poeta español Bermudez de Castro ha dicho: 

la gloria es un sueño, 

Nombre que halaga nuestra audacia loca. 
Sonando eterno en nuestro pobre oido, 
Y vá de boca en boca 
. Rodando á los abismos del olvido. 

Pero no es esa la gloria del que inspirado por el genio 
cristiano, se siente capaz de consagrar toda su existencia 
á la realización de un pensamiento grande y generoso, del 
que aspira á conquistarse un puesto en el corazón y en la 
mente de sus semejantes, del que se resigna a pasar días, 
noches y aiíos enteros buscando la verdad, hasta que la 
llama encerrada en su cerebro se encienda, v estallando de 
improviso, caiga en brillante parábola y rodee su cabeza 
con una aureola de luz La gloria para él, es un sacer- 
docio, una misión, un aliado que Dios le presta para di- 
fundir sus ideas en alas de la fama. 

Desde que su frente, golpeada por los que llevan el 
cetro del pensamiento, 

« En noble ceno y majestad bañada » (I ) 

se levanta sobre el nivel común, su nombre y su vida ya 



(I ) Juan Niotsío Gallego. 



— 417 — 

# 

BO le pertenecen ; pertenecen á su pueblo, á su patria, al 
mundo, á la humanidad. 

Su corazón es la esponja qne embebe las lágrimas de 
millares de infelices ; su alma, el eco de los deseos y as- 
piraciones, de los pesares y alegrías de todo un pueblo ; 
su palabra el roció fecundo que vivifica la mustia flor de 
la esperanza, el soplo de la concordia y el amor. Y cuan- 
to mayores sean las simpatías que levante en pos de sí, 
cuanto mas intensa y general la vibración de sus acentos, 
cuanto mas generoso y espontáneo el entusiasmo que 
provoque, cuanto mas nobles los sentimientos que des- 
pierte, cuanto mas hondas y elevadas las armonías que 
arranque de la lira interna, haciendo resonar á la vez to- 
das las cuerdas de la fé, el amor, el patriotismo, la virtud, 

el honor tanto mas alta y divina resplandecerá su 

gloria en este mundo y en el otro, porque Dios mismo se 
pondrá en pié, y le abrirá sus brazos al acercarse á su 
trono celestial. 

¿Lo dudáis f pues oiJ el desgarrador gemido que 

lanzan los pueblos cuando cae uno de esos genios mar- 
cados en la frente desde temprano con el sello de los 
escogidos, para valerme de una frase de D. Emilio Caste- 
lar. Diríase que cada ciudadano siente como si le arre- 
batasen una parte de su personalidad. Recordad la sensa- 
ción que produjo en Montevideo la muerte de Adolfo 
Berro y de Echeverría. La del primero, — me acuerdo 
bien, — fué un diade duelo nacional. En la del segundo 
estaba yo en Madrid , y desde allí vcia con los ojos del 
alma lo que en efecto aconteció. Pocos versos he escrito 
con tanta espontaneidad como los que consagré entonces 
al autor de la Cautiva. 

«E! Poder, el talento, la beHeza, 
La ciencia y la virtud en ese dia , 

,27 



— 418 — 

Inclinaron hamildes la cabeza 

Ante el féretro tuyo , Echeverría I 

Digna , sublime , santa apoteosis , 

Que diviniza tu envidiable muerte 1 

M leer su descripción sentí una cosa 

Que ha sido el mas horrible y el mas fuerte 

Pesar, que en tierra estraíia 

Ha desgarrado mi alma generosa : 

Estaba yo en España 

y no vertí una lágrima en tu fosa ! » ^=i^5® 
1854. 
«Si alguna vez lloramos por la patria, me decía el doc- 
tor Gómez en un precioso artículo literario sobre Celiar 
escrito hace treinta y cinco aíios, que sea con las lágrimas 
del gigante: 

Piangendo si ch'ella oda i nostri guaily> 

En vez de alzar himnos de triunfo ¿habrá llegado el caso 
de llorar por la suerte futura de la patria ? 

Dejo la respuesta al inspirado poeta italo-oriental Odi- 
cini y Sagra, uno de los jóvenes de la brillante pléyade á 
que me referí en la nota al Consejo Universitario — 
Pág. 310. 

Tan mejorado está el original en la bella traducción 
hecha por este inteligente amigo , que bien puede consi- 
derar el testo como suyo. Además, parece justo que al 
contestar al Dante se le hable en su propia lengua. 

« Non só — ma s'é vero che gloria non hanno, 
Color che olocausto deír alma non fanno 
Sul tripode sacro ov arde íl dolor; 
Se é vero che é d'uopo , per cinger la palma, 

La croce portare Signore, quest alma 

Ti prendi e una foglia mi porgi d'allor! 



— 419 — 

II pando soffrire sapró di tua mano , 
Se naovo concedí ch*io sveli un arcano , 
Che agli uomíni insegni del vero il mister ; 
-Se ad essi mía vita, servendo d*esempio, 
D'antica virtnde sorviva nel tempio , 
Rifulga qual astro di gloria forier ! 

Se iníine la morte trovandomí accanto , 
Fai ta cfae la patria , che adoro cotanto. 
Felice e rédenla mi baci inmortal ! (1 ) » 

Honorables miembros del Consejo , señores catedráti- 
cos, abogados, doctores y bachilleres, os deseo, como 
á todos mis compatriotas, que por premio de vuestros 
afanes la Patria redimida y libre ; 

En vuestra frente ponga &u beso maternal I 

He terminado. 



Al reimprimir esta Conferencia, dada hace cinco me- 
ses en la Universidad, publicada íntegra en El Siglo y El 
Bien Público, y de la que transcribieron algunos fragmen- 
tos otros periódicos, no he alterado ni agregado una sola 
íkiea al texto, ünicaüíente be suprimido tres ó cuatro 
renglones por la interpretación desarreglada que ei pri- 
vado les daban algunos, que tod© lo ven par un prisma 
tan estrecho y mezquino como su inteligencia. 

Inútil me parece advertir qne si hubiera juzgado dig- 
na de tomarse e<n cuenta cualquiera observación ó crítica, 
sobre todo si wa cotapetente la persona que la hacia, 
encontrando justas aquellas, habría hecho las enmiendas, 
adiciones ó supresiones que juzgase convenientes ó nece- 
sarias, respecto de cualquier punto de los que trato, sin 

(I) Álbum de poesías l'ruffutyas R^g. 347. 



— 420 — 

limitación alguna, j expresado en una nota la causa. Si 
por el contrario no me convencian, habría mantenido mí 
opinión, y aducido las razones en queme fundaba. Reí- 
tero lo que digo á f. 196 sobre el respeto que profeso á 
la verdad y el sincero anhelo con que la busco siempre. 

- 35 - 

Apéndice de la conferencia Universitaria 

1 

UNA PRETENDIDA RECTIFICACIÓN HISTÓRICA — VÉASE PÁG. 350 

Sr. Editor de El Éien Público. 

En contestación á una solicitada que aparece en el nú- 
mero de hoy, debo decir que la referencia que hice, es 
tan cierta, que la tropa estuvo formada en el patio del 
Fuerte mientras se verificaba la elección de Presidente. 
Verdadero ó falso el rumor que circulaba esos dias, y que 
por mi parte, como todos los opuestos á la candidatura 
Suarez, creímos cierto, únicamente por él se explica el 
contexto del articulo citado, inserto en La Tribuna, que 
cualquiera pueda verificar; y en cuanto á la amenaza del 
General Caraballo, me encontraba yo al lado del Presi- 
dente de la Asamblea, D. José Cándido Bustamante, y 
muy cerca D. Héctor Várela y otros Senadores y diputados 
que presenciaron el hecho. 

Pueden ellos desmentirme si falto ala verdad. 

El señor Bustamante rechazó indignado la intimación 
del General Caraballo, con estas testuales palabras: hagan 
ustedes lo que se les antoje: nosotros hemos de votar por 
quien nos dicte nuestra conciencia. 

En cuanto á que la candidatura del General Suarez 
fracasó por que alguno faltó á su compromiso, seria bueno 



— 421 — 

nombrarlo, para no hacer pesar la sospecha sobre adver- 
sarios leales, como fui yo y otros que, desde el primer 
momento combatimos esa candidatura, no en odio cierta- 
mente á la persona, pero por consideraciones de un or- 
den superior que en nada arectaban el honor del candi- 
dato. 

Soy de Vd. Sr. Editor S. S. — Á. M. C. 
Montevideo, Julio 30 de 1880. 

II 

ESTRABISMO 

Sr. Editor de El Siglo. 

Los objetos se pintan en la retina con la cabeza para 
abajo; es el sentido interno quien rectifica la aberra- 
ción, y nos los hace ver como realmente son. 

No de otro modo el estrabismo intelectual y moral alte- 
ra las impresiones y los juicios, en unos por error invo- 
luntario, porque no ven claro en estas arduas cuestiones: 
en otros por despecho é impotencia que embravece mas 
su inmoderado deseo de abatir por medio de la difama- 
ción al adversario que no pueden vencer con armas de 
buena ley. 

Con ese objeto se les forma un Calvario de lo que no 
han hecho, dicho ni pensado, y así se procura, siguiendo 
el consejo del famoso D. Basilio, desautorizar la palabra 
de los contrarios, levantándoles odiosidades y desacredi- 
tándolos ante la opinión pública. La táctica es mas cono- 
cida y vieja que la ruda. 

La hidra tiene cien cabezas, que cortadas renacen; y ayl 
del que desfallezca, retroceda ó huya amedrentado ante 
sus ataques! 

Ayer tuvimos que poner de relieve la falsedad de una 
pretendida rectificación histórica inserta en El Bien Pü- 



A->Q 

blico; y hoy nos llaman la atención ( por que ni tiempo ni 
paciencia tenemos para leer todos los periódicos que ven 
la luz en Montevideo) sobre un remitido que publica la 
Colonia Española. 

« De la propaganda de El Siglo al solio de la cátedra, 
dice el remitidista, el posibilismo muda de traje, desde la 
altura en que la palabra autorizada del Dr. Magariños Cer- 
vantes lo convierte en teoría ante un auditorio que en- 
carna la nueva generación, y que aun no conoce el mun- 
do ni las luchas de la política. 

«Y en ese camino considero al posibilismo peligroso.» 

El posibilismo que sostiene el Sr. Albistur, y el que 
profeso yo , no tiene la manga tan wncha como algtmos 
se figuran, según ha observado ya el redactor de El Siglo. 
Reconoce por límite. la moral , el derecho y la justicia, y 
se funda científicamente en las autorizadas doctrinas de 
Pascal , Herbert Spencer y otros grandes pensadores de 
su talla, antiguos y modernos. No es, pues, con declama- 
ciones y hueca palabrería como se ha de demostrar la no 
existencia de las diversas leyes que rigen al individuo y á 
la sociedad y demás puntos que abraza mi conferencia. 

Lejos de ser peligroso el posibilismo, bien entendido y 
rectamente aplicado , es en mi concepto el único camino 
que ameiludo queda para salir de situaciones inextrica- 
bles , sacando las cuestiones de la esfera nebulosa de las 
abstracciones metafísicas para planlearlas resueltamente 
en el terreno de la realidad , y buscarles solución por to- 
dos los medios legítimos y dignos hasta dbwde sewhuma^ 
ñámente posible. 

El peligro lo veo yo en petrificarse en fórmulas q«e la- 
vadas á la exageración , ligan de pies y manos á los parti- 
dos dentro de un circulo de hierro que no tiene salida: el 
peHgro para mi está en reincidir én la falta. que^ tan "eoér- 



_ 423 — 

gicainente condena Locke ; en persuadirse que las pala- 
bras por sí solas son realidades vivientes. 

En obsequio ala juventud quehadeoirme siempre, 
pese á quien pese , mientras pueda manejar la pluma, 
hago esta ligera rectificación, pues jamás pierdo el tiem- 
po en discutir con quien da claras muestras, ó de no 
haber leido lo que critica, ó de no tener idea siquiera 
de los problemas en cuestión. 

Soy de Vd. señor Editor etc. 

A. tf. C. 
Agosto 9 de 1880. 

m 

(glosa del§ xviii cobrespondieüte á la pág. 402) 

Como se Heva^adelantc en política cualquiera empresa magna — 
¿ Respondo á una necesidad nacional la formación del partido 
Constitucional f 

En el parágrafo VIII, decia el 18 de Julio, que solo con 
el auxilio del pueblo, acaudillad^ en la Capital j Departa- 
mentos por sus hombres inteligentes y prestigiosos, con 
«1 mayor número posible de las fwrzm vivas y elementos 
regeneradores de todos los partidos, se conseguiría llevar 
la piedra ala montana — pág. 362; simdo impotente, en mi 
concepto, cada uno aislado para realizar esa obra de ti* 
tenes.— Pág. 44)8. 

Uno de los escritores que en general con mas al- 
tura se ha ocupado de la cuestión politica, el nuevo 
redactor de El Bien Público, periodista veteraao que co- 
noce afondo el oficio, en un articulo intencionado y tra- 
vieso, publicado en el número de hoy (6 de Noviembre) 
que ^caJbo de leer cuando me traen las pruebas de este 
caíptuk), viene á reconocer tmplicitamente aquella doloro- 
sa verdad, aunque para arrimar la brasa á su sardina, co- 



— 424 — 

mo dioen en su tierra, pretenda echar el muerto, es decir, 
la resurrecion de los que se creían enterrados, al partido 
constitucional,— cuando es notorio que son otros quienes 
los han evocado, y que el presunto criminal es todavía 
muy joven para brujo, y harto hace con defenderse de los 
Vivos, (y ponerlos á raya) para tener que pelear también 
con los difuntos. 

«Sólo en las grandes agrupaciones y la cohesión de sus 
fuerzas, dice el Bien Público, puede hallar el verdadero y 
sensato liberalismo fuerzas para contrarestar el entroniza- 
miento de sistemas odiosos en el poder. El fraccionamien- 
to, el amor propio intransigente, la obstinación en no an- 
teponer el bien público á compromisos de que debe pres- 
cindirse, no sólo seguirán siendo remora á todo progreso 
y á la confianza pública, sino que ayudarán á que obtenga 
el triunfo definitivo en el poder el elemento que menos 
condiciones y garantías presenta para reformar y gober- 
nar bien este país. » 

Desde la segunda noche que hablé en casa del Dr. Sienra 
y Carranza, penetrado del alcance de la observación que 
hoy hace el ilustrado colega, ante las dificultades que sur- 
jen inevitablemente en situaciones análogas, desde que fla- 
quean los primeros que deben formar pared, insinuaba 
que si llegara este caso, se tentase el último esfuerzo, nom- 
l)rando, cada centro, una comisión de algunos miembros 
(en corto número) para que reunidos en asamblea popular 
los delegados mas capaces de todos los partidos que acep- 
tasen la idea, procedieran á plantear, dilucidar y resolver, 
si era posible, las cuestiones fundamentales de nuestra 
reorganización política y social — Pág. 402. 

Si no era posible, sea por lo que fuere, inmediatamente, 
desde luego, llegar al ideal: constituirán solo y gran par- 
tiéo con todos los elementos mas ó menos aptos para 



— 425 — 

amalgamarse, ¿qo podríamos, deciayo entonces, acercar- 
nos provisoriamente á ese desiderátum por la alianza 6 
confederación de diversos grupos, con fines y propósitos 
bien definidos y determinados antes, bajo el solemne com- 
promiso de cooperar unidos al triunfo de las instituciones^ 

En el cuerpo humano, diversos sistemas, desde la cé- 
lula mas pequeña hasta el órgano mas poderoso, funcio- 
nando simultáneamente bajo el imperio del principio su- 
perior de la vida, al impulso de acciones y reacciones suce- 
sivas, producen la inexplicable, maravillosa unidad del 
ser físico, intelectual y moral, sensible, queriente y pen- 
sante. 

En el cuerpo politico, u na idea y un interés superiores 
al antagonismo de los viejos partidos: la patria y la salva- 
ción común, pueden— dentro de ciertos limites— dominar 
a las voluntades rebeldes, si hay altura y civismo en las 
primeras cabezas, y servir de lazo y de motor á fracciones 
distintas, mientras la ley que en la concurrencia vital, con- 
dena á lo que es débil y malo á ser absorvido por lo que eb 
mas fuerte y mas bueno, realiza con el concurso del tiem- 
po, de los sucesos y el labor enérgico y perseverante de 
los mas inteligentes y bien intencionados, la unidad que,, 
producidos ciertos hechos, en vano se buscaria prema- 
turamente por medios violentos ó artificiales. 

Asi contestamos al sempiterno estribillo con que se cree 
confundirnos : los partidos no se improvisan. Los par- 
tidos cari amici , como todo lo que es contingente, como 
todo lo que tiene principio , no nacen sino para morir, 6^ 
si esto os parece muy duro , para transformarse* perpe- 
tuamente. Las leyes naturales se cumplen en ellos como 
en todos los organismos : recorrido el circulo de la finali- 
dad , la vida se escapa. 

No quiero entrar en la enojosa cuestión de averiguar si 



— 426 — 

ios partidos tradicionales hau recorrido todos los periodos 
)le la existeacia : nacimiento, crecimieoto, virilidad, de- 
cadencia, decrepitud y muerte. Me basta saber que el nue- 
vo partido viene á llenar una necesidad suprema : la Re- 
pública tan necesitada y tan escasa de hombres idóneos, 
no puede estar eternamente dividida en dos campos ene- 
migos é irreconciliables: el pacifico reinado de las insti- 
tuciones es una quimera, la guerra civil es inevitable, 
cuando todos los depositarios déla autoridad y de la fuer- 
za armada pueden impunemente á la sombra de su divisa 
de guerra anteponer las conveniencias de su partido á la 
ley, á la justicia, al derecho, y hasta á la Nación I 

¿Como resiste á la tentación el que todo lo puede? 

En tales condiciones ¿ podremos vivir como hermanos? 
No nos veremos forzados, una vez mas, á tener que bus- 
carnos con el hierro el alma en las entrañas, para con- 
quistar sobre los cadáveres de los vencidos una domina- 
ción efímera y precaria? — Pág. 336. 

Si el partido de las instituciones responde por consi- 
guiente auna necesidad nacional, si la idea que lo trae 
al escenario político ha nacido viable, no le neguéis el 

medio ambiente necesario para su desarrollo, y mas 

tarde hablaremos. Entretanto, llamadle si gustáis Úrico, 
parvulito, homeopático, infusorio. Un espermatoide con- 
tenía á NapoleoD. 

¿Persistirán algunos en creer que la tran^ormacion 
puede y debe hacerse en el seno de cada partido y solo 
con sus propios elementos ? 

Si por haber fracasado las anteriores tentativas de los 
precursores del nuevo partido, siempre en malas condicio- 
nes para afrontar la lucha armada, en lo que consistió su 
error y su derrota, se califica de geaerosa pero candida 
utopía, la síntesis constitucionalista ¿qué diremos de la 



— 427 — 

tesis y antítesis colorada y blanca, que fuera de la guerra 
nada sólido, fecundo ni permanente, durante medio siglo, 
han podido fundar en la paz, no obstante haberse adue- 
ñado del mando alternativamente y dominar sin resisten- 
cia á una sociedad ávida de reposo, harta de trastornos 

é infortunios de todo linaje? 

No acuso á nadie... lloróla inútil experiencia, 
De la que no aprendemos ni escarmentamos nada: 
Lo que sanciona el crimen y usurpa la violencia, 
La sangre derramada, la mísera existencia 
Que á todos nos reserva la ley atropellada! (I) 

1855 

La transformación de las dos viejas y formidables agru- 
paciones con sus insignias bélicas, — dentro de su seno, 
y solo con sus propio» elementos, si que me parece una 
generosa, pero candida ilusión, —que puede costamos 
muy cara a todos. 

Hay cien probabilidades contra una para creer que no 
faltaran incentivos que reaviven las mal apagadas cenizas 
de lá antigua hoguera, y acaso antes de aguardar á la elec- 
ción presidencial , como un arma celosa que al mas leve 
roce se dispara sola, estalle el conflicto éntrelas hues- 
tes tradicionales, y nos encontremos en el atolladero de 
la guerra cítíI (ó algo peor) girando una vez mas dentro 
del clrciUo de la muía de tahona. Pág. 409. 

Kodudo por mi parte que los Leaders de esos partidos, 
los hombres de corazón é inteligencia, procedan de bue- 
na fé, en virtud de convicciones tan respetables como las 
nuestras, y harán caanto de ellos dependa para que sus 
correligionarios no tengan necesidad de descender á ese 
doloroso estremo ; pero cuando llegue la hora decisiva 



(í) Lo qtie sintió mi alma, al diviur las cosUs uruguayas, volviendo de Europa. 
^jéidum de po9$Uu urwjiuaya$ pé§. IW. 



— 428 — 

¿cómo podráQ cootrarestar unos, el desequilibrio en la 
balanza por el peso abrumador de los elementos oficiales, 
puestos al servicio de su contrario? y aceptado este hecho, 
que puede considerarse inevitable por la naturaleza de las 
cosas, si la batalla se hade librar únicamente entre albos 
j rojos ; si si el triunfo se debe en realidad mas que al 
poder y escelencia de la idea, á la imposición de la fuerza 
pública, que desviada de su misión protectora de la socie- 
dad entera, no de las maniobras poco escrupulosas de los 
partidos, todo lo avasalla y contamina, y hace ilusorio el 
ejercicio del derecho ¿ cómo antes y después de la victo- 
ria, podrán otros dejar de verse envueltos y arrastra- 
dos por la masa, como algunas gotas de agua por el 
impetuoso caudal de un gran rio, según la expresiva 
imagen de Herbert Spencer?. . . Pág. 401. 

Francamente, no veo posibilidad de conjurar el mal, 
sino aunando previamente las voluntades y los esfuerzos 
en el terreno en que plantea la cuestión el partido cons- 
titucional. 

Es posible qne e\ gohievño permanezca neutral, hasta 
por conveniencia propia, si en vez de solo dos grandes 
masas compactas y amenazadoras, vé en frente de ellas 
en toda la República, respetables grupos desprendidos de 
su seno, miembros déla nueva asociación, destinada por 
poco qnelas circunstancias la favorezcan— digase lo que se 
quiera— á arrastrar en su órbita de atracción todas las 
simpatias é intereses honestos. 

¿Es esto imposible?... absolutamente imposible?... De- 
cididamente no hay mas remedio que resignarse á la fata- 
lidad, y evolucionar imitando al cangrejo? 

Pruébenlo con razones, capaces de llevar el convenci- 
miento á cualquier espíritu recto. Yo, por mi parte, sin 
preocuparme de las consecuencias, favorables ó adversas, 



— 429 — 

busco la verdad con afán, y desde que llego á persuadirme 
del error, me inclino ante ella con tanta humildad, como 
me sublevo altanero contra los denuestos y las vulgarida- 
des.— Pág. <96. 

Abajo pues, la tradicional muralla china, como la ha 
calificado con profunda exactitud el señor Albistur ; mu- 
ralla que nos segrega de las corrientes del progreso, y 
nos clava inmóviles en el pasado, impidiéndonos dar un 
paso adelante ; inocularnos savia nueva, cambiar de tác- 
tica, de hábitos y de horizontes ; substituir en fin la car- 
reta de bueyes por el Ferro-carril ; los puentes, obra del 
arte, á las picadas naturales de inundación periódica, 
que no dan paso en el invierno. 

Fué bajo el influjo de estas ideas que invitados por El 
Plata á colaborar en sus columnas, le escribimos la carta 
inserta en su número primero. Alguno de esos aficiona- 
dos que llevan sus expósitos al torno de los periódicos ca- 
ritativos; que acostumbran rezongar entre dientes como 
negros bozales y se hacen los que no entienden cuando 
les conviene, ha querido explotar malamente una frase 
que no tiene la intención felina que él le dá. La ex- 
pléndida catedral desierta en que al menos los acólitos 
acompañan respetuosamente á los Patriarcas, será siem- 
pre preferible á diez sinagogas en que hasta los monigo- 
tes abandonan á los Pontífices para formar rancho aparte. 

El objeto que tuve en vista no fué otro que provocar 
algunas explicaciones (que han sido satisfactoriamente 
dadas) sobre dos ó tres puntos del Manifiesto que se 
prestaban á interpretaciones inconvenientes y perjudicia- 
les. Al hablar en ella de propaganda elevada, inteligente, 
conciliadora, inspirada solo en el bien del país, era en el 
concepto de servir mejor los intereses permanentes de 
este y de nuestra causa, abrir mas ancha puerta aun á to- 






— 430 — 

dos los que simpatizan con nuestras ideas, haciendo desa- 
parecer la razón ó el pretesto que les impidiera incorpo- 
rarse al centro constitucional ; y quise por último poner 
en guardia á mis jóvenes amigos los redactores de El Plata, 
contra la saña y encarnizamiento á que Teces se ven ar- 
rastrados en^I calor de las contiendas periodísticas hasta 
los mas nobles corazones, por las exigencias implacables 
de la lucha. 

Si 00 tuviéramos otra razón para repudiar los funestos 
precedmtes que nos legaron las encarnizadas polémicas 
de los antiguos partidos, nos bastada recordar los es- 
cándalos de la prensa dados por todos en diversas épocas; 
demencia general , en que el ultraje sangriento, la invec- 
tiva emponzoñada, atizando y azuzando todas las malas 
pasiones, ax^ababan'por convertir á cada partidario en una 
fiera, ciega de odio, sedienta de venganza y esterminio. 
— Pág. 333. 

En ese combate despiadado, sin tregua y sin cuartel, 
de injuria en ofensa, y de retorsión en represalia, des- 
cendiamos los par-tidarios hasta el plano inclinado de la 
revuelta contra las autoridades, la proscripción y la ma- 
tanza de los contrarios; y rotos todos los diques, las 
divisas no servían sino para cohonestar los atentadas, 
los estravios, las aberraciones y los crímenes que man- 
chan las páginas de nuest^ra corta y borrascosa historia. 

No acuso k nadie todos, y yo como el primero , 

En dias lamentables de vértigo y delirio , 

Sañudos esgrimiendo la pluma ó el acero , 

El seno de la Patria rasgamos lastimero , 

Hiél á su hiél mezclando , martirio á su martirio ! 

¿ Y siempre será el mismo nuestro destino impio ? . . 
i Oh I no I Dios es piadoso, y el bien al mal domioa : 



— 431 — 

Eq tempestad deshecha , yo he visto al map bravio , 
Y aunque dudé uu morneuto , roto el celaje umbrío , 
Al suspirado puerto mi nave se encamioa. ( I ) 

1835. 

Seamos siempre homJ3res de verdad; iocliiiémoDos ante 
ella caü respeto, aunque nos duela y nos humille; seamos 
ciudadanos antes que colorados ó blancos, y sin renegar 
ninguna tradición honrosa de ios viejos partidos, reco- 
uozcamos noblemente que necesitan cuando menos trans- 
formarse. Tal es la misión que incumbe y la necesidad 
que viene álleoar el partido de las instituciones, legítimo 
heredero por su prosapia del pasado, en cuanto le honra 
y enaltece , y síntesis suprema del presente y del porve- 
nir.— Pág. 323-358. 

Hé aquí la carta de la referencia. (2) 
Señores Drs. don José Sienra Carranza y don Carlos 

María Ramirez. 

Montevideo, Agosto 28 de 1880. 

Estimados amigos : 

La carta-invitacion de Vds. me encuentra engolfado 
en preparar materiales para una publicación literaria que 
traigo entre manos desde el meíg de Mayo, teniendo que 
hacer frente á otras atenciones. 

La imprenta me talonea, y Vds. »aben que no dá tre- 
gua. 

El particular aprecio que profeso á Vds. me impone, 
no obstante, el deber de contestar á su carta con la llane- 
za y clarídad que acostumbro. 



(l) Allmni cit. pág. 141. 

(9) La gkw* qiw «cab» de le<*r!ie parece escrita expreMmente ptra conteaUr á 
algunas artículos publicados en la prensa coa posterioridad; pero tí. Caretano Alva- 
res 7 D. Deitnidio De-María pueden ceniHcar, por tubería leído en la fedia citada 
en olla, que fué enviada con otro* originales á la imprenta de El Siglo, el 6 de No- 
viembre, y compuefta al día sigükBte. 



— 432 — 

Sea cual faere el resaltado de sus esfuerzos y las díflcul- 
tades con que tendrán que lachar, creo 7 espero de sn re- 
conocido talento y patriotismo, que harán un Terdadero 
servicio á la nación, si consiguen, como no lo dudo, llevar 
á la práctica, por medio de una"' propaganda elevada, in- 
teligente, conciliadora, inspirada solo en el bien del pais, 
los principios fundamentales de reconstrucción política y 
social, que en general ha tenido por norte el Manifie$lo; 
evolucionando en el sentido de ensanchar la esfera de ac- 
ción, según lo requieran los sucesos en via de desarrollo; 
y para ir allanando el camino, apartar con pulso y sano cri- 
terio todo lo que no sirva sino para dividir, enajenarnos 
voluntades, que pueden ser auxiliares poderosos del bien, 
y sublevar en la generalidad de los ciudadanos que no tie- 
nen el alma envenenada por el odio, antipatías y resisten- 
cias invencibles. 

Es con hombres y no con ángeles que se realizan las 
obras humanas, y si se olvida esta primera condición, el 
mas grandioso programa se convierte en una espléndida 
pero desierta Catedral, donde ofician media docena de pa- 
triarcas vestidos de pontifical, acompañados de cuarenta ó 
cincuenta acólitos. 

La idea para triunfar necesita encarnarse en la multitud, 
por mas que en su origen baste á veces un solo hombre 
'para incubarla en su conciencia, y darle vida en la de sus 
primeros sectarios, como todos los fundadores de lasre- 
ligiones que han predominado en el mundo. 

La vez última que hablé en la Universidad, ya trabajaba 
mi espíritu la penosa idea del peligrp que corren los par- 
tidos en nuestra patria, de retroceder á la vuelta de la 
muía de tahona, es decir, á la tendencia sobrado acen- 
tuada que tienen la mayor parte de los hombres (que por 
algo se ha dicho que somos animales de poco escarmien- 
to) á continuar eternamente la tela de Penélope. 



— 433 — 

Pero dí esta ni ninguna oirá emergencia debe retraer de 
fiacer en defensa de sus convicciones á \o% hombres pea* 
adores cuathto humanamente les fuere posible, aún 
-cuando tal?ez no les sea dado ajustar á ellas la solución 
^el problema, una vez producido el hecho, que no ha es- 
tado en su mano contrarestar. 

Como miembro de un partido, como parte de un todo 
diq^to á la ley colectiva, me someto sin restricción á las 
resoluciones de la mayoria — que representa la autoridad 
-«mientras no sean derogadas; salvo el derecho de pug- 
nar individualmente en el terreno de la discusión, ea uso 
de la libertad que compete al ser racional, es decir, inte- 
ligente y responsable, por la reforma, modificación ó en- 
mienda del punto ó puntos que considere perjudiciales á 
la cattsa que defiendo. 

Mis opiniones sobre el manifiesto, el partido Constitu- 
cional y la actualidad, están espresadas sin ambajes en la 
Conferencia celebrada en la Universidad el 48 de Julio úl- 
timo. 

Cuanto ahora dijera tendría que jirar en esa órbita, é 
ignoro hasta que punto estaría ó nó conforme con los 
propósitos de ustedes y la actitud que asuman. 

Entretanto, les desea acierto jr felicidad, y les acompaña 
«con sus sinceros votos: 

Su afectísimo amigo.— i. M. C 

IV 

Posibilismo, oporiufliSRio, erokicíomsmd. 

(Glosa del ^ xv coRRESf ondiente A la pAg- 386) 

La palabra posibilismo como tantas otras, es de moder- 
na data ! solo se encuentra en el Diccionario de la Lengua 
el vocablo posibilidad, definido como cualidad ó condi- 

28 



— 434 — 

cion de lo posible; capacidad ó no repugnancia que tienen 
las cosas para' poder ser ó existir ; lo que en snstancn 
coincide con el posibilismo, en cuanto este, como sistema 
filosófico y político, tiende á harmonizar el Jdeal con la 
realidad, lo que es con lo que debe ser, y sirviendo de 
lazo entre lo absoluto y lo relativo, procura determinar 
la esfera superior de acción donde se ejerce la moral polí- 
tica y se hace visible, no por meras fórmulas que el hom- 
bre puede interpretar á su antojo, sino por la sancioo 
de las leyes eternas del bien y del mal, reveladas en los 
hechos, que dados sus antecedentes se desarrollan de 
una manera lógica y fatal, según la opinión de los mas 
autorizados representantes de la ciencia sociológica. 

Para el que se ha tomado el trabajo de estudiarfos y 
meditar sobre sus avanzadas teorías, separando el oro- 
pel del oro, el posibilismo, el oportunismo, el evolucío- 
lismo, no son mas que fases diversas de una misma 
tesis, vieja como el primer bosquejo de organización 
que se dio la Sociedad, y condensada por la sabiduría 
Romana en este axioma, que no admite réplica: A impos" 
sibile nemo teneíur: nadie está obligado á lo imposi- 
ble. 

No es, pues, sin estrañeza que vemos á algunos, que se 
dicen libres pensadores, olvidar la primera regla de sus 
maestros: no asustarse, no irritarse, no hacer aspavientos 
ni melindres por nada. — ^No perder jamas la impasible se- 
renidad que tanto recomienda Renán al filosofo. Indagar, 
examinar, descubrir y fijar la ley que rige al fenómeno^ 
sin preocuparse del numeno, que existirá ó no, pero que 
en realidad está fuera de nuestro alcance; escapa á todo 
medio de comprobación, según pretenden. 

Un tigre es un poderoso estómago que necesita llenarse 
de carne ; el borracho se halla sometido á influencias 



— 433 — 

viciosas ó naturales de su orgauísmo, que le obligan á 
ingurgitarse de alcohol ; un asesino es simplemente un 
cerebro inyectado de sangre etc. Subíala causa, tollitur 
effectus : Quitada la causa desaparece el efecto. 

En el orden de ideas do las diversas escuelas raciona- 
listas, en que amenudo si se toman las palabras al pié de 
la letra, grandes conceptos se convierten en blasfemias 
atroces, la frase atravesar por en medio del barro si no 
hay otro remedio, que ha sulfurado á mas de uno, es 
de color de rosa, al lado de la de Taine: la virtud 
y el crimen son meros productos de la máquina humana, 
como la azúcar y el vitriolo, de la química, y parece un 
idilio comparada con la que pronunció Vitelio en el cam- 
po de batalla de Bedriaco, al observarle su comitiva que 
era insoportable el hedor de los cadáveres. 

Pueden algunos libres pensadores á h vainilla, que sin 
duda no han descendido ni podrían descender con Scho- 
penhauner hasta los anfiteatros, los hospitales y el museo 
Dupuitren, afectar todo el desden que les agrade por estas 
plebeyas realidades. Lean la obra jefe del ilustre maestro 
(El mundo como voluntad y como representación) y ve- 
rán que D. Arturo, el filósofo francamente ateo, que os- 
curo y desconocido por sus compatriotas hasta los últi- 
mos años de su vida, ha sido canonizado después de su 
muerte por las escuelas mas avanzadas, y cuenta hoy nu- 
merosos adeptos en Alemania y en Europa, establece como 
regla primera del verdadero filósofo : despreciar al mun- 
do, despreciarse así mismo, despreciar su despre- 
cio. Spernere mundum , spernere se ipsum , spernere 
sperni. 

No hay, por consiguiente, motivo para escandalizarse 
por un poco de arcilla, que al fin y al cabo de ella fuimos 
formados, según el relato de Moisés ; y ninguna persona 



I 



— 436 — 

mediaaameate ílastrada ignora que la fcase es bastaoie 
vieja en el tecnicismo político. 

Al decir metafóricamente qoe colocados entre la vida 
y la muerte» atcavesaríaxnos por entre el fango, si no A«- 
bia otra remedio, no hicimos mas que espresar por me- 
dio de una imagen que impresiona al lector, una verdad 
incontestable, la presión de una fuerza mayor, que solo 
pueden desconocer los que se pagan mas de la euConia 
de las palai)ras que de la triste realidad de las cosas» 
Desearía verlos perseguidos por un novillo cerca de al- 
gún corral donde pudieran guarecerse, aunque estuviese 
tapizado de algo que no trascendiera precisamente á jaz- 
mines y azahares. 

¿ Qué hombre verdaderamente político en un momento 
supremo, dejaría perder su causa y votar i la muerte á 
su partido, por no aceptar el concurso de elementos con- 
trarios nada ortodoxos ; pero capaces de contribuir á 
salvar una situación desesperada, y tai vez a asegurar el 
triunfo mas tarde á los sostenedores del derecho y la jus- 
ticia? 

¿La causa de la civilización y de la libertad en el Rio 
de la Plata se hubiera salvado de las hordas de Rosas^ 
apesar de los prodigios de c(mstancia y heroísmo de sos 
defensores, sin el pronunciamiento del General Urqniza, 
debido en gran parte, k uno de nuestros primeros esta- 
distas, el Dr. D« Manuel Herrera y Obes? Lo mismo digo 
de la iniciativa y trabajos del afamado autor de.la Historia. 
BK BsLGRAiia coronados con la reorganización de la nacio- 
nalidad argentina. 

Sé que la pasión política, ciega, irritada ó envidiosa, ha 
negado á aquellos dos ikifitres proceres ese alto título de 
gloria; pero acostumbro hacer justicia al mérito ageno, y 
encuentro tanto placer en ensalzarlo como susenamij^ 



— »87 — 

en deprimirio. Tengo la TÍrtad de saber admirar— como, 
ka dicho CasteUr, el gran repúMico 7 eminente escritor. (1 ) 

Obsenré mas arriba qae la frase censorada es ?ieja en 
el tecnicismo politica; 7 en efect(» Pitt en e( Parlamento 
inglés defendiendo á Weeckies; Gnizot al terminarse la 
borrascosa sesión en qoe motejado de gtM^ Püntifice de 
la corrupdom electoral, contestó con d apostrofe famo- 
so: la im&leneia de míeítrm aíéqne$ no Uefgará yamé$ 
a la altura de mi ée9precio; el General Mitre en una 
polémica con el Dr. Gómez sabré la triple alianza; el 
Dr. D. José P. Ramírez replicando al mismo Dr. Gómez 
sobre asuntos de nuestra política interna, han dicho,, poco 
mas ó mmies, 7 reconocido (cito de memoria) que á veces 
ha7 que descender hasta el barro Sonde se amasan los 
sucesos humanos, 7 meterse en él (que es algo mas que 
cruzar á escape;) que la blanca tünica del ciudadano ho- 
nesto no se mancha, por que la salpiquen a^nas gotas 
del lodo, que pueda obstruir el camino por donde se re 
forzado á atravesar; 7 por último Sarmiento con esa mor- 
dacidad agri-dulce impregnada de curare^ que carac- 
teriza á Larra 7 á los satíricos de su temple, que clava el 
dardo en las entrañas del agresor 7 le da fiebre cada vez 
que en vano intenta arrancárselo, provocando una carcaja- 
da homérica en la galería ¿no dijo en las cátoaras argenti- 
nas al Dr. Quintana en estos o en términos semejantes : 
Vd. apuesto 7 gentil mancebo, tiene las botas limpias, 
por que no ha andado, como yo pobre viejo desaliñado, 
chapaleando el barro, para abrir los cimientos del edi- 
ficio nacional donde hay pisos de mármol para los dan- 
dys políticos? 

Parece que estos ejemplos bastan 7 sobran para demos- 

(f) aSolu las m<*dianiAs y el orgullo, no admimn nunca : \tor eso como la igno'^ 
raiHña son escBciaimcnte íeoiioci:»iitaA», dice rl Dr. C^sta en raía de las paginan de 
»ii %iaT4!iA, que no desderiariau La Roclicfoucauld 6 Labruyérc. 



— 438 — 

trar qae do hay porque espeluznarse ni hacer tantos aspa- 
vientos por el contexto de una simple frase, que no bao 
liesdenado políticos ó escritores, tan competentes (cada 
uno en su esfera) como los nombrados. 

La critica que no desciende á diatriba malevolente y 
soez, cuando juzga á escritores que han encanecido en el 
estudio y en el labor intelectual, jamás dá una interpreta- 
ción estrecha y desdorosa á sus conceptos; amplía en vez 
de restringir lo que les favorece; combate el error 6 lo 
que le parece tal, pero no lo atribuye sin pruebas ámóbiles 
indígnos;ys¡ se trata de un corrreligíonarío, busca y pone 
de relieve al lado de lo que condena, lo que puede servir 
al triunfo de su causa; y respecto de las doctrinas ó pan- 
tos susceptibles de apreciaciones diversas, les dá la expli- 
cación mas plausible ala sinceridad, á la rectitud, al sa- 
ber y á la inteligencia del escritor. 

Debe estarse siempre, no á la letra que mata, sino al es- 
píritu que vivifica. Suponer siempre en ios que no opinan 
6 no ven las cosas del mismo modo que nosotros, pero 
aspiran á idénticos fines, la mejor intención y la nobleza 
de propósitos que personalmente nos animan. 

De ese modo únicamente los espíritus capaces de tomar 
vuelo y de sobreponerse á las sugestiones vulgares ascien- 
<len auna esfera superior, donde al fuego del raciocinio, 
las nobles aspiraciones se compenetran, las asperezas se 
pulen, los ángulos se redondean, y las antinomias se re- 
suelven y concilían en una afirmación suprema, asentada 
sobre la base granítica de los principios y de los hechos, 
armonizados hasta donde es posible, por la razón y el pa- 
triotismo. 

^ada me seria mas fácil que demostrar que no existe 
contradicción lógica, (aunque pueda tal vez haberla en 
las palabras distintas que se emplean para designar en 



— 439 — 

el fondo ana misma idea) entre los principios proclamados 
por el Manifiesto y el Posibilismo, y mucho menos con 
las ideas qae he sostenido en la Conferencia de la Uni- 
versidad. 

Pero cuando los hechos tienen la palabra, coando to- 
á»s los ciudadanos, aunque discrepen en los medios, re- 
conocen ó presienten que solo por evoluciones patrió- 
ticas y previsoras llegaran á constituirse grandes cen- 
tros de opinión y de fuerzas sociales, asimilándose el 
mayor número posible de elementos de progreso, de 
inteligencia, de orden y^ moralidad, única barrera que 
puede impedirnos caer en el abismo, al que de otro 
modo marchamos vía recta, sin que nada ni nadie 
pueda salvar al pais de las consecuencias del cúmulo de 
males que ya le agobian, inevitables siguiendo el camino 
que llevamos; no seria prudente ni patriótico convertir en 
cuestión de palabras el problema de la salvación común. 

Esta consideración nos induce á no entrar en un exa- 
men mas detenido de los tópicos tratados ea las intere- 
santes discusiones seguidas sobre el posibilismo y el 
oportunismo por El Siglo, La France, El Plata, La Ra- 
zón, El Diario del Comercio, L'Era Italiana, El Te- 
légrafo Marítimo, La Colonia Española, etc. 

En definitiva, con mas ó menos restricciones, todos en 
el fondo reconocen explícita ó implioitamente la profunda 
verdad que encierra la doctrina de Pascal, inclinándose 
la mayoría al oportunismo, en cuanto salva en su con- 
cepto los peligros que entraña el primero, si mal entendi- 
do y peor aplicado, se aceptara sin limitación en todas 
circunstancias, y aun bajo los Gobiernos mas abomina- 
bles, según dicen, cargo que en verdad se ajusta mal al 
verdadero posibilismo. 

Este no procede á ciegas, sino en virtud de un juicio 



— 440 — 

prévid j medíaote coadicioods» quelapmrmitea razoa^te- 
meóte determúiar la oporUmMad de su esf necio» buscao- 
do solacioQ á sitiubeíoDes. perdidas ó desesperadas , qne- 
cada día se agravan, cuando es imposible la protesta 
armada dd derecho ó la expatriación, y hajr qite sufrir 
todas las consecuencias de oaa situación ea que la honra» 
la Tida, la fortuna^ están ¿merced de AHestros enenügos; 
acepta la locha tan drcunscrita y limitada como se quiera; 
pero la acepta en todos los terrenos donde le es posible 
pugnar por los principios tutelares de la sociedad y de la 
propia conservación: prensa, magistratura, tribuna, profe- 
sorado. . . 

Pasado el peligro, no enrostra el posibilismo al que 
desempeñó uno de esos puestos, si lo aceptó ó se con- 
servó en él por el miserable aliciente de lalgunos pesos ;. 
sino la manera como cumplió los deberes que le imponía. 

Por ventura ¿semejante doctrina desconoce la virtud y 
la conveniencia de la abstención, en determinacbs casos 
y empleos, como medida transitoria y medio eficaz de 
provocar una saludable reacción en las ideas? Dejará esta 
de imponerse como un deber á lo$ correli^ionanot,' %^ 
la resuelve su partido y es dado al individuo en su de- 
samparo ó en su situación, hacer ese honroso sacrificio á 
sus convicciones políticas ? 

No por ser posiblisia, desde que eslé afiliado en el par* 
tido que proclame la abstención, ningún hombre que se 
estime dejará de acatar la regla que la mayoría sancione, 
sin lo cual es imposible la existencia de los partidos. 

Y ya que estoy en este capítulo, ha de permitirme el lec- 
tor que conteste á algunas de las vulgaridades mas repeti- 
das con que se hapretendidodesacreditar álos posibilistas: 
solo tienen en vista el lucro y el asalto de posiciones, etc. 

Puedo yo decirlo, ya que lo callan, cuando no me hayaa 



■*- 



— 441 — 

injariado, otros que lo sabea: puedo yo decirlo, y lo digo, 
porque teugo el derecho de hablar asi y de ser creído por 
mis compatriotas, al afirmar que no soy posibilísta por 
coD¥eoieQCia. 

Auteponiendo á mi maoera de peosar la de otros respe- 
tables ciudadanos, siujactauci,ani golpes teatrales declioé 
aceptar los puestos de Senador y de miembro del Superior 
Tribunal de Justicia, bajo el gobierno de Latorre. Los doc- 
tores D. Gualberto Méndez y D. Duvimioso Terra; D, Luis 
B. Cardosoyotros, pueden, si gustan, dar mas amplios 
informes sobre el particular. 

No habia firmado el Manifiesto cuando ingresé hace 
quince anos en la Universidad, y siempre me pareció y 
contiiua pareciéndome y empiezan á creer todos, que es 
ir demasiado lejos hacer estensiva la abteiK^ion hasta á 
la enseñanza y á comisiones gratuitas, que redundan en 
beneficio de la comunidad, como la que se nombró para 
dictaminar sobre el proyecto de educación popular pre- 
sentado por D. José P. Várela, y la yá existente del Mo- 
numento de la Florida, de las que formé parte. 

Sin que me hayan alborotado la bilis, como lo prueba 
mi largo silencio, porque solo tedio y repugnancia me 
inspiran ciertos ataques para rebajarme á levantarlos, 
desafio á los que no encuentran en el Diccionario palabras 
bastante pintorescas para calificar á los ponibilütas, en 
cuyo número tienen el honor de contarse muchos que se 
imaginan otra cosa, como si el cambio del rótnlo de la 
botella alterase el licor que contiene ; les desafio á que 
denuncien en lo que me concierne, , un hecho, uno solo, 
que importe claudicación, explotación, favoritismo, bajo 
el gobierno dictatorial ; y lo que digo de raí, puedo con 
toda confianza afirmarlo del señor Herrera (D. Alfredo) 
Albistur, y otros, que han dado insigne ejemplo de altu- 



— 442 — 

ira y alinegacion, no devolviendo á sas agresores ojo por 
ojo, y diente por diente. No obstante, conviene no abosar 
de la paciencia de los prójimos periodistas. 

En cnanto a los qné nos encontramos fnera de la prensa 
¿porqae no contestamos inmediatamente?.... por no tener 
nada que replicar? Por temor acaso á algunos insulsos 
epigramas que podrian glosar y retribuir á granel, de- 
volviendo cuando menos estocada por cornada ? 

Por mi parte hace anos que estoy curado de espantos^ 
y he dado en mi larga vida de escritor repetidas phiebas 
de que no en vano soy partidario de la homeopatía; pero 
aveces mientras hablan los sucesos, el silencio es cortesía, 
y nada se pierde con aplazar la respuesta, para que sea 
en la estación oportuna del litis como por ejemplo, la 
publicación de probanzas, mas contundente y persuasiva. 
«Vari sonó degli uomini i capricci: 
A chí piaccion le torte, a chi i pasticci.> 

Muchas cosas se han dicho contra el posibilismo muy 
•oportunas, convenientes, justas, bien meditadas y mejor 
expresadas, en frase culta é inicisiva, que sabe combatir 
las doctrinas en la región de las ideas 6 de los hechos* 
sin herir a su sombra, á las personas ; pero también se 
han dicho otras, que.... vamos, serian capaces de hacer 
perder en centro de gravedad a una estatua de piedra 
berroqueña, si se abriera la puerta á la tremenda ley de 
las represalias y de la sátira sangrienta que provocan. 

Solo inocentes que no han aprendido todavia á sus es- 
pensas la diferencia que existe entre avanzar cargos y pro- 
barlos ante quien corresponde, podrian imaginarse que 
por respeto ásus inofensivos dicterios, enmudecía quien 
ha sentado en el banco de los acusados á periodistas tan 
bravos como los ex- redactores de El ChubXsco v ElZipiza- 
PE (cito á^stos porque están vivos y se encuentran en 



— 443 — 

MoDtevideo) y devuelto el cambio con premio, en moneda 
de buena ley, á otros escritores no menos temibles, ó por 
su saber, ó por su notable talento, 6 porsa donaire, capaz 
de arrancar entre maldiciones una risotada histérica al 
mismo vapuleado, ó por su lengua de crótalo, que obliga- 
ba al que tenia que hacerles y recibir de ellos algnn cari* 
ñito, á recordar involuntariamente el consejo de San Pa- 
blo y el del buen Padre de la Iglesia citado á f. 407. 

Losqueendiasde abatimiento ó indiferencia general 
supieron mostrarse dignos ciudadanos y valientes perio- 
distas ¿cómo no han comprendido que algún título habian 
conquistado á la consideración de los que en homenaje & 
su patriótico proceder, se imponian como un acto de ci- 
vismo no dar armas con sus calitinarías á los comunes ene- 
migos dueños del campo, y sobretodo, para no provocar 
su compasión ó su risa con el espectáculo innoble de un 
pugilato vergonzoso entre adeptos de un mismo culto por 
cuestión de galgos ó podencos, cuando los de presa les 
mostraban ya de cerca sus colmillos ?... 

Además, en pleitos suhjiidice en que es juez soberano 
la opinión, cada uno es dueño, mientras no recae el fallo, 
de imaginarse que es suya la victoria. Entretanto, las rea- 
lidades que se palpan y los hechos que se imponen, 
son factores que harían abrir los ojos á un ciego. Hablare- 
mos, mas despacio, en oportunidad, sobre este tópico 
interesante, si lo creen conveniente, y si por mi parte juz- 
go necesario rectificar. Por ahora los hechos tienen la 
palabra. 

Tenia sobre este capítulo algunos picos atrasados, y 
he procurado chancelarlos aunque con mucha sobriedad. 
Lo poco que he dicho, es lo menos que podía alegar, e"^ 
desagravio del cúmulo de lindezas con que directamente 
unos c inJireclamente otros han obsequiado á los posibi- 



..- 444 — 

listas, eo vez de echar por tierra con raciocinios, textos y 
hechos, los inconmovibles fandamentos en qae nos apo- 
yamos, basados en las coacUsíones proclamadas por la 
dencia social, la filosofía,, la historia, el boen sentido y la 
misma moral política que con justicia se invoca por nues- 
tros contendientes, y q«te lejos de escloir procura hacer 
efectiva el posibilismo dentro del radio á que su esfera de 
acción alcanza. 

Creíamos y continuaremos ( coo su permiso) creyendo 
que el ideal absoluto no se realiza jamás en la tierra, y el 
concreto solo de una manera imperfecta y condicíoaal, 
por mas que el primero nos atraiga como el gran foco ó 
Sol invisible de que habla Aristóteles; y debamos ceder á 
su atracción, retemplamos- en la laz y el calor vivificante 
de sus rayos, y acércanos á ellos hasta donde alcance 
nuestra misera naturaleza, es clecir, nuestras fuerzas y 
nuestros medios, ó lo que viene á ser lo mismo, tanto cerno 
nos seaposible. 

Sin ir á buscar en pequeñas causas, lo que es efecto de 
leyes conocidas hoy y determinadas como una ecuación 
algebraica, estamos autorizados para afirmar que dada la 
imperfección radical de la sociedad ( sea trascendental ó 
inmanente su causa) imperfección que en el orden so- 
cial y político no permite el predominio del bien de una 
manera estable, sino por la adhesión ó esfuerzo colecti- 
vo de la mayoría de sus miembros; y el límite trazado en 
todo á la criatura por las leyes inflexibles de la naturaleza, 
el encadenamiento fatal de las cosas y la lucha perdurable 
entre las ideas, las pasiones ó intereses de los hombres, 
producida una gran perturbación con raices profundas en 
la sociedad, seria mas fácil encontrar la cuadratura del 
<^irculo, que resolver el intrincado problema político-so- 
cial, sin el auxilio del posibilismo, del oportunismo ó 



— 445 — 

evoIacioQÍsmo, como mejor suene, que eo realidad esos 
diversos términos no son sino tres faces de una misma té- 
sis, que se desarrolla en una serie de tres momentos dis- 
tintos. 

Dadas ciertas condiciones ineludibles, medio de accio- 
nar los indͥkluos, asociando sus esfuerzos y de entrar 
1(^ partidos á la vida pública: JPosibilümo. Elección del 
momento favorable al éxito y al logro del £n honesto que 
se tiene en vista: Oportunismo. Ejecución, proceso, mo- 
diücaciones, ampliación ó restricción del plan adoptado, 
según k) requieran los acontecimientos supervinientes : 
Evolucionismo. Serie completa del Posibilismo*: Medio, 
Momento favorable, Proceso. 

Bajo el imperio d3 estas convicciones que de cierto no 
son improvisadas en mi, he podido con toda sinceridad 
y completo desinterés, sostener y aún repetir la inscrip- 
ción del lábaro de Constantino pág. 332 al partido de las 
instituciones, al que me he afiliado con plena conciencia 
de las contrariedades que le aguardaban, como un deber 
civico, en una situación solemne para la República, so- 
breponiéndome á toda idea mezquina, sin renegar por 
^0, aunque me considere desligado del partido colorado 
pág. 323 ninguna de sus tradiciones honrosas, entre las 
que no figura la que divide á la Nación en dos campos 
opuestos, eternamente enemigos é irreconciliables. 

El altísimo propósito que simboliza la nueva asociación, 
ha sido, es, ó será, aunque discrepen hoy en los medios 
de realizarlo, el ideal de todos los ciudadanos de este pais 
probos, inteligentes y bien intencionados, que han de 
acabar por convencerse que encima de la bandera azul ó 
blanca del partidario, está la bandera azul y blanca de la 
Patria. — Pág. 2i \ . 

Voy á terminar esta glosa transcribiendo con placer al- 



— 446 — 

gunos párrafos de El Plata y El Siglo, correspondientes á 
los editoriales que se registran en los números dell O y 
11 de Setiembre último. 

« Suprímase del posibilismo ese malhadado axioma : se 
debe servir á todos los gobiernos, sean como sean los 
gobiernos, — y el posibilismo es simplemente la política, 
la tarea de todos los hombres de Estado, la táctica de 
todos los partidos, porque entonces queda reducido á 
esto : no se debe aspirar á lo imposible ; no debe bus- 
carse lo posible por medios radicalmente imposibles. 

Ahora bien, el oportunismo es todo lo que el posibilis- 
mo tiene de razonable y de acertado, menos lo que tiene 
de peligroso y de inmoral. 

Es la propaganda reflexiva, que busca los momentos 
propicios para encarnarse en In conciencia de los pueblos; 
es el partido disciplinado, que mantiene siempre enarbo- 
lada su bandera, pero no entra en acción, sino eligiendo 
el dia y el campo de la batalla ; es el estadista, que no 
aparta sus ojos del ideal un solo instante, pero estudia y 
excojita los medios mas prudentes y seguros de acercar 
á los pueblos al ideal — Es, en una palabra, el valiente y 
hábil tribuno que anima con su soplo poderoso y dirige 
con su diestra mano las instituciones republicanas de la 
Francia. Admiramos á Gambetta — Somos oportunistas, y^ 

{El Plata,) 

« El Plata, siguiendo la corriente de los enemigos del 
posibilismo, le calumnia, suponiéndole dispuesto á servir 
á todos los Gobiernos, 

Entretanto los posibilistas no ensenan que se debe ser- 
vir á los Gobiernos despóticos y conculcadores del dere- 
cho. Aconsejan que encada situación se haga cuanto moral 
y humanamente sea posible para servir los intereses del 
país. 



— 447 — 

Según nuestro ilustrado contendiente, el oporíunümo- 
es todo lo que el posibilismo tiene de -razonable y acerta- 
do, y solo descarta de él lo que tiene de peligroso é in- 
moral . 

* 

Resulta, pues, que como la inmoralidad que se achaca 
al posibilismo solo existe en la mente de sus detractores, 
ambas palabras expresan en política una misma idea. 

Por eso el posibilista Castelar y el oportunista Gam- 
betta han procedido del mismo modo. 

Ilustremos la cuestión con un ejemplo, que con mucha 
oportunidad apunta un diario italiano. 

Nadie pondrá en duda que Garibaldi es ardiente repu- 
blicano. Lo justifica la vida entera del héroe de ambos 
mundos. 

En América lo saben muy bien el imperio del Brasil y 
la República Oriental del Uruguay. 

Pues bien — Cuando sonó la hora de la redención de su 
patria, Garibaldi corrió á Italia— Luchó contra el Austria, 
contra el Gobierno Pontificio, contra el Rey de las dos 
Sicilias — Organizó la Legión de los Mil de Marsala, der- 
rocó la dinastía Borbónica y entró triunfante en Ñapóles. 

¿Qué hizo en seguida? ¿Proclamó la República?— No- 
— Proclamó al Rey Víctor Manuel, que habia acometido 
la empresa de unificar y dar la independencia á la Patria 
italiana. 

¿Qué hacia entonces Garibaldi? ¿Hacia oportunismo? 
iHsLCh posibilismo? Hacia am\)as cosas — Hacia lo que er* 
oportuno. Hacia lo que era posiSle. 

No abjuraba, no, de la fé republicana. Pero atento á la 
realidad de las cosas, atento á la necesidad política, se- 
guía el camino que conducía á la creación de la patria ita- 
liana, dejando para mas tarde, tal vez para otra genera- 
ción, la tarea de convertir en república la monarquía. 



— 448 — . 

Eso es poríbilismo: eso es oportunismo. 

Cada' día tiene sfi tarea, cada época sas necesidades de 
actualidad. 

Tengamos siempre fijos ios ojos en el ideal: pero no lo 
comprometamos por apresurarnos demasiado á realizario. 

Encaminémonos hacia él en la medida que la oponth- 
nidad lo aconseje: por el- camino que la pofibüidcid lo 
consienta. 

No hagamos cuestión de palabras, cuando de cosas taa 
importantes se trata. >^ 

(El Siglo} 

El Plata insistió Qi.que habia sido mal el^do el 
mon^ento de predicar* el posibilismo : obserróle El Siglo 
que la elección de la oportunidad cae bajo las apreciacio- 
nes diyersas que de ella se hagan, susceptibles de error ó 
acierto como todos los juicios humanos. Se comprende 
que pot este camino la discusión es interminable, y nos 
parece que dejando sutilezas aparte, las conclusiones de 
ambos periódicos salvan todos los inconvenientes, y se 
armonizan en el fondo. 

Noviembre 8 de 188Í». 

- 36 — 

Nirvana 

Montevideo, Octubre 5 de 1880. 

Sr. Dr. D. Ángel Floro Costa. 
Apreciable companero : * 

He leido con sumo interés, y estoy leyendo por ségimda 
vez, el interesante libro que Vd. se ha servido dedicarme, 
cosa que me sucede con muy pocos autores . 

Me pide Vd. que vea si hay algo en él que no deshonre 
las letras uruguayas (pág. VI). 



— 449 — 

Cúmpleme decirle con toda lealtad, que Nirvana en su 
parte principal, y salvo algunos puntos (en que nunca he- 
mos estado conformes) doctrinas y detalles sobre los que 
tendría mucho que observar, tarea ingrata que otros se 
encargarán de desempeñar con mas placer que yo; — es un 
libro que honra á su autor, por las dotes üt^rarías que en 
él campean, de subidos quilates en mi concepto, por el va- 
lor cívico que revela, y por el grande y patriótico propósi- 
to que he creido en él vislumbrar, al través de los anate- 
mas, cargos y juicios, no siempre justos ó bastante medi- 
tados sobre los hombres, sucesos y circunstancias que nos 
han traido al angustioso trance en que nos vemos. 

A menudo Vd. acierta, no obstante, y pone el dedo en 
la llaga con la destreza del médico, que conoce el origen 
del mal, y posee en su ciencia el antidoto que ha de cu- 
rarlo. 

Sea cual fuere la manera de pensar del lector, si es inte- 
ligente y franco, hade convenir que bajo el punto de vista 
en que Vd. encara, trata jPlisca solución, con el racioci- 
nio, con los preceptos de la ciencia, los documentos públi- 
cos, las opiniones de autorizados publicistas, y los núme- 
ros, á las mas arduas y vitales cuestiones á que están vin- 
culados la independencia, la honra, la prosperidad y el 
porvenir de nuestro país, se encuentran muchas páginas 
bellas, profundas, admirables; í^unas improcedentes 
(que han debido omitirse), y otras malas, que Vd. mismo 
mas tarde ha de hallar censurables. 

¿No cree Vd., mi querido doctor Costa, que si todos em- 
pezásemos por reconocer noblemente nuestros errores é 
hiciéramos el firme y elevado proposito de olvidarnos de 
nosotros mismos para pensar solo en la suerte de la Patria 
— como aconsejó el doctorGomez — lamitaddel camino es- 
tarla andado, y con un esfuerzo mas, resuelto el problema, 

29 



— 450 — 

al parecer insolüble, de nnestra reorgaaizacícna política y 
social...? 

•Oigo ya el clamoreo de los que Vd. ha flagelado: pero 
Tiayen mi corazón un movimiento indeliberado de símf»- 
,, lía para todos, amigos ó adversarios, los que tienen el ta- 
lordesus coavicciones, y las creo sinceras, aunque en 
todo ó en parte sean opuestas á fas mm, sin perjuircio áe 
combatirlas cuando lo juzgue oportuno, ó modificar mis 
ideas, si en realidad llego á convencerme que era yo quien 
esftaba equivocado. 

Creería cometer un acto de cobardia moral, indigm) de 
mi carácter y de todo hombre que se respete, si por temor 
á la censura y á los ataques conque— no lo dude Vd.— Tan 
á ser retribuidos los suyos, no aceptase la señalada «mes- 
Ira de distinción y aprecio que Vd. me dispensa, lo queno 
importa aceptar, en cuanto al Monumento de la Florida, 
tos méritos que Vd. generosamente me atribuye, que no 
corresponden á nadie en particular, sino á todos los que 
contribuyeron á esa obra paWótica, índuso Vd;. y shi 
estar de acuerdo con algunas de sus conclusiones, y ma- 
cho menos con actos y juicios, en que mas de una vez, sin 
ninguna sabredad, se ha dejado Vd. arrastrar demasiado 
por impulsos ciegos y agravios que evidentemente fean 
exacerbado su espíritu. 

Eliminado del libro todo lo que esuMíramente personal 
é incidental: en la idea elevadisima que yo me he formado 
de la aspiración suprema que se esconde en el foFwlo dd 
alma de su autor, y del objeto altamente patriótico que se 
propone, es para mi indudable que encontraría mejor acfy- 
jidaaquel, yno se espondriaáque lo accesorio sirva de 
cuchilla para decapitar lo principal.— Por lo demás, bo 
ignoro que la retorsión es arma legítima do defensa. *-Sffi 
embargo, conviene no abusar de ella. 



— 451 — 

Lédrré, en conelasion, que su libro podrá adolecer de 
todas las tadias que se quiera; y Td. tiene sobrado talento 
7 es bastante filósofo para no resignarse de antemano á las 
consecuencias inevitables de la actitud que asume; pero el 
mérito que para mi tiene Nihtana, el mejor elojio que po- 
dría hacer de ese libro, es que con todos sus lunares j de- 
fectos, ningún otro, escrito en el Rio de la Plata, me ba 
impresionado ni hecho pensar tanto como la tercera 
parte y algunas páginas de la 4 .• y 2.* 

Ignoro si esa impresión es puramente subjetiva y dima- 
na del estado de mi espíritu, de la situación especialísima 
que nuestro país atraviesa, ó de otras causas de que no 
tengo plena conciencia en este momento. 

Mas adelante, (no me pregunte cuando ni en que forma; 
deje á los sucesos supervinientes indicar y á mi albedrío 
elejirla oportunidad) — mas adelante es probable que ten- 
ga ocasión de ocuparme de la parte de Nirvana que, á mi 
juicio, merece fijarla atención de nuestros compatriotas y 
de todos los hombres pensadoras del Rio de la Plata. 

Entretanto le reitero las gracias por su galante obsequio, 
y me repito su affmo. compatriota y leal amigo— i. M. C. 

BKSPONDE Y IXPHESA ACRATIOS POR SU PARTE (i) 

Sr. Dr. D. A. M. C. 

Montevideo, Octubre 18 de 1880. 
Estimado compatriota y amigo: 
* Recibí su atenta y cariñosa carta, aceptando y agrade- 
ciendo la dedicatoria de mi Nirvana, y manifestándome 
con toda franqueza las impresiones que ella ha dejado en 

su espíritu. 

(t) siendo efta una carta /ntima que el autor no ba publicado ni eacrito con ini- 
mo de dar á luz, becrcido conveniente y oportuno suprimir en ella, con su permi- 
to, algunas lineas (y aun párrafos enteros) por razones especíalca que el Dr. CMta 
ha tenido la nobleza de aceptar generosamente y sin restricciones^ desde que tsi po- 
dit complacerme.— Noviembre 93. 



— 432 — 

Le agradezco á mi vez los juicios eDComiásticos que en 
iasuyaV. bacedeella, y qaeescedea á mis esperanzas, 
asi como las censuras que en parte le ha merecido. 

Sus vaticiaios empiezan á cumplirse,— Lo accesorio sir- 
ve en manos de mis adversarios de cmhilla para decapi- 
tar lo principal. 

Aun no heleido sino los tres primeros números de la 
^Sociolojia trascendentah , que está escribiendo El Pla- 
ta — no conozco los siguientes — ni he leido los otros dia- 
rios que se han ocupado de mi obra^ según ine dicen. 

He mandado pedirlos, y entonces saborearé esas tun. 
das, con el esquisito placer que me proporcionan todos 
esos desahogos de la inesperiencia. . 

V. que en la suya medico está leyendo j)or segunda vez 
(cosa que le sucede con pocos autores) mi libro , estoy 
cierto que á la hora de esta, ó cuando acabe esa segunda 
lectura, se habrá apercibido que es el producto maduro 
de un espíritu pensador y algo esperimentado. 

Lascríticas virulentas que se dirijen á mi libro y á mi 
persona, no hacen sino confirmar las justas observaciones 
que yo he acumulado en él, sobre nuestra índole y nues- 
tros espasraódicos resabios. 

Ya lo vé V. nada serio, nada respetuoso, nada benevo- 
lente para enjuiciar un libro que con todas sus lachas y 
defectos, como con mucha razón dice V. engloba las 
mas grandes y vitales cuestiones que afectan el porvenir 
de nuestra querida patria. 

Hasta la calumnia personal y la grosera injuria se lia 
derramado en ellos con nerviosa y crispada mano. 

A V. ningún otro le ha hecho pensar é impresionado 
tanto de cunntos se han escrito en el Rio de la Plata. 

En cambio, á mis terribles críticos, ningún otro ha he- 
cho reir tanto. 



— 453 — 

Yavé V. mi amigo, que está V. lejos de la madurez y 
despreocupación de esos peas¿idores. 

De su opinión son mas de uno de los mas graves pensa- 
dores que tiene este país, de algunos de los cuales he reci* 
bido cartas de encomio, y de otros espero se ocupen de él 
por la prensa, según me lo han mandado decir. 

Todo eso no impedirá que él haya causado y siga cau- 
sando náuseas á nuestros Aristarcos... Esto es lo cierto — 
y esto y no otra cosa es lo que revela el estado de la opinión 
flotante en nuestro país. 

De alguno de esos críticos esperaba algo mas dorio, 
algo mas meditado, pero veo que como casi todos los de 
alli, es una inteligencia cautiva por la pasión política y 
perfectamente adaptada al estrecho medio social en que 
vive. 

Ya verá, mi estimado amigo, cuanto tendré ocasión 
de decir en defensa de mi Nirvana, cuando replique á esa 
ilustrado compatriota. 

Estoy cierto que él se ha lanzado á la crítica sin haber 
hojeado todo mi libro. De otro modo no se esplicaría tan- 
ta lijereza . . 

Oye Vd. ya, me dice en la suya, el clamoreo de los que 
yo he flajelado. 

Distingamos, compatriota, — yo he censurado vicios en 
general ; he sido duro con los de la prensa especialmen- 
te, como lo he sido con el militarísmo, como lo he sido 
con las necedades del elemento emigrado, lo mismo que 
con los desórdenes convulsivos de nuestras administra- 
ciones, T— pero no hay en mi libro un solo ataque directo 
y personal para nadie, por mas agraviado que yo esté con- 
tra algunos de mis conciudadanos. 

Creo precisamente que el arte de saber escribir, sobre 



todo, en el critíco> consiste en saber generalizar, — el qae 
no generaliza, es porque no es profundo ni es filósofo. 

Me he esforzado por llegar á serlo — si lo he conse- 
guido, son los maestros como Yd. los que deben decirlo* 

De todos modos, la tentativa es laudable, y Yd. me la 
reconoce. 

Era necesario quo yo hablara como he hablado, para 
hacer reflexionar á mi país. 

Mí libro no es sino un espejo de sus dolencias. Sr el 
retrato es fiel, si en él están pintadas todas las demacra- 
cionéft del semblante, — ¿ tengo yo la culpa ó la tiene el 
enfermo vicioso y calavera, que con sus escesos, tanto ha. 
comprometido su salud y su vida? 

Mi libro es además de eso, un libro de hijiene social y 
politica. ilonvendrá Yd. lo requiere asi el estado del país. 

Creo en efecto, que habrá muy pocos hombres, que 
como Yd. estén en situación de penetrar con la primera 
lectura la intención profundado él y la aspiración S9- 
prema que se esconde en el alma del autor, pero si lo 
leen con calma, aun los mismos que hoy me despedazas, 
encontrarán mas tarde lo mismo que su claro y elevado 
talento le ha hecho descubrir á la primer mirada. 

Sf una descarga eléctrica como esa, no despierta la fi- 
bra y el pensamiento nacional — diga Yd. que raiestra. 
anestesis ó hemi-anestesis, como dicen los médicos, es 
incurable, y que iremos rodando no mas hacía los abis- 
mos. 

Yo desearía equivocarme. — ¿ Pero qué quiere que 
piense de mi patria, cuando veo en ella á la goneralidad 
de los espíritus cultos, encelados de la fama y rabiosos 
contra los de su propia especie ? 

¿Qué quiere Yd. que piense de un país en que se ridi- 
culiza a los que se ocupan de los mas grandes y vitales 



iotereses prácticos de la Nacioa, y se les vota eoofto aluci- 
nados, moQomaDiáticos, esplotadores ó aventureros á la 
execración de lajs multitudes? 

¿No le ha sucedido eso á Yd. mísmO' alguna vez? 

¿Pasa esto en algún oito rincón de la tierra? 

¿Qué quiere Yd. que piense del sentido práetm de k 
g^&eralidad da ms conciudadanos, cuando se les oye dis- 
putar CQQ calor y énfasis escolástica sobre cuestiones ni-* 
mias, ociosas, y dasdeiar y burlarse de las q^e afeotan da 
maa oema á la prosperidad y grandeza de sapais como 

pMblo civilizado? , . 

• ••••■■•«■•••••■•• 

Yamos I Me hace el efecto de oir á un individuo discu- 
tir seriamente la conveniencia de hacerse rico, opulento, 
poderoso, esplotando una copiosa mina con que la pro- 
videncia le hubiere dotado, por que siéndolo ó esplotáor 
dola , perdería la grata independencia de su naturaleza 
aem-selvática^ 

¿No cree Yd. que hay algo del salvaje romanticismo de 
Rooseau en este modo de pensar— que merece contestarse 
como Yoltaire, cuando con la hiriente sátira de su 2dti- 
sinao buen sentido , decia á aquel, al oirle preconizar 
las ventajas del estado de naturaleza: — « Cuando os oigo^ 
m^ dá gajruis de andar en cuatro pies ? 

Sí , compatriota , tiene Yd. que convenir en ello, au^ 
cuando una montaña de preocupaciones se interponga 
entre nuestro buen sentido y el de nuestra época. 

Comprendo que Yd. ha tenido y tiene que guardar 
miramientos. . . .—comprendo que no le ha sido posible 
viviendo allí , por huir de los marmitones , dejar de re- 
fujiarse entre los bardos ,— pero , déjeme al menos á mí 
que felizmente no estoy oprimido por tan dura alterna- 
tiva, espresar la verdad y tocar á somaten al sentido prác- 
tico de nuestros compatriotas. 



— 456 — 

Déjeme decirles que son unos candidos, aunque me 
ahorquen. 

¿ Qué mas puedo hacer que escribir un libro de 400 
páginas para no decírselo con todas sus ocho letras? 

¿No ha visto Vd. como he inventariado el pasado y el 
presente para poder conjeturar el porvenir? 

La verdad es que mi lógica es algo irreverente; pero 
yo no sé cómo puede curarse con mentiras, patrañas ó 
paliativos , un país agonizante como el nuestro. 

Vengo ahora al reproche que me hace — sintiendo. 

que Vd. me haya pedido la eliminación de este párrafa 
cuando publique su carta , por que, á la verdad, desea- 
ría contestarla coram orbi 

Hasta ahora me esplico cónío un hombre de sus antece- 
dentes y su gloria, ha podido sin sentir vacilante el pulso, 
firmar el repudio de las gloriosas tradiciones de nuestro 
partido (I) cantadas y glorificadas por V. en cien pajinas 
brillantes é inmortales de sus obras. 

No pretendo desconocer que nuestro partido está des- 
quiciado y ha decaído mucho de la consideración que al- 
canzó en otra época; pero, mi amigo, los sentimientos y 
las pasiones populares no se cambian en un día: hay qnd 
contar con ellas como base de opinión é influir constante- 
mente por morijerarlas. 

Es el mayor error en que puede incurrirse en política, 
separarse de una comunidad consagrada por la autoridad 

(O La respuesta á este y otros cargos está virtualmentc contCDida en la glosa lU y 
en las pigs. 323, 3S0, 938» etc. Este volumen escede ya en doscientas páginas» al que 
habíamos resuelto imprimir, y por ese motivo no ampliamos aquella respuesta con 
nuevos duplicas y consideracionts, sin desconocer por esto que son dignos de sería 
y razonada discusión algunos de los tópicos que contiene esta carta, aun después de 
eliminados los párrafos de la referencia. Por eso la publicamos: hay cuellos tela 
contada para una interosantísima discusión, que sostenida con templanza y tltun 
demostrará lo mismo (|uc enunciamos á f . 431. 



— 457 — 

del tiempo, para embanderarse bajo el optimismo de una 
fracción artificial . . : 

V. compatriota y amigo, como algunos otros conciuda- 
danos esclarecidos de nuestro partido, ha incurrido á mi 
modo de ver, en un error, y el tiempo se encargará de de- 
mostrarle que no he sido yo, ni los que como yo piensan, 
los que en esto se han equivocado. 

Y le habla un hombre que no piensa hacer carrera polí- 
tica. —Lo prueba mi libro. 

Mas, no porque yo no abrigue ambiciones, creo que de- 
ben repudiárselas tradiciones gloriosas del partido liberal 
que felizmente protejió mi cuna y alimentó mi juventud, 
por mas vicisitudes que lo abatan, por mas estragos que 
haga en sus filas la impetuosidad de las pasiones humanas. 

Tan lejos estoy de considerar que su misión ha con- 
cluido, que para mi aun no ha empezado — y si dudara 
de ello, no tendría mas que echar la vista*á Buenos Aires, 
donde, aun después de treinta años de haber su conjéne- 
re reinado y difundido el brillante perfume de sus ideas, 
cae vencido por su tradicional contrario, y vése obligado 
á refugiarse en sí mismo y retemplarse en el infortunio, 
para aprestarse á nuevos y futuros combates. 

Ha concluido, es cierto, su misión guerrera (tal vez no 
del todo) ; pero no ha tenido tiempo de desplegar su mi- 
sión pacífica en la región de las ideas, completando la 
educación de los sentimientos, inoculando en las bajas ca- 
pas sociales la esencia de los principios liberales y hu- 
manitarios, que fueron y son su gloria. 

Lo que han hecho los conservadores y los principistas, 
lo que hará mañana el partido constitucional, y aun has- 
ta cierto punto el nacionalista, es la obra y la eficacia del 
gran partido colorado. 



— 4o« — 

fis la esencia 4e sos príndpios y su cred^, lo que 
«sas fracciones se encargan de (Tifundir y baoer tríonÜM*, 
sin que baste á borrar e\ origen y la filiación legitima y 
tradicional de ellos, el candorosa error en «dos pooos 
hombres, la anfbioioA mas ó menos presantaosatea otros, 
qae para apropiarse la gloria de la mitad dfe un paebla, 
cambian de rótulo ó etiqueta al sentimiento y las ideas 
consagradas por la sangre y los esfaerios de diez generar 
cveoes. 

Y meestraña por lo mismo, mi amigo, que un filósofo 
como Vd., un honfcre de su talento y erudición histórica, 
haya olvidado que los partidos polittoes son orgmimcío- 
nes naturales en todo pak del mando, son bomojeoiza* 
clones de ideas y sentimientos de funnacion lenta y secu- 
lar, que actúan y dilatan sus fuerzas , adaptando k sos 
formas los caracteres, educando las inteligencias, inspi- 
raoie los esfuersos y haciendo incesantemen^te retoñar 
las esperanzas dB una en otra jeueracion. 

Me estraüa que Yd. haya olvidado, que lo que mas vale 
en edos, lo que constituye su rico capital histórico y su 
preslíjio, son sus tradiciones — vale decir, esa acumula- 
ción de hechos gloriosos que les dá entidad y fuerza eu 
las masas, sin la cual es inútil esforzarse en vivificar ó di- 
rigir la conciencia de los pueblos. 

¥d. y algunos otros amigos han repudiado ^e capital 
— y pretendido formarse uno nuevo con las ideas abstrac- 
tas y el prestijio literario de unas cuantas iodividualida- 
des brHlautes, seductoras y respetables. 

El tiempo le convencerá de dos cosas, que en politka 
cono eu industria no se puede trabajar con éxito ni pro- 
ducir sin capitiri — que ustedes no logrará4i formar el que 
necesitan, ni de aofui á veinte años, para influir séria»eu- 
te en nuestros destinos. 



-— *5» — 

Haa hecho nstedea im grare mal i su partido^ privia^ 
<loie de sus inteligencias y delpirestigio j ajotorídad dB sus 
aombres, y se han esterilizado asi mismos . . . . , 

• • ^ 

NoTÍembro 15i 

Be todos modos, sea po ó Yd. ei eqiittocado, es 
inenestev esforzarlo» cada enal es sa esfera, para 
elevar la consideración personal de los hombres sobre 
4as pasiones de las miltitudes, ens^aodo práctieameale 
á distíogtfir la amtslad y loe deberes sociales de las di- 
vergencias políticas — combatiendo ^ con el ejemplo , ese 
faoalismo ortaMbio fae ulbma las repataciones, tan rid&- 
calo como iofeeosdo ; y por úitimo , echando las bases 
constitutiras de ana dase elerada é inflayente por sus 
Inces y respetabilidad personal en los destinos de noes*- 
tra sociedad , que prestijie ante todo el elemento na€Ío- 
nal , caalqutera qoa sea su matiz político, por que, mí 
querido amigo , sin eso , no seremos nunca mías que 

« 

un pueblo de atolondrados ó de locos. 

Le anticipo confidencialmente y en el seno de la amis- 
tad estas ideas, porque aun cuando tenga ocasión de 
hacer algunos comentarios respetuosos sobre su alenta- 
dora carta del 5 de Octubre, me ha prohibido Vd. y yo 
acato su prohibición, ocuparme por ahora de lo que se 
relaciona con el partido constitucional. 


Lo que siento es que á Vd. me lo hayan mareado como 
á Ulises las sirenas , y lo hayan arrastrado á la gruta 
xonstüucional , donde me parece que Yá Vd. á precisar 
algún sabio Merlin que lo desencante como á Montesinos 
y lo saque de esa cfteva, para honra de su viefo partido 
j provecho y gloria de su patria^ 

Crea que si no he sido mas cáustico con esa metemko- 



— 460 — 

sis política, es por Vd.— porque no quisiera que mis al- 
filerazos á los que están en el trípode, rozaran su epider- 
mis 

Siquiera aprendiéramos á conocer y valorar ciertas co- 
sas y á darnos cuentas ciaras de nuestros intereses, para 
inaugurar una política nacional, hábil, prudente y tras- 
cendental I 

Aun podríamos llegar á la cumbre. 

i Pero qué se puede hacer en un país en que los que 
debieran ser los primeros en prestijiar ciertas grandes 
ideas, le niegan hasta el sentido moral al que las difunde? 

Me alegraría haberle proporcionado, en medio de sus 
contrariedades, un rato de solaz con esta carta— escrita 
al correr de la pluma con el fresco de la mañana. 

Yo también estoy algo enfermo y preciso ir á tomar 
los baños.— Silo realizo, tendré el gusto de abrazarle. 

No deje de escribirme cuando tenga humor y tiempo. 
Su affnfo amigo 

Ángel Floro Costa, 

- 37 — 

Canto á Calderón 

Montevideo, Noviembre i2 de 1880, 
Señor Dr. D. A. M. C. 

Presente. 
Estimado doctor: 
Tengo una manía que casi no lo es por lo que hay en 
ella de razonable. — Cuando me encuentro mas combatida 
por los afanes de esta vida prosaica, me entrego delibera- 
damente á trabajos de un orden completamente distinto al 



— 461 — 

de aquello que me preocupa, y aunque la transición de 
unas ideas á otras no es muy fácil, casi siempre logro mi 
objeto: cambiar la dirección del pensamiento que, en ese 
cambio, encuentra satisfacción. Le recomiendo la receta 
por si alguna vez tiene motivo de recurrir á ella, lo que 
no le deseo. 

Pocos dias después de mi última visita, en que tanto 
conversamos y mateamos, tuve necesidad de ocurrir á mi 
especifico, cuyo uso ha producido eso que le mando, para 
Vd. pues no tengo deseo de hacerlo público ni objeto en 
ello.— La sociedad en general y la nuestra en particular 
tienen tal tino para matar liebres, que si tuviera yo la mal- 
hadada idea de publicar actualmente algún trabajo litera- 
rio, es seguro que los que nos rodean habrían de ver en 
ello la prueba de lo contrario á lo que en realidad se pasa 
en mí. 

Pero, ¿no vale mas un lector pomo Vd. que todos aque- 
llos á quienes se refería Lope en los versos que motivan 
el chaguarazo que le doy en mi composición? 

Nofalta por aquí la especie, y asi no es estraño que la 
literatura se vaya. Y lo peor no es eso, sino que, en vez 
de alejarse con paso recto y tranquilo como digna matro- 
na que se separa de una turba mal criada y descompues- 
ta, lo hace con giros y evoluciones cómicas, por un cami- 
no sembrado de blocs erráticos, sílex tallados ó no talla- 
dos y osamentas de cervus megacerium, mamouth, esos 
de las cavernas, y otros personajes mas ó menos problemá- 
ticos, entre los ^e apenas falta el abuelo común de Víctor 
Hugo y del gorilla — el descolado término medio entre el 
hombre y el bruto— falta que no debe afligirnos, pues al 
paso á que vamos, pronto desaparecerá esa laguna, y, en 
attendant mieux, podremos contemplar el tipo perdido... 
en nuestro espejol 



— M2 — 

entre tarito ¿qaeliBcei'? pracnremos afemnios á mieis- 
trasliQeiiasjr grandiosjntDÍGÍ6«e8p«mi|ae no nos «ras- 
tre la eorríente. — Digan lo <)ae^teran, janás podrenos 
repoBar con tanta seguridad en lo q«e teneanos por reaii- 
'dades fisicas, «orno en ciertas ^erSades de al»GAraccion en 
que descansa sereno nuestro espíritu. 

En )a papte ñná\ de (a composición que le nando m^on- 
IraráTd.^íIgo ktmrógraio, mmjf wekfógmdo, Tbíeii, 
esooio es no novimkmto de«a1 limner: es el resritada 
de ana craviccüon lalboríosamente fonaada per lo que 
Ten^ viendo allá en las grandes naciones 7 acá en las 
pequeSas. ^Encuentro que todo tiende al monopdiía 
de las fíierzasT-^Io mismo de la *que mata que de la qu& 
produce. — Los elementos de ataqoe y de d€feiisa no 
están ya al alcance del pueblo en general, como tampo- 
co lo están el vapor, la electricidad, etc., concentrados^ 
hoy (y tewdiendo á concentrarse cada vez mas) m podero- 
sas compañías, tpie van abarcando todos los ramos de la 
labor humana, y en cuyas compañías el numero éd accio- 
nistas es üoSa vez twas redwtdo. 

ale monde morcfte» han dtóho: la observación dei^a 
marcha actual y de la aiilerior que me cuenta la iiístoria, 
baten que yo crea hoy siaceraraente que -«si no tíene lugar 
ima poderosa reacciem del esph'itu cristiano j ée la m-- 
Jluemia mtéUoa, ünica capaz de proteger á los débiles 
f^ntra'la insolencia del despotismo, ¿ífc, Bcrk -antes ée 
um siglo arbitro esclusivo del ra^indo, y if uprimh^á la 
libertad: mientras qu© la graaide usmí, absorbiendo y 
destruyendo las pequeñas industrias, concluirá por supri- 
mir él trabajo ó reducirlo á candiciones ten duras que *cl 
hombre-pueblo será triplemente síenro— con ambiciones 
•sinesperanzas, con necesidades sin amparo y con «fio- 
cienes sin consuelo. 



CcMDdo 690 smoedt , los sabios to es{)líüfitáo por te 
tofdealracckmdeteBtgraEBdessiftsafi, y«8iales dacá te^ 
ma para coBférencias inteiesafitísioias qae el pnebto es» 
cachará con la boca abierta sin acordarse de lauhora de co* 
mer.— Verdad es que no tendrá qué, pues hasta el jesuíta 
fósil, monopolizado será por la Paleontología del porve- 
nir, cuyos maestros, ya por la configoraciea deja, ijaand^ 
bula, ya porlos datos que les ofpoicaU literatura de es- 
tos tiempos, probarán como 3 y 2son o i miestFOS archi- 
metos que aquel vertebrado camirovo tenía per viandas 
predilectas saogre cuajada de filósofo y moüecas de idiota.' 

De si era racional u irracional el tal bícfao no tratará la 
ciencia por dos baenas raioaes: la primera porque la nau^ 
zon fósil solo se encuentra metafóricamenle en aligunos 
íoéividuos de la especie que aun comen y habku; la se- 
gunda, porque ya entonces habrá desaparecido la razov de 
ser áeaqiieüapiieTil dástincion, y no las habráiiRasnnpor* 
tantes entre los vertebrados, que el apéndice caudal y la 
.longitud de las orejas.— Y esta úttima ¿quién sabe? pues 
estando de por medio la adaptación no serta estraño que 
al menos en los sabios, á fuerza de «parar la oreja» para 
escuchar ruidos sabtepráneos, llegasen ks propias^á con- 
fundirse por sus dimensiones con las de algún modesto^ 
paquidermo. 

Confiemos, sin embargo, en qwesano tía de suteder 
y w que la Providencia se ha de manifestar todavía en 
tmnpo,— ¿Será en el nuestro? Lo dudo; pero si helaos ét 
irnos sin v<er la mrora de nuevos dias, anuAciemos á 
nuestros hijos esfts claridades anheladas y dejéurasles si- 
<]uiera, el germen de la esperanza! 

¿Y á quí fiene esto? dirá Vd.— Vieoe á decirle que el di- 
lettaote en Uleratara que firma quiere ofrecer un trabajo 
suyo á uno de los pocos hombres que, en la materia, bn 






— 464 — 

sabido llegar á la sereDídad del maestro sin perder el fer- 
voroso entusiasmo del discípulo.— Me dijo Vd. que yo pe- 
dia cantar á Calderón. — Ahí va mi canto ó mi pifia, y con 
ellos el salado amistoso de su afectísimo : 

Aurelio Berro . 



* * 



Sr. Ds Aurelio Berro. 

Montevideo, Noviembre i2 de 1880. 
Mi estimado poeta: 

Me sofocan Vd$. pero es bajo flores, esclamaba un viejo 
escritor á quien ya iban faltándole fuerzas para retribuir las 
linezas que en galana prosa y en pindáricas rimas, le pro- 
digaban sus generosos amigos, entre los que habia algu- 
nos que no conocía. 

En presencia de su carta y del primoroso ramillete que 
la acompaña, algo parecido podría decir yo, sin abrigar la 
pretensión de compararme ni de muy lejos con aquel co- 
loso. 

He saboreado de un sorbo, como decía el inolvidable 
Gutiérrez cuando algo nacional ó americano le llenaba de 
gozo, el magnífico Canto á Calderón, que tiene Vd. la 
bondad de dedicarme, y en el que ala vez se revelan la alta 
inspiración del poeta, el buen gusto y el estudio de los 
graneles modelos literarios, sean clásicos ó románticos, y 
las tristezas, las zozobras y las dudas que asaltan al pen- 
sador ante los problemas del presente-y del futuro; pro- 
blemas tremendos que se acentúan con colores mas som- 
bríos á medida que disminuyen ó caen derrumbadas las 
creencias, que eran freno y escudo para el débil y para 
el fuerte, crece el pauperismo y ia miseria en proporcio- 
nes aterradoras, y se repiten en América cgrao en Europa 
los escándalos de la fuerza triunfante y desbordada, sin 
mas ley que el número de sus batallones y el alcance de 
sus Krups. 



— i65 -^ 

Escribo á escape, aguijoneaJo por el deseo de no retar- 
<lar mi respuesta, agradeciéndole su obsequio, 3' para salir 
del ntrránico compromiso en que Vd. me pone, tengo, 
compatriota, que acudir & mi arsenal antiguo, loque res- 
ponde por otra parte al plan de Violetas y Ortigís, en 
cnyo silvestre ramo voy á entretejer su preciosa diamela. 

Asi verán todos que no son para mi cosas nuevas las 
ideas que ahora defiendo. 

No pudiendo hacerme cargo punto por punto da los 

Tarios capítttlos-quo contiene su misiva, voy a trascribirte 

-algunas líneas do una Reseña biográfica escrita en 1839; 

.algunos párrafos de la memoria universitaria de 1879j 

otros de una carta dirigida el 1 6 de Febrero de 1889 ^ 

Carlos M. Ramírez. 

Entre esas manías viejas en mí, y ya incurables, es una 
la de considerar las letras como campo neutral, j ninguo 
placer iguala para mí al de charlar, recibirydarmandoble^ 
y ejercitarme en la gimnasia retrospectiva b actual, gine- 
teando aguisa de Ruda indico sobre toros, (que los profa- 
nos llaman tópicos) políticos, filosóficos, literarios ó eco- 
nómicos, (sin esduir el sistema austro-büngaro) con viejos 
ó mochaciios de talento, llámense Floro Ángel, Aurelio, 
Callos María, Enrique ó José Manuel: solos, loanol mano^ 
mateen ristre, sin. que nos interrumpa alguno de esos 
ignorantes en la terminologia greco-latina, que toman las 
palabras como suenan, j al oír alguna peliaguda frase 
abren la boca ahitos, se persignan asustados, y salen con 
ojosTrzcos,1iablando solos j echando venablos como alma 
que se lleva Lucifer (Porta-luz en castellano). 

Verdad es que por lo regular mi nave no recibe pasa- 
jwos, sino cuando está cargada, como si dijera cuando 
me encuentro aburrido ó empachado por mi culpa ó la 
agena, á causa de las cosas mal sanas ó de dificil digestión 

30 



— 466 — 

de que hablo á f. 243. Esplico la recta ÍDteligencia del 
caso patológico para que no se convierta en liebre y no se 
ruborice algún púdico doncel, y le prevengo de paso á este 
que la frase anterior tampoco esmia. Pertenece en propie- 
dad á Julia, hija del Emperador Augusto, contestando á 
uno de sus amantes, que le preguntaba por qué los hijos 
salian tan parecidos á su marido Agrippa: Nunquam 
enim nüi navi plena tollo vectorem. 

Y que diráVd. de otras indirectas contenidas en su hu- 
morística carta? En la pág. i i 9 encontrará algo que se re- 
laciona con la parte mas dolorida. 

Sino estuviera ahora algo triste y con la cabeza como 
una olla de grillos por los bruscos cambios (de temperatu- 
ra) de estos últimos dias, habia de contestarla coram orbi, 
según me escribe un amigo, relamiéndose los labios como 
el tigre que se prepara á despedazar alguna presa. Pobre 
Florangell no va á perdonarme que le haya pedido con los 
mas floridos tropos y sinécdoques Darwinistas, me per- 
mita suprimir en su carta, para darle cabida en mi libro, 
algunos párrafos que bajo el punto de vista estético son á 
manera de preciosos camafeos, trazados con la genial 
maestría con que cincelaba Benvenuto Cellini y conden- 
saba en un botón de oro, en el mango de un puñal, en 
cualquier objeto de cortas dimensiones, sus arabescos, 
cuadros y paisajes sorprendentes ! 

Pero si soy amigo del arte, soy también cristiano, y ten- 
go que ceñirme al precepto de San Pablo y á la regla de 
San Hilario dePoitiers: Chantas in omnibusl consignada 
de una manera intergiversable á f. 407. 

Si otros no la observan no es culpa mia. En literatura 
como en política la caridad bien ordenada debe empezar 
por los colegas, y muy especialdtente con los que perte- 
necen ala raza délos crótalos. Pág. 443. 



— 467 — 

Conociendo mi manera de pensar, encentrará usted 
lógico que lamente lo qae pasa, y el giro que van toman- 
do las discusiones en el palenque politico-literario. Hoy 
mas que nunca creo que espadas toledanas de finísimo 
temple, solo deberían esgrimirse, unidas ó separadas, en 
defensa de las ideas institucionalistas. 

Estas sintelizan hoy, en realidad, la esperanza y el por- 
venir de la República, que en mi. concepto únicamente 
puede ser redimida y alzada del abismo en que se encuen- 
tra, por el esfuerzo inteligente, abnegado, patriótico del 
mayor número poM'&/6 de sus hijos; y da pena ver como 
algunos de los llamados á ser de tos primeros adalides en 
esa obra regeneradora, se asestan golpes mortales, que 
siempre dejan profundas cicatrices, aunque se aparente 
otra cosa, y procuren mellar y quebrar sus aceros en un 
duelo, personal, infecundo para ellos y doloroso para la 
patria. 

Preveo lo que van á contestar; pero me atengo al arti- 
culo 130 de la Constitución, bajo cuya égida he murmura- 
radoal oído de mas de uno de los contendientes palabras 
fraternales, y hasta llegué á abrigar alguna esperanza; pero 
cuan exactas y bellísimas son aquellas cuartetas de Calde- 
rón en que pinta lo quimérico y fugaz de nuestros rego- 
cijos ! 

«No es menester que digáis 
Cuyas sois, mis alegrías, 
Pues bien se ve que sois mías 
En lo poco que duráis. 

lAlegrias mal logradas, 
Antes muertas que nacidas; 
Rosas sin tiempocojidas, 
Flores sin sazón cortadas! » 



— 468 — 

Erocan tales recuerdos estas lindísimas cuartetas del 
gran maestro, que Yd. no estrañará que considere supér- 
Ano todo comentario, y me concrete á los ejercicios gim- 
Básticos retrospectivos. 

En guardia, pues, que allá va e$o I 

En 1 859 decíamos en la reseña citada mas arriba» c(m- 
sagrada á la persona j escritos del eminente literato Dr. 
D. Juan María Gutiérrez, lo siguiente: 

•CSr^Los individuos, como los cuadros, tienen sus pun- 
tos de perspectiva mas ó menos favorables. 

De la posición en que el espectador se coloque, resol 
tara un número mayor dB bellezas ó defectos. 

En estas reseñas ó apuntes biográficos queremos con- 
signar principalmente, bajo el punto de vista literario, los 
hechos que honran á los autores de los libros que publi- 
camos; hechos cuyo conocimiento puede ser útil á la jur 
ventud que se dedica á las letras, y servir mas tarde de 
datos para marcar el derrotero que han llevado nuestros 
escritores. 

En la atmósfera política que nos rodea, vivimos entre 
corrientes opuestas de odios y antipatías invencibles: di- 
ñase que nos hemos impuesto la vergonzosa tarea de de- 
sacreditamos unos a otros. ¿No será permitido de vez en 
cuando que una voz imparcial haga justicia al talento, y 
en gracia de sus méritos, lleve su franqueza y buen deseo 
hasta pedir á los enemigos, ya que no aplausos, al menos 
la equidad y benevolencia con que desearían ellos mis- 
mos ser juzgados ? «íS5» 

Abundando en las mismas ideas, en un bello articulo 
sobre la Biblioteca Americana, nos decía don Francisco 
X. Acha: 

(fcC^ Esos esfuerzos son tanto mas dignos de estímu- 
lo y cooperación, porque se hacen en medio del choque 



- 469 — 

de las pasiones qae, como los vientos helados del iaríer* 
no, queman las flores y secan los árboles; porque se hacen 
con un fia doblemente humanitario, desde que levantan- 
do ell6s una bandera de paz en medio del conflicto de los 
pueblos, tienden á pedir una tregua para el pensamiento» 
tregua de Dios á que son invitados aquellos mismos que 
en las primeras filas de los distintos bandos combatientes, 
llevan la palabra y dirigen la encarnizada contienda; á 
los que en la tribuna ó en la prensa son el eco de los 
partidos siempre en pié, y que en 61 campo de las letras, 
despojados de su divisa de políticos, forman las lumbre- 
ras de la inteligencia y del saber, ^.^n sk 

1859. 
Sr. Dr. D. Carlos María Ramirez. 

Ptyitndú. 
Montevideo, Febrero 10 de 1880. 

Distinguido amigo: 

Hago honor á su giro, y contesto á su amable libranza, 
poniendo á disposición de la Comisión qae Yd. preside, 
la remesa en verso que me reclama. 

Le agradezco me haya Vd. proporcionado la oportuni- 
dad de contribuir con mi óbolo al patriótico objeto que 
tiene en vista el certamen que se prepara: aumentar los 
fondos para sufragar los gastos y dar mayor lucimiento 
á la Exposición que debe celebrarse en ese punto. 

Recibo i veces invitaciones para colaborar en periódicos 
6 tomar parte en los torneos (que otros califican de sol- 
feos y manteos) literarios. No siempre tengo tiempo de 
contestar, y no falta quien se imagine que procedo asi por 
incivilidad ó mala voluntad. ¿No seria mas caritativo atri- 
buirlo á causas naturales como la pereza, el cansancio, 
atenciones del momento que no es posible aplazar, y dada 



— 470 — 

la abondancia de publicaciones, tal vez á la falta de con- 
fianza (ea el mercado) como dicen por aquí los que ase- 
guran tenemos oro á toneladas? pero que se esconde por 
la causa espuesta; lo que entre paréntesis no veo muy 
claro, pues el dinero como el amor y el ingenio, cuando 
realmente existen no pueden ocultarse. 

La verdad es que á fuerza de menear pluma y de echar- 
se á perder la vista leyendo libros y papeles manuscritos 
é impresos, llenos de títulos, párrafos y rayas que pare- 
cen escalas cromáticas de violón y otros instrumentos 
prohibidos, según propalan sus victimas despechadas, se' 
queda al fin hasta el mas gaucho medio abombao, y acaba 
por mirar con una especie de pánico la mesa, el tintero, 
'as plumas, los tipos y demás instrumentos inquisitoria- 
les, que tan importante rol desempeñan en las torturas del 
espíritu y en los primores de la moderna civilización. 

Líbreme Dios de blasfemias y chapuceriasl Líbreme de 
mostrarme ingrato con la nodriza que amorosa me brin- 
dó su pecho en estraños hogares, y desconocer los pro- 
fundos conceptos y bellezas de primer orden que encierra 
la famosa Oda de Quintana á la imprenta; pero la tradición 
cuentaque en justa expiación de su para él fatal invento, 
los diablos una noche en virtud del pacto que los unia, se 
llevaron por los aires á Guttemberg con su maquinita; y 
en las tradiciones populares, bajo el velo de la leyenda, hay 
siempre algo que hace meditar á los hombres pensadores. 

Me dirá Vd. que al lado de la cicuta crece la yerba bue- 
na, y no lo niego; pero no es menos cierto que en la batida 
general, la feroz jauría no perdona ni á la gente apajarada 
quiero decir, á los inofensivos seres canoros, que por una 
ley de su naturaleza buscan la soledad como el ruiseñor la 
selva; y que nerviosos é irritables por complexión, pero 
en él fondo bonachones, indulgentes, generosos, cuando 



-- 471 — 

los atacan, se limitaD á repeler la agresión, y eso, si lo 
creen necesario, porque son tan malos que bien puede 
decirse de cada uno de ellos: ^ 

Cet animal e$t tres mechant: 

Quand on I ataque il se defendí 
Nada importa que se dejen desarmar por una palabra 
afectuosa y leal; que no acostumbren en el debate, pudien- 
do, emplear con ventaja en represalia armas vedadas, 
porque no las necesitan; que amen y aborrezcan con el 
alma, pero que solo escriban en el pórñdo los beneñcios 
recibidos, que hagan por los que estiman y quieren lo que 
acaso no harían para si mismos nadaimportal pesa so- 
bre ellos el delito, que al fin y al cabo no es culpa suya, 
sino de Dios que asi los hizo, de vibrar como el bronce 
sonoro á todas las impresiones que vienen á herirlos, y 
murmurar como el arroyo entre guijaros, y gemir como el 
viento entre las ramas. 

Entristecidos por la nostalgia de cosas, que no están 
precisamente á la moda en este pedazo de tierra ni en las 
nueve veces décimas partes del planeta que habitamos; en 
medio del halali, se les imputa como una aberración que 
alcen el vuelo, y se atrevan en las transparentes noches 
del estio á comparar las miserias de este pequeño grano 
de arena con el resplandor de Sirio, cuatro veces mas 
grande que nuestro Sol, el cinto de Orion, las bandas de 
Júpiter, los anillos de Saturno, las montanas volcánicas 
de la Luna, ó la brillantisima diadema de estrellas de di- 
versos colores que resplandece en la Cruz del Sud. 

Cuando los ven mas distraídos, vueltos los ojos al Orien- 
te, en la cima de algún cerro, bastante parecido á los 
de Ubeda, los embisten por la región occidental á mordis- 
cones, como le ha sucedido á un conocido mió, á Vd. y á 
otros viajeros imprudentes, aficionados en demasía á 
respirar el aire puro de las alturas. 



— 412 — 

Se vaB estos y aparecen otros (que pareeao estadiaBtes)^ 
mas diüciles de espantar, cariacontecidos 6 alegres, meli- 
fluos ó decidores. 

¡Qué enorme consamo de paUque, Dios miol y yo qae 
apenas hablo.... basta por los codos. 

Diserten y Yociferen lu^o sobre el respeto que merecen 
las garantías individuales y sobre infraccioDes del articulo 
constitucional que declara un sagrado inriolable la casa 
del ciudadano. Uespondan las bellas copólogas, las tiernas 
cantoras gratis, y los diestros tocadores de piano idem, 
nuestros hermanos, puestosfuera de la ley Compre que hay 
zambra y bureo, y llevados á la rastra bajo la banderado 
la caridad, el arte ó el progreso, por la raxonó la futrza, 
donde quiera que los encuentran, y agradóles ó no, co^ 
mo á los bombardeados en el Pacifico, participar de los 
agasajos del festín. 

Quien mas quien menos, contados son hoy en MontOYÍ- 
deo los que pueden permitirse el lujo de andar con cara 
de pascua. Por mi parte declaro sin rodeos que malditas 
las ganas que tengo de poner en prensa mi cerebro, casan- 
do consonantes, maniobra que si se practica solo cíin¿- 
mentCr es decir, únicamente por política, sin la bendición 
del cielo, 6 sea la inspiración, no viene á ser en el fondo 
otra cosa, por mas que declamen los incrédulos, que un 
adominable concubinato, según la respetable opinión de 
los preceptistas, conforme en este punto con laque sostie^ 
ne y observa, 

Al suon de I arpa angélica. 
un laureado bardo uruguayo que Vd. conoce, y de quien^ 
me habla en su cartita.«^D© 

©C§r*La humanidad, decia yo en la Memoria Univer- 
sitaria de 1879, atraviesa por una tremenda crisis, y los- 
llamados a iluminarla, que son todos los hombres de bue- 



— 473 — 

fia volimlad, no alcanzaran ese objeto sino por los medios 
suaves del raciocinio y del convencimiento, por el respeto 
mútaOf por la tolerancia, por la caridad que aconsejaba 
San Pablo con las flaquezas y miserias del prójimo, lo que 
no escluye ni la firmeza de las convicciones, ni la condena- 
ción de los abusos y errores, ni la argumentación vigoro- 
sa de las doctrinas. 

Tal vez el puente salvador lanzado sobre el abismo, que 
se ensancha mas y mas cada dia entre las clases de la so- 
ciedad, se encuentre, no en la tesis absoluta del catolicis- 
mo, que dice todo ó nada; no en la antitesis niveladora 
de los libres pensadores del calibre de Prudhon, Moles- 
chot, Buchner, Hoekel, Bakounini y demás profetas del no- 
vísimo evangelio, que se está escribiendo acaso en algún 
presidio, según la frase de un eminente escritor, y que ló- 
gicos y consecuentes, van sin arredrarse hasta los últimas 
consecuencias de su sistema, y gritan sin la menor 
aprensión: ¡todo a&ajo/ Dios, organización social, gobier- 
no, religión, ciencia, arte, propiedad, familia, sino (por 
mas paradajal que parezca á primera vista) en una sintesís 
superior que reconcilie y armonice el misterio impenetra- 
ble con la realidad visible, la razón en su plena soberanía, 
con la fé en un Dios dotado de los atributos de la perso- 
nalidad, sin lo cual se va á parar inevitablemente al escep- 
ticismo ó á\ panteísmo; las conquistas de la ciencia con 
las verdades del orden, providencial y eterno. 

O naufraga el orden moral y se entroniza el ateísmo en 
el seno de la civilización europea y americana, con todas 
sus abominables consecuencias, ó el hombre por un supre- 
mo esfuerzo y auxiliado por la misericordia divina, con- 
sigue separar en el crisol de su conciencia el oro puro, de 
la escoria; el .diamante, de la oscura capa petrificada que 
le impide fulgurar en todo su esplendor.^iic® 



— 474 — 

©^í^SiQcero admirador del progreso y apasionado por 
todas las grandes ideas y altísimos propósitos; incapaz de 
apreciar por la doctrina cortesana del éxito, el mérito 6 
desmérito de las acciones humanas, escuso advertir que 
simpatizo ardientemente, como personaje poético, haya ó 
no existido con el audaz titán inmortalizado por Esquilo 
en su trilogía, y parafraseado después en versos y en pá- 
ginas admirables por Kerner, Byron, Edgard Quinet, Ole- 
gario Andrade y otros; aunque no falta quien asegure y se 
empeñe en probar que el tal Prometeo fué castigado, no 
por haber robado el fuego del cielo, lo que en realidad 
hizo Franklin, sin meter tanto ruido, sino por tenerla 
habilidadde encontrarse, sin haberlo perdido sus dueños, 
y cuerear el ganado ajeno. Era simplemente un ladrón 
cuatrero, según aquel desalmado critico. Además antes de 
perder la gracia de Júpiter, habiasido uft esbirro de la 
tiranía, combatiendo á su favor contra los rebelados tita^ 
nes, sus hermanos, aplastados bajo las montañas que el 
vengativo Jove desplomó sobre ellos. 

Aun bajo el despotismo, los monarcas dignos de empu- 
ñar el cetro como Pedro el grande, y en los pueblos mas 
avanzados, sus primeros estadistas , sea cual fuere la 
forma de gobierno, sin pararse en sacrificios, procuran 
dotar á sus Universidades de hombres que estén ala altu- 
ra de los progresos del siglo en que vivimos, facilitándo- 
les á la vez todos los medios de enseñar realmente las 
ciencias que profesan. 

Por eso recientemente la patria de Moreno y Rivadavia, 
el Perú y otras repúblicas americanas han hecho venir de 
Europa profesores como Burmeister, Gould, PradierFo- 
deré y otros de su importancia, pagándoles crecidos suel- 
dos de diez y hasta de quince mil pesos fuertes anuales. 



_ 475 — 

Merecen recordarse los esfuerzos hechos en este sentido 
por el ex-presidente Pardo, alevosamente asesinado por 
los ilusos ó malvados, que se imaginan que matando á un 
hombre, imperceptible rayo de un luminar inmenso, se 
destruye el principio inmortal que transitoriamente sim- 
boliza aquel, ó se anonadan como por encanto las conse- 
cuencias del hecho que se sobrepone á la ley, como un re- 
sultado lógico é inevitable del Estado social que fatal- 
mente lo ha producido, como la atmósfera envenenada 
produce la peste y un campo inculto cardos y ortigas. 

En la sociedad como en el individuo, nada se consigue 
cuando no se ha reformado al hombre interior, la liber- 
tad no se conquista : se adquiere á fuerza de inteligencia 
y de virtud. La salud del alma, como la del cuerpo, se 
asegura con una severa higiene, y las próvidas cosechas 
con el riego bendito del rostro de la criatura, que sabe 
humilde inclinar la frente al tcabajo, y erguirla con orgu- 
llo al cielo desde que tratan de oprimirla, como enseña 
el Evangelio, cuya doctnna salvadora es la única verdade- 
ra, dTgan lo que quieran los infinitos Enault, (1) descu- 
bridores de panaceas y remedios heroicos. 

Tengo para mí que pocas aberraciones son tan funestas 
como la que induce á personas de talento á creer que el 
vulgo, y muchos que no son vulgo, pueden sin sentir vér- 
tigos y asfixiarse moralmente, respirar el aire rarificado 
que se cierne sobre las cumbres metafísicas, allí donde las 
cabezas mejor organizadas, los primeros genios han vaci- 
lado, han retrocedido espantados, y se han abrazado de 
la cruz, como refugio y ancla de salvación en medio de las 
pavorosas tinieblas que los cercaban. 

También la historia nos ofrece testimonio irrecusable 
que después de las mas inauditas calamidades, después de 

( I J Famoso charlatán que lanaba todo con su ma'laquita. 



— 476 — ^ 

las mas deshechas borrascas en que todo parecía haber 
naufragado, se ha visto otra vez como iris de alianza entre 
la tierra j el cielo, resplandecer la cruz en la altara, e^ 

sacerdote á su pié, y al mundo de ro díllas ! 

En los tormentosos tiempos que alcanzamos, colocada 
la razón humana entre tendencias y corrientes tan opues- 
tas; irguiéndose cada vez mas amenazador y sombrío e I 
espectro de la miseria, del pauperismo, de las sectas de- 
moledoras y ateas que cuentan á la fecha por millones sus 
afiliados y federalizados bajo diversos nombres, con vas- 
tas ramificaciones en todas partes; perseguidos en Europa 
donde á la primera intentona frustrada van á ser traquea* 
dos como bestias feroces, y diezmados: (I) si no quiere el 
viejo mundo ver reproducido en el siglo XIX el cúmulo de 
infamias que presenció Munster en el siglo XYI y París en 
4870; numerosos enjambres de esa gran cobnena hsm 



(I) Escribíamos estas líneas en Diciembre de 1878, y dos meses después empeza- 
ban ias terribles medidas dictadas en Rusia para contener los incendios de Km I\i- 
hüisíoi y los asesinatos de los primeros funcionarios» sin eseluir al Czar mismo; y 
en la Alemania del Norte contra ios socialistas. Según las últimas noticias, los go- 
biernos europeos se preocupan seriamente de esta graye cuestión. 

No se nos oculta la multitud de causas, algunas muy legitimas y JustiBcadas, que 
esplican semejante estado de cosas y hacen mas inminente el peligro y mas temible 
el predominio de las ultimas clases. Arriba y abajo existe en el fondo una completa 
perversión de ideas sobre los principios fundamentales de lodo orden sodil; y si 
bien es cierto que las ideas— buenas ó malas— que llqgan á arraigarse en la concien- 
cia popular, no se destruyen por medio del terror, pues los fanáticos van hasta d 
martirio, resisten mudos á los mayores tormentos, y suben cantando las gradas del 
cadalso; no es menos cierto, por desgracia, quetn las situaciones estremas y pro- 
ducido el conflicto, no queda otra alternativa que el empleo brutal de la fuerza, ó 
d abandono de la sociedad á los horrores de la anarquía y á los delirios sangrientos 
de la utopía y la demencia. 

Encárese la cuestión como se quiera; pero solo cerrando los ojos para no ver, 
dejará de reconocerse que la marca sube, que el torrente se desborda, y tal vez no 
está l(*]os el día en que presencie la Europa una de las mas tremendas evoluciones 
de la humanidad. 

Triunfará, al fin, la buena causa, no lo dudamos, porque somos cristianos y 
creemos que el mundo obedece á leyes fijas é inmutables, que no es dado al hoD:d)re 



— 477 — 

empezado á refugiarse eo América, y muy serios peligros 
amenazan á nuestro continente, si con tiempo no nos pre- 
paramos á conjararios por la difasion de los sanos princi- 
pios religiosos y de la ciencia sólida y profunda— De lo 
contrario, conscientes ó ínsconscientes, nos convertiremos 
en auxiliares de las hordas de los nuevos bárbaros de la 
civilización, caerá envuelto en la vorágine todo lo que 
tanto afán, tantos siglos de Incha, tanta sangre y lágrimas 
nos cuesta, y retrocederemos mas allá de la época en que 
la palabra sublime del Nazareno vino á levantar á la hu- 
manidad de la abyección en que yacía, juguete de esos 
monstruosos coronados llamados Césares, escéptica, pre- 
sa de todos los vicios, prostituida y esclava. 

Entretanto, en vez de malgastar el tiempo en controver- 
sias que si no carecen de importancia en su esfera y con 
las necesarias restricciones, debemos hoy relegar al se- 
gundo plano, ante la magnitud de los arduos problemas 
que nos asedian dentro y fuera de nue$lron hogares; se- 
guros que la luz vence á las tinieblas; que la verdad pre- 
valece al fin sobre la mentira; que el bien triunfa en defi- 
tivadelmal, porque délo contrario la [sociedad se di- 
solverla, como el Universo retornaría al caos sino existie- 
rauna causa omnipotente, inteligente y libre que traza la . 
ley y mantiene el equilibrio entre las encontradas fuerzas 

violar á su albedrío impunemente: el que sale del orden divino por U puerta del 
pecado, Tuelve á entrar en él por la de la pena, esa mens^era de Dios que, día mas 
diamenoc, alcanza á todos con sus mensajes, segan el profundo eonoepto del Itnttre 
marqués de Valdegamas; pero ¡ay! de los pueblos y de It genertcion ó generadones 
¿ quienes toque atravesar el mar Rojo del gran cataclismo que, según to Jas la» 
aparídidaa, le prepara dd otro lado del Atlántico! 

Piensen y mediten sobre esto, valoren la responsaliilidad que les aioanza los que 
por derecho hereditario ó por delegación de la voluntad nadonal han recibido de! 
cido la ardua misión de regir los destinos de los pueblos. No lo echen tampoco tn 
olvido los que en d templo, en la cátedra, en la prensa, ea la tribuna, «n la escue- 
la, Cercen d noble cuanto dificil apostolado de iluminar la m^nte^ templar d cora* 
zoB y formir las creendas populares.— Julio 8 de 1879. 



— 478 — 

de la naturaleza; en la enseñanza como en todo, cúmplenos 
abrir sin miedo ancho cauce, á todas las aspiraciones ge- 
nerosas, y dejar libre el palenque á todas los sistemas y 
creencias, hasta de las que no pueden licitamente profe- 
sarse sin afrenta de la razón y de la moral, para que lu- 
chen en campo abierto y corone la victoria á los que 
realmente merezcan el triunfo; para que las malas causas 
sean mejor combatidas y pulverizadas; para que todos se 
convenzan de la verdad de la sentencia del apóstol: Opor- 
tet hcereses esse,... Conviene que haya herejes.^g:^ 

En las transcripciones que acaban de leerse está explí- 
citamente contenida la respuesta al desenlace fínal de la 
catástrofe que Vd. prevé. 

En el orden religioso, político y económico, yo no sé 
como se hará el milagro; pero creo con fé incostrasta- 
ble que en definitiva la Providencia ha de iluminar al genio 
del hombre, y mostrarle el camino de salvación. El princi- 
pio bueno hade triunfar del malo en todos los terrenos. 
Botchica ha de supeditar á Huythaca. Pág. 343. 

Larga y fatigosa tarea seria la de entrar en una simple 
carta como esta, en bordados y filigranas. Si Vd. quiere 
iarabe de pico, le emplazo para el jueves próximo á las 8 
de la noche; en su quinta ó en esta su casa, á su elección. 
Tema: El Apocalipsis de San Juan: exégesis y examen 
comparativo de las mas autorizadas doctrinas de los teó- 
logos, filósofos y poetas eminentes. 

No pongo en duda que al escribir su carta no hayaVd. 
pensado ni remotamente en la política, según se desprende 

de la alusión á los podencos cazadores de liebres. Por 

temor á vulgares interpretaciones (como si fuese posible 
poner puertas al campo) agrega Vd. que no tiene deseo 
vi hay objeto en que se publique lo que me manda. Per- 
mítame que disienta de su opinión, y disponiendo de lo 



— 479 — 

que es mió, puesto que Vd. me lo regala, le dé el destino 
conveniente en benefício délas letras nacionales. 

Por ende prevengo á Vd. que si transcurridas veinte y 
cuatro horas, acontar desde la ídem en que le sea entre- 
gada esta misiva en propia mano, no apela Yd, en forma, 
enviaré á la imprenta su carta 7 lamía, y salga el sol por 
Antequera. 

La trova la reservo hasta que Vd. disponga otra cosa. 

Entretanto aprieto las clavijas de mi guitarra por si 

acaso. 

Le reitero las gracias y me repito su colega afectísimo— 
A.M.C. 

- 38 - 

Calderón 

Dedicada al Doctor Don Alejandro Magarinos Cervantes. 

Siglos pasados , viejos campeones, 

que en el eterno asalto habéis caído 

del Tiempo al Porvenir , y henchís la fosa 

en que duermen las aguas.del olvido ; 

haced que de la tumba pavorosa 

do se acumula el polvo confundido 

de las generaciones que cesaron, 

y que , bullendo y combatiendo fueron , 

surjan las grandes sombras que os honraron 

y su labor os dieron 

en la idea inmortal, cuya grandeza 

no se guarda en los términos estrechos 

que la humana flaqueza 

á la medida de los tiempos marca. 

Ella , todo lo abarca , 

y al través de un efímero presente , 



_ 480 — . 

corre cual golpe eléctrico lanzado 
á conmover las fibras del futuro 
con las palpitaciones del pasado. 
El cuerpo instable que en la haz del Mundo 
la sirve de instrumento pasajero , 
se convierte en cenizas , y al profundo 
silencio del sepulcro descendiendo, 
ya solo inspira horror ; pero la forma , 
la fuerza incomprensible que , reuniendo 
el polvo al polvo en misteriosa norma , 
del ente personal hace la vida — 
esa no ha de morir. — Y si muriera , 
de los buenos la imagen bendecida 
en el alma del mundo renaciera I 

Pero no muere , no : del antro oscuro 
Vates , salid 1 despedazad el bronce , 
el plomo desgarrad , hendid la roca, 
y presentad vuestras augustas sombras 
á la posteridad que las evoca I 

David, Homero, Píndaro, Virgilio, 
grandes espectros que os alzáis envueltos 
entre púrpura noble y lino suave , 
y sin ruido avanzáis la planta grave 
que el áurea cinta del coturno dora : 
Salud — pasad ! No es esta vuestra hora. 

Vosotros ¿quiénes sois , hombres humildes 

de túnicas oscuras revestidos ; 

cuyos pies brotan sangre, 

de vil sandalia apenas defendidos? 

Pero. ¡Gran Dios! ¿qué veo? 



— 482 — 

Pálido está tu rostro , y los dolores 

nublan el ancha frente 

que el poderoso pensamiento inclina, 

librado al goce amargo de infelices 

delicioso punzar de acerba espina , ( c) 

el dulce y melancólico recuerdo I — 

El tuyo en mí se queda 

que , al alejarte tú , sé cuanto pierdo. 

Pasad, sombras, pasad — y á la caílada 
mansión tornad de donde habéis salido ; 
que, al volver á la noche de la nada, 
no volvéis al desierto del olvido ! 

Guillermo Shakespear, Lope de Vega, 
Corneitle, y Calderón : noble cuadrilla, 
rayos sois de una luz que clara brilla 
en páginas contiguas de la historia, 
y oreando el laurel de vuestras frentes 
se confunden las brisas de la gloria. 
Mas, tú, Lope, te aparta ; si la Fama 
ya le ha dado á tu genio su corona, 
de la posteridad nó mas esperes : 
no olvida sí perdona 
que, pagándolo el vulgo, hallaste justo 
hablarle en necio para darle gusto. ( d ) 

Sombras de los cantores 
de Hamlet, de Sigismundo y de Rodrigo, 
i€uáles sois de vosotras las mayores ? 
En los Horacios, tú, grande Corneille, 

como en el Cid te alzaste á lo sublime 

El bardo Inglés, con nuestras dudas, duda, 



» ■» 



— i83 ~ 

COD el dolor de nnestro llanto gine, 

7 al arrojarnos la verdad desnada, 

con índeidi)Ietinta, 

la recóndita imagen mal Telada 

de nuestro propio corazón, nos pinta. 

Pero ¿ hay algo en vosotros de grandioso 

que no haja en Calderón? — Débil Amleto, 

juguete de si mismo 7 de la suerte, 

lucha, duda 7 vacila 

por el temor de « un algo y> tras la milite, 

Pais inexplorado, 

de cuyo oscuro término el viagero 

no regresa jamás, y ahsLñionuáo (e) 

se entrega á su dolor de toda hora, 

temblando ante el horror de lo que ignora. 

Sigismundo, como él, luchando sufre, 

analiza el. afán que le devora, 

7, en su ardiente pasión, un Etna hecho 

llega á pensar en arrancar del pecho^ 

trozos de corazón ; pero, esforzado, (f) 

vencer sabe y vencerse, dando al mundo 

ejemplo inolvidable.... 7 olvidado ! 

de que « la vida es sueño, » 

donde solo descansa descuidado 

quien sabe ser de sus pasiones dueños 

Si el águila de Albíon estudia 7 mide 

la sombra pavorosa 

que al ser humano del no ser divide, 

mas alto eleva el Español su vuelo, 

;|^ en la cruz misteriosa 

ños dá la escala de la tierra al cielo; 



V. 



— 484 — 

!si Corneille á Rodrigo presta acentos 

cuya noble grandeza 

^n amor patrio el corazón inflama, 

¿ cédenles en belleza 

los que usa Calderón cuando Cosdroas (g) 

al Persa rudo á la venganza llama ? 

Sí á Horacio, en fin, cuando sus canas mira 

vcon la fuga del hijo deshonradas 

una palabra su dolor le inspira 

que en el instante las dejó vengadas, (h) 

sublime, inimitable, 

ya estaba en Calderón la misma idea 

en el poema « Que á secreto agravio 

también secreta la venganza sea. » (i) 

Si: grande fuiste ¡oh Calderón! y el genio 

en tus obras do quier marcó sus huellas: 

no fué tuya la culpa, si, vagando, 

alguna nube se desliza en ellas — 

se liga el tiempo al tiempo y la luz pura 

siempre, á la sombra, su fulgor hermana — 

¿No es ese por ventura 

símbolo fiel de la miseria humana? 

Tres siglos ya pasaron: 
Reyes, razas, sistemas y naciones 
^u antigua faz y su poder mudaron; 
nuevas generaciones 
surgieron al combate de la vida 
unas de otras en pos, y roto el freno 
que mantenía á la razón ceñida 
en la via de luz, letal veneno 
paralizó la fuerza de sus alas 



— 185 — 

al espíritu humano, 

que, yagaudo á merced de sus delirios,. 

las alturas del Cóndor busca en vano. 

Sombra de Calderón, mira esos siglos 

que «grandes» á sí mismos se han llamador 

¿ qué vés en pos de tí? — Sabios y pueblos^ 

con la mirada vuelta hacia el pasado, 

hambre de luz y hambre de pan sufriendo,. 

sin que una sola hora 

le den al « mas allá » do está surgiendo 

la fuente inagotable 

que apagara la sed que les devora. 

En tanto, el pensamiento es incansable: 

cada sol que renace, á un nuevo invento,. 

el invento de ayer le dá cabida 

y alguna fuerza mas de la natura 

al yugo humano se despierta uncida — 

montanas, mar, desiertos y espesura 

cruza el vapor multiplicando el tiempo 

no vive el hombre— anhela— . 
y acaso tan veloz como el deseo 
del Polo al Polo su palabra vuela I 

Cuánta prosperidad I Cuánta grandezal 

Todo es gloria y poder... allá en la cumbre — 

á la vez que desnuda, miserable, 

la inmensa muchedumbre, 

contempla ensordecida y asombrada 

tanta fuerza indomable 

por la idea triunfante ya domada; 

mira, aplaude y espera, 

y en medio al esplendor que la fascina 



— 486 — 

osada no es á ioterrogar siquiera 
si ese rayo la qnema ó la ilamiaa. 

A7I que al hermoso fruto, la fecunda, 

la dulce savia del amor na alcanzal 

Ta la sombra profunda 

del porvenir á penetrar se lanza 

el desolado espíritu, 7 contempla 

de mil pueblos que gimen 

la turba que se afana 7 que se esfoerza 

contra el muro de hierro en que la oprimen, 

tiranizando á una, 

el atroz monopolio de la fuerza 

7el monopolio vil de la fortuna.... 

Allí la Libertad la faz esconde 

7 si su voz entre gemidos suena, 

la voz jadeante del vapor responde 

a7udando á forjar nueva cadena ! 

Vuélvete, CaWeroii; vuelve al silencio 

sin ira 7 sin dolor en que 7acias 

Un siglo mas ! 7 tu querida sombra 
torne quizás en halagúenos dias. 
Del humano sufrir mudo testigo. 

rápido el Tiempo avanza 

no pase — n6 — si ha de arrastrar consigo 
el último girón de la esperanza I 

Aurelio Berro. 

CaJ Tasso.— Jcrusalcmme liberaU ~ ócUts que empiett, 

« Coki Solíviiiia, Olind«i <^, BlaptQa. 
d'una dtide entramlii e ifuiu fcdt t 
Ei» che modesto é tí, quant'essa é bcHa 
briDM aitai, pooo spoca e nnUt chiede » 



< —417 

( b } Miguel- argbi.— Al pié de su estatal de It Boobc : 

Grato m'e il «onno, e phi fesser di sasso 
mentréché il damio e la vergogna dura, 
non vcder, non sentir m'e gran ventura i 
Pero ! non mí destar : deh, parla basso. 

< c ) CAUOBS—Luisíadas : 

Saudade ! gOsto amargo de infelizes 
delicioso pungir de acerbo espinho. 

(d) Lope de Vega— versos suyos referentes fl lenguaje llamado culterano de que 

tanto abusó, aun criticándolo : 

c Y pues el Tulgo es quien lo paga, es justo, 
hablarle en necio para darle gusto.» 

(e) seiHsreABB— Hamiet— monólog«). 

c But that the dread of somethiogaCter deatb 
the undíscovcred A)unlry from whose boum 
no traveller rcturns— puzzles tlie will, 
and make us rather bear tbose ilki wc havo 
tham fly to othcrs that we Know not of. » 
^f) Caldebok— La vida es sueño— monólogo : 

«Apurar, Cielos, pretendo etc. 
(g) CiU)EB0N— z Duelos de amor y lealtad » — dice : GoadroaA escitando á los Penas 
á sacudir el yugo de les Fenicios en Tiro, 
c Volved á ese campo, á ese 
muro los ojos, y tintos 
uno en sangre y otro en llanto 
veréis qoe os dicen á gritos t 
aquí, los que tallecieron 
peleando, se lian construido 
en cada flor una pira, p 

en cada hoja un obelisco ; 
y allí, los que se toleran ^ 

infamemente cautivos, 
en cada piedra un padrón, 
y en cada haxada un delito. 

<hj Coejieille — Horace— 

jttlie— ¿ Que vouliez vous quí' il fit contre trois ? 
Horace — .0"* íl mourút 

ou qu* un beau désespoir alors lesccourftt 
X' eiit-fl que d* un moment reculé sa défaite 
Home eut été du moUis ui>peu phis tard sujettc. 
(i ) Caldebon— 3c A secreto agravio, secreta venganza.». 
Celi»— a Señor, pues que dosta suerte 

bailaste tu idoaongado, 
vuelve en tí, repara el daño 
de tu vkla y de tu muerte. 
Va no hay estilo ni medio 
que tá puedas elegir* 



— 488 - 



Luis- 


Si hay Celio. 


Celio- 


¿Gnil es? 


Luif— 


Morir» 




qne es el ultimo remedio! 



— 39 — 

Redoble 

Dejamos & nuestros lectores bajo la agradable impre- 
sión que debe producir en su ánimo, la selecta pieza mu- 
sical que acaban de oir. 

Bajo el rubro literatura puesto por nuestra ploma, 
publicó El Siglo las dos cartas que anteceden. Nos es sa- 
tisfactorio cerrar este volumen con algunas de las apre- 
ciaciones á que dieron mérito de parte de varios órganos 
de la prensa. Si el Sr. Berro como cualquier escritor, no 
hubiera conseguido otro resultado de su feliz inspiración, 
bien pudiera darse por satisfecho con las patrióticas ad- 
moniciones y elevados conceptos que motivaron esas car- 
tas, en la singular coincidencia que puso de relieve su 
oportunidad. ^ 

Esta es siempre de carácter permanente en la delicada 
cuestión de que se trata, y por tanto consideramos úti' 
arrancar á las hojas fugitivas del periódico, que pasan ó se 
olvidan con los sucesos del dia, algunos párrafos, que en 
los casos ocurrentes será mas fácil releer 7 tener siempre 
á mano en un libro. La hilacion de las ideas, como quien 
dice la fuerza del consonante, nos obliga ahora como 
otras veces á dejar correr; naturalmente con disgusto, los 
galantes conceptos con que á la vez los colegas se sirven 
favorecernos. Por eso nos limitamos á poner las iniciales. 
Razonablemente no se puede exijir mas de nuestra mo- 
destia.— Pág. 172. 

No se apresure algún Zoilo gruñón y descontentadizo á 



— 489 — 

condeDar nuestro proceder. No se alucine por la calma 
engañosa del cielo. Hay machos pantos negros en el ho- 
rizonte, y es mas qae probable qae los futuros choques^ 
en la prensa ed altri sitti, produzcan súbitas alteracio- 
nes en la atmósfera política, y desaten recios vendábales 
y caiga abuEdante granizo (acompañado de aereoiitos, — 
estamos frescos I — según observa La Razón. ) Bueno es 
tener á la vista- por consiguiente, alguna remembranza ó 
muestra de los efectos del último meteoro ó lluvia da pie- 
dra. Por el hilo se saca el ovillo. Oido á la caja t 

Comienza el redoble. 

« Con gran contentamiento, dice el primero que sacudió 
los palillos ó tomó la palabra, leíamos en El Siglo de ayer 
las cartas cambiadas entre dos hombres de claro talento, 
saber no común y castizo lenguaje en el decir. 

D. A. B. y D. A. M. C, ponían — con motivo del pró- 
' ximo aniversario de Calderón — un panto de reposo á ese 
trabajo árido del periodista, que del 1 .^ al 30 de cada 
mes tiene que ocuparse de lo que dicen los blancos j píen 
san los colorados y opinan los constitwionales y nado 
nalistas. 

La carta del Sr. Berro esparce el ánimo y procura tran- 
quilidad al espíritu. Vive al escribirla en otra atmósfera, 
y hace respirar al leerla aire mas puro que el que se ab- 
sorbe en medio de ese campo de luchas y pasiones perso- 
nales que, yermo un poco de tiempo, vuelve, desgraciada- 
mente ahora, á ser mas fértil que nunca. 

En la carta del Dr. A. M. a través de muchas cosas 
buenas, hallábamos los dos siguientes párrafos que apro- 
vechamos, por ser en parte poderosos auxiliares para el 
objeto que nos proponemos en este articulo. 

Dice el autor de Caramt^ni . . . . (Véase pág. 467.) 



— ¿90 — 

Dejemos aun lado si las ideas iestituctooiüstas bao de 
ser ó DO las que rdopoere el país, y Teofamós al fondo del 
asanto: ala viralencla en el ataque y álacnltnra en la de- 
fensa que se asan hoy, y deben desterrarse enire gente de 
buena compañia que esgrimeuiarmas en el palenque poli- 
tico. 

Si con verdadera comrplacencia leiamos ayer la sección 
literaria de 'El Siglo^ doode se hallan^sas dos cartas, con 
honáo pesar veíamos otras dos cartas también qoe publi- 
ca La Razón de esta mañana. 

Son ellas la última palabra escrita en la polémica entre 
los señores X. X. y N. N., y quilas el primer síntoma 
de una recrudescencia de odios y pasiones, que, aislada 
hoy, puede extenderse mañana como la chispa eléctrica, 
y demostrar á ojos extraños, que aquí estallos mas connar 
turalizados con la licencia que no con lalibertad. 

Conduélenos de veras el tono de estas úitimas cartas. 
Con profundo pesar, vemos, que á los pocos meses de ha- 
ber roto la prensa los férreeos lazos que la sujetaban, dos 
periodistas de ilustración se hagan adalides -de sus parti- 
dos, destrozándose su inopia estimación. 

Ayer lo decíamos y hoy lo repetimos. En un tiempo no 
lejano, las intemperancias de los diarios fueron causa de 
que la sociedad de Montevideo perdiera en las plazas al- 
gunos ciudadanos distinguidos. Ese terror de la pluma 
engendró mas tarde la dictadura. Renacemos á la libertad 
y no parece sino que estamos echando de menos la tiranía. 

Discuta cada cual sus opiniones, definiéndolas en el ter- 
reno déla lójica, pero, asi como en la vida real las perso- 
nas bien educadas se merecen mátua estimación, del 
mismo modo no convirtamos la prensa en mercado publi- 
co ó ventorrillo de caleseros. 



Si la misión áeH periodista es instrniral paeblo, no le eo- 
seiemos áese paeblo á prodigarse insultos primero, para 
después oMigarle como coosecaeocia á qae se agarre i ti- 
jros 6 puñaladas. 

Estimemos al adrersario para que el adversario nos es- 
time á savez, porque en esas lochas, defendidas de ese 
modo, lo único que se consigun es desacreditarse uno pro- 
pio y hacer reir á la galería. » (Ferro-carril). 

« Los qn^e hayan seguido el curso de la polémica entre, 
los Sres. X. X. y N. N. habrán listo como de la dis- 
cusión de par4ido han pasado los contendientes á los in- 
sultos personales.— Las cartas que aparecieron en La 
ña:son de ayer, marcan el último limite á que en el ter- 
reno de la prensa se puede Uegar eu este punto. 

Abrigamos la esperanza y el deseo de que la publici- 
dad dada á esas castas haráqoe las personas llamadas 
á poner término á este desagradable asunto pongan en 
ju^o su influencia ¿ fin de i^ue noi tenga ulteriores con- 
secuencias. 

Entre tanto, lamentando profundamente el giro que ha 
tomado esta polémica; y reconociendo la influencia que 
ha tenido sin duda el carácter personal de los que en 
día haa tomado parte, no podemos menos de llamar la 
atención sobre el peligro de que el hecho se reproduzca, 
si se obstinan ios partidarios en discutir las escenas san- 
grientas del pasado. 

En la carta del Dr. D. A. M. C. á D. A. B. qne el 
miércoles publicamos, lamentando aquel distinguido ciu- 
dadano el giro que iba tomando la discusión política de- 
cía: «Hoy mas que nunca creo que espadas toledanas de 
finísimo temple solo deberian esgrimiese, unidas ó se- 
paradas, en* defeosade ta^ ideas insAitucionalistas.» 



— 492 — 

Esta es la yerdad. Da grima el yer como hombres qae 
por sus ideas y sus precedentes debían hoy emplear su 
inteligencia en trabajar unidos por el triunfo de las ins- 
tituciones, malgastan su talento en combatirse con un 
encarnizamiento que llega hasta el punto de hacerles des. 
yiarse de las formas cultas de la discusión. 

Mal auguraríamos para el porvenir de la furia con que 
se ha iniciado el combate entre los sectarios de los bandos 
tradicionales, si no abrigásemos, como el Dr. D. A. M. C, 
la consoladora esperanza de que la Providencia ha de 
abrir nuevos horizontes que ilutainen la nebulosa atmós- 
fera que hoy se cierne sobre la República, i^ (El Siglo). 

«Refiérese en la suya el señor B. á una composición poé- 
tica que, á instancia del señor M. C. según parece, ha es- 
crito en elogio de Calderón de la Barca, gloria del teatro 
universal y honra y prez de los dramáticos españoles. 

Con fina lanceta punza el señor B. en su carta á la li- 
teratura del presente, en la cual gasta sus fuerzas la me- 
jor porción de nuestros jóvenes ingenios ; literatura tan 
ampulosa, á su manera, como la del culteranismo en el 
siglo XYII ; culteranismo también ella y pedantería tan 
de subido color como la gongórica, aunque tomada de 
diversa fuente y de mas turbio manantial. El siglo XVn 
dio el gongorismo : el último tercio del XIX, y salvas las 
distancias de engendro á engendro, da la lijteratura de 
Nana. 

Dice el señor B. que su espíritu se aforra á las intuicio- 
nes del pasado y descansa en algunos momentos con mas 
seguridad en las verdades de la abstracción que sobre las 
realidades físicas. 

Parece que en su canto á Calderón, inédito todavía, hay 
algo, como él dice, de retrógrado, de muy retrógrado. T 



— 493 — 

por si el Dr. M. C. temiese que este fuera un delirio pasa- 
jero del poeta, adviértele est« que no es sino el resultado 
de una convicción laboriosamente formada, y que su opi- 
nión es que ^ si no tiene lugar una poderosa reacción 
del espíritu cristiano 7 de la influencia católica, única ca- 
paz de protejer á los débiles contra la insolencia del des- 
potismo, este será antes de un siglo arbitro exclusivo del 
mundo 7 suprimirá la libertad. 

Perdónennos nuestros lectores, si cre7endo de interés 
el asunto, 7 atreviéndonos á esperar que esto altere un 
tanto la monotonía de las pequeneces políticas que dia- 
riamente revistamos, nos hemos permitido imponerles 
de esas cartas. » (Telégrafo Marítimo ) 



* m 



« Por la falta de espacio 7 su mucha extensión sentimos 
no poder trascribir íntegra la bellísima carta 7 fragmentos 
literarios con que nuestro distinguido amigo el Dr. D. A. 
M. C. contesta á la dedicatoria de D. Aurelio Berro de que 
a7er dimos cuenta. La sabrosa lectura tenia que ser la de 
un escrito en que campean á la par de elevadísimos con- 
ceptos un estilo castizo 7 afiligranado, que no desdice de 
cuanto brota de su feliz 7 fecunda imaginación. 

Posibilistas ó positivistas en esto de atrapar auxiliares 
de valía, 7 de ellos lo que más puede servirnos, no teme- 
mos cometer el pecado de robarle al colega que lo insertó 
uno de los trozos mas elocuentes 7 profundos de ese es- 
crito, que revelan al pensador, al político 7 al cristiano 
sincero. 

Cuando se han investigado todas las gangrenas sociales 
al través de ese prisma filosófico, queexclu7e todo fanatis- 
mo 7 toda obcecación : cuando se descubre en el fondo 
esa causa generadora de todos los males presentes, 7 se 



— 49t — 

• 

tíeDe an corazón, y se ama la btnoanidad; 7 se sienteo as- 
piracioDes anhelosas hacia todo lo bueno y á la perfectibi- 
lidad hamana en todas las esferas, son bien naturales y 
como verdadero fruto de las impresiones recibidas, las 
reflexiones siguientes que arranca al Sr. M. C. un estado 
social que empieza á asustar por algunos de sus aspee- 
tos. — Véase pág. 473 . » , ( Bien Público ) . 

Y con esto y un biscocho, me despido de mis lector».*. 

hasta cuando 7 En el exordio ó portaba encontraráa 

la respuesta. Noviembre 28 de 1880. 




— 49o — 



Portada III 

Introito 3 

1 — Duja que me asalta — Modestia — Los eunucos — 
Recopilación de apuntes biográficos 5 

2 — Los infortunios de Anastasio — Ensayos caligráfi- 
cos y de literatura párvula — I>. Cucufate — Comercio 
intérlope — Esplocaciones científicas — Los cangrejos 
del Cerro — El burro de las Albahacas — Desastre en 
la bahía — Las botas del carbonero - Marimba — Pri- 
sión en un altillo 7 

3 — José A. Tavolara — Reseña bibliográfica — Escri- 
tores Uruguayos 13 

Obras publicadas en la Bibiioteca Americana ... 18 

4 — El poeta Oriental D. Francisco Acuna de Figueroa. . 19 

5 — Origen del Monumento alxado en la Florida — Deu- 
das sagradas — Pi'odigios que realiza el amor á la 
Patria — Sacrificios que esta impone 25 

6 — /. Odicird y Sagra — Wals 30 

7 — Juan Carlos Gomc^ — Un artículo literario escri- 
to en Rio Janeiro hace treinta y cinco años. ... 32 

8 — Proyecto para la creación do colegios en las capi- 
tales de los Departamentos — Importancia del latin — 
Ciencias ¡exactas — De observación — Metafísica • 
De la moraí — Cual es el sistema filosófico que resuel- 
ve mejor los grandes problemas que aj i tan ai espirita 
humano — Ejercicios corporales — Como deben ser 
retribuidos los profesores — Aptitudes especiales de 

los sacerdotes dignos de ese nombre 41 

9 — Una colación de grados, en que por el ^número es- 
cesivode graduandos, se decide que hable un solo pa- 
drino por todos — Solemnidad del acto — La as- 
censión al ideal — Las tinieblas de lord Byron — De- 
sesperación universal — Único anhelo: la luz — Los 
lanzados á la proscripción — Maldiciones de las ma- 



— 496 — 

P^ÍDM 

dres, esposas, hijas y hermanas — Importancia capí- • 
tal de la cuestión política sobre todas las demás — 
Primeras armas del Dr. Dupont, en La Idea — Titulo 
literario del Bachiller Muñoz y Anaya, fundador de la 
soaEDAD HISTÓRICA — ,Los mártiros de la religión de los 
principios — Los pesimistas — Impotencia radical de 
la fuerza — Acción purificante del dolor — Opinión 
unánime en favor de la reacción iniciada por el Coro- 
nel Latorre — ¿Qué hacemos? — ¿Optamos por la abs- 
tención ó por la acción? — La razonable posibilidad — 
Proposiciones de algunos graduados — Ejemplo de 
Tliiers, Mac-Mahon, Rlestra — Deber de decir la ver- 
dad en las situaciones difíciles — Dolor que no com- 
prenden las almas vulgares — Ofusciwáon, saña é in- 
justicia de los propios amigos — Cómo se mide el elo- 
gio ó el vituperio — Feroci Romard — Tristes efectos de 
los abusos de la libertad de imprenta — Necesidad su- 
prema en la democracia de identificarse con el pueblo . 51 

10 — Gacetilla de Violeta;^ y Ortigas — Pizzicato — En- 
tretenimiento en los dias lluviosos — Oración á dúo 
— Relojes discordes — Las rosas del pudor — Belleza 
y fealdad — La ley niveladora — Antfts ^ después — 
Fianza y confianza — Idolatría del hombre — Rey y 
Emperatriz 68 

11 — Por quién y cuándo se viola la neutralidad ... 71 

12 — Juana M. Gorriti — Condiciones que deben tener 
presente nuestros jóvenes escritores, si quieren dar 
importancia é interés ájlos periódicos puramente lite- 
rarios 76 

13 — José Rúa Figueroa — ColiúT 78 

Eugenio de Ochoa — Juicio sobro el mismo libro . . 94 
Luis Mariano de Larra — ídem 96 

14 — Vidalita 99 

15 — Desatinos — Informe pericial, espedido en virtud 
de la falsa alarma, esparcida por algunos endiablados 
reporters sobre al mal estado de los vapores de la car- 

rei^a entre Buenos Aires y Montevideo 103 

16 Modesto Lafucnte ^Opinión acerca del Ensayo Históri- 



— 497 — 

co Potitico sobre loé RepuhUca$ del PUUa, . * . . 104 

17 — Pescozones— I— Viruta ú un litigante calumniador. 115 

II — Castelar — Lo que son los poetas — Inmereci- 
do tirón de orejas A Carlos Guido Spano * ♦ . 4 116 

III — Mi renuncia del Ministerio de Hacienda. . . 117 

18 — Chispos — I — Los .que vienen detrás * * . . 119 

II — El infinito 121 

19 — El Cruzero 123 

II — Abel J. Pere^ — El poeta — Poesía • . . . 124 

III — Contestación a la Comisión de San José . • 127 

IV — Mirando al Crüzéro—Pocíta ...*..* 128 

V — Poh^reda 132 

VI — Carta á D. Jacinto Alblstur 132 

\ll — Juan Zorrilla de San Martín — Oúsié . < • 136 

VIII — A«rííto Berra — Canto 141 

IX — /«cinto i4íW»fí/r — A Jesús 146 

X — La poesía religiosa C -SZ 5í<7/o j 4 148 

XI — Un poeta cristiano (El Bien Páblioo) ... 151 

XII — Juicio de La Razón, 154 

20 — La roca de Sisifo 156 

21 — Ómnibus. | A protesto que no profesa determina- 
das crcenciius refif ¡osas puede alguno negarse ú jui^ar, 
cuando la ley exige el juramento próVÍQ? . ♦ . , 161 

2!J — Optimismo y Pesimismo 164 

23 — Una visita oficial al Presidente de la República -*- 
Lo que dije yo, lo qtio contestó él, y ló que gorjeó la 
Prensa • 167 

24 — Cotreo — I — - Eduardo Acecúdo ^Lo qtíé decio al 
corresponsal de su periódico en Paria sobre el deber 

de todo buen düdadaim en las situaciones difidles . 173 

II — José C Paz — Conviene hablar oon discreción 

a los estraflos áñ \m rtiiseHas de nuestra p«is. • . 174 

III — Sarmiento — Contra pereza diligencia y... pi- 
cana K 175 

IV — Ntcolcts i4. CalüO — Como entiende la nbstefe- 
cion ..»....•«. 4 •<. * y> 

V — Carlos M. Ramrts — La 'enseñanza es un apofc^ 
telado, y los dias santos fuente de inspiracioneit 

32 



- 49 — 

éoncicnzudas para los espiritus reflexivos . . . 176 
Vi — C — Rara modestia » 

VII — Fernando Halcón — Un recuerdo de la Rábida 178 

VIII — Afiustin de Vedia — Jamás he sido ni soy 
enemigo del Ateneo 179 

IX — José M. Torres Caícedo — Estímulo y i'ecom- 
pensa 180 

X — Juan Maria GuiietTes — Precocidad. ... » 

XI — Acelino Lerena — Dos octavas que reasumen 

los triunfos y la gloria de Artigas 181 

XÍI — José P, Ramircj: — La hora oportuna ... » 

XIII — José C Bustamante — Como pagan justos por 
pecadores — Una de las causas por las cuales firmo 
siempre mis escritos 183 

XIV — Juan Carlos Gomes — Lealtad y nobleza . . 185 

XV — Jium J. JRicera Indarte — Grratitud de los par- 
tidos 187 

XVI — José Zorrilla --Liheraliáaá de un eminente 
poeta 188 

XVII — Nicolás Avellaneda — Importancia y necesi- 
dad de las colecciones de escritores americanos. • 191 

XVni — A. Af. C Por qué soy cristiano .... 191 

25 — i Pudo evitarse la revolución bajo el Gobierno de 

D. Bernardo Berro ? 192 

26 — Justo Maeso — Las Brisas del Plata . t . . . 201 
II — Francisco X, de AcIui — Laurentino Ximenejs — 

Brisas, segunda parte 216 

27 — Antonio Cánovas del Castillo — Apuntes sobre la 1¡- 

terátura americana 226 

28 — Francisco Goma:: de Amorin — El Álbum de Poe- 

sías Uruguayas 231 

29 — Filosofemos ó charlemos — Madejo] enredada de 
melodías hebraicas • . . . . 236 

30 — Anselmo Dupont — Organización del Municipio . 246 

31 — Emilio Castelar — Una rectificación al Plata — 

La Biblioteca Americana 251 

32 — La escuela de la tiranía — Pasado, presente y por- 
venir 262 



— 499 — 



Pijinat 



33 — Juan María Gutierres — I —Ensayos anteriores 
para difundir el pensamiento americano — El reper- 
torio, La flor colombiana^ La reeista de ambas Américas 
— Compilaciones hechas en Venezuela» Nueva Gra- 
nada y Chile — La colección de Mr. Temaux, Com- 
pans — Ideas que pi*edominaron en la Metrópoli so- 
bre educación de los colonos desde Carlos V hasta 
Fernando VII — Tributo americano incorporado á las 
Letras Españolas — Necesidad de eslabonar el pasa- 
do con el presente — Nuevos y grandes veneros de 
inspiración para la juventud en el estudio de la His- 
toria de nuestro continente '. . . . 278 

II — Trascendencia del punto de ai'i'anque pai^a apre- 
ciar debidamente los hechos pasados y sacar de 
ellos fecunda enseñanza en el presente — La historia 
enti*e nosotros debe revestir el carácter erudito y 
cronológico. — Regla de criterio en lo que con-« 
cierne á la Madre Patria. — Confei*encias históri- 
cas del Liceo y Ateneo. - El Scila de la indiferencia 

y el Caribdis de la novelería 287 

A. M. C. — III — Conformidad en el fondo y dis- 
crepancia en la forma ó detalles. — Las manos y los 
ojos — Fines en ab8ti*acto y medios concretos pa- 
i'a hacerlos efectivos. — Vivimos aiTasti*ados por 
el torbellino — Si la acción no sigue al pensa- 
miento, este no se realiza la mayor parte de las ve- 
ces. — Condiciones especiales de nuesti*o estado 
social y nuestro púbhco. — Observaciones de Bello 
y García del Rio. — En todo trozo de mármol hay 
una estiitua. — Diferencia entro el propósito y la 
realización. — Arcada obrero su parte legitima en 
la labor común. —¿El méiíto del esfuerzo de cada 
uno debo medirse por la importancia de. los resul- 
tados obtenidos. — Algunos párrafos del pi*ograma 

de la Reeista 292 

^4 — /Mi despedida de la Univei'sidad — I — Renuncia 310 

II — Nota colectiva del H. Consejo 312 

III — Aceptación del cí^rgo de ipieinhro honorario 



- 800 - 

Pijiatf 

ddl Conssjo •••..».».»••» 314 
IV — CONFERENCIA ORAL Y EgCRlTA - 1 — P«* 
go de una deada de gratitud -^ Dedioatoria «^ Libei«» 
tad en el qud usa de la paiabra pam exponep liUR 
ideas como mejor lo entienda^ en <iuanto al fbndo 
y la forma de su discurso -» Párrafos del Dr* Sienta 
ra Garrat)aa*-r Bstrolos de la Oda A la tNAUotmACioif 

DEL PRIHEa nSRIUh-CABRIL KN LA RePÚAUCA % . % , 315 

II *- Situación anormalisima-^Gínete arrebatado pot* 
la corriente — ¿ Habrá que renunciar á toda tísperatt^ 
zaf^El partido do las instituciones y la Constituí 
cion, ancla y altura do i*efugio en medio de la inun- 
dación. «.....*.»*. i . t . 321 

III — - ¿ Qué es el i)erecho, la Razoni la Justicia y 

la Verdad? '.*..; 325 

IV — Un ungido por la ciencia en 1865 — Lucha BtEn- 

fiA, poesiai — El oiuto del Tbqüendama^ id . . . 335 

V — Granizada con que es recibido el Mano^esto — 
Lo que significan y valeh las intemperancias de la 
pluma y do la palabra — Las ideas hacen bu oamitió 
como el Tucutumeno — El canastillo de Cleopatra — 
El Áspid, poesía — Esti^bismo intelectual — Inte* 
roses y pasiones — Principios y propósitos — Expon- 
taneidad— Proceder franco y leal on politioa—Como 

se juzga ^ Poder de la asociación ...<«. 344 

VI — El lábaro de Constantino- El batallón Tebano— 
Porque muchos buenos ciudadanos se retirán de la 
vida pública — Explicación de Tocqueville -^ Obce- 
sion — La bofetada — i Qué es lo que da fisonomía 
propia y valer á una nación entre las demás f * . * 352 

VII — Desinterés —- En la gumbríb-- Mártires de las 
gloriosas tradiciones de Améi^ica — Bus legítimos 
herederos 4 . < . . 4 . . . 356 

VIII — Lo que interrogada, oofitesta la historia — Ci- 
cerón, Bossuet, Clio — Los peregrinos de la Puig — 
Colon y su tripulación sublevada -— Lección tretnen- * 
da para todos — Solo el esfuerzo colectivo podrá lle- 
var la piedra á la montaíla — Proposiciones de los 



~ 501 - 

pajinas 

estudiantes Tardúguila, Vidal, Kegulos, Aoevedo á. 359 

IX — Los oolores del prisma -*- Gl MeuHVcinrA Poesía 304 

X -^ El* ALMA ROPAPA (leyenda) *- Los progresos de la 
rason piibUea no consienten la reorganización de 
los viejos partidos ^ Toitos bravos -»> Pot* el oomitio 
se hacen bueyes — » El reinado de las instituoiones, 
ünieo oapas de destruir el nial en su raía. . *. . 367 

XI ^ Renuneia á la Incba armada -*-r Suplicio de Tán- 
talo -^ LalibertiMl no se conquista*-^ Lo que dejan 
tras si las revoluciones *^ Lo que necesitamos sobre 

todo » k * . « . é . • t . . . . * 370 

XII — Espinas del Poder — Exclusivismo sectario — 
El Moisés-pueblo — El espíritu individualista — 
Fórmulas inmutables — Metafísica política — Peli- 
gros de su abuso cuando el suelo tiembla bajo los 
piás ^ Importancia de los aliados y enemigos en la 
guerra .*..»...;.....* 375 

XIII — Hombro contra hombro> ó la venganza de 
Guaytniran» leyenda uiruguaga . » . ¿ » < . 379 

XIV — Desligamiento de los antiguos partidos — 
Llamamiento A todos los ciudadanos de buena vo- 
luntad — Única condición — Fibras vitales, Poesía 
— Cataclismo de una nueva convulsión armada 

— hTendria el pais fuei*2as para resistirlaf ... 382 

XV — Problemas insolubles — Lo imprevisto — El 
posibilismo — Un grito de desesperación »— La re- 
gla de Pascal — Bilbao opinaba que en ningún caso 
debia desesperarse— Sin aceptai^ el tinico camino 
posibie ú oportuno, (oomo mejor éuetle) renunciando 
á la revolución, cuándo y cerno se entfa á la legali- 
dad? 386 

XVI — El ideal abstracto y la realidad concreta — El 
limite en los seres ñnitos — Conñicto de fuerzas re- 
sistentes y libres — Parft resolverlo muchas veces 
no qtieda otro recurso que el de entrar al terreno de 
las concesiones ptíi* la puerta del PosieiLismo — Con- 
didion: hacer posible y asegurar por ese medio el 
triiüníb de la cuestión capital — La defehsa — Apo- 



— 502 ^ 

Pijiíui 

teósis, poesía 391 

XVII — Cuando querer no C8 poderf — El carácter — 
Rol y bondad de la intransigencia en determinados 
casos — No son enemigos de la ciencia moderna los 
que solo rechazan el punto arbitrario de partida y 

las conclusiones materialistas y ateas. . \ . , 397 

XVIII — Herbert Spencery su escuela— La causa del 
mundo como la de la sociedad es inmanente, no 
transcedental — Fatalismo de sus leyes — Hertzen, 
Seletti — La sociedad, solo por el esfuerzo colectivo 

. traido á un centro común de acción, tiene lapOBÜH" 
lidad de reaccionar contra el mal — Los partidos 
que aislados se agitan en el vacío, podrian congre- 
gados provisoriamente en Asamblea, por medio de 
sus mas conspicuos representantes plantear y resol- 
ver las cuestiones previas ú la reorganización poli- 
tica y social — De la discusión podria resultar la 
unión para la lucha, bajo las bases que se estipulen, 
de los que coincidan en propósitos — Higiene política 400 

XIX — Anemia — Dos modos de entrar a la actividad 
política — La prensa, espada de dos filos — Cono de 
sombra — Misión de la juventud — Regla de San 
Hilario de Poitiers — Unidad en las cosas ciertas, li- 
bertad en las dudosas, caridad en todo y para todos. 404 

XX — Imposibilidad de los partidos aislados para re- 
solver las cuestiones a que están vinculadas la inde- 
pendencia, la honra, y hasta la vida económica de la 
República — Improba labor y contrariedades inevi- 
tables con que tendrá que luchar el partido consti- 
tucional — ¿ Tornaremos á la vuelta de la muía de 
atahona? — Lección sublime que nos dan los márti- 
res y predecesores del gran partido de las institucio- 
nes 408 

XXI — El triunfo de los vencedoi'es contra el mal — 
Cuadro del Dante — | Seremos visionarios ó profe- 
tas? — Reconciliación en el altar de la Patria — 
Estrofas del Gajo de laurel — Dos amigos del poeta 
gibeíino — Estrofi^s de Ift Composiciop Esperanza , 410 



V 



— {)03 - 

iCXll — La verdadera gloria — Tipo del escritor que 
aspire á vivir en la memoria de sus semejantes — 
Duelo nacional en la muerte de Berro y Echeverría 
— Voto postrero — Traducción en verso de Odicini y 
Sagra 41ü 

Advertencia relativa á la Conferencia 419 

35 — Apéndice — I — Una pretendida rectificación his- 

tórica 420 

II — Estrabismo 421 

III — Qomo se lleva adelante en política cualquiera 
empresa magna — ¿Responde ú una necesidad na- 
cional la formación del partido constitucionalf . . 423 

Carta á los redactores de £■/ P/íí/rt 431 

IV — Posibilismo, oportunismo, evolucionismo . . 433 

36 — Nirvana 448 

Ángel Floro Costa — Responde y expresa agravios 

por su parte 451 

37 — Aurelio Berro — Epístola 400 

Réplica — Fragmentos de la Biografía del Dr. Gutiei*- 

rez, — do un artículo de D. F. X. Aclia, — de una 
carta al Dr. Ramírez — de la Memoria Universitaria 
de 1879 46il 

38 — Aurelio Berro — Canto ¡i Calderón 479 

39 — líkDOBLE — Opiniones de la prensa 488 

ERRATAS 

Pág. 194 dice deblez, léase doble::. 

» <96 » por lanzarlos ^ para lanzarlos. 
y> 247 » rara molestia » rara modestia. 
» 442 » en centro » su centro. 




j -' h V 



^